Hola chicos, bueno, como les dije, batalle mucho para escribir este capitulo. Mi mejor amigo es la primer persona en leer mi historia antes de publicarla, y cuando había terminado de escribir me dijo que el capitulo estaba muy simple, que podia sacarle mayor provecho a la situación y hacerlo mas Inesperado. Bueno, este es el resultado de sus consejos, a el le ah encantado, espero a ustedes también.

Los personajes No son míos, son de Suzanne Collins, yo solo juego con ellos.

Disfruten el capitulo.


Peeta POV.

El sonido deja de escucharse durante un momento. Detrás de todas las plantas frente a nosotros hay algo. Y no solo es una cosa, son más de tres, escucho las respiraciones.

Finnick está frente a mí, protegiéndome con su cuerpo. No quiero que lo haga, quiero que se ponga a mi lado, quiero que me tome de la mano, pero no tengo vos para decírselo.

Se empieza a escuchar el sonido de los pasos avanzando hacia nosotros, después, las hojas comienzan a moverse lentamente y de entre ellas sale lo que parece ser una cabeza.

Poco a poco el animal va saliendo, lentamente, analizando nuestros movimientos. Finnick corta la respiración de golpe y mi mandíbula se cae, dejándome con la boca abierta.

Frente a nosotros hay un gran leopardo negro, con sus ojos fijos en nosotros. No es más alto que la cintura de Finnick, pero por sus colmillos y sus garras, estoy seguro que no duraríamos más de un minuto contra él. Y peor, justo a sus espaldas salen dos leopardos más. Otro negro y uno amarillo con manchas, que se posición enfrente de todos, en medio. Ese es el más grande y gordo.

De todas las cosas, jamás me paso por la cabeza que me enfrentaría a unos felinos. No debería ser tan difícil, creo. Pero cualquiera de ellos es más fuerte que yo. Más fuerte que Finnick.

Sus pasos son lentos y calculadores, el grande es el único que se mueve, lentamente, acercándose, mirándonos, oliéndonos, descifrando que es lo que vamos a hacer una vez que nos ataquen.

Cuando se da cuenta que somos inofensivos, hecha su cabeza para atrás y ruge con fuerza, incluso desde aquí, puedo sentir el calor de su aliento y el horrible olor. Los otros dos también rugen junto a él.

Hasta este momento me doy cuenta que Finnick tiene el tridente en la otra mano, sin apuntar hacia los felinos, para que no vean la amenaza. Sé que, aun con tridente, no tendríamos oportunidad contra los tres. Quizá mate a uno, pero para eso tendrá que desprotegerme, algo que no hará, porque al instante de que ataquemos, ellos atacaran también.

Finnick comienza a empujarme hacia atrás, sin mirarme. Estoy a punto de caer. Y sé lo que la busca. Una muerte fácil, arrojándonos desde el acantilado, quizá suframos pocos segundos mientras caemos, pero será mejor que esto, ser desgarrados, mutilados, comidos, lentamente hasta que nuestro corazón deje de latir a causa del dolor.

Siento el borde bajo mis talones y el leopardo se ah dado cuenta de nuestros movimientos, y se empuja hacia atrás y con fuerza brinca hacia nosotros. Estuve a punto de caer, pero Finnick me ah tomado de la cintura con fuerza, deteniéndome junto a él.

¿Qué hace? ¿Quiere que muera en garras de estos animales? ¿Me dará como carnada para poder salir huyendo?

Entonces lo veo, el animal esta en el suelo, hay una flecha en su garganta.

Otro de los leopardos esta en el aire, directo hacia nosotros, y sin esperármelo, el tridente lo ah traspasado, justo en el estomago, haciendo que el animal gima y caiga en el suelo, junto al otro. Y para cuando volteo, el otro leopardo tiene dos flechas. Una en el cuello y otra en el costado.

-¿Qué diablos…? –comienzo a decir antes de que Finnick regrese a mi lado, con el tridente en la mano y en la misma posición defensiva cuando algo se mueve sobre nosotros.

Con gracia y agilidad una figura cae frente a nosotros, flexionando sus rodillas y levantándose tan rápido que no pude distinguirlo.

Es una mujer, lleva una especie de pantalón de cuero café y algo como botas de cuero, pero no tienen cintas ni nada por el estilo, es como si fueran calcetas en forma de zapatos. Y en el torso, solo lleva una franja de cuero que cubre sus senos.

-¿Estas bien, Peeta? –Me pregunta Finnick sin voltearse para mirarme.

-Si –contesto susurrando.

La chica, con un cabello obscuro y largo comienza a sacar las flechas de los leopardos, sin siquiera voltear para mirarnos.

Cuando la saca toda, las coloca en un carcaj que lleva en su espalda y con su mano derecha sujeta el arco con fuerza.

Se para frente a nosotros y comienza a acercarse, lentamente, extrañamente, con gracia en sus movimientos.

-¿Qué hacemos? –le pregunto a Finnick. El no contesta.

La mujer se para a pocos metros de nosotros, mirándonos fijamente. Puedo ver todos sus rasgos desde aquí. Tiene una nariz fina y pequeña, unos labios anchados y delineados, unos ojos grises, rodeados de unas hermosas pestañas negras. Su cuerpo no es delgado, pero tampoco es gordo, en lo absoluto. Tiene el cuerpo de una cazadora. Piernas largas y torneadas, una cintura pequeña y caderas anchas. Brazos fuertes y largos.

No supe cómo, pero detrás de ella hay un hombre, recargado en un árbol. Su piel es muy obscura, tan obscura que es imposible distinguir la pintura negra que lleva bajo los ojos y en tatuajes por todo el brazo.

Finnick murmura algo por lo bajo.

-No queremos hacer daño –dice Finnick en vos alta y clara, pausando cada palabra, levantando las manos-. No somos enemigos –Con las manos hace toda especie de ademanes, para hacer mas entendibles sus palabras-. No vamos a atacar –con cada palabra, sus manos hacen algo relacionado. Entonces arroja el tridente a los pies de la chica-. Deja que nos marchemos. –Hace una pausa mientras la chica nos ve con una cara extraña, como si pudiera comprendernos, pero a la vez no-. No vamos a dar problemas.

-Levanta el tridente –mi boca se abre aun mas, la voz que sale de la chica es todo, menos como me la hubiera imaginado-. Es un lugar peligroso, no debes andar desarmado. Y sígueme, los llevare a un lugar seguro. –La chica nos da la espalda, toma un leopardo por las patas y lo hecha sobre su lomo sin dificultad. Después dice un montón de palabras que no comprendo y el hombre frente a ella se acerca para tomar los otros dos animales.

Finnick y yo nos miramos y el toma el tridente.

-¿Qué hacemos? –le pregunto.

-Si nos marchamos ellos podrán encontrarnos, tenemos que demostrar que no somos una amenaza.

Asiento ligeramente.

-Nadie creería que ustedes son una amenaza –dice la chica frente a nosotros, sin mirarnos-. Parecen tan… -busca la palabra-. Delicados.

-¡Hey! –Grita Finnick, pero ellos no se detienen.

Comienza a caminar más rápido hasta ponerse a su lado.

-Oye ¿Quién eres? –le pregunta.

-Finnick… -murmuro a su lado. No es buena idea hacer que ellos se enojen.

La chica solo sonríe.

-Vengan con nosotros y les explicare todo lo que quieran.

-No vamos a ir a ningún lado hasta que no me digas quien eres y que haces aquí.

Finnick la ah tomado del brazo y al instante, como si él fuera una parte de ella, el chico grande y musculoso esta frente a nosotros, mirándonos con desprecio.

-Tresh, está bien –El hombre asiente y toma los animales de nuevo.

-Finnick, solo vamos –susurro.

-Me llamo Katniss Everdeen –dice la chica mientras sigue caminando-. Puedo hablar español porque mi abuela llego aquí después de un accidente en un barco, mi abuelo la rescato y vivieron aquí para siempre. Mi abuela y mi madre saben español y me lo han enseñado. Solo nosotros hablamos este idioma. Mi abuela dijo que algún día alguien podría venir, alguien que no sería de la tribu, por eso debo de saber español y mis hijos y cualquiera que descienda de ella. Dijo que tienen aves de metal que pueden llevar a muchas personas en ellas, o barcos. Dijo que podría ir con ellos. Y dijo que aprendiera esto de memoria, porque sería lo primero que debo de decirles a las personas que encuentren esta isla.

