El universo de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling, por lo tanto, esta historia está escrita por simple diversión. No se obtiene beneficios económicos ni nada de eso.
Título: Las últimas gotas de pureza.
Palabras: 16.480
Capítulos: 11/15
Las últimas gotas de pureza
Por:
PukitChan
XI
Sirius
Hacía frío.
Tenía hambre.
Estaba asustado.
Nunca antes había estado tan aterrado.
Sirius cerró sus ojos y apretó sus puños, sintiendo cómo la piel de sus manos se lastimaba contra la afilada roca del suelo. Aunque intentaba acomodarse, era imposible. Cualquier movimiento, por mínimo que éste fuera, parecía haber sido diseñado para herirlo. Acurrucándose en posición fetal, intentó no pensar sin éxito alguno. Unas gruesas lágrimas abandonaron sus párpados cuando pensó en Remus, en James, en Harry, en Lily y en todo lo que se había quedado atrás.
Orgullo, diversión, honor, pureza, gloria.
Ya no quedaba nada. Encerrado en las cuatro paredes de esa tétrica habitación que parecía todo menos eso, Sirius comprendió que ni toda la magia del mundo conseguiría sacarlo de ese lugar. Sus fuerzas estaban mermando y, sin importar cuántas veces había rasgado las paredes y los suelos hasta destrozarse las manos, no encontraría una forma de escapar de ese lugar. Estaba acabado.
Temblando, una capa de sudor lo envolvió. Conocía los síntomas, porque no era la primera vez que los padecía: sabía que el hambre y la sed, la locura, el odio y el dolor, pronto se transformarían en una pesada fiebre que le arrancaría delirios y palabras sin sentido alguno. Y por más que intentara luchar contra ello, sería peor porque las emociones fuertes, las que luchaban, las que intentaban salir a la luz en aquella miserable oscuridad, eran las que más llamaban a los dementores, los guardias de Azkaban.
Sirius nunca pensó que su vida terminaría en prisión. Muerto, desterrado, luchando, pero nunca en Azkaban. Ahora, si le dieran a escoger su vida, preferiría cualquiera menos ésa. Muchas veces había escuchado sobre cuán terrible era la prisión, pero solo hasta ahora, viviéndolo en carne propia, por fin entendía los horrores que le eran adjudicados a tan tenebroso lugar.
Porque en Azkaban solo había espacio para el dolor.
Sin embargo, ¿para qué salir de allí? Aún si evitaba el dolor de la prisión, todavía quedaría el de su vida o, cuanto menos, lo que quedaba de su antigua vida: Sus mejores amigos estaban muertos, uno lo había traicionado y Remus… su Remus, ¿qué habría sido de él? Lo odiaba, seguramente. Además, ¿cómo estaría sin el apoyo de ellos? Remus no tenía ningún lado al cual ir, y tampoco podía ir por allí pidiendo trabajo. Su condición de hombro lobo lo limitaba. Y él, que había prometido estar siempre apoyándolo, ahora ni siquiera era capaz de cumplir esa promesa.
La fiebre aumentó. Podía decirlo porque, por más que intentaba abrir los ojos, no lo conseguía. Su cuerpo se convulsionaba y sollozaba, aunque sus lamentos quedaban perdidos con los muchos otros de ese lugar. Pronto, como era de esperarse, sintió un escalofrío que se volvió un golpeteo interminable de dolorosos momentos llenos de agonía: al parecer, finalmente había llamado la atención de los dementores.
Una figura encapuchada se dirigió a su cuerpo acurrucado en una esquina. Unas frías túnicas negras rozaron su cuerpo flemático y, de pronto, Sirius sintió una opresión en su pecho: recordó cientos de escenas, todas momentos de su vida, donde pareció que la sonrisa de sus labios se desvanecería para siempre: la última pelea con sus padres; su madre Walburga, gritándole lo avergonzada que estaba de él, su padre, Orión, evitándolo para siempre; Regulus mirándolo con indiferencia desde la mesa de Slytherin, rodeado de esos dos estudiantes que años más tarde se volverían mortífagos; su cara de desconcierto cuando entendió que Remus era un licántropo; la noche en la que escuchó que Voldemort iba tras James y Lily; la casa destrozada de los Potter; sus amigos muertos; Harry llorando en los brazos Hagrid mientras éste recitaba la orden de Dumbledore de llevarlo a casa de sus tíos; el odio que sintió cuando entendió que por Peter, por el idiota e imbécil de Peter, toda su vida se había desmoronado…
Gritó. Se cubrió el rostro con las manos. Intentó alejar a los dementores, pero estos simplemente se estaban alimentando de sus penas. Unas penas ridículas, unas penas que ahora solo reflejaban la sombra del hombre que Sirius había sido. Todo era más fácil cuando estaban en Hogwarts, cuando eran solo unos adolescentes despreocupados, cuando todo lo que anhelaban era que llegara la luna llena para correr entre los árboles del Bosque Prohibido. Cuando era un animago.
Cuando todo, hasta sus emociones, era más simple.
Sirius inhaló profundamente un aire helado que pareció congelar sus pulmones. No quiso abrir los ojos porque los dementores aun seguían en su celda, pero se atrevió a pensar qué ocurriría si se transformara en un perro. No tenía demasiadas fuerzas, pero quizás convertido en un animal, todo sería más fácil; quizás dolería menos y se dejaría llevar por su instinto. Quizás, aunque no totalmente, olvidaría esos recuerdos que aún le atormentaban.
Quizá…
No quiso pensarlo más. Se concentro en las pocas fuerzas que le quedaban; recordaba la manera, cómo invocarlo. Recordaba lo fácil que era, pero ahora resultó ser más complicado. Dolía: cada cambio de su anatomía era como mil agujas clavándose en los huesos de su cuerpo; era forzarse a sí mismo al límite, pero era su única escapatoria de ese aterrador mundo. Cuando volvió a abrir los ojos, adolorido y sediento, descubrió que los dementores habían parecido perder su interés en él, pues comenzaban a vagar por los pasillos.
Canuto se intentó poner de pie, pero sus cuatro patas temblaron y cayó al terrible y frío suelo. Se arrastró hacia la comida, aquella que no había podido ingerir, pero que como animal resultaba ser más digerible. Mascó con cuidado y tuvo que volcar el pequeño vaso de agua para que su lengua pudiera lamer todo lo posible. Luego cerró los ojos y por primera vez en mucho tiempo pudo dormir sin pesadillas.
Cuando despertó, aún había oscuridad y se escuchaba un agitado mar. Los dementores seguían en la entrada, pero su presencia parecía menos terrible. Sirius aún estaba débil y aterrado, pero ahora sabía que sobreviviría a Azkaban.
Y tal vez algún día, lograría vengarse de Pettigrew.
Autora al habla:
Yo tenía que escribir de Sirius estando es Azkaban. De alguna manera, esos días oscuros, atormentado por su propia consciencia debió ser de lo más caótico para Sirius, ¿no creen? Sin duda es un persona al que, en gran medida, le ha tocado tanto lo mejor como lo peor de la vida, creo. :( En fin, vienen viñetas de todo tipo xD dado que es una etapa difícil, ¿no? Se acaban los Black :( ¡Gracias!
