CAPITULO 11
James podía ver claramente que Theodore estaba molesto. No lo demostraba de manera explícita, pero él podía saber que lo estaba. James Craston había pulido el fijarse en los detalles del comportamiento de alguien. Pero había que darle méritos a Nott, ya que esta no era la primera vez que le veía molesto, y si no le conociera, seguramente no se daría cuenta.
Theodore siempre tenía esos ojos curiosos revoloteando por todos lados, mirándole de arriba hacia abajo para descubrir cosas que están a la vista, luego una charla insulsa para notar el tono en el que se conversa. Cosas básicas.
Sin embargo, cuando Theodore se encontraba molesto, añadía el sostenerse el rostro con la mano enguantada. Como si no pudiera consigo mismo. James pensaba antes que él era muy contenido, pero esto era casi una simbología de eso. Además de eso… Theodore tenía sus pesados muros de Oclumancia más altos que de costumbre, eso lo hacía cuando pensaba mucho en algo pero no quería que nadie más supiese… o sea, era algo que no quería que James.
Se reunieron en un café en Hogsmade, nada bastante abarrotado como las tres escobas, pero sí bastante discreto y Theodore realmente sabía de discreción, pues levanto un muro mágico para que nadie escuchara su charla.
James saludo con educación y Theodore, que ya estaba acomodado en su silla, dejo de mirar por la ventana y le ofreció asiento frente a él.
—Que agradable lugar —dijo James, admirando el decorado— ¿Por qué casi no hay ningún estudiante?
Nott dio un sorbo a su café, aun mirando hacia la ventana— Es muy caro —dijo tranquilo— la mayoría de estudiantes no podrían costearlo. Y los que sí…. Bueno, supongo que no quieren gastar en café.
James asintió en silencio— Ya veo —dijo cuándo Theodore llevo una de sus manos hacia debajo de la mesa, James sabía que estaba haciendo magia.
La camarera llegó casi al instante— ¿Desea ordenar algo? —preguntó la mujer.
James le sonrió y saboreo el cómo la mujer se le quedaba viendo y sus mejillas se coloreaban— Un café con leche y tostadas con mantequilla, por favor —la mujer apunto en su libreta y se fue.
Theodore seguía mirando hacia el cristal de la ventana— ¿Cómo está tu familia?
James se miró las manos sobre la mesa— Ya los conociste, están felices y realizados —murmuro James— Mi primo Nathaniel recibió la carta que dijiste, debe estar en Croacia justo ahora. La recomendación de tu Padre realmente fue definitiva para que el consiguiera ese proyecto. Se llevara a Daniel con él, dijo que le vendría bien pulir el idioma y también necesitara su asistencia.
Theodore asintió— Son jóvenes talentosos y como hermanos seguramente no habrán muchos inconvenientes. Les agradaron a mi padre y se notaba a leguas que sabían del tema —Theodore dio otro sorbo a su café— ¿Y Félix?
—Comenzó en el Ministerio la semana pasada —James casi sonrió— Un becario prometedor, siento que Greengrass lo explota, porque a veces le deja todos los pendientes a él. Pero Félix dice que es normal, todos los becarios trabajan del mismo modo y Greengrass confía en él.
— ¿Y Roxanne? ¿Aline?
James se aclaró la garganta, realmente no quería sonreír— probablemente monten un club de fans —dijo en tono amistoso— saben que las cosas están mejorando gracias a ti. Mis hermanas cuentan los días para venir a Hogwarts, aunque estarán aquí cuando sea tu séptimo año, así que tendrás a dos niñas de primer año adorándote. En las vacaciones no dejaron de atormentarme con "El señor Nott esto" o "el señor Nott lo otro". No lo tomes a mal, pero fue fastidioso.
—Roxanne me escribió —dijo Theodore, dando otro sorbo a su café, pero parecía más alegre— no harán el club de fans, pero parecía encantadora como siempre. También me dijo que Aline quería escribirme, pero que tenía miedo de estar haciendo algo fuera de lugar. Tus hermanas son bastante educadas para tener solamente nueve años.
James se sintió orgulloso— Lo sé, recuerda que yo las he educado. Bueno, tía Agatha ayudó un poco.
Theodore dejó de ver hacia el cristal— Tu encantadora tía. Casi tan encantadora como tus otros dos tíos.
James suspiro— te explique por qué son de esa manera, no es excusa, pero me disculpo por ellos. Son mi familia, Theodore. Yo soy la cabeza, tengo que ser igualitario también con ellos.
Él le miró fijamente— y es casi admirable —dijo con su tono de voz bajo— pienso de esa manera y mi padre también. Pero es un milagro que tus primos no sean como ellos. Ojala se mantenga de esa manera. ¿Cuándo conoceremos a Amira?
