CAPÍTULO 11: EMBOSCADA
A la mañana siguiente, todos encontraron una novedad en el cuartel, concretamente en la cocina. L acababa de poner en la nevera el dibujo que le había hecho Alonso el día anterior.

-Madre mía... Este niño es un genio- dijo L orgulloso, embelesado por el dibujo.

-Sólo es un dibujo hecho por un niño de cuatro años- contestó Light cansado por la importancia que le estaba dando.

-No lo entiendes Light, sólo los genios podemos reconocernos entre nosotros- explicó L aún embobado con el dibujo.

Light suspiró ignorando las tonterías de su amigo.
Mientras ellos charlaban en la cocina, Stella entró en la sala de cámaras, donde las luces estaban apagadas, pero alguien estaba sentado en el sitio del detective.

-L, ¿por qué no enciendes las luces?- preguntó Stella pulsando en interruptor.

La joven vio a L sentado en su postura habitual, con la ropa de siempre y el pelo alborotado. El detective ni siquiera se giró para mirarla y mucho menos hablarla.
Stella se acercó por la espalda, extrañada por el comportamiento de su novio.

-Oye, ¿estás bien?- preguntó tocándole el hombro.

L siguió sin inmutarse, mirando las cámaras y ocultando su rostro parcialmente por el pelo. La chica agarró fuertemente al detective por el hombro para que reaccionase, y él la miró repentinamente.
Ese no era L. Sus ojos eran de un tono rojizo y en sus labios había una sonrisa macabra. Stella iba a gritar, pero aquel tipo se abalanzó contra ella haciendo que se chocase contra la pared. Sacó un pañuelo impregnado de cloroformo y la durmió por completo.
En la cocina, Light y L seguían conversando.

-Enserio... Nunca había conocido un niño así- L seguía hablando de Alonso.

-Madre mía, ¿puedes dejar de hablar del niño por un minuto?- preguntó Light exasperado- Vete a la sala de cámaras anda, que hoy no estás haciendo nada. Ni siquiera has encendido los ordenadores- dijo el castaño señalándole la puerta a su amigo.

L levantó las manos en señal de rendición y salió por la puerta. Caminando lentamente por el pasillo, llegó a la sala de cámaras. Al entrar, se encontró que las luces y las cámaras ya estaban encendidas y eso le extrañó. El detective se acercó a la mesa y le llamó la atención una pequeña nota que estaba sobre ella. La leyó y el corazón se le paró al instante.
"Sube a la azotea si quieres volver a verla". L reconoció esa letra al instante. Miró las cámaras y las rebobinó unos minutos atrás. Como ya se temía, una persona aparentemente igual que él, acababa de atrapar a Stella. La dormía con cloroformo y justo antes de llevársela, miró directamente a las cámaras con una sonrisa perturbadora. L no se lo pensó ni un instante, y aunque sabía que todo era una trampa, subió a la azotea. Conocía a esa persona, y sabía que si se demoraba un segundo más, sería capaz de matar a Stella sin dudarlo. Llegó hasta la azotea y a primera vista, parecía que no había nadie, pero enseguida se encontró con una imagen similar a la suya pero de espaldas, mirando hacia la ciudad.
La respiración de L era algo agitada al haber subido las escaleras corriendo.

-Beyond... ¿Dónde está?- preguntó el detective manteniendo la distancia.
El chico no contestó, obligand dar un paso al frente- ¿Qué le has hecho?- volvió a preguntar el detective, temiendo realmente por la vida de su novia, ya que Beyond era realmente impredecible.

El chico se dio la vuelta y miró directamente a L, con una sonrisa socarrona, indicándole con la mano que se acercase a él. L rehusó su propuesta, pero Beyond le mantuvo la mirada, dándole a entender que tendría problemas si no obedecía. L se arrepintió cientos de veces de no haber llamado a Watari en la sala de cámaras o de no haberles pedido ayuda a Light y Leyre, pero la vida de su "subordinada" peligraba, y no hacer lo que Beyond le pedía, sería su muerte segura. L se aproximó al joven con paso lento, quedando ambos cara a cara. Mirándose directamente a los ojos. Beyond sonreía, y L le miraba con seriedad. Eran como dos caras de la misma moneda.

