Hola gente!, primero quiero agradecerles mucho por sus comentarios. Estoy considerando ciertas ideas para algo de lo que se viene pero no les spoliare más jajaja. También les pido disculpas por lo tarde del capítulo, bueno sin más preámbulos aquí lo tienen :D cuídense y hasta el otro sábado.
Aun era temprano cuando decidió levantarse de su cama, los sucesos de la noche anterior aun se agolpaban en su mente y amenazaban con una jaqueca matutina, miro por la ventana y el sol apenas salía en el horizonte.
Dando un largo suspiro la pelirroja pensó en la pelea con su hermana, no se habían hablado sino para escupir palabras hirientes una a la otra y cada una de esas palabras se sentía como veneno en su corazón, corrompiéndolo y devorándolo lentamente. Sacudió su cabeza, sabía que la reacción de Elsa había sido excesiva pero la suya no se quedaba atrás, aun así sabia que una disculpa común no aplacaría tanto el sentimiento de culpa como el de enojo.
Se devolvió a la cama sentándose pensativa, de ser otras las condiciones seguramente hubiera dormido junto a la rubia cómodamente en su regazo, acercándose peligrosamente a la piel de su cuello y esta estremeciéndose en silencio. Sintió sus mejillas arder ante sus pensamientos, no era la primera vez que se quedaba pensando en esos labios prohibidos o en esa tersa y nieva piel del cuello de la mayor, las ganas por dejar su marca en aquel lienzo le arrebataban el aliento constantemente y perderse en sus brazos en un beso la mantenía despierta durante las noches llevándole a hacer cosas que la mayor parte del mundo consideraría "impuras".
De verdad necesitaba estar cerca de ella, lo necesitaba desesperadamente, sin su gélido cuerpo rodeándole se sentía completamente desnuda frente al mundo.
-Perdóname – dijo silenciosamente ante la luz del amanecer y advirtió una pequeña humedad en sus ojos. Rápidamente los seco, no era tiempo de sentimentalismos, sabía que tarde o temprano hablarían pero por ahora debía estar totalmente concentrada en los combates que se le avecinaban y un pequeño entrenamiento matutino le ayudaría a aclarar su mente.
Corrió hacia el armario buscando su uniforme de entrenamiento pero una idea cruzo por su mente, hoy tendría que enfrentarse a los caballeros de los otros reinos con su armadura puesta así que ¿Por qué no tener un pequeño entrenamiento con ella? Un haz de luz del amanecer se reflejo desde el metal de su armadura lo cual la hiso sonreír, seguramente era una señal de los dioses y decidió calzarse el pesado instrumento.
-Cuando todo esto finalice Joan, ella sabrá la verdad – levantando su espada a la cual cariñosamente había llamado igual que a su amiga de infancia recibió un nuevo reflejo del sol que ahora se levantaba firme en el horizonte.
Debido al ruido producido por los metales la pecosa no se dio cuenta que la habitación de su pieza estaba semi abierta, y que desde su disculpa hasta el rayo de luz que la lleno casi haciéndola parecer un ángel vengador bajado del cielo para impartir la justicia en este mundo, había sido escuchada por aquella fría rubia de ojos azules quien no pudo contener una pequeña lagrima que comenzaba a bajar por su mejilla.
Quería entrar y abrazarla lo más apretado que pudiera hasta casi fundir sus cuerpos. Esa semana había sido un maldito infierno y todo fue por su necedad a entender la naturaleza de su Anna, pero sabía que no podía hacer eso, si sabía que había escuchado toda su privada conversación seguramente tendrían otra pelea.
Se retiro lentamente por el pasillo sintiendo una pequeña sensación de tibieza en su pecho, era su Anna que retornaba a su corazón y comenzaba a derretir el hielo que había tomado ventaja esa semana, suspiro y encontrándose con un criado del castillo amablemente le pidió que le avisara a Kristoff que se juntara con su caballero en los patios de entrenamiento del castillo pero que especificara ante la princesa que ella no había dado esa orden.
-a que te refieres con la verdad Anna – se permitió pensar en voz alta antes de girar el pomo de la puerta de su habitación designada.