—Llegara para las próximas vacaciones —dijo James, pensando en su prima mayor, que vivía en París por unas pasantías en Gringotts, pero que finalizaban y no la habían contratado permanentemente— No es como su padre, te lo puedo asegurar.
—Mi padre y yo discutiremos eso. Organizaremos una cena, como la anterior vez. Escribiré a Greengrass para que no explote demasiado a Félix, él es algo maniaco, quizá está poniendo a prueba a tu primo para ver si ruega piedad. —volvió a tomar un sorbo de su café.
James alzo una ceja, evaluando si esa había sido una broma. Si lo era, ninguno de los dos se reía. No, Theodore Nott no acostumbraba hacer bromas. Pero si era diestro con la varita; porque la camarera se acercó y dejo la orden de James en la mesa y se despidió guiñándole el ojo. Apenas dio dos pasos, la barrera mágica de silencio volvió a levantarse.
James tomó aire. Pues si Theodore estaba molesto, lo que él tenía que decirle quizá lo enfadaría más— Investigue a esos chicos como me pediste —dijo serio— se llaman Avetani Stanivlasky y Vitali Petrov. Stan y Petro, así es como los demás les dicen. Ambos sexto año de Durmstrang, familias puras, por supuesto y que según mi investigación ambos son amigos de infancia ya que viven en la misma región de Irlanda, pero no están ligados a ningún mago poderoso ni algún clan de Irlanda. No oficialmente al menos.
— ¿Eso es todo? —Theodore parecía decepcionado.
—Lo es —dijo después de beber su café— y por eso mismo te pido que me dejes acompañarte cuando te reúnas con ellos. Son magos diestros, pero lo que me bloqueo de tratar de entrar en sus cabezas no fue Oclumancia, es algo diferente. Son sexto año, además que Dumstrang enseñan Artes oscuras. Es peligroso para ti.
—Se presentaron como miembros de otra casta, el círculo interno de un miembro de los Nott—dijo Theodore— Saben cosas. Cosas que solamente alguien del círculo interno de mi familia sabría. Dicen estar vinculados a mi familia, pero a parte de mi padre, no tengo más familia. La magia vinculatoria es bastante especial con los de mi sangre. Se supone que un miembro de la familia no puede ordenar el causar ningún tipo de daño a otro miembro. El enviado caería muerto antes de siquiera intentar algo.
—No es eso lo que me preocupa —replico James— si no, las condiciones que te dieron para revelarte a quien sirven.
Theodore volvió a mirar hacia la ventana— será un juramento inquebrantable —dijo sereno— no lo dijeron, pero sé que eso es lo que pedirán de mí.
James inspiro— por eso es necesario que yo esté allí. Si algo sale mal o tratan de embaucarte…
— ¿Quién te dijo que no irás? —Theodore alzo una ceja— desde el principio pensé en que me acompañarías.
James entorno los ojos— Pero…
Theodore dio el ultimo sorbo a su café— quería saber que tanto te oponías a dejarme ir solo.
Él cerró los ojos con fuerza y cuando los abrió, notó que Nott no parecía tan enfadado como antes— Cuando termines iremos, acorde encontrarnos con ellos dentro del bosque prohibido. Tengo que averiguar quién los envió. También quiero saber porque este secretismo. Si ellos pertenecen a otra rama de mi familia, deberían acudir a mi padre, no a mí porque si no…
James estaba tan atento escuchando que esa interrupción hizo que todos sus sentidos se pusieran alerta. Cuando miró a Theodore, poco a poco se fue dando cuenta de que ocurría y muy probablemente sería mejor no haberse dado cuenta, porque eso sería una preocupación más en su espalda.
Theodore miraba fijamente hacia la ventana, pero esta vez no hacia el cristal, si no hacia el grupo de personas que pasaban por la calle. Eran los Weasley menores, la niña y el muchacho. Y la Impura Granger. Parecían ir discutiendo. El muchacho Weasley parecía estar dándole indicaciones a la impura, gesticulando demasiado, presionándole los hombros y apresurándola para que camine más deprisa. La impura Granger, parecía enfadada quitándose las manos de Weasley de encima y caminó más rápido que los otros dos, pareció gritarle algo a ambos.
James miró fijamente a Theodore, quien tenía una expresión que pocas veces le vio poner. La misma que tenía cuando conoció a sus tíos. Le hubiera gustado que mirara de esa manera a la Impura, pero esa mirada de desprecio era para el chico Weasley. Theodore dejó de ver por la ventana y apoyo el mentón en una enguantada mano. De pronto pareció recordar que no estaba solo y clavo la vista en James. A primera vista parecía aburrido pero James podía sentir la Oclumancia como murallas que se perdían en el cielo.
—Es preocupante —dijo finalmente.