-El tiempo no pasa por ti L. Estás exactamente igual que hace tres años- dijo Beyond manteniendo una sonrisa socarrona que comenzaba a irritar al detective.

-Tú tampoco has cambiado demasiado- contestó con sequedad. Tras esto Beyond sonrió con exagerada inocencia.

-Creo que tengo algo que te pertenece- dijo el joven llevándose un dedo a los labios, imitando el gesto del detective.

L le miró casi suplicante, rogando con la mirada que le dijese dónde estaba Stella.

-¿Crees que la he matado?- preguntó de forma juguetona, y al ver que L no respondía, siguió hablando- Venga, saca tus conclusiones- le instó a hablar.

El detective le miró con odio, pero sabía que la única forma de sacarle algo a Beyond, era siguiéndole el juego.

-Sé que no la has matado, porque si lo haces, no tendrás nada con lo que chantajearme. Aunque me has demostrado en numerosas ocasiones que contigo nunca se sabe. Hay un 83% de posibilidades de que esté viva- dijo el detective sacando sus suposiciones.
Beyond le sonrió.

-Tan brillante como siempre- murmuró el sádico joven- De acuerdo, te diré dónde está- aseguró acercándose lentamente a L, llevando su rostro cerca del oído del joven- La chica está... Muerta- dijo está última palabra con saña, haciendo que L abriese por completo los ojos y su corazón se parase por completo durante unos segundos.

La primera reacción de L fue de intentar golpear a Beyond, pero antes de que el detective pudiese hacer nada, el asesino le agarró y le acercó completamente a él, clavándole en el estómago un cuchillo que había escondido bajo la manga, retorciéndolo con fuerza, haciendo que sangrase aún más. L sólo pudo emitir un pequeño quejido de dolor, notando cómo la cálida sangre resbalaba por su piel, notando cómo el dolor comenzaba a arder, y daba paso a una agonizante insensibilidad. Beyond sacó el cuchillo, y empujó a L que cayó al suelo. El asesino observó divertido la escena, viendo cómo L intentaba presionar la herida. Limpió el cuchillo en la camisa del detective, y acto seguido se fue, dejando al chico completamente solo y sin ayuda. L sólo podía pensar que por un error suyo, había perdido a una de las pocas personas que había querido.
La respiración de L se entrecortaba, notando cómo su boca comenzaba a saber a sangre, y cómo sus manos temblaban por el dolor. Los latidos de su corazón cada vez eran más lentos, faltándoles fuerza para bombear la sangre. En ese momento, alguien entró de nuevo en la azotea, y L pudo escuchar cómo ese alguien corría hacia él. El detective pensó que se trataría de Watari, o de alguno de sus amigos.
Esa persona cogió la cabeza de L, y la puso en su regazo, intentando taponar la herida con las manos. L intentó mantener la mirada fija para averiguar de quién se trataba, y se sorprendió al ver que era Stella, que sollozaba al ver el estado en el que se encontraba su novio. L empalidecía por segundos y sus ojeras se marcaban notablemente, hundiéndole los ojos. El detective con gran esfuerzo llevó su mano al rostro de la chica, acariciando su mejilla, limpiando algunas lágrimas que resbalaban hasta caer en los pómulos del detective.

-No llores... Después de todo lo que me has dado, ya puedo morir tranquilo- susurró el chico casi sin fuerzas, intentando sonreír. Esto hizo llorar más a Stella.

-No digas tonterías. Te vas a poner bien. Mañana te despertarás y todo volverá a ser como siempre. Volverás a discutir con Light, a regañar a Leyre, a pedirle caprichos a Watari y me llamarás "subordinada" como siempre has hecho- Stella dijo esto último entre sollozos, sabiendo que posiblemente, esta sería la última conversación que tendrían. L volvió a sonreírle con dificultad, sintiendo el punzante dolor de su estómago.

