Sakura Card Captor pertenece a las súper-mega-ultra-extra-maravillosas CLAMP. La trama pertenece a MaraGaunt y yo sólo me adjudico la adaptación...

¡IMPORTANTE! Lean abajo, ¿ok?


Capítulo X

Sakura Kinomoto

22 de Julio de 2007

"Quiero que vengas a vivir conmigo."

Esa pregunta aún hacía eco en las ahora sensibles paredes de mi oído externo. Era como si todo se tratara de un horrible y a la vez abrumadoramente placentero sueño, y todo ello en medio de ese ambiente que súbitamente se había quedado silencioso, con ese tipo de silencio que hacía incómodo incluso respirar.

Era algo completamente imposible de aceptar, pero la paradoja de mi mente comenzó a imaginarse tercamente una vida al lado de él, juntos...

Muchas más imágenes de mí, vestida de blanco, hicieron aparición excesivamente rápido en mi mente. Las censuré todas tratado de que no se me notara la manera en que me estaba afectado la sola pregunta.

–¿Por qué? –se me escapó responderle mientras que, con las mejillas seguramente como un tomate, levantaba con excesivo cuidado el tenedor que había dejado caer sobre el plato, el cual por fortuna no salpicó nada indeseable. Esa pregunta escapó aunque había otras miles de ellas mismas a punto de ser escupidas por mi boca y por mis ojos.

Él se quedo mirándome por largos momentos, como si de algún modo estuviera pensando la respuesta más apropiada para mí. Luego abandonó un poco su expresión estoica.

–Te necesito –dijo simplemente.

Tan elocuente como yo no quería que fuera. Quería, de hecho, que él mismo se diera cuenta de cuan absurda era su propuesta. Debía ser coherente. El hecho de que me necesitara, para lo que fuera que lo hacía, no ameritaba la acción de vivir con él.

Negué torpemente con la cabeza.

–No es posible... –dije entrecortadamente, dándome cuenta de que había más convicción en un cactus que en mi respuesta.

Una parte de mí ardía por decirle que sí a todo lo que él me pidiera, pero si había sido tonta en el pasado ahora había anexado otra característica a mi estupidez y era un poco de desconfianza.

Algo muy parecido al dolor cruzo sus aristocráticas facciones.

–¿Por qué? –dijo él imitando mi pregunta del inicio. Solo que él no sonaba estúpidamente indeciso cuando lo preguntó.

La lista de razones era demasiado larga para ponerme a enumerarla, pero en ellas primaba el hecho de que no me sentía lista, y no sabía si me sentiría algún día. No estaba preparada para compartir ese tipo de intimidad con alguien.

Alejé definitivamente el plato de mí con los alimentos aún tibios en el. Me puse de pie desesperada por hacer algo más que quedarme mirándolo y tratando de explicarle las millones de razones de mi negativa.

Caminé casi tambaleante hacia mi estrecha sala. Él no me siguió, lo cual me dio unos minutos de alivio, no me era posible pensar con claridad cuando él estaba tan cerca y mirándome de la manera en que lo hacia. Pero la diminuta parte inteligente de mí me estaba mostrando que, si bien él no hablaba, estaba esperando una respuesta por mi parte.

–Es... –balbuceé un poco... me mordí la lengua y otras partes sensibles de mi boca y mejillas internas–. No quieres vivir conmigo... –afirmé estúpidamente.

–Bueno, acabo de pedírtelo... –razonó él tácitamente.

Maldición, era tan testarudo como un caballo.

–¿Acaso no escuchaste lo que te dije?... ¿Lo que te conté? –le informé haciendo referencia a las confidencias acerca de mi pasado–. Aquello...

Ante eso se levantó de la mesa abandonando lo que hasta ese momento consideró su cena y se acerco a mí. Cada paso que daba era como un palpito redoblado de mi débil corazón. Mi mirada estaba en la punta de mis pies, pero no pude hacer menos que mirarlo cuando sentí sus dedos grandes y fríos levantarme el mentón para que lo mirara a la cara, hice lo posible por no volver a llorar como una niña.

–Escuché cada palabra... –dijo refiriéndose a su vez a lo que le había dicho, esta vez, lo que fuera que hubiera en su voz no fue identificable para mí–. No quiero hacerte daño –añadió demasiado lentamente como si quisiera grabar las palabras en alguna parte de mi pequeño cerebro a fuego lento.

Si tan solo comprendiera que la que le podía hacer daño era yo...

–No lo entiendes –dije sin explicar lo que antes había pensado.

Ahora se posicionó a mi lado; la presencia de su calor me hizo estremecer.

–Quiero vivir contigo porque me gustas, mucho, quiero estar a tu lado todo el tiempo –cada palabra era como miel a mis oídos, como medicina para el enfermo–. No he podido dejar de pensar en ti desde que te conocí...

Había monotonía en su tono, pero no era por que fuera una afirmación repetitiva, sonaba más a como si fuera difícil para él hacer ese tipo de admisión.

Me era demasiado difícil concentrarme en mi negativa con él hablándome de esa forma, pero también era demasiado difícil creer que una persona como él necesitara de mí.

Me dediqué a ganar un poco de tiempo.

–Pero tengo que trabajar... yo no podía dejar que él siquiera pensara en hacerme parte de su lista de gastos. Estaba lo suficientemente avergonzada de que siquiera me mirara y determinara por encima de las otras mujeres que tenía a su alrededor, ni siquiera estaba segura de que fuera de esa forma.

–En cierta manera trabajarás para mí –dijo él sonriendo de lado–. Solo que el beneficio extra soy yo.

Tenía razón. Él era un premio con el que no me atrevía siquiera a soñar. Quise devolverle la sonrisa, pero solo pude quedarme mirando su boca como tonta, porque mis propias facciones parecían haberse quedado congeladas desde que mencionó la afirmación de vivir juntos.

Quería preguntarle qué era lo que realmente quería de mí, pero temía demasiado se conocedora de la respuesta, o que esta no fuera lo suficientemente satisfactoria. Era una egoísta sin nombre, y una egocéntrica por creer todo el tiempo que todas las acciones del derivaban hacia mí.

¡Por todos los cielos, estaba pensando en decirle que sí! ¿Qué tipo de basura estaba corriendo por mi conciencia?

Pero debía ser sincera conmigo misma al menos, la idea de decirle que sí martilleaba en todo mi ser como algún tipo de enfermedad rápidamente progresiva. El único deseo razonable dudaba en contra de todo lo demás, ardía por él y por decirle que sí a lo que quisiera tomar de mí aunque no fuera mucho. Era algo demasiado tonto, y era demasiado desear para lo que en verdad me podía permitir, era demasiado pronto...

Me aparté de él antes de sucumbir como por milésima vez y caminé hacia la ventana huyendo de su supremo poder de convicción, al menos conmigo.

–Sakura –escuché la voz del tras de mí.

Mi cuerpo quiso reaccionar y darse la vuelta para encararlo pero sabía que al mirarlo la poca entereza que aun me quedaba iba a sucumbir rápidamente, derrumbándose como una torre de sal mojada.

–Sakura –dijo más profundamente, tanto así que esta vez no pude negarme a la demanda que parecía querer transmitir.

Me di la vuelta lentamente para atender a su apasionado llamado quemándome las entrañas.

–Tengo que... –dije esperando que al menos así no me hiciera caer a sus pies como evidentemente iba a hacer– quiero... tengo que pensarlo.

