La mesa del comedor de la casa de los Potter era tan grande como la de la mansión Malfoy, pero allí parecía llenarse sin problemas, a diferencia de la casa de Scorpius, con apenas tres, y con suerte cinco, personas sentadas a la hora de cenar.
La disposición de los asientos había resultado un gran dilema, y numerarlo aquí otro más grande aún, pero se intentará hacer con la mayor precisión posible: Harry estaba sentado en la cabecera de la mesa, Ginny a su derecha y James a su izquierda, a quien por cierto habían obligado a bajar y Ginny quería tenerlo cerca para vigilarlo; al lado de James estaba Ron, y junto a Ginny Hermione, con lo que Ginny intentó tener a Ron y a James lo más lejos posible de los Malfoy; al lado de Ron, Hugo, y Lily frente a él; junto a Hugo estaba Albus, y junto a Lily, Scorpius; junto a Albus, Astoria y junto a Scorpius…Rose; Draco estaba en la otra punta de la mesa, frente a Harry.
–James–Murmuró Ginny con los dientes apretados–, te he dicho que te quites eso. Ahora.
James se había empecinado en que bajaría a cenar sólo si usaba su uniforme color escarlata de Quidditch.
–Hijo–Murmuró Harry–, por favor. Por Al.
James miró a su padre un largo rato y al final se lo sacó por la cabeza.
Draco sonrió.
–Ni tu hijo soporta los colores, Potter. ¡Au! –Se quejó sobándose la pierna y mirando a su mujer.
–Compórtate–Le ordenó Astoria.
–Póntela ya, James–Le ordenó Ron en un susurro. A James no le costó mucho trabajo obedecer a su tío.
– ¿Qué decías allá…fuera, Ron? –Le preguntó Harry a su amigo, que engullía comida sin apartar los ojos de Draco.
–Oh, sí…–Ron tragó con dificultad y recuperó su entusiasmo–Este año en Hogwarts sucederán cosas fabulosas, chicos–Les sonrió a sus hijos y sobrinos, y luego vacilantemente a Scorpius–. La última vez fue hace más de veinte años.
James miró a Ron con curiosidad.
– ¿Qué es, tío Ron?
–Oh, creo que será más emocionante si es sorpresa, James–Le sonrió su tío afablemente.
–Oh, vamos–Rezongó Draco–Weasley, si estás hablando del t… ¡Ouch! –Se frotó la otra pierna y miró a su mujer enfadado.
–Yo no fui–Se excusó ésta, y todos miraron a Scorpius.
–Te lo merecías–Se defendió el muchacho–. No debes ser chismoso.
Harry reprimió la risa. Ginny sonrió levemente, y Hermione se cubrió la boca con una mano. Pero Ron estalló en una risa estruendos, coreado por James y Hugo, hasta que el primero fue silenciado por la mirada de su madre.
–Papá, Hugo… por favor…–Les rogó Rose, colorada.
Hermione vio a su mortificada hija y decidió actuar.
–Ronald, Hugo, ya basta–Ordenó tranquila pero firme.
Funcionó. Ambos dejaron de reír.
Draco observó a Rose frotándose la barbilla con el ceño ligeramente fruncido.
–La cría se te parece mucho, Weasley–Observó dirigiéndose a Hermione. Scorpius lo miró con enfado.
–Oh, no–Respondió Ron mirando a su hija con una sonrisa afectuosa–. Es incluso más bonita que su madre.
Rose enrojeció. Draco arqueó una ceja.
–Su cabello es menos…voluminoso–Observó sonriendo ligeramente. Astoria lo miró amenazadoramente, por lo que dejó de sonreír.
–Pues–Dijo Astoria intentando suavizar la atmosfera–no parece de catorce años. Se ve mayor.
Hermione sonrió.
–Pues Scorpius lo mismo. Es muy alto para su edad–Comentó.
–El único enanín aquí es Al–Se rió James, pero se detuvo ante la mirada que le echó su madre.
–Ya crecerá–Comentó Harry sin preocuparse–.Yo lo hice, ¿No?
– ¿Podrían dejar de hablar de nosotros como si no estuviéramos aquí? –Se quejó Albus.
