CAPÍTULO X
LA CARTA
"Todos tenemos una historia que contar, y también un cuento casi perfecto, pero con final"
Estiré mi mano para apagar el molesto aparato que no dejaba de sonar, pero tras tratar sin éxito alguno mi cometido decidí aventarlo a la pared, disfruté de los gloriosos cinco minutos de silencio y tranquilad hasta que al parecer mi conciencia despertó recordándome que: primero, no estaba sola; segundo, que me encontraba prácticamente desnuda, algo bastante extraño en mí y tercero, que el aparato que acababa de aventar fue un regalo de Jacob… mierda… me paré con toda la velocidad que mi adormilado cuerpo me permitió mientras me cubría con la sabana, sin embargo, no fui lo suficientemente rápida
– Cielos Bella, sólo tenías que decirme que te regalara otra cosa, no tenías que aventar el pobre reloj contra la pared – dijo Jacob mientras entraba con el torso descubierto, un pantalón de chándal que guardaba en mi casa para emergencias y una taza de café en sus manos, el olor del café me hizo agua la boca
– Olvidé desenchufar esta porquería y quería seguir durmiendo – contesté haciendo un puchero, Jacob se acercó a mí y mordió mi labio inferior mientras dejaba en mis manos la taza de café, comenzó a vestirse con toda naturalidad como si yo no estuviese junto a él en la habitación… Una vez que estuvo vestido, se volvió a mí con expresión relajada en su rostro
– Te preparé el desayuno princesa, está en la cocina y también te deje una aspirina, por si acaso – me dijo mientras me revolvía el cabello, ¿cómo no tenía resaca? Él había bebido casi lo mismo que yo… creo… Le di las gracias mientras me terminaba mi café y me dirigía al baño para darme una ducha
Tenía un poco de malestar general en el cuerpo, pero decidí atribuírselo al alcohol y no a la discusión que había tenido con Edward… No sé en realidad que había sucedido anoche, tenía algunas lagunas mentales donde Edward me declaraba su amor, yo lo insultaba y le gritaba y lo siguiente que recuerdo es estar en mi casa metiéndome mano con Jacob, después de ahí: Nada, sólo oscuridad
Salí de la ducha sintiéndome un poco mejor, peine mi cabello y lo sequé a medias, me dirigí a mi habitación para colocarme un pantalón de algodón dos tallas más grandes y una camisa con las mismas características, sentía que cualquier prenda ajustada acabaría con mi tolerancia ese día… Si, oficialmente no vuelvo a beber más nunca… Eso no te lo crees ni tú ¡Oh mira, justo cuando pensé que me habías abandonado para siempre conciencia!
Cuando iba en camino a la cocina reparé en una pequeña nota en el comedor junto a un ramo de rosas rojas, mis favoritas, y un oso de peluche con una corazón en medio que decía lo siento, de inmediato me picó el bicho de la curiosidad, ¿quién habrá colocado eso allí? Tenía que ser Jacob, porque las chicas no tenías llaves de mi departamento
Al mirar un poco más de cerca vi que habían dos notas, una estaba escrita en un papel corriente de computadora, y la otra estaba escrita a mano, decía: "Me he encontrado esto a la salida de tu departamento, creo que deberías leerlo. J" Bueno al menos mis suposiciones fueron ciertas y era Jacob quien había colocado las rosas allí, dentro del ramo de rosas había un segundo papel que parecía ser un sobre, lo saqué de entre las flores y me tomé un minuto para embriagarme de su olor.
