"Te quiero tanto. Tú lo sientes, ¿verdad? No está en las palabras, no tiene nada que ver con decirlo, con buscar nombres. Dime que lo sientes, que no te lo explicas, pero que lo sientes, ahora" -Julio Cortázar.


Disclaimer: Ranma 1/2 y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta obra fue creada sin fines de lucro.

Step#11

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— ¿Te parece divertida mi cara? —Una inquisidora voz interrumpió el silencio.

Akane parpadeó descolocada, mirando al molesto emisor, por fin, a conciencia. ¿Cuánto tiempo había estado contemplándolo? ¡Oh, qué descuidada!

La peliazul gruñó por lo bajo, giró la cabeza hacia el frente y aceleró su paso. Debía parecer estúpida, optó por evadir la anterior pregunta.

— ¡Oye! —reclamó el azabache dándole alcance desde la valla.

—No molestes —siseó, repentinamente huraña.

—Estas actuando raro hoy... —declaró resoluto, como si el hombre conociese todos sus privados misterios, como si tuviese clarificado cada uno de los sentimientos que albergaba hacia él. Pero no lo estaba, por supuesto que no. Al menos, no lo parecía. La engañosa verdad no hizo más que aumentar su enfado. Sin embargo, desistió enfrentarlo a la cara.

— Te recuerdo que, entre los dos, tú eres el fenómeno y raro aquí —sentenció con sorna, tergiversando las preocupadas intenciones del muchacho que, minutos atrás, admiraba con ciega adoración. Aquella extraña mañana, inexplicablemente, despertó desbordada de emociones. Sentía que explotaría en cualquier instante. Que explotaría de amor por él.

—Momentito... —Ranma saltó de su predilecto sendero para obstruir su avance, obligándola a encararlo—. Cuando te metes con mi maldición significa que estoy en problemas —habló pensativo, cruzándose de brazos y torciendo los labios. La observó atento por eternos segundos—. ¿Qué fue lo que hice —cuestionó derrotado—, qué fue lo que hice y aún no lo sé?

— ¿De qué demonios hablas? —inquirió alzando una ceja. A medias confundida por su pregunta, y a medias conocedora de su trasfondo. En ocasiones ajusticiaba a Ranma por hechos insustanciales de los cuales, el tonto, no era consiente, pero que la ofendían o encabritaban sin tener muy claras las razones. Pasearse tranquilamente a su lado mientras ella bullía por desnudarse el alma y postrarla ante él, en estos momentos, clasificaba como un claro ejemplo de ello.

«¿Puedes sentirlo, Ranma? ¿Puedes sentirlo, ahora?», se preguntó desesperada.

—Algo he de haber hecho que no te pareció —reflexionó el ojiazul, ajeno a las tribulaciones internas de su compañera—, pero no logro entender qué es. —Se rascó la coronilla, frustrado—. Hace días que no intento meterme contigo, he sido amable y tolerante —afirmó con suficiencia.

— ¿Tolerante? —La peliazul imitó la postura de su prometido al detectar la sutil acusación de sus palabras.

—Ya sabes, trato de no insultarte ni gritarte cuando me hace pasar por situaciones completamente incomprensibles. ¡Como ésta! —Señaló a ambos alternadamente, englobando la invisible atmósfera de tensión. La cuál, para él, no tenía razón de ser ya que no había hecho nada para ofenderla. No que recordara.

Akane frunció el ceño y apretó la mandíbula ante tan acertadas palabras. Sí, para ella también la situación era insólita, no comprendía qué le pasaba o por qué. Y sí, en efecto, él estuvo durante los últimos días manteniendo una actitud atenta, servicial y respetuosa. Incluso la noche anterior le enseñó a pelar las patatas de manera más elegante y eficaz, sobrado de paciencia y buenos modales. Hasta se abstuvo de reírse o insultar sus primeros veinticinco intentos. Fue un hermoso momento, sin interrupciones, sin padres molestos, sin otras prometidas. Sólo él y ella, tan cerca. Tan sintonizados. Ranma sosteniendo sus manos. Ranma hablándole con sedosidad. Ranma felicitándola por su pequeña victoria culinaria. Se acostó, esa noche, con la felicidad por las nubes, alegre y llena de emoción. Pero a la mañana siguiente pareció levantarse con "el pie izquierdo", con una opresión en su pecho. Quizá como señal de un mal presagio, tal vez como vestigio de una pesadilla. No sabía qué. Lo único que entendió es que, al verlo esa mañana, una necesidad agonizante de tirarse a sus brazos y rogarle que la mimara y la besara ardió dentro de ella. Casi sucumbe, casi se humilla. Casi. Pero no.