-Vaya no pensé que tuviéramos la misma idea, pero debes desayunar algo si quieres que esa espada golpee con más fuerza – una sudada pelirroja dejo de castigar al muñeco de práctica frente a ella y se dio media vuelta para encontrar a su amigo con su armadura puesta, mirándola con una sonrisa.
Realmente agradecía que el grandulón apareciera de improviso, estaba comenzando a sentir la ansiedad y los nervios de la competencia que se avecinaba. –Supongo que te habrá enviado nuestra reina – trato de sonar lo menos agresiva posible pero aun le dolían los hechos acontecidos hacia poco.
-No, he decido levantarme por mi cuenta y venir a entrenar un poco para despejar mis pensamientos – ahí estaba de nuevo esa sonrisa triunfante de "sé lo que estas pensando" por parte del rubio que solo hiso sonrojar a la pelirroja por haber sido descubierta. –Cuando hablaras con ella Anna, algo me dice que podrían arreglar sus problemas si solo hablaran.
-Ella me odia Kriss – dijo tajante la más baja – si la hubieras visto cuando… le dije que no confiaría en ella… - aguanto un sollozo mordiendo su labio inferior.
-Las parejas tienen problemas, eso es normal entre los amantes, pero siempre pueden hablar para arreglar sus diferencias, eso hacen las parejas maduras – con gran agilidad el rubio esquivo un guantelete de hierro que iba directo a su rostro.
Una ofuscada Anna ahora se dirigía hacia el grandulón para golpearlo. –Sabes que no somos pareja – levanto la espada la cual fue bloqueada por el ágil movimiento de la espada del grandulón
-Bueno puedo dar fe que se comportan como una – rompiendo la guardia de la pelirroja se dispuso a contraatacar con una estocada desviada por la más baja. –Oh dormir juntas y abrazadas todas las noches y esconderte en el cuello de ella suspirando no es signo que son pareja – una sonrisa burlona solo agrando el enojo de la pecosa quien ataco con un golpe lateral fácilmente bloqueado por su ex- maestro.
-Lo hacemos porque somos hermanas – dijo con dificultad la pecosa haciendo un movimiento de semicírculo hacia la derecha para tratar de tomar por sorpresa al rubio. El ataque fue bloqueado nuevamente y este empujo con fuerza provocando que perdiera el equilibrio cayendo sobre su espalda.
-Ya te lo había dicho las hermanas no se comportan así – triunfante levanto su espada para asestar su golpe mortal pero este cayo también debido al golpe por detrás de su rodilla por parte de la más baja.
Con un rápido movimiento tomo la espada del grandulón y la apunto directo a su cuello poniendo un pie sobre su pecho. Este la miro sorprendido y orgulloso – has aprendido mucho en este tiempo pero hay algo que te falta y es confiar en ti misma, créeme cuando te digo que ustedes siempre se han amado solo les falta aceptarlo – la pecosa le ayudo a levantarse mientras ambos se quitaban el polvo de sus armaduras y guardaban sus espadas.
-He llegado a pensar que lo que dices es verdad – el rubio la miro sorprendido ante tal declaración – pero tengo miedo Kriss, tengo miedo que ella me odie. Sintió el peso de la mano del rubio en su hombro y le miro.
-Se que no pasara, pero en caso de que pase siempre tendrás el apoyo mío y de tus amigos – ambos sonrieron y se dirigieron a los comedores, el desayuno seria servido dentro de poco y un gruñido por parte del estomago de Anna le indicio que era hora de comer.
-por cierto, el detalle del guantelete fue impresionante – el rubio se lo entrego antes de entrar al edificio haciéndole una seña para que lo siguiera, debían discutir cómo usar la nueva técnica a la cual bautizo "el puño de Anna".
Por otro lado un pelirrojo de ojos verdes estaba sentado en el suelo de su habitación mirando hacia el horizonte, llevaba despierto desde las primeras horas de la mañana.
Sintió un golpeteo muy suave y delicado provenir desde la puerta. –Mi lady, me disculpara pero no tengo ningún tema que tratar con usted – volvió a tomar su posición de meditación en la cual había estado e hiso caso omiso a la mujer que ahora estaba dentro de su habitación mirándolo con ojos al borde del llanto.
-Hijo… - la mujer era la reina de Southern Isles, pero más allá de los pomposos títulos era su madre quien ahora hablaba - … ¿Por qué estás haciendo eso? – su voz se notaba cansada y triste.
