SPOILERS DE LA NUEVA SAGA DE DRAGON BALL SUPER
(leer con cuidado)
AL FINAL
—la esperanza prevalecerá—
~separación~
Miró su mano izquierda; después, miró a su alrededor desde su lugar, al cielo oscuro que reflejaba la destrucción de cada espacio, cada recoveco. Y ella, allí, en el suelo, tan dolorida que apenas podía creerse esa mentira de que estaba viva, porque no era posible que lo estuviese si lo que recordaba era estar recibiendo directamente un ataque de Black. Y el grito de Trunks, de fondo.
—¡Mai! —juró escuchar, pero no.
Nada escuchaba salvo la destrucción, porque la destrucción sonaba en esa Tierra devastada, lo hacía en forma de rayos, de tempestades lejanas. No había señales de nada más, de Black, de la resistencia, de Tama y sus ronroneos.
De Trunks.
Suspiró, y una sonrisa se pintó en sus labios. Trunks lo había logrado, había podido marcharse al pasado. ¡Habría salvación! Pero…
¿Por qué no la había llevado con él?
Miró su mano izquierda; mirándola, necesitó acariciarla con la derecha. Lo hizo, acarició con los dedos de la mano derecha la palma de la mano izquierda, y sintió al hacerlo que el cielo se derrumbaba sólo para caer sobre él, y aplastarlo, y sumirlo en la más profunda oscuridad. Susurró su nombre a espaldas de todos, «Mai», y el desconsuelo se adueñó de él.
Las cosas habían sucedido demasiado rápido: la pelea con Black, huir al pasado, despertar ante fantasmas que ya no existían en su tiempo, el reencuentro con sus padres, la llegada momentánea de Black mediante la grieta, ver la máquina del tiempo quemándose ante sus ojos, creerlo todo perdido y recordar que no ante la máquina que hubiera pertenecido a Cell. Perderlas, a su madre y a Mai. Perder a Mai.
Había llorado a Bulma. En el momento que pudo, lo había hecho; a Mai no la había llorado aún. Al percatarse de ello se sintió un monstruo. ¿Cómo no lo había hecho? ¿Cómo, si de sólo pensar en ella sentía que el mundo se lo devoraba de un bocado? ¿Cómo, si pensar en el cadáver de Mai en sus brazos le quitaba el aire y todas las fuerzas para luchar?
¡Estaba muerta! ¡Muerta!
¿Acaso…?
Mai llevó la mano izquierda a su pecho. La apoyó ahí, y llevó, con esfuerzo abismal dada la debilidad que ostentaba, la mano derecha sobre la otra. Estrechó mano izquierda con mano derecha, los ojos fijos en el cielo gris.
¿Trunks hubiera sido capaz de…?
Rio; hasta reír le dolía, lo cual la hizo reír aún más. Trunks jamás sería capaz de algo así. La inseguridad que a todos ataca en momentos de debilidad repreguntó: ¿segura? Ella negó al cielo, convencida.
—Jamás…
Trunks jamás la hubiera abandonado. Si ella seguía allí y él estaba en el pasado, entonces él, tal vez, la había creído muerta. De seguro, el ataque de Black no había dejado lugar a dudas en su brutalidad; esa era la idea, en definitiva.
Mai se había sacrificado sin pensar nunca que iba a sobrevivir; lo había hecho para que Trunks huyera. ¡Y Trunks lo había hecho! Sí, entonces: estaba en paz con él, no había reproche alguno.
Pero estaba sola.
Muerta, Mai muerta. Pronunciar esas dos palabras juntas significaba clavarse un puñal en el corazón en pos de expulsarse hasta la última gota de vida. Sin embargo, no, no podía dejar de lado su misión; si lo hacía, las muertes habrían sido en vano.
Eso nunca.
Tragó saliva. ¿Pero cómo vivir con el peso de esas muertes? ¿Cómo vivir contemplando ante sus ojos la veracidad de cada ausencia? Sí, es cierto lo que ya quedó dicho en otra parte: la peor parte de la muerte no es la muerte en sí, sino acostumbrarse a la ausencia de quien se ha ido. Acostumbrarse a algo semejante tratándose de ellas dos era inconcebible. No iba a ser fácil cargar con ello sin nada de lo que había conocido a su alrededor, así como no había sido fácil sobrellevar la vida luego de perder a Gohan, o bien crecer sobrellevando la muerte de un padre al que sólo se podía imaginar. Cada duelo había tenido sus aristas; se creía más endurecido por las circunstancias y capaz de soportarlo, pero no, pues algo fallaba.
