XI
Llegué al muelle siendo recibida por Mika que se comía las uñas de la angustia. Le dije que me había quedado esperando en una de las islas cercanas a que pasara la tormenta. No era mentira pero no era la verdad completa.
A penas entré por la puerta de la posada me cayeron encima preguntándome que en donde estaba, dije que me había ido a casa de mis amigas y que nos habíamos mojado en el camino, por suerte me creyeron.
Como si estuviese en una nube llegué hasta mi habitación sin sentir el suelo. Aun sentía las mariposas rondando por mi cuerpo. Entré al baño cerrando la puerta tras de mi. Caminé hasta el lavabo viendo mi reflejo en el espejo. Mi cabello desordenado se adhería a mi rostro empapado, mis labios estaban tan rojos como una manzana, mi piel pálida como el papel y mis ojos brillaban por alguna extraña razón. Me sentía diferente, me sentía feliz.
Tomé una ducha lenta recordando como se sentían los labios de Inuyasha sobre los míos, en varias ocasiones me atrapé con las manos en mi boca. Al salir me puse un vestido pues planeaba ver a Inuyasha más tarde.
Proseguí a comer encontrándome con que mi abuela me esperaba para que la acompañara. Me serví mi plato para después seguirla hasta una mesa vacía en la esquina.
-Entonces…¿Hablaste con el muchacho?- dijo dándole un bocado a su comida. De inmediato me sonrojé.
-¿Se nota mucho?- pregunté apenada ¿Era tan evidente?
-Debes aprender a disimular pequeña- yo no dije nada comiendo mi comida –Se te nota muy feliz…¿Pasó algo más?- yo la miré de inmediato sintiendo la sangre subirme hasta la coronilla.
-¿A-a qué te refieres?- pregunté apenada.
-Tu sabes a lo que me refiero Aome- respondió ella sonriendo, definitivamente lo estaba disfrutando. Mordiéndome el labio bajé la mirada –Tomaré eso como un si- el corazón me empezó a latir aturdiéndome sentía que me habían agarrado con las manos en la masa.
-¡Aome ven a ayudarme!- escuché decir a mi hermano que cargaba unas cajas hacia el maletero que alguna vez fue nuestro hogar. Sin poder resistir la tentación de dejar de hablar con mi abuela de aquellos temas me excusé para ir a ayudar a Souta.
-¿Qué es esto?- pregunté mientras abría la puerta del maletero.
-No lo sé, mamá hizo limpieza esta mañana pero por la tormenta no pudo terminar hasta ahora- respondió alzando una de las cajas de cartón entre sus brazos.
Encendí la luz sintiendo cierta piquiña en mi nariz al respirar el aire impregnado de polvo que reinaba en el maletero. Lo que alguna vez fue la sala de mi casa ahora era un cuadrado de pintura desconchada y opaca lleno de cajas y vericuetos. Sintiéndome abrumada en aquel lugar guardé mi parte lo más pronto posible mientras mi hermano se tomaba su tiempo. A diferencia de él yo si tenía recuerdos en aquel lugar. Mientras Souta terminaba aproveché para acercarme a la puerta trasera en donde eché una espiada por la puerta sonriendo abiertamente al ver el bote de Inuyasha. Cuando mi hermano terminó se marchó a su habitación a dormir, por mi parte tenía otras cosas que hacer.
Sin que nadie me viera bajé por las escalinatas sintiendo la brisa fría de la noche soplar suavemente. Pronto llegué al muelle, mi corazón latiendo rápidamente. A penas toqué la primera tabla de madera vi como Inuyasha aparecía de la parte trasera del bote subiendo al muelle. Sonriendo corrí hasta él viendo como abría sus brazos para recibirme. Al encontrarme en su pecho respiré profundamente.
-Pensé que me ibas a dejar aquí esperando para siempre- dijo al tiempo que yo escuchaba su voz resonando dentro de su pecho.
-Disculpa, tuve que ayudar a mi hermano a guardar unas cosas en el maletero- respondí subiendo la mirada sin dejar de abrazarlo. El me miró a los ojos como si quisiera decirme algo a lo cual yo respondí al descifrarlo. Sin dudarlo me puse de puntillas uniendo nuestros labios suavemente. Ambos sonreímos tontamente.
-¿Entonces para que querías que viniera?- preguntó dejándome ir de sus brazos, tomando mi mano para ayudarme a entrar en el bote.
