Un golpe.
-¡no me hagas nada!
Risas alrededor.
-puede seguir durmiendo fuera de mi clase si gusta, "Miss Brasil"
-no… ya estoy despierta…-su corazón aun latía rápido. El profesor que en ese momento impartía la materia rodó los ojos y se dio media vuelta caminando a la pizarra.
-como decía: aquellas personas que no promediaron tendrán que presentarse el próximo lunes por su segunda prueba –ahora escribía con letra grande "fecha única" mientras seguía hablando- aquel que no llegue re cursará la materia el próximo semestre… ¿oyó bien? –sus ojos se posaron directamente hacia Alanis, prueba directa de su reprobatoria nota, además del odio que su maestro le demostraba por haberse quedado dormida y por…cualquier cosa que ella hiciese.
-si profesor…-"si pudiera contratar a cierto asesino…" una sonrisa ladina y un pequeño timbre fuera del aula.
Todos tomaron sus cosas y sin más, salieron. Era hora del almuerzo, sus ojos deseaban cerrarse aun cuando seguía caminando rumbo al sanitario, buscando una manera de aparentar estar despierta y no pensar en lo que había pasado ese mismo día en la madrugada. Los reclamos y preguntas a sí misma no se despedían de ella, por el contrario, se multiplicaban sin importar cuanto tratase de poner atención en las últimas indicaciones del curso. Solo le quedaba un examen por presentar, el proyecto que debía entregar el día anterior, con todo y ruegos, pudo ser recibido para su calificación final. Hasta el momento, solo debía una materia. No todo estaba perdido "¡yey, hurra, No moriré con malas notas!"
-¿a dónde fuiste y por qué no me invitaste?
-¿disculpa?...oh, Kimmy, me asustaste.
-te ves fatal, parece que te desvelaste en medio de una gran fiesta.
-no, todo lo contrario –se frotó los ojos y se negó a pensar en sus actos, echando un suspiro y tomando su mochila para salir del tocador con su amiga a la par- tengo que venir la siguiente semana a presentar mi segunda oportunidad.
-vaya, entonces si reprobaste… no me la creí al principio. Ese profesor se trae algo contra ti…
-sí, y ahora no dejará de joderme. Espero librarme de él el próximo semestre –no era exactamente del profesor de quien se quería librar, a comparación de James, se quedaba como un papel en sus zapatos.
Llegaron al patio donde se sentaron en el pasto, un buen lugar para comer, o al menos eso sentían ellos de vez en cuando. John llegaba a paso rápido viendo hacia la brasileña, su rostro daba señas de preocupación. Al llegar casi se le tira encima a la chica.
-¿por qué no nos dijiste que te sentías mal? Estábamos preocupados, no te vimos en todo el día. Kimmy ¿ya le dijiste algo al respecto?
-no soy su madre –la peli rosa alzó los hombros despreocupadamente, sacando de su mochila una cajita con sus alimentos y una cajetilla de cigarros- a demás estábamos en clases, tonto.
-aun así…- se acomodó en el suelo ante la mirada perpleja de la castaña, nunca le había visto tan preocupado- sería más fácil si tuvieses un celular ¿verdad?
-s-si…eso le dije a Leo ayer cuando…cuando le pediste que vaya a mi edificio…
-disculpa Ali es que…
-¡hey chicos! –en ese justo instante, cuando la peli rosa alzaba la ceja mirando a John, el atlético cuarto amigo les llamó la atención, imitándolos, sentándose para cerrar el círculo, casi recostado en el pasto- Ali…te ves peor que ayer.
-gracias Leo, tu si sabes cómo subir el ánimo.
-no dirás lo mismo cuando te entregue algo…
Todos se miraron con complicidad, Alanis los vio pidiendo respuestas en sus rostros. Leo removía su mano dentro de su mochila hasta encontrar lo que buscaba bajo las risitas de Kimmy. John le daba otra mordida a su hamburguesa mientras se le marcaban un par de hoyuelos evidenciando lo apretadas que estaban sus mejillas.
- ¿y ahora que pasa?
Leo había sacado un cable y un teléfono móvil, se lo extendía a la brasileña sin dejar de sonreír, esperando alguna reacción.
-la navidad se adelantó para ti, tonta.
- ¿qué es esto? -extendía las manos para recibir su regalo anticipado.
