Disclaimer: Los personajes pertenecen a Suzanne Collins.
…
CAPÍTULO 7: PRESIDENTE SNOW
POV KATNISS
Han pasado poco más de dos semanas, Peeta se encuentra mejor pero sigue en el hospital. A mí me han dado de alta hace algunos días. Desde que lo vi, pasé unos tres días seguidos escabulléndome de mi habitación para verlo durante las noches. Al cuarto día, supe que despertó y lo cambiaron de habitación a una común –ha pasado por tres distintas, lo que significó que un paso más en su recuperación –y me permitieron verlo de forma oficial, desde que me dieron de alta pasé días y noches enteras cuidándolo y acompañándolo.
Nadie que trabaja en el hospital dice nada, todos se dan cuenta que resulta imposible alejarme de él. Hemos podido conocernos más, pero aunque no me he atrevido a revelarle mis sentimientos desde que está consciente, nos hemos besado muchas veces. Me gusta estar con él, acariciarlo y besarlo, a veces me encuentro buscando excusas para hacerlo o deseándolo. Peeta me tiene paciencia, sabe que es muy apresurado y quiere que vayamos con calma. Es feliz porque estoy con él a pesar de todo, y en ese aspecto puedo decir lo mismo respecto a mí.
Ahora estoy en mi habitación. Preparándome para hacerle una nueva visita a Peeta. Se suponía que no debía verlo hasta la entrevista, pero luego de saber que me escabullí varias veces, Haymitch cedió y no se opuso. Está genuinamente sorprendido, creo que no pensó que me preocuparía tanto mi compañero, le extraña la frecuencia con la pido que me lleven a verlo, pero sabe que Peeta me necesita también.
-Es bueno que se hagan compañía mutuamente y se apoyen. –Dijo una vez en el camino al hospital, en un tono que pareció esconder algo más profundo que no se animó a decir. –Lo necesitaran mucho de ahora en adelante.
Me voy al comedor, ya que es hora del desayuno. Justo después Effie me llevará hasta el hospital. Entre hoy y mañana le dan el alta a Peeta y eso me emociona, porque significa que se encuentra fuera de peligro. Debe seguir el tratamiento con medicación y visitas medicas periódicas al distrito, pero se pondrá bien y podrá volver a caminar como antes en un par de meses o semanas.
-Buenos días. –Saludo a los presentes, Effie y Cinna. Me siento entre medio de ambos y me saludan con un beso en la mejilla.
-Hola, querida ¿Cómo has dormido?
-Bien. Gracias.
No tuve pesadillas sorprendentemente, así que ha sido una buena noche.
-Pensamos que te quedarías con Peeta. –Agrega mi estilista.
-Él no está muy de acuerdo con que yo me quede descansando en el diván incomoda como he venido haciendo muchas noches. Me dijo que Portia lo cuidaría y acepté. Por cierto ¿todavía no llega?
-No. Portia sigue allí, supongo.
-¿Y Haymitch? –Pregunto extrañada de no verlo en la mesa.
-Salió. –Esta vez contesta Effie. –Un Agente de Paz vino a buscarlo. No me imagino el motivo.
-¿Eso es grave?
-No lo sabemos. –Contestan al unísono preocupados.
Me llama la atención porque ellos generalmente son alegres y en apariencia despreocupados. Excepto ella cuando incluso algo sin importancia la altera.
Effie me dice que apenas acabe de desayunar me llevará al hospital. Quiero saber si podemos traer a Peeta aquí o no. Sin embargo, cuando los tres nos dirigimos al ascensor de nuestra planta, que se abre de repente, dejándonos ver a Haymitch salir por las puertas.
-¿Qué sucedió? –Pregunta Cinna. El semblante de mi mentor es serio. Es evidente que algo anda mal, también lo notan los demás.
-Katniss, lamento decirte que tu visita al hospital tendrá que esperar.
-¿Por qué? –Pregunto.
-El Presidente Snow quiere verte. –Nos mira a los tres.
Me pongo pálida.
-No te preocupes, lo hace con todos los vencedores. –Intenta tranquilizarme.
-¿Por qué no espera a que le den de alta a Peeta?
-El presidente sabe que el chico está delicado. Hablará con él en otro momento.
Sus palabras no me convencen, por desgracia no tengo otra opción que ir, según Haymitch. Antes de que salgamos, me fijo en que las sonrisas de mi equipo son fingidas. Algo pasa y nadie me dice nada.
-No le digan a Peeta donde estoy. –Les pido a Effie y Cinna.
No quiero que se preocupe, porque así me sentiría si fuera al revés.
-No sabrá nada. –Promete mi estilista. Effie responde con una otra sonrisa y yo sigo a mi mentor.
