X. Par
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-Si todo el mundo se pone en su contra, yo seguiría ahí...
Eso fue lo que dije, sin embargo yo estaba, yo... Ni siquiera me atrevo a decirlo...
Los días fueron avanzando, pasaban desapercibidos en el calendario de mi habitación. Era, ¿Cómo decirlo?, simplemente arrancar una hoja de papel con un numero escrito. Diecinueve, veinte... Julio, Agosto... antes de que me diera cuenta era un lunes por la mañana, no cualquier lunes, las vacaciones de verano habían terminado para todas las escuelas. Y ahí estaba yo, tomando mi desayuno tranquilamente y a decir verdad, sin muchos ánimos.
Me siento sola, esa era la palabra más adecuada en este momento. Aunque más bien debería decir que me "sentí" sola, todo este tiempo fue así. Kagura no volvió pase a los intentos que hacía porque todo volviera a la normalidad entre nosotras, sigue molesta conmigo y cada vez que pienso en ello siento deseos de llorar, siento que soy la peor de las amigas con ella. Todo porque me acerque a su peligroso hermano y bueno yo, yo me siento atraída hacia él. Pero creo que tampoco debo decir que me sentí sola, me encontré con Okita un par de veces más para ayudarlo a estudiar.
Y por último esta él, no pude verlo ni una sola vez. Es lo normal, no hay un camino a casa que nos una, no hay un horario, no hay nada; simplemente las casualidades dejaron de existir entre los dos. La idea de que quedemos de encontrarnos, es algo nulo, Okita me dijo que él me considera su conocida y a decir verdad, no quiero salir de eso. Aunque Okita insista en que puede ayudarme, aunque mi corazón lata tan rápido cuando pienso en él, aunque cada que cierre mis ojos él esté ahí, pese a todo eso yo ya había tomado mi decisión. Mi mejor amiga.
Termine aquella labores diarias de cada mañana, termine mi desayuno y me dirigí a cepillarme los dientes, tomé mis cosas y salí de casa para volver a iniciar una rutina. No sé qué haré, será difícil llegar al salón de clases y estar completamente sola. Caminaba por las calles observando todo a mí alrededor, como si fuera la primera vez que veía esos detalles como botes de basura o máquinas expendedoras, cada uno de esos pequeños detalles resultaba realmente atractivos y únicos para mí.
Fue cuando finalmente pude llegar y todo resulto igual, cruzar el gran campus hasta llegar a los edificios traseros, hasta el fondo de un pasillo oscuro donde yacía una puerta. La deslicé habían unos cuantos compañeros de clase sentados en sus respectivos lugares, atiné a sonreír pronunciando un "Buenos días" cada que cruzaba la mirada con alguno.
-¡¿Tanto me extrañaste perra?!-. Gritaban justo hasta el fondo del salón de clase. Era Okita.
-¡Idiota!-. Gritaron en respuesta, era Kagura.- ¡Estas en mi lugar!
-Claro que no-. Respondió Okita.
Lo envidio, pensé que tendría un trato diferente con Kagura una vez que me dijo aquello, pero nada, es el mismo de siempre, creo que yo no podría. Kagura sostenía del cabello a Okita jalándolo de un lado a otro buscando tirarlo, pero él no se dejaba, si no que de igual manera le jalaba el cabello a ella.
-¡Princesita dile a esta estúpida que este es mi lugar!-. Gritó Okita.
¿Yo? Me quede perdida varios minutos preguntándome lo mismo. Okita me miraba fijamente pero Kagura evitaba hacerlo... ¿Okita me abrió una oportunidad para hablar con ella? No debo desperdiciarla, aspire profundo dispuesta a decirle algo.
-Tiene razón ella Okita, tú vas atrás-. Pronuncie, creo que debí ponerle un poco más de entusiasmo.
-¿Ya vez idiota?-. Dijo Kagura con una sonrisa triunfal mientras a regañadientes Okita se cambiaba de asiento, después ella me miró, estaba sería.-Gracias.
Fue lo que dijo para después darse la vuelta dejándose caer en su asiento y, creo, caer en estado de coma. Creo que eso fue bastante frio de su parte y me dolió. No pude responderle algo, el profesor Gin-chan entró al salón de clases.
Y así las cosas tomaron ese rumbo al que estoy tan acostumbrada, miraba por la ventana ocasionalmente mientras Kagura seguía en coma con Okita uniéndose a ella. El tiempo en el reloj se movía rápidamente llegando a la hora del almuerzo, terminándola, todo eso hasta llegar a la última clase, a escasos minutos de que esta terminara.