La parte trasera del sobre sólo decía mi nombre, y como la curiosidad mató al gato decidí abrirlo, técnicamente no es curiosidad, la carta es para ti, veinte puntos conciencia… Lo que encontré dentro me sorprendió, era el collar que le había regresado a Edward el día de nuestra ruptura, y una carta escrita a mano. Por inercia me coloqué el collar, mientras sentía el ligero peso de la cadena en mi cuello, me senté en el sillón de la sala y procedí a leer la carta
Mi querida Bella,
Siento que ambos somos testarudos hasta la saciedad y que tenemos demasiadas maneras de defender nuestros puntos de vista, por eso preferí expresarme por este medio y así no tengas un momento para replicarme… Quisiera comenzar recordando el día que te conocí, eras una niña regordeta con un aura de inocencia increíble, te noté en seguida y luego de un rato viéndote me di cuenta de lo patosa que eras, pensé en ese instante que debía encontrar la manera de hablarte, sin embargo era nuevo en la universidad y no sabía si tú también, fue mi primer error, mi primera cobardía el no hablarte… Cuando supe que estabas en mi clase fue una sensación de felicidad indescriptible, pero no sabía como hablarte, eras tan diferente a todas, día a día me sorprendías, ¡tenía tantas ganas de conquistarte!... Comenzamos siendo amigos, cuando quería dar el siguiente paso siempre me acobardaba, me rendí sin siquiera empezar y no sabes cuanto lo lamento
Cuando Jessica me propuso lo de la apuesta sólo me reí en su cara, pero después me pareció una excusa para invitarte a salir, mi plan era invitarte a cenar y si me rechazabas contarte de la apuesta, que lo tomáramos como un chiste y aceptaras sólo para callarle la boca a Jessica, pero cuando te lo propuse de nuevo me sorprendiste aceptando de una vez, estaba tan emocionado que me olvidé de la estúpida apuesta
Los siete meses que estuve a tu lado habían sido los más maravillosos de mi vida, seguido por los dos años de amistad que teníamos antes de todo eso, pero entonces Jessica me amenazaba con contarte todo si no rompía contigo y aceptaba salir con ella, me amenazó con hacer que despidieran a mi padre del hospital y destruiría todo lo que tenía, en ese momento me costaba bastante pagar la universidad y mi padre apenas y podía mantenernos, nunca quise decirte nada por vergüenza, pensé que me dejarías y eso no podría soportarlo
Le conté a mi padre, le dije todo, como estaba enamorado de ti y que no soportaría perderte, el me aconsejó que no reparara en su trabajo ni en nada de dinero, que ya veríamos como se iban dando las cosas y fue el día que decidí enfrentar a Jessica, el resto es historia, tú escuchaste la discusión, cuando me dijiste que me defendiera tenía demasiados pensamientos en la cabeza, y estaba aterrado por la posibilidad de que me mandaras al diablo, me paralicé tanto que no fui capaz de contestarte nada y tú te fuiste, lloré como un niño pequeño durante una semana, no quería dejar mi cuarto ni mi casa, mi madre comenzaba a preocuparse, a los siete días decidí buscarte, pero era tarde y ya no estabas
Bella yo nunca he sido bueno expresando mis sentimientos, no sabes como me cuesta escribir esta carta en este momento, pero no puedo permitir que pases el resto de tu vida odiándome, si no me aceptas como pareja quisiera al menos ser tu amigo, yo te amo Bella, te amé, y te amaré por siempre.
Siempre tuyo
Edward C.
Tenía una mezcla de emociones en este momento, estaba abrumada, triste, sorprendida, pero la que más predominaba era la felicidad, Edward si me había dicho que me amaba, lágrimas de alegría caían libremente por mi rostro y por primera vez en dos años completos no traté de detenerlas, estaba cansada de esta situación, tenía que dejar de mentirme a mi misma y admitir que amaba a Edward y que estar sin él me estaba matando
Tomé mi celular y tecleé un mensaje para Él ¿Puedes venir?, B, me encaminé a la cocina sosteniendo el teléfono como si estuviese en un naufragio y éste fuera mi salvavidas, en menos de un minuto me llegó su respuesta, Cinco minutos, E. Sonreí inconscientemente, coloqué las rosas en un jarrón con agua sobre el centro del comedor, sonreía como una idiota sin poder evitarlo. Cinco minutos exactos escuché el timbre de la puerta, en cuanto la abrí y vi a Edward sentí como si todo el aire en mis pulmones se hubiese atorado en mi garganta
Me dedicó una de sus sonrisas torcidas mientras me saludaba con un beso en la mejilla y yo lo dejaba pasar
– Estás hermosa – me dijo viéndome de arriba abajo, me sonrojé ligeramente
– Seguro, para un catálogo deportivo – le contesté con una sonrisa nerviosa, comencé a caminar hacía el sofá mientras le indicaba a él también que tomara asiento en el sofá de enfrente
– Leí tu carta – subí las piernas al sofá y apoyé mi barbilla en las rodillas
– ¿Qué te pareció? – me dijo mientras posaba sus brazos en el cabezal del sofá
– Me sorprendió – le dije honestamente, la verdad siempre pensé que Edward nunca estaría con una chica como yo
– ¿Por qué?
– Porque nunca pensé que quisieras a una chica como yo – le dije en un susurro mientras agachaba un poco la cabeza y mi flequillo cubría parte de mi cara
– ¿A qué te refieres con "una chica como tú"? – me dijo dibujando las comillas en el aire con sus dedos
– Ya sabes… Como yo… Tímida, introvertida, gorda… – Eso lo dije un poco más bajo, pero igualmente el me escuchó. Edward se levantó del sillón y se arrodilló frente a mi quedando a la altura de mi rostro
– Para mi eres la mujer más bella del mundo, sin importar que talla uses, ¿de acuerdo? – Edward tomó ligeramente mi barbilla mientras apartaba los mechones de cabello de mi cara
Me encontraba en una encrucijada, había una parte de mi que quería lanzarse sobre él en este instante y decirle que todo estaba olvidado, que volviéramos a ser como antes; pero había otra parte de mi que me decía que me lo tomara con calma, cuando comencé a salir con Edward nos habíamos hecho novios de inmediato, con sólo una cita y digamos que nuestra relación fue tan física como yo lo permití pero en estos momentos, teniéndolo tan cerca, no sabía qué demonios debía hacer.