-es un celular, sirve para comunic…
- ¡eso ya lo sé! Pregunto el por qué me das uno.
-Ali, ayer nos preocupaste cuando desapareciste casi todo el día -John hablaba con paciencia bajo el humo que exhalaba la peli rosa después de una calada a su cigarrillo- en esta ciudad no puedes ir por ahí sin uno.
-pero no tenían…
-tonterías, calla y préndelo que sé que quieres, no es último modelo ni nada, pero creo que es mejor que el que tenías -otra bola de humo asomó los labios de su amiga con un guiño en el ojo derecho.
-no sé qué decir…
-no digas nada, no hace falta -sacaba una bolsita de dulces del mismo lugar donde trajera el móvil, una lata de soda y una cajetilla de cigarros- agréganos a tus contactos y los detectará instantáneamente como favoritos, tiene aplicaciones por defecto que te servirán para comunicarte con nosotros, así a la próxima no habrá escusa cuando se te ocurra irte.
Era cierto, ahora no tenía cómo explicar el hecho de sus ausencias y sus escapadas, se le acababan las mentiras y en su apartamento tendría que ser más cuidadosa de no ser descubierta usando su nuevo celular.
El tiempo que le quedó en el patio se dedicó a inventar síntomas para sus evidentes signos; sus ojeras, su palidez, su nerviosismo. Después solo se dedicó a configurar su móvil y agregarse a una cuenta wifi. Automáticamente el dispositivo la llevó a la sección de búsqueda en el navegador y un foco se prendió sobre ella, que no había olvidado el nombre de su inquilino, ingresándolo en la pantalla y acceder.
"Santa mierda…no puede ser él"
Miles de referencias y páginas, información destacada e imágenes. Todo de una época pasada. Lo involucraban a la segunda guerra mundial junto al capitán américa contra HYDRA, dentro de los comandos aulladores y del ejército, todo como sargento bajo el mismo nombre que estaba grabado en la placa.
"Su nieto. Si. Debe ser su familiar"
Buscaba explicaciones para todo aquello, pero la única diferencia entre las fotos existentes y el asesino era la longitud del cabello y el brazo de metal.
Un escalofrío le recorrió la espina dorsal, a pesar de estar en su aula casi juraba que todos a su alrededor habían sentido aquella ráfaga de viento, de no ser porque ninguna ráfaga había ocasionado que su piel se erizara, sino el hecho de que tal vez encontrara la cosa más enigmática y perturbadora de su vida.
Y si toda esa información de él era cierta y que estuvo junto a uno de los mayores vengadores, eso significaba que debía haber al menos alguien que supiera alguna versión de lo que había sucedido con él al final, aparte del "desaparecido en combate" que se leía en todas las páginas. Respiró tratando de despejarse guardando el celular, girando para ver a su compañero de a lado y llamando su atención sin disimulo.
-hey ¿sabes quién es James "Bucky" Barnes?
-Bucky, hablas del compañero del capitán américa, por supuesto, todo mundo lo conoce. Nos enseñan sobre él en el nivel básico escolar.
- ¿todo mundo lo conoce? -y ahora resultaba que formaba parte de los libros de historia que les leen a los niños. Si Alanis se ponía a pensar mejor no sonaba tan loco, todo lo que pudo leer apuntaba lo suficiente para darle esa importancia- ¿Qué sucedió con él?
-bueno, según nos enseñan, él murió al caer de un tren cuando luchaba contra el enemigo. Luego está la versión de que desapareció. Algunos dicen que lo encontraron junto al cuerpo congelado del capitán Rogers, otros simplemente dicen que nunca lo encontraron, es una de esas cosas que nadie sabe concretamente.
-¿y el capitán américa? Dijiste que estaba congelado
-si ¿no lo sabes? Hace poco se dio a conocer que es él, el original. Que sea lo que sea que lo hace fuerte también le ayudó a sobrevivir del frío.
-vaya…-fue lo único que alcanzó a decir cuando regresó a su posición anterior bajo la mirada curiosa de su compañero.
Cuando las clases acabaron, Leo se ofreció a llevar a la brasileña, la cual aceptó sin decirle dos veces. Estaba sumida en una increíble seriedad, su amigo empezaba a sentirse algo incómodo al recibir mono silabas y sonidos cuando le preguntaba sobre cualquier tema para platicar. Sin éxito alguno se dispuso a poner música en su estéreo hasta llegar al edificio donde ella vivía. Con un gesto y una forzada sonrisa, la chica se despidió y subió distraída a su departamento.
