Thorin se había pasado la noche pensando en un regalo adecuado para Eria. La única idea decente que se le ocurrió fue hacerle un pequeño broche para trenzar su largo y bello cabello rizo, decorándolo con algunas gemas o joyas que resaltaaen sus ojos o el tono de su piel. Era un obsequio típico del cortejo enano, conociendo a la mujer, lo entendería y si le correspondía plenamente dejaría que fuese él quien trenzara su pelo y colocase el broche.
Por otra parte Bilbo, sabía que Eria gozaba de las cosas naturales y sencillas, así que le hizo un preciosa corona con las flores que cojio en el claro. Era preciosa, de colores cálidos y blancos, exquisitamente trabajada pues el pequeño hobbit era todo un maestro en cuanto a trabajos manuales.
La mujer llegó con las primeras luces del alba, estaba agotada. Se arrodilló en el suelo cuando por fin comprendió que sus amigos estaban bien y que había escapado de milagro de los wargos. No había llevado su espada con ella en un descuido que podría haber resultado fatal. Se fijó en lo enanos, esperaba que estuviesen todos a salvo, la mayoría dormían plácidamente. Sin embargo, rápidamente la mujer se percató de la ausencia del mediano, de Dolma y de dos enanos más que suponía por el olor se trataban de Thorin y Dwalin. Estaba preocupada , hasta que algo de muchas mas relevancia ocurrió en el interior de su bolsa. Sacó con cuidado el huevo que había comenzado a abrirse. Eria fue ayudando a la pequeña criatura a salir del cascarón, mientras unos fuertes chillidos salían de su interior.
Los demás habían llegado, pero Eria estaba tan sumamente concentrada y emocionada por el momento que iba a acontecer que n se dio cuenta de su presencia hasta que todos la rodearon y vieran atónitos como se comenzaban a entrever unas pequeñas garras y un hocico blandito y suave. Eria sacó todo el recubrimiento dejando ver la figura de un pequeño dragoncito blanco,este poseía una mirada tierna, distinta a la del resto de su raza, no tenia escamas sino unas plumas extremadamente suaves incluso sus alas se asemejaban a las de los pájaros, su complexión era muy distinta a la de la mayoría de dragones.
La compañía había despertado con el estruendo armado por el pequeño o debería decir la pequeña, pues era una hembra. De la pequeña criatura salio un chillido dirigido a Eria y que solo esta pudo entender. Se abrazó a la pequeña dregoncita con fuerza, aquellas palabras derritieron su corazón: Mamá.
Sabia las responsabilidades que tenía, sabia la suerte que correría y todos los problemas que había sufrido la noche anterior, pero contra todo pronostico, decidió adoptarla y criarla el tiempo que le fuese posible. Sabía lo mucho que los dragones ambicionaban el oro, pero también que no todos los dragones eran malvados, por lo que su misión seria enseñarle a valorar otras cosas por encima de la riqueza, para así asegurarse de que no causara ningún mal a la Tierra Media.
Cuando lo enanos iban a protestar por la desfachatez de tener a un dragón consigo (aunque fuese sólo una cría), Eria percibió un olor proveniente de Dolma y Dwalin, era el típico olor después de una noche de pasión. La Nyliana enfureció. ¿Como se había atrevido a hacerle eso a Thorin?. Se incorporó, arremetiendo contra ella, pero Dwalin se interpuso, aclarando los hechos.
- Nuestro rey Thorin Escudo de Roble y el hobbit Bilbo Bolsón han decidido cortejarte, por lo tanto ahora Dolma es mía.- la enana no pudo evitar ruborizarse ante la afirmación del que ahora se suponía su nuevo prometido.
Eria se quedo paralizada unos segundos intentando asimilar la información, aquello no podía estar pasando. Comenzó a temblar y a sonrrojarse tanto que sus piernas apenas eran capaces de sostenenerla, ninguno de los presentes esperaba esa reacción, una reacción dulce y tierna como la de una muchacha que asiste a la declaración de su primer amor. Cogió a la pequeña reptiliana en blazos como sus temblorosas manos le permitieron y se situó en un rincón alejado del resto. Debía elegir entre un hobbit y un enano, nunca imaginó aquella situación, así que se decantó por la sinceridad, ese seria el factor diferencial. El que primero expresase su sentir, sería el elegido.
Bilbo acudió el primero a su lado, entregándole la hermosa corona, la mujer se sintió muy agradecida, aquel obsequio era fantástico, ella adoraba la delicadeza de los trabajos manuales, sobretodo aquellos que requerían tanta destreza y tiempo cono aquel. No pudo evitar poner una mueca avergonzada, y besar la mejilla del saqueador como agradecimiento. Esto puso celoso al rey enano, que se acercó con brusquedad.A continuación le tendió una mano a Eria en la que se encontraba un broche de un considerable tamaño, pues ocupaba toda la palma de su mano. Ella lo cogió entre sus manos, estaba muy elaborado, probablemente ya llevaba mucho haciéndolo, quizás varias noches. Estaba hecha en plata con elaborados dibujos y esmeraldas incrustadas, se fijó un poco más divisando una inscripción en kuzdul que decía:
"Te llevo en mi corazón y en mis recuerdos" "Mi amada esposa".
Eria no podía creerlo, eso significaba que Thorin había recuperado la memoria, y ahora también deseaba recuperarla a ella como esta siempre había soñado. Había rechazado a su prometida, había desafiado todas las leyes enanas y había sacrificado su honor para volver a tener una oportunidad de volver a estar juntos. No lo pudo evitar, en unos instantes todos esos pensamientos, todo el alivio que sintió después de cien años de espera se desvordaron por sus ojos. Entre lágrimas vio las manos del enano que estaban sumamente magulladas por rascar y pulir aquel metal. Se avergonzó tanto de que la viesen así, llorando, que se tapó el rostro con las manos. Con unas simples palabras había perdonado todo, resuelto todo, era por eso que le había amado en un pasado y era por esa misma razón por la que supo que lo amaría siempre.