James no sabía si lo decía por los irlandeses misteriosos o porque se había dado cuenta de cómo acababa de actuar. Se preguntó también que era eso que tanto quería ocultar de él para tener tan impresionantes barreras de Oclumancia… pues estaba seguro que no era el desprecio que estaba comenzando a guardarle a Weasley. Era otra cosa, y lo peor, es que muy probablemente tenía que ver con Granger.
— juramento inquebrantable o no, tengo que saber qué es lo que esos magos tienen que decirme. —dijo Theodore, ignorando lo que acababa de hacer.
—Por supuesto —dijo James, fingiendo no haberse dado cuenta de lo que ocurrió— con algo de suerte podríamos conseguir incluso más de lo que buscamos —dio un sorbo a su café— Petro es amigo de Krum. ¿Todavía queremos acercarnos a él?
Theodore desvió la vista hacia el cristal nuevamente, tardo anormalmente demasiado en contestar— Claro, ¿Por qué no?
Hermione había ido directamente a la biblioteca luego de aquel encontrón con Harry y aunque en el fondo sentía que le había traicionado por prestarse al favor que Ron le pidió, sabía que era la única manera en que esos dos podrían volver a hacer las paces.
Al principio casi hechiza a Ron por la actitud tan irrespetuosa que tuvo con ella, le había seguido hasta el castillo, pero apenas llegar al patio principal, Hermione le había gritado que le dijera de una maldita vez que sucedía. Era tanta la ira, y también inexplicable… bueno, no tanto. Sabía el motivo de la ira, pero eso no explicaba porque era tanta.
Ron la había avergonzado con Theodore Nott y Hermione aún procesaba el hecho de que la opinión de este le importara tanto. Era diferente de Harry o Ron, y ella pensaba que era porque eran amigos desde su primer año y la opinión de tus amigos importa mucho. Pero con Nott era diferente, era una cuestión de respeto.
"Eres una nacida muggles y realmente no me importa en absoluto. La sangre no hace al mago"
"Tu carácter, tu inteligencia, tu valentía y cada aspecto que te hace única. Toda tú en conjunto me agrada, y debes saber que eres la primera a quien le pido esto"
Hermione soltó un suspiro al pensar en las palabras que le dijo Nott cuando le propuso unirse a su círculo interno, con la promesa de darle protección... pero eso no le importaba mucho a Hermione. Ella podía cuidarse sola, era lo de menos. Lo importante era… eso. Respeto. Le había observado, claro que lo había hecho. Los alumnos de su casa no se acercaban a hablarle demasiado y se podía notar como se movían los demás a su alrededor. Él decía que era por su posición, pero Hermione sabía que eso no era del todo cierto. Había más miembros de los sagrados veintiocho. Malfoy por ejemplo. Si no tuviera a Crabbe y Goyle seguramente serían distintas las cosas. Hermione bufo, que diablos, incluso ella le había pegado y su reacción fue… patética. Parecía que iba a llorar.
Hermione soltó una risilla al recordarlo. Luego de eso, ella sacudió la cabeza e hizo a un lado el libro que ni siquiera estaba leyendo; se agazapo sobre la mesa de la biblioteca, usando sus manos como almohada, mirando a la nada.
Hermione había defendido a Ron, aun cuando él había sido todo un patán… y Nott, que prácticamente había estado defendiéndola a ella (aunque una parte de ella sabía que si le preguntaba a Nott, saldría con algún argumento acerca de que Ronald le había retado y él había respondido), ella quedó como una malagradecida de lo peor.
Ya antes tenía que disculparse con él por actuar tan infantil antes y rehuir, ni siquiera había alcanzado a hacerlo cuando ya se sumaba otra disculpa más.
Hermione suspiro.
No supo cuánto tiempo estuvo así, hasta que un carraspeo le saco de sus pensamientos.
El Halcón soltaba chispas plateadas cada que agitaba las alas, les había encontrado en la zona acordada por los Irlandeses, a más o menos quince minutos después de que se adentraron en el bosque prohibido. Theodore se había sorprendido, James no.
—Supongo que si pueden conjurar un Patronus, puede que no sean tan macabros después de todo —había dicho James a forma de broma, Theodore sabía que era una, pero no se rio. Se limitó a mirar con desconfianza el Halcón, pero no retrocedió— Solo digo —Se había excusado James.
—Eso no es algo determinante —le respondió Theodore encogiéndose de hombros— Un Patronus es la manifestación de "Energía positiva" del invocador. Siempre me he preguntado si el encantamiento distingue entre lo que se considera "positivo" por el conjurador o hay un par de reglas más.
— ¿Qué? —James replico— ¿Cómo si alguien considerara positivo el dañar a alguien? ¿Algo así? Eso es macabro, Theodore.
