Disclaimer: Inu Yasha pertenece a Rumiko Takahashi
"EL CASTIGO"
Por C. Weller chan
Capítulo 10
Los Días Posteriores
Kagome deshacía el nudo de su delantal parada en el almacén mientras Sesshomaru cerraba la pequeña puerta del café y Shippo lavaba las últimas tazas en la cocineta. Había sido un día con mucha tensión. No es que hubiera habido gran cantidad de clientes, pero por lo menos, si los suficientes para albergar algunas esperanzas en los días por venir.
Con un suspiro de cansancio, la chica dejó parte del cargamento de su mochila en uno de los tantos estantes que tenía el almacén. Los muchachos le habían cedido un espacio para que dejara su delantal y las cosas que deseara para no cargarlas todos los días. Suspirando, dejó unos libros y varios recipientes de sopa instantánea que su mamá había insistido en darle para cuando se le ofreciera. Sin embargo, en ese momento lo último que a Kagome se le antojaba era la comida. Después de todo, había sido un día muuuy largo.
Para comenzar, cuando llegó tuvo que pedir ayuda a Sesshomaru para separar a Inu Yasha de Miroku. El primero tenía bien sujeto al chico de ojos violetas por el cuello. Después de mucho forcejeo, y con mucho cuidado y discreción para que los clientes no se percataran, lograron separar a los dos jóvenes.
Kagome estaba a punto de gritar del enojo por encontrarlos en una situación así. Luego de que por fin los ánimos se calmaron un poco, la chica se enteró de la razón por la cual Inu Yasha trataba de ahorcar a su amigo: el muy pervertido había pasado su mano por el trasero de una de las clientas, que afortunadamente, se había retirado sin mayor problema. Tanto Sesshomaru como Kagome se quedaron bastante sorprendidos, tanto, que en un principio no reaccionaron ante el hecho de que Inu Yasha reanudó sus esfuerzos por asesinar a Miroku, pero luego de un momento de titubeo, lograron separarlos una vez más, con un enfadado Inu Yasha amenazando entre dientes al de ojos violetas, que si la clienta los demandaba, iba a ser enteramente responsabilidad de Miroku.
A media jornada, una de las chicas que se encontraban sentadas, accidentalmente derramó el café encima del mantel. Con gran amabilidad Kagome retiró el tejido y disimuladamente, se dirigió hacia las escaleras. Ya ahí, emprendió una veloz carrera hacia el último piso donde la lavadora se encontraba para lavar y secar rápidamente el mantel manchado. Ya que no contaban con otro para sustituirlo, los chicos tomaron el mantel de otra mesa, la más alejada, sin que las muchachas se percataran, dándoles tiempo a Kagome de traer el mantel ya lavado y ponerlo en la mesa que había quedado descubierta.
Por lo menos, pensaba Kagome suspirando, los chicos comenzaban a reaccionar ante las situaciones inesperadas, cosa que no ocurría en un principio. Eso le daba cierta tranquilidad para pensar en el futuro. Si las cosas seguían así, probablemente el negocio de esos muchachos se iría hacia arriba con el tiempo.
- ¡Kagome! La cena está casi lista. ¿Vienes? – preguntaba un muy contento Shippo a la chica, que terminaba de arreglar su mochila pensando en ir a su hogar como si fuera el camino al paraíso.
- Shippo yo quisiera irme a casa… - decía la muchacha, pero a medida que pronunciaba las palabras, la carita del niño comenzaba a dibujar una mueca de tristeza y unos enormes ojos que amenazaban derramar unas lágrimas. Con resignación, Kagome terminó la frase en otro sentido: - Está bien. Gracias. – eso borró inmediatamente la tristeza en el rostro del chiquillo y alegre, tomó la mano de su amiga para conducirla a la cocina.
Con una sonrisa, Kagome se dejaba llevar por Shippo cuando al poner un pie en la cocina, la golpeó el olor a quemado. Quedándose demudada en primera instancia, Kagome veía cómo Inu Yasha trataba de retirar del fuego una sartén conteniendo lo que parecían unas salchichas negras y otra cosa que no sabía qué completamente carbonizada, pero como tomó el mango con la mano desnuda, el chico terminó por soltar el traste encima de la estufa aullando de dolor y desparramando el contenido. Atendiendo a los gritos de su hermano, Sesshomaru, que estaba junto a él, optó por ver la mano de Inu Yasha sin percatarse que la comida y el aceite comenzaban a arder. Como un rayo, Kagome tomó una olla que estaba en el escurridor y lo llenó de agua, mientras los muchachos se daban cuenta del fuego y el menor gritaba consternado, mirando ambos para todos lados y tomando un trapo de cocina que estaba ahí, para aplacar las llamas, pero lo único que provocaron fue que el trapo también se quemara. De repente callaron cuando por estar en el camino, Kagome les tiró el agua tratando de sofocar el pequeño incendio.