-Solo quería estar contigo…y esperaba que pudiésemos hablar más tranquilos- comenté mientras el me llevaba a la parte de atrás del bote pero entonces lo detuve -¿Podríamos ir al camarote?- pregunté sonrojada. El se me quedó mirando con curiosidad pero sin negarse a la oferta.
Bajamos hasta el camarote en donde estaba la cama en donde alguna vez dormí, olía a limpio así que posiblemente había aseado un poco el lugar. Como pudimos nos arreglamos sobre la cama uno al lado del otro. Le pedí a Inuyasha que abriese la escotilla que estaba sobre nuestras cabezas para que así entrara la brisa marina. Además de que el cielo se veía más claro de esa manera. Estuvimos así en silencio hasta que rompí la serenidad con mis palabras.
-Entonces…¿Te quedó claro todo?- pregunté sin verlo, mi mirada fija en el cielo estrellado.
-Eso creo- respondió al cabo de unos segundos.
-¿Por qué no estás del todo seguro?- pregunté aun sin verlo, él no respondió -¿Inuyasha?- silencio de nuevo. Me giré entonces a verlo el veía el cielo fijamente como yo había estado haciendo. Lo vi respirar profundamente cerrando los ojos.
-Lo digo por mi…no se si sea lo mejor para ti- siempre pensando tan poco de si mismo.
-Eso solo lo averiguaremos intentando- respondí a su pregunta tomando su mano que estaba junto a la mía. El se giró a verme entonces simplemente asintiendo –Entonces…- comencé luego de un rato de silencio, el simplemente subió una ceja incitándome a seguir hablando –¿Podrías contarme más de ti?- pregunté un tanto avergonzada.
-Pregunta lo que quieras- dijo con una leve sonrisa aunque podía notar que estaba un tanto incomodo.
-No tienes que contarme si no quieres, se que es difícil para ti- con su dedo índice sobre mis labios me calló.
-Pregunta- yo respiré profundo asintiendo.
-Bueno comencemos por lo básico…Tu familia ¿Cómo es?- noté como su cuerpo se tensaba un poco marcándose su mandíbula angularmente bajo su piel.
-Pues mi padre es un hombre bastante estricto y siempre le gusta hacer lo correcto. Aunque es un poco cuadrado es muy carismático algo que creo que mi madre sacó en él. Ella es un sol, es hermosa, es radiante y amorosa, siempre fue mi fortaleza aunque en mi etapa rebelde la hice a un lado cosa de la que siempre me arrepentiré. Y por ultimo está mi medio hermano mayor Seshomaru. Mi padre estaba casado con una mujer de etiqueta, de la alta sociedad de Japón lo cual era necesario para consolidar su imagen política, ella quería fama, él necesitaba una fachada. Seshomaru nació mucho antes que yo, quince años. Mi padre y su madre se separaron el año en que yo nací puesto que mi madre era la asesora de mi padre, estuvieron de amores casi todo el tiempo que él estuvo casado con la madre de Seshomaru pero no fue hasta que yo nací que todo se hizo público. Para mi hermano soy el hijo bastardo y mi madre una rompe hogares. El se fue a vivir con su madre a penas se divorciaron. Luego se dio cuenta de que tanto mi padre como su madre no se quisieron desde un principio, ambos tenían sus relaciones paralelas durante el matrimonio. Sin embargo el rencor contra mi madre y contra mi no se ha desvanecido del todo y pues aun hay resentimientos con mi padre también. Como trabajan juntos su relación es laboral, se tratan como jefe y empleado, con el debido respeto que tiene cada uno- aquello me partió el corazón, no podía creer lo que estaba escuchando, parecía una telenovela, no podría imaginarme una familia así –Como mi madre tenía buena posición política, económica y social no hubo mayor problema, estar con mi madre favorecía aun más la imagen de mi padre ante la sociedad lo que era un bonus al partido político así que tuvieron su apoyo durante el proceso de divorcio con la madre de Seshomaru y de su matrimonio-
-Wao- susurré aun atontada. Y yo pensaba que la muerte de mi padre había sido trágica –Puedes escribir una novela solo con eso- dije sin pensar por lo cual me sonrojé pero él sonrió levemente.
-Ni te imaginas- yo subí la ceja curiosa -¿Qué hay de ti? Solo sé que tu padre falleció y que la posada es de tus abuelos- su cambio de tema me pareció un poco sospechoso pero no quería dañar el momento así que seguí el juego.