De inmediato me arrepentí de mis vacías palabras, porque debía sonar como una perra interesada, pero para tomar una decisión de esa magnitud necesitaba un tiempo demasiado prudente, así él pensara que lo hacía porque me gustaba el suspense antes de la respuesta afirmativa. Más que eso necesitaba no tenerlo en frente de mí en el momento en que lo pensaba, no lo necesitaba mirándome con esos ojos que prometían indirectamente el paraíso con el que nunca me había atrevido a soñar, pero con el que había fantaseado durante toda mi vida. ¿Por qué sus ojos tenían que ser tan expresivos?

En su mirada había algo desconocido ahora, una expresión de deseo intenso que me hacia dar escalofríos.

Se acercó dos pasos hacia mí, los únicos que verdaderamente nos separaban y me miraba intensamente o por lo menos eso me parecía a mí. No movió sus manos pero aun así sentía cada respiración de su boca chocar contra la mía. Sus ojos estaban demasiado cerca tentándome con ese paraíso que no me atrevía a elegir.

–Te necesito –susurró.

Su respiración acompasada chocó contra mi rostro con suavidad, tal como él hablaba. Sus ojos cambiaron, como si de alguna manera el los hubiera programado, ahora exudaban esa aura animal que era solo suya y que me hacía temerle al mismo tiempo que lo deseaba. Porque solo la había visto cuando me miraba a mí y eso, egoístamente, me hizo sentir exclusiva.

De repente estaba nuevamente atrapada en sus brazos y no hice nada pare liberarme ni para detenerlo.

Su respiración, ahora agitada dio contra mi rostro llenándome de una ansiedad que nunca había sentido.

–No sabes cuanto te necesito –siguió replicando. Cada eco de sus palabras penetró por toda la extensión de mi cuerpo haciéndome quedar sin respiración, sin conciencia, sin razón...

Y su voz transmitía esa necesidad de la que hablaba, de una manera que a mí me parecía brutalmente cierta, sus ojos no podían mentir de esa manera.

No podía saber cual era la causa de esa demanda. Nadie nunca, aparte de Rika, me había necesitado para algo, nunca me habían necesitado con la intensidad que él exhibía...

Mis ojos descendieron sobre su boca ahora tan peligrosamente cerca de la mía, sabiéndome poseedora de la voz ronca y espesa que Nakuru usaba con sus mozos.

–Shaoran...

Esto, la manera en como dije su nombre fue como el interruptor para algo más fuerte, y más pronto de lo que creí posible pensar su boca estaba sobre la mía besándome con urgencia, como si de eso dependiera que dijera que sí o no a su alocada proposición.

Su saliva dulce humedeció mi aliento, mi boca entera. Un gemido de peligrosa necesidad brotó de mi adolorida garganta, adolorida por el llanto previo. Él se lo tragó y dejó escapar de la suya uno parecido al mío pero con las connotaciones masculinas que eran solo de él.

Por orden mía separamos nuestras bocas. Aún tenía su frente caliente apoyada con suavidad sobre la mía transmitiéndome esa necesidad, como odiaba esa palabra...

Pero era esa necesidad insofocable de mandar por un tubo todo mi doloroso pasado y abrir mi corazón a quien se lo merecía, a quien lo parecía quererme tan ardorosamente, quería estar con él... vivir para él... por primera vez en mi vida me sentía en contradicción con todas las convicciones que había establecido tiempo atrás. Esas que incluían no confiar en nadie más que en si misma, esas que incluían no estar al lado de alguien por miedo al daño físico y mental, quería hacer todo esto a un lado y dejar que él entrara totalmente en mi vida sin importar nada más...

–Déjame pensarlo... por favor... –susurré rogando para que me diera la razón y no me hiciera flaquear aun más, que no me demostrara cuan más débil podía ser ante él.

Lanzó su boca sobre la mía una vez más, pero no podía pensar con claridad cuando estaba tan cerca de su cuerpo. Metí mis dedos entre su pelo y luego apreté sin fuerza su cuero cabelludo apartándolo centímetros de mí, siendo presa de un irrefrenable impulso de no ceder... al menos no aún y de seguir penetrando en su boca y enloquecerlo de pasión...

–No hagas esto, por favor dame tiempo –mi voz sonaba temblorosa, como todo mi cuerpo se sentía. Él inclinó su cabeza sobre la mía, con demasiada y torturadora lentitud.

Esta vez no me besó, tan solo se quedó contemplándome la parte inferior de la cara con intensidad.

–No quiero esperar –declaró con insensatez deslizando su lengua tenuemente por la comisura de mis labios.

–Por favor... –estaba dispuesta a suplicarle, que no parara... que me besara...

No quería pedirlo de ese modo pero fue el único que se me ocurrió...

–Por mí... por favor... dame tiempo

Respiré su aliento entrecortado minutos incontables, hasta que esa misma agitada respiración se regularizó.

Completamente embelesada miré sus ojos cambiar a como estaban en su estado natural.

El frío penetró la piel de mi frente cuando con exagerada lentitud se separo de mí. Yo me quedé quieta en la misma posición en la que él me dejó.

Caminó hacia la mesa del centro y se sentó pulcramente a terminar su cena, aquella que yo supuse que estaba helada después de nuestro intercambio de palabras. Permanecí en mi sitio esperando palabras que anteponer antes de que se retirara, pero pareció alargar la cena más de lo normal, como si estuviera saboreando cada pedazo que consumía.

Yo permanecía de pie, como si fuera una estatua, ninguno de los dos decía nada. Él seguía consumiendo los alimentos preparados por mi mano después de la negativa. Algo en mí se movía hacia el desesperado deseo de decirle que sí sin importarme nada más, pero no podía ceder, como había dicho antes... tal vez nunca lo hiciera, mentalmente era una lechuga.

Escuché el ruido de los cubiertos cuando terminó, permanecí estática aún esperando nada más que su reacción, como si respirar normalmente dependiera de todo lo que él hablara. Lo miré con disimulo y vi que se acomodaba los cabellos que en medio de mi rebeldía había desordenado yo, no quería que se fuera, pero lo que yo quisiera o deseara se encontraba en el ultimo lugar en mi lista de prioridades. Así no las tuviera.

Se puso de pie, tomó su chaqueta y caminó lentamente hacia la puerta. No iba a decirme nada...

¿Por qué el corazón tenía que dolerme de esta manera?

Cuando estaba cerca de la puerta se detuvo y soltó un profundo suspiro, con la misma lentitud se dio la vuelta y fijó su mirada en mi quieta figura, mirándome con ojos tortuosos como si estuviera sufriendo por algo. Nos miramos cerca de dos minutos, luego él abruptamente levanto su mano en mi dirección ofreciéndome a que la tomara...

–Dame un beso... –dijo con su voz profunda.

Lo miré llena de confusión. Estaba de pie, recto, tenso con la mano extendida hacia mí.

Avancé medio paso hacia él cediendo a la tentación de manera demasiado fácil, pero era inevitable... con Shaoran Li era inevitable.

Caminé hacia él, mi efigie de Dios, hasta que estuve en frente. Tomé su mano cayendo en el abismo profundo del vértigo que me escocía. Di los pasos que hacían falta hasta que mi frente rozó su barbilla, se inclinó hacia mi boca y depositó en ella un beso casto y suave, nada tenía que ver este contacto con la pasión desenfrenada que en esos pocos días había tenido oportunidad de conocer, con los besos que solía recibir de él, pero este, a pesar de carecer de pasión, era igual de ardiente que los demás. Cerré mis ojos ante las emociones que este desencadeno sobre mi dolorido cuerpo y me sentí extraña deseando la pasional violencia a la que el inevitablemente me había sometido. La echaba de menos y me sentí tan puta por ello como Nakuru.

Él se separó de mi finalmente y dijo:

–Nos vemos.

Tenía mucho miedo de dejarlo, pensé en decirle sí en ese mismo momento pero supe que esa debilidad aun no debía caer a flote.

