Un pequeño gran experimento…
Sin saber bien el porqué, detuve de su caída a esta extraña humana. Y mis ojos no pudieron evitar abrirse de la sorpresa al ver como en mis brazos, su cuerpo adolescente comenzaba a desaparecer; hasta volverse el de una mocosa…la mocosa que era antes de que se mostrara tal cual era. No me interesaba en lo más mínimo el saber el porqué la chiquilla esa poseía tal poder, ni porque estaba aquí…por ahora, puntualicé, el caso es que el ver esto me ha dejado con grandes interrogantes en mente.
Sin problemas la levanto en brazos y me acerco a mi medio hermano. Observándole sin emoción alguna, no me sorprendía en lo absoluto que haya caído tan fácil ante ese conjuro tan simple de adormecimiento; es tan solo un mocoso. No sé porque, pero aún me causa recelo el llamarlo así, a pesar de que padre siempre se encargó de repetirme ese lazo…aún me resisto a aceptarlo. No obstante, la humana esta me ha hecho pensar muchas cosas. La conexión que hicimos…pude ver lo que al parecer era el futuro, un futuro que por cierto…ya no existirá.
Un futuro pasado, o no conozco una manera exacta para llamarle, quizás un tiempo roto, o una distorsión de la realidad. No pude ver mucho, pero la información que me fue otorgada, no me fue del todo satisfactoria, Inuyasha tenía a Colmillo de Acero. Al principio me enfadé al notar eso, pero conforme avanzó la visión, fui testigo de lo que llegué a creer fue mi muerte. Y la sentí como tal, como si la estuviera viviendo en ese mismo instante; sin embargo unos pensamientos retumbaron en mi mente.
"Al final de nada sirvió el intentar apropiarme de Colmillo de Acero, supongo que no conoceré en esta vida la razón que le llevó a mi padre a otorgarme a Colmillo Celestial, quizás lo sabré hasta que me reúna con él en el infierno…di todo de mí para superarte. Pero quizás no estaba escrito en mi destino el ser mejor que tú, pero muero con dignidad y honor; de lo único que me arrepiento es de dejarle toda la responsabilidad de salvaguardar la vida de Rin. Nada puedo hacer, mi peor humillación es el dejarle desprotegida, pero he hecho todo lo que me era posible, he muerto peleando hasta el último segundo; sin caer de rodillas ante el enemigo…"
Cerré los ojos dispuesto a aceptar mi destino, ya no queda nada que hacer, deberé aceptar mi derrota, aunque sea lo que más me pesa en este mundo.
Y sin poder creerlo, mi prisión desapareció y me vi envuelto en una luz encegedora de color verde, y en donde se suponía debía estar mi brazo izquierdo, una columna de luz ocupó el lugar y de ella brotó una espada de gran magnificencia, al igual que un nuevo brazo. Y de nuevo mi mente fue ocupada por un pensamiento, pero esta vez ajeno a mí.
"Sesshomaru, perfectamente has llegado a superarme, y lo has hecho en el momento en que aceptaste tus errores y te enorgulleciste de lo que eras, y no te reprochaste el ser tan débil, porque nunca lo has sido. El poder de nada sirve si no tienes una razón para mantenerlo, y me enorgullezco de saber que has encontrado el camino correcto, el proteger y amar a alguien no te hace débil, si no que se vuelve la razón que le da sentido a todo lo que haces. Una espada era lo que deseabas, sin embargo esta no es heredada, es completamente tuya, y siempre la has llevado en tu interior, pero solo iba a salir hasta que el verdadero heredero de las tierras del oeste dispusiera ser revelado tal cual es. Sesshomaru, me enorgullezco de ver en lo que te has convertido…"
Eso de verdad me sorprendió, ¿mi padre dijo que estaba orgulloso de mí?, por la razón que haya sido, en el tiempo que fuera, mi padre se dignó a pronunciar esas palabras. Una parte de mi cuerpo, que hacía años pensaba que estaba muerta se removió en mi interior. Aunque no quiera aceptarlo, la mayor parte del odio que le profeso a Inuyasha, es por culparlo por la muerte de mi padre. A decir verdad también mi padre tuvo la culpa, toda la culpa fue de él, no tuvo porque haber muerto de esa manera tan patética. Yo, Sesshomaru tenía el derecho de algún día desafiarlo, era yo quien debía derrotarlo. No un indigno y penoso soldado humano.