Mientras tanto, Rose y Scorpius parecían tener dificultad con los cubiertos; ambos tenían los codos pegados a los costados intentando no rozarse. Lily, por el contrario, parecía empecinada en que su fulgurante cabello rojo rozara al muchacho rubio en cualquier oportunidad.
–Lily–Le dijo Rose cuando la situación se había hecho demasiado obvia, y desagradable, para Albus–, ¿Podrías cambiar de lugar con mi mamá? Quiero decirle algo.
Lily sonrió. Miró a Scorpius sin borrar la sonrisa, y dijo: – ¡Tía Hermione! Rose quiere decirte algo.
Hermione miró a su hija.
– ¿Qué pasa, cielo?
Rose se puso roja.
–Yo…
–Es que invité a Rose a quedarse en casa unos días–Intervino Albus ante la mirada atónita de todos y cada uno de los presentes–. ¿Puede, tía Hermione?
– ¿Qué? –Exclamó Lily, que parecía contrariada y molesta. Miró a su prima– ¿Rose? Pero… Rose, tú no quieres…
Hermione frunció el ceño. Miró a su esposo. Ron miró a Scorpius una vez y luego a su esposa negando firmemente con la cabeza.
– ¿Tú quieres quedarte, hija? –Le preguntó Hermione a Rose.
–Yo…–Rose le echó un vistazo a Scorpius y bajó la vista hacia su plato, ruborizándose–Si no es molestia…
–Mamá–Llamó Albus a Ginny– ¿Puede…?
Ginny miró a Harry, que se encogió de hombros; luego miró a Ron, que negaba frenéticamente con la cabeza articulando con los labios "no", y luego a Hermione, que dijo:
– ¿Qué opinas tú, Ginny?
–Por nosotros no hay problema–Respondió ella.
–Por el nuestro tampoco–Repuso Hermione, ignorando a Rose y sus gestos exagerados.
–De acuerdo, Rosie–Le sonrió Albus–: Te quedas.
Lily parecía en estado de shock. Scorpius, animado, y algo incómodo por las miradas que le echaba su madre. Draco Malfoy pareció no percatarse de nada, pero ron miraba a Scorpius y a Rose alternativamente muy enfurruñado.
Los Weasley y los Malfoy se fueron a casa, y al rato regresaron Rose y Hermione por aparición contigua con el baúl con la ropa de Rose y un bolsito rosa claro, que era el que llevaba los artículos personales. Todos ya estaban en sus camas, excepto Ginny, que se había quedado levantada para recibirlas. Luego Hermione regresó a su casa desapareciendo y Ginny y Rose se dirigieron al cuarto de Lily.
–De acuerdo, Rose–Le dijo su tía abriendo con sigilo la puerta de la habitación de Lily–, he puesto una cama más para ti. Tu ropa está doblada en el baúl, y el bolso a los pies de la cama. Buenas noches.
–Gracias, tía Ginny. Buenas noches–Respondió la niña sonriendo y cerrando la puerta tras sí.
La lámpara que estaba junto a la cama de Lily se encendió.
Rose se sobresaltó.
–Hola, Rose–La saludó Lily, seria.
–Hola, Lil–Rose intentó sonreír y comenzó a desvestirse. Se puso el camisón de seda rosa, largo ahora hasta sobre las rodillas, ya que había crecido.
– ¿Por qué te quedas? –Le preguntó la pelirroja.
Rose la miró, ya metida en su cama.
–Al me invitó–Replicó algo indecisa, ya que en realidad no estaba muy segura de que esa fuese la razón precisamente…
–Lo sé–Lily la miraba fijo. Entrecerró los ojos–. Esto no tiene nada que ver con Scor, ¿Cierto?
Rose arqueó las cejas.
– ¿Qué? ¿"Scor" es de tu propiedad? –Se burló.
Lily entrecerró aún más los ojos.
– ¿Tiene que ver?
Rose evitó su mirada y la fijó en el cielo raso, preocupada.
"Creo que sí" Pensó sorprendida.
–No–Le aseguró.
Lily se tranquilizó. Sonrió.