-Bueno mi padre era hijo de parlamentarios en Inglaterra pero nunca le gusto la política, fue a la universidad por obligación, viajo por toda Europa hasta llegar aquí y conocer a mi madre que como yo trabajaba en la posada. Mis abuelos lo odiaban a muerte, sabes la mezcla de razas y eso, era chapados a la antigua a demás de sobrevivientes a la segunda guerra mundial pero en fin. Se enamoraron y mi padre quiso presentar a mi madre a sus padres así que se fueron a Inglaterra pero a sus padres no les gusto mucho mi madre por ser poco educada y de clase trabajadora pero como a mi papá le valía un pepino aquello dejó todo y regresó con mamá, se establecieron aquí, nací yo y luego Souta…Papá planeaba hacer una extensión de la posada en Atenas por lo que fue de viaje de negocios pero…pasó el terremoto y murió…- sin darme cuenta me encontraba acariciando el brazalete que me había regalado mi padre.
-Lo lamento…- susurró Inuyasha viéndome atentamente.
-Fue hace mucho tiempo ya…de todas maneras sé que él siempre está a mi lado-dije limpiándome las lagrimas –me gustaría que mamá consiguiese a alguien para que le haga compañía, está enfrascada en el trabajo para no tener que pensar en papá…y también sería lindo para Souta tener una figura masculina…un guía, yo por lo menos lo pude conocer un poco pero él no…- con delicadeza Inuyasha me abrazó entre sus brazos haciéndome sentir mucho mejor.
-Ojalá que si…tu madre necesita un descanso, trabaja más que los míos y eso es mucho- yo bufé –No se puede comparar pero siempre están ocupados en algo y con Souta pues…siempre que busque un modelo a seguir bueno estará bien-
-Eso espero- dije respirando el aroma a mar de Inuyasha –Pero basta de dramas ¿Qué hay de tus amigos?- él se río esta vez -¿Qué hay de gracioso en eso?-
-En la palabra amigos, a decir verdad solo tengo dos- aquello me llamó la atención por lo que escuché atenta –Miroku Murayama, hijo de Michiko Murayama propietario del periódico más importante de Japón Asahi Shimbun. El fue mi primer y único amigo desde que tengo uso de razón, como mi padre necesitaba la ayuda de los medios el Asahi Shimbun siempre fue generoso con él ya que el señor Murayama y mi padre eran buenos amigos. Lo que quería decir que nosotros debíamos serlo de igual manera, por suerte así fue aunque éramos bastante distintos, yo siempre fui arisco y más bien introvertido, el era un galán de otoño, amable y tal vez demasiado cariñoso con las mujeres. Cuando entré en mi etapa rebelde el siempre estuvo a mi lado ya fuese acompañándome o guiándome, él nunca tomó decisiones por mi, dejaba que hiciera mi camino pero siempre me decía los pro y los contra de mis decisiones. El era un casanova así que me enseñó a ser uno, aunque al principio fue desastroso logré hacerlo – Yo subí la ceja insinuante –Pasado, recuerda eso- no pude evitar reírme al ver como Inuyasha negaba aquello – En fin el estudió publicidad y mercadeo para así poder tomar el negocio familiar y bueno…él es el único que sabe en donde estoy- notando que su rostro se apagaba un poco con mi mano acaricié su mejilla.
-¿Por qué nadie te busca Inuyasha? Tus padres deben estar muy preocupados- él me miró a los ojos.
-Les dejé muy claro que necesitaba desconectarme del mundo, alejarme de todo, si algo me sucede ellos serían los primeros en saberlo- yo asentí lentamente.
-¿No quisieras regresar?- por mi parte no quería que lo hiciera pero quería saber como se sentía, no lo mantendría amarrado por beneficio propio.
-A veces los extraño, mi vida lujosa, mi apartamento, mi habitación, mi cama, salir con Miroku en la noche a beber en un lugar tranquilo pero…creo que aun no estoy listo…a demás ahora te tengo a ti…lo menos que quiero es alejarme- dijo acariciando mi mejilla, trazando a su vez la forma de mi rostro con su dedo índice haciéndome cerrar los ojos al sentir como trazaba mis labios en un suave movimiento.