-¿Entonces has vivido aquí siempre? –le pregunto sin pensarlo.

-Si, y mi madre también. Mi abuela murió hace muchos años. Pero ella siempre dijo que yo no debo vivir aquí, que hay otro mundo, un mundo mejor. Pero para ella, ese mundo no era el que quería. Ese mundo era para mí, y si yo no lo alcanzaba, me hizo prometer que educaría a mis hijos para que algún día, cualquiera que descienda de ella, pueda regresar a ese mundo.

-Nosotros no tenemos forma de regresar –murmuro.

-Lo sé –dice ella-. Los vimos desde que cayeron aquí en esa ave metálica.

-Se llama avión –dice Finnick.

-Los vimos desde que cayeron del avión –sonríe ella, pronunciando mal-. Estaba esperando a que vinieran por ustedes, pero creo que eso no va a pasar.

-Si va a pasar –le digo.

-Bueno, entonces yo me iría con usted.

-¿Y eso por qué? –Finnick se pone frente a mí y nos detiene.

-Por que los eh salvado de ser atacados, por que los eh salvado del día de la cosecha y por que los voy a llevar a un lugar sagrado, a un lugar que nunca nadie debe de conocer, un lugar que, incluso mi abuela, me prohibió revelar a los demás seres humanos.

-No necesitamos tu ayuda –Finnick muerde una de sus uñas, tratando de parecer casual.

-Si lo necesitan. En dos días es la cosecha y les aseguro que cualquiera que no esté dentro de nuestra aldea, no sobrevivirá.

-¿Qué es la cosecha? –pregunto.

-Les contare todo, les mostrare todo, los protegeré. Solo si me dejan ir con ustedes, cuando los rescaten.

-Trato –contesto.

-Peeta… -Reprocha Finnick.

-La historia es esta: Mi abuelo y mi abuela llegaron aquí después de naufragar, salvaron a un bebe varón que había logrado sobrevivir a la tormenta en el barco. Mi abuela estaba embarazada de mi madre. Jamás los encontraron. Años después, mi madre y ese varón formaron una familia y me tuvieron a mí. Nací en esto, se cómo sobrevivir gracias a ellos. Pero todos han muerto. Soy la única que queda y yo los ayude a ustedes a sobrevivir en esta isla decirte. Desierta. ¿Entendieron?

-¿Nos estás dando ordenes, preciosa? –pregunta Finnick.

-Mira, chico guapo –Katniss se da media vuelta y sostiene una flecha en el cuello de Finnick-. Te estoy haciendo un favor. Nada me cuesta matarlos y esperar a que sus humanos encuentren el ave metálica, se que vendrán por ustedes. Les diría que nadie sobrevivió, que soy la única que vive en esta isla. ¿Ves? No es tan difícil. Pero no. Los dejare vivos, no les hare daño ¿Cuál es tu maldito problema?

-Por favor, Katniss. Por favor. Estamos nerviosos, no hemos comido bien, no hemos dormido bien, nos acaba de atacar una manada de leopardos, por favor, no nos hagas daño. –Pongo mi mano sobre su hombro.

-Tranquilo. Solo síganme.

Comenzamos a caminar hacia adelante. El chico en ningún momento se ah girado para vernos.

-Entonces son Peeta y Finnick ¿Correcto?

-Así es –contesto.

-¿Son hermanos? –Pregunta-. Lo digo por la forma en que Finnick te está protegiendo siempre.

-No somos familiares –contesta Finnick.

-¿Entonces? ¿El chico es una especie de tesoro? ¿Vale mucho? Porque parece como si no quisieras que nadie lo tocara.

-Es mi pareja, es mi novio –contesta Finnick con sequedad.

-No conozco el significado de la palabra novio. Pero si el de pareja. Quiere decir que ustedes están juntos ¿Correcto?

-Si –contesta Finnick.

-Pero ambos son hombres, ¿Correcto?

-¿No es claro?

-Finnick, por favor –susurro en su oído.

-Si, Katniss, ambos somos hombres. En nuestros tiempos a esto se le llama una relación homosexual, pero no lo veo así. Somos dos personas, comunes y corrientes, que se aman. Que sienten amor el uno por el otro.

-Lo entiendo, no tienes porque explicármelo todo.

Seguimos caminando, Tresh a muchos pasos de nosotros, Katniss junto a nosotros, con el leopardo aun en su espalda.

-¿Quieres que te ayude? –le pregunta Finnick señalando el animal.

-En realidad estoy bien, quizá en un rato más. –le contesta Katniss de la mejor forma.

La selva va cambiando conforme caminamos, justo ahora estamos pasando por dos deformaciones rocosas a nuestros costados.

-Ahora, escúchenme bien los dos –Katniss se detiene, se da media vuelta, arroja el cuerpo del animal al suelo y nos mira directamente después de gritar algo en un idioma que no conozco y Tresh se detiene a varios pasos de nosotros-. Estas personas son muy supersticiosas. Creen en Dioses, señales, magia… Por mas importante que yo sea en ese lugar, no podre hacer nada si Effie, la bruja de la aldea, dice que ustedes son peligrosos y tienen que irse… o morir.

-¿Estas hablando enserio? –pregunta Finnick.

-Por supuesto. Dudo mucho que los mande matar, pero tenía que decírselos. Ahora, el lugar que van a conocer es místico, jamás han visto algo como eso y jamás lo volverán a ver. Tiene prohibido hablar de él, tienen prohibido recordarlo una vez que salgamos de aquí.

Katniss se agacha y toma el animal entre sus manos y con esfuerzo se lo hecha sobre la espalda.

-¿Es seguro ir, Finnick? –le pregunto lo más bajo posible.

Finnick no contesta.

-Es seguro –dice Katniss-. Soy una especie de miembro prodigioso en ese lugar.

-¿A qué te refieres? –le pregunto.

-Ahora no tengo tiempo de contarte, en un momento más…

Frente a nosotros hay una barrera gigante, una montaña rocosa color arena, tan alta que no puedo mirar el limite a causa de los rayos del sol; abajo, donde comienza la montaña, hay una capa de hiervas y arboles, enredaderas y arbustos, contorneando el perimetro de la montaña.

Tresh aparta con su mano un puñado de hierbas y deja ver una pequeña cueva en el suelo, más que una entrada, parece una madriguera de algún tipo de conejo o zorro.

Katniss arroja el animal que tenia sobre su hombro y cae dentro de la cueva, el animal desaparece.

-Entren –Nos ordena Katniss. Se acuesta en el suelo, metiendo los pies en la cueva y con un rápido movimiento desaparece en el interior.

-Tu primero –dice Finnick sin despegar los ojos de Tresh.

Trato de imitar a Katniss, meto primero los pies en la cueva y me doy cuenta que en el interior no hay nada, mis piernas están moviéndose en el aire. Tengo que saltar, saltar hacia el interior. Lo único que me preocupa es que tan alta será la caída.

Sin pensarlo me arrojo hacia el interior, durante un momento siento el aire romperse contra mi cuerpo y después algo duro impacta con las plantas de mis pies, haciendo que mis piernas se doble y caigo contra el suelo.

Me paro rapidamente, sacudiendo el polvo de mi ropa.

Es un espacio grande, más grande que nuestra cueva, esto rodeado de roca completamente, del techo se filtra luz solar y puedo apreciar todo lo que hay. Arriba de mi, varios metros, esta la entrada, veo los pies de Finnick entrando, después sus piernas cuelgan durante un momento y segundos después Finnick está frente a mí, por supuesto, el cayó con gracia y elegancia.

-¿Qué es esto? –pregunta mirando hacia todos lados.

Todo es de roca, y parece ser parte de la misma cueva. A todo nuestro alrededor hay distintas entradas, como si fuera un laberinto.

-Todos los caminos te llevan a algún lugar diferente, muchos de los lugares son mortales, como es el caso del nido de anacondas. Y solo un túnel te lleva a la aldea. No traten de memorizarse el camino, porque no lo lograran.

Tresh cae detrás de nosotros y sin prestarnos atención toma los animales y comienza a caminar. Lo seguimos.