–Te creo. Lo siento, es que…en verdad me gusta, Rose, lo siento.
Rose suspiró.
"Yo también lo siento."
–Lo sé. Te creo. Buenas noches–Forzó una sonrisa y se dio vuelta en la cama, dándole la espalda a su prima. Lily pareció entender que la chica no estaba dispuesta a hablar y apagó la luz.
Pasaron los minutos, y Rose no conseguía conciliar el sueño. Estaba demasiado sorprendida por la conclusión a la que había llegado su cerebro como para hacer algo tan trivial como dormir.
Cuando estuvo segura que la respiración de Lily era la de alguien inconfundiblemente dormido, se calzó las pantuflas y salió con sigilo gatuno por la puerta.
En el cuarto de Albus, que se encontraba en el mismo rellano, entre el de Lily y el de James, las cosas eran diferentes.
– ¿Por qué has hecho que Rose se quede aquí? –Le reclamaba Scorpius a Albus mientras se miraba incómodo en el espejo, probándose el pijama que le había prestado Albus– ¿Y no tienes otro pijama?
Albus lo miraba conteniendo la risa.
–No.
Scorpius gruñó, abotonando con dificultad el ceñido pijama.
–No es mi culpa que olvidaras el tuyo.
–Pero mira que esto…esto…–Scorpius tiró de las mangas, que le quedaban por debajo de los codos–esto es espantoso. ¿Qué eras, un duende? –Preguntó enfadado tirando del pantalón, a mitad de la pantorrilla. Albus dejó de reír.
–No. Tenía once años, ¿Sabes?
–Y eras un enano–Añadió Scorpius, que se sentía acalambrado–. ¿Por qué todavía conservas esta…reliquia?
Scorpius tenía puesto, muy apretado por cierto, el pijama púrpura que Albus había usado en primer año. El pobre chico apenas se podía mover y temía que los botones fueran a reventar.
–Por los buenos momentos–Dijo Albus con aire soñador–. Goyle nos insultó a mi padre y a mí por primera vez cuando llevaba este pijama–Luego abandonó todo sarcasmo–. Y con este pijama también me defendiste de él. Ese día nos hicimos amigos.
Scorpius sonrió, pero movido por otro pensamiento.
–Hablando de Goyle y tu pijama… ¿Seguro que no se lo robaste a Lily? Creo que Goyle tenía razones para desconfiar…
Albus tomó una pila de objetos chatos y rectangulares y se los lanzó. Scorpius se escudó con sus brazos y rebotaron contra ellos.
– ¡Au! ¿Qué me lanzaste? –Se agachó y recogió uno de los objetos. Era una carta. Había más de veinte cartas en el suelo– ¿Qué es todo esto? ¿Quién te escribe tanto?
Albus abandonó toda expresión bromista.
–Ah, eso–Miró las cartas con el ceño fruncido y luego se tiró en la cama, mirando el techo–. Nadie que importe.
Scorpius le mostró la carta, aún sellada.
– ¿Puedo…?
Albus se encogió de hombros sin mirando.
Scorpius dio vuelta la carta y leyó "Albus Potter" con una letra chueca que le era familiar.
– ¡Es de Emma! –Levantó y leyó el dorso de las demás– ¡Todas lo son!
Miró sorprendidísimo a su amigo, pero Albus simplemente volvió a encogerse de hombros.
–Lo sé.
– ¿Y no piensas abrirlas? –Scorpius lo miró atónito.
Albus puso cara de enfado.
–No me interesa nada que tenga para decirme.
Scorpius iba a abrir la carta cuando se detuvo.
– ¿Puedo…?
–Ya te he dicho que sí–Albus parecía irritado, así que Scorpius no insistió y abrió el sobre.
