Todo se estaba precipitando. Últimamente todo le resultaba una pesada carga de la que no sabía cómo deshacerse. Había cuidado de Naruto durante estos años, también había buscado al asesino de Shisui, había intentado ser el mejor ninja, proteger la villa tal y como hizo Minato, proteger ese sueño por el que dio su vida. Ahora todo le parecía un maldito camino sin salida.
Era un espía, un ANBU, un mentiroso. Nunca le dijo la verdad a Naruto sobre su relación con su padre, tampoco le había dicho a su familia cómo los espiaba para salvar a la villa. Adoraba a su familia, pero era cierto que interponía su trabajo frente a todo lo demás. Perder a Minato había sido uno de los sucesos más duros a los que se había enfrentado y ahora… lo único que le preocupaba era ser capaz de salvar a Sasuke y a Naruto.
Odiaba a Danzo, lo hacía desde que se enteró que le había robado el ojo derecho a su mejor amigo, desde que le asesinaron. Le habría encantado tener pruebas para que el Hokage tomase una decisión con su consejero, pero nunca las encontró. ¡Si Minato viviera! Él le habría ayudado, pero se sentía solo en ese instante. Una revolución era lo que iba a venir, en eso no podía discutir con Danzo cuando le explicó los detalles de la que sería su última misión.
Había asesinado a su compañero en venganza por lo que le hizo a Shisui, pero no podía simplemente ir y asesinar a Danzo. Una parte de él sabía que tomaba buenas decisiones para proteger la villa. Ahora los Uchiha iban a hacer una masacre y él como ANBU era el único capaz de frenarlos. Tan sólo un trato era lo que había conseguido sacar de todo aquello, la inmunidad para su hermano. Si los Uchiha atacaban, nadie en la villa estaría a salvo y no podía permitir que le ocurriera nada a toda esa gente… a Naruto. Minato dio su vida por toda la villa y ahora su sueño parecía poder llegar a su fin. Él era el único capaz de salvaguardar el sueño del cuarto Hokage, así tuviera que convertirse en el asesino más buscado, así tuviera que renunciar a la villa o a seguir viendo crecer a Naruto y a su hermano.
- ¿Es que no tienes hambre? – preguntó Sasuke a su lado.
Itachi sonrió a su lado, revolviendo el cabello de su hermano. Hoy sería un día normal para todos, hasta él fingiría que todo era rutinario, sin dar ninguna muestra de que algo fuera a cambiar, de lo que tenía previsto realizar esa noche.
- Come, enano, tienes que alimentarte para poder machacar al resto de alumnos – sonrió Itachi.
- No digas tonterías.
- Oh… no las digo, eres el mejor de la clase. Lo dicen todos tus profesores.
- Y a papá parece darle igual – se deprimió ligeramente.
- Papá está orgulloso de ti y yo también.
Que su hermanito sonriera era algo que le hacía plenamente feliz a Itachi. Pocas cosas desde la muerte de Minato le hacían sentirse bien, pero ver crecer a su hermano y a Naruto, saber que podía ser capaz de cuidarles y protegerles, era lo que le mantenía en pie cada mañana. Había perdido compañeros, amigos, familia… incluso el amor, pero seguía plantando cara a la vida una y otra vez, dispuesto a proteger a los que todavía quedaban vivos, a los que les importaba de verdad.
Sasuke no tardó en irse a la academia pero él prefirió quedarse junto a su madre un poco más. Verla hacer los quehaceres de la casa le tranquilizaba pero también le llenaba de tristeza por la misión que debía cumplir como ANBU. Aun así, prefería que Sasuke le viera como un traidor en lugar de que pudiera ver cómo su clan era una deshonra, cómo eran capaces de aniquilar a toda una villa por egoísmo y arrogancia.
- ¿Qué vas a hacer hoy, Itachi? – preguntó su madre con una agradable sonrisa - ¿Irás a entrenar?
- Voy a ir a ver a Naruto. Hoy es el examen para convertirse en genin.