-¿Podrías darme un último beso?- preguntó casi aliento.

-No digas eso- pidió la chica sin querer ver la cruda realidad.

-Por favor...- susurró el detective con gran dificultad para respirar.

Stella se acercó a su rostro y le besó dulcemente en los labios. Al separarse, vio cómo el chico entreabrió los ojos para dedicarle una última mirada y cerrarlos para siempre.

-L, L, ¡abre los ojos!- gritó la chica con desesperación.

Mientras tanto, en la sala de cámaras, Watari, Light y Leyre acababan de ver las grabaciones de Beyond secuestrando a Stella y la nota que había leído L. Subieron rápidamente a la azotea, y se encontraron la escena; L sangrando y Stella cogiéndole entre sus brazos.
Light y Leyre se quedaron sockeados, el primero en reaccionar fue Watari, que corrió instintivamente hacia el detective, ya muerto en brazos de la chica. Intentó buscarle la constantes vitales, pero ya no había pulso. Light y Leyre se acercaron enseguida, y al verle así, la chica no pudo evitar comenzar a llorar, y Light, intentó que su amigo reaccionase, agachándose a su lado y zarandeándolo. El joven intentó pensar con claridad y pedir ayuda.

-¡Dios mío! ¡Hay que llamar a una ambulancia!- gritó el castaño desesperado de ver a su amigo en esas condiciones.

-Light, no tiene pulso, ¿qué hacemos?- preguntó Leyre sollozando y con lágrimas aún en sus ojos

-Hay que taponar la herida e intentar para la hemorragia- contestó Watari apurado.

Siguieron las indicaciones del hombre y Stella y Leyre taponaron la herida del detective, mientras que Watari llamaba desde una línea privada a una ambulancia que en pocos minutos llegó. Tras ponerle en una camilla, le llevaron directamente al hospital.
Una vez allí, los ATS que iban en la ambulancia, sacaron la camilla en la que iba L, y le llevaron de urgencia a un quirófano.
Tras la puerta de este, se encontraban los tres policías y Watari. Light había dejado escapar varias lágrimas, pero intentaba calmarse para no alterar más a Stella, ya que lo último que necesitaba la chica, era verles mal a todos. Watari estaba sentado en una de las sillas de la sala de espera, completamente hundido y con el rostro entre las manos, sin poder creerse que la persona a la que había criado como a un hijo, se estuviese debatiendo entre la vida y la muerte. Leyre no podía contener el llanto, aunque sabía que eso no ayudaba a su amiga. La imagen de L sangrando de esa forma la atormentaba, por lo que tuvo que sentarse junto a Watari, dejando a Light de pie junto a ellos. Stella no había sido capaz de decir nada desde que salieron de la azotea. La chica estaba estática frente a la puerta del quirófano, intentando ver todo lo que sucedía tras esas puertas. Las lágrimas no habían dejado de salir de sus ojos ni un instante, aún pudiendo sentir el cuerpo desplomado del chico sobre ella, sin ningún aliento de vida. Stella sabía que tras esas puertas, se decidiría si L vivía o moría, y sólo el pensar en la segunda opción, la quemaba por dentro, notando grandes zarpazos en su pecho y un nudo en la garganta que le impedía respirar. Stella intentaba secarse las lágrimas con las manos, pero no conseguía nada, ya que seguidamente, otras volvían a brotar. Por la espalda se acercó Light, que pasó un brazo por los hombros de la chica, abrazándola para que descargase todas sus lágrimas en él.

-Todo va a salir bien... L es muy fuerte- susurró el castaño abrazando fuertemente a la chica que no podía dejar de llorar.

-¿Y si muere?- preguntó la chica con la respiración entrecortada por los sollozos- Light, no quiero que muera- susurró casi sin fuerza, derrumbándose por completo.
Light al ver así a su amiga, no pudo evitar comenzar a llorar también.