Con Mai fallaba.
¿Cuánto tiempo después se levantó? Minutos, semanas; no tenía idea. En la pared más cercana, la de un antiguo edificio en ruinas, se apoyó, y abrazándose a sí misma entre frío y destrucción quiso buscar su rifle y su gorro. Ni lo uno ni lo otro vio. Cayó sentada contra la pared; abrazándose a sus rodillas, lloró como una niña.
Estaba sola; Trunks no estaba más con ella.
Mai y él habían vivido su historia aceleradamente en el epicentro del infierno; aún les quedaba tanto por vivir, o eso sentía Trunks, que con Mai lo desconsolaba eso, saber que pudo haberla salvado de haber sido más rápido, de haber reaccionado a tiempo. ¡Es que…! Sus emociones jamás se habían caracterizado por ser estables; era una persona un tanto inestable en cuanto a vínculos y seguridad. Lo único que le rebalsaba el alma era empatía, la cual podía ser la peor arma de doble filo en los momentos de tensión. Con Black delante, amenazante, y tamaña responsabilidad en las manos, materializada en la energía de la máquina, la sobredosis de realidad lo había sumido en la inestabilidad más potente. Y, como siempre cuando llegaba a ese punto de exceso donde no lograba decidir, ella había aparecido ante él.
—¡Yo seré la carnada! ¡Eres tú el que tiene que sobrevivir! —juró escuchar, pero no.
Se cubrió el rostro con las manos al recordarlo, su mente a la deriva en la cúspide de la sobredosis.
—Mai… —volvió a suspirar.
—Trunks… —suspiró, mitad feliz por saberlo a salvo del horror, mitad desconsolada por su ausencia latente.
Sentir su ausencia era devastador, lo era en ese momento, cuando el cuerpo le dolía más de lo que era capaz de distinguir, cuando el frío le helaba la sangre, cuando la necesidad de protegerlo, acompañarlo, consolarlo y amarlo era tan visceral. Lo necesitaba, maldita sea.
La necesitaba tanto que apenas soportaba estar de pie, no sabiendo que ella no… Que ella nunca más… Que no vería más esa sonrisa dulce y esas mejillas rojas por la pena luego de que el estómago se le quejara por el hambre. Mai animándolo en lo peor, retándolo cuando la negatividad lo vencía, comportándose como una niña cuando encontraba dulces entre las ruinas, llorando con la vista fija en el cielo, seguramente recordando al Gran Pilaf y a Shuu. Mai llena de esperanza ante la adversidad, el rifle en las manos y la convicción en la mirada. Estaremos bien, Trunks; estaremos bien.
Mai en sus brazos, la oscuridad escondiendo su desnudez. Tierna, tan dormida como si llevara años sin hacerlo, acurrucada junto a él en el sofá, el cabello revuelto y una sonrisa en los labios.
¿Cómo soportar no poder vivir más algo así?
De repente, en un violento arrebato, se limpió las lágrimas. ¡No tenía que ser pesimista! Lo vería de nuevo: Trunks iba a volver con refuerzos, aquellos guerreros de los que le había hablado, y juntos derrotarían a Black. Encontrarían la manera de revivir a las personas, quizá con las esferas del pasado, y Trunks volvería a ver a su madre. Y ella, ¡ah, ella…! Chilló de alegría al imaginarse ante su Señor y Shuu otra vez. Los vería, sí. Los vería.
Mientras, tenía que esconderse.
Vislumbró el espacio con ojos de soldado, buscando orientación en lo poco que se podía apreciar de la luna y la luz que proyectaba débilmente sobre el entorno: la guarida secreta de la resistencia estaba al este de su ubicación, si calculaba bien. Decidida, se enderezó usando la pared de apoyo, abismal el esfuerzo que puso en algo tan simple, hasta que volvió a caer al suelo al percatarse de la realidad. Lloró, lo hizo tapándose la boca para amortiguar los sonidos que profería en el horror.
Trunks se había marchado creyéndola muerta, entonces.
No podía soportarlo.
