La chica del vestido azul
Angielizz
Bebida para la resaca
Aquel sábado estaba lloviendo, su padre habría dicho algo como que el cielo estaba llorando o que el agua de lluvia era buena para borrar las heridas, todo dependiendo de su sentido del humor de aquel día, pero papá no estaba ahí aquella mañana cuando salió de su habitación en su busca sin encontrarlo como venía sucediendo por una semana.
Recorrió la casa vacía, su madre estaba en la oficina incluso aquella mañana de sábado, lo que fuera con tal de mantenerse alejada de aquella casa que le recordaba a su infiel esposo entraba en sus posibilidades. A Isabella le dolía su cabeza, sentía como si la hubiesen amartillado una y otra y otra vez más durante toda la noche. Intentó pensar en lo sucedido pero todo eran imágenes borrosas carentes de sentido.
Caminó hacia la cocina para prepararse el desayuno, al abrir el refrigerador lo encontró vacío, la alacena estaba en el mismo estado, posiblemente su economía se vería afectada por el abandono de su padre, pero aquellos estantes vacíos no eran por falta de dinero, simplemente a su madre se le había olvidado, se había olvidado de comprar comida, pagar el internet, y que tenía una adolescente en casa que había perdido a su padre y que necesitaba de ella.
Respiró hondo. No la culpaba, si ella pudiera también se iría a donde fuera para distraerse, pero ahí estaba. Atrapada entre todas aquellas habitaciones vacías, las paredes, las fotografías colgadas en los muros y los estantes sin latas de comida.
Con el estómago rugiendo dio los diez pasos necesarios para salir de la cocina y sentarse en el salón, se acostó en el sillón grande, subiendo los pies sobre el colchón sin importar lo que podría decir su madre si aparecía en aquel momento. Pero como su madre no daría la cara aquel día sino hasta después de la hora de comida, no le importó manchar el asiento con la tierra de sus pies descalzos.
De no ser por el dolor en su cabeza habría encendido el televisor para matar al tiempo más rápido, pero como la migraña resultaba intolerante optó por limitarse a mirar el techo e intentar recordar lo sucedido la noche anterior.
Después de unos minutos cuando creía que iba a quedarse dormida unos toques fuertes en la puerta la hicieron recobrar total conciencia. Se levantó del sillón con prisa, consiguiendo aumentar el dolor de cabeza y marearse, pero aun así se encaminó hacia el recibidor. Al abrir la puerta se encontró a Rosalie y Alice, ambas vestían unos vestidos floreados y llevaban su peinado en una elegante coleta, parecían gemelas de vestuario, Isabella nunca había entendido bien cómo es que ambas sincronizaban a la hora de arreglarse, pero usualmente así era lo que sólo terminaba por hacer que fuese ella quien desentonara y resultase más notorio su atuendo desaliñado.
—Lo siento tanto —y con esas breves palabras Rose se lanzó a sus brazos, atrapándola en un fuerte abrazo. Alice se unió a ellas un segundo más tarde.
—Te juro que no fue nuestra intención.
Isabella las miró confundida, ¿qué hacían un sábado tan temprano en la puerta de su casa después de una fiesta? Y ¿por qué lucían tan arrepentidas?
—Ed está tan molesto. No tienes una idea.
—¿Edward?
—Dios, le debes una grande... le debemos una grande, tú no tuviste la culpa de nada, Bella, lo siento tanto —volvió a repetir aquellas tres palabras Rosalie consiguiendo desconcertarla aún más.
—¿Qué ha pasado?
—¿No lo recuerdas?
—Sólo sé que tengo un dolor de cabeza insoportable. ¿Podemos subir a mi habitación?
Una vez las tres instaladas y desparramadas en la pequeña cama individual de Isabella comenzaron a narrar lo sucedido.
—Ed aporreó a mi puerta desde las ocho de la mañana, y entonces se ha soltado a insultarme. Estaba tan enojado. Y yo pensaba que él era un ridículo, exagerado e idiota. Porque ¿Quién aparece a las ocho de la mañana solo para regañarme como si fuera mi padre? Pero... Bella, lo siento tanto. —mientras explicaba todo aquello Alice volvió a saltar sobre sus brazos. Bella se alejó de Alice confundida, curiosa pero también temerosa.
