Hermione, inspiró mientras su amiga abría con sumo cuidado la puerta. Ambas miraron hacia adentro, mientras Severus contemplaba ese regalo. Era un anillo, pero ella no entendía el por qué de tantos regalos.

- Está listo y ahora, tenemos que pedirle matrimonio.

Hermione se quedó horrorizada y retrocedió, llevándose a Ginny consigo. Cayeron al suelo, mientras ella intentaba asimilar lo que sucedía. ¡Matrimonio!

- ¿Has oído Ginny?

Ginny asintió con nerviosismo y comenzó a retroceder. Mientras lo hacían, pisó la cola de la señora Norris y Snape comenzó a caminar hacia la puerta.

- ¡La capa! ¡Ponte la capa!

- Pero Hermione...

- ¡Póntela!

Ginny asintió y se cubrió con la capa justo a tiempo. Snape salió de su despacho y observó el lugar. Bajó la vista hacia Hermione que estaba en el suelo y sonreía con nerviosismo.

- ¿Qué estás haciendo aquí Hermione?- preguntó, mirando a la gata que no dejaba de olisquear un punto vacío en el pasillo.

- Bueno...- suspiró ella, moviendo el pie para que la gata se distrajera- Pasaba y me resbalé. Pisé a la gata de Filch sin querer.

- ¿Estás bien? ¡Pasa a mi despacho, te revisaré!

- ¡No no! ¡Estoy perfecta!- Hermione miró hacia adentro. La pequeña cajita estaba sobre su mesa. ¡Matrimonio! ¡Ese hombre estaba demente!

- Hermione hay algo que tengo que decirte, es muy importante...

- ¿Decirme?

- Sí, pero ahora no puedo hacerlo. Más tarde hablaremos...

¡No no y más no! ¡Ella no iba a casarse! ¡Ni siquiera le iba a escuchar una sola palabra! Suspiró y asintió en silencio, mientras Snape le sonreía. Se perdió de vista por un pasillo y ella se dejó caer en el suelo, mientras su amiga se quitaba la capa de encima.

- ¿Qué vamos a hacer ahora?- preguntaba Hermione.

- ¿No se suponía que esa pócima sólo era obsesión?

- ¡Está tan obsesionado conmigo, que quiere tenerme!- resolvió ella con un grito lastimero.

No hablaron más de ese tema, mientras Hermione seguía deprimida. Sus amigos ya entendían algo del asunto y no dejaban de interrogarle. Por supuesto, ella nunca les hablaba de la Amortentia ni de las "veladas" que había tenido con el hombre. Hermione tenía ese día, una prueba sobre artimancia. No lograba concentrarse y tardó más de lo necesario en responder las preguntas. La profesora estaba sorprendida de su actitud.

Mientras caminaba, Ginny le alcanzó para ir con ella a la biblioteca. Hermione se mantenía con la cabeza apoyada sobre una mesa y quejándose sobre su vida. ¡Tenía que hacer algo! Leyó muchos libros, pero sólo afirmaban que el efecto sería pasajero. ¿Qué tan pasajero? ¿Cuánto más podría aguantar?

Ginny estuvo consolándola toda la tarde. Ella dejó sus cosas en la sala común y se dedicó a contemplar el entrenamiento de Quiddicth. Por su parte, Severus estaba en su despacho mirando por la ventana. Sonreía, mientras corría las cortinas con un movimiento suave. Su cabeza sólo repetía el nombre de Hermione una y otra vez.

Con paso lento, se encaminó hacia el comedor. Pronto serían las seis de la tarde y sería el momento de cenar. El momento indicado para, hablar con ella.

Suspiró y se dirigió a su asiento. Dumbledore le observaba desde el otro lado y le sonrió; cuando él le observó también. Juntó sus manos sobre la mesa y esperó a que entraran los estudiantes.

Hermione, entró, abatida y se sentó en un puesto un poco alejado. Ron no podía para de reírse, imitando la actitud de Snape. Harry por su parte, estaba tenso. ¿Qué significaba su actitud? No dudaba que se hubiera tomado una de sus pociones y hubiese enloquecido, pero eso afectaba a Hermione.

La cena comenzó temprano, los exámenes apremiaban muchas horas de estudio y de descanso, Dumbledore entendía eso. Los profesores se sentaron y se mantuvieron en silencio, mientras cada cual hacía lo que le correspondía. Con una sonrisa suave, la miraba mientras ella cenaba. Era el momento justo.

Se levantó y se acercó a Dumbledore. Le susurró que tenía algo importante que decir y le pidió su permiso. Dumbledore asintió y le pidió a Minerva que pidiera un poco de silencio. Con una sonrisa amplia, se detuvo en medio del salón. Los estudiantes se mantuvieron en silencio mientras él contemplaba a Hermione.

- Tengo que hacer un anuncio- sonrió y los estudiantes se sorprendieron ampliamente- Un anuncio que es muy importante y compete a alguien de esta escuela.

- ¡No no no, no digas eso!- decía Hermione, intentando fundirse con su asiento.

- No sé como empezar y decirlo, así que lo diré como debe ser. Sin rodeo alguno- Snape inspiró y Hermione se tapó los oídos.

- ¡Quiero casarme!- dijo y Hermione pegó su frente a la mesa- Y para eso he comprado este anillo. Se lo daré a una hermosa jovencita.

Dumbledore se levantó de su asiento, sorprendido. ¡Bien, ese era un problema! ¡Severus no se podía casar con Hermione! Se levantó de un brinco y caminó hasta el podium para detenerse a su lado. ¡Tenía que quitarle ese anillo!

- ¡Me quiero casar con Hermione Granger!

Medio comedor se mantuvo perplejo. ¡No podía ser cierto! ¡Severus se había vuelto loco!

Severus sonreía mientras medio comedor seguía boquiabierto. ¿Qué tenía de malo el casarse? Hacerlo era una cosa muy normal, ¿Por qué él no podía ser feliz?

- Severus, baja de allí- pidió Dumbledore con calma.

- ¡No! ¡Yo quiero casarme con Hermione!

- ¡Hermione, levántate y di algo!- exclamaba Ginny- ¡Deten esto!

- ¿¡Pero qué voy a hacer!?- preguntó ella con un gemido.

- ¡Ve! ¡Dile que no te casarás!

Hermione se levantó, mientras su amiga le apremiaba. ¿Cómo detener esa locura? ¡Snape estaba llendo demasiado lejos! Con un suspiro y un caminar nervioso, ella comenzó a caminar hacia la mesa de profesores.

- Severus dámelo- demandaba Dumbledore. Snape, no quería darle el anillo.

- No...

- Dámelo...

Llegó hasta la mesa y se detuvo frente a ambos. Hermione, alzó la cabeza, mientras Snape la observaba. ¿¡Qué iba a decirle!? ¡Ella era muy joven, además de que...! ¡No amaba a Snape, por el amor a Merlín!

- Hermione, ¿Te casarías conmigo?

- ¿¡YO!? ¡Pero señor!

- Señorita Granger, no tiene por qué responder a eso- musitó Dumbledore- Severus, dame el anillo.

- ¡No te lo daré!