-Eso no va a pasar. L no puede morir- murmuró intentando convencer a la chica y a él mismo.
En ese momento el cirujano salió del quirófano y miró seriamente a los cuatro.

-¿Sois familiares del paciente?- preguntó el doctor. Stella se acercó al médico.

-Soy su novia. ¿Cómo está?- preguntó la chica apresurada.

-Hemos logrado reanimarle, pero sus constantes vitales son muy bajas debido a la pérdida de sangre, y el paciente ha entrado en un coma profundo, del que es probable que no salga nunca.

Las palabras del médico provocaron una reacción inmediata en todos los presentes. Watari se volvió a sentar, desplomado. Light se llevó una mano al rostro, dirigiéndose a la pared en un gesto desesperado, frunciendo el ceño sin esperanzas. Leyre se volvió a derrumbar, sentándose junto a Watari, que la rodeó con sus brazos, dejando que la chica llorase en su hombro. Stella sintió náuseas nada más escuchar las palabras del doctor. Comenzó a marearse, y Light tuvo que sostenerla al ver que la chica iba a caerse de un momento a otro. Todas las esperanzas que habían puesto en que el detective se recuperase, acababan de esfumarse.

-¿Hay alguna posibilidad de que despierte? Algo que se pueda hacer. Lo que sea- murmuró Light desmoralizado.

-Sólo podemos esperar- contestó el médico intentando calmarles- Está estabilizado, y lo subiremos a planta en pocos minutos. Lo siento- terminó de decir el doctor comprendiendo la situación y sabiendo el duro golpe que esto suponía para los tres policías y Watari.

Los cuatro subieron a una habitación en la segunda planta, y allí esperaron a que trajesen la camilla con L aún en coma. El aspecto del chico no había cambiado mucho del que tenía estando en la azotea, sólo que ahora le rodeaban varias máquinas que monitorizaban sus constantes vitales, vigilando cualquier cambio brusco en su estado. Watari se sentó en un sillón justo al lado del chico. Light y Leyre se sentaron en un sofá de la habitación, observando a L algo más serenos. Stella estaba de pie junto al detective, cogiendo su mano y observándole con tristeza, esperando que en cualquier momento abriese los ojos, pero no lo hizo, y según el médico, era poco probable que lo hiciera.
Esa noche decidieron pasarla todos allí, acompañando a su gran amigo, que los necesitaba más que nunca. Todos comenzaron a hablarle intentando que reaccionase, pero nada parecía hacer efecto.
El día siguiente pasó de forma parecida, pero esa noche en el hospital sólo quedaron Watari y Stella.
Light, Leyre y Stella volvieron a la comisaría como agentes policiales normales, pero no podían dejar de pensar en todo lo vivido ese año con el detective, recordando; la primera vez que se vieron en el "caso Kira", el día que L se presentó como tal ante ellos, la primera noche que salieron a Argüelles, la venganza que prepararon Light y L haciendo creer a las chicas que eran gays, los berrinches del detective cuando no quedaban pastelitos, las estúpidas apuestas que siempre andaban haciendo Light y L, las tiernas sonrisas que el detective les dedicaba para conseguir lo que quería, los celos que le tenía a Matsuda, el viaje a Cancún, las bromas que solían gastarle Leyre y Light apoyados por Stella y Watari, el tierno carácter del detective y su frecuente bipolaridad. Todos esos recuerdos que cada vez eran más lejanos. Pero lo más duro de todo llegó cuando al cuarto día del coma de L, Watari les dio una noticia que resultó igual que un balde de agua fría en los policías.
Ya habían escogido al sucesor del afamado detective, y que los tres agentes podían elegir si seguir bajo sus órdenes o volver a la completa normalidad. Esta conversación la tuvieron en el hall del cuartel donde muchas otras veces habían charlado con L.