—¿Qué sucedió?
—Ed me ha llamado antes de ir a fastidiar a Alice en persona... él fue quien te dejo en tu casa anoche —Rosalie se mordió el labio antes de soltar la bomba— te emborrachaste, te perdimos de vista, en realidad creíamos que te habías ido porque ya habías amenazado con hacerlo, entonces no te buscamos y no parecías borracha cuando nos separamos... Ed dice que te rescató de un idiota abusivo.
Bella se quedó quieta durante un minuto aproximadamente, sin mostrar emociones en su rostro, simplemente repitiendo aquellas palabras en su cabeza hasta que tomaron sentido.
—¿Un idiota abusivo?
Podía entender que se tratara de un idiota, los chicos de su edad usualmente iban acompañados de aquel adjetivo. ¿Pero abusivo? ¿Alguien la había estado molestando la noche anterior? ¿Molestado con insultos o bromas pesadas? ¿Molestado con toqueteos? ¿Alguien había abusado de ella? Un escalofrió la recorrió de pies a cabeza. Intentó recordar pero su cabeza parecía no cooperar.
—Eso es todo lo que ha dicho.
—¿Qué significa eso?
Ambas se encogieron de hombros pero sin atreverse a mirarla. ¿Un idiota abusivo?
Isabella corrió al baño, estaba segura de estar a punto de vomitar pero cuando se inclinó en la taza de baño nada salió de su boca excepto su propio llanto. Se levantó del suelo y se quitó la blusa enfrente del espejo, revisó su cuerpo intentando encontrar alguna marca, un moretón, un chupete, lo que fuera que indicara que alguien había hecho algo con ella. Alice se acercó a Bella y le dio un fuerte abrazo.
—Deberíamos llevarte al hospital
—¿Qué?
—Por si acaso... ¿tú no recuerdas nada? —Bella negó con su cabeza aún alterada con la idea de terminar con un extraño en bata revisándola para cerciorarse de que nada malo le hubiese ocurrido.
—No quiero ir al hospital, no sé qué podría decir. "No lo recuerdo pero alguien podría haberme... —se quedó callada incapaz de terminar la frase. Violación. Esto no puede estarme pasando a mí.
—Deberías hablar con Ed primero. Él podría ser testigo, y ayudarte en caso de que tengas que hacer alguna denuncia.
—¿Una denuncia?, ¿te refieres a hacer esto público?
—Alguien debe hacerse responsable —coincidió Rosalie con la idea de Alice— no puede quedar como si nada hubiese pasado.
—Deberíamos decírselo a tu mamá antes. O tu papá, él es abogado, sabrá qué hacer.
¿Decírselo a sus padres, abogados, doctores? ¿Alguien más podía escuchar a su corazón taladrándole el pecho y la cabeza?
—Mi mamá también podría ayudar —dijo Rosalie— y tengo algunos tíos que saben sobre el tema.
¿Decírselo a más gente? ¿Acaso no podían esperar a que ella lo procesara primero? Bella aún estaba llorando y las dos chicas frente a ella parecían estar al borde de las lágrimas, pero concentradas en alguna clase de justicia contra el abusivo idiota que ella ni siquiera podía recordar. Podía verlo en el rostro de ambas, aparte de las emociones encontradas por lo que sea que le hubiese pasado a ella la noche anterior, había una chispa en ellas: un plan creándose en su mente.
Y como si aquello pudiera empeorar alguien tocaba a la puerta. Las tres miraron hacia el recibidor.
—¿Quieres que yo abra? —preguntó Alice mirando a Isabella y sus evidentes lágrimas.
—Yo puedo. —Bella volvió a ponerse la blusa que estaba en el suelo.
Y con esas dos breves palabras sacó de algún lugar en su interior la fuerza necesaria para caminar los siete pasos hacia la puerta. Se limpió con las mangas de su camisa las lágrimas que rondaban en su puerta y abrió apenas la puerta para ser sólo ella quien pudiera ver hacia afuera y no sus amigas.
—Puede ser un poco inconveniente y temprano pero...