Tendría mucho más poder sobre mí del que ya poseía.

Cerré la puerta inhalando el perfume caro y fragante que él usaba, me apoyé contra ella y respiré hondo, demasiado rápido como si hubiera corrido alguna especie de maratón.

Cuando logré serenarme me removí un poco para aligerar la tensión presente en mi anatomía, caminé hacia la mesa y después de contemplara por varios segundos, recordando lo que había tenido lugar en este apartamento, me dedique a recoger parsimoniosamente los restos de vajilla para darles un lavado.

Bien podía quedarme despierta toda la noche, después de todo no tenía que trabajar al día siguiente. Dudaba que mi cabeza dejara que me relajara en sueños después de todo.

Me tomó demasiado tiempo hacerlo, tal vez porque le dediqué menos empeño del que se le dedicaba a una tarea demasiado abrumante, como cuando tenías miles y miles de cosas en las que pensar y ordenar se hallaba en el último sitio.

Estaba por poner el último plato en el vajillero cuando el teléfono repicó.

No recordaba haber dado ese teléfono a nadie en particular y menos esperaba recibir una llamada a esas horas de la noche. El miedo del que fui parte me hizo soltar el plato haciendo un desaguisado común cuando un plato de porcelana se rompió.

Caminé hasta la mesilla y levanté el teléfono aun rogando para que el repique que escuchaba fuera, de alguna manera, imaginario, o que el dueño de esa llamada hubiera presionado mal un numero.

–¿Hola? –contesté con voz temblorosa.

Al otro lado de la linea se escucho una respiración entrecortada como si alguien estuviera asfixiado.

–¿Hola? –volví a preguntar no muy segura de si. El corazón comenzó a palpitarme con fuerza, con miedo.

–Sakura... –murmuró la voz al otro lado de la linea, una voz masculina

–¿Quién es? –pregunté algo histérica. Si era una broma era de demasiado mal gusto, tenía pánico, si era de ser sincera

–Sabes quién soy... –dijo la voz, se escuchaba de manera tan distorsionada que me era imposible identificarla, a no ser que...

–¿Qué quieres? –pregunté llena de ira al ver que era Shaoran intentando asustarme.

–A ti... venganza... muerte.

Venganza...

Solté el teléfono sobre su soporte plástico y lo desconecté de inmediato, como había dicho antes, si esto era una broma era una de muy mal gusto.

Respiré hondo tratando de calmarme, me miré las manos que temblaban junto con el latido errático de mi pulso. El timbre de un teléfono repicó en el momento en que estaba intentando calmarme, esta vez se trataba del del citófono del apartamento, salté dentro de mi demasiado angustiada para ser verdad.

Aun así algo en mí me decía que debía contestar esa llamada. Caminé hacia el teléfono y lo levanté:

–¿Hola?

–¿Señorita Sakura Kinomoto?

–Sí, que necesita... –pregunté llena de ese pánico que me había atacado con anterioridad.

–Creo que un familiar suyo acaba de tener un accidente automovilístico a unas manzanas de aquí... –la voz se oía agitada, como si la persona hubiese corrido para llegar.

–¿Familiar? –pregunté, sintiéndome de repente muy débil, yo no tenía ningún tipo de familiar que... a menos que...

–No... no puede ser –negué ante la evidente falta de familia.

–No deja de pronunciar el nombre de Sakura Kinomoto y este número de apartamento, señorita. Por favor, ya llamamos la ambulancia pero debe hacerse presente, se muestra demasiado inquieto.

Cuando mencionó la palabra inquieto me di cuenta de que solo podía tratarse de Shaoran, así que sin pensarlo dos veces, tomé la chaqueta que colgaba del gancho al lado de la puerta, me la eché encima, me puse las primeras pantuflas que encontré, saqué las llaves del aparador, mi billetera y corrí escaleras abajo, cerrando con fuerza la puerta.

Me estaba apuntando la chaqueta cuando salí al frío de la noche.

–¿Dónde está? –pregunté llena de horror, pensando en las desgracias de mi vida y en si esta se sumaría a la larga lista, me iba a enloquecer...

No me respondió más corrimos por donde él me guió, casi hasta el final de la calle y luego, cuando dimos la vuelta mi corazón se paralizó ante lo que vi.

Estampado contra un árbol se encontraba el auto negro deportivo de Shaoran, las luces traseras parpadeaban un poco debido a lo que yo supuse era la magnitud del choque.

Alrededor del auto había personal de uniformes azules oscuros y blancos, deduje que eran personal paramédico intentando sacarlo del auto, que por lo que alcanzaba a ver tenía el capo y la parte delantera destrozada.

Abandoné a quien me había acompañado sin siquiera darle las gracias y me abalancé con fuerza intentando pasar por encima de la gente que comenzaba a arremolinarse curiosa. Me abrí paso como pude para intentar llegar al auto que estaba acordonado.

Cuando llegué al tope del cordón paré y me acerqué con pasos vacilantes pensando estúpidamente que todo esto era culpa mía. Cuando di dos pasos escuché un gemido de dolor de Shaoran, lejano, pero solo podía tratarse de él.

–No se acerque –me dijo uno de los policías cuando me acerqué intentando hacer a un lado del cordón.

–Déjeme pasar, soy su... familiar... –expliqué rápidamente haciendo fuerza contra el cuerpo del policía y el cordón a la vez.

–¿Usted es Sakura ? –preguntó en voz alta, reprendedora y mirándome de arriba a abajo.

–Sí, soy yo, por favor déjeme pasar –dije sin atender a razones.

Así lo hizo, caminé rápidamente hacia el choque mientras que con cada paso que daba, los paramédicos conseguían cargar a Shaoran entre cuatro y lo ubicaban en una camilla. Tenía una herida sangrante en la cabeza y los ojos cerrados, también tenía una pierna algo angulada, extrañamente angulada, de hecho.

–¿Shaoran...? –pregunté llena de confusión, parándome en mi avance, aun sin poder creer lo que estaba viendo, cuando minutos antes había visto como caminaba, alejándose de mi. Caminé más despacio hasta que cuando estuvo en la camilla puse mi mano sobre la de él.

La mano que aferraba se dio la vuelta y tomó la mía con fuerza. Abrió los ojos confuso.

–¿Shaoran...? –pregunté otra vez esperando que el golpe que hubiera sufrido no fuera lo suficientemente fuerte como para haberle hecho olvidarme.

–S... Sa... Sakura –murmuraba entre los labios fuertemente cerrados.

Trataba de pronunciar mi nombre trabajosamente.

–Sakura... –dijo como si de alguna manera me estuviera leyendo el pensamiento.

Sentí como si alguien me apuñalara el pecho, un dolor tan profundo como el que me había inflingido perder a Rika. Supe que me había enamorado ya perdidamente de ese hombre, había vuelto a caer en la ruina de lo desconocido, y sólo pensar en que le sucediera algo malo hacía trizas mis nervios, mi vida entera.

–Aquí estoy Shaoran... –dije inclinándome y besando su frente.

Aferró mi mano con más fuerza aun, así que me vi en la dificultad de caminar al lado de la camilla con ruedas, a la misma velocidad que los camilleros, mientras lo conducían a la ambulancia.

–¿Qué pasó? –le pregunté a uno de los uniformados cuando estaban subiendo la camilla y haciendo un sitio para mi.

–Perdió el control del auto, viró para esquivar algo y se chocó contra el árbol –explicó este metódicamente.

Ojalá, y rogaba a Dios porque así fuera, su distracción no hubiera tenido que ver nada conmigo. Lo esperaba intensamente.

