Dejo los lineamientos de siempre.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo —
"Pensamientos".
Advertencias:
Posible OoC en los personajes.
OC.
No apto para fans SasuSaku o NaruHina.
Género: Romance | Drama.
Clasificación: T | M.
Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.
Nota de Autor:
Capítulo reeditado.
Capítulo 11.
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«Proceder con honestidad en aras de la dignidad del hombre es el compromiso más trascendente en nuestro corto paso por este mundo».
Anónimo.
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Terapia.
Se encontró recorriendo pasillos, largos, lúgubres y desolados de esa enorme mansión. Hasta que finalmente llegó a unas instalaciones con un amplio, muy amplio y verde jardín.
Habían varios miembros del Clan practicando, entre ellos estaba Hanabi, a simple vista y según el mismo Naruto, era la que más potencial como kunoichi tenía de las dos herederas del Souke. Sin embargo, el patriarca no lo consideraba así. Ni siquiera de su hija mayor, a la cual desplazaba siempre que tenía oportunidad.
— Hanabi — llamó Hiashi, con ese tono de voz potente y delegado.
Hiashi Hyūga tenía ese tipo de voz y presencia que denotaba autoridad, su tono vocal demandaba respeto. Y no necesitaba alzarla para ser escuchado, así, generaba escalofríos.
La reacción de todos fue inmediata, pronto paralizaron todo y le miraban mientras hacían una reverencia respetuosa, que él hombre no se molestó en atender. Hiashi estaba únicamente centrado en que su hija menor respondiera con la rapidez adecuada y requerida.
— Padre, ¿en qué puedo servirle? — articuló, para sorpresa de Sakura, con una deferencia que daba escalofríos.
— Uchiha-san ha venido para ayudarte con tu entrenamiento— respondió él, luego se volteó hacia a Sakura y ésta no pudo evitar dar un respingo del susto —. Las dejo solas, termine cuando lo crea conveniente, Uchiha-san.
Se retiró con un asentimiento de cabeza, sin esperar respuesta. Sakura lo siguió hasta que desapareció detrás de una puerta, luego miró a Hanabi que pareció no dar por sentado nada más que el hecho de que su padre se iba tal y como llegó.
— ¿Uchiha-san?
El llamado de Hanabi la despertó de su letargo, parpadeó y la miró con una sonrisa.
— No es necesario tanta formalidad, Hanabi-san, dime solo Sakura.
La pequeña castaña la miró con indecisión, insegura de sí debía realmente hacer lo que le decía, como si en el fondo esperara que su padre apareciera y la castigara por tener algún tipo de irrespeto con sus mayores.
— Puedes decirme Uchiha-san cuando tu padre esté presente — sugirió, sabiendo de antemano que ella sabía lo que pensaba.
La pequeña Hyūga le sonrió, aliviada de la comprensión y agradecida, porque era la primera persona que sin palabras podía entenderla.
— Bien, muéstrame lo que puedes hacer con tu chakra.
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Cuando Naruto dijo que Hanabi no tenía un buen dominio del control de chakra mentía… ¡Tenía un pésimo control de chakra! ¿No se suponía que era del Clan Hyūga? ¿Cómo puede no dominar su chakra a la perfección?
Decir que casi le saca el ojo con aquel pequeño hilo de chakra es decir poco… Bueno, tal vez exageraba un poco, pero sí tenía un control bastante deficiente.
— Es todo por hoy, Hanabi-san — la detuvo, antes de que el sobre esfuerzo le pasara factura.
Los familiares que estaban más cerca tomaron una distancia prudente, no por miedo, sino por seguridad a sus integridades físicas.
"Seguro que no tiene nada que ver el hecho de que por poco los parte en dos ¿verdad?"
Oh, ese adorado sarcasmo proveniente de su amada consciencia.
"Ya cállate".
— Muchísimas gracias, Sakura-san — reverenció la pequeña Hyūga, si bien esperaba que le quitara el calificativo que le llamara por su nombre ya significaba algo ¿no?
— De nada, Hanabi-san — le sonrió.
Una sonrisa agotada, pues el entrenamiento les tomó más tiempo del esperado y apenas consiguió que controlara su chakra en un treinta por ciento, tarea difícil pero como bien sabía la peli-rosa, no era totalmente imposible.
— Hanabi-sama — llamó aquella impasible voz, se había vuelto tan familiar que la reconocería hasta en medio de un griterío en una plaza atiborrada de gente.
Ambas chicas voltearon hacia Neji, quien inmutable como siempre se encontraba a escasos metros.
— Lord Hiashi le necesita en el despacho — informó.
Al escucharlo hablar, a Sakura le parecía como si él estuviese hablando con un desconocido y no con su propia familia. Como si no tuvieran relación familiar más allá de la sangre y el apellido, pero solo eso.
— Gracias, Neji-nii-san. Con su permiso, Uchiha-san — se giró hacia ella y dio una ligera reverencia.