Edward estaba ahí, luciendo como si no fueran las nueve de la mañana y como si todo anduviera bien. El corazón de Bella comenzó a latir con fuerza contra su pecho. Miró hacia el suelo al pensar que quizás él sabía todo lo sucedido, lo que fuera que hubiese sucedido él lo sabía. Era lo único por lo que él se presentaría de ese modo a su casa.
—Te traje esto.
Señaló un vaso de vidrio con tapadera, podía verse una bebida de un tono y textura poco antójale. ¿Para qué era aquello? Algún método anticonceptivo de emergencia... la simple idea le provocó nauseas.
—¿Qué paso? —preguntó Bella con un hilo de voz mientras sus ojos brillaban y ardían, pero no iba a romperse frente a él, aquella era una pequeña prueba ante todo lo que podría venir más adelante.
—¿Qué paso?, ¿tienes alguna clase de amnesia? —Isabella asintió en silencio sin poder hacer salir las palabras de sus labios y sin despegar la vista del suelo.
Menos mal, pensó Edward mientras la observaba. Bella llevaba aquella mañana el cabello en uno de esos nidos de pájaros, una camisa de manga larga de una banda de rock en español y unos pantalones sueltos de lino, pero no era su atuendo lo que llamaba su atención, de nuevo era su rostro. Se mostraba seria, pálida y tan rota. No entendía su estado de ánimo, quizás de haber recordado su desagradable encuentro con el idiota de ultimo año tendría sentido, pero sino lo recordaba no tenía razones. Tal vez su mamá la ha castigado para siempre.
—Te traje una bebida para la resaca.
—¿Resaca?
—¿No te duele la cabeza?
—Sí... ¿sólo es para la resaca?
—¿Para qué más sería?
Isabella su ruborizó negando con su cabeza pero sin levantar la cabeza para mirarlo, aquella actitud comenzaba a exasperarlo.
—¿Qué haces aquí?
—Necesitaba hablar contigo y anoche olvidaste tu celular en mi auto —y diciendo eso le extendió el celular frente a ella. Bella lo tomó levantando por primera vez la cabeza y dejando ver sus mejillas bañadas en lágrimas. Isabella guardó el celular en el bolsillo del pantalón mientras que con la otra mano se limpiaba la cara.
—¿Estás bien?
—¿Cómo... cómo podría?
—¿Cómo podrías? —repitió confundido.
—Sólo dime qué pasó anoche.
—Veras... —Edward tomó una bocanada de aire para decírselo de una vez sin rodeos pero Bella tapó su boca con su mano y negó con su cabeza.
—Entra.
No quería que ningún vecino escuchara lo que había sucedido, tampoco habría querido que Alice o Rosalie lo escucharan pero daba lo mismo. Una vez adentro lo primero que los ojos de Edward hicieron luego de dejar de mirar las lágrimas de Isabella fue a las dos jóvenes paradas nerviosas en el pasillo. Se miraron los tres confundidos, sin que ninguno se explicara qué hacía el otro ahí.
—Qué bueno que estás aquí. Bella ya lo sabe, pero no recuerda nada y necesita que la ayudes, necesita que le expliques lo que ha sucedido con el idiota que abusó de ella en la fiesta —y mientras Alice decía todo aquello acercándose hacia Edward, él por su parte intentaba analizar sus palabras. Miró a Isabella que parecía incomoda y desviando su vista de él.
—¿El idiota que...
—Alice llamará a su mamá que es abogada y si tú sabes quién es el cretino entonces podríamos tener algún caso de violación firme para que...
—Espera ¿qué?
—No podemos dejar que se salga con la suya, Bella tendrá que enfrentarlo para que se haga justicia.
—¿Qué? —repitió Edward, Bella se recargo contra la pared, como si se estuviera sujetando de esa manera
—Su padre es abogado, obviamente apoyara nuestra idea. Incluso deberíamos denunciarlo en la escuela si es que estudiamos en el mismo lugar.
—Eso no ha pasado —se dirigió a ella, pero Bella ya no estaba escuchando. Estaba gritando en su cabeza mientras intentaba salvar algún recuerdo de la noche anterior—¿Bella? Isabella —Y entonces para sorpresa de las dos jóvenes que los veían expectantes, él tomó la cara de ella y comenzó a limpiar sus lágrimas con sus dedos intentando llamar su atención—Isabella eso no ha pasado.