Entramos por un túnel, todo es roca por todos lados y hay lugares con tan poca iluminación que ver después de mi nariz me parece imposible.

Llegamos a un lugar similar a por donde entramos, hay diferentes túneles y Tresh camina por uno hacia la derecha. El interior de la cueva es húmedo y frio.

Caminamos durante un largo rato entre el túnel hasta que se acaba el camino.

-¿Se equivocaron de túnel? –pregunta Finnick.

-No. Tenemos que esperar aquí hasta que vengan por nosotros.

-¿Tardaran mucho?

-Algo. No se supone que regresáramos tan rápido, pero ustedes nos facilitaron el trabajo atrayendo a los leopardos.

Tresh tira los animales junto a él y se sienta en el suelo, recargando su enorme cuerpo contra la roca y cerrando los ojos.

Katniss se sienta también y Finnick y yo frente a ella.

-¿Quieren escuchar mi historia? –nos pregunta Katniss.

-Por supuesto –contesta Finnick, sonriendo.

Estira su brazo hacia mí y lo envuelve en mi cuerpo, acercándome hacia él.

-Bien –Katniss sonríe al vernos-. Mi abuela llevaba toda su vida viajando en barcos, con su padre. Recorrían el mar de continente a continente, ella tenía 17 años y estaba cansada de su vida. Su padre era alguien importante en el mundo y siempre tenían que estar en los barcos, el era un capitán muy reconocido. –Sus palabras, el tono en que las pronuncia, la mágica roca a nuestro alrededor y el cuerpo cálido de Finnick junto al mío, me hacen volar hasta esa época e imaginarme todo por completo-. Hubo un accidente, una tormenta que acabo con la embarcación. Era de noche y ella estaba dormida cuando el barco se destruyó. Se aferro a un pedazo de tabla durante horas, con las olas golpeándola continuamente. Estaba asustada, tenía miedo. Sabía que moriría de todas formas, pero no tenía el valor para soltar la tabla. Entonces, frente a ella y detrás de toda la neblina había una isla. Tardo horas en llegar hasta ese lugar, pero cuando llego, se sintió feliz. No sabía nada de supervivencia, por lo que se dedico a comer frutas de los arboles. No pasaron más de dos días cuando la encontraron los miembros de la aldea. Quedaron sorprendidos por su extraña piel blanca y cabello rubio. Ninguno hablaba su idioma, por lo que comunicarse fue casi imposible.

La llevaron hasta la aldea, maravillados con ella y fue Effie quien la declaro hija de Atenka. Atenka es la Diosa de la belleza. Mi abuela no pudo decirles el por qué había llegado hasta esa isla, por lo que todos la vieron como un regalo de los Dioses. Todos en la aldea tenían la piel morena o aceitunada, el cabello obscuro y los ojos grises. Pero ella era blanca como la nieve, su cabello brillaba amarillo como el sol y sus ojos eran azules, como el cielo. Mi abuela aprendió a hablar su idioma rapidamente y aprendió a comunicarse con ellos. Siempre la trataron como la hija de Atenka, como una regalo, aun después de que mi abuela les conto sobre el accidente. Al poco tiempo de que llegara a la aldea, Tiah, mi abuela, conoció a Brathe, mi abuelo. Brathe era el único niño en la aldea que había nacido con la piel blanca. Fue nombrado hijo de Barthen, Dios de la pureza. Mi abuelo era un hombre perfecto y por supuesto, Tiah se enamoro de el al instante y el de ella. Por supuesto, la aldea lo vio como algo místico, hijos de los Dioses solo pueden estar con alguien de su misma especie, aunque era algo obvio, Tiah era la única mujer blanca y de cabello rubio que Brathe había visto en toda su vida, cualquiera se hubiera enamorado de ella y cualquiera se hubiera enamorado de él. Ahí no había nada místico ni de linaje.

Años después nació mi madre. Blanca, rubia, hermosos ojos y sonrisa encantadora. Tiah era la sanadora en cada barco que pisaba, pero fue algo que jamás menciono, pero todos sus conocimientos se los pasó a mi madre y mi madre experimento con plantas y cebo de animales, creando todo tipo de curas y medicinas. Fue entonces cuando a mi madre se le nombro como hija de Ruth, Ruth es la Diosa de la sanación. Aunque mi madre siempre aseguro que sus conocimientos se debían a mi abuela, ella tenía una habilidad especial para tratar a las personas, además, sus experimentos siempre servían para curar todo tipo de enfermedades y heridas.

Después mi madre conoció a mi padre, el era un cazador, el mejor cazador que había en la aldea, mi madre lo curo de una mordedura de víbora y desde ahí fueron inseparables. Años después nací yo.

-¿También eres un Dios? –le pregunto al instante.

-Yo no creo en eso, Peeta. Mi abuela no creía en eso, mi madre no creía en eso. Yo no creo en eso. Pero para ellos. Si. Sigo manteniéndome dentro el linaje. Mi abuela y mi abuelo, hijos de Dioses. Mi madre, hija de los hijos de los Dioses. Yo, hija de la hija de los hijos de los Dioses. Aunque mi sangre está mezclada con sangre de la aldea, sangre de mi padre.

-Entonces, tus abuelos: Belleza y pureza. Tu madre: Sanación. Y ¿tu…?

-Debido a que mi sangre tiene la sangre de muchos "Dioses" tengo muchas habilidades y no fui bautizada con el nombre de ningún Dios. Solo soy Katniss Everdeen, hija de Ruth, descendiente de Barthen y Atenka, promotora de la libertad, líder de los guerreros.

-Woow –murmuro.

-Es algo tonto, lo sé. Pero ser esto, me hace tener más cosas que cualquier otra persona en la aldea.

-¿Entonces, eres una especie de guerrera? –pregunta Finnick.

-Algo así. Piensan que mi habilidad con el arco es una bendición, pero mi padre fue quien me enseño a usarlo, así que no.

-¿Qué se siente ser hija de los Dioses? –le pregunto.

-No soy hija de los Dioses, pero es maravilloso. Todos te respetan, todos te buscan, solo quedamos mi madre y yo. Así que somos una especie de tesoro prodigioso en este lugar. Mi madre está siempre en la casa principal, resguardada por muchos soldados. Aunque trataron de mantenerme a salvo de cualquier cosa, es imposible. No nací para estar encerrada en una casa, naci para esto –señala el puma-. Entonces… -En ese momento la roca a nuestro lado comienza a moverse.

Tresh se pone de pie y toma los animales en sus manos.

-Es hora –dice Katniss levantándose.

Finnick y yo nos paramos y nos tomamos de las manos.

La roca se quita de nuestro camino moviéndose hacia un lado, Tresh desaparece frente a nosotros y Katniss nos hace avanzar por delante de ella.

El lugar a donde salimos, o entramos, no sé qué diablos estamos haciendo, es perfecto, maravilloso, místico, mágico, es… imposible de imaginar.

Estamos en lo alto, desde aquí podemos verlo todo. Hay una gran aldea dentro de la cueva. Hay árboles, hay un gran rio, hay palmeras y pequeñas casas de madera y al fondo la vegetación verde me impide ver. Hay mucha luz, pero cuando miro hacia arriba me doy cuenta que seguimos dentro de la cueva, los rayos de luz se filtran por orificios que tiene la roca.

-Oh por Dios –murmura Finnick casi sin aliento.

-Bajen –nos ordena Katniss empujándonos.

Frente a nosotros hay unas escaleras que salen de la misma roca, Tresh ya va casi llegando al piso.

Comenzamos a bajar, todo es maravilloso, hay personas haciendo cosas, hay niños jugando, hay animales que no logro distinguir, aves volando sobre nosotros, el hermoso sonido del agua del rio al correr. Es como un paraíso dentro de la cueva.

-Katniss, esto es maravilloso, es como…

-Cállate, Finnick –La voz de Katniss nos sorprende.

Finnick va a reprochar o a contestarle pero guarda silencio cuando se da cuenta que al final de las escaleras alguien nos espera. No solo una persona. Muchas personas.

Katniss camina hasta ponerse frente a nosotros y Finnick toma mi mano con fuerza.

Ella comienza a hablar en un idioma tan poco entendible que parece como si estuviera rugiendo.