-Cierto lo estaba olvidando-. Murmuró el profesor para sí mismo cuando observó su reloj.-Oigan pónganme atención unos diez minutos.
Pronunció atrayendo la atención de todos los presentes.
-Pues como saben el viernes de la próxima semana es el festival cultural... Ya tenemos casi todo, gracias a la organización antes de vacaciones así que solo faltan detalles menores-. Pronunció, cierto, había olvidado eso del festival.-A partir de mañana nos dedicaremos solo a eso. Ya váyanse...
Todos obedecieron aquellas palabras, yo me quede un segundo sumergida en mis pensamientos. ¿Dónde tuve mi cabeza esos días? ni siquiera puedo recordar de que tema iba a ser nuestra clase para lo del festival. Creo que mi mente estuvo sumergida en Kagura y... Su hermano mayor.
Mis pasos eran lentos cuando finalmente tomé mis cosas y me dispuse a salir del colegio. Miraba el suelo, últimamente es lo que siempre hago, el pasto está creciendo. Algo golpeó mi hombro, escuché su disculpa en el aire pero cuando levanté la cabeza me di cuenta de que había muchas chicas corriendo a toda velocidad en dirección a la entrada.
¿Qué está pasando?
Son muchas chicas las que están amontonadas en ese lugar. Conforme me acercaba podía escuchar comentarios de algunas compañeras, eran gritos aduladores y un tanto nerviosos. Pero parecían niños pequeños viendo un juguete en la distancia ya que nadie parecía tener el valor de acercarse.
-¡Tokugawa es para ti!-. Gritó aquella chica, la misma que me amenazó, la tal Asumí.
Estaba con su grupo de amigas y tan pronto como mencionó esas palabras se echó a reír.
-¿No se cansara? La otra vez la vi con Okita y ahora esto...-. Comentó una de las del grupo.-Chicas así son de lo peor.
¿Qué están tratando de decir? No me quedó más opción que ponerme de puntillas intentando alcanzar a ver aquello de lo hablaban.
No entiendo ¿Qué es esto? El… está aquí. Mirando a todos lados a la vez que ignora a todas las chicas de su alrededor, sonríe, como siempre lo hace mientras su espalda esta cómodamente recargada en la copa de un árbol. Nunca antes lo había visto por aquí.
-¡Abran paso que viene por mi bola de arpías!-. Gritó, era detrás de mí.
Solo pude sentir su mano empujándome levemente para poder abrirse paso. Era Kagura. Me crucé con su mirada un leve segundo. Cuando me iré a mirarlo a él parecía estar sorprendido mirando a su hermana menor, ni siquiera me miró.
-¿Qué estás haciendo?-. Preguntó él con esa sonrisa tan agradable, me ha gustado verla aunque sea en la distancia.
-¿Qué no viniste por tu hermanita?-. Cuestionó Kagura dándole leves codazos en el estómago.-Vienes conmigo hermano idiota...
Fue lo último que escuché antes de que ellos dos se marcharan a la vista de todos. La mayoría de los presentes no podían cerrar la boca debido al desconcierto e incredulidad. Era normal, ver y escuchar las muy inesperadas palabras de Kagura diciendo que esa persona era su hermano sorprendería a cualquiera. Excepto a mi claro, eso yo ya lo sabía.
Todos se iban dispersando y yo hice lo mismo, tomé mi camino a casa y como era de esperarse... no lo encontré. ¿Acaso espero encontrarlo? ¿Pese a que haya dicho que me iba a alejar de él? Es tan contradictorio...
Quiero verlo, quiero caminar a su lado... Haberlo visto en la distancia no fue suficiente, pero no puedo, porque tampoco quiero perder a Kagura. ¿No soy suficiente? ¿No soy capaz de dejar todo atrás por él? ¿Acaso vale la pena?
Los días fueron avanzando rápidamente. Creo que es en estos momentos en los que pienso que mi vida es bastante aburrida sin Kagura.
-No lo entenderías… es algo bastante complicado para mí-. Me decía aquella joven sentada frente a mí, estaba cabizbaja además de que podía sentir su melancolía.
-Lo entiendo-. Respondí.-Por eso te ayudare, te ayudare a que comprendas ese loco corazón tuyo…
Pude ver una sonrisa en su rostro.
-Así no te equivocaras como yo lo hice-. Aquellas últimas palabras solo pude escucharla yo.
