Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia es de LyricalKris, yo solo traduzco con su autorización.
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Capítulo once
Llamada sorpresa
—Estás pensando en ella de nuevo.
Edward suspiró y giró su cabeza hacia su amigo.
—Han pasado dos meses ya. Incluso los tabloides se han quedado sin titulares creativos. ¿Por qué no lo olvidas?
Garrett sonrió.
—Estás pensando en ella de nuevo —repitió en vez de responder la pregunta de Edward.
—Es imposible no pensar en algo o alguien cuando estás aquí poniendo esos pensamientos en mi cabeza.
Garrett rodó sobre su costado, colgando sobre el borde de su sillón junto a la piscina. Era una noche fría de noviembre y se suponía que estaban disfrutando de unos tragos y la espectacular vista de Los Ángeles de Edward. En cambio, él parecía estar estudiando a Edward con una seriedad inusual en su rostro.
—Eres un muy buen actor, Edward. Mejor que yo. Yo tengo carisma, pero tú… tú tienes talento. Te conviertes en tus personajes. Lloras cuando ellos lloran. Sientes su enojo. —Apuntó a Edward—. Haces creer a las personas que estás enamorado. Todo el tiempo.
—¿Sabes algo que yo no? Estoy muy joven como para un premio por mi trayectoria, pero ese fue un discurso destinado para un escenario de los Oscars.
—Lo sé, lo sé. De entre los dos, mi cabello va a ser el más fácil de trenzar. —Sonrió—. Pero ten paciencia conmigo. ¿De dónde sacas esas emociones si nunca las has sentido?
—Dios mío. Como si no nos han hecho esa pregunta por cada reportero asno. Nunca he tenido una furia homicida tampoco, pero lo he actuado bien. Perfectamente, si confías en los críticos. —Edward se cruzó de brazos sobre su pecho y se agachó en su silla.
—Pero crees que existe.
—¿El amor? Por supuesto. Nunca dije que no.
—Entonces, ¿cuál es el problema aquí?
Edward miró a Garrett con seriedad.
—¿Quieres elegir uno?
Garrett solo sonrió más amplio.
—Tú sí la amas.
—Yo… —Edward se dio cuenta que no sabía qué decir. Él no podía obligar a decir las palabras que no la amaba. Podía decir que no debería, que no podía, pero no que no lo hacía. Él simplemente no estaba seguro. En los últimos dos meses, cada vez que pensaba en Bella, sus pensamientos eran caóticos y enredados. No sabía cómo sentirse o por qué esto estaba pasando ahora.
Fue salvado por el teléfono, pero mientras lo agarraba, tuvo que reír. El rostro de Bella le sonreía – una foto que él tomó la noche que la había llevado al salón de juegos.
La noche que había comenzado todo esto.
Con un suspiro, atendió la llamada y puso el teléfono en su oído.
—Hola, patito.
Pero ella no contestó. Hubo un ruido, como si el teléfono hubiera caído, y escuchó la conversación de fondo.
—Hola, nena —dijo una voz masculina en la distancia—. ¿A dónde vas con tanta prisa?
—¿Qué demonios es tu problema? —La sangre de Edward se congeló cuando escuchó la voz de Bella. Ella sonaba enojada, pero también asustada.
—Lo estábamos pasando bien, y te fuiste. ¿Qué pasa?
—Amigo, no estoy interesada. ¡Hey! Aléjate de mí.
La boca de Edward se abrió hasta los pies. Le espetó a Garrett:
—Dame tu teléfono. Ahora.
—No seas así, nena —dijo el hombre. Edward entendía ahora. Bella estaba afuera en alguna parte. Él podía decir que era así por el ruido de fondo. Debió haberlo llamado y cuando este tipo la sorprendió, dejó caer su teléfono—. Ven aquí.
—No estoy bromeando. Saca tus manos de mí. NO ESTOY INTERESADA.
—¿Crees que no sé quién eres? Te reconocí. ¿Qué, ahora vas a las grandes estrellas? Bueno, ¿dónde está tu estrella de cine ahora, eh? Dejó tu delgado culo así de rápido, ¿no?
Mientras tanto, Edward había llamado al teléfono de Emmett.
—Responde, responde, responde —murmuró entre dientes.
—¿Hola?
—¡Emmett! ¿Dónde está Bella? ¿Dónde está ahora mismo?
—¿Edward? ¿Qué rayos…?
—¡Emmett, ahora mismo! —Edward pasó su mano por su cabello, comenzando a dar vueltas—. Ella llamó. Está en problemas. Necesito sabes dónde está ahora mismo.
—Yo, eh… está con su madre por el fin de semana largo.
—¡¿Dónde?!
—En Newport Beach.
Cerca, pensó Edward. Newport Beach estaba solo a un corto viaje desde donde estaba él. Podía llegar a ella, pero no a tiempo. Él necesitaba saber exactamente dónde estaba así podía enviar ayuda.
Él iba a llegar tarde.
—Necesito el número de su madre. Ahora mismo, Emmett. Ahora.
Casi dejó caer el teléfono, el que tenía la llamada con Bella, cuando la escuchó gritar.
—¡Bella! —Podía escuchar sonidos de lucha.
—Sabes que te gusta. Tienes que ser una loca en la cama para atraer a alguien como Edward Cullen —estaba diciendo el tipo.
—¡Hijo de puta! ¡Emmett! El número.
—Ya lo tengo, lo tengo. ¡Rose!
En el teléfono de Bella, Edward escuchó gruñidos y gritos apagados. Él no entendía lo que el tipo decía, pero probablemente eso era algo bueno. Entonces, escuchó un gemido, y un gruñido.
—Perra. —Escuchó lo que sonaba como una bofetada y entonces Bella gritó:
—¡Ayuda! ¡Alguien que me ayude! —Sonaba sin aliento, y continuó los sonidos de golpes.
—Perra loca.
—Aléjate.
Escuchó un gruñido. Un gruñido masculino.
—¡Bella! —gritó Edward sin poder hacer nada.
Entonces hubo más voces, las cuales algunas podía entender.
—¡Hey! ¿Qué rayos está pasando allí?
—¡Aléjate de ella!
Edward se dejó caer de rodillas, temblando de alivio. Había un montón de voces ahora.
—Diablos, chica. Le diste bien.
—¿Edward? —Emmett estaba en la línea de nuevo—. Tengo el número de Reneé.
—Llámala. Dile que su hija fue atacada, y que necesita ser una madre ahora mismo.
—¡¿Qué?! ¿Qué mierda está pasando, Ed-?
Edward colgó el teléfono de Garrett y comenzó a gritar al suyo.
—¡Hey! ¡Que alguien tome este teléfono! —Una y otra vez hasta que alguien al fin se dio cuenta.
—¿Este es tu teléfono, cariño? —Pero la voz fue ahogada por las sirenas.
—¡Bella! Diablos.
—¿Edward? —La voz de ella temblaba.
Edward nunca había estado tan aliviado de escuchar la voz de alguien. Si ella estaba hablando, quizás eso significaba que no estaba tan lastimada. Él deseó con fuerzas que pudiese estar con ella.
—Bella, ¿estás bien?
—Yo…
—Todo el mundo atrás. Hacia atrás. Departamento de policía.
—Bella —dijo Edward—. Estoy de camino hacia ti. Dime dónde te llevan.
—Cariño, necesito que me hables —alguien le estaba diciendo a Bella—. Estás bien ahora. Estás a salvo.
El teléfono se cortó.
—¿Está bien? —preguntó Garrett.
—No tengo idea. Voy a Newport Beach.
