Capítulo 11: De Incógnito

Albus ni siquiera se molestó en ir a Pociones. Su intrusión dentro de la oficina de Primus lo había demorado más de lo esperado, y ya era demasiado tarde como para aparecerse ante Slughorn.

En cambio, se encaminó hacia la Sala Común de Slytherin, sintiendo todavía la emoción de la adrenalina corriendo por sus venas. Apenas estuvo sentado en una de las mesas de la Sala Común, Potter buscó un trozo de papel entre sus pertenencias y garabateó las palabras que había leído minutos atrás en la carta que un tal Tobías le había escrito a Icarus. También anotó la extraña frase que había rescatado de entre los apuntes del profesor: La entrada está en Tanaerum. Pero incluso mientras que la escribía y la releía, aquella frase seguía sin tener ningún significado para él. ¿A qué se refería con aquello? ¿La entrada a dónde? ¿Qué era Tanaerum, y dónde quedaba? Aquella breve frase había traído consigo más preguntas que respuestas. Y Albus se encontraba inmerso en sus propios pensamientos cuando dos personas se sentaron repentinamente frente a él.

-Tienes cinco minutos para decirme dónde diablos te habías metido antes de que te patee el trasero-le espetó Scorpius, con el ceño fruncido. A su lado, Hedda lo miraba de manera penetrante, con esos ojos que podían volverse de una frialdad aterradora, recordándole que ella era también parte vampiro.

-No me sentía bien-argumentó Albus, mientras que intentaba esconder disimuladamente el pergamino sobre el cual había estado escribiendo minutos antes. Pero ya era tarde. Hedda lo había notado, y con una rapidez sobrehumana, la muchacha le había arrebatado el papel de entre las manos.

-¿Quién es Tobías? ¿Y de la entrada a qué cosa se encuentra en Tanaerum?-le dijo Le Blanc, en tono irónico tras leer el papel. Albus frunció el ceño, y con un movimiento brusco, recuperó el pergamino de entre las manos de su amiga. Hedda alzó las cejas, en gesto de reproche, y suspiró.-Albus, creo que nos estas tomando por verdaderos idiotas… ya nos dimos cuenta de que estas escondiendo algo…

-Sí, compañero… estás raro desde Halloween…- agregó Scorpius, cambiando a un gesto de preocupación.

-Y tampoco nos creemos toda esa porquería sobre cartas de tu hermana, y visitas a la biblioteca…-sumó Hedda.

-Y el hecho de que desaparezcas de repente sin decir nada no es un buen incentivo para que nosotros te creamos –concluyó finalmente el rubio.

Albus permaneció en silencio… no quería mentirles. Ellos no se merecían sus mentiras. Eran verdaderos amigos. Habían estado ahí para él siempre desde que los conocía, y mentirles era como un insulto a la confianza que se había desarrollado entre ellos. Y sin embargo, no sabía si decirles la verdad, no porque no se merecieran saberla… sino porque si se los revelaba, entonces los estaría arrastrando con él nuevamente hacia los problemas. Igual que el año anterior.

-Rose piensa que estas tramando algo con James… y tengo que decir que la simple idea de que te unas a alguno de los lunáticos planes de tu hermano me preocupa-insistió Hedda, al ver que Potter no cedía. Albus no pudo evitar sonreír ante aquel comentario… pero Hedda y Scorpius permanecían serios, y verdaderamente preocupados.

-Yo no me he unido a ninguno de los "lunáticos planes de mi hermano", Hedda-le aseguró el pelinegro.

-¿Y entonces qué esta pasando, Al? Porque nos tienes bastante desconcertados-le aseveró Malfoy. Albus evitó mirarlos a los ojos, sintiéndose demasiado incómodo.-Sea lo que sea, puedes confiar en nosotros, Albus-le aseguró Scor, visiblemente afectado por la evasiva de su amigo. Y aquello terminó de desarmar al joven Potter.