Se hicieron rutinas cuando el timbre sonaba finalizando las clases, él estaba ahí y Kagura llegaba hasta haya para irse a su lado. Por mi parte, me limitaba a ver en la distancia. Tengo que decir que verlos irse juntos me da algo de alegría... Me hace pensar que ese par ya se llevan bien como hermanos, salió algo bueno de todo esto, para mí eso es suficiente. Kagura debe estar feliz de tener a su hermano mayor de nuevo.
Este día llego finalmente, el festival escolar. El colegio estaba adornado por grandes carteles y papeles de colores. Los alumnos se movían de un lado a otro dándole los últimos toques a cada una de sus actividades. Al final, yo pude descubrir que nuestra clase haría un café ¿podría decirse cosplay? el punto era que íbamos disfrazados de animales.
-¡Tokugawa-san que bueno que llegas!-. Me gritó Shinpachi-san saliendo del salón de clases a toda velocidad.
-¿Eh?-. Pregunté confundida.
-Kagura-chan se volvió loca y dijo que no se pondría ese traje, seguramente tu eres la única que la puede convencer-. Me dijo, no podría estar más equivocado.
-Pe... ¿Pero qué tiene de malo?-. Pregunté.
Shinpachi-san no respondió, en su lugar solo sostuvo mi muñeca llevándome hasta el salón de clase, abrió la puerta y termino empujándome a un lugar donde solo había chicas.
-¡Tokugawa-san!-. Gritaron todas al verme.
Solo sonreí a todas esas expresiones de alivio que las chicas me dedicaban. Giré mi vista y ahí estaba Kagura cruzada de brazos sin atreverse a mirar aquella bolsa que estaba frente a ella. Todas me miraban atentas a la espera de que dijera algo a Kagura para convencerla.
-¡Ya les dije que no voy a ponerme esta mierda!-. Exclamó Kagura.
-Q... ¿Qué tiene de malo?-. Pregunté dirigiéndome a todas las chicas.
-Es un disfraz de gato... Dice que no le gusta-. Me susurró una de ellas.
Creó que Kagura-chan me había dicho que los gatos no son de su agrado, tiene un perro, debe ser por eso.
-Y...-. No pude decir mucho, solo afiné mi garganta para hacer que Kagura me mirara.- ¿Y si cambiamos de traje?
Kagura sólo me miro, está bien, no esperaba que me dirigiera la palabra. Sólo me acerque a ella y tome su bolsa dejando la mía frente suyo, le sonreí levemente antes de salir corriendo con dirección al baño para cambiarme.
¿Kagura habrá aceptado? Lo sabré cuando regrese al salón de clase. La ceremonia de apertura estaba a punto de iniciar. Cuando terminé de arreglarme en realidad no resulto tan malo, solo son unas lindas orejas de gato y una cola con cinturón además del lindo vestido color negro, no está mal. Salí del baño encontrándome con el bullicio de todas las clases apuradas, cuando regrese a mi salón parecía como si todo hubiese salido bien al final con respecto a Kagura.
-Hey princesita...-. Me llamó Okita.
Luce bastante bien con ese traje y orejas, creo que es un perro o un zorro, sí, estoy casi segura de que es un zorro.
-Te vez bien Okita-kun-. Le dije casual, deje escapar una risita que él no dejó pasar desapercibida.
-¿Es por estas mierdas cierto?-. Preguntó tocando aquellas graciosas orejas en su cabeza, sonaba molesto.
-Me rio de la ironía-. Contesté, era más algo para mí misma que para él.
-Mhm...-. Masculló, debe molestarle que no le haya dicho que era.-Vamos
Mientras caminábamos por los pasillos con rumbo a nuestro salón de clase, yo aproveche para dar una miradita al exterior. Habían muchas personas adentrándose con pasos alegres, la mayor parte de los visitantes se trataban de estudiantes provenientes de diferentes escuelas, seguramente para divertirse un rato.
Cuando finalmente llegamos al salón de clase nos encontramos con todo ya perfectamente acomodado, o yo soy muy lenta o somos bastante rápidos.
-Tokugawa-san te vez bien, hay que darte las gracias, lograste convencer a Kagura-. Me dijo una de las chicas con una amable sonrisa.
-¿Que le hiciste? ¿Usaste látigo?-. Bromeó Okita.
-No hice nada en realidad-. Respondí nerviosa.-Por cierto... ¿Dónde está?