James se encontraba sentado a un lado de la ventana, tenía los pantalones y su camisa puesta, el gato en su regazo y el anterior móvil de Alanis en su mano, con la pantalla brillando en su cara. Ella negó y por un momento se alivió de tener ahora otro. Los contactos los recuperaría poco a poco, en cuanto pudiera tomar el que tenía el asesino mandaría una copia a su correo, solo eso le interesaba. Pasó de largo a su habitación, se cambió y luego se dirigió a la cocina a inspeccionar si quedaba algo de lo que había comprado en la mañana, cuando temió ser víctima de canibalismo. Por suerte aún quedaba una botella de soda y una de agua sin abrir en el refrigerador, la botella de mermelada estaba a la mitad y el empaque de pan tostado extra que guardó dentro del micro hondas seguía sin ser descubierto, no había sido un mal día después de todo.
El felino se subió de un momento a otro en la mesa, como señal de que el sujeto venía también tras de él. Se tensó e intentó disimularlo lo mejor que pudo, mirando solo su rebanada de pan y concentrándose en las mordidas que daba. Un segundo después él ya estaba sentado a su lado.
-este aparato se apaga cada que lo prendo -dijo con voz calmada y profunda. Alanis miró de reojo cómo el dispositivo parpadeó por última vez en la mano metálica.
-se descargó…
-no entiendo.
Y no mentía, su mirada pesaba con la duda, aunque no quisiese verlo tuvo que hacerlo, creyó que era una broma, pero bajo esos ojos no había ni pizca de ironía, por más que buscase, así que tragó lo que le faltaba, dio un sorbo de su soda y respiró profundamente.
-ya no tiene batería, es normal después de varios días sin usarse.
-cámbiasela -su orden no sonaba como tal, de hecho, era más como un pedido.
-no se cambian -en vez de eso, la voz de ella era débil, en espera de algún grito tal vez.
- ¿entonces esto ya no sirve?
-si sirve, solo debes cargarlo para que encienda de nuevo.
- ¿Cómo hago eso? -asentó el celular en la mesa y lo contempló.
-necesitas el cargador - La escena era algo extraña para cualquiera, la chica nunca imaginó que debía enseñarle a alguien cómo cargar un móvil y mucho menos a un súper asesino que debía saber al menos lo básico de tecnología.
- ¿tú tienes uno?
-sí, está conectado en mi habitación…
Lo siguiente que supo era cómo se sentía ser tomada de la mano por James y caminar a rastras a través del departamento, llegando al medio de su cuarto.
-bien ¿Dónde está ese cargador?
-por ahí -seguían sus dedos dentro de la mano de él cuando quiso levantarlos y apuntar el lugar- debes conectarlo.
- ¿es ese cable? -era como si ella pensara escaparse, seguro eso pensaba el asesino puesto que no la soltaba. Caminaron juntos hasta la pared donde sostuvo la conexión, analizando la forma y buscando en el celular un agujero del mismo tamaño, encontrándolo y metiéndolo para embonar a la perfección. Unos segundos después el móvil encendió, James lo desconectó y con una alerta éste volvió a apagarse.
-tienes que dejarlo cargar un rato si no quieres que te pase eso…- con un gesto entre aburrido y enojado, el asesino la fulminó con la mirada- ¡o puedes quedarte aquí mientras se carga! -se apresuró a decir.
Las próximas horas de la noche él no dejó que ella se fuera de su lado mientras el proceso de carga se completaba, sentados bajo el enchufe. Alanis lo observaba con curiosidad, el touch de la pantalla casi sumiéndose por el peso que el castaño ponía en sus dedos cuando quería seleccionar lo que sea, explorando y descubriendo por todos los archivos que la chica no sabía que tenía hasta ese momento. Parecía un milagro que el celular funcionara después de todo ese tiempo con él.
Por ratos le preguntaba cosas sobre "cómo comunicarse con otros dispositivos dentro de la misma señal" o "por qué vibraba y aparecía un signo en la pantalla sin que lo quisiera", su manera de hablar con respecto al teléfono era como oír a un abuelo. En sus tiempos en silencio mientras le veía fruncir el ceño y chasquear la lengua, se cuestionaba si de verdad se trataba del James que todos conocían, se moría por saber cómo sería eso posible, si hubiera la casualidad de tener en sus narices a un súper soldado al igual que el capitán américa. Después se negaba a la idea, pero de nuevo caía en la evidencia de la placa de metal. No había razones para tenerla en su poder y pensar en un impostor ¿o sí? Empezaba a desesperarse, necesitaba saberlo de una vez.