Los dejó solos, cuando Sakura se dio cuenta de su situación comenzó a sentir los estragos del nerviosismo y los recuerdos de cada acción le vinieron de golpe. Inevitablemente enrojeció, de una forma sutil y palpable.
Neji la miraba fijamente, como si con esos ojos opalinos buscara algo en su interior. Como si pudiese desnudar su alma y leerla por completo, sin caratulas.
"Lo que quieres es que te desnude de otra forma…", como siempre, su consciencia aparecía con sus perversiones para aumentar su de por sí, gran bochorno.
"¡Cállate quieres!".
Pasaron unos minutos en los que se sumergieron en un silencio envolvente e incómodo. Realmente no se sentía bien siendo observada por el próximo líder del Souke.
— ¿Has sentido alguna molestia? — preguntó, tratando de romper la tensión.
Si Neji estaba sumido en algún tipo de pensamiento no se dio por enterada, pues tratar de adivinar lo que pensaba era como girar a la ruleta rusa. Nunca sabes si ganarás.
— Dolor de cabeza — contestó él.
Neji era un hombre de pocas palabras y ella, una mujer de acciones rápidas.
— Es normal, se te pasará en unos días — respondió rápidamente.
Él asintió nada más, y a ella volvió aquel desagrado del principio generada por el silencio.
— Te acompaño a la salida — soltó de repente el Hyūga.
Sakura comprendió que era hora de irse, aparte porque ya era tarde, seguramente para él su presencia en la casa no era del todo grata. Lo que en el fondo, le hizo tener un ridículo sentimiento de desazón.
— Claro, gracias — murmuró la peli-rosa, con una sonrisa fingida.
El castaño, siendo un caballero le cedió el paso y se hizo a un lado esperando que ella iniciara la marcha. Sakura lo comprendió a la perfección y empezó a andar a paso lento, aguardando ser seguida por el hombre. Pronto empezaron a pasar por una serie de pasillos que la mareaban por momentos, esa mansión era tan laberíntica como la torre Hokage. Seguramente por esa razón él insistió en acompañarla a la salida.
Tan pronto llegaron a la salida él abrió la puerta, para Sakura esa serie de acciones le decían que no era bienvenida, por lo menos para Neji. Y que deseaba que se marchara lo más pronto posible para poder descansar de su presencia, claro, ese era el pensamiento de Sakura.
— Muchísimas gracias, Neji-san — le agradeció con una leve reverencia.
Él no contestó y ella tampoco lo esperó, se dio media vuelta y caminó tan rápidamente como su orgullo le permitió. No le daría el gusto de verla prácticamente huir de ahí, no sería de buena kunoichi. Tampoco de fidelidad a su carácter.
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Pasó una semana más, mientras trabajaba incansablemente en los demás patrones para completar el sello más complejo. Su marido llegó de aquella larga misión, la cual esperó no se tornara tan extensa y sus ruegos a cualquier santo que la escuchara mientras hablaba se cumplieron. No había vuelto a casa de los Hyūga, ya que el mismo Hiashi le marcó el día en el que Hanabi podía tener los entrenamientos con ella y los demás los ocupaba para las labores del Clan.
Sí. Naruto le dijo que ninguna de las dos chicas estaba capacitada para tomar el puesto como líder absoluto del Souke, no significaba que no continuarían con sus deberes como miembros de la familia, sobretodo, siendo las hijas del actual líder. Ya que, aunque Hiashi no fuese el líder, no significaba que se desligarían totalmente de sus deberes para con el Clan.
Sin embargo, la tarea que ocupaba a Sakura en ese preciso momento no era otra cosa más que estar con su marido frente a un terapeuta que les había hecho una pregunta, a juzgar por su punto de vista, ridícula.
Porque aquel hombre de mediana edad, bien conservado y culto. Les pidió que se presentaran y hablaran un poco de ellos, de sus ocupaciones y aficiones. Lo que a vista de su marido fue absurdo, pero igual contestó, de la misma forma que lo hizo cuando se presentaron en el Equipo 7. Indiferente y profundo, solo que esta vez no tenía un propósito concreto.
Hablaron un poco de sus trabajos y de sí mismos (claro, más ella que él que contestó un par de hmp y ya), aclarando ciertos aspectos que aquel hombre de ropa de marca y gafas anotaba en una pequeña libreta con revestidura de cuero en color café.
Seguido de eso, llegó aquella fatídica pregunta que Sakura recordaría por el resto de su vida.
— ¿Alguna vez han pensado en alguien más aparte de su pareja, o se han visto como pareja de esta?
— No.
— Sí.
Dos respuestas al mismo tiempo, dos respuestas diferentes que ella no esperó.
— ¿Qué? — indagó la peli-rosa, a media voz mientras giraba lentamente la cabeza hacia su marido.
Sasuke no lo demostró en ese momento, pero sabía que acababa de meter la pata. Y hasta el fondo.
— ¿Tú no lo has pensado? — lo hecho, hecho estaba y no había vuelta atrás. Al final, algo bueno podría sacar.