Aquella dejó escapar una risita divertida llevando su mano hasta su boca tratando de contener la risa, con su otra mano señalo a un punto de la izquierda. Ahí estaba ella, usando un vestido rojo con un bonito mandil, una linda maid, además de las lindas orejas de conejo acomodadas en su cabeza. Vaya que encaja con su tono de piel y brillantes ojos.
-¡¿Qué estas mirando pedazo de idiota?!-. Gritó Kagura de mala gana.
Miraba directamente a Okita, el parecía recuperarse de un trance o eso fue lo que yo pude ver.
-Te vez gorda con eso-. Contestó estoico.
Kagura bufó al escuchar su respuesta. Sus mejillas se inflaron girándose para adentrarse a la pequeña cocina que habíamos instalado.
Finalmente la ceremonia dio inicio, la directora hablaba pero yo no ponía la más mínima atención, estaba pensando cosas, cosas que en verdad me confunden desde hace ya un tiempo.
-Okita-kun, Okita-kun-. Le susurré, es una ventaja que esté parado justo a un lado de mí.
-¿Qué?-. Respondió susurrando de igual manera.
-¿Cómo lo haces?-. Pregunté, el me miro confundido.- ¿Cómo le haces para actuar tan normal con Kagura luego de... "Eso"?
Me miró desde arriba, era como decir "¿de verdad preguntas eso?", yo solo lo miraba a la espera de su respuesta. Luego de un rato, el dejo escapar un muy largo suspiro.
-Creo que... Me esfuerzo mucho-. Respondió, después de eso sonrió de medio lado pareciendo divertido.- ¿De qué estoy disfrazado?
No entiendo su pregunta, es obvia.
-De un zorro por supuesto-. Respondí, el rio.
-Los zorros comen conejo-. Respondió ¿qué clase de comentario es ese?-Ahora imagínate hablar normal pensando eso, debería ser un crimen...
No respondí, por donde sea que lo mire suena como algo realmente pervertido.
-Oye por cierto... Nos tocan los mismo turnos, cuando llegue el descanso te ayudaré con algo...-. Expresó Okita.
-¿Con qué?-. Pregunté confundida.
-Con la coneja estúpida...-. Mencionó Okita.-Debes extrañar mucho a tu amiguita ¿no?
Eso me hizo sonreír. Cuando la ceremonia terminó todas las clases comenzaron sus actividades. Nosotros también con nuestra adorable cafetería-zoológico o lo que sea. Era un ir y venir, porque hay de decirlo, varios chicos de mi clase resaltaban y lo mismo era con las chicas. Yo estaba en una categoría "normal" sirviéndoles a las personas. Por otro lado estaba Kagura también, muchas veces nuestros caminos se cruzaron y cuando me hablaba usaba las palabras más frías que haya escuchado en mi vida.
Está bien, seguiré esforzándome.
No sé exactamente cuánto tiempo llevo atendiendo a la gente, pero sí sé que los pies me duelen mucho. Me senté solo un par de segundos para recuperar mi fuerza cuando finalmente se me dio la oportunidad. Mis hombros subían y bajaban como signo de mi respiración cansada y creo que estoy sudando.
-Tokugawa-san creo que ya es hora del cambio de turno-. Mencionó Shinpachi-san acercándose a mi.-Sería bueno que te divirtieras por ahí...
No necesitó decírmelo dos veces. Antes de que algo me detuviera ya había salido de mi salón de clase recorriendo los coloridos pasillos con cierta alegría ¿me causa emoción lo que Okita me dijo? Eso debe ser. Caminaba alegre de un lado a otro, mi teléfono sonó mientras caminaba, era un mensaje.
-Llevaré a la china a la bodega para que puedas hablar con ella.
Eso decía aquel breve texto. Ese era el plan, encontrar un lugar en el que podamos hablar solas, disculparme y posiblemente escuchar el regaño que Kagura se ha guardado todo este tiempo, lo que sea estará bien, yo solo quiero que todo vuelva a ser como antes.
Me dirigí a aquel lugar, era en uno de los salones todavía mas ocultos que nuestra clase, llegue ahí y no había nada por lo que solo me senté en el suelo a la espera de que algo pasara.