—¿No? —él negó con su cabeza con rapidez.
—No ha pasado nada
—¿De verdad?
—Lo juro.
—Me han dado el susto de mi vida —dijo mirando acusadoramente a Rosalie y a Alice.
Edward siguió limpiando sus lágrimas y mientras lo hacía Rosalie los observaba en silencio, ¿desde cuándo eran tan cercanos? Y ¿qué hacia él en casa de ella? Él no había dicho nada sobre Isabella aquellos días, pero creía que si de la noche a la mañana habían optado por ser amigos, él o ella se lo habrían comentado. ¿Era alguna clase de amistad secreta?
Rosalie caminó hacia ellos y abrazó con fuerza a Isabella para darle apoyo y alejarla al mismo tiempo de Edward. Los cuatro tomaron asiento en la pequeña sala de la casa de Isabella y cuando ella dejó de llorar comenzó la pelea de miradas.
—¿Cómo es que ambas han terminado por distorsionar lo que dije hasta convertirlo en alguna clase de testimonio de violación?
—Tú lo has dicho.
—¿Qué?
—Dijiste que habías rescatado a Bella de un idiota abusivo.
—Dije que había alejado a Isabella de un idiota abusivo. No que alguien había abusado de ella.
—Es lo mismo.
—Claro que no.
—Pero has sido tú quien lo catalogo como un idiota abusivo.
—En teoría ha sido ella —dijo apuntando con su mentón hacia Isabella, quien estaba sentada en medio de Rosalie y Alice, mientras sostenía con fuerza el recipiente con la bebida que Edward había llevado para quitar la resaca sin sacar los animos para darle un trago.
—¿Yo?
—¿Bella llamando a alguien idiota? Debió ser interesante verte borracha —bromea Alice, tanto Ed como Rosalie le lanzan una mirada envenenada, mientras Isabella se ruboriza en silencio.
Edward mira a la castaña, no ignora que ha evitado mirarlo desde que se sentaron en la sala o desde que entró a su casa. Es incomodo, por supuesto, y se da cuenta que es ahora más complicado ser ignorado por ella que antes.
Antes podrían encontrarse los dos en el mismo sitio sin tener motivos para hablarse, en cuanto eso sucedía cada uno tomaba su camino sin despedirse siquiera, él ni siquiera podía recordar una vez que hubiese saludado a Isabella directamente cuando estaba con las otras dos jóvenes, mucho menos alguna vez en que la hubiese saludado cuando se encontraba sola. Pero ahí, en aquella sala, ser ignorado de tal modo parecía incomodarle.
Sin embargo, y sólo como excusando a la aludida, ella no lo ignoraba apropósito, evitaba mirarlo, era cierto, aun se sentía avergonzada sobre todo porque no lograba ordenar sus recuerdos, pero estaba tan ensimismada en sus pensamientos que incluso un tornado frente a ella habría sido ignorado.
—Tengo que irme —anuncia Edward levantándose del sillón individual en el que se había encontrado— sólo vine a devolverte el celular —excusa incluso su presencia en ese sitio. Ahora la idea de ir a ver cómo se encuentra le parece del todo estúpida.
Estuvo en su habitación desde las siete de la mañana despierto decidiendo ir a casa de ella o no hacerlo, y luego de dos horas se había decidido por ello, sobre todo después de pelear con Alice y Rosalie y no haber encontrado ninguna clase de consuelo en eso. Pero ahí estaba y todo le parecía una tontería de su parte en ese momento.
—¿Y el resto de la historia? —pregunta Alice mostrando los deseos que tiene por llenar los espacios vacios de la noche anterior, Bella también quiere que cuente el resto y es por eso que lo mira con sus ojos aún brillosos y rojos.
Y el odia a su propia madre en ese instante, porque si ella no le hubiese metido la idea tan en serio de la caballerosidad y en que debía ser el hombre que ella quería que fuera, uno que de preferencia no se pareciera a su padre, él se habría ido, pero ahí estaba: viendo a tres chicas con ojos ansiosos de escuchar el resto.
Edward se sienta y cuenta el resto.