Dirijo mi mirada hacia el rostro infantil de la que es ahora mi carga, e intento descifrar algo en ella, inconscientemente me gustaría encontrar alguna prueba de que lo que dijo era mentira, que simplemente hizo eso para evitar morir y que matara a mi inútil hermano. Pero el hecho de que se convirtiera en adulta delante de mis ojos no ayudaba mucho. Además, yo siempre he tenido la capacidad de saber si alguien o algo, me miente, y por Dios que no pude notar que ella intentara engañarme.
Es una niña humana común y corriente, no tiene nada de especial, o al menos a simple vista, lo único resaltable eran sus extrañas ropas, nada propias de esta región del mundo. Sé que son europeas porque he viajado muchas veces hacia allá; sin embargo ninguno de sus rasgos la delatan como de ascendencia europea y mucho menos noble.
Me siento frustrado, ¿Cómo es posible que una simple chiquilla pudiera paralizarme?, esto es una verdadera vergüenza, que suerte que nadie no podrá nunca saberlo, ya que si alguien más lo hubiera visto le hubiera matado simplemente por ser testigo presencial. Dejando pasar por alto mi frialdad, permito que un suspiro abandone mis labios, y me arrodillo al costado de mi familiar.
Hay algo en él, que me recuerda mucho a padre, no sé que será, quizás sea el ligero parecido en su tez, o tan solo el mero recuerdo de mi padre. A decir verdad si sé de qué se trata, en sus ojos, justo antes de que fuera dormido por su acompañante, pude ver la misma mirada que caracterizaba a mi padre. La misma que tenía cada vez que defendía a algo o alguien que le importaba. La misma mirada que me otorgó cuando renegué de que él se haya fijado en una simple humana y encima hubiera procreado descendencia.
Prolongo mi mirada sobre su pequeño cuerpo, aún se mantiene inconsciente. Mi mente se desprende de mi cuerpo y comienzo a reflexionar de nuevo. Sé que esta mocosa, mujer, bruja o lo que sea, pudo ver mis más profundos recuerdos y secretos. Pero de alguna extraña y retorcida manera, no me siento ofendido por esto. Después de todo era el precio a pagar por toda la valiosa información que me proporcionó. A pesar de que la mayoría de estos escasos años, me la he pasado culpando de esto a mi hermano.
De repente un escalofrío atraviesa mi espina y abro los ojos incrédulo. Es como si el compartir mis recuerdos con esta niña me hubiera vuelto más ligera la carga. Aprieto de manera inconsciente mi agarre sobre sus frágiles hombros aún sin mirarla. Ahora me doy cuenta, en realidad nunca he odiado a Inuyasha, y mucho menos a mi padre. Para mi propia indignación mis ojos comenzaron a ser presas de un molesto escozor; pero me negaba a caer de nuevo tan bajo, jamás volvería a dejar escapar una sola lágrima.
En realidad nunca había odiado a mi padre, no, nunca lo hice, solamente…me sentí defraudado, desplazado por él. No es como si yo hubiera exigido mimos o grandes atenciones, no, porque no estaba dentro de mi naturaleza youkai. Pero siempre supe que mi existencia no fue planeada más que por un convenio para procrear un príncipe inuyoukai, uno de sangre pura y de noble estirpe; que heredara algún día ambos reinos y los unificara.
En cambio, cuando me enteré que mi padre había cometido la deshonra de mezclar nuestra sangre con la de los humanos, me enfurecí, eso estaba prohibido era la peor de las bajezas. Mi madre solo se sorprendió por aquello, no obstante no le importó en lo absoluto, discutió un poco con mi padre referente a mis derechos como príncipe, pero nada más. Jamás hablaron de sentimientos, ya que entre ellos jamás existieron, ni compañeros eran.