La persona frente a ella es alta, su piel es extrañamente blanca, pero parece pintada, su cabello es rosa y tiene una vestimenta muy poco común, aun entre los integrantes de la aldea, que parecen estar todos reunidos detrás de ella.

Entre las dos comienzan a hablar, parece que discuten por la manera en que Katniss gira sus ojos y mueve sus manos.

-¿Qué pasa? –pregunto. Pero no me responde.

La persona frente a Katniss eleva la mano y comienza a hablar, nos señala a nosotros, primero a Finnick y después a mí. Todos agachan sus cabezas, incluso algunos se arrodillan, pero ella no, ella nos mira a los ojo, como con adoración.

-¿Qué pasa? –Es Finnick el que habla ahora.

-Los acaba de declarar descendientes de Symex y Graten.

-¿Qué quiere decir eso? –Lo único que podía pensar era que alguien me agarraría y me llevaría a cortar la cabeza.

-Finnick, descendiente de Symex, Dios vivo de la belleza, la lujuria y la fertilidad. Graten, Dios de la dulzura, la paz y la tranquilidad.

Por alguna extraña razón, esas cualidades me sorprendieron. Sobre todo en Finnick. "Dios de la belleza, lujuria y fertilidad" no sabía mucho de la fertilidad, pero con los otros dos adjetivos estaba conforme.

-Esto es completamente estúpido –murmuro Katniss-. Pero nadie los va hacer cambiar de opinión. No se preocupen, serán tratados como cualquier otra persona, solo que significan más que cualquier otra en este lugar. Pienso yo que, después de la muerte de mi padre y mis abuelos, solo estaban buscando a alguien más para nombrarlo Dios.

Katniss dirige su mirada a todos y después de gritar algo, la formación se rompe y todos regresan a sus actividades, no sin antes echarnos unas miradas de fascinación.

Es ahí cuando me doy cuenta que la mujer de cabellera rosa ya no está.

-¿Quién era esa mujer? –le pregunto mientras Katniss comienza a caminar.

-Se llama Effie, es la líder de la aldea, vive en la casa junto a mi madre, pero jamás la vemos, siempre está en su altar. Todos la obedecen, cualquier cosa, pero de todas maneras, muy pocas veces da órdenes. Se supone que ella escucha el llamado de los Dioses.

-Valla, esto es espeluznante –murmura Finnick.

-Algunas palabras no las entiendo, pero son libres de hablar como gusten, nadie les va a exigir hablar nuestro idioma. De hecho, tratan al español como una lengua prodigiosa divina. Su pasión aumento cuando supieron que ustedes también hablaban ese idioma, eran demasiadas señales para ser ignoradas, según ella.

-Entonces ¿Soy un Dios? –le pregunto sonriendo.

-No te emociones, eso no existe. ¿Te sientes como Dios? ¿Crees tener una habilidad especial?

-Bueno, ahora siento mucha hambre. –digo y ella se ríe.

-Somos normales, somos como cualquier otra persona. –Se calla un momento-. Vamos.

Comienza a caminar, Tresh ya no está a la vista así que solo seguimos a Katniss.

El camino de piedra es hermoso y a los costados hay árboles y plantas, hay animales, hay casas. Es perfecto.

Katniss arroja el leopardo hacia la derecha, dejándolo caer sobre un montón de hojas. Grita algo que no comprendemos y varios se acercan a recoger el animal y seguimos caminando.

-Estaba casi segura que los tratarían como una divinidad –nos dice-. Pero no pensé que nombraran a Finnick cómo hermoso y sensual.

-No me opongo. Ella dijo lo que sus ojos vieron –sonríe ampliamente.

-Oh, cállate Finnick –Katniss sigue caminando frente a nosotros-. Llegando se van a dar una ducha y después…

-¿Una ducha? ¿Tan mal olemos? –pregunta Finnick.

-Será la ceremonia de bienvenida, Finnick. Así que tienen que estar bien presentables. Ya se han mandado a hacer sus vestimentas.

-¿Nuestras vestimentas? –Finnick me gana la pregunta.

-Cada uno tendrá una vestimenta de acuerdo a su linaje. Yo siempre llevo cosas como esta, vestimenta de cazadora. Mi madre, bueno, ya la verán. Y a ustedes se les han mandado a hacer, les aseguro que les quedara justamente para su personalidad.

No dejo de maravillarme con todo lo que tengo a mí alrededor. El camino de piedra nos lleva directamente a la casa donde vive Katniss. Es una casa tan enorme y misteriosa que estoy seguro que sale de la roca, está formada por roca y es como una extremidad más de la cueva, con forma de casa.

-Adelante –dice Katniss y nos invita a pasar.

Para entrar hay que subir unos pequeños escalones y después alguien abre las puertas para nosotros.

La primera habitación está compuesta por una fuente de agua cristalina en medio y muchas esculturas a los alrededores. Puertas de que brillan como el oro y lámparas de fuego.

-Madre –murmura Katniss-. Estos son Peeta y Finnick.

-Eh oído hablar de ellos –La voz me sorprende y me giro para verla.

La madre de Katniss es una señora hermosa. Blanca, con el cabello tan rubio que parece plateado, ojos hermosos y mejillas rosadas. Lleva un vestido blanco que comienza en el cuello y termina arrastrando, como el velo de una novia y la manga es larga y amplia, esconden sus manos.

-Los baños están listos –dice ella sonriendo ligeramente-. Katniss, lleva a Peeta a su baño y yo acompaño a Finnick.

Finnick y yo intercambiamos una mirada antes de irnos. Algo como "¿No podremos bañarnos juntos?" me sonríe antes de irse con la madre de Katniss.

-Vamos, Peeta. Hoy en la noche habrá una ceremonia de bienvenida.

-Katniss, esto es imposible. Pienso que estoy soñando. Es… mágico.

-No tiene nada de magia, Peeta. Es una civilización que nació en esta isla, que no conoce el mundo, que cree en dioses, que construyo todo esto. No es magia, son solo humanos.

-¿Por qué los odias tanto? –le pregunto mientras abre una puerta haciéndome entrar.

-Los odio, si. Pero es una larga historia y ahora no hay tiempo. Además, no nací para vivir aquí. Como dice mi abuela, yo nací para conocer el mundo humano. Y ustedes son mi boleto.

No se supone que deba sonreír ante eso, pero lo hago.

-Es aquí –abre una puerta y entramos-. Tu ropa va a estar en esa puerta para cuando salgas del baño. En aquel lugar hay prendas para que te seques el cuerpo húmedo.

-Está bien, gracias.

-Nos vemos en un momento mas –cierra la puerta y me deja dentro.

El baño parece también ser parte de la misma cueva. Este iluminado con antorchas de diferentes formas, el cuarto es grande, tiene un trozo metálico en la pared que sirve como espejo y justo en medio de la pequeña habitación hay una cortina de tela.

Corro la cortina y del otro lado hay una especie de tina color arena con agua humeante.

Meto un dedo lentamente, esperando que el agua este hirviendo, pero no. Esta caliente, pero no lo suficiente como para quemarme, el vapor que sale de ella debe ser por cualquier otra cosa extraña de este lugar.

Dudo un momento en si meterme es buena idea, pero termino desnudándome y tirando la ropa hacia una esquina de la habitación.

El agua caliente y dulce en mi cuerpo me produce una relajación tan intensa que puedo quedarme dormido aquí.

Tardo unos largos minutos dentro, sin moverme, con la cabeza recargada en la roca blanda y mis piernas estiradas, relajadas.

Inspecciono las vasijas que están al costado, una tiene un líquido verde con olor a menta y la otra tiene un líquido espeso color rojo con un olor tropical. Esperando que los dos sean shampoo tomo un poco del liquido rojo y lo unto en mi cabello. No siento irritación ni nada por el estilo, y si se hace una espuma blanca entre mis manos y mi cabello.

Me lavo el cabello tantas veces que siento que me duele el cuero cabelludo, pero después de tanta mugre y sudor era necesario.

Con la otra sustancia me enjuago todo el cuerpo, refrescándome por la menta.

Cuando por fin estoy listo me levanto lentamente para no caerme y voy hasta donde dijo Katniss que estaban las toallas y saco un trozo de tela largo y absorbente. Me seco por completo y voy hasta donde está el trozo metálico.