- Eres el único que habla con ese chico… bueno… y tu hermano.
- Porque son idiotas – agregó Itachi – en la villa le tienen miedo o más bien… al demonio que Minato metió en él. No entienden nada.
- Eres igualito que Minato – sonrió su madre – igual de idealista que él. Ten cuidado, Itachi, no quiero que tú también mueras por gente que luego no cumplirá tus deseos ni tendrá los mismos objetivos.
- Se lo prometí a él – fue lo único que comentó Itachí – le prometí que cuidaría y protegería siempre a su hijo y a esta villa. No es que me caigan bien precisamente, menos después de ver cómo tratan al hijo del que les salvó a todos, pero no fallaré en mi palabra. No es por la villa, sino por Minato.
Una sonrisa, eso fue lo que su madre le dedicó. Cuando su hijo primogénito prometía algo, lo cumplía costase lo que le costase y era algo de lo que estaba orgullosa además de preocupada. Era testarudo pero también sabía que le habían llamado el "genio". Sabía defenderse y cuidaba de los que eran importantes para él. Sería un gran ninja, aunque temía que muriera joven, como todos los grandes ninjas, como Minato Namikaze, como Shisui Uchiha.
- Ten cuidado, ¿vale?
- Sí – sonrió Itachi, poniéndose en pie y dándole un beso en la frente a su madre, tratando así de tranquilizar su inquieto corazón – me voy a entrenar.
Itachi se dirigió hacia el centro de la villa. Los exámenes de genin no tardarían en acabar pero no estaba preocupado por Sasuke. A él se le daba bien prácticamente cualquier cosa. ¡No! El que le preocupaba era Naruto. Para haber aprendido el "Sexy no jutsu", se le daba fatal hacer un simple clon. Era algo que le causaba gracia de una forma extraña.
Se tomó unos dango y una taza de té en un puesto cercano, esperando a que los exámenes terminasen, esperando a la hora de salida de la academia. Todos los padres estarían allí, recibiendo a sus hijos con abrazos y elogios, pero Naruto no tendría a nadie. Quizá se sentía un poco responsable. Se suponía que era un ANBU, que debía haber protegido al Hokage y, sin embargo… no pudo salvarle.
Llegó a la academia justo para ver el revuelo de la gente que felicitaba a sus hijos antes de emprender el camino a casa. Sus ojos intentaron evitar a todos ellos pese a que la gente le observó llegar. Muchas mujeres se sonrojaban al verle, los hombres le miraban con admiración, pero él sólo tenía ojos para un pequeño rubio sentado en uno de los columpios. Su rostro cabizbajo y sus ojos tristes le indicaron que había fallado la prueba y encima… debía aguantar a la gente riendo y susurrando a sus espaldas.
- Un día difícil, ¿eh? – se acercó hasta él.
- No he aprobado – dijo cabizbajo, casi en un susurro. Quizá se sentía avergonzado ante Itachi que parecía hacerlo todo perfecto.
- ¿Y qué? – preguntó con una sonrisa – no sabes hacer un clon, bueno… no eres el primero – sonrió Itachi tratando de animarle – a tu edad yo también tenía algunas técnicas que no me salían.
- Ya… pero eran técnicas complejas y complicadas.
- Ven conmigo, te invitaré a ramen y luego podremos entrenar. Te enseñaré algunas técnicas si quieres.
- ¿Sólo a mí? – preguntó algo más motivado.
- Sí. Sasuke hoy tiene entrenamiento por la tarde con otro profesor. Creo que algo me ha dicho de shurikens – sonrió Itachi. - ¿Te interesa mi oferta?
- Claro que sí – se entusiasmó Naruto.
Los dos fueron a comer un cuenco de ramen del Ichiraku y, posteriormente, a la zona de entrenamiento número tres para practicar. Naruto no era muy bueno controlando su chakra, pero Itachi le comentó algunos trucos de control para que pudiera finalmente, realizar un clon más o menos decente aunque no perfecto.