-vuelvo a repetirle mi lady que no tenemos asuntos que tratar usted y yo – no se volteo ni cambio su monofónico tono de voz en ningún momento – le ruego se retire, está arruinando mi concentración.
-Hijo mío – la anciana mano de la mujer se poso sobre el hombro pecoso del pelirrojo pero no produjo ningún cambio en este – Si hice algo mal, te pido me perdones, eres mi último hijo al que no espere que llegara pero llegaste – la mujer ya llorando se arrodillo poniendo su frente contra la espalda del pelirrojo – fuiste mi alegría no planificada.
-Madre… - su tono se ablando y antes que pudiera darse vuelta para contestar un hombre pequeño y canoso seguido de dos guardias interrumpieron en la escena.
-My lady ¿pero qué hace usted aquí? – chasqueo los dedos y los dos guardias tomaron de los brazos a la reina dejándola a unos centímetros del suelo.
Inmediatamente el de ojos verdes reacciono poniéndose de pie mirando con odio a los guardias dispuestos a atacarles pero una mano enguantada se lo impidió. – ¿quieres que te recuerde todo lo que esta perra te hiso Hans?, los meses vagando de reino en reino, siendo el despreciado por todos, el bastardo a quien le quitaron su titulo y apellido – la reina miro un resplandor salir del guante del hombre canoso mientras este se acomodaba los lentes con la otra mano.
-Mil perdones mi señor – los ojos verdes antes llenos de furia se habían ensombrecido, la reina comprendió que el comportamiento de su hijo no había sido solo por su actitud, Weseltown lo estaba controlando.
-Es Weselton – el anciano sonrió maliciosamente ordenándole a los guardias desaparecer de su vista y por su puesto "cuidar" a la reina ahora que sabía el secreto.
-Oh mi pobre y querido niño abandonado – el anciano abrió un poco su chaqueta dejando entrever un cristal de color rojo sangre – yo se que has sufrido mucho – haciéndole una señal a su marioneta este se acacho a su altura – pero por eso estamos aquí – balanceo lentamente la piedra delante de los apagados ojos verdes del pelirrojo – para vengarnos de los que nos hicieron daño, ¿si?, recuerda que ahora solo me sirves a mí. – acaricio su cabello susurrando un "buen chico" antes de acomodar el cristal dentro de su ropa y retirarse de la habitación.
El corazón de la pelirroja parecía que iba a explotar, estaba formada junto a los otros caballeros en el centro del esplendido coliseo preparado para el torneo. Miro a su alrededor y pudo ver las tribunas llenas de personas vitoreando el nombre de su favorito, "aquí no entraría una aguja" pensó mirando gente sentada hasta en los pasillos las tribunas.
En el centro de la edificación había un palco donde se sentaban los monarcas, algunos conversaban alegremente entre ellos, otros con sus segundos caballeros, y justo al lado del rey estaba su Elsa, quien la miro y le sonrió suavemente logrando un pequeño salto de la pelirroja.
Los caballeros a sus lados la miraron con curiosidad y esta solo sonrió incomoda tratando de hacer como si nada hubiera pasado. En total eran diez los caballeros que habían respondido al llamado, llegando incluso caballeros de tierras más allá del mundo occidental quienes portaban espadas curvas y mostachos bastante graciosos para el pensamiento de la pelirroja.
Lo segundo que le pareció curioso que dentro de la línea de orgullosos hombres en trajes brillantes bajo el sol del mediodía ella era la única mujer y lo tercero era que todos exceptuándola a ella llevaban pieles debajo de su armadura para mantenerlos calientes, aun cuando el frio ya estaba presente y la nieve se acumulaba en los alrededores del estadio no había mucha explicación para que ella estuviera solo con una pequeña armadura de algodón debajo de todo ese acero.
Por un momento pensó y recordó el copo de nieve en su pecho, seguramente su armadura tenía más de una sorpresa aun no descubierta. Elevo la vista y vio a la rubia de ojos azules llevarse una mano al rostro en señal de que se estaba riendo, había descubierto su pequeña travesura hecha cuando creo la armadura junto a su amigo Kristoff, la volvió aprueba de frio.