Tenía que mantener su dignidad, saberse gobernadora de sus emociones, ecuánime y capaz de actuar con normalidad frente al bruto que permanecía ajeno y desentendido del ansia que sentía por él. Y era un bruto muy guapo, por cierto. Con ese pensamiento, paso del furor emocional a la contemplación romántica. En un sube y baja de desespero y tranquilidad que le estaba colmando la paciencia. Y era precisamente en ese estado de contemplamiento donde Ranma la había sorprendido con "las manos en la masa" mientras caminaban hacia donde Tofú para llevarle las galletas de mantequilla que Kasumi había cocinado. Estúpido Ranma.

—Idiota. —Fue la escueta palabra que logró sacar de su boca, pese al intrincado océano de réplicas, monólogos y suplicas que bombardeaban su mente desde que amaneció.

— ¡Óyeme!, creí que las cosas iban bien —acusó, tomándola por los hombros con impaciencia—. ¡Yo no he hecho nada!

— ¡Déjame! —Akane se zafó, bruscamente, de su agarre—. ¡Tú no entiendes nada!

— ¡Pues explícame!

— ¡No quiero! —¡Genial!, ahora actuaba como una niña berrinchuda—. Lárgate, quiero estar sola. Yo me encargaré de entregarle el presente a Tofú —finiquitó sombría, pasando de él.

Ranma estaba bastante confundido. Hasta donde le permitía su conocimiento, los asuntos entre él y su prometida marchaban más que perfecto desde hace días. Había probado ser menos brusco y bocazas con ella, y el resultado fue absolutamente satisfactorio. Las interacciones entre ellos eran más cercanas, más táctiles. Sin golpes que lo fracturaran o palabras que le hirieran. Akane estaba más dócil y no rehuía de sus roces "accidentales"; si se le salía una que otra crítica descarada hacía ella, Akane únicamente suspiraba y le llamaba tonto sin otra reacción más que el desentendimiento a sus injurias. Incluso anoche terminaron en una guerra de cosquillas que él valientemente incitó cuando, por fin, su prometida logró despellejar adecuadamente unas patatas. Akane se dejó hacer por él y le hizo de igual manera, sin rudeza, sin rechazo, sin enojo. Ella rió lo más discreto que sus fuerzas le permitieron para no llamar la atención del resto de los inquilinos, quienes por intervención divina no habían estropeado aquel glorioso momento con su prometida. Después de un buen encuentro ella se dejó vencer y declaró la tregua. Ahí, tendida sobre el suelo; a su lado, a merced de sus manos. Tan entregada, tan vulnerable.

Su prometida.

Se perdió en ella un tiempo considerable, pero no se atrevió a nada más y le ayudó a incorporarse. Profundamente apenados por aquel arranque cursi de jueguecillos se despidieron con torpeza, siendo ella la primera en partir a sus aposentos. Dejándolo a él encendido de intenciones hambrientas y sugerentes, con un desastre que limpiar y demasiadas patatas que guardar en la nevera. No durmió casi nada, debatiéndose entre la frustración y el fortunio de aquel idílico momento en la cocina. Imaginándose acariciando el cuerpo de Akane entre sábanas y piel de patatas. Sobre su cuerpo, riendo mientras le hacía cosquillas en su piel expuesta, en cada rincón, cada recoveco, cada zona tímida, cada región prohibida. Un dolor punzante en su entrepierna comenzó a torturarle y una necesidad animal de tocarse, de que ella le tocara, rugió en su pecho. Por poco sucumbe al deseo reprimido por ella, casi se humilla ante el carnal menester de desahogarse. Casi. Pero no.

Akane le estaba volviendo un pervertido, pero su voluntad era más fuerte que ello. Él era un diestro artemarcialista, sabía sobre control y disciplina, y podría resistir añoranzas primitivas que le entorpecieran o le hiciesen actuar como un enfermo necesitado de caricias. Por supuesto que sí. Aunque le tomara toda la noche. En la mañana, lejos de sentirse tranquilo, seguía muriendo de apetito por ella. Quiso tocarla, rozarla de manera casual, iniciar una conversación ajena de segundas intenciones, pero Akane despertó gruñona y evasiva. Desdeñosa a sus pláticas imprevistas, esquiva de su cercanía. No alcanzaba a descifrar qué había pasado. Horas atrás, el día había finalizado maravillosamente.