Ambos descansaban en el prado, tendidos sobre la hierba y mirando las nubes pasar cuando Itachi empezó a relajarse, cerrando los ojos y dejando que la brisa moviera algunos mechones de su cabello. Naruto se giró, observando lo relajado que parecía aquel ninja. ¡Soñaba ser como él! Sasuke también soñaba con ser igual de fuerte que su hermano, sin embargo, a los dos les quedaba un largo camino por delante.
Se incorporó ligeramente, quedando bocabajo y mirando con seriedad y curiosidad el armonioso rostro de Itachi. Estaba tan tranquilo y apacible. Pocas veces le podía ver relajado, normalmente estaba tenso y era desconfiado con todos. Un leve sonrojo apareció en sus mejillas. ¡Él era el único que le había cuidado desde niño! Siempre le había tratado con dulzura y por alguna razón, sentía un sentimiento mezcla de aprecio, cariño y… quizá atracción.
Miró sus párpados cerrados, esa nariz pequeña que tomaba y soltaba aire, sus profundas ojeras y los sensuales labios ligeramente abiertos, casi como si le costase respirar por la nariz y se estuviera ayudando de la boca. Ni siquiera se percató cuándo empezó a moverse hacia él, pero cuando quiso darse cuenta, sus labios estaban rozando los de ese moreno que abrió los ojos al instante ante el contacto.
- ¿Na-ruto? – preguntó extrañado Itachi, incorporándose con rapidez y asustando al rubio.
- Lo siento… yo no…
- Ey… no pasa nada, ¿vale? – intentó suavizar Itachi la situación al ver al pequeño tan confuso – no pasa nada.
- Sí pasa… no sé por qué lo he hecho y…
- Está todo bien, Naruto. Eres joven y simplemente sentías curiosidad.
- No… era más que eso, era… no sé explicarlo pero…
- ¿Te atraía la idea? – preguntó Itachi – también yo fui joven y también me atraía la idea de experimentar cosas de este estilo.
- Pero está mal. Tú siempre me has cuidado y yo siento esto tan extraño cuando deberías ser como un padre o un hermano para mí.
- No soy tu padre ni tu hermano, Naruto, es comprensible que sientas esta clase de cosas. En parte… también yo he sentido curiosidad por saber cómo sería rozar tus labios – confesó Itachi – y sé que no debería sentirme así pero igualmente… hay algo en ti que me atrae.
¡Sí! Claro que había algo en él que le atraía, porque era el hijo de Minato, del amor de su vida, porque pese a no tener el ejemplo de su padre, había heredado su carácter, al igual que el de su madre. Se parecía tanto a Minato y a Kushina... ¿Cómo no enamorarse de él cuando era tan parecido al hombre al que tanto amó?
- Naruto… tengo una misión esta noche y… - se calló unos segundos tratando de pensar las palabras más duras que jamás diría – no creo que volvamos a vernos, así que… creo que sólo puedo darte las gracias por darme este recuerdo. Llevaré conmigo la sensación de tus labios sobre los míos pero quiero que sepas que, aunque no me veas, aunque no siempre esté justo aquí, yo siempre te protegeré. No va a pasarte nada porque te estaré cuidando.
- ¿Qué misión tienes? – preguntó Naruto - ¿Por qué no vas a volver?
- No puedo hablarte de esto, Naruto, lo siento. Sólo necesito un favor de ti.
- Lo que sea.
- Jamás se lo cuentes a Sasuke. Tú y yo nunca hemos mantenido esta conversación. Si él te pregunta, le dirás que no sabes nada de mí.
- ¿Por qué? ¿Es malo?
- Es mejor que no sepas nada, Naruto, estarás más tranquilo.
- Entonces… si no voy a volver a verte, déjame que me lleve yo también un buen recuerdo de ti.
Itachi sonrió ligeramente antes de volver a unir sus labios a los de Naruto. Ni siquiera quiso profundizar, tan sólo un casto beso, un roce de sus labios. Se sentía culpable por haberse enamorado del hijo de Minato, y sin embargo, también quería hacerlo.