-Está bien-cedió el pelinegro, muy a su pesar. Y entonces, comenzó a hablar. Relató todo, desde el principio, desde aquella noche en Agosto, durante su cumpleaños, cuando había escuchado por primera vez hablar de Icarus Primus. Hedda ahogó un respigo cuando Albus le contó la charla que habían escuchado él y su hermano en el bosque, entre Primus y Cooper. Y los ojos grises de Scorpius se abrieron grandes como platos cuando Albus les relató sobre cómo se había infiltrado dentro de la oficina de Primus esa misma tarde, debajo de la capa de invisibilidad, para comprobar el contenido de la carta.

-¿No conocías el idioma?-le preguntó Hedda, visiblemente emocionada con toda aquella nueva información. La muchacha era un pozo inagotable, siempre sediento de conocimientos, y no había para ella nada más apasionante que un enigma. Los misterios la obsesionaban. Albus lo había comprobado el año anterior. Y era algo que compartían ambos.

-No… ni siquiera pude entender el título-confesó el morocho, ruborizándose ante semejante confesión. Odiaba cuando le hacían notar que había algo importante que no sabía.

-¿Podrías repetirme lo que decía la carta?-le pidió la muchacha, en ese tono analítico tan típico de ella cuando investigaba algo.

-Te espero el 1 de Diciembre, en las Tres Escobas, al mediodía. Trae el artefacto contigo. Haré lo que pueda para ayudarte, pero no prometo nada. Tobías.-releyó Albus del pergamino en el cual había anotado lo que recordaba.

-Extraño…- musitó ella.

-Explícate-le exigió Potter, acostumbrado ya a que su amiga se guardara muchos de sus pensamientos para si misma.

-Bueno… digamos que las Tres Escobas no es el lugar más indicado para discutir algo importante y peligroso, Al. Es conocido que ese lugar es muy concurrido, y cualquiera podría oír lo que dices-razonó Hedda, astuta.

-Pero al mismo tiempo, nadie sospecharía de dos personas conversando en las Tres Escobas, justamente por lo que acabas de decir-la contradijo Malfoy.

-Sigue siendo una jugada peligrosa-insistió Le Blanc.

-De todas maneras, talvez no planeen hablar. Por lo que dice la carta… parece que en realidad Primus quiere mostrarle algo a este tal Tobías. Hablan de un… artefacto -interrumpió Albus, con el ceño levemente fruncido mientras que releía su transcripción de la carta una y otra vez.

-No sólo quiere mostrárselo… parece que Primus espera algún tipo de ayuda por parte de Tobías-agregó Scorpius, inclinándose hacia Albus para poder también leer la transcripción escrita por su amigo en aquel trozo de pergamino.-Tanaerum… es un nombre bastante raro… -agregó el rubio, con la mirada fija en el papel, pues acaba de leer la otra frase que Albus había escrito.

-Talvez si le preguntamos a Rose…-propuso Hedda, en un tono dubitativo.

-No-la interrumpió Potter de inmediato.-No pueden decirle nada a Rose-les ordenó.

-¿Por qué?-preguntó su amiga, visiblemente sorprendida.

-Porque se enfurecerá conmigo. Me dijo que no me metiera otra vez en líos, ni que tampoco los metiera a ustedes… y creo que es exactamente lo que estoy haciendo-lamentó Potter, resoplando, mientras que se desarmaba sobre la silla, vencido.

-¡Vamos! ¿Qué es la vida sin un poco de aventura?-se burló Scorpius, guiñando un ojo de manera cómplice. Albus sonrió tristemente. Algo dentro de él le decía que una vez más, se estaban metiendo en problemas.

-Es una pena que no podamos visitar Hogsmeade hasta tercer año…-se lamentó Hedda repentinamente. Potter la miró de manera inquisitiva.-La próxima fecha de visita a Hogsmeade coincide con la de la carta que Primus recibió… el 1 de Diciembre-les explicó la chica.

-Eso no puede ser casualidad…-puntualizó Scorpius.

