Capitulo 11. Reflejo
«Soy lo que ves, o lo que quiero que veas…
Yo tampoco lo sé…»
De una palmada en su vientre; ella abrió camino a su intimidad, él bajo del escritorio, quedando frente a frente con aquella imagen húmeda y palpitante.
—Rin…— Rin no contesto, el miedo la dominaba por completo. —debes decir, "si señor"
—Si señor… —y las lágrimas corrían con impotencia por sus mejillas.
—Rin… —volvió a llamarla.
—Si, mi señor...
—Llámame Yako —y de inmediato profano su interior con la lengua, enterrando sus uñas en la delicada piel de los muslos, levantó las piernas de la mujer para tener mejor ángulo de invasión dejándolas abrazadas a su cuello.
—Yako… —repitió ella, ahogando las lagrimas y entregada a la situación —…no me lastimes…— él se detuvo y ella apretó los ojos esperando un castigo.
Satisfecho con el miedo infundado en su presa, rápidamente trepo por su cuerpo nuevamente, hasta quedar cara a cara.
Y la sonrisa del hombre reapareció con prepotencia y petulancia, ella no tenía derecho a pedir, solo debía acatar y gemir.
Para Rin, nunca las sonrisas de Sesshomaru le parecieron macabras hasta ese momento, teniéndolo tan cerca; no podía dejar de mirar su iris rodeado de furia, ese rojo que parecía consumirlo desde lo más profundo de esa personalidad reprimida, era cierto, no era el Sesshōmaru que ella conocía.
Jamás imagino que un hombre como él tuviera doble personalidad, peor aún, una tan desquiciada.
Giró el rostro y cerró los ojos, no aguantaba más verlo transformado en un monstruo, era por eso que él no recordaba ciertas cosas por la mañana, sus noches juntos eran solo un mal recuerdo para ella; por culpa de Yako.
Como lo odiaba, siempre odiaba esa punzada en su interior cuando ella lo miraba a los ojos, intento acallar esa molestia pensando "lo busca a él, desea que él venga a salvarla"
—Ahora no deseas mirarme… —dijo él apoyando sus labios en la mejilla de Rin —acaso ahora no soy… ¿de tu gusto?
—…—ella no supo que responder, y aunque supiera, no se atrevería a decirlo.
Y aquel silencio fue el aliciente para sus juegos, la conversación había acabado y la acción debía predominar la situación. Introdujo un dedo en su matriz, el placer siempre doblegaba su miedo, esta de inmediato levantó la cabeza intentado reaccionar; pero fue inútil, rápidamente volvió a su posición, él resoplo con algo de impaciencia, ella no se estaba resistiendo, mas bien, él no conseguía satisfacerla.
Medio segundo duro el atisbo de compasión, él no era compasivo, él buscaba y él conseguía, nada más.
Y con experticia retomo el juego en su interior, con movimientos diestros comenzó a formar en ella una vorágine de sensaciones, dolor mesclado con éxtasis que comenzaba a sacudir la voluntad abatida.
La ladina mueca de satisfacción volvió a su rostro cuando ella recupero fuerzas para rechazarlo, que sería de su placer si ella no ponía resistencia, esa Rin fácil de complacer era molesta, no le exigía esforzarse, no le exigía ser mejor…
Ahí reaccionaban sus piernas, intentando cerrarse; intentando desalojarlo, sus labios siendo mordidos en busca de una distracción para lo que estaba por suceder en su vientre, la convulsión previa le indicaba que una vez más le pertenecía, era el único que podía satisfacerla, él único que podía hacerla feliz…
Y al abrir sus ojos de golpe, las lagrimas saltaron de las cuencas, el placer no le permitía poner resistencia al clímax, mordía sus labios intentaba rechazarlo, apretaba fuerte sus puños enterrando sus uñas en la flagelada piel, pero todo era inútil, él tenia el absoluto control.
Invadida por el deseo y la necesitad, a duras penas enfoco su vista justo cuando Sesshōmaru retiraba el dedo de sus pliegues y lo llevaba a su boca, gesto que no solo la encendió mas, si no que la entregó por completo a merced de su captor.
Sesshōmaru le demostraba con ese pequeño juego; que no jugaba, Rin perdería el control y él no le permitiría recuperarlo. Ella le pertenecía. Dos dedos en su interior y la gloria para Rin estaba cerca, jadeos, presión, palpitaciones en su interior; estaba cerca de su culmine…
— ¡Sesshōmaru…! —jadeo en un susurro su nombre, no lo suficientemente suave, él; como un grito directo a su orgullo, perfectamente lo escuchó.
Retiró los dos dedos una vez más, ella cerró los ojos esperando el ansiado orgasmo que le regalaba el hombre, pero lo que entró en su cuerpo no lo reconoció, peor fue su miedo cuando lo dejo adentro y bajando del escritorio tomó distancia, dejando que el frio de su lejanía invadiera su cuerpo y erizara su piel.
A un metro de ella volvió a sentir miedo de él, peor, desnuda sobre el escritorio busco con que cubrirse, él acercando sus ropas lo permitió, usando los delgados dedos intentó retirar al intruso. Yako la castigó.