"Albus:
¿Por qué no has respondido mis cartas? ¡Perdóname por favor! Sé que te sentiste utilizado, pero yo jamás, JAMÁS sentí que te estaba utilizando. En cuanto a James y yo… ya terminamos, Albus, se acabó…"
Scorpius abrió otro:
"Albus:
No sé porque no respondes, pero ya seguir insistiendo me parece absurdo. Si no quieres perdonarme, bien por ti. Tú en tu camino y yo en el mío. Así que…"
"…No lo decía en serio, en verdad quiero que vuelvas a ser mi amigo. Eres mi mejor amigo, y lo has sido siempre…"
"…Ya no sé cómo decirte que lo siento. Extraño tus cartas, tus bromas, tus consejos, extraño… todo. Te extraño a ti. Por favor, Al…"
"…Nunca había estado tan triste, y no, no es por James, es por ti. Eres mi mejor amigo, o por lo menos lo eras, porque ya no me diriges la palabra, no respondes mis cartas…"
"…Albus Potter, dices que yo quería que tú estuvieses pendiente de mi y me consueles, cuando yo NUNCA te pedí algo como eso, de modo que tú y tus reclamos pueden irse a…"
"Al, por favor. Por favor, amigo. Perdóname. No te pido más que eso. ¿No quieres ser mi amigo? ¿No quieres volver a dirigirme la palabra? Lo entiendo, y tal vez me lo merezca. Pero sólo pido tu perdón. Solo eso, y no volveré a molestarte jamás.
Te extraño."
"…Te extraño."
"…Te extraño."
"…Te extraño."
"…Te extraño."
"…Te extraño."
"…Te extraño."
"…Te extraño.
Emma."
Scorpius dejó las cartas a un lado y miró a su amigo.
– ¿No piensas leerlas?
Albus lo miró de un modo que dejaba muy en claro que no.
–En verdad parece muy arrepentida–Comentó Scorpius.
Albus lo miró.
–Entonces ve a consolarla tú. No creo que la incomode.
Scorpius se mordió el labio. Se acercó a su amigo.
–Albus Severus Potter, yo JAMÁS me fijaría en Emma Wilson. Sé lo que significa…bueno, bueno, lo que significó–Dijo haciendo mímica de comillas con los dedos–para ti. Y por lo que, al único que quiere para consolarla eres tú.
Albus volvió a fijar la vista en el techo. Scorpius consideró que lo mejor era cambiar de tema, ya que Albus no parecía dispuesto a ceder.
–No me has respondido. ¿Qué hace Rose aquí?
Albus se encogió de hombros, aún mirando el techo, pero sonrió.
–Supongo que te mereces una oportunidad.
Ahora Scorpius le arrojó un puñado de cartas. Albus las esquivó limpiamente.
–Buenos reflejos–Lo felicitó Scorpius asombrado.
Albus se encogió de hombros.
–Una vida con James lanzándote cosas te hace fuerte.
– ¿Nunca pensaste entrar en el equipo? –Le preguntó su amigo.
Albus se sorprendió.
– ¿Lo dices en serio?
Scorpius se encogió de hombros.
–Claro. Sería genial tener un amigo en el equipo. Además–Añadió en broma–, las chicas adoran a los jugadores de Quidditch.
Albus volvió a mirar el techo, apático.
–Tal vez por eso James se queda con las chicas. Aunque todas con las que ha salido son superficiales y bobas.
Scorpius lamentó la mención del tema.
– ¿Tienes galletas de chocolate? –Le preguntó de repente.
Albus lo miró con extrañeza.
– ¿Galletas de chocolate?
–Sí, bueno, es que siempre como galletas de chocolate antes de dormir, y olvidé las mías en casa–Confesó.
Albus se rascó la cabeza.
–Galletas de chocolate…–Murmuró intentando recordar–mmm…No lo sé. No fijamos mañana, ¿Quieres?
–No entiendes–Le dijo Scorpius inquieto–: necesito comer galletas de chocolate antes de dormir. No puedo dormir si no como galletas de chocolate.
Albus bufó rodando los ojos.
–Eres un niño mañero–Se desperezó y se pasó la mano por el pelo, color negro tinta–. Ve, a ver si encuentras algo en la cocina–Bostezó y cerró los ojos.
Scorpius lo miró arqueando las cejas.
–No voy a ir a revolver cajones en la cocina de tu madre.
Albus se encogió de hombros y sonrió con los ojos aún cerrados.
–De acuerdo…iré a despertar a Rose para que te ayude a buscar…
– ¡No! –Exclamó Scorpius rápidamente. Temía de lo que Albus fuese capaz– ¡No, voy yo solo!