-Sinceramente, no creo que pueda estar bajo las órdenes del sucesor de L- dijo Light con seriedad.

-Comprendo vuestra posición, y si no os sentís en condiciones de seguir con nosotros, lo entenderé- contestó Watari sabiendo que los agentes habían estado ayudando en estos casos por la amistad que les unía a L.

-Gracias Watari, pero no creo que sea apropiado que tras todo lo que ha ocurrido, estemos bajo las órdenes de su sucesor- contestó Leyre mientras Watari asentía.

Stella no había dicho ni una sola palabra, y observaba la escena pensativa. Watari la miró casi adivinando lo que la chica iba a decir.

-Stella, ¿vas a decir algo?- preguntó el anciano al ver la expresión enfadada de la chica.

-¿Ya le has buscado un sustituto?- preguntó la chica visiblemente molesta por la rápida actuación de Watari.

-¿Y qué pretendías que hiciese?- contestó el hombre aún con serenidad.

-Podrías haber esperado un poco. No está muerto- respondió la policía con rencor.

-Yo soy el primero al que le duele hacer todo esto- dijo el hombre afectado por las palabras de la chica- Pero son muy grandes las presiones de los deberes y obligaciones que debo cumplir, y el mundo necesita otro L, aunque sea de forma temporal- intentó consolar el dolor de la chica, que le había retirado la mirada conteniendo las lágrimas.

-Lo entiendo- tras decir esto, Stella se levantó y salió de la sala.

Los tres la observaron apenados por lo afectada que estaba la policía.
Pasaron las semanas y los chicos no supieron mucho más de Watari ni del sucesor, ya que al no trabajar con ellos, la identidad del nuevo detective quedaría en completo secreto.
El estado de L no mejoraba en absoluto. Sus constantes vitales cada vez eran más débiles, lo que indicaba que no le quedaba mucho tiempo de vida. Stella se negaba a aceptar esto, y seguía pasando las tardes enteras y las noches en el hospital junto a él. Normalmente se sentaba a su lado, y le contaba cómo había ido el día. Acariciaba su mejilla y cogía su mano, buscando algún tipo de reacción en él sin hallar nada.
Esa tarde no estaba siendo muy distinta.

-Hoy tampoco hemos sabido nada de Watari, ni de ese sucesor. Supongo que ya se habrá olvidado de nosotros, pero las enfermeras me han dicho que ha venido a verte. ¿Te ha dicho algo?... Supongo que sí- Stella suspiró profundamente y apoyó la cabeza en la camilla, sujetando la mano de L con delicadeza- Las cosas son muy aburridas sin ti. Ya no bromeo con Light, apenas nos hablamos. Y Leyre siempre me mira con lástima... Hace bastante tiempo que no hablo con ella. Debería estar más con ellos, pero cada vez que les miro, te recuerdo a ti... Y cada día te echo más de menos- la chica se quedó en silencio, observando su respiración y cómo su pecho subía y bajaba acompasadamente, al ritmo de las máquinas que le monitorizaban. Stella agarró más fuertemente la mano de L, y se incorporó dejando su rostro a la altura del detective- No sé si me estás oyendo, pero no puedes morirte... ¿Me entiendes? No puedes. No puedes irte después de haber entrado en mi vida y largarte ahora como si nada hubiese pasado. No es justo- Stella comenzó a llorar, y las lágrimas que recorrían su mejilla, resbalaron por la del detective, pero este no reaccionaba, ni siquiera un ligero pestañeo. La policía se daba cuenta de que en cualquier momento, el corazón del chico podía pararse, y la poca vida que le quedaba, simplemente desaparecería. Este pensamiento se le clavaba en el pecho como si de mil agujas se tratase, y no pudo evitar acercar sus labios con delicadeza a los del detective, intentando que ese beso la reconfortase y le recordase todos los momentos vividos con el chico. Al principio tan sólo fue un roce, pero con lentitud, pegó sus labios a los de L, dejando caer algunas lágrimas más por su rostro. Stella se separó apenas unos milímetros y llevó su mano a la mejilla del detective, acariciando su pálido pómulo- Te quiero tanto... No puedes morirte- lloró la chica enterrando su cara en el pecho del chico. De pronto la respiración de L se entrecortó y la expresión de su rostro comenzó a cambiar, apretando con fuerza los párpados, abriéndolos con extrema lentitud, intentando enfocar su mirada. Lo primero que L vio fue la molesta luz blanca del hospital, que le hizo volver a cerrar los ojos durante unos segundos. Lo siguiente que notó, fue un peso en el torso, y en cuanto se fijó bien, pudo reconocer a Stella, que sollozaba en su pecho. Sentía todo su cuerpo muy pesado, y con gran esfuerzo, consiguió levantar su mano y llevarla hasta la espalda de la policía, haciendo que ésta se incorporase de inmediato al sentir la mano de L sobre ella. El detective tenía los ojos entreabiertos, con notable dificultad, pero aunque así fuese, a Stella se le paró el corazón nada más verle, sintiendo la mayor de las alegrías al comprobar que el detective acababa de despertar de ese coma. Las lágrimas seguían sin parar de salir, pero esta vez por la emoción. La chica le abrazó con delicadeza, temiendo hacerle daño. L intentó hablar, pero le fallaron las fuerzas en cuanto notó la profunda herida en el estómago. Stella le dio un beso en la mejilla. L volvió a intentar hablar, pero Stella colocó el dedo índice en sus labios, impidiéndole decir una palabra.