Envidiaba a Inuyasha, desde antes de que naciera, él desde el momento en que mi padre supo de su existencia, cambió, aún más de lo que ya estaba después de conocer a esa humana…era como si estuviera esperando su llegada, con ¿amor?, ¿paciencia?, bah, fuera lo que fuera, yo jamás recibí entendimiento ni orgullo de su parte. Es como si fuera su hijo no deseado. Nunca antes había visto esa expresión tan decidida y feliz en sus ojos, como el día en que me comunicó de su relación con esa mujer.
Pero eso no es todo, entiendo que en cierta manera es mi culpa la muerte de mi padre, me esfuerzo en culpar de todo a Izayoi y a Inuyasha de eso. Pero la verdad era que yo pude haberle ayudado, y quizás, solo quizás hubiera podido vivir. Si yo me hubiera encargado de acabar con el humano que causó su muerte y él se hubiera llevado a la mujer después de revivirla, todo hubiera podido ser diferente. E incluso pudiera ser que hubiera llegado a estar agradecido conmigo por eso y me hubiera reconocido más.
Este es el fondo de mi falso odio hacia mi familiar, es solamente culpa, y mis vanos intentos de culpar a alguien de mis propios errores y estropicios. Además un parte de mí, me dice que no solo yo fui el defraudado, sino que también mi padre se sintió así al saber que su hijo mayor no intentaría ayudarlo.
Me odio por sufrir de estos innecesarios sentimentalismos, pero supongo que si la visión que me presentó esta mocosa, es verdad. Aún tengo mucho tiempo para ir cambiando mi manera de pensar y por fin superar al gran Inu no Taisho.
¿Cuál es el nombre de esta cría?, me pregunto mirándola por enésima vez en esta noche. De repente un murmullo ahogado de parte de mi hermano, que se revolvía inquieto en su lugar, aún sin recuperar el sentido.
—Kagome…—gime desesperado Inuyasha, rasgando con sus garras la débil tierra que se encontraba debajo de él. Sin dudarlo entiendo que ese era el nombre que buscaba y me acerco a en silencio, aún dudando en mi interior de lo que estoy por hacer.
Me arrodillo al lado de él sosteniendo a la niña con mi brazo izquierdo, y mi mano derecha se dirige a la espalda de Inuyasha. Donde comienzo a moverlo con algo de rudeza, buscando despertarlo. Cuando logra abrir los ojos, le lleva algunos segundos reaccionar y recordar en donde se encontraba. Pero cuando lo hizo, se levantó de golpe, con los ojos casi desorbitados y con las orejas echadas hacía atrás, gruñéndome amenazadoramente.
—¡Tú!, ¿qué quieres de mí?—gruñe mostrándome los pequeños colmillos que posee, me mantengo sereno ante esto, no es como si eso fuera a llegar a ser una verdadera amenaza. Hubiera continuado gritándome de no ser porque ubicó a la mocosa entre mis brazos y me miró rabioso. —¿Qué le has hecho a Kagome?, ¡por favor no me digas que la mataste!—chilla desesperado, aquel cambio de tonos me sorprendió mucho, supongo que no deja de ser un estúpido mocoso.
Sin darle tiempo para seguir gritando por estupideces, o peor aún, que se pusiera a llorar, deposité a la humana en sus brazos, con algo de precaución, porque no se le fuera a caer. Él me miró como si no se creyera eso, y se sentó en el suelo, recostando a la niña en su pecho, buscando algún indicio que le indicara que aún siguiera viva.
—¡Kagome!, ¿estás bien?, ¿no te hizo nada?—pregunta con voz media rota, tocando las mejillas de ella, pero al ver que no responde parece preocuparse más.
—No tiene nada, solo está cansada—menciono con mi porte estoico y la voz algo cansada, harto de los arranques de histeria de mi hermano menor, recibiendo en respuesta una mirada desconfiada.
—¿Por qué habría de creerte?—pregunta taladrándome con la mirada; buscando en mi rostro algún indicio de mentira que me delatase.
—Porque aún sigues vivo…—respondo sin emoción alguna, recibiendo una mirada sorprendida de él, y pude notar como si el sentido común hiciera mella en él.
—Es cierto—se limita a contestar—pero…¿Qué quieres?, por algo no me has matado, dijiste que lo harías—añade aún sin creérselo del todo.