-Claro que no lo es… nadie sospechará si lo ve en Las Tres Escobas durante una visita a Hogsmeade de Hogwarts…-razonó Albus, repentinamente enfadado.

Icarus se reuniría con aquel desconocido que se hacía llamar Tobías, y él tendría que permanecer en Hogwarts, simplemente porque no tenía trece años… maldijo en su interior no tener un año más… si tan sólo pudiera ser su hermano James, o cualquier otra persona…

-¡Eso es!-exclamó Potter repentinamente, saltando de su silla.


-Sigo sin entender porque yo no puedo ir-se quejó Hedda, mientras que se apoyaba pesadamente contra la pared del pasillo secreto que llevaba a Honeydukes, con los brazos cruzados sobre el pecho, en un gesto muy similar al de una niña pequeña encaprichada.

-Porque sería abusar mucho de la suerte, Hedda. Cuatro personas llamaríamos mucho la atención… y sería incómodo para escondernos debajo de la Capa-le explicó Albus con cierta exasperación. Había repetido la misma explicación tres veces en lo que iba del día.

-Todavía no sabemos si va a funcionar siquiera. Deberíamos de haber pensado un plan B -continuó quejándose Le Blanc. Scorpius rodó los ojos, resignado, mientras se acomodaba el abrigo de invierno sobre el uniforme.

-Bueno, estamos a punto de comprobar si funcionan-le respondió el rubio, cansado ya de escuchar siempre la misma conversación. Hedda dejó escapar un nuevo bufido.

Mientras tanto, Albus metió una mano en su bolsillo, y extrajo una pequeña bolsita, que contenía en su interior cinco caramelos de color negro. Se trata de los Caramelos Multijugos, que había recibido para su cumpleaños como regalo por parte de su hermano, en la caja de "Surtidos Weasley". Las palabras de James al darle aquel regalo volvieron a su mente "Estos caramelos son algo completamente nuevo… Es algo así como la poción multijugos, pero no tan desagradable… simplemente te cambia un poco la apariencia". Albus deseó con todo su ser que su hermano no se hubiera equivocado, porque tal como Hedda había remarcado, si aquel plan fallaba, no contaban con un segundo plan.

-Vaya… nada con ese color puede tener buen sabor-se quejó Scorpius, mientras que Potter depositaba uno de los caramelos en su mano.

-Sólo cómetelo… el sabor es lo de menos si esto llega a funcionar-le recordó Albus, y a continuación, tomando coraje, se metió uno de los caramelos en la boca. Malfoy lo imitó.

Apenas el caramelo tocó su lengua, Albus supo que su amigo tenía razón. Aquello tenía un sabor tan asqueroso, que por poco le provoca arcadas. Haciendo un esfuerzo, Albus terminó tragando el caramelo. Y entonces, una extraña sensación, como un cosquilleo, comenzó a recorrerlo, desde los pies hasta la cabeza. El cosquilleo se inició suavemente, pero a medida que pasaban los segundos, iba ganando intensidad, hasta llegar a un punto en el cual dejaba de ser una sensación incómoda, para convertirse en una levemente dolorosa. Y entonces, se detuvo abruptamente.

Albus miró instintivamente a Hedda, parada justo frente a él. Y la expresión en su rostro le dijo que había tenido éxito. El triunfo se veía reflejado en aquellos ojos turquesas de su amiga. Pero cuando giró a mirar a su mejor amigo, Potter no pudo evitar soltar un leve grito de sorpresa.

Delante de él se encontraba un muchacho que poco se parecía a Scor. Seguía siendo rubio, aunque su pelo era ahora de un color más oscuro y no tan platinado, y se había vuelto ondulado. Las cejas parecían haberle crecido, escondiendo los ojos, que habían cambiado de su clásico color gris perla, a un tono más oscuro, negrusco. Sus rasgos faciales se habían vuelto menos afilados, y más redondos. Y sin embargo, allí estaba su amigo, debajo de aquella extraña transformación.