Theodore volvió a encogerse de hombros— Todo son posibilidades —respondió, mirando con atención como la luz plateada del Halcón se desprendía en forma de chispas que se derramaban y desaparecían en el aire— Sigámoslo.
Era la primera vez que veía un perfecto Patronus tan de cerca. La primera.
Theodore estaba pensativo. Quizá aceptar la invitación de los irlandeses no fue una buena idea después de todo. James iba al mismo paso que él, franqueándolo y mirando inquisitivamente todos los defectos del paisaje. Mientras Theodore, extrañamente despreocupado, seguía hipnotizado viendo el cómo volaba el Patronus.
Pensó en aquella vez en tercer año cuando los Dementores custodiaban el castillo por el peligro que Sirius Black significaba. Uno había subido al tren y supo poco después que había atacado a Potter y el profesor Lupin había echado al Dementor y luego le había enseñado a Potter a conjurar uno. Granger le había contado que Potter tenía un Patronus en forma de Ciervo, uno enorme, y era perfectamente corpóreo. Incluso James se había sorprendido, pues dijo que el suyo aun no adoptaba una forma exacta. Una especie de felino indefinido que cambiaba de forma a un ave irreconocible y luego desaparecía en una bruma plateada. James le había mostrado.
Theodore nunca había conjurado uno. Lo había intentado en las vacaciones, pidiéndole a su padre enseñarle. Esa fue una de las charlas más extrañas que tuvo con él.
Era de mañana ese día. Su padre estaba en su estudio, escribiendo cartas y sellándolas, mientras cinco lechuzas esperaban. Se lo dijo casualmente, pues estaba leyendo en el diván del estudio. Philip Nott había detenido su pluma y la dejo en el tintero.
"Hijo" le había dicho "Ese tipo de encantamiento, no podre enseñártelo"
Theodore solamente había acertado en balbucear un "¿Por qué?" En su mente, en ese momento, no concebía que su Padre no pudiera enseñarle algo.
Su padre había suspirado "No sé hacerlo" le había dicho "No aprendí en su momento. No es que me interesara mucho y además de eso… no es el tipo de encantamiento que se considere indispensable"
"Puede alejar a un Dementor" había dicho Theodore "A mí me parece muy útil"
"Hay otras formas de alejar a un Dementor e incluso muchas otras para evitar que te persigan en primer lugar. Y definitivamente, menos llamativas que un Animal plateado y brillante revoloteando por ahí." Su padre se había cuadrado de hombros y vuelto a tomar su pluma "No te recomendaría aprenderlo"
"¿Por qué?"
"Porque…" Su padre había tomado un respiro "Un encantamiento de ese calibre es agotador, pero no solo mentalmente… me refiero también aquí" dijo apuntando a su pecho.
"¿El núcleo mágico?" había dicho Theodore.
Su padre parpadeo e hizo una mueca "Si, el núcleo mágico" él había vuelto a escribir "El entrenamiento de por si es agotador. Y hablo de la mente, el cuerpo y el… núcleo mágico. El detonante de un Patronus son recuerdos felices, el encantamiento de alguna manera conecta los recuerdos en tu mente con el núcleo mágico. La repetición constante, una y otra y otra vez con uno y otro recuerdo que tú consideres feliz y desechándolo sí el encantamiento no resulta. Dicen que es magia blanca. ¿Qué clase de magia blanca decide que un recuerdo es lo suficientemente bueno para funcionar y ser explotado? Lo peor es que solamente sabes que tu Patronus no es solamente un adorno brillante que podrá llevar mensajes… cuando lo enfrentas a un Dementor. Mucho esfuerzo para pocas recompensas, si me lo preguntas. ¿Eso parece algo que un mago listo aprendería?"
Theodore realmente lo pensó en ese momento.
"No, padre" Había contestado.
Y realmente lo creía, pero ahí estaba, hipnotizado por el vuelo y las chispas plateadas que despedía el Halcón. Pocas cosas lograban capturar su atención de esa manera. Era curioso por naturaleza y apenas vio a ese halcón pensó que era eso, pero conforme iban caminando y el seguía pensando, sabía que esto era diferente.
Si tenía que ponerle nombre, eso era envidia.
Si.
Theodore no era ningún falso y distinguía en el mismo las emociones en cuanto ocurrían y les ponía nombre que le correspondían. Negar las cosas era de idiotas y Theodore era un mago listo. Sabía que un Patronus no podía ser inútil desde un punto de vista práctico… sin embargo, no podía evitar pensar que quería tener uno.
Miró de reojo a James, este seguía avanzando a su lado y mirando con desconfianza la zona. Sus conocimientos sobre el encantamiento Patronus parecían ser sólidos, pero como el suyo era defectuoso, pensó que debía conseguir otro mago que le ayude. Automáticamente pensó en Granger, pero movió la idea de su cabeza al instante. No quería pensar en eso justamente ahora. Había una mezcla de decepción con algo más en su interior en cuanto pensaba en ella. Era perfectamente consciente de su pequeño lapsus en el café, donde se distrajo al verla pasar con los Weasley al mirar por la ventana. Igual como con el Halcón, había sido absorbido por la situación y aún tenía que pensar en porque… pero no ahora.