Yo me limito a reír mínimamente, levantándome del suelo, sin quitarle los ojos de encima. No debía dejar rango a malentendidos. Me ha costado mucho tiempo el aceptar esta responsabilidad.
—Antes que nada, quiero saber la razón por la que estas viajando solo, y estás tan alejado de los territorios de Izayoi—indico, esperando su contestación con paciencia. Por un momento el parece dudar, pero al ver a la niña, se decide por fin a contestar.
Una vez que me cuenta todo, con algunos detalles, puedo tener una visión de la situación. Estúpidos humanos débiles, aunque bueno, no puedo culpar a esa humana, después el criar a un medio demonio debe ser sumamente peligroso para ella y por lo tanto la mete en tantos problemas. Sin embargo, no sé porque no me sorprende la manera en que ese humano despreciable aprovechó la ocasión para al fin posesionarse de esa mujer. ¿Qué tiene esa mujer que siempre está rodeada de psicópatas?
Después de analizar un poco lo dicho, puedo llegar a la conclusión de lo que voy a hacer y por fin me atrevo a romper el silencio.
—Escúchame bien Inuyasha, porque solo te lo diré una vez…de ahora en adelante, estaré por esta región, así que puedes recurrir a mí en el momento que lo necesites, como tu hermano mayor, tengo ciertas obligaciones, y como padre a muerto, y tú deberás estar alejado de Izayoi, mi deber es protegerte y ser tu maestro hasta que alcances la edad para que tú puedas sobrevivir…—hago una pausa—seré tu protector—finalizo observando desde mi altura, es fácil para mí notar el porte contrariado de mi hermano y después de lograr controlarse se decide a hablar.
—Pe…pero, dijiste que me odiabas, ¿Qué te hizo cambiar de opinión?—tartamudea con tono inseguro, sin dejar de mirarme en ningún momento.
—Te diré que hubo una razón poderosa para hacerme cambiar de opinión, agradéceselo a tu prometida—me limito a contestar, no me corresponde a mí el estar divulgando la información que me fue otorgada. No cuando aún puede serme útil esa chiquilla en el futuro para responder algunas dudas.
—De…de acuerdo, te creo—responde tranquilo, como si la desconfianza que hace unos escasos momentos sintió se hubiera esfumado. Eso en cierta manera me sorprendió internamente, este niño era demasiado confiado, en este tiempo debía de enseñarle muchas cosas.
—Puedes viajar conmigo, si lo crees necesario—ofrezco sin perder mi frialdad, él parece despertar de un letargo y sus ojos se llenan de un indescriptible brillo. Un cosquilleo se hace presente en mi interior, ¿Qué esta sensación?, ¿acaso me causa gusto el saber que está feliz?, imposible.
—Me gustaría, pero tenemos que ir a la aldea humana que se encuentra cerca, Kagome tiene que ir a un entrenamiento de sacerdotisa, y yo debo de acompañarla—explica sonriendo ligeramente, ante esta información arqueo la ceja en una ínfima muestra de disgusto.
—¿Una aldea humana?, los humanos no suelen ser amables con los demonios, ni mucho menos con las personas que se relacionan con ellos—declaro sin molestarme en disimular mi desconcierto ante esto. Inuyasha parece pensar un poco en ello y se apresura a responder.
—Quizás, pero Kagome tiene que ir ahí, y yo no puedo dejarla sola, además, ¿estarás por aquí no es cierto?, puede que así podamos encontrarnos y me des las clases que mencionaste—expone Inuyasha, adoptando una pose pensativa.
Analizo dicha respuesta y le encuentro lógica, es verdad, así puede cumplir todo, no puede dejar a la mocosa esta sola, mucho menos si esos humanos se llegan a enterar de un pronto vínculo. Sin embargo, si esos humanos llegan a siquiera intentar hacer algo en su contra, no dudaré ni un instante en matarlos a todos. No puedo permitir que la sangre de un inuyoukai como la de mi padre, (por más diluida que esté), sea derramada por criaturas tan débiles como una horda de campesinos.