— ¡AH! —Gimió fuerte y prolongado hasta taparse la boca con la mano.
—Es simple— bloqueo el celular y lo guardo en su bolsillo—, anula el contrato y permitiré que te lo quites—dándole la espalda, con naturalidad limpio sus manos con un pañuelo, arreglo su ropa y acomodo su cabello.
— ¡Que…! —apenas vocifero mientras el vibrador en su interior se movía a velocidad media.
—…En serio deseas tener un hijo conmigo… —y su sarcástica sonrisa paso a segundo plano, Rin enfoco su atención en los ojos del hombre a unos metros, aun con la distancia entre ellos pudo notar, cierta contradicción, molestia mesclada con dolor.
Sin explicaciones volvió a sacar el celular y aumento la velocidad sin motivo, Rin se retorció.
Rin no podía hablar producto de los espasmos y mejor así, él no deseaba escucharla, las lágrimas comenzaban a llenar sus ojos y la excitación haría que se desmayara.
—Si te lo quitas, estarás incurriendo en el incumplimiento del contrato —sacó el documento y con calma comenzó a ojearlo. Giró nuevamente hacia ella y mirándola a los ojos preguntó — cuanto puedes aguantar… "querida Rin". —y dejando un beso en su mejilla salió de la oficina, Rin debía cambiarse y volver a la reunión su diversión recién empezaba.
Al cerrarse la puerta tras Sesshōmaru, el silencio fue interrumpido por un silencio gruñido de furia e impotencia que había aprisionado en su garganta, las lagrimas brotaron sin control, sus piernas flaquearon y terminó sentada llorando de enojo en el frio suelo, apretó el vestido entre sus brazos, no estaba segura de que dolía mas, la humillación o su corazón destrozado.
Yako, nombre con el que Sesshōmaru se refirió a si mismo, era un bastardo cruel, no había forma de negarlo, el enojo volvió a invadirla, provocando que apretara los dientes y puños, al igual que llegó; se fue, sus hombros cayeron con impotencia y cansancio.
Una brisa que paso cerca, le recordó su desnudes, sin muchas ganas buscó sus bragas y al colocársela, toco el vibrador que mantenía en su interior, el juguete se mantenía inactivo en su interior, si ella reaccionaba o lo contradecía…
Se abrazo a si misma esperando alguna instrucción, consejo o iluminación divina, ninguna de ellas llegó.
En su enojo, estrelló su puño contra la pata del gran escritorio, sus nudillos se enrojecieron y el dolor la distrajo de la situación.
Miro su celular y tenia mil mensajes de Inuyasha y Bankotsu.
Debía volver a la reunión…
Observo con cuidado el vestido que él había comprado, y se enfureció mas por pensar en el "bello detalle de Sesshōmaru, al comprarle un vestido"
— ¡Que tonta soy! —grito al desmoronarse nuevamente.
Aun así abrazo la prenda.
Una sonrisa triste surco sus labios.
—Esto me sucede por masoquista, quien me manda a amar a un cerdo.
Resignada se levanto, coloco el vestido, seco sus lagrimas y sin pensarlo dos veces salió de la oficina. Por más tonta que fuera no le daría el gusto al hombre, de saberse derrotada.
Al cerrar la puerta, se quedo ahí, quieto y sin poder soltar la manilla, su cuerpo no respondía. Ella se lo merecía, si tanto le gustaba provocarlo porque no divertirse también un poco, si tanto deseaba estar con él… no, ella no quería estar con él, ella amaba a Sesshōmaru.
— Señor… —al escuchar la respetuosa voz, miro de reojo a la esquina del pasillo, con sigilo y paso lento, Jacken se asomaba a su encuentro.
No contesto, el pequeño hombre mantenía su distancia y se comportaba como siempre, ¿acaso lo sabía? ¿Sabia que él no era él?
—… ¿Y Rin?… —Preguntó Jacken
Sesshōmaru giro la cabeza, soltó la manilla y quiso dar media vuelta.
—… ¿Ella está bien? …—Sesshōmaru detuvo su paso, Jacken nunca era tan insistente —claro que está bien —comento Jacken de inmediato —Esa niña tonta es la única… —Ni siquiera la afilada mirada de Sesshōmaru logro callar al pequeño hombre. —…que no sabe lo importante que es para usted.
Silencio…
1 minuto…
2 minutos…
— ¿Sesshōmaru-sama…? —Llamo Jacken luego de ver que no reaccionaba.
— ¿Estás perdiendo el tiempo Jacken?— y la dorada mirada de Sesshōmaru era de nuevo la misma, seria e inquisidora….
—Lo lamento señor…—el pequeño hombre sonrió con una reverencia que Sesshōmaru no entendió —volveré de inmediato a la reunión.
— ¿Has visto a Rin?—pregunto Sesshōmaru
—Supongo que nos alcanzara en la sala, señor… —y con esa simple respuesta, Sesshōmaru camino de vuelta a la negociación…