Debe ser difícil para Okita convencer a Kagura de algo como venir aquí. Pero no solo es eso, ese "me gusta esa china" ¿cómo se sentirá él? ¿Piensa en ella? ¿Su corazón late rápido? ¿Siente que sus piernas pierden fuerza? O es que ¿todo eso solo me pasa a mí? Si estas cosas le pasan, debe ser realmente difícil para el estar cerca de Kagura. ¿Qué tal si el zorro siente sus instintos nacer al ver al conejo? Cielos, ya pienso en esas cosas que Okita me dijo, pero tiene algo cierto... Tal vez él quiera estar tan cerca de ella como yo quiero estar cerca de él. Y aquí está, ayudándome a mí en vez de a sí mismo.
Me levante del frío suelo apenas sentí los pasos aproximándose, rápidamente salí de aquel salón deshabitado hasta lograr ocultarme detrás de la puerta.
-Es por aquí, el profesor me dijo que aquí había guardo los utensilios de comida-. Ese era Okita.
Asomar mi vista para lograr ver un poco pese a que sería riesgoso, pero al final lo hice. Pude ver a Okita como se acercaba más al salón y también pude ver a Kagura cambiando detrás de ella mirándolo con desagrado.
-Búscalo china-. Ordenó el cediéndole el paso para que ella se adentrara mientras él estaba parado a la altura de la puerta.
-Maldito holgazán para esto me trajiste-. Se quejó Kagura.
-Me atrapaste-. Bromeó el, lo siguiente que pude ver fue a Okita empujando a Kagura para que entrara.
Ahí estaba mi oportunidad, salí de mi escondite y me pare detrás de Okita.
-Suerte...-. Susurré rogándole a algún ser en el cielo que solo él me haya escuchado.
Lo siguiente que ocurrió fue una patada en el trasero de Okita, no fue mi intensión, pero fue bastante fuerte, tanto que el casi cae perdiendo el equilibrio. Cuando ese par finalmente estuvo dentro del salón, cerré la puerta detrás de mí e hice lo que cualquiera haría en mi lugar... Pegué mi oreja a la puerta a la vez que me asomaba un poco por el cristal transparente de la puerta.
Mutismo, uno bastante desesperante entre esos dos. Kagura parecía tensa retrocediendo un par de pasos para alejarse de él.
-He visto muchas películas, aléjate si no quieres perder las pelotas-. Amenazó Kagura.-Acepta mi consejo y no hagas lo que piensas bastardo, muévete.
-Créeme que yo no pensaba esto-. Respondió Okita, debe estar enojado conmigo.
-Pues quítate idiota-. Respondió Kagura.
De nuevo no hubo palabras, esto resulta realmente desesperante.
-¡Muévete me asfixio!-. Gritó Kagura, comenzó a patalear.
-Ni siquiera sabes que significa esa palabra-. Respondió Okita, se molestó por lo que Kagura dijo.
-¡Quítate!-. Gritó.
Sus pasos eran bastante fuertes, incluso casi podría afirmar que sentía en suelo vibrar. Se acercó a Okita y con una de sus manos intentó empujarlo, pero él no se dejó por lo que también la empujó.
-Bastardo...-. Masculló ella.- ¿Planeaste esto verdad?, ¿es un programa de cámara oculta? ¡Sabía que no saldría nada bueno de seguirte a ti a tus "intenciones de ayudar a la clase!
Kagura parece realmente enojada, su rostro esta rojo. A no ser…
-Si sabias, ¿Por qué me seguiste?-. Preguntó Okita, tiene una sonrisa de medio lado dibujada en su rostro, ¿habrá pensado lo mismo que yo?
-¡Maldito idiota!-. Gritó Kagura como respuesta, su rostro se tino de un rojo todavía más intenso.- ¡Si no te quitas te quitare a patadas!
-Inténtalo-. La retó.
¿Pero qué hace? Debería saber que eso activa la bomba atómica dentro de Kagura, lo estoy ayudando ¿a qué hora le dirá lo que siente por ella? ¡NO SEAS TONTO OKITA! Los dientes de Kagura rechinaban, su mano formaba un puño que tenía escrito el nombre de Okita y el, él se hecho a reír al ver las reacciones de Kagura. Esto es tan desesperante.
-Con todo gusto-. Respondió Kagura.
Lo siguiente que vi, fue el puño de Kagura yendo directamente al rostro de Okita, el dejo escapar un risita esquivando aquel ataque con gran facilidad. Kagura gruñido ante aquel acto mientras el sostenía su muñeca firmemente.
-Perdiste-. Dijo el con su tono burlón.
-Muérete-. Respondió Kagura.
-¿Por qué los buenos deseos?-. Preguntó el.
