—Estás tratando de resucitar a Rin, ¿me equivoco?
El tiempo pareció detenerse en ese momento, incluyendo la respiración de Obito. Antes de que su cerebro pudiera procesar la situación, ya estaba sintiendo la ansiedad comenzar a invadirlo. Trató de formar una frase coherente en su cabeza, pero cuanto más la pensaba, más absurda sonaba.
"Sí, eso es lo que estoy tratando de hacer, pero..." ¿qué debería decir tras ese pero? ¿Que todo va a ir bien porque nadie iba a sentir celos en un mundo perfecto? Sólo estaba seguro de una cosa, sus sentimientos por Deidara eran serios y esa era probablemente una de las razones por las que la situación le dolía tanto.
Obito no se atrevía a mirar al otro hombre a los ojos. En su lugar, fijó su vista en el suelo, dándose cuenta sin pretenderlo que su mano estaba temblando. Deidara por otra parte, permanecía inmutable, como una estatua.
La quietud fue interrumpida por un estruendo. Ambos ninjas se giraron en la dirección del sonido. Lo que quiera que fuera, estaba acercándose más y más con cada segundo. Deidara -a pesar del shock- fue el más rápido en reaccionar, levantándose y corriendo hacia la puerta. El Uchiha lo siguió un instante después.
—¿Qué es eso? —gritó Deidara, el sonido amortiguando su voz. Podía ver cómo una gran grieta en el suelo iba separando la tierra en dos, por lo que parecía ser un abismo sin fondo. Trozos de suelo y árboles negros se precipitaron por la hendidura que se volvía más y más ancha. El mundo entero temblaba.
—¡OBITO, ¿QUÉ ESTÁ PASANDO? —preguntó de nuevo el rubio al no recibir respuesta del otro hombre.
—¡NO TENGO NI IDEA!
Y después, de repente, la pieza de terreno en la que estaban comenzó a temblar más fuerte, haciéndolos perder el equilibrio. Deidara se golpeó fuertemente en la cabeza contra el suelo, desmayándose.
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Obito abrió los ojos. Estaba cubierto de un sudor frío, sentado en una caverna. ¿Cómo había llegado ahí exactamente? Sentía un dolor palpitante en la cabeza y su sentido de la realidad aún no se había normalizado. Observando los alrededores, comenzó a reconocerlos. Cierto, había ido ahí hace mucho tiempo... ¿Qué estaba tratando de hacer? Peleó contra los secuaces de Danzo... Pero... ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? ¿Fue ayer o hace una semana? ¿En qué fase del plan estaban ya? ¿Cuál era el lugar en el que debía encontrarse con Kabuto? Una tras otra, fue recordando todas las respuestas. Había estado meditando. La última vez que luchó había sido semanas atrás. Se supone que debía encontrarse con Kabuto ahí para que le reportara cómo estaba yendo el edo tensei. Aún así, sintió como si algo faltase.
Como era de esperar, la figura ataviada en una túnica perteneciente al ex siervo de Orochimaru avanzó hacia él desde la oscuridad.
—Te veías como si algo estuviese saliendo mal en el Tsukuyomi, así que traté de despertarte. Mis disculpas, lo hice con la intención de no demorar nuestros planes.
Obito se volteó hacia él. No debería haber bajado la guardia cerca del tipo. A pesar de los intentos de Kabuto de probarse a él, aún no se había ganado su confianza.
—¿Cuánto tiempo he estado así?
—Oh, una cantidad excepcional de tiempo. Más de diez minutos. ¿Debería estar al corriente de algún posible cambio en nuestros planes? ¿Pasó algo inesperado? —susurró Kabuto.
Se había arrodillado frente a Obito, para que sus ojos quedasen a la misma altura.
El pulso del moreno se disparó. Sabía lo artero que podía llegar a ser su "aliado" y cómo tratar de sonar suspicaz a cada momento era parte de su táctica, pero aún así, tenía miedo de que supiera algo. El qué exactamente, no conseguía determinarlo. ¿Su identidad? ¿El hecho de que no estaba cien por cien seguro que el Tsukuyomi Infinito fuera a funcionar? Se estaba volviendo paranoico.
—No deberíamos perder más tiempo entonces —dijo Obito, para dejar el tema atrás— ¿Pudiste ejecutar el edo tensei en los individuos que te pedí?