- ¿te llamas James? -ninguna palabra fue premeditada, ella misma se sorprendió al escucharse.
-eso creo – soltó en un solo sonido, con tono neutro y con la vista aun en la pantalla. Tal vez era el celular que lo mantenía distraído cual infante mal criado, sea lo que sea no desaprovecharía esa oportunidad.
- ¿Cuántos años tienes?
-no lo sé
- ¿en qué año naciste?
-no lo se
- ¿conoces a Steve Rogers?
Se detuvo, dejó de ver el móvil para mirarla y por un instante el corazón de la chica se detuvo también, a la espera de un golpe o algo peor, pero no ocurría nada más que silencio e incertidumbre.
Una brisa helada los golpeó desde la ventana abierta, haciéndolos temblar al mismo tiempo, el tipo volvió la vista a la pantalla y continuó pasando el dedo índice por la pantalla, entrando al mundo tecnológico una vez más, ella tomó valor y se levantó para cerrar la entrada de aire, pensando en el invierno que se acercaba y la posibilidad que tenía de ver a su familia. Una muy leve posibilidad. Regresó y se sentó de nuevo frente a él ¿por qué lo hizo? No había nada más interesante qué hacer que jugar a las preguntas y respuestas con un asesino en serie y ver hasta donde se podía llegar, "si sobrevivo, gano". Sus pensamientos sobre lo estúpida que se sentía en ese momento fueron interrumpidos por él, quien le mostraba el celular.
- ¿por qué no puedo comunicarme con nadie aun?
Pensaba que era broma todavía, solo alguien nacido antes de la invención de los celulares no sabía eso, y ya era exagerado pensar en el tiempo que lo tuvo en su poder sin descubrirlo.
-necesitas el número de la persona con quien te quieres comunicar
-el número de qué.
-el número…ya sabes, ¿el numero telefónico? -Alanis no buscaba como explicarle esas cosas, tampoco estaba segura de tener que hacerlo en todo caso, pero ahí estaba ella, sin pendientes escolares y sin miedo, solo una gran intriga por todo lo que veía en él en ese preciso momento; calma, curiosidad y hasta ternura por la posición en la que se encontraba.
-no sé su número telefónico… -volteó la pantalla y siguió revisando todo.
- ¿su número? ¿A quién quieres llamar?
-es secreto…
-oh, ya veo -su ánimo de repente bajó, como si se hubiese decepcionado por no obtener un nombre. Sin embargo, el cómo respondió fue suficientemente bueno porque continuaba tranquilo.
- ¿cómo busco la información de una persona en internet desde aquí? -el celular mostraba una página de internet en blanco, la parte superior donde iba el URL estaba oculto y era obvio que no había descubierto cómo introducir texto.
-desliza tu dedo hacia abajo y escribe el nombre -James efectuó la acción y de nuevo mostró la pantalla.
- ¿cómo escribes sin teclado? ¿Qué clase de comando necesita?
-si tiene teclado, aparece cuando seleccionas el recuadro de texto -sin permiso, la chica levantó la mano hacia el celular e hizo lo que dijo anteriormente- ahora puedes escribir.
Era como enseñarle a tu mamá a usar su nuevo Touch.
El sujeto empezó a escribir, no era tan lento como creyó que sería. En el transcurso de un par de minutos el asesino cambió sus gestos cada tres segundos aproximadamente mientras navegaba a través de un nombre. Suspiró por último y sólo contempló el móvil antes de mostrarle las imágenes que google ofrecía.
- ¿lo conoces?
- he escuchado de él.
- ¿qué sabes?
-sé que es un héroe, un vengador. Oí que lo descongelaron y sobrevivió al frio.
El asesino soltó un gruñido y de un momento a otro se molestó aventando el móvil a la pared contraria, fragmentándolo en cada una de sus piezas, dejando a la chica inmóvil a un lado de él. James solo se cubría el rostro con las manos negando y maldiciendo.
-¡es inútil! ¡Nadie puede! Todo fracasará…