Subí a la ambulancia y seguí aferrando la mano de él, tenía los ojos abiertos y me miraba con fijeza, como si yo fuera alguna especie de punto en la blancura de su mente. Era tanta la fijeza de su mirada que me daba miedo, pero ahora no le iba a pedir que no lo hiciera, ya no podía negarle nada.

Y ahora si era completamente cierto.

Arribamos al hospital quince minutos después, a una velocidad de vértigo, con lo que me di cuenta de que habíamos recorrido una distancia considerable. Bajaron la camilla rápidamente y lo ingresaron a una sala en donde no me permitieron pasar a pesar de que lo rogué con todas las fuerzas que tenía.

Uno de los vigilantes de la, a todas luces, costosa institución, me pidió que me sentara en una amplia y lujosa sala de espera mientras él era atendido.

Me comí las uñas de las manos esperando noticias, no podía ponerme de pie porque la etiqueta que sugería el lugar atribuía otra cosa.

Mantuve cerca de una hora en la misma posición y hasta a mí me impresionó la rapidez con la que el tiempo paso, estaba con la cabeza y el cabello entre las manos cuando un personaje alto y vestido de bata se acercó preguntando por el familiar de Shaoran Li.

–Soy yo –repuse con timidez.

A estas horas no estaba segura de que tipo de parentesco tenía con Shaoran, me parecía que decir su novia era exagerar... ya basta con esa estupidez, en el momento y por lo que sabía era la única persona que tenía.

–Usted es... –pregunto el doctor levantando la mano para presentarse.

–Sakura Kinomoto... su... –empecé a presentarme pero él me interrumpió esbozando una sonrisa amable.

–Novia –dijo tomando mi mano–. Soy Yukito Tsukishiro, médico de turno, estoy tratando a su novio.

–¿Cómo esta él? –quise saber sin intención de ser grosera pero tampoco con intención de irme por las ramas.

–Bien, considerando la magnitud de su accidente. Tiene una laceración en el cuero cabelludo y una luxofractura en su pierna izquierda, por lo demás se encuentra en perfecto estado de salud.

Cuando mencionó esta palabra fue como si dos toneladas de peso fueran retiradas de mi espalda, di mentalmente gracias al cielo por que todo estuviera bien, porque él estuviera a salvo, ya ni siquiera pensaba en la misteriosa llamada de horas antes... solo podía y tenía cabeza para él. Para mi amor.

–¿Tiene algo... en su memoria? –quise saber no muy segura de cómo preguntar.

–Puesto que no ha hecho otra cosa que llamarla a usted, estoy seguro que su memoria, y en realidad toda su cabeza, funciona a la perfección, descartamos cualquier tipo de eventualidad en relación a su cerebro. Por ese lado no debe preocuparse, su pierna por el contrario... –tragué saliva sonoramente cuando escuché eso–, será llevado a una simple cirugía para corregir su luxación y estará perfectamente en un mes a lo sumo.

Respiré aliviada cuando dijo la palabra bien. Él estaba bien... ya podía enloquecer tranquila.

–¿Puedo verlo? –pregunté llena de incertidumbre.

–Claro... creo que él esta ansioso de verla a usted también... –añadió casi pensativo–. Por aquí.

Lo seguí mientras mis ojos observaban todo el entorno, cuando entramos a la sala donde antes me había sido negado el paso, olía a desinfectante y un poco a sangre. Había una serie de camillas ordenadas meticulosamente, cada una con su cortina para ofrecer privacidad a los pacientes, Traté de no mirar a ninguna en especifico, pero mi olvidada memoria de la temprana niñez, de alguna manera me decía que ya había estado en un sitio similar. El médico alto se detuvo frente a una de las camillas que tenía las cortinas corridas.

Visualicé a Shaoran al fondo en la cama, tenía una serie de tubitos delgados y flexibles enterrados en las muñecas y parecía saludable, estaba pálido pero miraba hacia arriba como si estuviera concentrado en algo que no quería revelar.

–Señor Li –anunció el doctor Tsukishiro cuando descorrió la cortina una vez que hube pasado yo–. Adivine a quien he traído conmigo –dijo el medico como si yo fuera la piñata sorpresa de algún chiquillo.

Él se irguió raáidamente, aunque no del todo ya que su pierna enyesada no se lo permitía, y nuestras miradas se conectaron. Era como si de repente me bañara de toda la preocupación que había tenido antes y esta misma fuera sustituida por la profunda emoción que era mirarlo, ver que estaba vivo y que nada de gravedad le había pasado.

–Permiso... –dijo el médico saliendo mientras yo me quedaba quieta esperando que él dijera algo.

Aferraba mis manos con las mangas de la sencilla chaqueta mirando cada cosa que estaba insertada en la piel de sus brazos, aquellos brazos poderosos y salpicados de vello en los que había disfrutado del agridulce sabor de sus besos. El resto de su musculoso cuerpo estaba protegido con una sencilla bata de hospital.

–Ven aquí... –susurró suavemente después de unos momentos, como si estuviera identificando el curso de mis pensamientos sobre sus brazos, su cuerpo...

Avancé con cierta decisión, hasta que quedé cerca de la cabecera de la cama. Sentía un nudo en la garganta que me hacía presión, quería llorar a moco limpio... quería berrear hasta quedarme seca...

–Bésame... –volvió a hablar de esa manera, clavando sus ojos en mi, perforándome.

Sin poder evitarlo las lágrimas ardientes se deslizaron por mi cara al verlo en esa camilla. Era una débil, él me hacía débil, y ya era demasiado tarde para arrepentirse de nada.

Me incliné hacia la cama y le di un beso en los labios humedeciendo su cara con mis tontas lágrimas, separé mis labios de él y le dije llorando:

–Lo siento... lo siento mucho –era más un balbuceo que una disculpa y esperaba que le valiera igual.

–Bueno, aún no me he muerto... –dijo él aun con mis ojos cerrados podía sentir que estaba sonriendo.

–No digas barbaridades –volví a besarlo y luego me aparté un poco para mirarle y para tocar levemente la herida que tenía en la frente–. ¿Qué fue lo que pasó? –le pregunté esperando no incomodarlo con algún recuerdo.

–Creo que aluciné un poco y perdí el control del auto... debió quedar hecho una galleta... –dijo él arrugando su frente, levantó la mano y se tocó la herida suspirando fuertemente.

–Ahora no debes pensar en eso... –seguí acariciando su frente, moví mi mano sobre la suya y lo forcé a que la pusiera encima de la cama. Me incliné sobre su frente y sin poder evitarlo le di un beso en la herida...

Él se estremeció notablemente pero no podía disuadir si se trataba de comodidad o incomodidad. Quise alejarme un poco para darle espacio pero él se irguió atrapándome con sus manos, para haber tenido un accidente automovilístico y estar relleno de suero y analgesia poseía una fuerza titánica.

Me tragué un gemido cuando casi me acostó sobre él sujetándome de los hombros.

–Bésame de verdad –argumentó haciendo presión sobre mi boca... dándome el tipo de beso que había manifestado extrañar.

Metió su lengua en mi boca con ferocidad, no podía rechazarlo porque ante el peligro que había supuesto su vida, la excitación de encontrarlo con vida parecía habérsele contagiado a él. Cuidando de no rozar su herida enterré mis dedos en su pelo e hice fuerza en su cabeza devolviéndole el beso con pasión y frenesí, debía verme ridícula en esta posición: mitad en pijama y mitad vestida de calle besando a un enfermo en camilla con una pierna enyesada, y no me importaba, nada.

