DISCLAIMER: Los maravillosos personajes de esta historia le pertenecen a la grandiosa J.K. Rowling (Si fueran míos Draco y Hermione se hubieran casado y hubieran vivido felices forever and ever and ever…) La trama es producto de mi imaginación.
RAZÓN No XI: ORGULLO COMPLETAMENTE DOBLEGADO PARTE II
Ni siquiera la cerveza de mantequilla había logrado deshacerse del sabor amargo que habían causado en su boca las palabras que acababa de decirle a Draco Malfoy.
¿Qué diablos pasaba con ella? ¿Por qué se sentía tan mal? Hacía algunos días había estado confundida respecto de sus sentimientos pero ahora estaba hecha un lio y todo era culpa de él que lo había complicado todo.
Jamás esperó una confesión tan profunda por parte del rubio pues aunque ya le había dicho que la amaba, nunca le escuchó decir tantas palabras juntas y mucho menos con tanto sentimiento. Se podía ver en sus ojos grises la tormenta que se estaba desatando en su interior, que era la misma que ahora sacudía a la castaña quien estaba dividida entre dejarlo pasar y el deseo de querer devolverse a ese momento y cambiar su respuesta.
Pero ya había sucedido y no se podía hacer nada al respecto.
Sus amigas parloteaban sobre lo maravillosos que eran los vestidos que habían elegido y sobre el maquillaje y los accesorios que habrían de usar. También se preguntaban si sus parejas se verían tan guapos como ellas esperaban y si la banda que escogería Dumbledore para amenizar el evento estaría a la altura de la del año anterior.
Pero nada de eso le interesaba a la castaña que no prestaba el más mínimo de atención pues entre más hablaban del baile, más frustrada se sentía.
—Hermione ¿Pasa algo? Te he notado muy callada —le dijo Ginny sacándola del trance en que se encontraba.
—Estoy bien pero quisiera un poco de aire —dijo al tiempo que se levantaba de su silla dejando la cerveza a medio terminar—, así que si no les molesta me voy a adelantar —. Concluyó saliendo del lugar.
—¿Qué le sucede? —preguntó Lavender a Ginny viendo como Hermione se marchaba.
—La verdad no tengo idea —concluyó la pelirroja pidiendo una ronda más.
Afuera estaba helado. Había empezado a nevar suavemente y el frio viento invernal, terminaba por quemar las mejillas de Hermione. Empezó a avanzar con la firme intención de caminar hasta Hogwarts sola para poder despejar un poco la mente pero una vocecilla cantarina se lo impidió.
—Hace bastante frio ¿No? Eso impedirá que los nargles salgan a hacer de las suyas —Hermione reconoció de inmediato a la rubia de ojos grises que caminaba hacia ella con la vista en el cielo.
—¿No les gusta este clima? —preguntó la castaña siguiéndole la corriente.
—La verdad creo que no les favorece porque obstruye sus intenciones.
—¿Acostumbran ser traviesos?
—Ni te imaginas —dijo la rubia girando en su eje como buscando algo—. Siempre están buscando algo que robarle a las personas, les encanta esconder cosas.
Luna era una chica extraña sin duda pero Hermione siempre había sentido admiración por su manera particular de ver el mundo y porque jamás se preocupaba por lo que la gente pensara de ella. La había tratado muchísimas veces pues también pertenecía al ejercito de Dumbledore pero jamás se había detenido a hablar con ella demasiado tiempo y aunque hubiera preferido estar sola en ese momento, la compañía de aquella chica especial fue bien recibida.
—Estás triste —dijo de repente la rubia fijando sus ojos en Hermione.
—¿Es tan evidente?
—Yo creo que el clima tampoco te ayuda a ti, el invierno suele ser un poco triste por su falta de color pero eso es algo que nosotros debemos encargarnos de ponerle.
—¿Tú crees?
—Claro que si, además no es tan difícil cuando estamos rodeados de buenos sentimientos, como los de Malfoy.