La mirada abismal de su esposo no contrastaba con la espantada y dolida de la mujer de cabellos rosa.
— ¡No! ¡Claro que no! — contestó, alarmada de la posibilidad de que él si lo pensara.
El hombre de elegante vestimenta los veía en silencio, analizando el comportamiento e interacción entre la pareja, descendió un poco sus gafas en un sensual movimiento que pudo haber sido captado por cualquier mujer y ruborizado por lo mismo. Pero su atención estaba centrada en la pareja, y la única fémina se ocupaba de mirar al hombre de cabellos oscuros con extremado espanto.
La habitación se tornó en un silencio interesante y tenso, interesante para el terapeuta que analizaba sus acciones y entorno, pero tenso para la pareja que parecían un par de cuerdas de guitarra a medio afinar.
— ¿Tú sí? — murmuró Sakura.
En su rostro se pintaba la duda y la esperanza de que a su marido no se le hubiera cruzado por la mente esa idea.
— Alguna vez…
La respuesta no fue la que esperaba, y el dolor tiñó sus facciones al igual que su mirada. Un pequeño trozo de cristal se desprendió de su corazón nuevamente.
— ¿En…?
Antes de que Sakura terminara su pregunta, el reloj del psicólogo pitó anunciándoles que su hora había terminado. La kunoichi se sobresaltó, y le dio un motivo a Sasuke para no continuar esa conversación enfrente de un extraño. Según él, no les ayudaría en nada para recuperar su de por sí, ya perdido matrimonio.
— Bien, el tiempo se ha acabado — anunció el hombre quitándose las gafas y descruzando la pierna —. Ambos piensen en todo lo que se ha hablado en esta sesión y nos veremos la próxima semana — los despidió.
Sasuke asintió y Sakura no dijo nada. Aún estaba en shock por lo que su esposo acababa de decir…, él si pensaba en otra persona aun después de su matrimonio y no tuvo el valor de decírselo, ¿o lo dijo solo porque sí?
Ambos salieron del consultorio y empezaron a caminar hacia su casa, pero ninguno dijo nada. Iban sumidos en un rígido y sepulcral silencio, los dos pensando cada cosa que dijeron en la primer sesión de pareja.
Esa primera sesión no estuvo del todo mal, no, al contrario. Gracias al terapeuta lograron ver puntos que ninguno tuvo la decencia de valorar. Como el hecho de que Sasuke pasaba más horas en misiones y fuera de casa que con su esposa, o el hecho de que también Sakura hacía lo mismo. Parecía más casada con su trabajo que con su marido. Y aunque quiso rebatir ese punto con aquello de que, los que estudiamos medicina estamos casados en cierta medida con ella, no lo hizo. Al final sabía que no ayudaría en nada, solo complicaría las cosas y era lo que menos quería. Sin contar que en el fondo, sabía que tenía razón.
El psicólogo les dejó como tarea tratar de involucrarse un poco más en el ambiente del otro y compartir más tiempo en pareja, pasar más tiempo juntos les ayudaría a reconocerse y conectarse de nuevo entre sí. A la peli-rosa eso le pareció excelente, pues estaba de acuerdo en que necesitaban pasar más tiempo juntos. Sin embargo, no todo estaba solucionado. No. Lo supo en cuanto Sasuke abrió la boca para contestar aquella pregunta.
— Sí.
Le pareció una sentencia gruesa y profunda de una pequeña grieta que se abría debajo de sus pies con aspiraciones a un abismo horrible.
— ¿Quién? — la interrogante escapó de sus labios en cuanto pisó la sala de su casa, esa casa que compartían juntos. Su hogar.
Si bien Sasuke ya se lo esperaba, no intuyó que lo hiciera de forma tan sigilosa. Conocía a Sakura, no por nada era su esposa. Y también sabía que ese tema no quedó zanjado en el consultorio aunque el terapeuta lo había dado por terminado.
— Nadie en particular — mintió mientras cerraba la puerta.
Al girarse se encontró con su mujer que lo observaba, perdida y dolida por la magnitud de aquella confesión inesperada. Él no tuvo la menor intención de decirlo abiertamente para ser cuestionado por su mujer. Fue un impulso, del que no estaba precisamente orgulloso.
— No, yo quiero saberlo, exijo saberlo.
Con él no iban las exigencias, frunció el ceño en desacuerdo, y Sakura supo que nunca debió nombrar esa palabra.
— No tiene ninguna importancia — terminó Sasuke, y sin esperar una réplica se fue con dirección hacia la habitación que compartían.
Más que por enojo, se fue porque en algún momento terminaría por confesarle que tenía una insana atracción por aquella mujer que le profesaba amor eterno a Naruto Uzumaki. Y que sentía un malsano impulso de atracción sexual hacia ella, sobretodo, porque fue con ella con quien compartió misión y algo pasó… Algo que no sabía cómo sucedió.
O, tal vez sí…