Albus se dio vuelta y se tapó con la manta. Respiró profundamente.
–Eso creí–Apagó la luz en cuanto Scorpius abrió la puerta, dejando entrar la luz tenue que provenía de la lámpara del rellano.
–Cretino–Le susurró Scorpius con acritud.
–Niño Galleta de Mami–Le respondió un susurro desde la cama de Albus.
Scorpius cerró la puerta y bajó las escaleras hasta la cocina. La habitación estaba vacía, en penumbra, pero le daba vergüenza la sola idea de revisar alacenas ajenas, por lo que se dio vuelta, resignado a una noche de insomnio, cuando chocó contra algo cálido, y un objeto cayó al suelo.
Se paró en seco con el corazón latiéndole muy rápido. Se encendió una luz tenue y así descubrió contra qué, o mejor dicho quién, había chochado: era Rose Weasley, en el camisón de seda con el que sólo la había visto una vez, pantuflas, mirada asustada y mejillas muy rojas. Y la tenía a poco más de diez centímetros. Podía oír su respiración. Llevaba una vela en un plato entre las manos.
–Yo…–Rose fijó los ojos en la llama, única luz en toda la habitación–yo no sabía…lo siento–Se dio vuelta e iba a salir por la puerta abierta cuando Scorpius la agarró del brazo, pero apenas lo hizo la soltó.
–Espera–Rose lo miró–. Yo…–Scorpius tomó aire–yo…–Ni siquiera él sabía por qué la había detenido–Yo…
– ¿Sí? –Susurró Rose.
–Eh…–Scorpius se quedó mirándola con la boca abierta. Tragó saliva–eh…yo… ¿Sabes donde hay galletas de chocolate?
Rose le sonrió tímidamente. Se encogió de hombros.
–Podría ayudarte a buscar.
Scorpius no pudo evitar devolverle la sonrisa.
–Gracias–Repuso–. Aunque conste que me mandó Al. Yo nunca hurgaría en la cocina de tu…
–Lo sé–Lo interrumpió Rose, sin perder la sonrisa, pero cuando él la miró a los ojos ella los fijó en la alacena que acababa de abrir. Dejó la vela en la encimera–. Aquí están las…eh…–Se aclaró la garganta. Scorpius se inclinó cerca de ella, tan cerca que pudo sentir el aroma de su cabello: Olía a chocolate.
–…Son de vainilla–Susurró el chico en su oído–. No me gusta la vainilla. Prefiero el chocolate.
Rose se apartó el pelo del rostro. Se enderezó y cerró la puerta de la alacena, haciendo que la llama de la vela vacilara.
–No hay de chocolate, Scor–Agarró el plato con la vela y le dio la espalda.
Scorpius observó su largo cabello café.
– ¿Cómo está Lys? –Le preguntó Rose después de un momento de silencio.
– ¿Qué? –Bizqueó Scorpius–Oh, Lysander. Mmm… No lo sé, no le he escrito.
–Oh–Murmuró Rose–. ¿Nada?
–Nada. Aunque tal vez a ti Scamander te haya dicho…
Rose se dio vuelta y lo miró
–No he hablado con Lorcan.
– ¿Nada? –Susurró él.
Rose negó con la cabeza.
–Nada.
Se miraron largo rato a la parpadeante luz de la vela.
– ¿Quieres Chococrunchies? –Le preguntó Rose después de un rato, parpadeando repetidas veces y abriendo la alacena.
– ¿Choco qué? –Se extrañó Scorpius.
Rose soltó una leve risa.
–Es un cereal muggle que me gusta mucho–Sacó una bolsa plástica de la alacena–. Mi mamá lo trajo para mí–Sacó dos cuencos y rasgó la bolsa. Sirvió en uno de los recipientes– ¿Quieres? –Le sonrió al chico, que estaba indeciso–Son de chocolate.
Scorpius también sonrió.