El Halcón se había detenido en un pequeño claro. Revoloteando en el aire, pero no se esfumo.
Estaban en lo que parecía ser lo profundo del bosque prohibido. Las raíces de los árboles que pasaban eran ya enormes y no había malezas en el suelo, seria indicación de que allí no entraba la luz del sol en ningún momento. La tierra era negra y húmeda. Incluso la humedad se sentía en el aire. Helechos y troncos pudriéndose inundaban el lugar, además del musgo.
Theodore y James se detuvieron al mismo tiempo y prácticamente desenfundaron las varitas perfectamente sincronizados. Dos muchachos salieron de la nada, en medio del claro en ese mismo instante. Estaban usando capas de invisibilidad todo el tiempo.
El mago rubio y ligeramente más alto que el otro, levanto las manos en son de rendición. Ese era Stan— Trranquilos —había dicho— Pueden verr que mi amigo y yo no hemos desenfundado varritas.
— ¿Y cómo sabemos que no hay un tercero? —Pregunto James con ironía— ¿Saben que este tipo de cosas generan desconfianza, o no?
—Teníamos que asegurrarrnos que venían solamente ustedes dos —dijo el mago de cabello oscuro y algo más bajo y serio. Ese era Petro— Como lo prrometio el Señorr Nott.
Theodore bajo su varita, pero no dejó de estar alerta. En todo caso, el y James tenían trasladores en los bolsillos, por si algo salía mal— Revisa que no haya nadie más —le dijo a James, al mismo tiempo que daba unos pasos hacia adelante, pero no lo suficiente para ser alcanzado por los irlandeses. Un hechizo incarcerus tenía el rango de dos metros y medio. Un hechizo aturdidor, el de más largo alcance tres y medio, el Imperio dos metros, igual que el Crucio. El maleficio asesino… cinco metros. Theodore se detuvo cuando calculo seis metros de ellos. A su espalda, James hacía florituras con su varita para el encantamiento que detectaría si había alguien más.
—Está limpio —dijo él— No hay nadie más cerca. Ningún mago al menos.
—Esto no es una trrampa —murmuro Petro— Nosotrros no harriamos semejante cosa.
Theodore compuso una expresión serena— Y yo decidí que podrían ser magos de palabra —dijo él, amable— Sin embargo, mi amigo y yo mantendremos nuestras varitas.
Stan y Petro se miraron el uno al otro. Antes siquiera de volver a mirar hacia Theodore, desenfundaron sus varitas. James prácticamente salto delante de Theodore, casi empujándole hacia atrás, protegiéndole.
—Prrudente distancia —dijo Petro, sonriendo— y esto puede serr de igual manerra una trrampa parra nosotrros, Señorr Nott.
Theodore guardo la compostura y volvió a ponerse a la par de James, aunque este le miro ceñudo— Llámenme Theodore, por favor —dijo— pero creo que si realmente me consideraran una amenaza, no se hubieran presentado ante mí. No me gustan los juegos ni dar demasiadas vueltas innecesarias a las cosas. Querían que me encontrara con ustedes, aquí estoy. Ustedes me buscaron a mí, no yo a ustedes. Den sus condiciones, las contemplare y decidiré seguir adelante o no. No tengo todo el día para esto.
Stan y Petro volvieron a mirarse.
Theodore miro a James, este negó con la cabeza casi imperceptiblemente. Una de las opciones de Theodore había sido el que James debía tratar de escuchar los pensamientos de los irlandeses apenas los tuviera delante, pero al parecer esa opción sería descartada.
—Necesitamos una prromesa de usted prrimerro, Theodorre.
— ¿Cómo será? —dijo sereno.
Stan y Petro hablaron al mismo tiempo— Jurramento inquebrrantable.
James resoplo— ¿Y la condición? —preguntó.
—Serran dos —dijo Petro— La prrimerra —el muchacho levanto el dedo índice de la mano izquierda— El Theodorre Nott no tomarra nuestrras vidas, ni la de nuestrras familias ya sea porr su prropia mano o porr terrcerros.