Mi cabello esta suave, cae sobre mi frente, demasiado largo. Muevo la cabeza para los lados y mi cabello se mueve junto conmigo. Hacía mucho que no sentía mi cabello limpio y sedoso. Mi piel esta blanca y sin rastros de mugre o suciedad, mi rostro está limpio y rosado.

Con la toalla enredada en la cintura me dirijo a donde Katniss dijo que estaría mi ropa.

Abro la puerta y extendida en una cama de madera hay unas prendas blancas.

Trato de encontrar la forma a cada una y termino poniéndomelas esperando que lo haga correctamente.

El pantalón es blanco por completo y se ajusta a mi cintura y mis tobillos, el resto de la tela es tan floja que mis piernas no rosan con ella si no las muevo. La parte del torso no es más que un pedazo de tela blanca, la tela se ajusta en la parte de mi abdomen y espalda baja, y la tela en la parte de mi pecho y espalda es floja. No tiene manga, por lo que mis brazos quedan desnudos.

Espero no parecer ningún tonto con esto puesto, busco por todos lados unos zapatos, pero no hay nada. Dudo por un momento entre ponerme los míos, desgastados y sucios, pero termino saliendo de la habitación descalzo.

Camino por el pasillo, esperando no perderme en este lugar, y ahí encuentro a Katniss, sentada en una banca hecha de madera.

-Toma –me entrega un par de zapatos blancos.

-Están muy pequeños –le digo cuando los tomo en mis manos. La tela es suave y lisa, elástica, al parecer.

-Se acoplan a tu medida –dice ella mientras busca alguna otra cosa en su bolsa de cuero.

Con un poco de esfuerzo me pongo los zapatos, que más bien parecen calcetones con suela.

-Estas van en tus muñecas –me entrega un par de pulseras de cuero color blancas, aproximadamente de unos tres dedos de ancho-. Te ayudo.

Estiro mis muñecas y Katniss envuelve las pulseras en ellas, uniendo los extremos con una especie de botón.

-Vamos, vamos a por Finnick –Dice y comienza a caminar.

La tela floja del pantalón se mueve hacia todos lados cuando camino y mis brazos comienzan a ponerse fríos.

Me dedico solo a seguir a Katniss y me detengo en donde ella se detiene.

-Haya viene –dice señalando el pasillo frente a nosotros.

Si yo pensaba que tendría frio con mis brazos descubiertos, Finnick moriría de hipotermia.

Mi boca se abrió al instante al verlo, el no podría estar tan perfecto con solo eso puesto.

En su torso no lleva nada más que un collar dorado y brillante, a su cintura se ajusta una pequeña tela dorada en forma de short, de la cual se desprenden dos trozos largos de tela brillosa que se unen a las muñecas de Finnick, haciendo una especie de alas delgadas y finas que salen de su cintura y terminan en su muñeca.

-Esta loquísimo, ¿Verdad? –me dice cuando está lo suficientemente cerca, eleva sus manos, extendiendo sus "alas" brillantes y se da una media vuelta.

El short dorado que lleva esta ajustado en todo el sentido de la palabra, es más, si no viera el brillo dorado de la tela, podría jurar que está desnudo.

Sus piernas brillan bajo la luz de las antorchas, desnudas, torneadas y perfectas. Lleva un par de zapatos como los míos, pero los de el brillan de color oro.

-Pensé que me vería ridículo, pero al verte a ti agradezco a mi estilista. –dice.

-No pensé que me viera tan mal –le contesto como puedo.

-Es una broma –dice poniéndose frente a mí y tomándome de la cintura, juntando nuestros cuerpos-. Te ves adorable –murmura apartando un mechón de cabello de mi frente-. Dulce –se acerca a mis labios y puedo respirar su aliento mientras su dedo recorre mi rostro-. Hermoso –sus labios rosan con los míos mientras habla y por fin puedo besarlo, lentamente, saboreando cada parte de ellos, sintiéndolos entre los míos. Rosando su lengua con la mía.

Alguien carraspea su garganta a nuestro lado. Katniss está de espaldas a nosotros y la puerta frente a ella se está abriendo.

Entra una chica alta, de tez morena, con un cuerpo excepcional solo cubriendo sus partes intimas con un trozo de cuero negro. Sus largas piernas caminan con elegancia y sus caderas se mueven de un lado a otro con cada paso.

Mira a Finnick lentamente, sin disimular y después a mí, deteniéndose en nuestras manos unidas.

Murmura algo en su idioma y después voltea a mirar a Finnick nuevamente, sonriendo.

-Violable –murmura hacia Finnick. Sé que esa palabra esta en español, y aunque no existe realmente, la entendemos, todos.

Sale por la puerta con la misma gracia de antes.

-Es Johanna –nos dice Katniss-. Dice que la fiesta está por empezar.

-¿Violable? –le pregunto a Katniss levantando una ceja. Ella sonríe.

-Extrañamente, Johanna es mi amiga, aunque no nos soportamos mutuamente. En la tribu hay muchos hombres perfectos, hermosos y de buen cuerpo, también a veces hay algunos otros visitantes. Violable, es una palabra que solo sabemos ella y yo. Supongo que ustedes deben conocer su significado.

-Algo así –dice Finnick ampliando su sonrisa.

-¿Dices que a veces hay visitantes? –le pregunto desviando el tema.

-Si, también es otra historia, después hablamos, tenemos que iniciar la fiesta.

La "fiesta" como Katniss la ah llamado, es una especie de reunión, en donde toda la aldea se junta alrededor de una tipo de escenario gigante en donde una mujer de aspecto juvenil se para frente a todos y comienza a hablar. La aldea es enorme, no puedo ver cuántas personas hay en todo el lugar. Dentro de la cueva, ahora, de noche, todo es aun más mágico. Este todo iluminado con antorchas por todos lados. En las casas, en el piso, en los arboles, colgadas del techo. Es hermoso.

Katniss nos indica que pasemos al escenario cuando dicen nuestros nombres. Nadie aplaude, nadie murmura nada, nadie hace nada más que mirarnos durante un largo momento. Después la mujer en el escenario vuelve a hablar y todos inclinan sus cabezas. Katniss nos indica que bajemos.

Yo, con esta vestimenta, me siento desnudo. No sé como Finnick logra estar tan a gusto y sonriente. Parece que disfruta de su estrecho bóxer brillante.

Después de otras palabras por parte de esa mujer, la verdadera fiesta comienza.

La formación se rompe, la aldea vuelve a cobrar vida en todos lados, todas las personas hablan, niños jugando, jóvenes riendo, adultos sentados en las bancas. Hay un montón de comida por todos lados, jarrones llenos de agua, algunas especies de dulces que no reconozco.

Katniss se la pasa con nosotros todo el tiempo, y Johanna junto a ella.

-Pueden tomar cualquier cosa, en todas las mesas hay algo rico, es de todos. –nos dice Katniss. En realidad tengo tanta hambre que quisiera comer un poco de todo, pero solo en la primera mesa que pasamos la carne es tan deliciosa que no puedo dejar de comerla.

A pesar de que Finnick me lleva tomado de la mano, nadie nos mira extraño, excepto Johanna.

-Johanna tampoco cree en los Dioses –nos explica Katniss mientras nos sentamos los cuatro en una banca debajo de un árbol con hermosos jarrones con fuego colgando de las ramas-. Pero esta sorprendida por la exactitud en ustedes dos.

-¿Exactitud? –pregunta Finnick. Yo tengo en mi boca un puñado de frutas secas con tamarindo asido.

- Symex y Graten, son Dioses enemigos. Symex es el Dios de la belleza, la lujuria y la fertilidad. Graten, es el Dios de la dulzura, la paz y la tranquilidad. En varios aspectos son completamente diferentes. Graten es pacífico, es dulce. En cuanto a Symex es vanidoso y goza de la lujuria en todo momento. La historia dice que Symex y Graten se enfrentaron el uno contra el otro, a pesar de que Graten alababa la paz. Por su desobediencia y odio, el Dios del universo los maldijo. Ellos se odiaban tanto, que sus descendientes vivirían enamorados hasta el final.

Tanto Finnick como yo nos quedamos callados.

-Es una historia escrita desde hace muchos años en este lugar –dice Katniss-. Y a ustedes Effie los ah declarado descendientes de estos Dioses. Es casi imposible que Effie supiera que ustedes estaban juntos como pareja. Es por eso que nos sorprende esa… casualidad.