«¿Puedes sentirlo, Akane? ¿Puedes sentirlo, ahora?», se preguntó atormentado, observando la estrecha espalda de su prometida alejarse por la calle. Rogando a los dioses que ella pudiese sentir lo mismo que él en esos momentos. Esa necesidad efervescente de pertenecerle a los cuatro vientos, a los ojos del mundo, a toda ley.

—Tsk. —Chasqueó la lengua resignado al sinsentido de aquella situación. Sin embargo, no permitiría que su obstinada futura esposa se salirse con la suya o, más bien, que se alejara de él. No después de las complicidades, de los momentos furtivos, de las caricias robadas.

Ya no podía, se le acabaría el aire.

— ¡¿Pero qué haces?! —Akane trató de deshacer el agarre de sus manos cuando le dio alcance y entrelazó sus dedos.

— ¡Cállate! —ordenó—. No sé por qué estás así. Y si no me lo quieres contar bien por mí. Pero maldita sea, Akane, no vas a retraerte y hacerme a un lado. Voy a estar a tu lado como una lapa hasta que se te pase la bronca. Y si no se te pasa, podemos discutir hasta que te canses —decretó con presunción, apurando el andar de su prometida. Sin molestarse en darle cara, bien sabía que Akane tampoco estaba de humor para dar pelea.

Por su parte Akane desistió de cualquier réplica. No por falta de ganas, más bien por el hechizo de las palabras de Ranma que aplacaron levemente su enojo, mas no doblegarían su tozudez. No, señor. Cuando tuviese la oportunidad, se escabulliría de la atenta vigilancia de su prometido para tener un tiempo a solas, hasta que se sintiese más calmada.

Caminaron uno a uno, sin conversaciones ni miradas de soslayo. Enfrascado en sus privadas figuraciones, con el gesto osco y movimientos desafiantes. Reacios a doblegar sus voluntades, pero saciando, con el casto toque de sus manos, la famélica necesidad del otro. Queriéndose transmitir el agobio por pertenecerse sin tapujos, consolándose mutuamente con la perdurable lealtad que se profesaban en el silencio de sus actos. Con el inexplicable sentimiento que los sobrecogía. Sin palabras, sin nombres. Pero lo sentían, ahora.


N/A: Perdón por el retraso, he estado demasiado ocupada con los quehaceres de la vida, y la realidad me ha absorbido un poco. Espero se pueda entender la intención del relato, ambos sienten la misma necesidad del otro, sólo que develada por diferentes motivos o enfoques. Creo que me volví a pasar de "melosidad", pero es que con este clima lluvioso y nublado (mi clima favorito) no me inspira más que situaciones mimosas y románticas. Además leer a Cortázar, en estos días, no me genera más que pura "melosidad". Ojalá no les desagrade, yo me emocioné.

Miztu of the moon: Tengo tanto porque agradecerte. En primera por darte el tiempo de dejar tu opinión en los últimos cuatro Steps, gracias por tus palabras que me motivaron sobremanera. Lo digo enserio. Y no te preocupes por la ortografía a todos nos pasa, y nos seguirá pasando. A mi también me encanta la canción de cuna de Akane, es tan tierna y melodiosa, en cierta forma melancólica. ¡Aaah!, no lo sé, me fascina. En general toda la música del anime y OVAs me encantan. Gracias, gracias infinitas.

ivarodsan: Gracias por leer mi otro fic y retroalimentarme con tu opinión y observaciones constructivas. Lo aprecio en demasía, sinceramente. Me alegra mucho estar en tu top 3. ¡Yaiii! Espero volver a saber de ti.

Megumitasama: ¡Cierto! yo también me pregunto si alguien se dio cuenta de sus moratones. A lo mejor sí, pero astutamente decidieron no decir ni pío para que los dos tórtolos siguieran con sus avances, jejeje.

flakita, Haruri Saotome, paulayjoaqui, Guest, gracias por sus palabras y por estar al pendiente de este proyecto. Ya casi llega a su fin, por cierto. No lo planeé muy largo, sólo quería dejar entre ver cómo y qué tanto se afianzó la relación entre Ranma y Akane antes de que, el muy zonzo, se marchara por su cura. Y así entendieran los guiños de la otra historia. Pero eeeen fin, ojalá lo disfruten.

Gracias también a todas las almas anónimas que lleguen a esperar una nueva actualización.

Buena vida

ºPenBaguº