Llegamos hasta un subsuelo donde hay un estacionamiento de vehículos. Haymitch pone una mano en mi hombro y me gira para que lo mire.
-Espera, es importante. –Me paralizo. –Sea lo que sea lo que te diga, deberás mostrar tu mejor expresión y en el futuro deberás obedecerle. Muéstrate sumisa, pero tranquila ¿escuchaste? Es el presidente, que quiera hablar contigo, no augura nada bueno.
-Tú sabes de qué se trata.
-No está feliz con el truco de las bayas, o lo que hiciste con Rue. Trajo consecuencias muy graves. Te lo digo para que estés preparada. Actúa normal y no pasará nada.
Temía que eso pasara. Por supuesto, todo tiene un justificativo. Me encariñé con Rue. Por otro lado, con Peeta siento algo que no sentí nunca por nadie, dejarlo morir no estaba en mis planes.
-Pero…
-Pero nada. Luego hablamos.
-¿Por qué no hablará con Peeta?
-Tú iniciaste todo, Preciosa. Incluso las bayas fueron tu idea, él te ama tanto que no te llevó la contraria.
-¿Y yo no? –Me aterra pensar que todo Panem piensa que lo que lo que sucedió en la arena es pura actuación y como eso pueda afectarnos a los dos. Tal vez al principio lo fue, pero después cambió. –Yo también estaba desesperada, Haymitch. No podía soportar perderlo.
-No te estoy diciendo lo contrario. Pero no es lo que los distritos piensan de ustedes. Eso es lo que le preocupa al Presidente Snow. Ponte en su lugar, puede ser la persona más cruel de Panem, pero es poderoso y no quiere perder lo que construyó por décadas.
Mis nervios aumentan al comprender la magnitud de todo lo que hice sin pretenderlo.
-¿Qué sucede en los distritos?
-Supongo que te enterarás en unos minutos. Ahora, sigamos.
Diez minutos después vamos camino a la mansión presidencial en una limusina. Durante todo el camino pienso en lo que Haymitch me dijo. Es demasiada información pero saber de lo que va a hablarme, me sirve para poner en claro mis ideas y saber cómo debo actuar. Si me guió por eso, Peeta y yo corremos peligro, y no puedo permitirlo.
Apenas soy consciente cuando llegamos. Solamente me doy cuenta, cuando un Agente de Paz nos abre la puerta para salir. Haymitch ha venido conmigo. Nos guían hacia la entrada principal de la casa donde nos recibe una mujer con uniforme color bordo. Nos dirigen por varios pasillos hasta que nos detenemos. La mujer entra para luego indicarme que puedo ir allí. Haymitch me sonríe y yo suspiro intentando tranquilizarme. Todos me hacen espacio y me adelanto hasta entrar. No hay nadie.
-El Presidente Snow estará con usted en unos instantes. ¿Se le ofrece algo señorita Everdeen?
-¿Agua? –Pregunto, porque de repente siento la garganta seca.
Ella se va una esquina donde sobre una mesa hay un bandeja con una botella cerrada de agua y copas grandes. Sirve en una copa y me la pasa.
-Gracias. –Digo aceptándola y dedicándole una pequeña sonrisa. Bebo bastante agua.
-De nada, señorita Everdeen, es un placer tener a uno de los vencedores de este año aquí.
Qué lástima que yo no lo vea del mismo modo.
-¿Cómo está su compañero?
-Mucho mejor. –Contesto a regañadientes. –Tal vez hoy le den de alta.
-Es una emocionante noticia.
La voz que escucho me causa terror, por suerte consigo sobreponerme rápidamente. No me debo mostrar tan débil frente a él. Únicamente tranquila.
-Presidente Snow. –Saludo y me pongo de pie, mirando a los ojos para no ser descortés, es la primera vez que lo veo tan cerca. Luce igual que en televisión.
Alto de piel blanca, cabello largo y barba como la nieve, sus facciones no parecen naturales. El hombre está completamente operado, sus labios se curvan en una sonrisa antinatural y sus ojos son como los de una serpiente. Intento convencerme de que todo estará bien, que no me debo preocupar a pesar de saber que es una completa mentira.
-Un placer conocerla en persona, señorita Everdeen. Toma mi mano, se inclina y deposita un beso en el dorso de la misma. Su aliento apesta a rosas y a ¿sangre? ¿Cómo puede ser? Yo reconocería ese olor sin dudar, he pasado casi tres semanas metida en esa arena viendo cuerpos sin vida, personas heridas, incluso yo misma. Me debo contener para no vomitar aquí mismo y hago un esfuerzo sobrehumano por no moverme y sonreír.
