Desquisiado.
No sabía qué demonios hacía en ese lugar otra vez. Miraba el edificio donde estuvo cautivo una y otra vez. Incluso el portero le había hecho un ligero comentario sobre lo favorable de su regreso, intuía que él también había sido víctima del cambio de Viktor. Intentaba armarse de valor para entrar y corroborar el estado del alfa que meses atrás había abandonado.
-Si pretendes quedarte aquí, no debiste regresar –escuchó tras de sí- Yuuri, Viktor no se encuentra aquí. Yakov lo mantiene en su consultorio.
-Beka... ¿cómo sabes que...?
-Te estábamos esperando desde que Giacometti nos avisó de tu regreso. Tengo que llevarte con Yakov, Viktor te necesita pero antes de eso necesito que seas sincero conmigo ¿por qué volviste?
-No lo sé, cuando me di cuenta ya estaba en el avión.
-Nuestro jefe está grave. Su cordura se ha perdido. Está completamente dominado por su alfa. Intentamos calmarlo con omegas sustitutos –el japonés sintió un pinchanzo en su pecho- pero no los aceptó. Está en celo pero sólo te quiere a ti...
-Me estás diciendo que en cuanto él me vea probablemente abuse de mí.
-No, si volviste fue por que sientes algo por nuestro jefe –apúntó- pero, no puedo obligarte a que te dejes tomar por él. Eso tiene que ser por tu propia voluntad y si aun al saberlo quieres ver a Viktor entenderé que estás consciente de lo que pasará, si no, te recomiendo que vuelvas por dónde viniste.
-¿Puedo pensarlo un día? ¿Podría ver a Yurio? -cuestionó cabizbajo.
-Él está esperándote en el departamento del jefe, no lo alteres ha estado demasiado sensible por la situación. Así que será mejor que no lo lastimes sino, yo mismo te llevaré con Viktor así no lo quieras.
Era raro ver a Otabek así de agresivo. Yuuri asintió y se decidió a ir al que fue su prisión en meses pasados. Yurio lo esperaba en el pasillo. Desde lejos pudo ver lo demacrado de su lozano rostro. En cuanto el rubio notó su presencia, se avalanzó hacia el mayor y se deshizo en lágrimas. Realmente la situación estaba muy mal para que ese arisco y rebelde joven mostrara tal fragilidad. Lo abrazó y esperaba que eso pudiera reconfortarlo un poco. Dejó que derramara las lágrimas necesarias antes de separarse para entrar al fin al lugar.
Nada y todo había cambiado. El aroma del alfa era demasiado denso en el lugar, debía decir apabullante. No entedía como Yuri lo soportaba. Inspeccionaba el lugar. Comenzó a vislumbrar los cambios: marcas de golpes, algunas cosas rotas por el lugar. Algunas partes a pesar de querer cubrir lo que había pasado, relvelaban rastros de peleas e incluso marcas de balas en las paredes. Miraba asustado al más joven que sólo asentía a la muda cuestión del azabache: Viktor había hecho todo eso e incluso más. Subió las escaleras directamente fue a "su" habitación. Parecía que alguien se había encargado de destrozar cada uno de los regalos que había dejado abandonados, así como la ropa que se encontraba regada por la cama. Supo que también el ruso se había encargado de ello, muy probablemente por despecho pero, aún así buscaba consolarse con el ahora nulo aroma de sus prendas.
-Ahora lo mantenemos sedado la mayor parte del tiempo –dijo al fin el rubio.
-Hemos recibido un sin fin de ataques, las demás mafías de poca monta han intentado deshacerse del él. Hemos podido protegerlo de ellos mas, no de él mismo. Se está dejando morir. Quiere desesperadamente...
-¿Quién se está haciendo cargo de sus labores?
-Beka y yo. Al final soy yo quien mejor conoce los movimientos de Viktor y Otabek me ayuda.
-¿Quién lo está cuidando?
-Yakov se ha hecho cargo de él desde hace un mes. Usualmente ese anciano gruñón, logra contenerlo pero tiene al menos una semana que su jucio está totalmente nublado. Cuando está despierto, es agresivo, realmente es la primera vez que veo algo así en un alfa. Definitivamente, lo admitas o no su lazo es demasiado fuerte, aún sin estar realmente juntos o eso quiso explicarme Yakov para justificar el estado del calvo.
-Yuri, antes de decidir una u otra cosa... ayúdame a cocinar ¿sí?
-¿Qué? ¿en serio quieres? ¿Estás bromenando?
-Sólo ayúdame –ordenó.
Salieron al súpermercado. Iban en silencio. Compraron lo necesario para preparar el platillo favorito de esos tres mafiosos: Katsudon. Yurio cada vez se enojaba más con la aparente parsimonia del japonés pero lo obedecía, algo le indicaba que tenía que hacerlo. Al volver al hogar del ruso el silencio seguía, sólo cruzaban palabra cuando el mayor le pedía al joven que lavara, cortara o guardara algo y éste acataba sin renegar. Cuando estuvo listo Yuuri sirvió dos platos: uno para el rubio y otro para él.