Instintivamente, Albus se llevó las manos a la cara, tanteando su propio rostro, en búsqueda de los cambios que seguramente habían atravesado. Como si Hedda estuviera leyendo sus pensamientos, sacó un pequeño espejo de su bolsillo y se lo extendió. Albus lo tomó sin dudar, y se miró en el reflejo. Un muchacho de cara más alargada y más delgada que él le devolvió la mirada. Y se trataba de una mirada de ojos azules, oscuros. Su cabello seguía siendo de color negro, pero a diferencia de la tradicional rebeldía que solía lucir, ahora le caía lacio sobre el rostro. Sonrió satisfecho. La primer parte del plan había funcionado.

-Gracias-le dijo Albus, devolviéndole el espejo a su amiga.

-Doce menos cuarto-anunció Hedda, chequeando su reloj de muñeca, y mirando a Potter de manera significativa.-La bolsa de los Caramelos Multijugos dice que el efecto dura aproximadamente una hora... así que tengan cuidado -les recordó ella.

-No te preocupes, Le Blanc… estamos de vuelta antes de lo que te esperas-la tranquilizó Scorpius, con una sonrisa cálida.

-Los estaré esperando en la Sala Común. Suerte -les deseó Hedda, y lanzándoles una última mirada, partió por el oscuro túnel, de regreso a Hogwarts.

-Vamos, no tenemos tiempo que perder-reaccionó Albus entonces, y tomando la capa de invisibilidad, la colocó sobre él y sobre Scorpius.

Ambos recorrieron rápidamente la distancia que los separaba de Honeydukes y se detuvieron frente a la puerta trampa que les abría camino hacia el sótano del local, donde guardaban la mercadería. Con mucho cuidado, Albus empujó la puerta apenas lo suficiente para poder espiar hacia el interior y comprobar que el lugar estaba desierto. Entonces, abrió la puerta del todo, y entró junto con su amigo. Ambos caminaron con cuidado, evitando golpear las cajas de productos que los rodeaban, y mientras que se hacían camino hacia la escalera que los llevaba hacia el local principal, Albus vio como Scorpius tomaba una de varita de caramelo de una de las cajas.

-¿Qué? ¡Nadie lo va a notar!-se quejó Malfoy al percatarse de la mirada recriminatoria de su amigo. Sin embargo, Potter no tenía tiempo para discutir con el rubio, así que se lo dejó pasar.

Honeydukes estaba abarrotado de estudiantes como siempre, pero Albus recorrió el local con la vista buscando a una persona en particular. Lo encontró junto a una estantería repleta de caramelos de miles de sabores diferentes, y sorprendentemente, se encontraba solo. Albus se acercó sigilosamente a su hermano, quien fingía estar seleccionando caramelos, pero lanzaba cada tanto miradas a ambos lados.

-James-lo llamó Al, en un susurro, pero a pesar de ello, su hermano se sobresaltó, tirando al suelo algunos caramelos.

-¡Cielos, Al! Comenzaba a preocuparme… hace quince minutos que estoy parado aquí como si fuera un imbécil incapaz de decidir qué sabor quiere llevar-se quejó James, mientras que levantaba los caramelos y los dejaba de nueva sobre la estantería.- ¿Qué les tomó tanto tiempo?-preguntó el mayor de los Potter, mientras que abría camino hacia la salida del local, seguido por Albus y Scorpius, aún escondidos debajo de la Capa.

-Tardamos en convencer a Hedda que no podía venir-le explicó Scorpius, mientras que buscaba evitar chocar contra una niña que obstruía el paso. James alzó una ceja, divertido.

-Vaya… pobre Nívea. Debe haberle partido el corazón que yo pudiera participar de esto y ella no-se burló James, divertido.

-Bueno, de hecho… ella no sabe que tu participas-le aclaró Albus, con una leve esperanza de que su hermano entendiera lo delicado de la situación. Pero la sonrisa que se dibujó en el rostro de James borró al instante cualquier posible esperanza.