Deseo que Peeta esté a mi lado justo ahora. Él sabría cómo detenerlo, como interrumpir el incomodo momento, tal vez desviando la atención a otra cosa y hablándole de cosas que solamente él es capaz de decir en las peores circunstancias. Lo necesito.
Lamentablemente estoy sola y ocultando el miedo que siento ante la presencia del hombre.
-El placer es mío, Presidente. –Intento sonar cortés.
Él me sonríe de una forma que me resulta repugnante. Pero me limito a sonreír.
-Al parecer sus padres la educaron bien, sorprendente de una chica de La Veta.
-Mi madre era comerciante. –Contesto. –Nos enseñó a ser educadas. –Ahora mismo debo poner en práctica lo que mi madre me enseñó, si no quiero arruinar todo.
-Es bueno saberlo.
Él se aleja y da media vuelta hasta sentarse detrás de su escritorio.
-Siéntese, señorita. –Luego mira a la mujer, que al parecer es la sirvienta. –Señora Novak, tráiganos café para mí y nuestra invitada. ¿O prefieres té?
-Té, por favor. –Contesto mientras me siento.
-Entonces, un té para ella.
-Ya mismo, Presidente.
La mujer se inclina en señal de respeto como yo hice antes y sale del despacho.
-Así que, el señor Mellark se está recuperando.
-Así es. Gracias por los cuidados que le han dado. Significa mucho para nosotros. –Le contesto. No era una completa mentira. Le salvaron la vida cuando creí perderlo para siempre y estoy agradecida por eso. Pero eso no quita que sea culpa de ellos, que nosotros fuéramos a los juegos.
-Siempre cuidamos de nuestros vencedores y les ofrecemos lo mejor. Además, creo que todos pudimos ver lo desesperada que estaba cuando su corazón se detuvo algunas veces.
-¿Todos? –Pregunto sorprendida. –¿Nos filmaron en el aerodeslizador?
-Por supuesto. Fueron unas excelentes tomas. Todos en el Capitolio al verlo, estaban eufóricos y tristes al mismo tiempo. Deseaban que Peeta reviviera y que usted dejara de sufrir por casi perder a su amante. Se alegraron mucho cuando se informó que ambos estaban siendo bien atendidos en el hospital. La gente los quiere mucho aquí.
Algo en su tono me dice que eso no le agrada, pero no comento nada al respecto.
-Me he enterado que ustedes llevan bien su relación. Lo has ido a visitar durante las noches y días cuando aún no tenías permiso de salir de tu habitación. Te has estado preocupando mucho por él, y él por ti.
-¿Me va a recriminar el haberme escapado para verlo?
-Oh, no, querida. Efectivamente todos en el hospital lo sabian, y no dijeron nada. No creyeron que les hiciera daño a ninguno de los dos. Me pareció una hermosa muestra de amor que lo fueras a ver cada noche sin permiso, que le hablaras y cantaras al oído. Las personas en coma sienten y escuchan todo. Fue agradable saber que usted lo quiere genuinamente a él y él porque actuó como lo hizo con las bayas. No querías perderlo, porque lo quieres como nunca has querido a ningún chico y le debes muchas cosas del pasado.
Justo en ese momento, él aprieta un botón y una pantalla pequeña a un costado de la mesa muestra imágenes mías durante esa primer noche y las siguientes. Dije cosas reveladoras sobre nosotros dos, lo que siento por Peeta, lo mucho que lo echaba de menos y como mi deseo de que despertara siguió latente siempre. Me siento invadida. No pensé que nos estuvieran grabando en imagen y audio.
-Sin embargo, sería conveniente que esto llegara a oídos de los distritos. Yo creo en ustedes. Estoy seguro que ambos estaban tan desesperados que hicieron lo que sea para sobrevivir o morir juntos, porque no podían vivir el uno sin el otro.
Me relajo considerablemente al escuchar esas palabras. Internamente agradezco la presencia de micrófonos allí.
-Discúlpeme, Presidente Snow. Si usted sabe la verdad sobre nosotros en ese momento… ¿Por qué me habla de que sería conveniente que lo supieran los distritos?
-Oh, claro. Debí haberme explicado mejor. Usted no tiene modo de saber lo que pasa fuera del Doce o el Capitolio. Digamos, que ellos no lo tomaron del mismo modo, que fue visto en el Capitolio o por mi mismo –Señala la pantalla virtual que proyecta más videos de Peeta y de mí. –No puedo permitir que eso empeore en el futuro. Estamos a tiempo de evitar lo peor ¿no le parece? Pero antes de discutir un asunto tan importante. Me gustaría que llegáramos a un acuerdo.
-¿Cuál sería?
-Que acordemos no mentirnos y ser completamente sinceros el uno con el otro. ¿Acepta?
-Acepto.
