HE VUELTOOOOOO! Holas a todos ustedes queridos (y yo creo que bien frustrados) lectores ¿Cómo están? Sé que me ausenté por mucho tiempo, pero hubieron trastornos que se fueron de mis manos, muchas causas por las cuales no escribí este capítulo: que las vacaciones, que no tenía teléfono, que la compañía de Internet era un fiasco, además de problemas sentimentales que, obviamente, conllevan a lo tan temido por todo escritor... LA FALTA DE INSPIRACIÓN Oo! Bien, a pesar de las adversidades, aquí estoy de pie nuevamente, con el capítulo 11 escrito y el 12 en progreso, además de un nuevo proyecto de fiction: "¡¿Qué demonios me ha ocurrido!", el cual me ENCANTARÍA que leyeran (así que sin compromisos, pueden pasar y leerlo y... obviamente, dejar algún que otro comentario). Y sin más, yo, Draconiger, los saludo atentamente ¡Disfruten!

Capítulo 11:

En La Madriguera: Evasivas martirizantes

Dos muchachos bajaron de un enorme autobús de tres pisos frente a una extraña casa, que parecía haber aumentado de a poco, según la necesidad de nuevas habitaciones...

-Jamás, y repito, jamás...- comenzó el muchacho pelirrojo tambaleando débilmente al poner los pies sobre la tierra firme- ...volveré a subirme en esta cosa.

-Has dicho lo mismo la última vez, Ron- opinó la joven que iba a su lado, intentando acomodar su enmarañado cabello.

-¡Por los mil centauros!- exclamó una mujer lanzando una ojeada desde la tambaleante casa- ¡Arthur, ya llegaron!- se la escuchó gritar. Ron sacudió la cabeza en señal de desaprobación, y tirando la pesada mochila al hombro, caminó con un paso bastante apresurado hasta la entrada de su casa, por lo que Hermione, detrás de él, tuvo que seguirlo a grandes zancadas.

La madre de Ron salió a recibirlos al instante, dio un enorme abrazo a la muchacha, lo cual la hizo sentir algo incómoda, y luego otro al joven, cuyo rubor en las mejillas por la vergüenza llegó hasta el punto de arder.

-Buenas tardes, señora Weasley.

-Buenas tardes, Hermione. Vamos, pasen- los invitó, casi empujándolos.

Dentro, todo parecía mucho más cálido. La chimenea crepitaba en hermosas llamaradas, y los vasos, jarras, cubiertos y platos dispuestos en la mesa daban indicio de un almuerzo acabado hace pocos segundos.

-¿Quieren comer algo?

-No, gracias mamá- respondió Ron con un gesto de cansancio, mientras tiraba su mochila sobre uno de los sillones- Comimos en Hogwarts.

-Desayunaron en Hogwarts- aclaró mirando ceñuda a su hijo.

-No tengo hambre- precisó el pelirrojo frunciendo los labios.

Molly lanzó un bufido exasperado...

-¿Tú querida?- pregunto entonces a Hermione.

-No, no, gracias- respondió ella siguiendo trabajosamente con su equipaje los pasos al joven pelirrojo.

-Oh, deja ese baúl allí, pronto lo subiremos- avisó la señora Weasley a la muchacha haciendo unas señas con las manos- ¿Segura que no quieres comer?

-No... digo, sí, sí, estoy segura...

-Vamos- suplicó la señora Weasley, cortando un trozo de pan por la mitad y poniendo dentro de él unas fetas de queso y tocino- Cómete esto- terminó colocándoselo en la mano. Hermione luchó por negarse, pero vencida, acabó por acceder.

Un hombre alto y de cabello igual de pelirrojo que el de Ron irrumpió con sus apurados pasos en la escena...

-Molly ¿no has visto donde dejé..? ¡Ron, Hermione, buenas tardes!

-Buenas tardes, señor Weasley.

-Hola, papá- y entonces se le vino una idea a la mente y pegó un salto- Papá ¿te vas ya? ¿iremos contigo?

-¿Si he visto qué, Arthur?- preguntó la señora Weasley dando unas volteretas con la varita por sobre las vajillas, que se fueron apilando unas sobre otras.

-Papá...- volvió a llamar el joven- ¿Iremos conti...?

-Dime qué se te perdió, Arthur...

-¡Yo le estaba hablando, mamá!

-No me discutas de esa manera, Ronald- aclaró la mujer señalándolo incisivamente con el dedo.

-Mi agenda- respondió el hombre con un gesto de preocupación- No la encuentro por ninguna parte.

-Papá...

-Debo irme ya...