Theodore frunció el ceño. ¿Por qué el querría tomar sus vidas? Un leve sudor frio recorrió su espalda. Esto podía ser peligroso. Estaban a salvo por la distancia, pero había más maleficios que podían hacer que eso fuera menos que un inconveniente. Esto podía terminar en un duelo… y si ellos tenían la necesidad de hacer que él jure el perdonar sus vidas… ¿Qué tan grave era aquello que venían a decir? ¿Si se batían en duelo, sería a muerte? Apretó con fuerza su varita y miro a los magos que tenía delante, de uno al otro. Luego miro a James. Theodore solamente sabía la teoría del maleficio imperdonable, la floritura y la palabra, pero solamente eso. Además de eso, nunca le pregunto a James si sabía hacerlo. Su corazón martilleaba en su pecho a una velocidad descomunal… pero extrañamente, esa sensación la encontró agradable. Su padre le había hablado de eso, la sangre de mago en él, corriendo por sus venas, alimentando su núcleo mágico. El fulgor de la batalla. Ese punto en el que la varita se siente como una extensión más del cuerpo.
Theodore sintió sus dedos chispear al apretar con fuerza su varita.
Esa era la sensación que despedía. El fulgor de la batalla.
No era necesario saber el maleficio imperdonable para matar a un mago. Había otras formas. Muchas otras.
Theodore, lleno de confianza que se reflejó hasta en su voz, preguntó— ¿Y la segunda? —preguntó él mismo.
Stan fue quien contesto— La prromesa del secrreto —dijo en un tono que sonaba a suplica— entrre usted y yo.
Theodore entorno los ojos. Aflojo la presión en su varita, su corazón seguía latiendo rápido, pero de una manera diferente. Con una seña le indico a James que bajara la guardia. James negó con la cabeza, al mismo tiempo que le sentía murmurar— ¿Qué es eso? ¿La promesa del secreto?
—Baja la varita —le dijo, demandante. Volvió a hablar solamente cuando James dejo de estar a la ofensiva y paso a la defensiva— La promesa del secreto… es la voluntad de un mago de Sangre Nott que les deja como un legado a sus sirvientes. Es algo que elaboro mi familia —Theodore comenzó a caminar hacia los Irlandeses, James le siguió automáticamente— para que los sirvientes sean mensajeros seguros. Su finalidad es entregar mensajes, generalmente para negociar treguas… y evitar que el receptor del secreto traicione al amo de los sirvientes que lo soliciten.
Estaban ya a mínimos pasos de los Irlandeses cuando James habló— Pero dijiste que no había más familia que tú y tu padre. ¿Cómo se supone que se aplica a este caso?
Theodore miró a James y comprendió su expresión de confusión— Solamente puedo deducir, James, que debe ser el secreto de un muerto —En cuanto lo dijo, las expresiones de James y Petro se nublaron. Theodore no podía distinguir si por ira o desesperación— ¿Estoy en lo correcto? —les pregunto.
—Prrimerro el jurramento —dijo Petro— Y lo sabrra, Señorr Nott.
Los cuatro magos estaban en el centro del claro— Lo acepto —dijo Theodore serenamente. Su ritmo cardiaco perfectamente normal y la mente clara— Siempre y cuando le entreguen las capas de invisibilidad a mi amigo. Y sea Petro quien asista el juramento. James vigilará los pormenores. Si algo raro ocurre… —miro hacia James— Sabes que hacer.
James asintió sin titubear, pero esa acción si hizo que los Irlandeses se miraran nerviosos. Theodore dio un paso al frente y procedió a quitarse el guante de la mano, Stan y Petro le entregaron las capas a James y este las encogió y las lanzo lejos. Por momentos así agradecía tener a James como respaldo. Pocos magos tenían la destreza de improvisar sobre la marcha. Para recuperar sus capas, Stan y Petro tendrían que primero hacer un Accio y luego desencogerlas. Movimiento en dos encantamientos, suficiente para que James y él les redujeran.
Stan se paró en frente de Theodore, extendiendo su mano. Era más alto, al menos una cabeza. Descontando las varitas, recién pensaba que si Theodore perdía su varita, Stan podía quizá fácilmente tirarle al suelo y estrangularlo. Alejo esas ideas de su mente de inmediato y estrecho su mano. Estaba helada y parecía estar temblando.
Theodore pensaba a una velocidad vertiginosa. Ni siquiera estaba prestando atención al encantamiento, pensaba en que tan grave era el secreto que iban a contarle…. Y lo más importante… ¿Por qué a él? Ansiaba la respuesta.
Petro comenzó a recitar las peticiones. Theodore escucho atentamente mientras las lenguas de fuego de su varita se asentaban en sus antebrazos. Inesperadamente, a Theodore le pareció insanamente divertido que se parecía a la marca que portaba su padre.
El encantamiento termino y aunque aún sentía las lenguas de fuego en su antebrazo, se ocupó de ajustarse el guante. Theodore fue hacia James en ese momento— Vigila a Petro —le dijo bajito— son amigos, pero en cuestiones de sirvientes… no son hermanos, ni siquiera primos. Se han dado casos en la historia de mi familia, que sirvientes del mismo mago pero de distinta familia solían traicionarse entre ellos. Stan estará bajo la promesa del secreto, Petro no. No importa que, él no debe escuchar lo que Stan y yo hablemos.