—De acuerdo, se donde está la aldea que tu mencionas, me encontraré cerca, supongo que tu olfato ya está lo suficientemente bien desarrollado como para detectarme, así que de esa manera podrás encontrarme, tendré que enseñarte a luchar de una manera más eficiente, que seas un crío no conlleva que seas débil—aseguro dirigiéndole una última mirada antes de darme la vuelta y pretender marcharme.
—¡Espera!, ¿Cuál es tu nombre?, no me lo has dicho…—pregunta corriendo un poco hacia mí, manteniéndose a tres pasos de mí. Eso de nueva cuenta vuelve a sorprenderme, creí que había notado cuando la cría me llamó por mi nombre. Suspiro ante eso, de veras, tiene que aprender muchas cosas.
—Sesshomaru—hago una pausa, en donde él solo asiente—cuando llegues a la aldea, búscame para darme un reporte de su llegada—indico sin mirarlo de vuelta, retomando mi camino hacia los árboles, donde una vez dentro me pierdo de su campo visual.
Llevo un buen rato caminando, no sé si estuvo bien que los dejara a ambos ahí solos, pero supongo que es lo mejor por ahora, tengo mucho que pensar.
Hubiera tenido más tiempo para hacerlo, no ser porque reconocí una presencia que se encontraba cercana. Sin demora me dirijo hacia el claro donde se supone está esa persona.
Al llegar ahí su indumentaria y aspecto físico la delata, quitándomela la ya de por sí casi inexistente duda de que se tratara de ella. Vestida igual de elegante que siempre, con cerca de cuatro kimonos encima, y su cabello con el mismo peinado de siempre.
—Madre, ¿Qué haces aquí?—interrogo sin mostrar ni un ápice de emoción en mi voz, mi madre se acerca tranquila a mí, arrastrando ligeramente su pomposa cola, correspondiendo por completo mi frialdad.
—Me encanta la manera tan efusiva con la que me saludas querido hijo—señala sarcásticamente deteniéndose justo a un par de pasos de mí. —Es una lástima que no demuestres felicidad de ver a tu madre que ha venido con la mejor voluntad del mundo a visitarte—agrega adoptando una postura dramática, también tan propia de ella.
—Ve al grano—corto sin prestar atención a lo que había dicho con anterioridad. Ella acepta sin mayores reproches y alza su mano señalándome con su dedo índice; para segundos después darle la vuelta a su mano, doblando su dedo en señal de que me aproximara.
—Sígueme—se limita a decir, caminando apaciblemente por el verde pasto, permitiendo que sus plateados cabellos se desordenaran ligeramente. Sin darle oportunidad de decirme algo, la sigo, intrigado por lo que podría decirme.
Al seguir adentrándonos en el bosque, el olor a sangre se hace presente, incomodándome en cierta manera, era mucha…y era humana. ¿Qué pretende mi madre al llevarme a ese atolladero?, ¿acaso ella fue la autora de esas muertes?, descarto por completo esa posibilidad, mi progenitora es incapaz de ensuciarse las manos y mucho menos con sangre humana.
Al llegar a lo que al parecer eran los restos de una aldea, se hace presente el desagradable olor pútrido de los cadáveres en inicio de estado de descomposición, y el de la sangre coagulada. Con una mirada rápida soy capaz de identificar el móvil del ataque. Una horda de demonios débiles, pero en grandes cantidades…acabó con esta población. Sin embargo aún no logro entender, existen gran cantidad de cuerpos youkai aquí, ¿Cuál era la saña en específico en contra de este pueblo?
Hubieron demasiadas bajas, eso no queda duda, ¿Qué objetivo era tan valioso como para arriesgarse a perder la vida por un simple ataque?, Y más aún, ¿Qué tipo de humanos fueron capaces de causar semejante ofensiva?
Mi madre parece notar mi dilema y sin más prosigue caminando, siendo aún seguida por mí. Observando superficialmente a los cadáveres, como si buscara algo en ellos. Esa acción de ella me mantiene intrigado, no es como si fuera propio de ella el interesarse en otros seres vivos. Al final parece encontrar lo que buscaba y se detiene frente a un cuerpo pequeño, que analizaba con interés.