El presidente sonríe. Mi corazón late desesperado, mis manos empiezan a sudar, pero mi expresión no demuestra nada de aquello.
-Empezaré yo. Usted me preguntó sobre los distritos. A mis asesores y a mí nos preocupa la repercusión que tuvo el truco de las bayas. No cuestiono sus razones, es muy noble lo que hicieron para protegerse. Lamentablemente, en muchos distritos fue tomado como un acto de desafío, no importa que tan enamorados estén. Y si dos chicos del Distrito Doce, pueden hacer semejante cosa y salir impunes. ¿Qué les va a impedir a ellos hacer lo mismo? ¿Qué hay que predecir, digamos, un levantamiento futuro?
Abro los ojos sorprendida, esto no lo dijo Haymitch. No entendí que sucedía realmente hasta ahora.
-¿Hubo levantamientos?
Lleva un momento el que esta frase surta su efecto. Después todo su peso me golpea.
-Aún no. Ustedes han ganado hace dos semanas, no es mucho tiempo. Pero vendrán si el curso de las cosas no cambia. Es sabido que los levantamientos llevan a la revolución. –El Presidente Snow se frota un punto sobre la ceja izquierda, el mismo punto donde yo misma tengo jaquecas. – ¿Tienes idea de lo que eso significaría? ¿Cuánta gente moriría? ¿A qué condiciones tendrían que enfrentarse los que sobrevivieran? Cuales quiera que sean los problemas que alguien tenga con el Capitolio, créame cuando lo digo, si este liberara su agarre sobre los distritos siquiera por un corto período, todo el sistema colapsaría.
Me desconcierta su franqueza e incluso la sinceridad de su discurso. Como si su preocupación primaria fuera el bienestar de los ciudadanos de Panem, cuando no hay nada más lejos de la realidad. No sé cómo me atrevo a decir las siguientes palabras, pero lo hago. Y tras decirlas me siento estúpida, porque esto es justamente lo que Haymitch me prohibió.
-Debería de ser muy frágil, si un puñado de bayas puede tirar abajo todo el sistema.
Hay una larga pausa en la que me examina. Después se limita a decir:
-Es frágil, pero no en la forma en que supones.
No supongo ninguna manera, en realidad y no entiendo a que se refiere él. Aún así, me quedo callada.
Se escucha un golpe en la puerta, y luego la mujer entra cuando el Presidente le indica que pase. Deposita la bandeja sobre la mesa y nos sirve a ambos. Tomo dos azucarillos y se los agrego al té, mientras revuelvo y hago de cuenta que no hay nada más importante que eso.
Necesito serenarme y poner mis pensamientos en orden. No puedo volver a cometer errores como el de recién. La mujer pregunta si se nos ofrece algo más y luego se va cerrando la puerta tras ella.
-No pretendía empezar ningún levantamiento. –Le digo levantando mi mirada hacia él, luego de beber un sorbo del contenido. –Yo únicamente pensaba en Peeta, en salvarlo porque moriría de una forma u otra. No quería volver sin él. Prefería morir junto a él, antes que perderlo.
Aunque es la verdad, odio tener de hablar de Peeta frente a este hombre. Temo lo que le pueda hacer a él, si sabe lo importante que él es para mí.
-Te creo. No importa. Tu estilista resultó ser profético en su elección de vestuario. Katniss Everdeen, la chica que estaba en llamas, has proporcionado la chispa que, de quedar desatendida, puede aumentar hacia un infierno que destruya Panem.
-¿Por qué no me mata ahora?
-¿Públicamente? Eso añadiría mucho fuego a las llamas.
-Arregle un accidente, entonces. –Propongo.
-¿Quién se lo creería? No tú, si estuvieras mirando. ¿De verdad estás proponiendo que te maté? –Pregunta incrédulo mientas sostiene su taza.
-Solamente trato de entender. –Contesto. –Entonces dígame lo que quiere que haga y lo haré. No pretendo que esta situación empeore y Peeta tampoco.
-Hay una lista larga de cosas que quiero que usted y Peeta hagan. En primer lugar, hablaré de la entrevista. Ya le dije, estamos a tiempo a tiempo de evitar lo peor, sin necesidad de llegar a extremos.
-¿Qué hay de la entrevista?
-Quiero que sean tan abiertos a sus sentimientos como puedan. Quiero que su romance se vea reflejado aún más en esa entrevista. La he llamado, porque no creo que eso sea un problema para Peeta Mellark, pero usted es menos demostrativa y más… tímida frente a las cámaras. No creo que sea necesario para ninguno de ustedes fingir, porque es evidente que se quieren. Convenzan a los distritos que estaban tan desesperadamente enamorados que no sabian lo que hacían, que en ningún momento pensaron en desafiar al Capitolio, que fue un acto de amor. No se corten con las demostraciones de afecto. Apunten alto, convénzanme a mí, al Capitolio y a todos los distritos. No sería más de lo que hicieron en el hospital, o en la arena.