-Ya veo-fue todo lo que comentó el mayor de los tres, mientras que sus ojos marrones brillaban con picardía y cierta maldad. En silencio, los guió hasta un callejón bastante oscuro y estrecho, alejado de la mayoría de la gente.-Bien, ya pueden sacarse la Capa-les avisó James, mientras que permanecía en la entrada del callejón, alerta.

Albus obedeció e inmediatamente se sacó la capa de encima de la cabeza, y la guardó en su mochila. James permaneció unos segundos mirándolos de arriba abajo, evaluándolos concienzudamente, y finalmente, sonrió complacido.

-Es perfecto, jamás los reconocerán-aseguró. Albus le devolvió la sonrisa. Y los tres se pusieron en movimiento, caminando hacia las Tres Escobas. Un viento frío recorría las calles, anunciando un crudo invierno, y Albus se sintió agradecido del calor que había dentro del bar más popular de todo Hogsmeade.

Albus recorrió el bar con la mirada, buscando entre la gente al profesor Primus, pero todavía no parecía haber llegado. Resignado, él, Scorpius y James se fueron a sentar a una de las mesas apartadas del bar, buscando llamar la atención lo menos posible. James se dirigió hacia la barra, y trajo consigo tres cervezas de mantequilla, y las repartió entre ellos. Albus chequeó su reloj mientras que bebía un sorbo de su cerveza, y justo cuando la aguja marcaba las doce menos un minuto, la puerta del local se abrió, e Icarus Primus entró por ella.

Vestía un abrigo negro y pesado, que le cubría el gigantesco y tosco cuerpo, dejando sólo a la vista su rostro frío y salvaje. Su mirada oscura recorrió todo el local, comprobando que la persona que esperaba aún no había llegado. Frunció levemente el entrecejo, y finalmente, terminó por sentarse en una de las mesas vacías, bastante más lejos de Albus de lo que él hubiera deseado.

Un minuto más tarde, la puerta se abrió una vez más, y esta vez, un hombre pequeño entró por la misma. Tenía el pelo castaño corto, y la barba crecida de varios días. Los ojos eran pequeños, como dos canicas, y miraban con nerviosismo de un lado al otro. Sus rasgos lo delataban como un extranjero, posiblemente alguien procedente de la Europa Oriental. En pocos segundos, el recién llegado localizó a Icarus Primus, y con un leve gesto de cabeza, se encaminó hacia él. Albus vio como Icarus se ponía de pie para estrechar la mano del recién llegado, e intercambiaban un par de palabras, seguramente de bienvenida. Luego, con un gesto de la mano, Primus le indicó al hombrecillo que se sentara, y él también lo hizo.

-Scor, James… saquen sus orejas extensibles-les ordenó Albus, mientras que él hacía lo mismo. Con cuidado y mucho sigilo, los tres muchachos sacaron de sus abrigos tres orejas extensibles, y las mismas se deslizaron suavemente sobre el suelo, hasta alcanzar la mesa donde Icarus y el hombrecillo conversaban.

-…pero fuera de esos pequeños percances, ha sido un buen viaje-comentó el recién llegado, sarcásticamente.

-Siempre te las arreglas para llegar, Tobías. Es uno de tus mejores rasgos-se burló Icarus, en un tono que demostraba que ambos hombres se conocían desde hacía tiempo.

-Así que ahora eres profesor, ¿eh, Icarus?-se burló Tobías, con una sonrisa torcida en los labios.

-Es sólo temporario, amigo mío-le aseguró Primus, también sonriendo de manera burlona.

-Tengo que confesar que tu carta me sorprendió mucho, Icarus… hacía tiempo que no tenía noticias de ti… ¿dos años, talvez?-dijo entonces el extranjero, usando un tono de voz más serio, dando a entender que estaba por comenzar al verdadera charla.