La nieve a su alrededor seguía acumulándose, se empezó a preguntar cuánto tiempo estarían parados ahí y los nervios le llevaban a divagar en su mente.
–Psss… oye, si tu el alto, si tu el de pelo rubio oscuro… - el hombre a su lado mucho más alto que Kristoff incluso se dio vuelta y la miro con curiosidad – ¿sabes cuánto tiempo estaremos acá?, este es mi primer torneo entonces no lo sé, bueno leí de torneos antes pero sé que las cosas han cambiado desde el ultimo, espero no te moleste que te hable ¿o eso es contra del protocolo? – con una mirada de extrañeza le contesto.
- Sorry, i don't understand what are you saying – y volviendo a su posición dejo a Anna preguntándose cual era ese extraño lenguaje que había escuchado.
El rey colocándose de pie tomo aire y grito con potente vozarrón.
"Queridos seguidores míos, estamos acá en este día invernal para celebrar el primer torneo invernal de Southern Isles, espero lo disfruten y recuerden que para el ganador no solo habrá fama y gloria, nuestro reino tiene un regalo sorpresa para el vencedor"
Hiso una pequeña pausa y prosiguió:
"Se dividirán por sorteo en dos grupos de cinco. Dos de ustedes tendrán un duelo simple, mientras tres de ustedes tendrán un duelo triple donde solo uno pasara a los cuartos de final. Espero ver su destreza en su máximo esplendor caballeros, suerte para todos, y recuerde no dañar mucho a sus compañeros"
Una risa irónica por parte de sus compañeros de fila le indico a Anna que no debía confiarse en ningún momento.
El rey hiso una señal con su anciana mano y las trompetas que indicaban el inicio del torneo retumbaron con fuerza entre los gritos de la gente. Desde la entrada hacia la arena del recinto pudo ver a cuatro guardias escoltar al hermano mayor y heredero al trono del reino de Southern isles.
Aunque parecido en facciones a Hans este tenía el pelo negro y con algunas canas en el, además de ser mas alto y sus ojos tener un tono verde mucho más opaco.
-Caballeros – miro a todos y cada uno en la fila, quedando unos segundos sobre Hans quien lucía su armadura con aquella aterradora águila en su pecho –Se me ha encomendado la misión de organizarlos en los grupos de pelea, por favor pasen adelante y saquen un huevo de la caja, los que posean los de color rojo pertenecerán al grupo de la pelea triple, los de color negro a los de pelea doble.
Llamados por orden alfabético de sus nombres Anna fue la primera en sacar quedándose con el huevo de color rojo, "genial", pensó volviendo a la fila con aun más ganas de combatir. Por su parte Hans obtuvo el huevo negro pero antes de retirarse miro fijamente a su hermano – lástima que tu no estés en el torneo hermanito – dejo caer el huevo a los pies de su hermano mayor rompiéndose y salpicado sus botas – ups, ¿aun sigo siendo un niño torpe no? – volvió a su puesto en la fila no sin antes mirar al chico con el que antes la pelirroja había tratado de conversar, dedicándole una fría mirada que lo hiso voltear la suya.
Arriba en el palco la reina de Arendelle contemplo con miedo como el primer combate de su pequeña hermanita seria uno triple aunque cierta parte agradecía que ella y Hans hubieran quedado en grupos distintos.
-Así que nuestros pequeños soldaditos no pelearan el día de hoy – una voz cerca de ella capto su atención, era el anterior duque de Weselton quien se sentaba a su lado. –Supongo que tiene bastantes preguntas sobre por ejemplo, ¿Cómo un duque ahora es rey? – chasqueo los dedos a lo cual sus dos guardias aparecieron al instante.
-Veo que sus influencias le dieron el poder mi lord – Kristoff quien ya tenía la mano en la empuñadura de su espada miraba fijamente cada movimiento de los hombres que acompañaban al anciano.
-oh muchacho no seas tonto, estamos en una competencia, delante de muchas personas inclusive de nuestro ausente rey, no haré nada en contra de mi lady aquí presente – ante el comentario ambos se dieron vuelta y notaron que el anfitrión del campeonato no estaba. – ahora disfrutemos y comparemos a nuestros soldaditos, veremos quién tiene más chance de ganar la final.
