Capítulo 11: Pistas.
"¿Has visto algo?" Me preguntó Jacob cuando nos volvimos a juntar en los retretes portátiles.
"Sí, he visto a varios visitantes, les he avisado de las normas que tenéis por aquí, algunos se han asustado..." Le dije. "Pero no he cogido a nadie. ¿Y tú?"
"Sé que hay un licántropo, pero no lo encuentro." Afirmó.
"Vale, vamos a hacerlo de otro modo." Dije yo. "Voy a ver si consigo algo de ropa para pasar desapercibida y te cuento." Afirmé mientras aporreaban la puerta. "¡QUE YA VA PESADOS!"
"Los retretes no... son... para..." Afirmó el chico que se calló al ver salir a Jacob. "Perdón."
"¿Qué pasaba aquí?" Me dijo Jacob. "¿A qué venía eso?"
"Se ha pensado que habíamos usado el retrete portátil para fines puramente animales y lujuriosos." Afirmé.
"¿Lo qué?" Me dijo.
"Hacerlo." Afirmé yo haciéndole sonrojar. "Por suerte como eres tan alto y fuerte creo que le has intimidado. A ver... sí, creo que ya he encontrado una víctima. Si me disculpas..."
Encontrar la presa fue fácil, conseguir mis propósitos me costó un poco más, nada muy difícil. Aquel 'segurata-goriludo' tenía unas feromonas muy fuertes, camelármelo para que me llevase al almacén donde tenían las ropas de sus uniformes fue pan comido usando todas mis técnicas de persuasión cuando en vez de eso sugirió el back-stage.
Dejarlo inconsciente y coger dos uniformes para Jacob y yo.
"Jacob, te veo en los retretes." Le dije yo llamándole al móvil que le había dejado.
Entonces vi al tipo al que había engañado y sonreí. Le levanté con una sola mano y lo senté allí. Sonriendo cogí un condón y lo saqué. Allí había algo de gel blanco así que acabé de urdir el engaño que dejé anudado en el suelo junto a la papelera frente a él. Un poco de pintalabios para ponerle unas marcas en sitios estratégicos y ya estaba todo hecho.
(Salto espacio-temporal)
"Bueno." Dijo Jacob cuando me vio llegar con los uniformes y entramos juntos a la cabina del baño de inválidos. "Ya te ha costado."
"Lo siento, pero he tenido que trabajar un poco para conseguir esto." Afirmé mostrándole el par de uniformes. "Talla grande para ti... mediana para mí. Gírate anda, y no mires."
"Espera, espera, espera." Dijo él. "¿Piensas cambiarte aquí?"
"Si te parece me pongo a cambiarme en el escenario." Dije poniéndome de espaldas a él. "No mires."
Sé que se puso de espaldas a mí tras una dudilla y sonriendo mientras sacudía la cabeza.
"Desde luego... luego os quejáis de que dicen que las vampiresas sois unas descaradas." Afirmó.
"Bueno, también los licántropos tenéis fama de ser unos rudos, descarados y que os dejáis controlar por las bajas pasiones." Dije yo.
"Habló la que se cambia en presencia de un hombre." Me dijo.
"Chico, en presencia de un chico." Afirmé abrochándome los pantalones y haciéndole reír.
"¿Y puede saberse cómo has conseguido esto?" Me dijo.
"Los de seguridad además de parecer gorilas son muy fáciles de tentar y robar." Dije yo. "Bajas pasiones, la forma más fácil de conseguir cualquier cosa de los hombres."
"Como no dejes de hablar así me temo que no te sigo." Me dijo.
"¿Así, cómo?" Dije yo.
"¿Bajas pasiones?" Me dijo.
"Instintos animales, lo que te dije que supusieron que hacíamos nosotros en el retrete." Dije yo. "¿Has acabado?"
"No, pero puedes girarte." Afirmó. "Esto es una mierda."
Al hacerlo me di cuenta de que se le había quedado enganchada la camiseta en la cabeza y por eso se la había quitado.
"A ver... quítate la coleta." Le dije acercándome. "Igual no pasa por la coleta."
Se la quitó con mucha facilidad y entonces yo le pasé el cuello de la camiseta por la cabeza con facilidad.
"Vaya, pues sí que era fácil." Me dijo suavemente. "Por cierto, ¿debería preocuparme de que me veas sin camiseta? Más que nada porque como no parecías querer mirar..."
"Digamos que los jovencillos soléis tener más reparos en mostraros; además, ¿por qué iba a tener reparos?"
"Ah, no sé." Dijo. "Como a las chicas no solían darme bola..."
Fue gracioso, pero no me lo creía.
"No me lo creo." Dije.
"No, no." Me dijo. "Créetelo, las chicas no se interesan por mí. Patético ¿no? Un lobo enamorado de imposibles."
"Bueno, cuentan las leyendas que los lobos se enamoraron de la luna, y por eso cambiaron sus hábitos para poder observarla. De diurnos pasaron a nocturnos, y cada noche se ponían en un alto para cantarle a su amada luna una canción de amor." Dije yo sonriendo. "La luna siempre estuvo impasible, y generaciones y generaciones de lobos han seguido aullando a la luna, a la espera de que esta baje a corresponderles."