Atrevidamente dejé que una de mis manos avanzara por su pecho que ahora casi libre de ropas podía palpar a la perfección, era tonificado, fuerte y suave... escuché un ronco gemido salir de su boca pero aun así no me quité de encima, aunque para él debía pesar una tonelada. A cambio de esto moví mi cara a un lado para que respirara y le mordí con fuerza un labio hasta hacerlo sangrar. La pasión me estaba haciendo arder sin medir mis consecuencias mientras mi propia mano seguía su camino hacia su abdomen. Tracé la forma del labio que había mordido con mi lengua para degustar el sabor de la sangre de Shaoran.

Sentí que la presión en mis hombros se fortalecía pero esta vez quien me aparto fue él. Seguramente lo había hecho todo mal. Intenté erguirme pero él me retuvo, a distancia pero me retuvo. Permanecí con los ojos cerrados mientras su cálido aliento entibiaba mi tez ahora fría ante su rechazo... ahora sabía lo que se sentía ser rechazada... otra vez.

–Mírame... –habló él.

Abrí mis ojos solo porque me lo pidió. Estancó en mí su mirada profunda.

–Ahora tú... no vas a poder dejarme... –dijo relamiéndose los labios, terminando de limpiar la sangre que le había sacado.

De alguna manera sabía exactamente de que estaba hablando, porque no había podido dejar de pensar en eso desde que me lo había dicho.

–Te necesito... –susurró contra mis labios mientras yo asentía débilmente. Sabía de lo que hablaba.

Iba a necesitar de alguien que lo cuidara mientras estaba convaleciente, parecía que todas las estrellas estaban del lado del cuando sugirió la locura de vivir con él... ahora entendía de que necesidad hablaba, no quería sentirme débil pero lo era... ¡Cómo lo era!

Me perdí en sus abismos, en las lagunas ambarinas de sus ojos; el futuro que antes estaba negro para mí ahora parecía querer mostrarme una imagen diferente, una en la que podía ser feliz... una en la que compartía mi vida al lado de alguien querido... No... ¿Quién quería decir que no?

Me incliné mirándolo fijamente y le dije:

–Me voy a vivir contigo... –esperando que eso fuera lo que quisiera ahora.

Él gruñó como si hubiera atrapado a su presa y después me empujó sobre él para besarme intensamente. El sabor de su sangre dio un nuevo cariz a ese pasional beso... uno de oscuras y terribles premoniciones.

Shaoran Li

22 de Julio de 2007

Aunque esperaba sinceridad por parte de ella no estaba muy seguro de que fuera a obtenerla. De todas maneras esperé en silencio a que mencionara alguna palabra a ver si me libraba de esta incertidumbre que parecía haberse apoderado de mi. Después de casi un minuto ella habló aunque, por supuesto, no respondió lo que yo esperaba.

–¿Por qué? –exhaló como si le costara un esfuerzo enorme hablar.

Sus mejillas se tiñeron de color rosa dándole una apariencia de niña pequeña. Movio su también pequeña mano sobre el tenedor que había tirado sorprendida por mi pregunta, ahora me preguntaba: ¿Qué debía responder?

–Te necesito –fue la respuesta que di, la cual salió sin que yo realmente la planease.

Debía admitir que había más verdad ahí de la que quisiera admitir, la necesitaba para un propósito especifico relacionado con el dinero. La miré pero había tal cantidad de duda en su mirada que de inmediato llegué a la conclusión más obvia: no me creía. Estupendo. Comenzó a negar con la cabeza.

–No es posible... –no tenía claro qué era lo qué era posible y lo que no.

Solo sabía que su voluntad estaba comenzando a flaquear, cualquier tipo de valentía que hubiese alcanzado a ver en ella estaba comenzando desaparecer. Era bueno en parte porque sería más fácil ganarla, pero no tanto porque no se arriesgaría a tomar decisiones nuevas conmigo.

–¿Por qué? –pregunté armándome de paciencia.

Ella dudaba al responderme pero no podía identificar si se trataba de miedo o de alguna otra cosa. Dejó su plato a un lado y se puso de pie con la clara intención de evitarme y tal vez demorar la respuesta. Caminó lentamente el centro del departamento y allí se quedó quieta sin hacer nada más.

–Es... –inspiró hondamente y me percaté de esto solamente por el movimiento de sus hombros, luego predeterminó– no quieres vivir conmigo...

Bueno eso era algo que no sabía a ciencia cierta; por una parte había saboreado a priori sus dotes culinarias y sabía que podía vivir con ellas así no lo quisiera, y por otro lado no sabía cuales eran sus aptitudes como inquilina, en mi caso huésped.

–Bueno –dije sonando meditabundo–, acabo de pedírtelo.

Ella volvió a rehusar.

–¿Acaso no escuchaste lo que te dije... lo que te conté? –sonaba desesperada, como si se tratara de una profesora intentando hacer entrar en razón a un niño díscolo– Aquello... –no podía seguir hablando, la mano invisible de su pasado le tapaba la boca ahora.

Debía ser incómodo intentar repetir lo que me había contado, así me lo hubiera contado a medias.

Siguiendo su ejemplo abandoné la mesa y a la deliciosa cena por ir a buscar más rechazo y negativa de su parte, cubrí la distancia que nos separa en un santiamén, hasta que quede casi frente a ella en la salita. Levanté mi brazo y con mi mano rocé la fría piel de su rostro, de su mentón haciendo un poco de fuerza para que lo levantara del suelo, donde tenía clavada la mirada. Los ojos parecían los de una persona que no ha dormido en mucho tiempo, o de una persona que carga tras de si una oscuridad insoslayable. Parecía a punto de echarse a llorar, nuevamente.

–Escuché cada palabra –le dije en un intento de que olvidara sus intenciones de llanto.

Intensifiqué mi mirada tratando de hallar a la vez el camino hacia esa alma oscura y oculta que ella se empeñaba en esconder tras la timidez. Luego pensé en que debía dar confianza y para hacerlo era mejor no presionarla a que me revelara sus secretos.

–No quiero hacerte daño.

Afirmé esto de manera clara y concisa tratando de que me entendiera lo mejor que pudiera. No me consideraba un experto cuentista, pero sabía que algo en mi inspiraba credibilidad, repetir no era lo mío de todas formas y no pensaba empezar ahora.

–No lo entiendes... –siguió afirmando ella cuando parecía ser la que no entendía.

Di un paso más cerca de ella y me mordí la lengua para no preguntarle con grosería qué era lo que no entendía y qué era lo que ella trataba de explicarme.

Aun así hablé, mentalicé mi discurso esperando que sonara lo suficientemente veraz para que me dejara en paz de una vez.

–Quiero estar a tu lado todo el tiempo –toleraría estar a su lado si su presencia y comportamiento eran tan estimulantes como su manera de cocinar, ahora y por ahora me seguía aplicando al libreto–. No he podido dejar de pensar en ti desde que te conocí.

Ella me miraba el rostro, tal vez estaba buscando fisuras a mi aparente verdad, así pues debía poner en práctica todo mi talento para mentir.

–Pero tengo que trabajar... yo... –habló en voz tan baja que me costó trabajo escucharla, pero finalmente entendí parte de lo que quiso decir.

–En cierta manera trabajaras para mí –afirmé rogando para mis adentros que la lógica que le estaba dando a sus palabras fuera la correcta.

No pude evitar medio sonreír ante la placentera idea de saborear cada día un plato diferente que todo lo que hacían era recordarme una etapa de la vida que más había amado. Sonreí también porque pensé en ese momento en las promociones de mercados 2x1.

–Solo que el beneficio extra soy yo –añadí.

Sabía que me estaba comportando como un idiota, pero a las mujeres les gustaban los idiotas como yo, pero encanto era lo que necesitaba.

Ella esquivó mi figura antes de que pudiera acercarme más y se encaminó hacia la ventanilla de la sala, se abrazó a sí misma mientras miraba lo que fuera que capturaba su atención en la ventana.

Plan B. Urgía de todos los modos.