Ron lanzó un bufido. Y cansado de esperar una simple atención o señal que le dijera que su máximo objetivo estaría próximo, se desplomó en el sillón, y quedó allí durante varios minutos, haciendo oídos sordos a la vida misma, con la mirada perdida entre las intrigantes llamas que iluminaban la chimenea, odiando a quienes lo rodeaban.

¿Qué a nadie le importa Harry? ¿Por qué nadie habla de él?

Lanzó un segundo bufido y respondió casi sin ganas, inaudible, un grave "Adiós" en cuanto su padre lo saludó.

¿Por qué luchan para que parezca que no ocurre nada?

-¿Ron?- Molly se detuvo junto a la mirada perdida de su hijo, y éste se volvió a ella, desconectándose tan de repente de sus pensamientos que pegó un pequeño salto- Ron, cariño, Hermione quedará en la habitación de Ginny, ha acabado de subir...- parecía como si quisiera preguntarle algo con aquella preocupada mirada, y el pelirrojo desvió la suya, pues sintió que su madre lo carcomía por dentro en el súbito pesar de aquel prohibido cariño que lo unía al moreno de ojos esmeralda.

De un salto se puso de pie, y sin pensarlo dos veces, dio media vuelta y se dirigió a las escaleras...

-Ron ¿te ocurre...?

-Gracias- exclamó impregnando cada letra con la mas alta dosis de sarcasmo. Y, apretando los dientes en silencio, subió a su habitación.

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Trepó por las escaleras saltando de a dos los escalones. Sus dientes tiritaban por la fuerza que presionaban ambas mandíbulas. Tenía los puños apretados y deseaba dormir hasta que todos volvieran en si y se dieran cuenta de la gravedad de la situación.

Entró a su habitación como si tuviera el diablo a cuestas y cerró la puerta a sus espaldas con un algo violento empujón.

Su madre no lo sabía, Hermione tampoco. Menos aún su padre (no quiso pensar en qué diría su padre si lo supiese). Nadie sabía lo que sentía por él, cuanto lo necesitaba. Nadie sabía que de él dependían sus latidos, que su forma de ser se había forjado bajo sus consejos. No. Nadie sabía que entre él y Harry se luchaba por que haya más que una simple amistad.

Se hundió levemente en el blando colchón y quedó mirando el techo de su habitación. Los integrantes de los Chudley Cannons hacían fabulosas jugadas para él. Pero no le importaba. Cerró los ojos para intentar apagar ese rencor que tenía dentro, y la primera imagen que se cruzó por su mente fue una sonrisa de Harry. Aun lo tenía en la cabeza, con las concisas imágenes grabadas perfectamente. Cada movimiento. Y así su imaginación tenía la capacidad de enredarse con la realidad y volver a traerlo de ésta forma hasta su perturbada mente.

De repente se vio sentado sobre un húmedo heno verde. Sus pantalones cortos mostraban claramente las blancas piernas. No lo comprendió, pues él bien sabía que estaban en pleno invierno; pero allí, en ese momento, parecía ser primavera. Un parpadeo hizo que sus pestañas lancen destellos al sol, y sus pies, tranquilos, tocaron apenas el agua. Levantó la vista, y sus zafiros se entremezclaron con el azul del lago. Volvió la mirada hacia atrás, pero no estaba Hogwarts en donde debía estar. Solo había unos cuantos árboles más allá. Agudizó la vista. Había alguien recostado de uno de ellos. Y si mal no creía...

Se puso de pie de un salto y salió corriendo en dirección al muchacho. Éste, al verlo, hizo lo mismo, pero en dirección contraria, alejándose aún más. De repente, Ron se vio corriendo entre enormes y oscuros árboles. Y aquel muchacho, su amigo, se internaba cada vez más. Dio un viraje, otro más... con un último la distancia entre ambos era demasiada. Lo había perdido.

-¡Harry!- lo llamó. Sentía la garganta helada, y el aire le faltaba al hablar- ¡Harry! ¡¿Dónde estás!

Nadie respondió.

Se siguió internando aun mas en aquel espeso matorral. Las ramas rasguñaban sus piernas desnudas. Parecía tener ojos mirándolo desde todas direcciones. La oscuridad se cernía sobre él, como en una noche de luna menguante en el Bosque Prohibido.

-¿Quieres una taza de té?- Ron pegó un salto al ver a aquella mujer salir de la nada. Y se esquivó de ella a pesar de que fuera su propia madre- ¿o unos huevos revueltos?- negó con la cabeza, sin pensar en mirarla, solo caminando apresuradamente, con la mirada fija hacia delante, con el deseo que desapareciera.

Se volvió. No estaba.