Las palabras de la rubia tomaron por sorpresa a la castaña que no supo cómo reaccionar al principio. ¿Por qué había dicho todo eso? ¿Acaso sabía algo? ¿Cómo era posible? En su cabeza no podía formarse una idea coherente.
—¿Cómo es que…?
—Su declaración fue lo más bonito que le he escuchado decir jamás.
—¿Lo escuchaste? —Hermione estaba anonadada y avergonzada en partes iguales.
—Por accidente —dijo con tranquilidad—. Me pareció que había visto por aquí a un torposoplos así que decidí seguirlo y fue entonces cuando los vi a él y a ti.
Luna hablaba de aquello como si fuera algo tan normal como platicar sobre la nieve y Hermione se sentía un tanto incómoda aunque tratara de disimular.
—Él te quiere mucho por lo que pude ver y creo que tú también a él, eso es lindo —la rubia ya no estaba viéndola a ella sino que parecía empezar a buscar algo invisible en el aire por lo cual no pudo observar el sonrojo en sus mejillas.
—Creo que estas equivocada Luna, yo…
—Tienes miedo —pronunció la chica interrumpiendo las palabras de la castaña—. Es normal, a todos nos pasa, incluso a mí me pasó cuando Theodore Nott me pidió ir al baile con él.
—Espera ¿Theodore Nott te pidió que fueras su pareja en el baile? —Hermione no podía creer que aquello que a ella y a sus amigas les había parecido algo imposible se hubiera hecho realidad.
—Sí, él es un chico bueno —Luna sonreía—, jamás pensé que le gustaran las criaturas mágicas pero se interesó por todo lo que tenía para contarle sobre ellas y además fue muy amable al ayudarme a buscar un par de zapatos que me escondieron los nargles.
¿En verdad estaba hablando de Theodore Nott, la serpiente y uno de los mejores amigos de Draco Malfoy? No estaba muy segura de que fuera el mismo chico pues tenía una percepción diferente de él.
—Eso suena bien Luna, me alegro por ti —dijo Hermione con sinceridad.
—¿Y tú vas al baile con Malfoy? Esa sería una excelente oportunidad para que le digas que también lo quieres porque como no se lo dijiste, el pobre está muy triste.
—¿Qué te hace pensar que lo quiero Luna?
—Porque eso es lo que dicen tus ojos cuando lo miras todas las veces y si no lo quisieras no te hubieras enojado con él.
—¿Cómo sabes que estaba enojada con él? —Hermione no salía de su asombro al ver que Luna era muy perceptiva.
—Porque cuando estamos enojados no somos capaces de reconocer nada más y por eso no le dijiste que también lo quieres.
Luna sonrió haciendo que Hermione callara y empezara de nuevo a reproducir en su cabeza la declaración del rubio y todo lo que ella había sentido durante aquello. Sin duda, tenía mucho en que pensar cuando llegara a su habitación a donde había decidido dirigirse en ese preciso momento mientras una sonrisa se formaba en su cara.
—¿Vienes conmigo? —le dijo a la rubia que asintió y caminó con ella hacia el castillo.
Una persona puede pensar muchas cosas en cuestión de segundos. Por ejemplo en lo estúpido que ha sido durante años, en que no es mejor que aquellos que han estado siempre tratando como inferiores a los que no tienen su estatus de sangre e incluso que las decisiones que ha tomado durante toda su vida nunca han sido las correctas.
Draco Malfoy estaba en su habitación dándole vueltas a aquello que le había dicho a Hermione y las razones por las cuales ella le había dado la respuesta que recibió. Ensayó una y mil veces lo que expresaría y al final nada de ello fue lo que dijo porque en ese momento decidió que lo mejor era abrir su corazón y fue lo que hizo aunque terminara solo en medio del frio invernal.
Sin embargo, no estaba arrepentido porque por una vez en su vida pudo ser sincero consigo mismo y con alguien más sin temor, además logró que ella lo escuchara que para el caso era lo que había deseado desde el principio. Por otra parte, aunque Hermione expresó su negativa al respecto, él seguiría amándola y eso era algo que consideraba ya lo hacía una mejor persona.