-Cualquiera persona pudo haberlos visto en la ebretcha –Johanna habla, con dificultad, y la última palabra es inentendible para mí-. Fue y a Effie dijo que había dos hombre y hombre juntos. Es por eso que supo ella que hombre y hombre estaban juntos. Así los llamó trajas de Symex y Graten.

-Yo también eh pensado en eso –concuerda Katniss.

-No lo sé –dice Finnick-. De todas formas, no creo en Dioses. No me importa como Effie lo supo o si fue casualidad, la verdad.

-Es cierto, a ninguno de nosotros nos importa eso. Así que cambiemos mejor de tema.

-¿Johanna puede entendernos? –le pregunto a Katniss.

-Un poco –responde Johanna-. Katniss enseña a mí el idioma.

-Quizá debemos hablar un poco despacio para que Johanna pueda entendernos mejor –sugiere Katniss.

-Bien –acepta Finnick-. ¿Podrías contarnos a que te referías con esos visitantes de a veces?

-Yo también tengo esa duda –le digo.

-Bueno, verán, ¿Recuerdan que les mencione la cosecha? Y les dije que los había salvado.

-Si –Responde Finnick y yo asiento ligeramente.

-Bueno, hay otra isla poblada cerca de aquí. Cada año vienen y destruyen muchas cosas de la selva. Se llevan animales y destruyen arboles. Effie tiene un acuerdo con ellos. Todos los años ofrece un hombre y una mujer jóvenes y ellos se los llevan. Nunca eh sabido hacia donde van o que hacen con ellos.

-Eso es horrible –murmuro.

-Johanna fue una vez. Pero regresó.

-¿Eso es posible? –pregunta Finnick.

-No. Es imposible. Pero Johanna lo logró. Aunque jamás menciona nada al respecto. Pero debe de ser horrible, porque duro un largo tiempo con pesadillas.

Todos nos quedamos callados. Hay música por todas partes. Gritos de niños. Risas de jóvenes.

-Deberíamos disfrutar la fiesta, nos estamos poniendo muy serios. –Dice Katniss levantándose-. Siéntanse libres de hacer cualquier cosa.

Katniss se aleja de nosotros, dudo un momento entre si la seguimos o nos quedamos.

Terminamos caminando por todos lados sin rumbo. Tomamos comida de cualquier mesa, bebemos de todo lo que se nos atraviesa por enfrente.

La música se escucha en unos lugares más que en otros y no sé de donde proviene. Pero es relajante, a pesar de que tiene un ritmo movido.

Finnick se ah quedado con Katniss en algún lugar y a mi Johanna me ah llevado a la pista de baile. Una extraña pista construida con madera, con fuego en medio, en donde un montón de jóvenes mueven sus cuerpos siguiendo la música. Es extraño darme cuenta, que en cualquier lugar del mundo, hasta en un lugar con costumbres tan diferentes, la música mueve los cuerpos a los mismos compas.

El tiempo pasa, siento que estoy sudando bajo la delgada tela blanca de mi vestimenta. Eh perdido de vista a Johanna, pero todas estas personas a mi alrededor me hacen sentir cómodo y en casa. Todos se sonríen entre si, todos se gritan. Y a pesar de que no los escucho, trato de comunicarme también.

Finnick entra en la pista, sonriendo, y me toma de la mano tirándome con fuerza.

-¿Qué haces? –le pregunto sonriendo.

-Vamos a escapar de toda esta locura –me dice y cuando salimos de entre la multitud corremos tomados de la mano.

-¡¿A dónde vamos?! –le pregunto agitado por la carrera.

-no lo sé, en realidad –me contesta mirando hacia atrás, asegurándose de que nadie nos mira.

Seguimos corriendo durante un largo tiempo. Nos escondemos detrás de una casa de madera y me recarga contra la pared rugosa mientras me besa en los labios. Unas risas se escuchan a lo lejos. Finnick mira hacia todos lados, pero nadie nos mira.

Me toma de la mano y seguimos caminando rapidamente.

No sé cómo, pero llegamos hasta la casa grande en donde vive Katniss.

No hay nadie, esta tan alejada de la fiesta que el sonido de la música es apenas audible.

Empujamos las puertas lentamente tratando de no hacer ruido.

Finnick me hace una seña con su dedo para que guarde silencio.

Entramos en la casa, esta obscura, iluminada por las antorchas de fuego rojo.

Comenzamos a caminar, pegados por la pared, sin hacer ruido.

No sé exactamente en donde estamos, subimos escalones, bajamos escalones, volvemos a subir una y otra vez. Hay puertas por todos lados, hay pasillos para todas partes.

Finnick se detiene y trata de abrir una puerta, está cerrada.

Pasos después hay otra puerta de metal, gira la perilla y esta se abre. Finnick y yo sonreímos.

Entramos en la habitación, yo primero.

Es pequeña, es una especie de bodega. Hay cuadros de pintura por todos lados, hay grandes jarrones de barro pintados de colores amarillos y verdes. Hay un gran bonche de trozos de tela de todos los colores.

Finnick pone los seguros por dentro y camina lentamente hasta mí.

-Necesitaba estar solo contigo –me dice en silencio.

-¿Por qué? –le pregunto con curiosidad.

-Para hacer esto –junta mi cuerpo al suyo y comienza a besarme-. Con libertad. –concluye.

Sus manos aprietan mi cintura y sus labios se mueven agiles entre los míos.

Envuelvo mis brazos en su cuello, rosando nuestra piel desnuda.

Mientras me besa siento como en su ajustado short su miembro comienza a ponerse duro y a crecer.

Sonrió entre sus labios y el sonríe entre los míos.

-¿Qué? –pregunta sin aliento.

-Te amo –contesto.

Sus labios se mueven lentamente mientras un millón de sensaciones corre por mi boca.

Acaricio su espalda desnuda, hasta donde mis manos alcanzan. Enredo los dedos de mi mano derecha en su cabello largo y desordenado.

Sin separarnos comenzamos a movernos lentamente, Finnick haciéndome caminar de espaldas.

Comienza a besarme el cuello, provocándome ligeras contracciones de placer.

Con dificultad me quita la extraña camisa que llevaba puesta y la arroja hacia algún lado. Toca mi cintura desnuda y junta nuestros cuerpos, sintiendo su piel desnuda y caliente junto a la mía.

Sus dedos largos y calientes comienzan a meterse por el cinturón de mi pantalón, cuando acarician mis glúteos desnudos recuerdo que no había ropa interior que ponerme. Por lo tanto solo me separa de la desnudes este pantalón.

Quito mis zapatos a punta pie y Finnick hace lo mismo con los suyos.

Sin despegar nuestros labios comienza a recargarse contra mí, haciéndome caer. Primero me siento en el suelo, debajo de mi hay algo suave. Después comienza a juntar nuestros torsos, recargándome contra el suelo suave.

Acaricio su espalda con mis manos y Finnick me toma con fuerza, girando en el suelo y poniéndome arriba de él. Sintiendo su erección en mi pubis.

Estando en esta posición me doy cuenta que estamos acostados arriba del montón de trozos de tela.

Comienzo a acariciar sus muslos suaves y fuertes a la vez, tratando de memorizar cada parte de su pierna. Con las yemas de mis dedos todo la fina tela de su short ajustado y sin dudarlo comienzo a retirarlo lentamente. Sintiendo su piel entre mis dedos.

Me separo de sus labios y beso su pecho mientras me dirijo a mi objetivo principal.

Lo veo durante un momento antes de tomarlo entre mis manos. Su erección es grande, gruesa, con un tallo venoso y una grande cabeza rosada.

Comienzo a mover mi mano de arriba abajo, mientras con la otra acaricio sus testículos rosas.

Finnick procura no hacer tanto ruido, pero con mis movimientos eso parece imposible, porque de su garganta salen gemidos hermosos de placer.

Retiro el prepucio lentamente, dejando al descubierto el glande rosa y lubricado. Saco mi lengua y con la punta acaricio la suave y fina capa de su miembro.

Junto mis labios, sintiendo el sabor amargo y salado mientras voy metiendo la erección en mi boca.

Finnick me toma de los hombros y me hace regresar a sus labios. Acariciándome la espalda con desesperación.