—En efecto, aunque no sin ciertas dificultades, los miembros de Akatsuki reanimados están listos para ser usados. Los podré invocar siempre que yo quiera.
—¿Dificultades?
El enmascarado frunció el ceño, gesto que no le fue posible ver al otro.
—Si se me permite pedirte un favor, te agradecería que la próxima vez me avises cuando un alma ya haya sido reencarnada con anterioridad. Es extenuante para un alma pasar por el edo tensei una vez, no digamos dos, hace que un segundo intento ralentice el tiempo de invocación.
—¿De qué estás hablando? Nadie más conocía sobre esa técnica tras la muerte de los miembros de Akatsuki —comentó Obito, tratando de ocultar la notable confusión de su tono.
Se levantó de repente, dando un salto hacia el otro hombre que, por alguna extraña razón, no se resistió al ataque. El Uchiha atrapó a Kabuto contra la pared de piedra apoyando sendas manos en sus hombros.
—¿A qué se debe esta agresión tan repentina? —preguntó el hombre serpiente con una extraña indiferencia en su ademán.
—Crees que estoy tratando de jugártela, ¿no? —siseó Obito.
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Deidara se despertó poco a poco. Tenía un sentimiento de deja-vu. O, mejor dicho, estaba acostumbrándose a perder el conocimiento y despertarse en lugares raros. Como siempre, estaba una vez más en un lugar completamente desconocido. Recordaba casi haber tenido una discusión con Obito cuando el Tsukuyomi comenzó a desmoronarse y después su visión se volvió negra y cayó debido al terremoto.
Estaba completamente negro a su alrededor, con tan sólo unas pequeñas luces que provenían de algún lugar en la distancia. El sitio era algo así como un túnel subterráneo. Estaba lo suficientemente vacío para que Deidara se diera cuenta que era otra parte de la dimensión paralela en la que había acabado. Aunque tenía como una sensación diferente a la cueva en la que ya había estado. Se levantó del suelo, tratando de discernir en qué parte del Tsukuyomi se encontraba.
Mientras caminaba por pasadizos sin un rumbo determinado, comenzó a preguntarse sobre Obito. Estaba demasiado desorientado para enojarse con él, pero eso no le permitió ahondar en el asunto del plan. Aunque doliera, entendía parcialmente la perspectiva del Uchiha; después de todo, él ni siquiera era el verdadero Deidara. ¿Era él en realidad una razón lo suficientemente buena para que Obito abandonase un plan en el que había trabajado tanto tiempo?
Sus ojos se estaban poco a poco ajustando a la oscuridad. Ahora podía darse cuenta de lo que había a su alrededor: los muros cubiertos por pequeñas colonias de alguna especie de hongo o musgo. Las diminutas formas de vida brillaban en la oscuridad con una luz azul que no era demasiado útil para alumbrar el pasadizo entero, pero que era suficiente para orientarse un poco. Deidara trató de tocarlas, pero estaban recubiertas de baba. A veces se sentía como una niña pequeña en lugar de un ninja, pero aún así, prefería no entrar en contacto otra vez con cosas asquerosas si podía evitarlo. Además, podían ser venenosos.
Sabía lo que se supone que debía hacer; tratar de buscar una salida de algún modo y buscar a Obito. Aún así, no se atrevía a gritar su nombre. Aún estaba resentido con él y estaba completamente seguro que no quería ver su cara en ese momento. Deidara comenzó a apretar los puños inconscientemente, enojándose más a sí mismo con sus propios pensamientos sin ni siquiera darse cuenta. Sí, querer seguir adelante con el plan era una reacción humana. Era normal. Pero no quería que Obito tuviera una reacción normal cuando se tratase de él: quería que fuera valiente, quería que fuera por él más lejos que por el resto de personas. Si el ex enmascarado de verdad lo amase, sus sentimientos serían incondicionales y estaría dispuesto a dejar atrás sus delirios infantiles por él.
¿Qué clase de plan era ese de todos modos? ¿Cómo iba a crear "un nuevo mundo"? ¿Era eso si quiera posible? Deidara pateó un poco de musgo, haciendo que briznas de luz azulada se desperdigaran por el lugar antes de extinguirse. Cualquiera con una escala de valores normal habría escogido un mundo real sobre uno de fantasía. Y después, se dio cuenta repentinamente de algo. Sí, pero él, estaba en un plano metafísico también. Volver a él tampoco era la decisión más realista.