El baile de navidad que antes lo había entusiasmado había empezado a carecer de interés para él pues ya no sería su oportunidad para pavonearse con la mujer que amaba delante de todos aunque fuera de apariencia, no obstante, había decidido que aun así asistiría pues aún tenía algo pendiente de lo cual no se había olvidado.
Hermione se recostó en su cama y de inmediato las imágenes mentales empezaron a invadir su cabeza y en todas ellas estaba él, en algunas insultándola, en otras viéndola estudiar en la biblioteca, observándola en clase de pociones, pidiéndole que fuera a verlo en el partido de Quidditch o declarándose en medio de un espantoso lugar cubierto de blanca y fría nieve.
¿Cómo no se había dado cuenta antes?
Draco Malfoy había sido su peor pesadilla durante años y aún así ella lo había perdonado en el preciso instante en que por primera vez lo miró a los ojos de verdad. Siempre estuvo allí, en la penumbra, en la oscuridad que significaba pertenecer a casas rivales y a estatus de sangre diferentes que aun así no habían sido suficientes para frenar un sentimiento que parecía más antiguo de lo que se había podido imaginar. Ahora era cuando empezaba a dudar de sus propias convicciones e incluso de que fuera coincidencia el que Dumbledore hubiera puesto precisamente a ellos como pareja para el baile de Navidad. «Algún día me lo agradecerán», había dicho, eso quería decir que el mago sabía porque lo había hecho.
—Eres una testaruda Hermione Granger! —se dijo a sí misma en voz alta, riendo como una loca en la soledad de su habitación de la cual planeaba salir en estampida pues tenía algo que hacer. Una lechuza que enviar y una encomienda que recibir.
Lo tenía todo planeado. Esa noche Pansy Parkinson se arrepentiría de haberse comportado como una idiota, creyendo que podía hacerle daño a Hermione y salir ilesa de ello. Draco conocía el hechizo perfecto para hacer que aquella rastrera serpiente que había sido su amiga por años lo pagara caro sin que nadie sospechara de él.
Pansy no sabría lo que la había golpeado hasta el mismo momento que aquello tuviera lugar y para ello, sólo faltaba un día. Uno solo y luego de ello se iría a su casa por las fiestas de fin de año, deseando dejar atrás por lo menos momentáneamente su fracaso y llevando consigo por supuesto su cajita verde esmeralda la cual volvía a ser su tesoro más preciado.
Una noche antes del baile los gritos de Harry despertaron de inmediato a sus compañeros de dormitorio. Había tenido una pesadilla que más que un sueño parecía una revelación de algo que sucedería o que estaba sucediendo en el momento. Asustados, Ron y Neville informaron al resto de la casa y de paso a la jefa de la misma para que se tomaran medidas al respecto. El chico sudaba y temblaba en partes iguales mientras era acompañado por McGonagall, Hermione, Ron y Neville hasta la oficina del director quien lo esperaba en compañía de Severus Snape.
—¿Qué fue lo que viste exactamente Harry? —Dumbledore parecía impaciente detrás de su bien conocida postura de calma.
—Era el señor Weasley… —al escucharlo nombrar a su padre, Ron sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral—. Estaba… estaba siendo atacado por una enorme serpiente mientras recorría los pasillos de un lugar que no conozco muy bien.
Dumbledore comprendió de inmediato de lo que el chico estaba hablando y sin perder ni un sólo minuto indicó a los magos de los retratos —algunos antiguos directores de Hogwarts— que dieran aviso en el ministerio, pues al parecer Arthur Weasley estaba de guardia esa noche en el Departamento de Misterios y lo que Harry acababa de tener no había sido una pesadilla.
—Profesor —Harry aún estaba sudoroso mientras sus amigos lo observaban con desconcierto y algo de temor— ¿Qué me sucede? —el anciano pasó del chico y se dirigió a Snape a quien empezó a darle claras indicaciones de lo que debía hacer.
—¡Profesor! —Harry alzó la voz captando la atención de todos en la sala, estaba molesto y asustado.
—Harry, será mejor que vayas con el profesor Snape, él va a ayudarte —y dicho esto le volteó la espalda dejando al chico más desconcertado que antes.