Caminé hacia ella nuevamente, como si de alguna manera estuviera persiguiéndola, como un palomo a su palomita. Quedé detrás de ella a pocos centímetros de sus cabellos y pronuncié su nombre cadentemente con el llano fin de que cayera en mí. Inspiré profundamente y no pude evitar que mis sentidos se saturaran del olor de sus cabellos, aquel que me recordaba a mi infancia.

–Sakura...

Sus hombros débiles se estremecieron ante el tono que utilicé, muy seguramente ronco a causa del deseo reprimido. Se quedó en silencio mas no hizo nada. Estaba casi paralizada, observé su bonito cuello en tensión por lo que me obligué a llamarla nuevamente.

–Sakura... –quise hacer mi voz más profunda aún con el único fin de disuadirla, y al parecer no se pudo resistir en esta ocasión, mi pecho saltó con felicidad. Lentamente, casi tan lento que era exasperante, ella se dio la vuelta, abrió un poco los ojos como si ni hubiera contado con que estaría tan cerca de ella. Sus ojos parecían a punto de echarse a llorar otra vez, la lástima se apoderó de mi conciencia por unos segundos, pero esta volvió a su negrura después de que estos transcurrieron.

–Tengo que... –balbuceó ella ininteligiblemente; estaba mirándome a los ojos– quiero... –debía admitir que me hacía un poco de gracia su tartamudeo, aunque no sabía si se trataba de embelesamiento o estaba petrificada del miedo. Prefería pensar positivamente que se trataba de la primera opción–. Tengo que pensarlo... –soltó rápidamente.

Claro, la típica respuesta de un inseguro. Pensé que debería haberlo sospechado desde un principio pero me estaba convirtiendo de la noche a la mañana en alguien demasiado positivo a como solía ser en el pasado.

Me acerqué todavía más a ella dejando menos de un centímetro de espacio entre nosotros. Me invadió el calor de su cuerpo aunque no fuera mucho, ella irradiaba un tipo de frialdad que no me gustaba, pero estaba seguro de que con el fuego de mi propio calor sexual alcanzaría para quemarnos a los dos. Más verdades que mentiras.

–Te necesito... –tenía su rostro a milímetros del mío.

Me hallaba inclinado dado que era muchos centímetros más alto que ella. Por un segundo me dediqué a mirarle los labios, aquellos que se abrían sin reservas para mí, como había aprendido ella. Me olvidé de todo como siempre que me dejaba ganar por el instinto, ahora solo estaba ella y yo, solos en este sitio...

Mis brazos que hasta ese momento habían colgado inertes a ambos lados de mi cuerpo, procurando no asustarla, cobraron vida y voluntad propia haciendo presa a la delgada figura frente a mi. La apreté contra mi cuerpo con necesidad canina, en pocas palabras y en ese momento no hallaría bienestar en mi cuerpo si no apretaba a Sakura Kinomoto contra mí.

Mi pecho comenzó a saltar por causa del corazón, la excitación me provocaba esta taquicardia insaciable y esta impotencia para actuar como debería tomándola sin preguntarme nada más.

–No sabes cuanto te necesito... –como había dicho antes, más verdad que mentira, pero ahora la necesitaba de una manera que no tenía nada que ver con dinero, ni empresas ni nada más sino mi frustración sexual. Necesitaba liberarme y pronto o colapsaría violando la poca inocencia que debía quedar en ella.

–Shaoran... –murmuró suavemente, con placer.

Mis buenas intenciones se desmoronaron como castillo de naipes, abordé su suave boca con violencia plena con el único propósito de satisfacerme aunque fuera de esa forma. Ella se removió un poco y gimió con lo que parecía ser agrado... sin saber lo que me hacía escucharla así. Respondí con uno igual por que debía hacerle justicia, la excitación de alguien tan frágil ponía mi sangre y partes menos sanas de mi cuerpo en estado deplorable. Separó sus labios de los míos, los vi rojos e irritados por mi culpa, pero aun así quería morderlos hasta saciarme.

–Déjame pensarlo... por favor... –susurró contra mi boca llenándome de ella, de alguna parte de su esencia.

Más. Por favor. Solo un poco más.

Esa era la voz acallada de mi conciencia, ataqué su boca una vez más procurando esta ves grabarme un poco de su dulce sabor hasta que pudiera tenerla en la manera en que quería. Sus dedos entre mi pelo me causaron un agradable cosquilleo hasta que me di cuenta de que quería apartarme una vez más. Por esta vez la obedecí, nunca supe por que lo hice pero obedecí.

–No hagas esto –pidió–. Por favor, dame tiempo.

Tiempo...

La palabra clave que me trajo de nuevo a la realidad haciéndome partícipe de cuán alto había ascendido en esos escasos segundos de contacto con Sakura. Miré su boca tratando de identificar cuál era el aliciente que me hacía perder el control con ella, y si ese aliciente se encontraba en su apetecible y pequeña boca...

–No quiero esperar –confesé más para mí que para ella, pero con las prioridades monetarias otra vez en su sitio. Aún en mi búsqueda lamí el exterior de sus labios notándolos calientes e inflamados

–Por favor... –otra vez la voz de ruego...–, por mí... por favor, dame tiempo.

Por ella..

Me di cuenta en ese momento que creía que me podía manipular con eso, no me estaba pidiendo mucho pero analizándolo concienzudamente solo podía llegar a la conclusión de que estaba convencida de que la quería, de otra manera no me lo hubiera pedido de esa manera.

Era bueno, pero había algo más allá que no me permitía saber por qué no estaba contento como debería. Algo que no podía identificar pero que, en esos momentos, y tal vez nunca, me iba a preocupar por averiguar.

Me aparté de ella lentamente y retiré mis brazos de su cuerpo deslizándolos sobre su forma con deliberada lentitud. Como si nada de lo anterior hubiese pasado ella se quedo estática en el mismo sitio donde la solté. Me volví a por mi cena intentando controlar ahora la ira floreciente que tenía entre las venas.

Tomé el resto de mi cena en medio del incómodo silencio, sabía que ella estaba ahí y me estaba mirando a hurtadillas pero en ese momento solo quería terminar mi cena e irme de aquí para darle el tan anhelado tiempo que ella necesitaba.

Terminé finalmente y decidí poner pies en polvorosa de este apartamento, me puse de pie y ordene un poco mis cabellos para darles un poco de apariencia, no pareciera recién salido de una residencia o algo similar.

Cuando me paré, me incliné a recoger mi chaqueta, y cuando la tuve en mi mano caminé hacia la puerta dispuesto a irme de ahí. Cuando iba a empuñar el picaporte me di cuenta de que esa actitud no mejoraría las cosas, que me comportara como un niño enfadado el cual hace pataleta cuando le negaban algo, no iba a beneficiarme para nada, es más, creo que retrocedería un poco porque ella me consideraría un poco caprichoso, y vaya capricho el que tenía. Me detuve en donde estaba y me di la vuelta para quedar en su ángulo de visión. Y ahí estaba mi lástima de regreso, jamás algo, ni siquiera un animalillo abandonado en la calle me había dado jamás tanta lástima como ella. Extendí mi mano hacia su llorosa figura y le pedí lo que menos quería recibir en ese momento.

–Dame un beso –bueno, más que pedírselo se lo exigí, pero creo que lo hablado ya estaba hablado.

Dio los pasos que nos separaban sorprendiéndome un poco, era como si confiara y desconfiara a la vez, era demasiado fascinante y misteriosa, tan cambiante como...

La bese desapasionadamente solo preocupado por dar una buena impresión. Ella no hizo ningún tipo de referencia al cambio, lo cual me venía la mar de bien en ese momento, ya arreglaría cuentas con ella luego.