-Eso no parece difícil. –Le digo.
De hecho no lo es. Si dejo mi incomodidad a un lado y demuestro la manera en la que me siento con Peeta, puede funcionar. Aunque me gustaría mantener en la intimidad todo lo que respecta a nosotros, veo que no será posible.
-No lo es. Luego de eso, habrá una fiesta en honor a ustedes en esta mansión. A medianoche volverán al tren que los llevará al distrito. Por dos semanas habrá fiestas y reuniones a las que deben asistir. Habrá movimiento en el Distrito Doce y muchas cámaras. Quiero más de lo mismo. Amor juvenil. Amor real.
Me toma un buen rato asimilar lo que realmente quiere. Desea que nosotros nos convirtamos en una distracción para mantener a las masas controladas. Es entendible, como presidente no renunciará a su poder. Pero este hombre me repugna, porque los distritos vivimos en la miseria, mientras que él vive de nuestro trabajo. Yo entendería a las personas que montaran levantamientos en su contra, aunque ese pensamiento lo tengo prohibido.
Asiento.
-He comprendido. ¿Algo más?
-Tengo una pregunta, más bien. ¿Qué relación tiene usted con el joven Hawthorne? ¿Sabe que hemos tenido que hacerlo pasar por su primo?
-¿Primo? –Pregunto sorprendida.
La verdad, hace semanas que no pienso en él. No entiendo porque lo harían pasar por mi primo. Ni siquiera porque lo involucran si no es un familiar directo. Luego se me vienen a la mente las entrevistas. ¿Ellos participaron?
-Sí, no podíamos permitir que Panem pensará que no eran familiares. Usted dijo que Peeta no tenía competencia en ninguna parte.
-Y no la tiene. –Respondo esta vez con sinceridad. –Peeta es el único chico con el que he tenido… algo. Nunca me ha interesado nadie más.
El Presidente Snow sonríe ante mi respuesta
-Me satisface escuchar esa respuesta. Pero me incomoda un poco el asunto con su primo, no me da buena espina.
Parece sorprendente que lo diga la persona que deja se mueran veinte y tres niños y adolescentes cada año.
-Él es mi amigo. Nunca ha habido nada más que eso. No lo quiero de otra forma.
-¿De otra forma? ¿Se refiere al incipiente enamoramiento que siente por su compañero?
Enamoramiento. No he cuestionado realmente lo que siento por Peeta. Pero sé que no lo quiero como a un amigo. Cada día que pasa lo necesito y deseo mucho más de él, como si se tratara de una droga. Disfruto cada beso que nos damos, cada caricia, cada abrazo, dormir a su lado, sentir la calidez de su cuerpo cerca del mío ¿ese es el comienzo de un sentimiento como el que se tenían mis padres? No quiero pensar en eso ahora, sé que cuando estemos en el Distrito Doce, tendré mucho tiempo para reflexionarlo. Aunque no sé si estoy preparada para una relación.
-Me refiero a eso. –Tampoco está mal definirlo del modo que Snow lo hace. Como un sentimiento que empieza a emerger. Si, es eso. Pero tal vez de un modo más profundo, porque con Peeta nos unen tantas cosas imposibles de borrar y olvidar. A Gale nunca lo vi de esa forma a pesar de conocerlo hace cuatro años, él no me despierta nada más que un cariño de hermanos. –No hay nadie más que Peeta, Presidente Snow.
-Eso es perfecto. Yo incentivo a mis vencedores que mantengan relaciones estables, con sólo una persona. Algunos las mantienen en secreto un tiempo y luego forman unas hermosas familias con esas personas. Deben dar el ejemplo al ser figuras públicas. Aquí celebramos el amor verdadero.
Cecelia, es una vencedora casada hace décadas con un hombre y con hijos hermosos. Supongo que a eso se refiere Snow con la familia ideal.
-Pero no todos están casados. –Digo.
-Algunos prefieren la soltería. –Me contesta con calma. –Disfrutar de todas las ventajas que les ofrece el Capitolio. Es decisión de cada uno.
Entiendo que se refiere a Finnick, Johanna, Cashmere, Gloss, Brutus, Enobaria y otros que suelen aparecer en televisión con sus nuevas conquistas capitolinas. No entiendo cómo se venden a esas personas.