James parecía algo desconfiado— Eso puede ser problemático.
Theodore le miro fijo, la mirada más dura que le dedico jamás— No estas entendiendo, James Craston. Esto es magia antigua, peligrosa. Si Petro quiere fisgonear, mátalo si es necesario. ¿Entiendes?
Por primera vez vio la indecisión en los ojos del mago— Si eso pasa… pero… el juramento…
—Se lo que acabo de jurar —dijo Theodore, encogiéndose de hombros, como si no le preocupara— y la ambigüedad puede ser una maldita perra. Recuerda, no te estoy ordenando matarlo. Solamente si es necesario, ya después arreglaremos el resto. La promesa del secreto es magia de mí sangre. No de la de ellos. Hay condiciones que ellos ignoran, si no, hubieran hecho las cosas de manera distinta.
James asintió.
Theodore le dio la espalda y camino hacia Stan— Todo listo —fue lo único que dijo.
Stan le guio hacia un matorral de helechos y caminaron al menos diez minutos. El halcón no se había desintegrado. Por la hora del día, debían ser al menos las cuatro de la tarde, pero la sombra de los árboles y que de por si ese día era nublado le daba un aspecto de oscuridad al bosque. Solamente el Patronus les iluminaba.
— ¿Es tu Patronus, verdad? —le dijo Theodore.
Stan asintió— Si —dijo con voz ahogada
— ¿Cuál es el detonante? —Pregunto curioso— ¿Qué recuerdo?
—En mi pueblo natal —narro Stan, con mejor tono que su anterior respuesta— no aparrecen muchos magos. En rrealidad, yo no sabía que erra un mago. Mis padrres decidierron vivirr lejos de la magia mientrras yo y mi herrmano menorr crrecíamos. Ellos me dijerron que querrían brrindarrnos una infancia trranquila. Ellos… habían visto las consecuencias que dejo la Guerra muggle, y también los legados que dejo Grrindelwald a su paso por la tierra donde ellos antes habían vivido. Una historria muy trriste, perro le contarre en otrra ocasión. Es trriste y no tiene nada que verr con mi Patrronus. Bueno, mi carrta de Durmstrang llegó un día. Yo no entendía bien todo, yo sabía que podía hacerr magia, perro no sabía que erra un mago. Ese día… la rrevelación…
— ¿De ser un mago?
Stan se rio de esa pregunta. Theodore no sabía cómo interpretar eso— No, Theodorre Nott. Yo ya tenía la magia, llamarrse un mago es merramente… forrmalidad —dijo Stan, dándose vuelta y mirándole a la cara— La rrevelación que yo —se llevó una mano al pecho— yo, mi vida, tiene un significado mayorr. Una misión y un deberr. Prroposito.
Theodore frunció el ceño— Eso no suena como una bendición.
Stan sonrió, pero miró hacia el suelo— Parra alguna gente lo es, Theodorre Nott.
Theodore le miró con atención. Generalmente esa actitud no le gustaba en absoluto. Estaba comenzando a creer que Stan era una especie de mártir sin sentido. Pero miró el Patronus y se preguntó cómo es que un "propósito" podía ser considerado feliz. Su propósito no se había cumplido aún. Tendría sentido si el Patronus hubiera venido después de que Stan cumpliera el propósito y estuviera feliz por ello. ¿Quién podía ser feliz con algo tan superfluo e inseguro como un propósito inconcluso?
Sin darse cuenta, resoplo— Bueno, supongo que depende de cómo se interpreten las cosas —Theodore agito su varita, el mismo encantamiento que hizo James y comprobó que no había nadie cerca.
— No tienes que prreocuparrte por Petrro —dijo de pronto— es el que menos quiere saberr de todo esto.
Theodore levanto una ceja, incrédulo— ¿Y porque es eso así?
Stan se sentó en el suelo, sobre sus piernas, una posición humilde y le ofreció su varita con ambas manos— Porrque Petrro no ve las cosas de la misma manerra que yo. No quierre… ¿Cuál es la palabrra? Involucrarrse más de lo necesarrio.
Theodore camino hacia él, tomó la varita y la guardo en su bolsillo— No entiendo mucho, pero supongo que cuando me digas el secreto todo tomara sentido.
—Eso esperro —dijo Stan, mirándole desde abajo. Viéndole de ese modo, Stan era casi ya todo un hombre, pero su expresión y la posición en la que se sentó frente a él… era la de alguien que suplica. Theodore no pudo evitar sentir algo de empatía hacia Stan. Ese mago era leal, al punto de arriesgar su vida para ser escuchado… y nada más que para entregar el secreto de alguien que seguramente ya había muerto.