-Ya veo a que te refieres con que lograste ser un casanova- susurré haciéndolo reír –Miroku hizo un buen trabajo-
-Lo sé- dijo muy creído besando mis labios juguetonamente a lo cual yo respondí de igual manera –Si no paras ahora mismo no sé que será de ti- dijo contra mis labios haciendo que temblara, no de miedo, no sabía porque lo había hecho a decir verdad, pero me encantaba. Sin hacerle caso llevé mis manos a su nuca haciéndolas subir y bajar por su cuello, en las películas siempre hacían eso.
Con su mano libre viajó desde mi cintura pasando por mis caderas bajando por mi muslo izquierdo hasta llegar a la parte de atrás de mi rodilla la cual tomó y en un delicado movimiento la colocó sobre sus piernas. Los besos de Inuyasha se volvían más apasionados, sus dientes atrapaban mis labios repetidas beses acelerando los latidos de mi corazón. De pronto sus besos comenzaron a pasearse por mis mejillas bajando hacia mi cuello, sin poder evitarlo un suave gemido se escapó de mis labios, de inmediato sentí la mano libre de Inuyasha aprisionando mi espalda pegándome más hacia el. De pronto hacia mucho calor.
-Te dije que te detuvieras- susurró entre besos.
-No veo que me detengas- respondí acercándolo aun más hacia mi haciendo que nuestros torsos chocaran. No tenía con quien comparar, tal vez con Kouga, pero Inuyasha definitivamente sabía lo que hacia. Sin decir nada volvió a subir a mis labios demandando con aun mas fuerza, sentía que tendría morados al día siguiente pero era una sensación muy placentera.
-Tenemos que parar…- dijo escondiendo entonces su rostro en mi cuello desanimándome un poco. Respiré profundo aun agitada mientras lo abrazaba, gesto que el devolvió.
-Entonces quien es tu otro amigo- dije después de calmarme haciéndolo reír levemente.
-Te sorprenderás- respondió abandonando su guarida que era mi cuello.
-De ti, cualquier cosa- dije sonriendo, el reviró los ojos con una leve sonrisa para después quedarse viéndome como si admirará una obra de arte -¿Entonces…quien es?-
-Tu- dijo en un suspiro acomodando mi cabello detrás de mis orejas.
-¿De verás?- pregunté incrédula viéndolo a los ojos, él simplemente asintió.
-Tu y Miroku son mis mejores amigos- reafirmó sonriente. Sin pensarlo le di un beso y un abrazo.
-Gracias- dije aun abrazándolo.
-¿Por qué?- preguntó sin entender.
-Por dejarme entrar- miré hacia arriba entonces buscando sus ojos que entendieron de inmediato lo que quería decir.
Por un rato no dijimos más nada, nos quedamos allí juntos viendo el cielo nocturno sobre nosotros. El leve oleaje del mar causaba un suave bamboleo en el bote que era a penas perceptible pero que era como una cuna haciendo que me diera sueño.
-Aome si tienes sueño deberías ir a tu habitación- dijo de pronto tomándome por sorpresa.
-Mmmm no quiero- dije entre dormida y despierta. Estaba en el lugar más cómodo del mundo.
-Aome después te puedes meter en un lío con tu madre y recuerda que yo también soy su empleado, no quiero problemas- dijo como un hombre responsable que al parecer era.
-No se dará cuenta, regresaré a mi habitación antes de que despierten- murmuré enterrandome más en su pecho. Escuché como respiraba profundamente.
-De acuerdo, te levantaré a primera hora y sin quejas te vas a tu habitación- yo asentí sin decir nada más –Buenas noches Aome-
-Buenas noches- susurré casi dormida por completo.
Esa noche dormí como nunca antes en mi vida.
Inuyasha me despertó con un beso en la nuca, o bueno unos cuantos al amanecer. Con cierto desdén nos levantamos saliendo del bote para después despedirnos con un rápido beso ya que me daba un poco de pena en caso de que tuviese mal aliento. Subí las escalinatas viendo como el bote de Inuyasha se marchaba probablemente a pescar. Al llegar a la cima junto a la puerta hondee mi mano en el aire gesto que el repitió.
En silencio me escabullí sin que nadie notara mi presencia por suerte no habían empezado a hacer el desayuno. Subí las escaleras hasta entrar a mi habitación, de inmediato me lancé sobre la cama viendo al techo con una sonrisa de oreja a oreja. Como era sábado tocaba un día largo de trabajo así que decidí tomar una ducha rápida.