El resto de la noche fue imposible dormir para algunos de los miembros de Gryffindor quienes decidieron quedarse en su sala común reunidos haciendo cualquier actividad que lograra mantenerlos pensando en algo diferente de aquello.
—¿Estas bien? —preguntaba por enésima vez Hermione a Ron.
—Creo que dentro de lo que cabe, pero estaré mejor una vez sepa algo de papá —contestó el chico cabizbajo mientras Ginny estaba recostada en su hombro.
—¿Y tú? —se dirigió a Ginny.
—Me he encontrado mejor —dijo la pelirroja observando a Lavender y a Parvati que jugaban con un tarot.
—¿Ustedes que me dicen? —les habló a los gemelos quienes trataron de sonreír fallando en el intento.
—La gente guapa siempre está bien Granger —contestó Fred.
—Ya oíste al clon —agregó George.
Luego de unas horas, el sol hubo salido colándose por la ventana de la sala común de los leones e impactando en la cara de todos los que habían pasado la noche allí. Ginny se había dormido en el regazo de su hermano mientras los gemelos recostados contra la pared bostezaban abriendo sus ojos. Lavender y Parvati, quienes en otra circunstancia hubieran puesto el grito en el cielo por verse las enormes ojeras que lucían, abrieron sus ojos reparando primero en la chica pelirroja y su estado de ánimo.
Hermione observó a todos y cada uno de sus amigos llevados por el cansancio y con cara de haber tenido una noche espantosa justamente antes del baile de navidad. Pero uno de ellos no estaba. Al parecer Harry no había regresado del despacho de Snape y si lo había hecho no se había detenido en la sala común, sin embargo, cinco minutos después de su último pensamiento apareció el chico por la puerta evidentemente agotado pero con una débil sonrisa en el rostro.
—Te ves terrible —fue lo primero que se le ocurrió decir a la castaña que se abalanzó sobre él para abrazarlo.
—Tengo buenas noticias —contestó el moreno haciendo que todos y cada uno de los leones dejara de dormitar—. El señor Weasley está bien, los Aurores lo encontraron y lo llevaron a San Mungo —Ron soltó el aire que había estado conteniendo— Parece que llegaron a tiempo.
Ginny se levantó de inmediato y corrió a los brazos de Harry quien la estrechó con ternura, luego todos y cada uno de los chicos expresaron su alegría porque el suceso había terminado bien después de todo aunque Harry aún estaba preocupado por algo que acababa de descubrir: De alguna forma su mente y la de Voldemort estaban conectadas por algo más que una casualidad. Dumbledore llevaba algún tiempo insistiendo con aquello de la Oclumancia pero Harry no se lo había tomado tan en serio hasta esa noche.
El Gran Comedor estaba como siempre atestado de estudiantes que revoloteaban de aquí para allá hablando del evento que tendría lugar en la noche, sin embargo, había varios chicos para nada emocionados con aquello pues los últimos acontecimientos habían dado un giro inesperado a todo y mientras los Weasley celebraban con jugo de calabaza las noticias que acababan de llegar con el correo, Draco Malfoy y Hermione Granger se observaban uno al otro disimuladamente.
Al parecer ninguno de los dos había tenido una buena noche pues ambos lucían surcos negros alrededor de sus ojos y aunque ella no entendía porque el chico tenía mal aspecto él si podía adivinar la razón del de ella. Las noticias vuelan en la escuela y más se había demorado el sol en aparecer que todo el mundo en enterarse de lo que le había sucedido al patriarca Weasley. Draco comprendía que al ser Hermione una de las mejores amigas de las comadrejas era evidente que hubiera estado preocupada por ellos y más aún que no hubiera logrado dormir lo cual adivinaba era lo que había sucedido.
Sin embargo, aun con las ojeras y el cansancio ella seguía siendo hermosa, siempre seria así a sus ojos.
—¿No lograste convencerla? —Theo sorprendió a Draco quien quitó la vista de la mesa de los leones.
—Digamos que no era tan sencillo.
—Lo lamento.