Al instante dirijo mi mirada hacía la pobre criatura que se encontraba ahí, se trataba de una niña, de cabello castaño recogido en una coleta que ahora mismo era un completo desastre. Su ropa consiste en una malla apretada de color negro, y algunas partes que antes posiblemente eran rosas, ahora solo estaba completamente manchada de sangre y con grandes rasgaduras, llamando su atención la gran herida en su espalda, la que le causó la muerte.
—Esta es la famosa aldea de exterminadores, o bueno…lo era hasta hace dos días—explica mi madre aún sin dejar de ver a la niña. Yo únicamente la miro de soslayo, haciéndole la muda petición de que continuara. —Como ves fue atacada por un gran grupo de monstruos, hacía tiempo que buscaban esta aldea, es una lástima que los asesinaran a todos, ahora esa basura se multiplicará por los alrededores—expresa algo apesumbrada mi madre, suspirando de manera fingida.
—¿A que viene eso?, no es como si de verdad tu sintieras sus muertes…—murmuro sin molestarme en alzar la voz, sé que ella sin problemas me escuchará. Ella al escuchar eso me mira con una ceja alzada.
—Me conoces bien, iré al grano, escuché tu conversación con tu medio hermano—asevera tranquilamente, acomodando algunos pelos despeinados de su cola. Un frunce casi imperceptible de mis cejas se hace presente ante esta revelación. —Espera, no creas que estoy en contra de que convivas con él, eres libre de hacer lo que quieras, solo quiero ayudarte, aunque no lo creas tu madre tiene más poderes de lo que crees, y pude interceptar tu conexión con esa muchacha, ¿Qué interesante lo que te dijo no?—manifiesta sentándose en el aire, levitando.
Me siento indignado ante su revelación, no era necesario que nadie más supiera eso. Pero antes de que lograra decir nada, ella me interrumpe.
—No te preocupes cariño, de mis labios no saldrá nada, ni siquiera para contigo, solo quiero ayudarte…ah encontrar tu humanidad y empatía de la que tanto hablaba tu padre—expresa sonriendo ligeramente, mostrando el inicio de sus blancos colmillos. Se levanta con elegancia de su imaginario asiento y se acerca a la niña caída.
—¿Qué pretendes hacer para lograr eso?—inquiero acercándome. Colocándome justo a ella, mirándola a los ojos, acto que no es muy común entre ambos.
—Muy fácil querido, en tu visión la humanidad la obtuviste al cuidar de una niña humana, pues bien, tardarías mucho en encontrar a esa niña en específico, por lo tanto te recomiendo que sumado al hecho de que convivas con tu hermano, te hagas de otra compañía, la soledad no le hace bien a nadie hijo—menciona fingiéndose preocupada, al comenzar a pensar en lo que dijo, encuentro que tiene lógica y me parece factible el practicarlo.
—De acuerdo…¿quieres que la reviva no?—pregunto a pesar de saber la respuesta. Pensaba desenvainar a colmillo celestial, hasta que mi madre me detiene.
—No, la reviviré yo, te diré algo que quizás te sea de utilidad saber para el futuro…colmillo celestial solo puede sacar a alguien de entre los muertos una sola vez; no sabes lo que pueda suceder así que debes de mantener tu esa posibilidad en cuenta, si algo le llegara a pasar a la humana, puede que no llegaras a tiempo a curarla o llevarla conmigo para ser revivida, así que lo más factible es usar mi modo esta vez—indica, sacando de su cuello el llamativo collar que le obsequió alguna vez mi padre.
—Esta es la piedra meidou, puede sacar a alguien directamente del infierno…—explica quitándoselo por completo, para después girar con cuidado a la niña y colocarlo sobre su pecho. No pasaron ni dos segundos cuando la piedra comenzó a brillar y de ella comenzó a salir un resplandor blanco azuloso que envolvió a todo el cuerpo de la chiquilla y llegó incluso a cubrirnos a nosotros.
De repente la chiquilla abrió los ojos, que resultaron ser de un color café claro, la herida en su espalda se curó y comenzó a pestañear ligeramente, acostumbrándose a la luz. De repente comenzó a toser violentamente, y me vi en la obligación de levantarla ligeramente para evitar la posibilidad de que se ahogara.