La monarca y su caballero giraron de nuevo su vista a la área mirando como era el turno de Hans para pelear, este se veía confiado en cambio su contrincante se veía bastante dubitativo.
-Espero mi pequeño soldado no le deje una mala impresión de sus habilidades – el antiguo duque quedo en silencio observando también la escena.
El chico apenas estuvo cinco minutos de pie antes de que su garganta fuera atravesada por el filo de la espada del pelirrojo y casi en un gesto de misericordia saco el arma y la enterró en su pecho atravesando su coraza con una facilidad que daba la impresión que la armadura estaba hecha de papel.
Sacando el filo el cual goteaba lentamente la sangre de su víctima sonrió de medio lado limpiándola en la capa del caballero caído del cual aun brotaba aquel líquido carmesí. Luego de asegurarse de que aquella arma estaba limpia la envaino y se dirigió por la puerta de salida hacia su habitación, Sir Hans había pasado a los cuartos de final.
Luego de limpiar la sangre y retirar el cadáver del malogrado caballero era el turno de Anna quien aun estaba casi en shock por lo que había visto, había conversado hacia solo unos minutos con aquel tipo y ahora estaba muerto con la garganta abierta de par en par. Sintió miedo y pánico, había combatido antes pero nunca dado muerte a nadie, así que a eso se refería Kristoff cuando le dijo que debía confiar en sí misma, no era solo por Elsa, sino porque debería hacer otras cosas también.
Se adentro al centro de la arena y vio a sus dos contendientes a los ojos, uno de ellos era aquel caballero con espada curva quien la miraba con igual ferocidad y el otro era un caballero que por su aspecto andrógeno parecía provenir de ese pomposo país que no recordaba el nombre, por su mirada para con ella intuyo que no tendrían piedad alguna a pesar de ser mujer lo cual la emocionaba aun más.
Dada la señal el combate comenzó y ambos arremetieron contra ella, como era de esperar al no tener tanto peso pudo moverse ágilmente hacia atrás de un salto haciendo que ambos caballeros se golpearan entre sí, debía pensar rápido así que cuando vio que ambos chocaban espadas uso el dorso de la suya para intentar noquear al caballero de espada curva, "si los noqueo no deberé matarlos" pensó pero este se dio vuelta y bloqueo su ataque con facilidad.
Sin embargo al descubrir su otra defensa el otro caballero tratando de colocar una estocada en su estomago, de improviso el caballero de mostacho separo su espada en dos espadas gemelas y no solo desvió el ataque hacia su estomago sino que dando una patada al estomago de la pelirroja la hiso retroceder y con un ágil movimiento corto la garganta del ahora agonizante caballero andrógeno.
Anna simplemente no lo podía creer, al ver su oportunidad aquel guerrero despiadado de lejanas tierras acabo con la vida de su compañero, pero no tuvo mucho tiempo para pensar cuando se le abalanzo y comenzó a atacarla con todo lo que tenía. Esquivando apenar los golpes recibió varias cortadas en su brazo que sostenía la "Joan" debilitándolo considerablemente. Por un momento sintió que perdería la vida en ese momento, que el desafío había sido demasiado para ella cayendo al piso finalmente.
-Elsa – susurro al ver como aquel guerrero de oriente se disponía a atravesar su garganta también pero ese pensamiento hiso que usara la misma técnica que había usado con Kristoff esa misma mañana. Lo golpeo por detrás de la rodilla haciéndolo caer hacia atrás con lo que Anna se levanto y apunto a "Joan" directo a la garganta de aquel tipo.
-no – dijo y enfundo a "Joan" alejándose, había ganado la pelea así que no había necesidad de aniquilar a ese hombre que la miraba con cara de suplica, pero unos segundos después de dejarlo solo sintió algo acercarse a gran velocidad por detrás suyo.
El publico grito su nombre en vítores de gloria cuando al desenvainar la espada esta se clavo derechamente en el pecho de aquel hombre que la miro con odio antes de dar su último suspiro y desfallecer cayendo hacia atrás dejando tras de sí el sonido de la sangre golpeteando el suelo.
Respiro con dificultad al ver la escena, había matado a un hombre al cual intento salvar, tembló y el sonido de su nombre vitoreado por miles de personas la abrumo hasta el punto de querer apagar todas las voces de esa arena. Trato de controlarse y apretó a "Joan" con toda la fuerza que le permitía su ensangrentado brazo, ahora lo entendía, no habría piedad en ese lugar, si quería defender a su Elsa de todo debía dejar de jugar a ser caballero y serlo realmente.
