Hola por onceava vez, muchas gracias por leer y seguir la historia. Los adoro a todos y cada uno de ustedes, recuerden esto mientras leen el capítulo, por favor jaja.
Las manos le temblaban y sus ojos estaban a punto de traicionarle, amenazando con dejar salir las lágrimas que tanto llevaba reteniendo. Se odió a su mismo por ser tan débil, nunca en su vida había llorado tanto como en esos meses después de que Potter reapareciera.
—¿Podemos ir a casa? Te prometo que te puedo explicar todo. Jaymes está en casa de la niñera, le dije que podría tardar toda la noche así que se quedará a dormir ahí. De verdad temía que estuvieras en problemas. — dijo Harry, negándose a darle las respuestas todavía. El rubio pensó que tal vez quería tiempo para inventar algo así que no respondió, tomó sus cosas, acomodó lo que estaba fuera de lugar y se quedó parado, esperando a que Harry le tomara la mano y los apareciera en casa.
El moreno lo tomó por el codo de una forma tan impersonal que Draco se arrepintió de no haber viajado a casa por su cuenta.
Cuando se recuperó de la sensación de mareo que siempre le dejaba la aparición, se dio cuenta de que Harry los había aparecido directo en su habitación. Probablemente esperaba que tuvieran una gran pelea pero también una gran reconciliación, de esas que terminaban con los dos desnudos en la cama sin dormir hasta muy entrada la madrugada.
Harry se sentó en la orilla de la cama y señaló con unas palmadas el espacio al lado de él, invitando a Draco a sentarse. Pero el rubio tenía otros planes así que se quedó parado frente a él, ignorando su seña. No se podía permitir ni siquiera un pequeño momento de debilidad.
—Habla. — soltó de manera casi agresiva.
—Draco, yo... no tengo nada que justifique el no haberte dicho pero quiero que sepas que Hermione es la que está insistiendo con la idea, yo ya había renunciado a ella desde antes.
—¿Entonces qué hacía Granger con Jaymes en la librería?
—Se la estaba presentando, Hermione la quería conocer después de que le conté todo. Bueno, casi todo.
—Bien, tengo varias preguntas y quiero sinceridad de tu parte ¿Qué parte no le contaste? Y ¿Por qué presentársela a mis espaldas? ¿Creíste que yo te lo iba a negar?
—Voy a ser sincero, te lo prometo. Lo que no le conté es que nosotros estamos juntos, se la presente a tus espaldas porque quería dar por finalizado el asunto sin necesidad de que te enteraras ya que reaccionaste mal la última vez que mencioné el mundo mágico y, por último, no, no pensé que me lo fueras a negar pero tampoco pensé que fuera necesario que lo supieras.
—¿No creiste que fuera necesario que supiera? Jaymes no es solo tu responsabilidad. Dejo que no hagas otra cosa que malcriarla, te dejo pasar más tiempo con ella del que yo mismo paso, prácticamente la estás criando a tu manera y yo lo permito, pero esto no, ha sido demasiado. Me tratas como si Jaymes fuera tu hija y yo tu pareja que llegó después. Ella también es mi responsabilidad y no pienso permitir que hagas cosas así a mis espaldas.
—Yo entiendo pero Draco, no sé por qué te molesta tanto que yo...
—Me molesta porque la expones ¡Ella no es bruja! ¿Cuántas veces te lo tengo que recordar? Deja de forzar las cosas, Harry. La estás exponiendo y...
—No la estoy exponiendo, los Weasley nunca la rechazarían, no los conoces.
—¿No la rechazarían? ¿No le darían la espalda como te la dieron a ti?
Draco estaba demasiado molesto como para arrepentirse de sus palabras pero no pudo evitar notar que había tocado un punto sensible en el ex Gryffindor.
—Ellos ya se han disculpado por eso, incluso Ginny. No son malas personas, son mi familia.
—Es bueno saberlo, pensé que Jaymes y yo éramos tu familia. — respondió Draco antes de tomar una manta del closet y salir del cuarto. Unas horas atrás el rubio podría haber definido lo que sentía con la palabra "tristeza" pero en ese momento todo lo que sentía era enojo y cuando Harry no fue a buscarlo después, el sentimiento no hizo más que crecer.
Aquella noche Draco durmió en el sofá, en una postura incómoda que le dejó un dolor de cuello insoportable por la mañana. No había llorado ni había tenido problemas para conciliar el sueño, había tomado una decisión y nada lo iba a hacer cambiar de opinión.
El tener a Harry a su lado, anhelando volver al mundo mágico con sus amigos, no era lo que tenía en mente cuando se involucró en aquella relación con su antiguo enemigo del colegio.
Escuchó la puerta del baño abrirse y se dio la vuelta para ver a Harry únicamente con una toalla en la cintura.