-No hables. No hagas esfuerzos. Voy a llamar al médico- la chica intentó levantarse, pero el detective la paró cogiéndola de la mano.

-No te vayas. No me dejes solo- le rogó el chico con voz ronca.

Stella volvió a acercarse a él y le dio un corto beso en los labios.

-Estaré aquí enseguida- prometió la chica yendo en busca de un médico.

El doctor llegó a la habitación junto a dos enfermeras que no podían creerse lo que acababa de ocurrir. L había conseguido salir del coma. Los médicos le hicieron varias pruebas para comprobar su estado, y aunque no parecía tener ninguna secuela grave, debía hacer reposo absoluto.
Lo primero que hizo Stella fue llamar a Watari, que no podía creerse las palabras de la policía, y en menos de diez minutos, apareció en el hospital, llegando hasta la habitación de L para sentarse a su lado, cogerle de la mano y echarse a llorar, intentando secarse las lágrimas aún teniendo las gafas puestas.
El detective susurró el nombre del anciano y este le abrazó. Stella también llamó a Light y Leyre, que se presentaron en el hospital enseguida. La primera reacción de Leyre nada más entrar en la habitación, fue de correr hacia su amigo y abrazarle también. La chica le abrazó emocionada, derramando algunas lágrimas, cogiéndole tan fuerte por la felicidad, que el chico emitió un pequeño quejido.

-Leyre, más despacio- susurró dolorido pero con una sonrisa.

La chica se incorporó enseguida preocupada.

-Perdona, perdona, perdona- repitió suavizando el abrazo.

Light se quedó en la puerta, aún asimilando el volver a ver a su amigo con vida. Se acercó con paso lento hacia la camilla, sin apartar la mirada ni un instante del detective. Este le observó medio incorporado.

-¿No piensas decirme nada?- susurró con una sonrisa.

Light, aún incrédulo, se agachó y acarició la mejilla del chico, mirándole fijamente a los ojos, como si no creyese lo que veía. En ese momento le abrazó con cuidado.

-Madre mía... No hay quien pueda contigo- dijo el castaño riendo emocionado.

-Bicho malo nunca muere- contestó el detective sonriendo, correspondiendo el abrazo de su amigo.

Ese día lo pasaron todos juntos en el hospital. La semana estuvo repleta de pruebas para confirmar el bienestar del detective. Al fin, y tras mucha insistencia de L, consiguió el alta médica.