—No lo hagas, aún tengo razones para ir a ese baile.
En la mesa de Gryffindor se respiraba un ambiente de alegría pues el cansancio no era nada comparado con saber acerca del bienestar de un ser amado. Con el correo había llegado una carta de Molly Weasley a sus hijos contándoles acerca del suceso de la noche anterior pero asegurándoles que su padre los esperaba con los brazos abiertos para la cena de Navidad al día siguiente en la Madriguera incluyendo a Harry, sin el cual nada de aquello hubiera sido posible.
En la carta también recomendaba a los chicos que se divirtieran en el baile pues su padre le había encargado la especial mención del evento, diciéndoles que no había de que preocuparse y que esperaba que no se aguaran la celebración por él pues ya se encontraba en perfectas condiciones y aunque los chicos al principio lo dudaron, terminaron por acceder a quedarse y participar del tan sonado baile de integración de Hogwarts.
Y para la tarde ya cada miembro de cada una de las casas de la escuela se encontraba en su habitación, preparándose para lo que vendría en contadas horas. Ron había comprado un magnifico traje de gala para el evento, gracias a algunos trabajos extra que había realizado y algo de sus ahorros. Había decidido que esta vez sería diferente de la anterior y aun cuando hubiera preferido gastar su dinero en otra cosa, no se arrepentía porque ahora tenía algo más por lo que celebrar a pesar de que tuviera que hacerlo con una antipática Astoria Greengrass.
Harry por su parte estaba aún con la cabeza en cualquier lado por todo lo sucedido y sin embargo de alguna manera logró ponerse listo para la ocasión. Tenía cosas más importantes en que pensar que un baile pero estaba seguro que por lo menos por una noche podía tratar de olvidarlo, además debía hacerlo por su acompañante pues no todos los días una linda chica se atreve a invitarte a un evento sin que lo hagas primero.
Las chicas ayudaron a Ginny a prepararse para su cita con Blaise Zabini. Todas pensaron que era la mejor manera de hacer que se sintiera apoyada luego del amargo momento que acababa de pasar y al dejarla como una princesa se encontraron muy satisfechas, lo cual les permitió ocuparse de sí mismas.
Faltando quince minutos para las siete de la noche, el Gran Comedor ya empezaba a llenarse de parejas conformadas por chicos de diferentes casas. La decoración no era menos exquisita que la del año anterior pues todo parecía un palacio de cristal. En el cielo se observaban carámbanos de hielo en forma de candelabros finísimos que colgaban por todo el lugar, iluminándolo por completo para dejar ver los colores de las cuatro casas combinados por doquier.
Todo estaba precioso y daba la impresión de tener calor de hogar aun cuando era invierno. Draco Malfoy vestido con su traje de gala paseaba por el pasillo en dirección al lugar donde sería el baile ocultando entre la túnica su varita pues la necesitaría para su siguiente paso. Él no había ido a bailar, él había ido a cobrar una deuda.
Al llegar a la puerta del Gran Comedor se topó mucho de sus compañeros que vestidos igual de elegantes paseaban con sus citas. Entre ellos Zabini quien charlaba amenamente con la menor de los Weasley que se veía radiante en su vestido azul o Ernie Mcmillan quien paseaba de la mano con Lavender Brown quien sonreía con amplitud, lo cual le hizo sentir una punzada de dolor en el pecho pues le hubiera encantado ver a Hermione sonreírle de esa misma forma.
Pero no podía pensar en ello, no ahora, debía continuar y era lo que se disponía a hacer antes de ser detenido.
—Señor Malfoy que bueno que lo veo —McGonagall se dirigía a él impidiéndole avanzar—. Necesito que usted y la señorita Granger ingresen al Gran Comedor pues son una de las parejas escogidas para dar inicio al baile de esta noche.
—¿Qué ha dicho?
—Creo que me ha escuchado bien —contestó la profesora al tiempo que alzaba su mirada a las escaleras—. Ah, ahí está señorita Granger, también a usted se le hizo tarde.