"El lobo enamorado de la luna." Me dijo mientras le estiraba del pelo para volver a atárselo. "Curioso."
"Bueno, yo no sé mucho de amores de lobos con la luna." Dije. "Pero sí sé de amores de licántropos y hombres jóvenes. Te aseguro que tú podrías conseguir a cualquier chica que quisieras. Con un poco de pulido."
"Ah, ahora me dirás que soy guapo." Me dijo divertido.
"Bueno, tienes unos abdominales que son la envidia de cualquiera, eres fuerte, leal... y un secreto... el pelo largo te favorece." Afirmé yo sonriendo.
"¿En serio?" Me dijo mientras salíamos. "¿No parecen greñas?"
"Hombre, con un poco de suavizante y más cuidado yo creo que te quedaría genial." Dije yo. "Ale, 'segurata', a trabajar. Ahora pasarás desapercibido."
"Vale..." Me dijo.
(Salto espacio-temporal)
Estaba vigilando a un tipo que parecía un poco sospechoso cuando estalló la pelea. Había dos vampiros mezclados al acecho, y mi 'amigo' mezclado allí pero en el suelo mirando con ojos rojos a los dos implicados en la pelea.
"¡Eh!" Grité yo mientras caminaba deprisa hacia él. "¡Eh, nada de peleas!"
Fue gracioso, pero acabé en el suelo, sobre el amigo de ojos rojos y con una lentilla saltada en un codazo lo que me dejaba un ojo verde y el otro oscuro.
"Jacob, tenemos a un lobo suelto escondido en el lavabo femenino, y a dos de los míos que se van a escapar por la izquierda."
"Oído, ahora los cogemos." Me dijo otro.
"Y tú amigo... te vienes conmigo." Afirmé secándome la sangre que me había echo en el labio.
(Salto espacio-temporal)
"Así que no piensas colaborar." Dije yo.
"Te he dicho que no." Dijo él. "No conozco nada."
"Jacob, ¿conoces el método de interrogatorios de la gestapo?" Le dije yo con ironía.
"No." Me dijo él.
"¡Está prohibida por la convención de Ginebra y por la Amnistía Internacional!" Me gritó otro preso asustado.
"Eh, chitón." Les dije yo. "Además, aquí nadie va a ir a quejarse ¿verdad?"
"¿En qué consiste ese método?" Me dijo Jacob.
"En que o hablan o les hago mucho daño." Dije yo. "¿Se lo demostramos, 'colegas'?"
"No."
"¿No?" Dije yo. "¿Vais a cantar?"
"No." Dijo el que tenía delante.
"Bueno, bueno... ¿qué te parece si llamo a mi amigo Faan? Creo que la última vez se quedó con las ganas."
"¡No!" Dijo él. "¡A ese chucho sarnoso no!"
Le di un golpe enorme, no le salté la mandíbula de milagro, pero supo que no me andaba con rodeos.
"Te he dicho millones de veces que no hables así de ellos." Le dije yo. "Ahora dime lo que quiero saber."
"Lo que quieres saber no lo sé yo." Dijo él.
"Muy bien." Dije yo haciendo crujir los nudillos.
(Salto espacio-temporal)
"¡Al sur-este!" Gritó nuestro preso. "¡Dijeron que se iban a ir a sur-este, a un sitio llamado Discovery Bay!"
"Muy bien, chiquitín." Dije yo. "¿Ves como no era tan difícil?"
"¿Estamos libres?" Me preguntó la otra chica.
"Sí, pero mañana mismo os volvéis a donde vengáis." Dije yo. "Y me encargaré de comprobarlo."
"Esto..." Dijo Jacob. "No es por quitarte autoridad, pero... ¿no te estás pasando un poco?"
"Pensé que te gustaba ver palizas a los de nuestro género." Dije yo levantando una ceja mientras salíamos de allí.
"Bueno... no... siempre me gusta ver eso." Afirmó. "Especialmente cuando... bueno, una amiga es la que lo hace."
"Lo siento, veo que tienes un estómago un poco delicado." Afirmé. "Perdón."
"¿Estómago delicado?" Me dijo para soltar la primera carcajada de la noche. "Te recuerdo que tú no arrancas trozos humanos con la boca transformada en un lobo."
"¿En serio?" Dije divertida ocultándolo.
"Claro que no." Me dijo. "Eres un vampiro, los vampiros no trabajan así."
"Claro, claro..." Dije yo. "Los vampiros no trabajan así... es cierto."
"Oye ¿te estás riendo de mí?" me dijo.
"¿Yo?" Dije yo bromeando. "¡Dios me libre! Bueno, aquí hemos acabado. ¿Cogemos la moto y vamos a donde nos han dicho?"
"Discovery Bay." Dijo él. "Va a costarnos un poco llegar."
"Bueno... esta vez conduzco yo, si no te importa." Dije.
"Claro... solo te recuerdo que yo no soy inmortal." Me dijo un poco con ironía.