Trunks apretó los puños, los brazos estirados a cada lado de su cuerpo y la vista fija en el eterno jardín de la Corporación Cápsula de su pasado. A lo lejos, ella corría y reía junto a sus dos compañeros de toda la vida, hecha una niña hermosa vestida con una túnica militar. Y él la miraba, destrozado y apretando los puños, pues no era ella por más que lo fuera. A la de su tiempo, él no la había podido proteger.
Siseó de dolor, sin comprender de dónde provenía o qué lo provocaba. Apretó los puños y siseó más.
—¡¿Por qué haces eso?! —preguntó una voz junto a él.
Trunks giró ante la voz que bien reconocía: era el pequeño Trunks, su contraparte. El niño lo miraba con curiosidad, con incomprensión, hasta que la cara le mutó a una digna del padre de ambos por el gesto, y con sus pequeñas manos sujetó uno de sus puños.
—¡Deja de apretarte! ¡Estás sangrando!
Trunks se soltó. Miró sus manos: estaban rojas, lastimadas por la desgarradora vehemencia que había puesto al apretar los puños. No era la primera vez en la vida y no sería la última, seguramente.
Le pasaba cuando ya no podía más.
Trunks era muchas cosas, sobre todo un guerrero y un hombre. Como guerrero era implacable y pasional, de convicciones y más responsable que nadie; como hombre, era dulce, de sentimientos bondadosos y puros. Era sensible, noble: creerla muerta debía estar siendo muy doloroso para él, para el hombre. Y cuando el hombre sufría el guerrero temblaba.
Sabía que él era fuerte, ante todo, pero ya había perdido a su madre. Seguramente, las cosas estaban complejizándose para él.
Irremediablemente, se sintió preocupada. Trunks debía estar creyendo que ya no le quedaba nadie, ningún ser querido, y en la esperanza de Trunks eso dejaba grietas que lo debilitaban. Era el mejor guerrero, el mejor, porque ella había visto su sacrificio y constancia, pero la angustia potenciaba su impulsividad, y su impulsividad detonaba sus inseguridades más fuertes. Trunks iba a ser fuerte, más con su padre al lado, pero pensar en que estaría llorándola por dentro, en silencio, a espaldas de todos, reprimiéndose, era una imagen demasiado triste como para soportarla. Trunks no merecía sentir ese dolor, no basado en una mentira.
Mai juntó las manos, resignada a no levantarse por un par de horas: ojalá tuviera una manera de decirte que estoy bien, niño. Ojalá hubiera una manera de darte un poco de paz.
Lo observó anonadado, uno en una silla ante el otro, en la enfermería. Él era el hombre, el otro era un niño, y sin embargo era el niño el que se estaba comportando como un hombre. Trunks observó al pequeño Trunks sintiéndose un microbio. Se sentía orgulloso de su contraparte, también.
El pequeño terminó de vendarle las manos haciendo nudos desprolijos, pero fuertes.
—Gracias —dijo el del futuro profundamente emocionado, sonriente.
El muchachito entrelazó los dedos en su nuca y sacó pecho. Lo miró fingiendo indiferencia. Fingiendo; Trunks tenía la facultad de ver la preocupación que, disimuladamente, sentía el niño al final de sus ojos.
—Sé que estás preocupado por tu tiempo —dijo el niño—. ¿Pero sabes qué? ¡Piensa en las ventajas! Iremos al futuro con mi papá y todo estará bien. ¡Digo!, yo vi el poder oculto de papá, ¡por eso te digo que no hay de qué preocuparse! Le ganará, te lo aseguro.
El del futuro admiró las palabras del niño. Una parte de su discurso lo hizo reír especialmente:
—¿Tú irás?
El pequeño Trunks se cruzó de brazos, altivo. Era su padre, una miniatura de él.
—¡Pues claro! Yo también tengo mis armas secretas, ¡que te quede claro! No eres el único fuerte aquí.
Más risas. Trunks del futuro juntó sus palmas vendadas y agradeció una vez más la preocupación del niño.
—Tienes razón, todo saldrá bien.
—¡Pues claro! Tú relájate. Mi papá le ganará.
Adoró la admiración del niño por su padre. Quería ser un niño y admirarlo así también, explícitamente. Emocionado, le creyó todo y ya no dudó más.
Su madre y Mai muertas le recordaron, no obstante, que no todo tenía solución, tal vez.