–Podría probar–Rose se sentó a la mesa de la cocina y Scorpius lo hizo a su lado. Ambos giraron las sillas para quedar uno orientado hacia el otro. La muchacha colocó la vela sobre la mesa, cuya luz incidió en los dos rostros juveniles y ruborizados. Rose le sirvió cereal a Scorpius en el otro recipiente y se lo tendió. El chico lo tomó y se llevó una de esas bolitas cafés a la boca. Era crujiente, del dulce sabor del chocolate.
Rose lo miraba atentamente a la espera de su reacción.
–Delicioso–Concluyó Scorpius tomando un puñado y llevándoselo a la boca–. Qué pena que no volveré a comerlos.
Rose frunció el ceño.
– ¿Por qué no?
Scorpius tragó y dijo con su característica ironía:
– ¿Te imaginas a mi padre yendo a una tienda muggle a comprar Chococrunchies?
Rose puso cara de comprensión.
–Yo…–Se mordió el labio–Yo podría enviártelos por correo.
Scorpius le sonrió.
– ¿Lo harías?
Las mejillas de Rose parecieron enrojecer a la tenue y única luz de la vela.
–Por supuesto.
– ¿Es un trato? –Preguntó Scorpius.
Rose extendió una mano.
–Te doy mi palabra.
–Eso es más que suficiente para mí–Scorpius estrechó la mano de Rose–. Será nuestro secreto.
Rose miró las dos manos, que seguían tomadas aún cuando el saludo propiamente dicho había concluido. Scorpius entrelazó sus dedos con los de Rose, que no retiró la mano, sino que también tomo la de él.
–Nuestro secreto–Repitió la chica sonriéndole a Scorpius–. Tienes las manos heladas.
Scorpius tomó las dos manos de Rose y las apretó entre las suyas.
–Ahora tengo las tuyas para calentarlas.
–Las tienes–Respondió Rose.
La luz se encendió de golpe. Scorpius y Rose se soltaron las manos.
– ¿Qué hacen aquí, solos, a oscuras? –Lily, en su camisón blanco con mangas y cuello amarillos, entró en la habitación. Con las manos en la cintura y los ojos entrecerrados los observó alternativamente.
–Nada–Respondieron al unísono intercambiando una mirada y sonrisas cómplices que hicieron que Lily los mirara con mayor desconfianza.
–Yo quería galletas de chocolate–Comentó Scorpius–, pero Rose no encontró nada aquí.
Lily sacudió el cabello altivamente y esbozó una sonrisa burlona. A Scorpius le llegó un potente perfume a vainilla que provenía de su cabello. Por poco arrugó la nariz.
– ¡Oh, es que Rose es algo tonta! ¡Nunca encuentra nada! ¡Yo lo haré! Conozco mi casa mejor que ella, Scor. No me tardo. Tiene que haber algo en el cuarto de víveres…
Rose la miraba con enfado, pero antes de que hablase Scorpius la miró y negó con la cabeza
–Gracias, Lily–Le dijo el muchacho al tiempo que la niña salía de la habitación.
Volvieron a quedarse solos en la habitación. Rose sopló la vela y la apagó. Scorpius pensó que se veía muy linda en su ropa de dormir. Rose lo miró, y le sonrió arqueando las cejas. Scorpius también le sonrió.
–Bonito pijama–Rose soltó una leve risa.
La sonrisa se borró de los labios de Scorpius y sintió como la sangre se agolpaba en sus mejillas. Se pasó la mano por el pelo y se miró el pecho, envuelto en el pijama púrpura de Albus.
–Olvidé el mío–Explicó atropelladamente–, y Albus no tuvo mejor cosa que darme esto. No entiendo porque aún lo conserva. Mañana escribiré a mis padres para que me envíen el mío…
– ¿De cuándo es esa cosa? –Curioseó Rose con una sonrisa–Parece de un niño de ocho años.
–Albus tenía once cuando lo usaba, pero creo que sí, tenía el tamaño de un niño de ocho, tal vez de siete…–Algo lo golpeó en la cabeza. Se sobresaltó tanto que se le cayó el cuenco con Chococrunchies y los cereales rebotaron contra el suelo. Se dio vuelta, pero no vio a nadie. Se llevó una mano al pecho, y suspiró, una vez pasado el susto completamente indignado.