- Parece que todo está en orden… - decía Miroku que estaba parado junto a Shippo en el dintel de la puerta y que había llegado para ver lo que sucedía. Con un suspiro, Kagome dejó la olla a un lado y tomó otro trapo que se había salvado para limpiar el desastre, que humeaba. Los hermanos de ojos dorados, uno con la cabeza gacha y el otro con una actitud digna que decía a las claras que nada había sucedido, trataban de levantar los restos y ayudar a la chica en su tarea.
Con un suspiro, Kagome pensó que su apreciación sobre las reacciones de los chicos en las situaciones inesperadas tal vez había sido demasiado apresurada.
El Señor Taisho se encontraba sentado en un extremo de la mesa del comedor de su mansión, medio escuchando lo que su esposa le decía y a la vez pensando en otras cosas. La señora Izayoi comentaba acerca de los logros de su hija pequeña en la escuela ese día, cuando notó que su marido se encontraba perdido en las nubes, mientras se llevaba a la boca un pedazo de apio con la mano.
- …de modo que tu hija el día de hoy decidió mandarlo todo al demonio, harta, porque no le gustó su clase, así que se fue de pinta con sus amigas y ver una película impropia para su edad, cosa que yo aproveché para vaciar tus cuentas bancarias con compras innecesarias y terminar acostándome con el primer chico de ojos verdes que encontré… -
- Qué bien, me alegra que se hayan divertido… - respondió ausente el señor Taisho masticando su apio ante la perorata deliberada de su mujer, que con un sonido de disgusto, dejó de un golpe en la mesa el vaso de agua que tenía en la mano para preguntar en un tono amenazante y duro:
- Toga Taisho, ¿escuchaste lo que dije? – el señor Taisho aterrizó inmediatamente.
- Si, por supuesto querida – decía el señor Toga recomponiéndose tragando su pedazo de apio y al mismo tiempo tratando de aparentar que nada se le había escapado.
Reacción idéntica a la de su hijo mayor.
Con un suspiro la señora Taisho pensó que no se podían pedir peras al olmo, de modo que decidió dar por terminada la cena y ordenar a los sirvientes que comenzaran a limpiar.
El señor Taisho se terminó el último bocado mientras su esposa se levantaba y daba instrucciones al personal doméstico. Se sentía culpable por no poner atención a lo que su mujer decía, pero el día de hoy, muy felizmente, sus hijos habían comenzado a dar muestras de un pequeño pero verdadero avance.
Eso lo tenía contento, pero lamentablemente, no podía comentarlo con Izayoi, ya que no era prudente decirle acerca de las cámaras que había en la casa donde sus hijos sufrían su castigo. Como ese día reinaugurarían el café, el señor Taisho avisó a su mujer que llegaría algo tarde, para no perderse nada de ese importante evento. Con satisfacción, a las nueve de la noche, cuando los muchachos cerraron el local, pensó que el día había sido provechoso.
Los clientes habían sido contados, pero por lo menos no salieron huyendo como aquella parejita de novios que no quería recordar, y tal parecía que todos, ¡bueno! casi todos (a excepción de aquella chiquilla a la que Miroku le tocó el trasero) quedaron complacidos con el servicio.
Y otra cosa más había logrado satisfacerlo: muy lentamente, con mucha timidez, los muchachos estaban comenzando a hacer a un lado sus temores e inseguridades ante un ambiente extraño y tal parecía que se desenvolvían con mayor facilidad.
La situación aparentemente estaba comenzando a andar como los padres deseaban.
Sólo esperaba que su Inu Yasha pusiera más atención y cuidado cuando cocinaba.
Final del capítulo 10
Continuará…
Reviews:
Sweet-Sugar-894: Bueno, la paciencia de Inu Yasha no podía ser mucha. Y no sólo Miroku lo sacará de sus casillas. Gracias por tu review.
Mew Jeiry: Aunque Miroku no use pantaloncillos cortos azules e Inu Yasha no sea gordo y no tenga sólo 3 cabellitos en la cabeza, es verdad que esa escena nos recuerda a algunos personajes, ¿verdad? Jeje. Debo mencionar que no planeo hacer este fic romántico, pero tal vez haya algunas escenas (contadas) de ese tipo. Gracias por tu review.
PaauLaa: ¡Hola, qué gusto! Se te extrañaba por aquí. Aquí tenemos la razón por la cual Inu Yasha ahorcaba a Miroku, ¡y no será lo último que sepamos de esta situación en particular, créeme! Gracias por tu review.
rafiki: Gracias por tu comentario.
Minako k: Mmmm. Los problemas en los que se meterán… ¿de verdad piensas que estos esforzados jóvenes puedan tener alguno? (jejeje). Gracias por tu review.
Michelle Weasley Fenton: Es la primera vez que leo un calificativo así para Miroku. Y si, tuviste razón, ¡Kagome al rescate! Gracias por tu comentario.
Mi gratitud a todas y todos por continuar leyendo "El Castigo". Gracias por continuar ahí. Nos leeremos después.
C. Weller chan