La chiquilla al verme se quedó en shock, sin acertar a decir nada. Al principio pareció asustada, al parecer después cayó en la cuenta de que la razón por la que estaba con vida éramos nosotros. Pero sin que pudiera hacer nada por evitarlo, la mocosa atrapó mi mano y se abrazó a ella besándola con agradecimiento, dejando escapar copiosas lágrimas.
—Sesshomaru…cuídala, pero no como una subordinada, cuídala como si formara parte de tu familia, esta niña está más preparada físicamente para sobrevivir, estoy segura que hasta que encuentres a la otra chiquilla no será lo mismo, pero creo que esto es lo mejor para compensar los años de diferencia, te deseo que cumplas tus objetivos hijo…—señaló antes de elevarse en el aire, y hasta que alcanzó una altura considerable, tomó su verdadera forma de perra demoníaca, y desapareció.
Me giré para ver a la criatura que sostenía con cuidado en mi brazo y la encontré llorando silenciosamente al observar a su alrededor. Se levantó con cuidado y se acercó a los cuerpos llorando aún más. Pero al final se tiró al lado de unos cuantos donde lloró más fuerte. Un molesto escozor se agolpó en mi estómago y me vi obligado a acercarme a ella.
—¡Papá!, ¡Mamá!...amigos—sollozaba de manera desgarradora. Yo me mantenía al margen del asunto, pero entonces recordé la recomendación de mi madre y aún incómodo me acerco a ella y coloco mi mano sobre su pequeño hombro. Intentando demostrarle mi apoyo. Ella se giró mirándome llorosa y entendí.
—No puedo hacer nada por ellos, pudimos salvarte a ti porque tu cuerpo estaba completo y no llevabas más de un día muerta, en cambio ellos tienen muertos desde el ataque y les faltan miembros…no hay nada que hacer—formulo de la manera más conciliadora que me es posible, ella asiente con dificultad y continua llorando en el lugar.
—Sango…—murmura la chiquilla después de dejar de sollozar.
—¿Ese es tu nombre?—pregunto con tono calmado. Ella asiente secándose las lágrimas de los ojos con un poco de rudeza.
—Mi nombre es Sango…—
Hola!
Pues bien….eme aquí, son las 2:00 de la mañana exactamente y hasta ahorita eh terminado, de verdad lamento la tardanza tan prolongada, pero se me dificulta un poco el manejar la personalidad de Sesshomaru, a pesar de que es más joven y se puede decir que su personalidad es más fácil, pues…es aún difícil.
Bien! Sé que e matado a más de uno por la sorpresa! Y digo…quien no?sango viajando con Sesshomaru!
Ojo: No pienso hacer un sesshomaruxsango, para mi su pareja perfecta es el pervertido y para sessho no hay otra más que Rin…así que…
Buenoooo espero que me dejen sus reviews donde me digan de todo, insultos, felicitaciones, críticas, recordatorios de madre…lo que sea, mientras sean constructivas bienvenidas sean…C:
Lamento si encuentran algún errorcillo por ahí, pero no tengo oportunidad de reelerlo, porque si no, pues no lo subo hasta mañana por la tarde y pues em….como que no se sentirán felices por ello XD
Por cierto! Les quiero dar un regalo en agradecimiento a que me lean tanto, y toleren mis tardanzas, hace mucho que fue hecho, pero hasta ahora puedo ponerlo…chin como no me deja poner links…entonces les dejo la parte así
(Es una dirección electrónica, mi deviantart para ser más exactos)
http: .com /art/Thanks-292368384 (solo quítenle los espacios entre el http: y entre el .com y el / así ya lo pegan en una página y les saldrá la imagen que les hice.
Algo troche…pero echa con mucho amor…XD es que aún no conocía tantos trucos del photoshop…
Buenooo
Me despido…agradezco cada uno de sus reviews, de verdad lamento el no hacer un recuento de cada una, pero pues si asi no me alcanza el tiempo ufff ando en mi último mes antes de salir de la prepa y entrar a la uni asi que…estrés a mil!
Besos…