Al escuchar a McGonagall pronunciar el apellido de Hermione, Draco se giró de inmediato para toparse con algo que parecía ser una visión. La castaña bajaba las escaleras con la mirada fija en él mientras apartaba un poco su hermoso traje turquesa para poder avanzar. Su cabello totalmente liso caía sobre sus hombros mientras sus ojos sonreían al tiempo que sus labios teñidos de rosa pálido también lo hacían.
Una vez hubo llegado al último escalón, Draco se movió a su lado para darle la mano y ayudarla a continuar. Parecía una experiencia fuera de su cuerpo. Nunca imaginó que cambiara de opinión pero allí estaba, hermosa y sonriéndole a él. No pudo explicar lo que sintió en su interior.
—Granger.
—Malfoy.
Sus miradas eran intensas y podría decirse que durante el instante que duraron no hubo alrededor nada ni nadie más.
—Te ves hermosa.
—Tu igual —ambos sonrieron.
—Bueno, ahora que están listos pueden ingresar —dijo la profesora que había presenciado todo aquello sin decir nada.
Hermione tomó el brazo del rubio para caminar dirigiéndose con él al Gran Comedor. Draco no se atrevió a hablar por miedo a despertar de lo que parecía ser un sueño y fue ella la primera en hacerlo.
—Lamento haberte hecho esperar —el corazón de la castaña latía a mil por hora sintiendo el calor del brazo del rubio.
—No lo lamentes, valió la pena —contestó sonriendo mientras ella apretaba su agarre recordando la nota que había dejado sobre su cama.
No sabes cómo me alegró recibir tu lechuza. Te dije que este vestido había sido hecho para ti y me hizo muy feliz que por fin te decidieras. Disfruta de tu noche, te verás como una princesa.
M. Malkin.
Y allí en el centro de la pista, Theodore Nott tomaba de la cintura a Luna Lovegood quien se veía hermosa en su vestido color salmón, mientras Padma Patil y Justin Finch-Fletchley se juntaban en algo parecido a un abrazo siendo imitados por Lavender Brown, Ernie Mcmillan, Romilda Vane y Michael Corner. Zacharias Smith por su parte trataba de hacer lo mismo con Daphne Greengrass, aun cuando parecían tener un pequeño problema para ponerse de acuerdo.
Sólo faltaban ellos, pero en un instante estuvieron también allí mirándose a los ojos con emoción e ignorando todo a su alrededor para dejarse llevar por las notas del vals que empezaba a sonar.
Hermione era una excelente bailarina aunque a Draco en realidad eso no le importaba pues el solo hecho de estar con ella respirando su embriagador aroma a jazmín era más que suficiente para prolongar el momento para siempre. Al parecer las razones para asistir al evento habían sobrado después de todo, sin embargo, había algo que no podía dejar pasar.
Al instante se unieron a ellos el resto de parejas para dar inicio a la gran fiesta de navidad. A su lado podían observar a Dumbledore bailando con McGonagall y a Draco le pareció que el anciano le guiñaba un ojo como en alguna otra ocasión dándole a entender que se alegraba de que él y Hermione estuvieran juntos allí, pero nadie podía estar más feliz que él mismo pues tenerla tan cerca luego de días de agonía era más de lo que podía haber deseado.
Hermione no pronunciaba palabra, pero se dejaba llevar por sus pensamientos en la misma medida que su cuerpo lo hacía con el vals. El olor masculino de Malfoy inundaba su olfato, proporcionándole una seguridad que no era capaz de explicar la cual le daba las fuerzas para su siguiente movimiento. Draco por su parte estaba ensimismado en el momento y no se había fijado en la mirada de la castaña quien de nuevo tenía sus ojos abrasadores clavados en su rostro.
—¿Te gustaría acompañarme afuera? —Hermione se detuvo en medio de la pista.
—Está bien, pero primero déjame hacer algo —contestó él, tomando su varita disimuladamente para formular un hechizo no verbal hacia cierta chica que bailaba con Potter. Al notarlo, Hermione lo detuvo viendo en sus ojos una intención que decidió frenar.
—Es importante —dijo y eso fue suficiente para que Draco pospusiera el espectáculo que quería ofrecerle al auditorio entero. Ya habría tiempo para eso.
