Día 14: Masturbación
Pareja: Yuri x Wolfram, de Kyo Kara Maou!
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Era tarde. Wolfram estaba mirando de pie el patio de armas, desde el balcón de la habitación de su prometido. Se permitió que la tarde le llenase de luz; faltaba poco para que oscureciese y una profunda melancolía le hacía ruido en el pecho. Yuri llevaba varios días sin dormir en la habitación. Varios días después de que Wolfram le confinara en esa misma recámara, motivado por los celos, cuando se enteró de que el Maou visitaría a ese Rey Saralegui.
Wolfram nunca pensó que exageraba, era el Maou quien había tomado la drástica medida de no regresar a su habitación luego de ser liberado.
Oscureció.
Vaya, qué solitaria habitación.
Wolfram cerró el ventanal del balcón y se sentó en uno de los sofás. Lo premeditó: a la hora de cenar no pensaba ir, aunque lo llamasen insistentemente. Es que su hambre había desaparecido con la esperanza de que Yuri regresase.
Oyó pasos, esperó. Nada. Era un grupo de soldados, lo supo por el ritmo del andar.
Mas bien chasqueó la lengua y se preparó para dormir en la habitación, total ese era su sitio y no cedería a ello.
Ya arropado en la cama, con su camisón rosa, estiró la mano para apagar la lámpara de gas que había dejado encendida.
Cerró los ojos pero no sentía la necesidad del sueño.
El castillo estaba un poco más silencioso que de costumbre. Abrió los ojos hacia el techo del toldo de la cama, estaba oscuro pero centró la atención en los ruidos: pasos de soldados, estaban cambiando de guardia; un par de relinchos de caballos.
—¿Qué estará haciendo Yuri? —dijo, en voz baja. De verdad que lo extrañaba, y al igual que en ese momento, Wolfram siempre, siempre quería que ese muchacho lo tocara, pero nunca sucedía. Solo podía imaginar cómo sería si él le acariciase.
Este era un buen momento y lugar, muchas de sus fantasías eran en esa cama. Lo más romántico posible.
Wolfram se deslizó hacia la orilla de la cama, hacia el lado de Yuri y se sentó. Suspirando, deslizó su mano debajo de su camisón y como quién no quiere la cosa rozó su miembro con el dorso de sus dedos.
Fue inevitable pensar en…
—Yuri —dijo en voz baja, temiendo ser escuchado accidentalmente por el aludido.
Solo el pensamiento era muy buen estimulante, imaginar los dedos del moreno… y su aroma de varón. Con la mano libre tomó la almohada de Yuri y la apretó contra su rostro. Continuó masajeando su miembro con la derecha; de sus labios brotaba el nombre del prometido azabache. La almohada le ayudaba a ahogar los jadeos. El semen resbaló por sus dedos, no importaba.
Ya no había ruidos afuera, solo su respiración agitada y el leve sonido de las telas crujiendo por el movimiento.
Wolfram siguió pronunciando el nombre.
Se desahogó y gimió al terminar. Todavía imaginaba a Yuri rozando la punta de su miembro con esos dedos delgados.
Miró su mano, estiró la libre y del cajón sacó un pañuelo, se limpió.
Quedó tendido en diagonal sobre la cama, mirando el techo oscuro, jadeando. Pero estaba a punto de cerrar los ojos cuando pasos en el pasillo le alarmaron. Activó el oído: Era Yuri, hablando con Conrad.
En su apuro, Wolfram escondió el pañuelo debajo de la colchoneta, planchó con las manos el lado de la cama de Yuri, le pegó a la almohada para que no quedara marca de su cabeza y se acomodó en su lugar, de espaldas a quien lo mirase; trató de respirar como si llevase horas dormido.
La puerta se abrió.
—Ya está dormido —dijo Yuri, en voz baja.
—Encenderé su lámpara —dijo Conrad.
—De acuerdo.
Wolfram los odió por cómplices.
—Parece feliz de que yo no duerma acá —musitó Yuri. Se escuchó el sonido de la llama de la lámpara encenderse.
—Recuerde que usted mismo se exilió de este lugar —dijo Conrad. Wolfram amó a su hermano.
—¿De qué lado estás?
Un cajón del buró se abrió. Sonido de telas arrugándose y desdoblándose.
—De ninguno, ambos son muy infantiles.
¡Por Shinou! Wolfram quería responder.
—Es todo. Buenas noches, Majestad. —La puerta se volvió a abrir y se cerró.
Wolfram sintió a Yuri subir a la cama, y acomodarse. La lámpara nuevamente fue apagada.
—Wolfram ¿Estás despierto? —La voz de Yuri también parecía viajar hacia el techo. —He dormido en un cuarto de servicio… es como dices, soy un debilucho. —Hubo mucho silencio. Wolfram no quería responder pues sabía que había actuado como un canalla. Prefirió disipar todo pensamiento para descansar y al fin dormir, ya no le importaría escuchar las tonteras del Maou. —Me pregunto por qué seremos tan diferentes —Wolfram abrió los ojos.
—Yuri, cállate —musitó.
—¿Me estás escuchando?
—Casi no. Tu voz chillona me despierta. Duerme, por favor.
—Wolfram, sino hablamos todo seguirá mal…
—Tú eres que el que hace todo mal. Duerme…
—Es en serio.
—Yo también hablo en serio, duerme. —Se volteó hacia Yuri. Posición fetal.
Todo estaba oscuro, pero Yuri hizo un esfuerzo por mirarlo en la negrura.
Yuri no siguió. Si era momento de romper con la discusión, entonces lo haría.
Muchas veces eso no era muy fácil.
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