-Simple…-. Musito Kagura, su mirada se elevó, sus orbes azules miraban fijamente los de Okita.-Te odio…
Eso me dolió, yo he escuchado el sentir de Okita, como piensa en ella, cada cuando piensa en ella, lo que calla, todo. En verdad, debe doler mucho escuchar una frase así de alguien por quien sientes algo.
-¿De verdad? Qué bueno, pensé que me amabas en secreto…-. Respondió el.-No me dejabas en paz y eso, es un gran alivio.
Está mintiendo, lo sé.
-Puajh yo no sentiría nada-. Kagura… no le digas eso.
-Qué bueno-. Suspiró "aliviado".-Ya lárgate, yo llevaré las cosas que me pidió el profesor.
Soltó su muñeca, ella inflo las mejillas dando a entender su molestia y tomo su camino a la puerta. Me vera y espero que lo haga, le hare entender que no debe decirle esas cosas a él.
Sus pasos parecían lentos para mi mientras se acercaba, pero entonces pude ver como Okita volvió a sostenerla de la muñeca impulsándola con fuerza para tenerla más cerca suyo. Eran escasos los centímetros que los separaban. La mirada de confusión de Kagura no tenía igual, sus ojos estaban abiertos al igual que su boca intentando articular alguna palabra que no salía, posiblemente, por la falta de aire.
Mi corazón está saltando, es como si estuviera viendo una de esas películas de romance ¡díselo Okita! ¡Díselo todo!
-¿Qué?-. Cuestionó el.- ¿Qué tienes tú de bueno?
Kagura no decía nada, puede que esté a punto de entrar en un paro respiratorio. Él la mira fijamente rodeándola con sus brazos deseoso de acortar todavía más la distancia. Y así lo hace, cada vez más, lento y suave, posiblemente ya sienten las respiraciones del otro. Ahora entiendo eso, del zorro y el conejo.
Kagura está en trance… solo lo mira a él y nada más que él. ¡Terminen de acercarse o entro yo y los junto! La desesperación me comía viva. La mano de Okita libero la muñeca de ella, en su lugar se posó en su cintura de una forma que a mis ojos es tan suave… Un suspiro y el acercamiento final…
De verdad que hubiera sido el beso más lindo de todo el mundo… Si Okita no hubiera puesto su mano entre los labios de él y de ella, ¡¿por qué?!
La soltó alejándose un par de centímetros de ella, ella parpadeo un par de veces mirándolo fijamente. Que le diga algo bueno por favor. Instantáneamente pareció que ella recupero su fuerza muscular, fue un movimiento rápido pero pude ver claramente la cachetada que le propino antes de dirigirse a la puerta.
Yo estoy detrás de esta, debería quitarme ya que, bueno, se ve enojada.
Me alejé lo más que pude ocultándome detrás de un bendito cesto de basura que estaba cerca. Kagura salió, detuvo su paso en el marco de la puerta, no miro atrás. ¿Es esa su respuesta? ¿De verdad lo odia como dijo? La miraba fijamente en la distancia, su cuerpo temblaba… y su rostro estaba teñido de un rojo intenso, pero sobre todo, sus ojos tenían un brillo inusual. Después de varios segundos, ella salió corriendo.
Fue cuando pude salir de mi escondite, Okita… ¿Cómo estará?
Camine a paso lento para adentrarme al salón donde estaban ellos dos hasta hace poco, él estaba sentado en el suelo mirándome apenas entre.
-Gracias-. Dijo él.
-¿No estás enojado?-. Le pregunté, estaba temerosa de su respuesta.
-Está bien, sabía que esto pasaría-. Respondió.-Para mí esto es más que suficiente… me arriesgue.
-¡Te hubieras arriesgado de lleno! ¡¿Por qué no la besaste?!-. Le grité, creo que era yo la que esperaba eso.
El me miro un poco sorprendido. Rayos, ahora sabe bien que los estaba espiando. Me reí nerviosa alejando a pasos lentos de ahí, al final, salí corriendo alejándome cada vez más. Él debe querer estar solo, le pediré disculpas después, pero también lo regañare.
¡Que par de idiotas! Uno no es sincero y la otra es hiriente…
Entonces mi teléfono sonó, era un mensaje de Shinpachi-san…
-Tokugawa-san ¿crees que puedas regresar? Necesitamos manos extras ayudando. Hay alguien que se está comiendo todo a su paso y lo peor es que tiene boleto gratis.
Debe ser algún invitado de alguien de nuestra clase, hay mucha gente que abusa.