–Nos vemos –me despedí locuazmente.

En cuando cerré la puerta caminé lo más rápido que pude alejándome de ella y de los sentimientos de culpa, lástima y compasión que ella había comenzado a inspirarme. Eso no estaba bien, yo no podía sentirme conmovido por la persona a la que le iba a quitar la herencia de mi padre, no me podía mostrar compasivo ni nada de eso.

En cuanto llegué al deportivo que se encontraba frío por la cantidad de tiempo que debía llevar allí sin darme cuenta. Lancé la chaqueta de cualquier manera, abordé el asiento del conductor y cuando lo encendí pisé el acelerador a fondo sin importarme si ella escuchaba o no.

Abordé la carretera sin importarme nada el tipo de velocidad que estaba utilizando, a regañadientes me puse a pensar en todo lo que había sucedido, en mis actos, y en si estos me estaban conduciendo por el camino equivocado. No sabía si estaba haciendo bien las cosas y esto no generaba nada bueno para mis planes esperados, si retrasaba mi plan más de lo debido me estaría metiendo en un gran problema y no quería ni hacer cabeza de los otros más que me esperaban en tanto no arreglara mi situación. Puede que incluso me estuviera apresurando por el afán de tener todo listo rápidamente, puede que cuatro días no fueran suficientes para que una persona a la que no conoces te proponga vivir juntos. A pesar de estar acostumbrado al tipo de mujer que sugería ese tipo de cosas un día después de conocernos. ¿Qué era lo que estaba haciendo mal?

Mis pensamientos me nublaron la mente, pero no quería estar pendiente de la carretera en esos momentos. Todos esos pensamientos tenían que ver inevitablemente con ella, ahora esa muchachita se había alojado en mi cerebro y tenía un lugar privilegiado como nunca lo había tenido alguna mujer. Ella tenía un objetivo para estar en mi mente y yo me preguntaba: ¿Qué demonios estaba haciendo?

Recordé un sueño que había tenido en fechas anteriores, ataúdes... rosas sorprendentemente rojas... labios... pasión... cabellos... viento... aroma... esencia...

Un sonoro pitido de automóvil llamó mi atención y lo próximo que supe de mí es que veía venir hacia mi la oscura corteza de un árbol, haciéndose más y más grande hasta no poder detenerse.

El fuerte impacto, la presión del airbag y un fuerte dolor de cabeza fue lo último que tuve en mi mente al menos por los próximos minutos.

Solo veía negro frente a mí...

Tenía conciencia de sonidos a mi alrededor, pero no podía ver nada. ¿Sería que algún tipo de rama corta había enganchado mis ojos y me había dejado ciego de por vida?

Estaba caminando, era obvio que sí. Avanzaba, pero sin ningún punto de orientación. Parpadeaba, o por lo menos aun guardaba el reflejo de hacerlo a pesar de que lo único que veía era negro.

"Shaoran" murmuró una voz en ese pozo de conciencia que tenía; era una voz que conocía pero que a la vez era confundible en ese estado de confusión en el que me encontraba yo.

Madre... Sakura... Madre... Sakura...

Comencé a ver, en medio de mi oscuridad, imágenes de las dos entrecruzadas sin razón alguna. Mi madre sonreía y abrazaba a una figura que parecía ser yo mismo cuando era niño; Sakura me abrazaba a mí... como adulto...

Quise llamar a alguna de las dos a voces, y creo que conscientemente lo hice, tenía un sentimiento en el pecho que vagamente asocié con soledad. Y solo ellas podían remediarlas.

Sakura no era importante pero de todas maneras era lo único que tenía ahora, mi madre no estaba.

Sin saber por qué realmente comencé a llamar a voces a la única mujer que sabía que podría responder.

Alguien me haló de los brazos sacándome del embrollo de plástico y silla de automóvil en el que me encontraba. Era aliviante y sabía que estaba tratando de ayudarme pero casi pego un alarido como un niño pequeño cuando lastimaron mi pierna un poco más de lo que ya estaba. Aun tenía los ojos cerrados ya que tenía miedo de mirar y saber que definitivamente había quedado ciego de alguna manera.

Fui acostado en una camilla de casi algodón que me pareció el paraíso comparado con lo que apoyaba mi espalda antes.

–¿Shaoran? –escuché una voz suave llamándome, cerca, se encontraba cerca de mí... tal vez mi madre... tal vez había muerto de dolor. Sakura... escuché un susurro de una voz femenina diciéndome ese nombre por un momento... Sakura... un eco... de Sakura...

–S-Sa... Sakura –traté de seguir al eco en mi propia voz con resultados evidentemente desastrosos–. Sakura... –pude pronunciar por fin.

–Aquí estoy Shaoran... –dijo la voz... ahora sí podía identificar la cadencia y la falta de seguridad en esa voz, milagrosamente Sakura estaba ahí a mi lado. Sentí algo tibio, más tibio aun que la sangre fresca que tenía en la frente. Sobre la piel de esta, el alivio que sentí fue casi instantáneo y la imagen de mi madre besándome cuando era niño se implanto dolorosamente en mi cabeza. Ella tenía su mano sobre la mía y me agradó comprobar que aun era capaz de sentir en esta parte de mi cuerpo. Así que le di la vuelta a mi mano y aferré la pequeña de ella para no sentir esa soledad que antes me estaba atormentando.

–¿Qué sucedió...? –escuché que preguntaba. No podía escuchar lo que le respondían y solo la escuchaba a ella, ella debía ser la persona que estaba más cerca de mí en ese momento, por eso no escuchaba a los demás, tal vez solo se trataba de que estaba más relacionado con la voz de ella.

Más sonidos llegaron a mis oídos pero no pude identificar ninguno de ellos, y menos cuando la cabeza comenzó a palpitarme dolorosamente.

Me fui durante unos minutos durante los cuales solo tuve conciencia del calor de la mano en la mía. Luego súbitamente fui despojado de esta y de toda mi otra ropa como me di cuenta después. No abrí mis ojos bajo ninguna circunstancia debido al miedo, me había convertido en una cobarde pero no me importaba. Ahora lo único que quería era que me dejaran descansar.

Después de ser víctima de muchos movimientos sobre mi, los cuales incluyeron sentir algo frío y penetrante en mi pierna y una aguja clavándose en mi brazo, finalmente abrí los ojos cuando alguien puso algo frío en mi costilla.

–¿Quién es usted? –pregunté inmediatamente tras de mirar a la cara al desconocido.

–Me llamo Yukito Tsukishiro y soy médico... estoy examinándolo –dijo mirándome apremiantemente, mientras supuse que escuchaba mi corazón.

–¿Dónde esta Sakura? –pregunté automáticamente sin importarme nada más.

–¿Quién es Sakura? –preguntó a su vez el doctor. Sentí que me sacaba un poco de mis casillas ya que estaba demasiado acostumbrado a que me respondieran enseguida cuando hacia una pregunta.

–Mi novia... –contesté a regañadientes cuando el médico hizo presión en mi cabeza haciéndome doler todo el cuerpo.

–Tiene suerte... pudo ser más grave –dijo cuando intenté apartarme de su toque.

–¿Qué quiere decir con eso?

–Tuvo un accidente de tráfico en circunstancias que he visto en muchas ocasiones y ha salido mucho mejor librado de lo que estoy acostumbrado a tratar. Solo se luxó una pierna y no podrá andar por lo menos en mes y medio.

Vaya, si consideraba que eso era una buena noticia estaba demasiado equivocado: entre mis planes no se encontraba yacer como morsa en una cama mientras mi pierna decidía recuperarse.

–Me duele la cabeza –constaté lleno de rencor por mi suerte negra.