Theodore le miró detenidamente un segundo. Stan lucía tan tranquilo y devoto que le dio una sensación extraña. Aparto esos pensamientos para descifrarlos después… pero sospechaba que también era envidia. Envidia de aquel amo muerto al que Stan o la familia de este había servido. Apago ese sentimiento un segundo. Y se concentró en el cómo hacer las cosas, recordando las palabras a pronunciar.
Estaba por iniciar… sin embargo… sentía que algo no estaba bien con el como hacía las cosas. Su padre le habló también de eso cuando le enseño la promesa del secreto.
Theodore suspiro. Stan le miro extrañado. Entorno los ojos, completamente estupefacto cuando Theodore también se sentó en el suelo, con mirada indiferente. Ambos sentados de esa manera, a la misma altura.
—Sabía que erras algo diferrente, Theodorre Nott. Perro esto…
—Silencio —dijo él— Ahora, abre la boca… y enséñame.
Stan guardo silencio y obedeció. Abrió la boca y le enseño la lengua. Theodore alzo su varita e hizo una floritura por encima de la lengua de Stan, poco a poco, unas gruesas líneas oscuras se marcaron en ella. Theodore sintió una punzada que vino desde los dedos que sujetaban su varita hasta terminar en su muñeca, característica de que su magia reconocía a su igual. La promesa del secreto que guardaba Stan era autentica. Un Nott había hecho aquel encantamiento.
— Supongo… que ahora no hay vuelta atrás —dijo Theodore.
Stan solamente asintió.
Theodore hizo unas florituras en el aire, mirando hacia la nada, concentrándose. La magia desbordándose de entre sus dedos. Era extraño— Yo, Theodore Nott —pronunció— acepto la voluntad que traerás —dijo, luego, posiciono su varita en vertical y la llevó hasta sus labios sellados, como si se silenciara con la varita. Cuando la retiró, volvió a hablar— Bajo la promesa del silencio.
Theodore hizo unas florituras más, finalmente, con la varita en vertical, también la asentó sobre los labios sellados de Stan— Tus secretos ahora son míos también.
Esa era la manera de realizar la promesa del silencio. Stan debió sentirlo, pues se supone que el dueño del secreto reacciona de alguna manera específica cuando es libre de contar su secreto. Theodore guardo su varita y espero.
—Por favor, comienza —le dijo.
—No sabría por dónde comenzar exactamente… las palabras adecuadas… —Stan frunció el ceño.
Theodore se cruzó de brazos, extrañado— La promesa del secreto se salta las cuestiones del lenguaje —dijo— Puedes hablarme el cualquier idioma, yo entenderé cada palabra. Deberías saberlo.
Stan parpadeó. Inusualmente, sonrió, satisfecho consigo mismo al parecer.
—Eso facilita bastante las cosas —Stan tomó aire— Theodore Nott, lo primero que debo saber… No. La manera correcta de comenzar esto es preguntarte algo.
Theodore se estreso al instante, pensando en sus oscuras intenciones de porque acepto tratar con aquellos dos Irlandeses. Secretos y más secretos. Theodore sentía que estaba rodeado de ellos. Su casa, su padre. Sus orígenes… y sin ninguna pista para saber siquiera como desvelarlos. Quizá… al menos este sería uno de los primeros sencillos.
Que equivocado estaba. Theodore no lo sabía… pero recibir ese secreto, fue lo peor que pudo haber hecho jamás. Lo que él mismo consideraría años más tarde, el error máximo.
—Adelante —dijo Theodore.
Cuando Stan le miró, sus ojos tenían una mezcla de rabia y pena. No, esa expresión ya la había visto antes, pero en otro rostro. Específicamente en Granger. Eso era Impotencia.
— Theodore Nott, por si acaso… alguna vez… tú has oído o sabes… ¿Quién es Emma Nott?
Yeah, hace tiempo no actualizaba esta historia. No recuerdo si declare oficialmente que este era un Theomione... pero lo es. No tengo que decir que es leeeeeento, ¿Verdad? y pues... es un Long fic realmente extenso. Voy por el capitulo veintiuno en cuestión de trama armada y eso es prácticamente el 75% de la historia. Creo que saldrán como unos treinta o treinta y cinco. Depende.
Y como actualizo desde hace haaaarto tiempo, una pequeña trivia es recordar que Emma Nott si existe. Ya la mencione antes. Es la mujer muy hermosa que Theodore encontró una vez en la casa ancestral de los Nott, a donde su padre le llevo cuando le saco de la escuela en el segundo año. La loca que quizo apuñalarlo. Les dije que eso si paso. Ahora es cuando las cosas comienzan a retorcerse de una manera... horrible. Es un fic oscuro, y recuerden, es también clasificación M.
Saludos!