Retira mi pantalón con dificultad debido al cinturón ajustado y une nuestros cuerpos, enredando nuestras piernas y frotando nuestras erecciones.

Da media vuelta, haciendo que mí cuerpo desnudo acaricie el montón de tela debajo de mí. Besa mi cuello, mi pecho y mi abdomen. Mi cuerpo se contrae sin que yo lo pueda evitar.

Cuando su mano cálida toca mi erección y comienza a moverla se me borra la visión y mi pecho tiembla con fuerza cada vez que yo respiro.

Sentir como sus labios se unen a mi miembro, como entra lentamente en su boca húmeda y caliente, como se moja con su saliva y como su lengua rugosa acaricia mi glande sensible, me hacen cerrar las manos por impulso, los dedos de mis pies se engarrotan y el placer es tan delicioso que salen sonidos de mi garganta de los que yo no soy consciente.

Antes nunca hubiera creído que se pueda sentir un placer tan alto como ahora lo siento, pero con Finnick todo se puede esperar.

Mi placer aumenta cuando acaricia mis testículos con su otra mano, cuando comienza a caricia mis glúteos.

Sus dedos largos comienzan a entrar en mí, lentamente. Primero uno, entrando casi sin dificultad y abriéndose paso en mi interior. Ahí, donde su yema toca mi próstata, siento como si pudiera tocar el cielo. Es la mejor sensación que jamás podría explicar.

Finnick introduce un segundo dedo moviéndolo delicadamente dentro de mí. Sin separar sus labios de mi miembro.

Cuando el tercer dedo entra, comienzo a sentir dolor. Los mueve lentamente, formando círculos.

Depuse de un largo y placentero momento, Finnick regresa a mis labios. Giro hasta ponerme arriba de él y comienzo a besarlo con la mayor desesperación que se puede sentir.

Sentándome sobre su abdomen, tomo su erección con mi mano y la sujeto firmemente.

Poco a poco comienzo a sentarme sobre ella. Sintiendo el glande entrando lentamente mi respiración se detiene.

El final parece imposible. Finnick está dentro de mí, pero aun sigo bajando sin llegar a tener su erección por completo en mi interior. El dolor es grande y como siempre, mi cuerpo protesta provocándome un dolor tan agudo que mi boca se mantiene abierta soltando gemidos.

Finnick eleva sus caderas, entrando aun más en mí.

Siento su pubis en mis glúteos y me siento por completo sobre su cuerpo. Con su miembro dentro de mí.

Poco a poco Finnick comienza a mover sus caderas, hacia los lados, después hacia arriba. Moviéndose en mi interior.

Acaricio su abdomen, su pecho y su cuello.

Lentamente comienzo a moverme, de arriba abajo, sintiendo las caricias bruscas dentro de mí.

-¿Estas bien? –me pregunta Finnick casi sin voz.

-Estoy perfecto –contesto con dificultad.

Me recuesto sobre Finnick para besarlo en los labios, su miembro se sale un poco de mí mientras lo beso, Finnick mueve sus caderas de arriba abajo, moviéndose dentro de mí y apretando sus labios entre los míos.

Sin despegar nuestros labios comienza a dar embestidas contra mis glúteos.

Los minutos pasan tan rápido que pienso que el tiempo tiene algo en contra de nosotros, el placer es inmenso. Finnick me trata con cuidado, me trata con amor. Siempre busca que ambos lo disfrutemos de la misma manera.

Hay un punto dentro de mí, en donde su glande rosa continuamente, que me hace sentir el mayor placer que jamás había sentido, además, sus manos me acarician lentamente mientras nuestros labios siguen unidos.

Gira lentamente, quedando arriba de mí, con nuestros cuerpos unidos y comienza a mover sus caderas.

Son increíbles todas las sensaciones que puedes sentir mientras él me penetra y masturba mi erección con sus manos suaves y cálidas. Son sensaciones inexplicables. Son cosas que pensé que jamás se podrían sentir.

El momento en que termino, manchando mi abdomen, con contracciones en todo mi cuerpo y con un dolor mesclado con placer en mi abdomen, es el momento más perfecto, porque Finnick esta besándome y se roba mis gemidos con su boca.

Tiempo después un líquido caliente se siente en mi interior y Finnick tensa sus labios entre los míos. Presionando mi pecho con sus manos y comenzando a besarme con más lentitud.

Sigue besándome por un largo tiempo después de que ambos terminamos.

Se recuesta sobre mi pecho y su cuerpo esta sudado. Acaricia mis brazos, desde mis hombros hasta mis muñecas, entrelaza nuestros dedos y sigue besándome.

Jamás había necesitado de nada para vivir. Ahora necesito de Finnick. Lo necesito tanto como necesito respirar. Incluso más. Puedo dejar de respirar, pero no creo poder existir sin Finnick.

Nuestra estancia en este lugar se alarga más de lo que esperábamos. Eh contado los días como si fueran oro. Siete días. Siete días aquí y no hemos visto nada. Finnick y yo dormimos juntos en la casa, pero esa casa nunca esta vacía, por lo que no podemos tener un momento de privacidad. Ni siquiera podemos hablar tranquilos porque siempre hay alguien cerca. Incluso en las noches. Pocos de los momentos que tenemos a solas, los dedicamos a platicar lo bueno y lo malo de este lugar. Nos han prohibido salir durante siete días. Que son los días de la cosecha. Fuimos testigos de cómo eligen a dos personas y las expulsan del lugar. Mañana se cumplen los siete días que se supone, son inseguros. Aun así, hay personas de la aldea que están afuera, que tienen que avisarnos cuando vengan por nosotros, pero no recibimos noticias algunas. Finnick y yo pensamos que nos están ocultando las cosas. Que no nos van a dejar salir de aquí tan fácilmente.

-Podemos confiar en ellos –dice Katniss-. El chico que está vigilando es amigo mío, podemos confiar –Le hemos contado nuestras sospechas, ella tampoco está a gusto en este lugar.

-Vamos, se preguntaran en donde estamos –Dice Finnick mientras nos ponemos de pie y nos dirigimos a nuestro hogar junto con Katniss.

Los siguientes días pasan de una manera rápida. No hay mucho que hacer en este lugar. La mayor parte del tiempo la pasamos en la casa. Katniss sale todos los días a cazar, cosa que no nos agrada, además, solo seríamos un estorbo para ella.

Hay tantas cosas que hacer en este lugar, tantas personas a las que ayudar, pero solo nos limitamos a sentarnos y esperar a que pase el día.

Katniss nos llevo a conocer todas las cabañas que están inhabitadas, dice que podemos mudarnos a alguna si lo queremos. Pero preferimos pasar el tiempo en la casa grande. En donde hay gente, en donde podemos hacer cualquier cosa para matar el aburrimiento.

Solo un día utilizamos una de esas cabañas, y no es exactamente para dormir.

-Necesito tanto de ti –Dijo Finnick recargándome contra un árbol.

-No me hagas esto –le digo mientras el besa mi cuello-. No resistiré la idea de dejar pasar el momento.

Sus manos largas se aferran a mi cintura y unen nuestros cuerpos.

-Tengo una gran idea –dice mientras toma mi mano y me conduce entre los arboles de la aldea.

La gente pasa a un lado de nosotros, sin mirarnos. Aunque la mirada de los niños es siempre inevitable.

-Katniss aseguró que tienen prohibido meterse a las cabañas que no les pertenecen. Podemos usar esta sin interrupciones.

Entramos en la pequeña casa de madera. Es un cuarto pequeño, con una sola habitación y una sola cama. Las ventanas no tienen cortinas. Por lo cual no tendremos mucha privacidad.

Finnick comienza a besarme, sin importarle que cualquier persona pudiera vernos.

-Finnick... –murmuro entre sus labios, pero me silencia con su lengua.

-No nos van a ver. Solo promete no hacer ruido –me dice.

-No puedo prometer eso –contesto.

Señala debajo de la cama. Sonrió ampliamente y caminamos hasta allá.

Nos tiramos al piso, el sobre mi y rodamos juntos hasta quedar debajo de la cama de madera.

Esta obscuro, frio y húmedo.

-Te amo –me susurra al oído haciendo que pierda el control por completo.

-Te amo -contesto y comienzo a desnudarlo.