-Casi tres años, compañero. Casi tres -lo corrigió Icarus. El hombrecillo asintió, en gesto pensativo.

-Oh, sí… qué rápido se nos pasa el tiempo cuando estamos enfrascados en nuestras búsquedas-comentó Tobías, con cierto aire nostálgico, claramente fingido.-En fin… me has dicho que necesitabas mi ayuda, Icarus -soltó finalmente el hombre, yendo al grano. Icarus se inclinó levemente sobre la mesa, acortando la distancia que había entre ambos.

-Pues sí… he encontrado algo, Tobías-le respondió Primus.

-Sí, eso me lo diste a entender en la carta… lástima que no te extendiste mucho sobre este preciado "artefacto"-se quejó el hombrecillo. Icarus le hizo una seña con la mano, como si quisiera dejar aquello atrás.-¿Lo has traído?-insistió Tobías.

Primus tardó en responder, y cuando finalmente lo hizo, asintió con la cabeza de manera casi imperceptible.

La mano derecha del profesor se metió entonces en uno de sus bolsillos, y los ojos de Tobías brillaron de emoción mientras que esperaba, ansioso, por conocer lo que estaban a punto de revelarle. Albus tenía todos sus sentidos alerta, mientras que fingía beber un trago de su cerveza de mantequilla, la vista permanecía clavada en Icarus. Pudo ver cuando extraía del bolsillo la misma cajita que había recibido un mes atrás de manos de Darwin Cooper, y cuyo contenido Potter desconocía por completo. El corazón le latió en el pecho acelerado ante la perspectiva de por fin revelar el misterio de aquella cajita.

Icarus apoyó la cajita sobre la mesa del bar, y con cuidado, la empujó sobre la superficie hasta acercarla a Tobías. El hombrecillo miró algo desconfiado la caja, y luego a Icarus, y finalmente, se animó a tomarla entre sus manos. Y con un movimiento lento y cuidadoso, como el de un arqueólogo que maneja una reliquia que en cualquier momento podría desarmarse en cientos de pedazos, Tobías abrió la pequeña caja. Sus ojos pequeños se iluminaron con admiración e interés ante lo que aquella caja contenía, y durante varios segundos, ambos hombres permanecieron en absoluto silencio.

-¿Es acaso una…?-inquirió Tobías, levantando la mirada por primera vez de la caja, para enfocarla en su compañero.

-Sí, una Brújula Voluntaria-le respondió Primus a su pregunta incompleta.

-Diablos… pensé que ya no quedaba ninguna en el mercado-exclamó el extranjero, sin esconder su sorpresa.

-Pensaste bien, amigo mío. No queda ninguna en el mercado-confirmó Icarus. Tobías lo miró de manera recelosa, como quien sospecha lo que está por venir.

-No me dirás de dónde la has conseguido, ¿verdad?-insistió Tobías, aunque sabía que era en vano. Icarus le respondió con una sonrisa torcida, dándole a entender que no se lo diría.-Está bien, no es que importe verdaderamente de dónde viene… sino a dónde puede ir. Puedes conseguir muchísimos galeones por un artículo como este en el mercado negro-le recordó el hombre.

-Lo sé… pero dudo que alguien quiera pagar algo por ella. Está rota, Tobías-le explicó Primus.

Tobías alzó levemente las cejas, como si acabara de comprender la verdadera razón por la cual lo habían citado en aquel lugar. Sin decir nada, el hombrecillo tomó lo que estaba dentro de la caja, y lo extrajo de la misma.

Y entonces, por primera vez, Albus pudo ver de lo que estaban hablando. Tobías sostenía entre sus manos lo que a simple vista parecía una brújula completamente mundana, sin nada en particular. Tenía un aspecto antiguo y gastado, como si hubiera pasado por muchas manos. Tobías la hizo girar varias veces en su mano y extrajo de uno de sus bolsillos un juego de anteojos, para observar el objeto con mayor detalle. Luego de varios minutos de analizarlo por todos los ángulos, Tobías volvió a dejarlo dentro de la caja, y se sacó los anteojos, con aspecto derrotado.