Me bañé como rayo veloz sin querer borrar los rastros de Inuyasha sobre mi piel, sorprendentemente no había ninguna marca o morado que pensé que aparecería. Arropé mi cabello con una toalla haciendo lo mismo con mi cuerpo, me cepillé los dientes para después salir quedándome congelada en el marcó de la puerta.
-¿Te divertiste anoche?- escuché la suave voz de mi madre retumbar en mis oídos. Ella recostada del marco de la ventana.
-¿A que te refieres?- pregunté encontrando mi voz luego de una larga pausa. Sentí que toda la sangre en mi cuerpo se había evaporado.
-Anoche vine a chequear que estuviese todo bien pero cuando entré no estabas- respondió con el mismo tono girándose a verme -¿En donde estabas?- preguntó intrigada.
-Em…pues…em…- no sabía que inventar, no podía mentirle a mi madre de paso, se daría cuenta. Respiré profundo bajando la cabeza en resignación para después hablar –Estaba con Inuyasha-
-¿Toda la noche?- como por arte de magia mi sangre reapareció concentrándose toda en mis mejillas y nunca. Sin decir nada asentí.
-Lo siento mamá…no volverá a suceder- me disculpé al cabo de unos minutos aunque no estaba segura si podría cumplir aquello. Escuché entonces como mi madre caminó sobre el piso de madera hasta llegar a donde yo estaba. Tomándome por sorpresa me dio un abrazo -¿Estás bien?- pregunté confundida. Ella se alejó acariciando mi mejilla continuamente.
-Estoy muy bien hija…ven- tomó mi mano guiándome hasta la cama en donde hizo que nos sentáramos una frente a la otra. Para ser sincera estaba un poco asustada, no tenía idea de que esperar.
-¿Segura que todo está bien?- volví a preguntar perdida.
-Excelente…sabes cuando conocí a tu padre él era el que me buscaba a mi, yo lo evadía porque estaba trabajando y con sus distracciones no lo permitía. Un día decidí aceptar su propuesta de salir con él ya que pensé que con eso me dejaría en paz. Ese fue uno de los días más felices de mi vida, fue la primera vez que me sentí realmente completa, viva y feliz…- no entendía a que venía aquel comentario –Yo también me escabullí unas cuantas noches para salir con él o simplemente estar a su lado…- el punto quedó claro –Solo quiero que sepas que estoy feliz de que te estas dando la oportunidad de vivir, que hay algo más que esta vieja posada en este mundo y que lo que decidas hacer con tu vida yo siempre te apoyaré…-
-Pero no entiendo…- comencé a cuestionarme pero ella me interrumpió.
-Ya lo entenderás…- dijo acariciando mi mano para después darme un beso –Trata de no escabullirte tan seguido, o simplemente dime, me preocupo por ti ¿Sabes?- aun con cierta confusión en mi asentí recibiendo un abrazo de mi madre –Hora de ponerse a trabajar- dijo saliendo de mi habitación.
Aquella había sido la conversación más extraña que había tenido con mi madre. Pensaba que me iba a castigar, a despedir a Inuyasha o algo por el estilo pero resulto ser todo lo contrario…tal vez…porque se veía reflejada en mi y a mi padre en Inuyasha. Si me sentía viva y feliz cuando estaba con él…era como la pieza faltante al rompecabezas, la pieza que cuidaría y atesoraría como mi propia vida.
Era bueno saber que mi madre me apoyaba en todo pero sentía que se refería a algo más ¿Tal vez a ser novia de Inuyasha o querer irme con él? A la primera pregunta la respuesta era muy clara y obvia sin embargo la segunda no del todo…no sabía si era capaz de hacerlo aunque…mi madre me apoyaría.
Estaba atrapada en mis pensamientos cuando escuché mi nombre en la cocina. Era hora de empezar un nuevo día.
¡Hola chicas¡ ¿Cómo están? Se que ando desaparecida pero creo que me despegué demasiado en las vacaciones y tuve problemas con la inspiración esta semana pero bueno ya esta arreglado. Recibí sus mensajes que me alegraron aun más las vacaciones aunque mi señal era un poco pupu en donde estaba fue una alegría leer que les había gustado tanto el cap pasado. Espero que este tambien les guste y nos leemos el proximo domingo. Les mando un gran abrazo, gracias por el apoyo, los reviews, los follows, los favorites, todo, mil gracias! XOXO V