Miro hacia la tribuna donde se encontraban su amigo y su amor imposible y levanto la espada saludándoles, estos solo movieron la cabeza en señal de felicitaciones.
El público siguió vitoreando su nombre aun cuando ya se había retirado de la arena, la caballero de Arendelle se había ganado completamente al pueblo de Southern isles logrando aplausos por todas partes.
Se les dio un receso a los caballeros de media hora para que arreglaran sus armaduras y limpiaran la arena más a profundidad. Mientras el personal se dedicaba a barrer la nieve con sangre algunos artistas y bufones se dedicaban a entretener al populacho.
Por su parte Anna estaba en una habitación del coliseo siendo vendada por Kristoff quien emocionado relataba como se había visto su pelea desde las alturas. El rubio parecía un niño sobre exaltado al contarle que por un momento pensó en saltar a la arena y salvarla pero que su acción lo tomo por sorpresa completamente.
-Sir Kristoff, déjeme a solas con sir Anna por favor – con un falso tono frio el rubio hiso una inclinación y se alejo de la habitación cerrándola por fuera, quedándose ahí para cuidar que no fueran interrumpidas, sabía a lo que había bajado la monarca.
Un tenso silencio se genero entre ambas solo cortado por los ruidos producido la caballero poniéndose de pie frente a su reina y el de los cristales de hielo del vestido de la monarca. Luego de posicionarse delante de la pecosa, la mayor tomo aire para comenzar a hablar pero fue interrumpida súbitamente.
-perdóname – simplemente dijo la pecosa mirándola con ojos que amenazaban llanto – perdóname por ser tan cabeza hueca siempre, por lanzarme sin medir el peligro, por ser una idiota e imbécil – unas frías lagrimas se deslizaban por los ojos de la de piel tan blanca como la nieve.
-solo perdóname, y déjame entrar de nuevo – pudo ver lagrimas en los ojos de la pelirroja también y casi sin aire la mayor dijo – idiota.
Un gesto realmente fuera de serie para la rubia se abalanzo contra la pelirroja y la atrapo en un abrazo cuidando de no herir más su brazo. Ambas por fin estaban juntas, una atrapada en el abrazo de la otra derritiéndose lentamente, estremeciéndose y suspirando ante el contacto tanto cálido como frío.
La pelirroja se permitió liberar un largo suspiro y esconderse en el espacio que quedaba entre el cuello y el hombro de su Elsa. Porque así la sentía, por fin había recuperado a su Elsa luego de esa semana infernal donde solo se habían herido, se sintió culpable pero una mano acariciando su cabello la hiso suspirar nuevamente, estaba tan cerca y su aroma a invierno la cautivaba cada vez más.
La chica de ojos azules fríos como el hielo se sentía derretir al tener tan cerca a su pequeña después de esa horrible semana, por fin pudo sentir su calor contra su piel, su aroma a verano que le encantaba y esos pequeños suspiros que salían de sus deliciosos labios le estaban devolviendo el calor a su semi congelado corazón. Se habían herido mucho esos días pero ya tendrían tiempo de repararlo por lo que ahora solo se dedico a perderse en la sensación de enredar sus dedos sobre esos cabellos liberando en el aire esa esencia que la enloquecía.
La chica pecosa salió de su escondite solo para ver profundamente a los ojos de la mayor, pudo distinguir algunas de sus blanquecinas pecas en sus mejillas sonrojadas, como eran hermanas el rasgo de las pecas era compartido solo que en ella no eran tan notorios, se acerco lentamente y beso sus mejillas con cuidado logrando un estremecimiento por parte de la rubia platinada y un sonrojo mucho más profundo.
Sin pensarlo mucho puso su mano en la mejilla de su reina, su todo, su Elsa y sintió como de esas mejillas heladas como el hielo emanaba un tenue calor que la hiso desear besarla, deseaba probar esos labios que de blanquecinos se habían tornado rosados ante la cercanía. Levanto lentamente su brazo herido y puso su mano en la delgada cintura de la rubia, ya no aguantaba más soportar el peso de ese secreto, necesitaba hacer algo.