-Está rota-afirmó el hombrecito. Icarus alzó una de sus cejas, expresando perplejidad.

-Ya sabía yo que estaba rota, Tobías. No me has dicho nada nuevo-le criticó el profesor de Defensa.

-¿Y qué esperas que te diga, Icarus?-preguntó Tobías, en un tono tranquilo y amigable.

-Quiero que me digas si se puede arreglar, y cómo -le respondió Primus. Tobías lo miró fijamente, y se llevó una de sus manos al mentón, en aire pensativo.

-Ya sabes lo que pienso yo, mi querido amigo… todo puede arreglarse con un poco de tiempo y dedicación. El tema es si tú cuentas con esas dos cosas-le respondió Tobías. Icarus frunció el ceño.

-Repárala tú, entonces-le pidió Primus, con una leve sonrisa burlona. Tobías alzo ambas cejas, adquiriendo un falso aspecto de desconcierto.

-¿Y por qué querría yo reparar tu brújula? No gano nada con eso-fue su contraataque.

-No tengo el menor interés en la brújula, Tobías. Sólo quiero que la brújula me lleve a otra cosa. Repárala, y luego de que yo la use, te la podrás quedar-le explicó Primus.

-¿Tengo tu palabra, Icarus Primus?-quiso asegurarse Tobías, extendiendo una mano sobre la mesa, para que Primus la estrechara. El profesor sonrió con cierta malicia ante la desconfianza, y finalmente estrechó la mano.

-Por supuesto que tienes mi palabra-le aseguró, cerrando así un pacto. Albus sabía que aquello no era una Promesa Inquebrantable, pero también sabía que las promesas de palabra entre los magos tenían un peso muy importante. Había magia en ellas. Icarus iba a cumplirla, Albus estaba seguro.

-Albus… el efecto de la poción se está empezando a ir-le murmuró James, en un tono que revelaba cierto pánico.-Deben salir de acá, ahora-les ordenó su hermano.

Albus y Scorpius no se hicieron rogar. Con un rápido movimiento, hicieron volver las orejas extensibles hasta su mesa, y las guardaron en sus bolsillos. Poniéndose de pie lo más rápida y sigilosamente posible, se levantaron de la mesa y salieron de las Tres Escobas hacia el frío de la calle, seguidos por James.

Mientras que volvían a esconderse debajo de la capa de invisibilidad, Albus podía notar como de a poco, un cosquilleo se extendía por su cuerpo, alertándole que el efecto de los Caramelo Multijugos estaba desapareciendo. Él y Scorpius caminaron de regreso hacia Honeydukes, y en silencio, volvieron a introducirse en el sótano, y a través de la puerta trampa, al pasadizo secreto.

Pero mientras que caminaban de regreso a Hogwarts, Albus no podía dejar de pensar en lo que acaba de escuchar. No tenía la menor idea de lo que una Brújula Voluntaria podía ser, pero fuera lo que fuera, iba a ayudar a Icarus Primus a obtener algo. Y sin importar todo lo que Albus ignoraba, había algo que sabía con toda seguridad: nada que pudiera estar buscando Icarus Primus podía ser bueno.


Lo sé lo see!! Me tardé muchísimo. Pero es que estuve con cientos de cosas juntas, y la verdad es que no encontraba el momento para subir este capítulo. La verdad es que creo que me atolondré un poco escribiéndolo, así que es muy posible que haya faltas ortográficas o de redacción. Agradecería que, si las ven, me las informen!! =)

Espero que les guste el capítulo. He leído todos los reviews y se los agradesco muchísimo. Estoy corta de tiempo, así que prometo responderlos en el próximo capítulo (que no va a tardar tanto jajaa).

Kobatochan, avísame cuando tengas tiempo libre, para revisar la historia y un par de capítulos q tengo en mente! Jaja. Se te extraña.

Saludos a todos,

G.