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—No, no creo que estés tratando de jugármela —dijo Kabuto con dificultad, pues la mano del otro hombre estaba agarrando su cuello, apretando más y más, bloqueando su tráquea—. Estoy completamente seguro de ello.
—¿Te importaría explicarte?
Obito aproximó su rostro al de él.
—Sabes de sobra que un segundo intento de edo tensei lleva días. Imagino que el plan no es tan urgente si puedes permitirte el retrasarlo tanto sin ni siquiera avisarme de antemano.
—No tengo ni idea de lo que estás hablando, Kabuto. ¿Quién ha sido? ¿Cual de ellos ya había sido reencarnado? —preguntó el moreno, subiendo el volumen de su voz.
—Espera... Sí, ya sé. El chico de las bombas de Iwagakure, Deidara. El discípulo de Onoki. ¿Te suena familiar?
Obito soltó a Kabuto debido a un repentino dolor de cabeza. Se masajeó la sien tras la máscara, tratando de aliviar el dolor palpitante. Los recuerdos estaban volviendo a él.
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Finalmente, Deidara llegó a un lugar que se veía distinto. Era un pequeño arroyo, generado por un manantial en un muro. El pasillo natural era más ancho junto al cauce que continaba en una dirección, desapareciendo en la oscuridad. El terrorista estaba tratando desesperadamente de buscar una salida a la superficie, pero no importaba cuánto lo intentase, tan sólo conseguía adentrarse más y más en el suelo. Se dio cuenta que debió haber caído en el abismo durante el terremoto; su integridad corporal sólo podía ser explicada por las extrañas leyes físicas del Tsukuyomi.
De todos modos, su prioridad era encontrar a Obito. Cualquiera que fuera su opinión sobre el Uchiha, necesitaba su ayuda para orientarse. Decidió que caminaría junto al arroyo pues era el único componente reconocible del entorno. Deidara comenzó a sentir aquel repentino cansancio que ya lo había pillado con la guardia baja tantas otras veces. Se sentó en una roca mirando el agua fluir.
Sintió como si su cabeza se estuviera volviendo más y más pesada, pero tenía que evitar quedarse dormido a toda costa. Estaba nervioso sobre lo que iría a suceder y comenzó a preguntarse si su salud mental estaba intacta. Puede que se estuviera volviendo loco y la mitad de las cosas que veía eran producto de su imaginación. Deidara trató de masajear su frente, pero le costó más de lo que pensó en su condición actual. Al hacerlo, pudo verse la mano, y se sobresaltó.
¿Transparente?
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—Eso es imposible. Murió justo antes de Konan. Casi quedo atrapado en su técnica —susurró Obito, incrédulo.
Trató de aferrarse a la realidad y continuar su diálogo con Kabuto, pero cientos de imágenes aparecieron de repente en su cabeza de la nada, haciéndolo sentir como si le fuera a explotar. Eran imágenes muy vagas de él y Deidara peleando, después hablando. Despues, cosas más extrañas incluso. Casi se sentía como si fueran detalles inconexos de un sueño. El Uchiha los percibió como memorias, pero no podía asegurar en qué momento de su vida habían ocurrido.
Kabuto sonreía a sus espaldas; Obito ni siquiera necesitaba voltearse para saberlo. El hombre serpiente lo había pillado en un momento de extrema debilidad que le daba la ventaja en su pequeño juego de poder.
—Oh sí, el asunto con Deidara... Muy interesante... ¡Una mera anécdota en la visión global de nuestro plan, pero vaya si no es una verdaderamente peculiar! —dijo Kabuto, divagando.
—No sé nada sobre eso —dijo el otro a la defensiva, tratando de enterrar el tema.
—¿Sabes qué más es interesante? —Su cómplice en el crimen rió, sin querer dar el tema por zanjado—. Que, los únicos que saben sobre el edo tensei y están vivos en estos momentos somos tú y yo.
El corazón del Uchiha dio un vuelco.
—Así que, considerando que no fui yo quien revivió a Deidara, me pregunto, ¿quién lo haría?
Estamos a punto de ponernos al día con lo que hay publicado, y tras el siguiente capítulo, ya estaremos a la paz con la versión inglesa del fic. Gracias de nuevopor el apoyo a esta historia, por sus comentarios y favoritos. Necesitamos más Tobidei en el fandom :D