Ahí, dentro de una pequeña cabaña, debajo de una cama, con un espacio reducido y tratando de no hacer ruido, paso el mejor momento que pude haber pasado.

Cada vez que me entrego a Finnick la sensación es nueva y mejor. Es como si nunca lo hubiera hecho. Es como si la experiencia fuera nueva. Siempre y cada vez que estoy con él, es mejor. Como si eso fuera posible.

Definitivamente eh perdido la noción del tiempo, es extraño tratar de vivir en un mundo que pocos creerían inexistente. Incluso yo, si no estuviera viviendo aquí, no creería que esto exista.

Extraño a mi familia. Extraño a mis padres y a mí hermano. Extraño lo que es una vida fuera de esto. Tengo a Finnick y Finnick me tiene a mí. Y aunque él nunca lo dice ni lo demuestra, se que en su interior también quiere regresar a la vida real, a la vida con civilización.

-Tienes que hacerlo así…. –dice Katniss enseñándonos cómo usar el arco.

Definitivamente eso no es para mí, aunque Finnick lo intenta con entusiasmo.

-Dale… -ordena ella.

Finnick suelta la flecha y tira el objetivo que Katniss había puesto a varios metros de distancia.

-Te ves muy bien haciendo eso –le digo.

Finnick me sonríe.

En ese momento llega Johanna, con una expresión de asombro y comienza a gritarle a Katniss.

Katniss se altera y yo me pongo de pie.

-¿Qué pasa? –pregunta Finnick.

-han visto un pájaro metálico volando sobre la zona donde fue el accidente. Es un pájaro con alas en la cabeza, mucho más pequeño que el que se estrello. –murmura Katniss.

-Helicóptero –susurro.

-Han venido por nosotros –murmura Finnick.

-¡Vamos! –Grita Katniss.

Salimos los tres corriendo. No sé exactamente hacia donde, me limito a seguir a Katniss, que va muchos pasos por delante de nosotros.

Entramos en la gran casa, ahí, en la entrada, esta la madre de Katniss.

-Mama… -comienza a hablar Katniss.

-Lo sé –contesta la madre con un tono tan relajado.

-No sé si…

-Hazlo, vete. Katniss. Vete. Es una orden. –sus palabras inspiran paz.

Katniss asiente.

-Busquen sus ropas en mi habitación y cámbiense rápido –nos dice. Después de eso abraza a su madre y nosotros salimos corriendo.

Llegamos a la habitación, buscamos en todos lados y por fin encontramos las únicas prendas sucias y gastadas que llevábamos con nosotros.

Nos vestimos y regresamos al vestíbulo.

-¡Vámonos! –Grita Katniss.

Por Dios, todo ah pasado tan rápido ahora, no puedo creer que esto esté sucediendo. Estuve esperando tanto tiempo por esto, que se supone que debería saber qué hacer, pero estoy en estado de shock.

Comenzamos a correr. Katniss no lleva nada más que su vestimenta de cuero.

Llegamos al final del camino, donde una gran pared de roca se extiende sobre nosotros.

-La puerta por donde entramos solo se abre una vez al día, tendremos que salir por aquí –nos dice Katniss.

Caminamos otro tramo más, tratando de no caernos por la roca resbalosa.

Hay una persona de la tribu en ese lugar, un cuerpo ancho grande y amenazador.

Algo le dice a Katniss y ella se pone a gritar.

-¿Qué pasa? –pregunto.

-No nos pueden dejar salir, hasta que lo ordene Effie.

-Tengo la sensación de que eso no sucederá –murmura Finnick.

Entonces me veo rodeado de un montón de personas a mis espaldas.

Johanna llega hasta nosotros y comienza a conversar con Katniss. Siento que me tiemblan las piernas y mis ojos están incontrolables.

-Todos saben lo que está pasando en el exterior, muchas personas extrañas han venido. Las puertas están cerradas hasta que se marchen –nos explica Katniss.

-No podemos quedarnos aquí. Es nuestra única oportunidad –digo.

-Vamos Katniss, piensa en algo, eres la Diosa líder –reprocha Finnick.

-¡No soy ninguna Diosa! –Grita ella desesperada y en ese momento su semblante cambia-. Si lo soy, para ellos. Y ustedes también. Ahora, eleven sus miradas, la frente en alto y cuerpo rígido. Como si ninguno de ellos fueran dignos de mirarlos.

-¿Qué? –pregunto.

-Solo háganlo –ordena ella.

En ese momento comienza a hablar en su lengua. Muchos nos miran, otros murmuran, pero al final nadie es capaz de levantar la mirada hacia nosotros.

Después de un efusivo abrazo hacia Katniss, Johanna se mezcla entre la multitud.

-Vamos –nos murmura Katniss.

Comienza a caminar con delicadeza y gracia. Trato de imitarla.

De pronto nos encontramos escalando la roca, yo debajo de Katniss. Trato de pisar donde ella pisa. De sujetarme de donde ella se sujeta.

Llegamos hasta un túnel que te adentra en la cueva. Lejos de la civilización, y comenzamos a correr. Siguiendo a Katniss.

Después de girar un montón de veces y trepar un montón de paredes de roca, salimos a la superficie.

La selva. Hacía mucho que no la veía. Hacía mucho que el sol no me daba directamente en el rostro y ahora mis ojos lloran mientras tratan de mantenerse abiertos.

-Vamos –murmura Katniss y comienza a correr.

Estoy sin aliento, Finnick va a mi lado, aunque sé que el bien podría correr más deprisa que yo. Siento que mis muslos queman y que mi estomago se quiere salir.

Las ramas de diversas plantas chocan contra mi cuerpo y siento los cortes en mi piel.

Me duelen los pies al correr con estos zapatos tan duros sobre las piedras, pero todos estos síntomas se van cuando veo al montón de personas vestidas de azul marino, con todo tipo de instrumentos de rescate.

-Por fin.-murmura Finnick.

No puedo ver nada más que sus hermosos ojos verdes. Puedo imaginarme ahora nuestra vida. Lejos de esto. Disfrutando los verdaderos placeres de la vida, junto a él. El conmigo y yo con él. Para siempre.

El montón de ojos se voltean para vernos, sorprendidos. Varias sonrisas se marcan en los rostros cansados. Escucho el sonido de helicópteros arriba de mí. Hay tantas cosas que quiero hacer, pero por ahora me limito solo a caminar lentamente, cojeando, hasta ellos.

-Te amo –murmura Finnick-. Siempre te amare.

No contesto. No porque no quiera contestar, si no, porque simplemente no tengo ninguna palabra que pueda expresar la gran felicidad que siento ahora.

Sujeto su mano, la aprieto entre la mía y caminamos hacia nuestro futuro, juntos.


Próximo capitulo.

Despierto y todo a mí alrededor es blanco. Mis ojos se acostumbran a la luz y voy identificando el lugar. Un hospital.

A un lado de mi hay una persona, un hombre, puedo notarlo por sus rasgos.

-Peeta… -murmura esa voz tan extrañamente familiar, quebrándose al salir.

-¿Estoy muerto? –pregunto al instante que lo veo.

-No –contesta sonriendo y con los ojos llorosos.

-Pero tu estas muerto –murmuro y mi visión se borra.

-No lo estoy Peeta, estoy aquí. Estoy contigo y no te voy a dejar de nuevo. Nunca.

Su voz penetra lentamente en mi interior. Esto no es posible, algo anda mal conmigo.

Su mano se enreda en la mía, cálida, rugosa y gruesa. Es real.

-Señor Hawthorne, la hora de visitas acaba de terminar –murmura una enfermera desde la puerta.

Hermosos ojos grises, llorosos. Cuerpo ancho, grande y atlético. Sonrisa marcada, un hoyuelo en la mejilla. Labios gruesos y carnosos, pestañas largas y obscuras. Cabello sedoso. Piel aceitunada y perfecta.

Hawthorne…. Gale.

La puta madre.


¿Que les ah parecido? ¿Como ven el próximo capitulo? ¿Quieren saber lo que va a pasar? Hay sorpresas, hay muchas sorpresas! Espero les este gustando! Bueno, no me queda mas que pedirles un Review. Un pequeño Review para ayudarme como escritora. No les cuesta mucho, por favor! :)

Nos leemos pronto.