—Buenos días. — dijo Draco, tranquilamente, mientras se paraba del sofá y entraba al baño.
Más tarde, cuando salió ya vestido para ir al trabajo, Harry lo esperaba con el desayuno listo y una sonrisa en el rostro. No había duda de que había malinterpretado el saludo de buenos días de Draco como una señal de que le había perdonado.
—No tengo tiempo para desayunar, tengo que irme. — Dijo Draco, pasando de largo y sin mirarle.
—Ayer ya terminaste todo lo que tenías que hacer y tus empleados no llegan a esta hora. Claro que tienes tiempo.
—Tienes razón, tengo tiempo, pero no ganas. Verás, cuando no se quiere pasar tiempo con una persona pero tampoco se quiere ser grosero se utiliza algo llamado excusa.
—¿No quieres pasar tiempo conmigo? —No.
Draco lo miró a los ojos y sintió un peso desagradable en el pecho al ver la expresión de Potter. Parecía un niño pequeño, completamente abatido.
—Draco, anoche no te seguí porque creí que necesitabas estar solo para pensar y que, una vez que analizaras las cosas, íbamos a estar bien de nuevo. Creo que me equivoque.
—Sí, te equivocaste. Disculpa si me es imposible olvidar que planeabas alejarme de Jaymes.
—¿De qué estás hablando? — Harry lucía genuinamente confundido.
—De lo que planeabas con Granger a mis espaldas, toda esa basura de "yo haré que tú hija se adapte al mundo mágico, Harry". No entiendo como puedes tener esa cara de inocente y esperar que te perdone después de que sé todo eso.
Harry comenzó a reírse y caminó hasta quedar frente a Draco.
—Draco, yo jamás haría eso. No puedo creer que... Es que yo... Merlín, Draco, no puedo creer que hayas pensado en que yo podría hacerte algo así. Cuando Hermione hablaba de "mi hija" se refería a la librería, no a Jaymes. Meses atrás, antes de que yo me encontrara contigo tuve la idea de volver y hablé con Hermione, quería dejar a Caty aquí, con la librería y yo abrir una en el mundo mágico. Caty no sabría el lugar, sólo sabría que tendríamos otra sucursal. La librería era todo lo que yo tenía antes y era, en cierta manera "mi hija". Nunca pensé que meses después las cosas se complicarían al punto de tener una hija literalmente. Hermione me había dicho que era una locura intentar abrir una librería con libros muggles en el mundo mágico pero, como viste en la carta, ahora cree que es una muy buena idea. Draco, yo nunca, jamás te separaría de Jaymes, y yo nunca, jamás me separaría de ti.
Draco suspiró, sin mirar a Harry. Caminó hasta el comedor y se sentó sin decir nada. Aquella información le hacía sentir alivio pero, lamentablemente, no cambiaba nada y su decisión seguía pareciendo lo más correcto así que no vacilaría ni se permitiría pensar dos veces en lo que haría.
Harry le sirvió el desayuno y le avisó que iría a la casa de la niñera por Jaymes. Draco asintió y se quedó ahí, esperando a Harry mientras apretaba los ojos con fuerza, preparándose para decir lo que tenía que decir.
Harry llegó apenas diez minutos después, con la niña enojada y haciendo un mohín.
—Está molesta porque la dejé pasar la noche ahí. — explicó Harry.
Jaymes gritó al ver a Draco y le tendió los brazos, el rubio la recibió y la sostuvo en su regazo un momento antes de dejarla en su silla alta, jugando con una naranja sin pelar que había tomado de la mesa a escondidas.
—Harry, necesito pedirte algo. — dijo al fin el ex Slytherin, armándose de un valor que no poseía.
—Dime.
—Te tienes que ir. — exclamó Draco sin mirarlo, mientras pasaba los dedos por el cabello rizado de la niña.
—¿Qué? Draco, ya te expliqué que todo fue un malentendido, por favor.
—Esto no es por mi, Harry. Debes entender mis razones antes que nada. — suspiró antes de continuar. — Toda mi vida he sido movido por el egoísmo, el sólo pensar en mi me funcionaba, porque no quería a nadie lo suficiente para darle algo sin pensar en mi felicidad. Te quiero, Harry, te amo y por eso mismo quiero darte algo sin pensar en mi por primera vez. Te quiero dar tu libertad porque sé que tú me quieres y sé que quieres a Jaymes pero no eres feliz aquí y nunca podrás serlo porque este no es tu lugar, no perteneces aquí. Tú anhelas algo que yo jamás te podré dar, ni yo ni ella. No puedo volver al mundo mágico y no voy a volver, no tengo nada allá pero tú si. Nos amas pero te estamos atando a un lugar que no tenías planeado convertir en tu hogar permanente, tú mismo me acabas de decir que estabas haciendo planes de volver antes de que te encontraras conmigo de nuevo. Harry, te lo pido por favor, vete.