Mientras ambos chicos se dirigían fuera del Gran Comedor, varios pares de globos oculares los observaban, entre ellos los de una rubia que sonreía abiertamente.
—¿Estas contenta? —Theodore Nott se encontraba embelesado con la sonrisa de Luna.
—Hay muchos motivos para estarlo ¿No crees?
—Tienes razón —contestó aspirando el dulce aroma de su cabello.
Pansy Parkinson no tenía idea de lo que había estado a punto de sucederle pues se encontraba más que ocupada con la pareja que había escogido para el baile. Harry Potter no era un buen bailarín pero a pesar de ello era una excelente compañía. Además no se cambiaba por nadie al ser el centro de atención pues todos los observaban, en especial la chica Chang que de tanto en tanto, lanzaba miradas envenenadas a la Slytherin por pavonearse con el chico que se rumoraba había estado enamorado de ella.
—Harry ¿Podríamos ir por ponche?
—Desde luego —contestó el chico deteniendo el baile y tomándola de la mano para caminar juntos.
¿Qué más podía pedir una chica? Sin duda ella no era la única que pensaba eso.
Astoria Greengrass jamás se imaginó que Ron Weasley podría verse tan bien con un traje de gala y mucho menos que fuera un chico con el que se pudiera pasar un rato agradable. Pero así era, lo que decían Pansy y Daphne era cierto después de todo, el pelirrojo era guapo además de divertido, olía delicioso y era todo un caballero. En definitiva nunca sabes cómo es una persona en realidad hasta que la conoces por ti misma y la menor de las Greengrass estaba más que dispuesta a empezar con esa tarea desde ese preciso instante.
Por su parte Ginny Weasley era otra sorprendida pues nunca llegó a pensar que detrás de la arrogancia y el porte de conquistador de Blaise Zabini se escondiera un chico encantador que además de buen bailarín, tampoco tenía problema en averiguar por el estado de salud de su padre.
—Ya está mucho mejor —respondió ella.
—Eso es bueno y sobre todo porque decidiste venir al fin de cuentas.
—Papá quería que ninguno se perdiera el baile.
—En definitiva, tu padre me cae muy bien —dijo el chico haciendo que la pelirroja sonriera dejándose llevan por el ritmo de la música.
Al parecer todo el mundo se divertía en el Gran Comedor pero a las afueras del castillo, cierta pareja tenía otros planes.
El jardín era todo un espectáculo. La blanca nieve y las luces le daban un efecto bastante romántico aun cuando el frio era un poco insoportable. Pero eso era algo que traía sin cuidado a los dos chicos que acababan de aparecer por allí. Draco y Hermione habían caminado cada uno por su parte pero ahora estaban juntos viéndose fijamente en un punto del castillo donde nadie más parecía haber ido, no obstante, eso no era lo importante pues la hoguera de sentimientos en el interior de cada uno era la cuestión del momento.
—Granger yo…
—Shhhhh —Hermione puso uno de sus dedos en los labios del rubio quien obedientemente guardó silencio—. Es mi turno de hablar.
La castaña sentía su corazón a punto de estallar pero era tiempo, no podía callarlo más y él ya había hecho un gran esfuerzo, ahora era su turno.
—Lamento lo que te dije en Hogsmeade —él negó con la cabeza queriendo decir algo pero ella de nuevo se lo impidió, esta vez con la mirada—. No era lo que sentía en realidad y la razón de eso ahora es demasiado clara para mí —sonrió—, tenía miedo.
—¿Miedo? ¿Tú? Eres la persona más valiente que conozco. No en vano eres una Gryffindor.
—Aunque no lo creas así es —dijo acercándose más a él para continuar—. Siempre me ha gustado tener el control de todo a mi alrededor y en el momento en que lo perdí me aterré.
—¿A qué te refieres exactamente? —el corazón del rubio parecía querer salir de su pecho.