La monarca estaba fuera de sí, esa cercanía y ese gesto de besarla en las mejillas solo habían encendido la esperanza dentro de su corazón. Paso sus brazos por detrás del cuello de la menor y entrecerró sus ojos susurrando un apagado "Anna" lo cual hiso que sus labios se vieran aun más exquisitos para la pelirroja.
Como ese día en la biblioteca se levanto lentamente en punta de pies y unió sus tibios labios a los fríos labios de su Elsa, ya no le importaba nada, no le importaba que fueran hermanas, no le importaba que alguien las viera o las juzgara, ni siquiera la opinión de los dioses, nada de eso importaba en ese momento.
Lo que empezó como un suave rose se profundizo lentamente, acercándola más hacia sí y pasando su mano desde el rostro de la rubia hasta su cintura quien se estremeció lentamente soltando lo que más que un suspiro pareció un gemido por parte de la mayor. Su corazón iba a mil por hora al sentir que el movimiento de sus labios era contestado por su Elsa y que lentamente la atrapaba más contra si apretando el agarre por detrás de su cuello. Al sentir una mano posarse en su nuca para atraerla más no pudo refrenar un pequeño gemido que escapo desde su garganta posicionándose entre sus labios.
Elsa prácticamente embelesada por la sensación paso sus dedos por la nuca y el cuello de su pelirroja arañando lentamente, sintiendo que su respiración cada vez se agitaba más, y al oír aquel gemido salir de los labios de quien amaba más en este mundo solo atino a abrir un poco la boca en señal de invitación para la pecosa. Esta la provoco un poco al pasar la punta de su lengua por su labio inferior causando un estremecimiento mayor a cualquiera de los anteriores, sintiendo sus piernas débiles se afirmo en los hombros de su Anna quien cruzo sus brazos por su cintura dándole mayor seguridad.
Por un momento la pelirroja sintió que estaba en el paraíso al sentir la helada lengua de su hermana mayor danzar junto a la suya, ninguna de las dos había besado así antes y los movimientos algo torpes solo le agregaban dulzura al momento. Tomando un poco de aire Anna cerró el espacio abierto entre los labios de ella y su Elsa dejando que tanto su lengua como la de su amor se encontraran completamente.
El sonrojo en sus mejillas era cada vez mayor, aquel beso, aquel desesperado y ansiado beso siguió hasta que las piernas de Anna comenzaron a temblar lentamente por el esfuerzo de estar de puntillas obligándola a retirarse lentamente mirando a los ojos de su rubia aun agitada por aquel contacto.
La reina de Arendelle, la imponente e implacable reina de hielo ahora estaba temblando agitada en los brazos de su hermana menor con quien se había besado.
Sin separar la distancia que las separaba y juntando sus frentes ambas rieron tontamente, aquel beso había borrado completamente todos sus temores y tan solo intensifico la certeza pero ¿Quién de las dos hablaría primero?
La mayor se disponía a hablar pero fue interrumpida por la impetuosa chica en sus brazos – Elsa – la llamo esta casi sin aliento aun agitada - ¿si? – Respondió la rubia sonriendo tontamente casi al borde de las lagrimas – te amo – dijo finalmente la pelirroja quien también tenía una tonta sonrisa en sus labios.
Riendo como una niña, la chica que estaba tomada por la cintura susurro – Anna – esta que ya no cavia de felicidad dejo escapar unas lagrimas - ¿si? – Imitando a la mayor junto risita traviesa espero su respuesta – te amo – susurro cerca de sus labios logrando que un escalofrió recorriera su espalda.
Lo único que importaba en ese momento era que ambas se amaban, pero no solo como hermanas sino de la forma que realmente se amaban.
Afuera en el pasillo un rubio con una sonrisa de satisfacción en los labios se permitió relajarse de su posición estoica y de guardia.
-Te lo dije Anna – susurro al aire pero algo llamo su atención, al fondo del pasillo vio a cierto pelirrojo caminar casi como si estuviera tratando de ocultarse de algo.
Tocando el pomo de su espada decidió seguirlo para saber que estaba tramando, no permitiría que la felicidad de su amiga y su reina fueran arruinadas por alguna treta o trampa de aquel detestable tipo.