Y mientras lo hace los recuerdos borrosos de Bella van tomando cierto contorno y sentido, recuerda el alcohol; a Rosalie y Alice bailando; la cocina llena de bebidas; un pelirrojo que jala su mano y la lleva al segundo piso; los pasillos llenos de parejas; el par de besos frustrados; a Edward.
La cara del pelirrojo se ve difusa, pero el rostro de Edward está más presente. Su mirada furiosa contra el pelirrojo, el abrazo, y el brazo de él alrededor de sus hombros. Y el retortijón en su estómago aparece como lo ha venido haciendo desde varias semanas atrás.
Ellas tienen razón: le debe una grande a Edward. Y se siente agradecida por su aparición y por haberla llevado a casa.
La historia que cuenta Edward finaliza con el aventón a media noche, pero no narra la conversación entre ellos ni sus estúpidos comentarios, o su caída, la noche termina en cuanto ella sube al auto y se pregunta si algo del resto realmente ocurrió o no.
—¿Dudas aclaradas?
Alice y Isabella asienten, la segunda con una sonrisa pequeña de agradecimiento que no puede ser correspondida porque el campo visual de él se ve invadido por el cuerpo de Rosalie que se lanza a sus brazos.
—Muchas gracias, por salvarla de ese imbécil.
Bella piensa que quizás ella debería ser quien agradezca con tal efusividad, comprende que no porque no son esa clase de amigos ni tan cercanos, pero debería ser ella. Sin embargo es Rosalie a quien le devuelven el abrazo, le obsequian una sonrisa de no fue nada, y es Rose la que ocasiona como respuesta un rubor en la mejilla de Edward.
—¿Podrías bajarte? —pregunta Edward señalando el cuerpo de ella sobre él— tengo que ir a casa —se levanta y le da una última mirada a Isabella— tomate esa bebida, te quitara el dolor de cabeza.
Bella le da un sorbo a la bebida, el sabor es una mezcla de amargo y agrio combinado con jugo de arandanos, no quiere saber qué es lo que está tomando. Alice se levanta para despedirse de Edward y llevarlo a la puerta. Bella no lo piensa y comienza a dar sorbos fuertes y seguidos al vaso hasta terminarlo, traga ignorando la necesidad de vomitar el líquido. Rosalie ha encendido el televisor cuando Isabella se levanta de su asiento con el recipiente vacío en su mano y camina hacia la puerta, Alice y ella se encuentran en el pasillo.
—Le devolveré su vaso—se excusa Bella caminando hacia el automóvil de él.
Edward está por encender su vehículo cuando ve a Bella caminando hacia él. Le abre la puerta del copiloto desde adentro, y ella no tiene que pensarlo cuando toma asiento a su lado.
—Gracias —dice mostrando el vaso sin la bebida.
—¿Te gustó? —ella niega con su cabeza— uno de cada cinco casos es efectivo.
—¿Es alguna clase de receta secreta tuya?
—Supongo que algo así, la encontré en internet hace unos años.
—Yo sólo quería agradecerte por lo de anoche.
—No fue nada del otro mundo, Isabella.
Y de nuevo con su afán de llamarla por su nombre completo. Quizás algún día podría hacerle comprender que de verdad no le gusta nada.
—¿Algún día me dirás tu segundo nombre? —él niega con su cabeza con una ligera sonrisa.
—Perdiste tu oportunidad, Isabella —esta vez repite su nombre con la única intención de molestarla y ella lo sabe.
—Gracias por la bebida, y lo de anoche y por devolverme mi celular.
—No te preocupes —él se ve tranquilo de nuevo, relajado a diferencia de su comportamiento anterior dentro de su casa; y entonces ella supone que él no revisó su celular ni nada, ¿por qué lo haría? Ni que ella fuese la clase de persona que pudiese ocultar un secreto importante, por lo menos no lo aparenta.
—Nos vemos el lunes —dice abriendo la puerta.
—Hasta entonces.
Hola a todos, gracias por seguir por ahí y sus mensajes privados.
Siento mucho la demora, estos días han sido llenos de presión y no había tenido tiempo de sentarme ni siquiera para subirlo a internet aunque ya lo tenía completo.
El miercoles subiré nuevo capitulo, a excepción claro, que ustedes lleguen a los 10 comentarios.
Hasta entonces.
Besos y abrazos desde México.