Lanzó un suspiro y miró al frente nuevamente. Y sí. Allí estaba de nuevo. Parecía fatigado.

-¡Harry!- le gritó. El muchacho se volvió a mirarlo y echó a correr nuevamente, como asustado de él.

¿Qué demonios le pasa?

Corrió tras él, aunque ya sentía las piernas muy cansadas. Lo vio nuevamente. Apuró los pasos. Ahora parecía alcanzarlo...

-Mi agenda... ¿dónde está mi agenda?- el hombre buscaba por todas partes, detrás de los árboles y debajo de las enormes hojas de helecho- ... mi agenda... mi agenda...- parecía demente...

Al ver Ron a su padre allí le agarró una furia terrible, aunque no conocía exactamente sus causas. Lo evitó por completo, pero al volver la vista hacia su amigo, notó que nuevamente se le había escapado.

Corrió. Corrió mucho. Demasiado. Corrió sin rumbo. Solo porque sentía que debía correr. Habían pasado varios minutos, pero no encontraba al joven Potter...

-No debes tratarme mal, Ron.

Se le abrió el cielo al verla...

-Hermione...- dijo casi sin voz, tomándola de los hombros- ¿Has visto a Harry?

-No debes tratarme mal, Ron.- repitió la muchacha alzando la vista hacia él. Pero no parecía ella- No debes tratarme mal, Ron- hablaba como una muñeca. Era una enorme muñeca- No debes tratarme mal, Ron.

-No...- suplicó el pelirrojo negando con la cabeza en cuanto ella se aferró a sus brazos y no lo dejaba ir.

-No debes tratarme mal, Ron.

-¡No!

-No me trates mal, Ron.

-¡Suéltame!

-Me haces daño, Ron... Ron... - repetía su nombre cada vez más alto- Ron...- lo aturdía- Ron...- gritaba, pero no lo soltaba- Ron...

-¡Ron! ¡Ron! ¡Ron!- abrió los ojos.

Hermione lo estaba sacudiendo de los brazos.

-¡Déjame en paz!- le gritó escapándose de ella.

-Solo vine a despertarte- se excusó la muchacha con mirada ofendida.

Y él lo comprendió...

-Lo... lo siento...- se disculpó al instante, negando con la cabeza mientras se acercaba a ella- Tuve una pesadilla, solo eso, y...

-Te entiendo- aseguró ella poniéndole una mano en el hombro- Es hora de almorzar. Y Lupin ya ha llegado.

El pelirrojo la miró perplejo...

-¿Lupin?- preguntó- ¿Para qué vino Lupin?

-Tus padres parten esta noche por asuntos de la Orden. Lupin quedará a cuidarnos.

La mirada del joven Weasley quedó congelada en el frío aire de invierno. No pudo decir nada, pues eran tantos los pensamientos que se le cruzaban por la mente que lo mareaban.

-¿Te... pasa algo?- preguntó Hermione preocupada, pero él negó con la cabeza.

-No, solo... estaba pensando en algo. Vamos abajo.

La muchacha asintió.

¿Pensando en "algo" o en "alguien"?

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-Confiaré en que están en buenas manos contigo, Remus.

Dos bolsos pequeños estaban junto a la puerta, esperando la partida de sus dueños. Y en la mesa, los tres Weasley, Hermione y el ex profesor Remus Lupin comían un enorme pollo asado.

-Molly ¿alguna vez desconfiaste de mi?- preguntó el hombre mirándola con perspicacia.

-¡Oh, no! Claro que no.

-Sabemos muy bien como eres, Remus, no tengas dudas de eso- se excusó el señor Weasley- Es que a Molly le preocupa mucho todo lo que está ocurriendo.

Ron detuvo el tenedor desde el camino a su boca; un acto inconsciente que representaba el querer oír a toda costa todo, sin perderse de una sola palabra.

-A todos nos preocupa. Especialmente lo de Harry- acotó Lupin. Ron alzó la vista- Y con respecto a él, yo creo que...- Hermione estornudó, y al instante la señora Weasley soltó un carraspeo- Salud...

La mesa entera quedó en silencio, acompañados solamente por el tintineo de los cubiertos de todos los comensales. De todos menos de los de Ron.

-¿Qué iba a decir, profesor?- preguntó.

-Oh ¿yo? Nada, nada...- respondió mirando por el rabillo a la señora Weasley un instante- ¿Me pasas la ensalada?

Ron se la acercó, guardando en sus adentros aquellas palabras que deseaba intercambiar con su profesor, con aquel hombre tan cercano a su amigo.

¿Cuánto tendré que esperar, que sufrir, hasta verte?