LÁMPARA PARA OTRO SOL
Un recuerdo de Sol
Ha llegado la hora
(Víctor — Viriathus)
El mundo ya no es lo que solía ser.
Había nacido en el clan de los arévacos, uno de los tantos clanes en los que se escindieron los midari. Sí, la mía fue la historia de los Primeros Ponis, de la Segunda Migración y la gran guerra contra los alicornios. Yo me replegué a las órdenes de Merlín, y bebí del agua inmortal del río Tyren, que hoy ya no fluye. Yo vi a Equestria desangrarse y cambiar.
Jamás quise quedarme en las tierras que fueron de los arévacos. Los zahoríes somos movimiento y mis cascos me llevaron a explorar el Mundo Conocido. Así conocí un montón de lugares que sólo podían verse una vez en cinco mil años, el amor de pequeñas culturas que inevitablemente eran absorbidas por otras más grandes. Yo caminé los senderos de los nómadas y me enamoré de sus pasos por el mundo.
Fui igual, a mi propio estilo yo igual era un nómada, mis cascos inmortales me hicieron un viajero incansable y mi corazón Manante me hizo un defensor de aquellos pequeños pueblos. Tal vez leíste mi nombre en algún libro de historia y no lo sepas.
Pero siempre fallé. Yo no soy un líder. Merlín es un líder. Yo sólo soy un zahorí, un amante de la velocidad.
Me radiqué con los gitanos, y durante mucho tiempo no salí de Ándalos. Es un país extraño, nacido ahí donde grandes flujos poblaciones se encontraron, se mezclaron y se unieron: toros, lobos y ponis, principalmente: asnos, carneros y bisontes en menor medida. Es un país donde el orgullo tribal o regional va por sobre la identidad nacional. O al menos era así hace un siglo.
Yo había conocido a una hermosa poni gitana llamada María. Una bellísima luna en aquella galaxia infinita que era Ándalos. Una flor que por mi culpa descendió a las tinieblas.
La vida de nuestro grupo es dura. Poco después de nuestra derrota frente a los alicornios, en aquel lugar que llamábamos Los Valles Susurrantes y que hoy llaman el Quickgreen, Merlín reunió a un grupo de sobrevivientes y nos llevó a las tierras de su clan. Éramos un grupo pequeño: estaba yo, triste sobreviviente de la batalla: yo, el mensajero; Merlín y su vecino Aldebarán del clan Tauro; Huáscar y Windheart, los hermanos de las plantas; Anmergal siempre intranquilo; Kyuzo, el furioso; Kaley malherida; Wong Fei Hung imperturbable; Zursodda y Malik, quienes hablaban con los espíritus; y Zecora, la hechicera. A mitad de camino se nos unió un joven unicornio llamado Gabriel. No lo supimos entonces, pero Insanity había sobrevivido y siguió nuestros pasos a duras penas.
Éramos miserables. El agua de un río cristalino, jamás tocado por nada que no fueran los dioses, nos dio una vida eterna que sólo sirvió para que viéramos nuestros fracasos una y otra vez. En Ándalos cazaron a Malik y perdimos un importante miembro.
Nada de eso me importó cuando conocí a María, y no podía importarme menos cuando nació Rosa. Al fin era feliz. Por una vez no me sentí un fracasado.
Es una historia por todos conocida. No fui el primero en perder a su gran amor. Aldebarán lo sufrió. Zecora vio morir a su esposo Zabralkán a manos de los alicornios. Zursodda perdió a su esposo Malik en el mismo país donde yo vivía. Qué decir de Insanity, ella sufrió por ambas, y por Gabriel quien aún no olvida a su amor. El pobre Huáscar perdió toda oportunidad con su amada antes siquiera de ser un Manante. Kyuzo..., es un animal extraño que jamás habría tenido una oportunidad con su amada.
Pero yo tenía una hija.
Si nuestro clan, Los Paladines Verdes, dedicó su existencia para combatir a los Alicornios, surgieron varias sectas que trataron de resucitarlos. La que más odiamos es la de los Oscuros. Manantes corrompidos, Auth en su mayoría, que nos han combatido y cazado. Ellos hallaron la forma de vencer una inmortalidad, y así pudieron acabar con Malik. Ellos me hallaron en Ándalos y acabaron con mi esposa y con mi hija.
Yo estaba en el Guadalquivir. Debí estar en casa. Yo puedo correr a velocidades con las que la luz solo sueña, pero aun así siempre llego tarde. Y cuando abrí la puerta de mi casa..., tanta sangre.
Mi esposa y mi hija no tenían la culpa de nada. Su asesino se rió de mí y escapó. No lo pude alcanzar. Jamás lo he alcanzado.
Ellas no tenían ninguna culpa. Ellas no tenían por que haber sufrido tanto. Puedo correr más rápido que la luz, pero no las salvé.
¿Por qué siempre llego tarde?
¿Por qué los Oscuros aún no me cazan?