—No quería aceptar lo que estaba sintiendo y por eso lo negué, ese siempre es el camino más fácil. —los ojos de la chica brillaban mientras los de él estaban como hipnotizados con sus palabras que de nuevo le recordaron a las de Dumbledore—. Pero ya no quiero hacerlo más.
—No entiendo que…
—Te amo —las palabras la abandonaron antes de lo esperado, mientras los ojos grises del rubio se ampliaron por la impresión que lo había dejado sin habla—. Te amo Draco Malfoy y he tardado en aceptarlo porque tenía miedo de lidiar con algo que hace mucho se me salió de las manos.
Hermione lo veía con fiereza al tiempo que el chico sentía en su interior miles de cosas a la vez. ¿Ella en realidad le había dicho lo que él había creído escuchar? Deseaba que lo repitiera para comprobar que no estaba soñando pero ella prosiguió.
—Y es algo que me emociona y me asusta en partes iguales porque eres tú, precisamente tú —Hermione parecía librar un conflicto en su interior porque cada palabra salía más atacada que la anterior—, la persona a la que creí odiaría toda mi vida, la persona a la que me imaginé torturando de miles de maneras —sonrió—, esto parece algo irracional pero es así.
Draco deseaba encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que pasaba por su cabeza pero era imposible. Deseaba agradecerle, volver a decirle que la amaba, que haría lo que fuera por cuidarla, que la haría feliz pero nada de ello salía de él y en cambio tomó con una de sus manos rostro y con la otra su cintura y la besó tratando de decirle con sus labios todo lo que se estaba callando. Ella le correspondió poniendo su alma en esa caricia para que él acabara de entender que era sincera.
Una vez se separaron, suspiró tomando su rostro sonrojado por el frio y el sentimiento que le acababa de confesar —Pensé que jamás oiría algo como eso.
—¿Y qué piensas hacer al respecto? —dijo ella sonriendo aún entre sus brazos.
—Pues creo que no dejaré que te libres jamás de mí.
—Esa es una buena idea —contestó al tiempo que miraba sobre su cabeza hacia el muérdago que empezaba a crecer de la nada haciendo que él también lo viera—. Adoro la magia —. Y volvió a besarlo con la excusa de honrar la tradición.
—Hermione —habló una vez se separaron.
—¿Mmmm?
—He estado pensando en algo últimamente.
—¿En qué?
—En la profecía de Trelawney —completó haciendo que la chica lo observara.
—Tal vez esa loca si sabe algo después de todo —dijo ella risueña.
—Y eso me preocupa porque no era algo alentador del todo —suspiró acariciando la mejilla de la chica—. Sabes lo que nos espera.
—Lo sé.
—¿Y aún así quieres continuar? —preguntó con temor a la respuesta que recibiría.
Ella en cambio sonrió, tomando su mano entre las suyas, estrechándola fuertemente e indicándole que caminaran.
—Desde ahora, para bien o para mal, estamos juntos en esto Draco Malfoy.
El rubio sonrió con tranquilidad por primera vez en mucho tiempo y suspiró.
—Juntos —repitió caminando de la mano de su amada, de vuelta al Gran Comedor.
~.~ FIN ~.~
¡Hola queridos amigos y amigas! Creo que esta vez tuvieron que esperar un poco más por el ultimo capitulo pero me alegra que lo hayan hecho y que hayan comentado los anteriores. Bien lo dijo Pao, es triste despedirse de una historia pero es gratificante a la vez cuando has visto que ella ha llegado a tantas personas. Para ser mi primera vez me siento satisfecha y les pido me acompañen porque como he dicho esta es solo la primera de lo que espero sea una trilogía o algo más.
A Pao Malfoy Cullen Uchiha, Lindalovegood, Liz Malfoy Granger y Mutemuia… Infinitas gracias por acompañarme y dejarme sus apreciaciones, siempre fueron bienvenidas.
Al resto de personas gracias por leer, marcar como favorita o seguir. Eso me motivó muchísimo y espero no haberlos decepcionado. Recuerden que el fin solo es el comienzo porque hay mucho más para contar.
Un abrazo enorme.
¡Travesura realizada! Por ahora… Pues juro que mis intenciones no son buenas…