-No tengo...
-Come, puedo ver a kilómetros de distancia que no has probado bocado en días y tu alfa idiota es demasiado permisivo contigo, además que él está igual de demacrado que tú.
-Eres raro... -tomó el tenedor que le ofreció el nipón y comenzó a comer- realmente extrañaba tu comida –comentó con lágrimas en los ojos- pero ¿qué pretendes con esto?
-Conoces bien a Viktor ¿no es así? -el otro sólo asintió- cuéntame como es que llegó a ser lo que es...
-¿Realmente es importante saber eso? El pasado es el pasado –comentó dejando su comida a un lado.
-lo es para mí...
Yuri accedió. No era nada complicada la historia del ruso. Viktor venía de una dinastía de mafiosos. Había sido el único hijo de sus padres, además de ser el nieto que aun quedaba vivo a la fecha de la muerte de su padre. Había conseguido el poder a la edad de catorce años. El abuelo de Yuri fue la mano de derecha del de Viktor y del padre del platinado, por eso se conocían, también llegó a ser la del ruso; aunque el anciano plisetsky para cuando Viktor asumió el cargo ya estaba retirado y se dedicaba a un pequeño negocio. Como intercambio el mayor aconsejaba al joven ruso y éste lo protegía de los peligros. Realmente había sido obligado a crecer en ese mundo. Desde que tenía memoria Yuri siempre había visto a Viktor como un soñador bobo y aunque odiara decirlo admiraba al mayor. Jamás supo a lo que realmente quería dedicarse aunque podía intuir que era al patinaje sobre hielo debido a su gran afición al deporte. También sabía que no era un tipo corriente y buscaría alejarse lo más que pudiera de sus antecesores, por ello comenzó metiéndose poco a poco en la política, valiéndose de su porte y la posión de su apellido. Investigaba los casos controversiales de los mandatarios, corroboraba historias y si le convenían ofrecía su silencio a cambio de gratificaciones y muchos otros beneficios. Al ser los Nikiforov una de las más reconocidas dinastías de mafiosos, nadie se atrevía a meterse con ellos y los buscaban como aliados.
Cuando Viktor tenía dieciocho años, ya manejaba a la mitad de los dirigentes rusos. Él no quería ser otro traficante de armas como su abuelo o uno de drogas y trata de blancas como su padre, eran oficios bastante corrientes que las mafías menores podían manejar y aún así el salía beneficiado al recibir las contribuciones mensuales de cada una por permitirles "laborar" sin problemas. El ruso evitaba llenarse las manos de sangre pero cuando era necesario contrataba a alguien que hiciera el trabajo, así él no se ensuciaba directamente, recibía las recompensas y si el trabajador era un matón cualquiera o molesto, se encargaba de dejar todos los rastros para que la policía lo capturara. A sus veintes se había convertido en el rey negro de rusia, el matón de la política del país. Tenía inmunidad incluso internacional y no tenía que forjarse una fachada como sus familiares. Era un trabajador "especial" del gobierno. Otabek, Chris y los demás miembros de la organización, eran rescates de las mafias menores. A veces se daba el lujo de visitar a sus "acogidos" y si observaba algún talento desperdiciado lo adoptaba para pulirlo y hacerlo brillar como era debido. El blondo era él unico miembro del gremio que había entrado por su propia voluntad, ya que ni el ruso había aceptado su cargo al principio.
-Yurio ¿esa es la verdad? -cuestionó cuando terminó de hablar.
-A veces quisiera que no, tal vez así mi abuelo siguiera vivo.
-Claro, sería una posibiblidad –argumentó apenado al ver la tristeza en el rostro del menor- Yurio... lleva el resto del Katsudon a Otabek y pídele que traigan a Viktor de regreso –pidió- quiero que lo traigan esposado y amordazado yo me encargaré de soltarlo luego de que despierte...
-Cerdo... ¿en serio tú..?
-Ni si quiera yo sé qué es lo que hago, sólo necesito ver a ese idiota, así sea una vez antes de volver a escapar, necesito confirmarme que lo que siento por él es una confusión... prometo no dañarlo más de lo que ya está, ni irme sin decir adios, también quiero un teléfono con tu número y el de Beka.
-Está bien pero, si dejas peor de loco al calvo yo mismo me encargaré de ti.
Yuuri subió a la habitación de Viktor, seguía tal y como la había dejado el día que se fue. Se recostó en la cama llenándose más del aroma del Alfa. Tenía miedo de lo que podría pasar pero a esas alturas del juego, necesitaba cerrar o abrir esa etapa de su vida que no dejaba de atormentarlo.
...
¡Chan, Chan, Chan!
Momento de tensión para que empiece algo... no sé qué decir espero que les guste el capítulo, realmente si ven horrores me dicen ya que acabo terminar de escribirlo y lo publiqué a la brava, sin ninguna revisión, que valiente soy D:!
Los comentarios siempre son bien recibidos y me hacen feliz, a veces se me pasa responderlos pero los leo todos 3