—¿Murió mucha gente en el futuro? —indagó el niño con cierta impotencia inocultable adornándolo.
—Sí…
—¡No te preocupes! —dijo el otro al recuperar el ánimo—. Encontraremos la manera de revivirlos. ¿Qué tal? —Y le guiñó el ojo, gesto que el del futuro reconoció como típico de su madre.
El pequeño tenía lo mejor de los dos.
—¿Crees que se podrá?
—¡Claro que sí! Encontraremos la manera. Papá encontrará cómo y podremos revivir a mi mamá del futuro. ¡Estoy seguro de que se podrá!
El niño empuñó un puño y mostró los dientes con actitud y desenfado. Trunks del futuro casi no se creía que eran la misma persona. Por suerte, se dijo, lo eran. Algo del niño, de esa fuerza interna, había en él. Cuando sintió la fuerza viajándole por las venas, sonrió.
—Tienes razón…
Sin nada más por decir, el pequeño le sonrió despreocupadamente y salió corriendo para el jardín. Cuando el del futuro asomó por allá, lo vio riendo junto a Pilaf mientras merendaban bajo el sol lo que su abuela había preparado. La dulce mujer lo llamó para unírseles, algo que Trunks del futuro declinó amablemente con una mano y una reverencia.
Siguió observando a los niños, sin embargo: la pequeña Mai se sonrojaba cuando le hablaba a Trunks, y Trunks se sonrojaba cuando le hablaba a Mai. Eran adorables, justo como sus contrapartes: tímidos y aniñados aun cuando fueran adultos. Les deseó suerte en eso, que pudieran ser más desenvueltos al crecer, distintos a esos adultos que habían aprendido amarse en un periodo tardío de sus vidas, demasiado inocentes para la edad que tenían.
Conmovido, miró su mano izquierda.
—Recuerda que todo estará bien y no te dejes vencer, niño —rezó Mai con una sonrisa, dolorida en el suelo, la espalda contra la pared del edificio, la mano derecha sobre la izquierda—. No te rindas…
Así, prosiguió en su mente, podremos volvernos a ver.
—Siempre y cuando no te rindas, nos volveremos a ver. Te lo juro… —Y sonrió.
Ante su mano izquierda, sonrió. Siempre y cuando no se rindiera, la vería, la tocaría, la amaría. Todo lo que había quedado pendiente, tanto amor y tanto futuro, sucedería.
Sólo tenía que resistir un poco más.
.~.~.~.
Nota final
¡Hola! Muchas gracias por leer. =)
Escribí esto porque me quedé muy emocionada con la revelación de que Mai está viva. ¡Menos mal! Pero al mismo tiempo me dio una enorme tristeza pensar que Trunks la cree muerta cuando ella no lo está. ¡Es horrible que haya sido así! Quería imaginarme las dos campanas, cómo lo estaría viviendo cada uno con la información que tiene en las manos.
En mi concepto personal de Trunks, pienso que es serio y valiente, fuerte, pero las emociones a veces le nublan un poco las cosas, lo tornan impulsivo y no lo dejan pensar con la propiedad suficiente. ¡Y es entendible en su caso! Claro que esas mismas emociones son las que le dan la fuerza, pero toda sensibilidad tiene su lado positivo en lo bueno y su lado negativo en lo malo. Quise hablar un poco de eso. Y sobre Mai y la duda de por qué no la había llevado, supongo que sería lo normal pensar en eso primero que en nada; claro que Mai no iba a tardar en entender que esa era la idea y que así estaba bien, porque por eso se había sacrificado segura de que iba a morir.
Gracias enormes por sus comentarios a Silvia S.K, Tour, Kuraudea (¡lean su nueva antología Trumai, está muy linda! Se llama Destellos de esperanza n.n), Shadir, Jimena, MIS (¡qué placer volver a leerte por acá, linda!). Grisell, Prl16, xmarkzxgamer y Sophy por sus reviews. Y a mi linda Dika por betearme el IC. ¡Te quiero!
En el próximo traigo de vuelta a los chibis. Creo que empieza a ser obvio cuál de las dos pairings me gusta más… XD El que quiero publicar es uno de los primeros que escribí, pero por x o por v lo terminé pateando hasta ahora. ¡Ojalá les guste!
¡Nos leemos! n.n
Dragon Ball © Akira Toriyama