-Me quedaron claros cuáles son sus sentimientos. Pero no me gustaría encontrarme con sorpresas cuando regrese al Distrito Doce, a veces lo que es una amistad para uno, significa mucho más para el otro. Quiero evitar que algo malo ocurra. No quiero que lo que usted y el señor Mellark están construyendo se destruya por alguien que intente separarlos. Hacen una adorable pareja como para pasar por eso.
Suelta esa frase como si de verdad le interesara ayudar. Pero estoy perdida y no entiendo donde se está dirigiendo la conversación. ¿Quién sería capaz de destruir lo que tengo con él? No entiendo, no hay nadie interesado en mí, y yo nunca me he interesado en nadie hasta que apareció Peeta confesando que me ama.
-Me temo que me he perdido. ¿Podría ser más específico?
-Por supuesto, me gusta que los puntos queden claros también. Es simple. Quiero que usted rompa cualquier vínculo con Gale Hawthorne, en este caso el de amistad. No más salidas al bosque para verse, no más tardes juntos, no más paseos por el distrito, o por El Quemador. –Ante mi expresión sorprendida por todo lo que ha dicho, ya que sabe de mis actividades ilegales, él agrega. –Me lo terminará agradeciendo. Considérelo como el tiempo que gana y que podrá pasar con Peeta haciendo lo que quieran. Podrán conocerse y profundizar la relación que están empezando. Disfruten de esta segunda oportunidad que les da la vida sin complicaciones.
"Sea lo que sea lo que te diga, deberás mostrar tu mejor expresión y en el futuro deberás obedecerle. Muéstrate sumisa, pero tranquila ¿escuchaste? Es el presidente, que quiera hablar contigo, no augura nada bueno."
¿Me está prohibiendo ver a uno de mis dos mejores amigos, porque teme que eso afecte en algo mi relación con Peeta? Parece una locura.
-¿Me está diciendo que nunca más podré hablarle? –Le pregunto para sacarme la duda.
-Si quiere verlo de ese modo, si. Nunca más hablará con él, ni lo verá a solas. No se olvide que la estaré vigilando. Habrá cámaras y tengo informantes en el distrito entero. Así como me enteré de cosas de su pasado, yo sabré si usted no sigue mis consejos y advertencias; o si hace lo contrario. Yo les dije a mis asesores que usted es una chica inteligente y desinteresada, que hace todo por proteger a las personas que quiere y preservar sus vidas, jamás cometería un error. Lo ha demostrado al presentarse voluntaria para salvar a su hermana y al proteger a Peeta. Confío en que usted es capaz de darse cuenta la magnitud de mis palabras, y lo que puedo llegar a hacer, si rompe las reglas. Estoy seguro que jamás pondría a Peeta, Prim, su madre, sus… primos y su tía en peligro ¿me equivoco?
Me quedo unos segundos sin responder. Me aterra darme cuenta que la supervivencia de las personas que quiero está en mis manos. Snow es peligroso y no puedo permitir que toquen a Peeta o mi familia por hacer una estupidez. Si debo renunciar a una amistad, lo haré.
-No se equivoca. –Contesto segura.
-De todas formas suele suceder, que luego de que una persona es coronada vencedora, al volver al distrito los amigos que tenían les dan la espalda. Tal vez ni siquiera sea necesario evitarlo.
Pienso en Haymitch y sé que eso es verdad. Él debió tener una familia, amigos. Pero luego del Segundo Vasallaje de los Veinticinco, se convirtió en un hombre solitario, según mi madre. Me parece una forma muy cruel de vivir.
Pero sé que mi madre y Prim no me abandonarán nunca y también tengo a Peeta. No estoy muy segura de los demás. Tal vez Madge ya no quiera tener a una asesina como amiga. Y Gale odia a todo el Capitolio, no entendería jamás que mi opinión sobre ellos ha cambiado. No son todos unos monstruos y si en mi equipo hay buenas personas, significa que hay más personas como ellos, aunque no sean una mayoría, hacen la diferencia. De todas formas ya no importa. Si quiero proteger a los que amo, debo dejar parte de mi vida atrás.
-Haré lo que usted me pide. –Prometo.
Pienso en Prim sería tan fácil que ella saliera cosechada, le puede hacer daño sin que nadie sospeche que es intencional. Es más difícil que dañen a Peeta, porque el presidente me dijo que a mí no puede matarme sin que la gente empiece a sospechar y me convierta en mártir de la causa. Lo mismo pasaría con él, supongo, al ser vencedor, ser tan querido en el Capitolio, y no seguir las reglas al igual que yo. Pero me aterra pensar que algo pueda pasarle. Incluso a mi madre, ¿Cómo se la quitaría de encima para castigarme? No puedo permitir otra perdida en mi pequeña familia. Por último, los pequeños de la familia Hawthorne ¿Qué pasaría si van a los juegos?