El moreno puso una mano en la mejilla de Draco, obligándolo a mirarle a los ojos. Los ojos plateados no dejaban ver emoción alguna, el rubio se había puesto aquella máscara de indiferencia que, Harry creía, había retirado mucho tiempo atrás. En contraste, los ojos de Harry estaban llenos de lágrimas.
—Draco, no puedes decidir por mi, yo renuncié a todo eso por ustedes, fue mi decisión. Le dije a Hermione y ella entendió. Todo va a estar bien, yo quiero estar con ustedes.
—Quieres estar con nosotros pero no aquí y yo no puedo vivir sabiendo que soy la razón por la que tú no estás en donde quieres estar. Harry, algún día me lo vas a agradecer.
—¿Agradecer que me corras de mi casa y me alejes de ti?
—Yo me moveré a mi departamento de nuevo después de que te vayas, tu casa estará libre en máximo una semana mientras limpio el departamento. Y por Jaymes no te preocupes, ella vendrá conmigo y arregláremos las cosas para que puedas verla cuando quieras.
—Draco...
—Harry, vete por favor. No hagas las cosas más difíciles. La decisión está tomada y nada de lo que digas me hará cambiar de opinión.
Harry se acercó a Draco y acuno su rostro con sus manos. Cortó la distancia entre ellos y le besó, mojando las mejillas del rubio con sus lágrimas. Draco sabía que no tendría otra oportunidad así que le devolvió el beso como si la vida misma se le fuera en él.
—Te amo. — le dijo Harry sobre sus labios, haciendo que Draco reaccionara y se separara de él.
—Yo también te amo, no lo dudes ni un segundo. Pero esto es lo mejor, lo siento.
Harry levantó a Jaymes y la abrazó con fuerza antes de dejarla en brazos de Draco y tomar su chaqueta. En menos de un minuto Harry ya no estaba en la casa y Draco supuso que había ido a casa de los Weasley.
Una vez que estuvo fuera, Draco se permitió llorar mientras Jaymes, aún en sus brazos, apuntaba al lugar en el que se había desaparecido Harry.
Al menos una persona iba a ser feliz con el nuevo arreglo y esa era la niñera de Jaymes. Tendría mucho más trabajo ya que Draco no podía llevarla a la cafetería todos los días.
Después de que Harry se fue, Draco pensó en ir a la librería pero decidió que todo eso era asunto del moreno desde ese momento.
En vez de eso, arregló todo para ir a la casa de la niñera y dejar a Jaymes a su cuidado para irse a trabajar.
—Buenos días. — saludó Draco mientras le pasaba la mochila de la niña. Le dio un beso en la frente a Jaymes y luego dejó que la niñera la tomara.
—Me alegra saber que está bien, el señor Malfoy me dejó muy preocupada ayer, pensé que había tenido un accidente o algo así. Pero bueno, veo que está muy bien. Supongo que el señor Malfoy está bastante contento así que si quieren dejar a la niña toda la noche de nuevo no me importa. Digo, por si quieren celebrar, si sabe a lo que me refiero. — dijo la muchacha haciendo un gesto sugerente.
—David y yo ya no estamos juntos pero gracias. Cualquier contratiempo que pase yo te estaré avisando. Que tengan un buen día. — respondió Draco, dando media vuelta y dejando a la muchacha avergonzada.
Evadir sus sentimientos con trabajo era algo que se le daba muy bien pero, para su desgracia, ese día no hubo mucho movimiento en la cafetería y todo el papeleo había sido terminado el día anterior. Mientras estaba sentado tras la barra, jugando con una hebra suelta de su abrigo, su día empeoró un poco más. Patrick estaba ahí, con una sonrisa que daban ganas de borrarla a puñetazos. Iba cada día a comprar cualquier cosa estúpida con el pretexto de verle.
—Hey. — saludó el castaño.
—¿En qué puedo ayudarle?
—Dean, deja eso por favor. Ya te dije que quiero que seamos amigos al menos.
Draco suspiró y le miró, esperando a que terminara de hablar.
—Te invito a tomar un trago en la noche, como amigos para que veas que no tengo intenciones dobles. Claro, si a tu novio no le molesta.
El rubio se vio tentado a responder que ya no tenía nada que ver con Harry pero decidió no hacerlo.
—No sé.
—Por favor, solamente hablaremos, ni siquiera intentaré nada raro.
—Quizá lo piense.
—¿En serio? Oh, Dean, ya verás que estoy siendo sincero. Te esperaré en este bar a las 8, incluso si decides no aparecer. — le dijo mientras sacaba una tarjeta y escribía una dirección en la parte de atrás.