–Haré que le traigan un calmante... y a la persona por la que ha estado delirando desde que lo ingresaron.

Intenté mirarlo con odio pero supuse que ese era un esfuerzo extra que me hacía doler la cabeza.

Salió silenciosamente mientras yo replanteaba todo mi cronograma de planes de conquista y dinero, y me hacía a la idea de quedarme mes y medio postrado.

A los pocos minutos alguien abrió la cortina que me separaba de otros cubículos, según pude identificar mientras me aprendía el lugar en donde estaba comprobando alegremente que al menos ciego no había quedado

–Señor Li... – canturreó alegremente el médico–, adivine a quién he traído conmigo.

Me erguí medianamente para enfocar en mi vista a una pálida figura medio vestida, medio empijamada, tenía un puño en la boca y parecía a punto de caerse del cansancio. Miré a Sakura por largos minutos intentando concentrarme en mis planes y no en su frágil figura a punto de desmoronarse. No comprendía la razón de su estado ya que parecía un poco más saludable cuando la había dejado en su apartamento horas atrás...

Luego me di cuenta, demasiado rápidamente, que su cara estaba transida por la preocupación... por mí. Ella estaba preocupada por mí...

La miré por largos segundos mientras una emoción dulzona trepaba por mi cuerpo.

–Ven aquí... –pude decirle antes de inundarme de dulzura. Esto era completamente desconocido para mí, y todo solo por creer que ella estaba preocupada por mí.

Ella se acercó hasta quedar cerca de la cabecera y más cerca de mi. Sus ojos parecían querer gritarme algo... su olor rápidamente penetro por mis fosas nasales haciéndome percatar de su súbita cercanía y de mi habilidad para ponerla nerviosa.

–Bésame... –le pedí incapaz de desear otra cosa en ese momento. Era una prueba más de lo que la falta de sexo podía causarme... ser romántico.

Ella se puso a llorar silenciosamente y se inclinó para darme un casto beso en los labios apenas haciendo presión y dejado que una de sus tibias lágrimas me humedeciera la cara. Nunca había sentido las lágrimas de nadie sobre mi piel, las mujeres con las que había estado y había dejado lloraban cuando lo hacia pero siempre a distancia. El calor de esa humedad calentó otras partes de mi cuerpo...

–Lo siento... lo siento mucho –trataba de decir ella en medio de sus sollozos.

–Bueno... –repuse para tratar de tranquilizarla–, aún no me he muerto.

–No digas barbaridades –dijo rechazando mi frase. Brevemente me pregunte si pensaría así de aquí a un año. Volvió a besarme como pajarito y sentí sus olorosas manos sobre mi cara–. ¿Qué fue lo que pasó? –preguntó suavemente, dudosa.

–Creo que aluciné un poco y perdí el control del auto... –más o menos estaba diciendo lo que había pasado–. Debió quedar hecho una galleta –me dolió levemente la cabeza y levanté la mano para tocarme a ver cuáles serían las secuelas... qué vanidoso... Sentí una mano de ella sobre la mía instándome a moverla.

–Ahora no debes pensar en eso –dijo ella forzando suavemente a mi mano a apartar la mía.

El movimiento hizo que se acercara más a mí haciendo que una brizna de su cálido olor arrasara sobre mi, más cuando se inclinó y besó en donde me dolía... era demasiado tierna... las mujeres con las que había estado no eran tiernas... apasionadas sí, pero no tiernas. Sabía de antemano que en Sakura había pasión y ternura... Me pregunté cómo sería ese paquete junto en una noche de relaciones carnales. Inevitablemente temblé de expectación ante eso gesto, que ella interpretó incorrectamente al intentar apartarse, pero ahora no se lo iba a permitir, no cuando las imágenes de ella desnuda debajo de mi comenzaron a invadir mi atolondrada cabeza. La agarré ágilmente de ambas manos y la insté para que se inclinara aún más sobre mí.

–Bésame de verdad –musité contra el cereza de su boca, atacándola sin misericordia, como el fruto dulce que me parecía.

Enredé mi lengua en su boca en busca de su pasión, sentí sus manos en mi cabeza rozando suavemente la piel y luego haciendo presión para que la besara con más fuerza. ¡Ah! Ahí estaba su pasión, encontró su lengua con la mía dando inicio a esos besos que me sacaban de control, sus manos dejaron mi cabeza y con suavidad comenzaron a acariciarme el pecho, me pregunté fugazmente si su curiosidad le haría tocarme en sitios menos inocentes pero lo deje para luego. Preferí seguir degustando su boca apasionada por unos segundo más. En medio de ese duelo de labios, lengua y dientes sentí que me mordía sensualmente el labio inferior con fuerza y su mano descendía de mi pecho a mi abdomen. Estaba yendo demasiado rápido y la idea no me molestaba pero debía controlarme un poco, así me costara indecibles esfuerzos. Su lengua alivió el dolor de su mordisco de una manera pura e inocentemente sexual que casi acribilla mi voluntad... solo podía pensar en morderle de la misma manera pero otras partes del cuerpo, antes de cometer una locura que no me hubiese molestado nada cometer me obligué a quitármela de encima como había hecho con muchas pero deseando con esta chiquilla exactamente lo contrario. ¡Por todos los cielos! Estaba apartando de mí a una mujer que me deseaba...

Ella bajó la mirada arrepintiéndose tal vez de haberse dejado llevar pero no la iba a reprender por eso y menos iba a dejar que este cambio la afectara.

–Mírame... –pedí mientras seguía sosteniéndola a centímetros de mí y ella hacia débiles esfuerzos por separarse. Me miró y vi su timidez cargada de erotismo joven... solo pude decirle.

–Ahora tú... no vas a poder dejarme –espere tener la condenada razón al menos en esto. Pasé la lengua por mis labios dándome cuenta de que me había hecho un poco de daño. Ella me había relamido cuando me había mordido... había limpiado mi sangre... sangre que en estos momentos hervía dentro de mi... por ella... malditamente por ella.

–Te necesito... –volví a repetirle lo mismo que en el apartamento demasiado consciente de que la situación y nosotros mismos habíamos cambiado desde entonces.

Volvió a mirarme fijamente y ni siquiera las predicciones más acertadas me hubieran podido preparar para lo que me dijo a continuación.

–Me voy a vivir contigo...

Estaba... contento... feliz... eufórico... tenía demasiado sentir en mi... Me había vuelto débil después de esto pero a pesar de ello no pude hacer otra cosa que besarla pensando para mí mismo que había ganado esta otra batalla de la guerra que representaría hacerla completamente mía.


Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento... (si los cuentan, verán que lo he escrito 50 veces justas, ni una más, ni una menos XD).

En serio que les pido perdón por tardar tanto en actualizar cuando prometí que actualizaría cada fin de semana... pero resulta que tuve muchos problemas con el ordenador con el que suelo hacer el fic (que es el mío) y mis padres no me dejaban utilizar el suyo... y cuando arreglé el problemita (o más bien desde que empezó el curso) tuve una avalancha de exámenes de pre-evaluación que me interesaban aprobar ¿entienden? Y, bueno, la cosa obtuvo sus frutos, porque la nota mínima fue un 9 (Evelyne hincha el pecho de orgullo) y creo que podré actualizar un pelín más deprisa a partir de ahora, porque ya no tengo 10 exámenes la semana que viene, sino que SOLO (*nótese la ironía*) voy a tener 3...

En fin, de verdad agradezco su paciencia, a las que aún sigan el fic y les deseo suerte en sus propios exámenes.

Saludos =)

lady Evelyne

P.D. → Recuerden... pinchen el goblito amarillito y dejen reviewsitos... (¡no hace falta estar registrado para dejar un review! Se inventan un nombre y ya está).