-Me alejaré de mi primo. –Le digo como si no me afectara en lo más mínimo. Es cierto, luego de pensar que perdía a Peeta y Prim, o ir a los Juegos, este pedido no es nada en comparación.
-Qué bueno que nos vayamos entendiendo. Entonces, creo que no tendremos problemas.
Sonrío.
-No los tendremos. –Afirmo.
-Espero que usted y el señor Mellark disfruten de sus citas, aquellas que están planeando de regreso al distrito. Y en unos meses, cuando nos veamos nuevamente quiero tener noticias de ustedes.
Tal vez si no fuera Snow quien me dice eso me ruborizaría. Pero dentro de mí solo hay lugar para el miedo. Escuchó todas y cada una de las palabras que nos dijimos. Soy consciente de que no acabará aquí. Este es el comienzo, nos seguirá espiando en el distrito.
-Por supuesto, Presidente Snow. –Me obligo a contestar cortésmente. El té me lo he terminado, no son como los del distrito, estos están procesados y son mucho más refinados, parece ser una combinación de rosa mosqueta y manzanilla. –Peeta es un excelente chico. –Agrego.
-Y la ama. Dio su vida por usted. Espero que sepa valorarlo.
-Lo valoro.
-Envíele saludos de mi parte y dígale que le deseo una pronta mejoría. Aunque probablemente pueda decírselo en persona en la fiesta.
No quiero que se acerque a él. El instinto que me mueve a protegerlo hace que esa idea resulte horrible. No lo quiero cerca de Peeta. Sigo en la arena, los juegos no han acabado aún. Peeta y yo seguimos corriendo peligro, pero principalmente temo por él.
Tengo ganas de gritarle a Snow, que no se atreva a mirarlo a mi Peeta siquiera. Que no le haga daño, que me ofreceré a lo que sea que quiera hacernos, en lugar de él. Porque si me he sacrificado una vez por él, lo haré muchas veces más.
Pero decir eso, no sería algo inteligente de mi parte.
Otro golpe interrumpe el silencio incomodo, porque me he quedado sin palabras. Un hombre entra y le avisa de una reunión que tiene en media hora.
-Es una lástima que se nos haya acabado el tiempo. Puede retirarse con su mentor. Los Agentes de Paz la guiarán hasta él. Gracias por su tiempo.
Yo asiento y me pongo de pie.
-De nada.
Luego de despedirme, me dirijo a la puerta. Hasta que su voz me detiene en seco.
-Katniss. –Me llama por primera vez por el nombre. –No se olviden que los estaré vigilando. Adviértaselo a su novio. Los errores se pagan caro. Es mejor prevenir, que sufrir las consecuencias y luego lamentarse. Están a tiempo de hacer las cosas bien. –Al ver que no respondo continúa. –Nos veremos mañana en la coronación. Mientras tanto, disfruten de su estadía en el Capitolio.
No me permito exteriorizar mis pensamientos y sentimientos de inmediato, salgo del despacho, sigo a los Agentes de Paz, me reúno con Haymitch con quien únicamente me comunico con la mirada, volvemos a entrar en la limusina. El viaje hasta el Centro de Entrenamiento se hace eterno. En mi estado actual se me quita todo deseo que visitar a Peeta. ¿Con que cara lo miraré sin preocuparlo? No soy buena fingiendo y no me parece justo angustiarlo cuando recién se está recuperando.
Espero a llegar a nuestro piso, no hay nadie a la vista.
-Preciosa. –Me llama la atención mi mentor cuando estamos en el living. Pero lo ignoro, corro hasta mi habitación con la idea de encerrarme allí y poder descargarme, pero antes de que me marche mi mentor se inclina a mi oído y me susurra. –Cuando te sientas preparada, hablaremos en el tejado. –Yo lo observo por primera vez derramando las lágrimas que contuve durante todo el trayecto. Afirmo con la cabeza imperceptiblemente y Haymitch me sonríe. Luego me abraza. Me sorprende el gesto, resulta reconfortante. –Todo estará bien, Katniss. No dejaré que él les haga daño. –Hasta ahora no me doy cuenta que mi cuerpo tiembla visiblemente. Me guía hasta la habitación y yo me recuesto en la cama. Él desaparece hacia el baño, no sé para qué. Pasan diez minutos hasta que aparece nuevamente secándose las manos con una toalla. Diez minutos en los que no he dejado de tiritar bajo las mantas. –Te he preparado el jacuzzi. Te ayudará a relajarte y poner en orden tus pensamientos.
Al parecer ha decidido dejar su sarcasmo a un lado y preocuparse por mí. Él parece ser completamente consciente de mi situación, tal vez pasó por algo similar y sus seres queridos pagaron por ello. Esto último explicaría porque siempre está solo. Tal vez no fue decisión suya, convertirse en un hombre casi ermitaño en su propio distrito.
