Extrañamente, Sakura parecía sentirse más segura en la oscuridad. No, eso no era completamente cierto: cuando no podía ver el Sharingan directamente, se relajaba ligeramente. Aunque a decir verdad, apenas mostraba emoción o reacción alguna, aparte de miedo. Cualquier método para hacerle preguntas no parecía funcionar: sólo se movía bajo orden explícita. Y la única persona capaz de lograr que obedeciera era Sasuke.
Tal vez era un lavado de cerebro. Después de todo, si Itachi Uchiha tenía que ver con todo este asunto, era muy probable que le hubiera hecho algo a su mente. Por qué, nadie comprendía, puesto que no había mostrado interés por Konoha en años. ¿Qué podría atarlo a una kunoichi aparentemente aleatoria? Incluso si la meta era torturar a su hermano pequeño: ¿por qué esto, entre todas las posibilidades?
No tenía sentido, y por eso Sasuke estaba casi siempre irritado. Estaba claro que esto era un desafío, o al menos, eso pensaba él; y su meta se convirtió en tratar de descubrir cómo superarlo. Si significaba que sus orejas acabaran sangrando a causa de los gritos de Sakura, que así fuera. Aunque si él se lo pedía, ella se callaba… Y sin embargo, una parte de él quería oírla. Una parte diminuta y blandita, justo al fondo de su corazón. Quizá. ¡Pero nunca lo admitiría!
Los médicos decidieron que lo mejor que podían hacer era tratar de hacer que Sakura se volviera funcional de nuevo; tal vez esto cambiaría algo en su mente y haría que se "despertara". Sasuke necesitaba repetir sus órdenes para ella. La chica tenía una cinta alrededor de la cabeza, tapándole los ojos, para prevenir su pánico; el Sharingan, por su parte, era bastante difícil de mantener, pero él decidió que esto podría contar como ejercicio. Sí, eso tenía sentido… un ejercicio de fortalecimiento.
Naruto y Kakashi observaron el extraño desarrollo de sus compañeros de equipo: era, definitivamente, algo digno de ver.
Ocho días después del comienzo de las nuevas pruebas, Sakura ya era capaz de andar si alguien la ayudaba un poco. Entraba en pánico más a menudo que nada: nadie sino el más joven de los Uchiha podía acercársele, e incluso él tenía que hacerlo cuando ella no podía verle. Era el contacto lo que hacía que ella se tensara, como si lo estuviera tolerando sólo porque eran órdenes.
Si ese hombre le había puesto un solo dedo encima, Sasuke estaba seguro de que le cortaría varias extremidades antes de matarlo. Destrozar sus manos hasta hacerlas pedacitos era un pensamiento increíblemente atrayente.