No me muevo, me quedo recostada donde estoy, hasta que Haymitch tira de las sabanas y mantas y me destapa.
-Katniss, levántate ya. –Hago de cuenta que no lo escucho. Escondo la cabeza en la almohada aún llorando en silencio. Es muy raro en mí, pero ahora el peso de haber fallado y saber que mis acciones pueden repercutir en el destino de mis seres queridos me mata. Siento el colchón cediendo en un sector ante el peso de algo. Es Haymitch que se sienta a mi lado. Pero me sorprende cuando me alza y me lleva al baño, para luego depositarme en el suelo y cerrar la puerta con llave. Me quedo mirándolo sorprendida. –Aquí no hay cámaras, ni micrófonos. –Me explica en voz baja.
-¿Qué haces? –Le pregunto. –No quiero bañarme.
-Sí, lo harás. Luego de intercambiar algunas palabras conmigo. Saldré del baño para dejarte sola, e intentarás relajarte.
Su tono cambia a uno autoritario y luego al decir lo siguiente vuelve a su tono normal.
-Mira, Katniss. No sé qué te ha dicho el presidente. Pero debió ser muy grave para que reacciones así.
-Todos están en peligro, Haymitch. Nosotros, mi familia, la de Peeta… todos. Me dijo que debemos resultar convincentes para que no queden dudas que actuamos por amor y no por desafío.
-Pero eso fue lo que ocurrió. ¿Por qué crees que resultará difícil convencerlos?
-No es eso. Somos dos jóvenes contra todo el país. ¿Si no alcanza con demostrarlo en entrevistas, cenas y bailes? ¿Y si a pesar de demostrar que actuamos por desesperación como realmente pasó, la gente se rebela de todas formas?
-Las cosas se complicarían, definitivamente. Pero deben concentrarse en lograr calmar al pueblo. ¿Podrán hacerlo? Cuéntame todo lo que ocurrió.
Le cuento todo. Las amenazas, los pedidos. Hasta los detalles banales que podrían significar más de lo que pienso. Termino con la aterradora amenaza que me soltó cuando estaba saliendo, que claramente iba dirigida tanto a mí, como a Peeta. Cuando le pregunto qué debo hacer, me responde que va a pensarlo y que a medianoche vaya al tejado. Como Peeta debe seguir haciendo reposo y no moverse demasiado es mi tarea decírselo del modo más discreto posible. También me informa que las habitaciones no tienen cámaras, pero sí micrófonos. Me dice que si quiero puedo decírselo de forma verbal o escrita. Si es escrita debemos quemar las hojas que utilicemos para comunicarnos de inmediato. Después, se va. Dejándome pensando en muchas cosas y a la vez llena de dudas.
…
A/N: Al fin pude editar el capítulo para publicarlo. ¿Les gusto este capítulo? Seguro no lo esperaban en este momento, pero ya que haré cambios, la charla con Snow se da ahora, y además de la entrevista y coronación, habrá una fiesta (como la de En Llamas). También creo que adelantaré el Tour de la Victoria, porque quiero tratar un tema que Vianey Santana propuso en los primeros capítulos. Para que no se haga tan extenso, escapen en el tiempo indicado, pero antes disfruten de ciertas cosas, y a la vez sean manipulados por el Presidente Snow a tal punto que opten por escapar para evitar un mal peor, decidí hacer cambios que ya están en mi mente. Pero de todas formas les pregunto ¿Les gustaría leer algo en particular en los próximos capítulos antes de la vuelta al Doce o una vez que lleguen al distrito? Lo tendré en cuenta.
Gracias Lui . Nott y Vianey Santana por el deseo de mejoría. Estoy mejor, cuando fui a la doctora me dijo que tengo sinusitis, pero me siento considerablemente bien, estoy con antibiótico y una pastilla efervescente para la tos. Creo que esta vez es la definitiva, ahora siento mejoría. En Argentina los días están muy raros para ser otoño, jamás había echo tanto frío, ni ha llovido con tanta frecuencia en otoño. Digamos que es extraño que alguien no se enferme en este otoño en particular. No se preocupen, no es nada grave.
El siguiente capítulo será como el adelanto que publiqué antes "Everlark" pero le haré modificaciones, siempre se te ocurre algo más o quieres quitarle alguna frase sobre la marcha. Pero si lo han leído ya saben que viene, cuando publique el siguiente capítulo eliminaré el adelanto, que se ubica en el Chapter 9, si quieren darle una leída.
Saludos,
Lucy.
P.D: Próximamente actualizaré VOLVIENDO A TI, tengo el capítulo a medias.