Draco la tomó y Patrick se despidió sonriendo, sin comprar nada.
Estar sentado esperando no era bueno para su salud mental. Por más que intentaba retener los pensamientos sobre Harry, no podía. Era bastante irónico el hecho de que había vivido toda una vida sin Harry y que después de unos meses con él ya no se sintiera capaz de continuar. No se arrepentía de su decisión, quería que Harry fuera feliz y, con algo de suerte, encontraría a alguien que pudiera estar con él en el mundo mágico, se llevara bien con los Weasley y disfrutara de ser la sombra del niño que vivió. El pensar en Harry con otra persona le hizo enojar así que se dirigió hasta la bodega para distraerse acomodando cajas pero estar ahí solo le hizo recordar los besos compartidos en secreto con Harry en esa habitación. Se iba a volver loco si no hablaba con alguien de todo lo que en ese momento le estaba oprimiendo el corazón así que minutos después se encontró considerando de verdad el encontrarse con Patrick en aquel bar. Necesitaba a alguien con quien hablar, aunque no pudiera decirle todo. Además, si él no lo permitía, el profesor no se aprovecharía de la situación. Draco se sabía defender y poner límites así que no tenía que preocuparse por eso.
Llamó a la niñera y le avisó que llegaría unas horas tarde, el entusiasmo en su voz le indicó que ella pensaba que se había reconciliado con Harry. Decidió no explicarle nada.
A las 8:15 estaba llegando a la dirección que le había dado Patrick, entró al lugar y se acercó a la barra, sin saber bien qué hacer. No habían quedado de encontrarse en ningún lugar específico, probablemente el castaño ni siquiera esperaba que Draco asistiera.
—¿Dean?
Draco volteó inmediatamente para encontrarse con Bernard, uno de sus viejos amigos del bar.
—Hola. — respondió con timidez. Todos sus amigos se habían separado desde la muerte de Ralph y habían tomado rumbos distintos por lo que encontrar a Bernard ahí era un tanto incómodo.
—Parece que han pasado años, aquellas noches en el bar formaban parte de mi vida, ustedes formaban parte de mi vida. Es tan extraño no verlos más.
—Si, aunque la verdad es que prefiero que sea de esta manera. Quiero que aquellas noches queden en mis recuerdos con Ralph en ellas, ir sin él suena casi a falta de respeto. Al menos para mi.
—Estoy completamente de acuerdo. Pero bueno, que mejor que empezar de nuevo ¿Quieres ir a mi mesa? Estoy con algunos amigos, no conoces a todos pero son personas agradables.
—No, no te preocupes, en realidad estoy esperando a alguien.
Por algún motivo, Bernard parecía decepcionado ante la respuesta de Draco pero el rubio decidió fingir que no lo había notado.
—Bueno, yo... supongo que estaré de aquel lado, por si cambias de opinión o necesitas algo.
—Entonces no me despido. — dijo Draco para no ser descortés y le sonrió de manera sincera.
—Está bien. — respondió el chico antes de dar media vuelta y volver con sus amigos.
Bernard era más joven que Draco por un algunos años, acababa de terminar su carrera y había conseguido un buen empleo en el gobierno. Draco no sabía con certeza lo que hacia pero sabía que ganaba bastante bien. Además, era bastante bien parecido. No como Patrick, que parecía bajado de una pasarela. El atractivo de Bernard era más discreto, tenía cabello largo y negro, sus ojos azules contrastaban con su piel pálida y tenía ojeras bajo ellos pero no lo hacían ver mal, le daban un toque interesante. Era bastante juvenil y encantador, su atuendo aún gritaba "universitario" por todos lados.
Draco y Bernard eran los únicos del grupo a los que jamás les habían conocido una pareja seria y todos hablaban de que aquello era imposible, debido a que eran bastante atractivos. Pero ellos tenían otros intereses en mente por aquellos años, Draco luchaba por sacar adelante su cafetería y Bernard por terminar su carrera.
El celular de Draco sonó, interrumpiendo sus recuerdos y leyó un mensaje de Patrick.
"Dean, sé que ni siquiera consideraste mi invitación pero, por si algún milagro ocurrió y me estás esperando, te pido una enorme disculpa. Tuve un problema con mi auto y me es imposible llegar. Lo siento"
Draco suspiró con indignación y pidió un trago, arrepintiéndose de ir y de haber considerado contarle a Patrick lo que estaba pasando. De todas las personas, Patrick era la persona menos indicada para escuchar.
Después de 4 vasos de algo que no sabía con certeza qué era debido a que simplemente había pedido "lo más fuerte que tuvieran", escuchó la voz de Bernard de nuevo.
—¿Te dejaron plantado?
—¿Y a ti qué te importa, idiota? Si me preguntas, exactamente ese es mi problema ¿sabes? no le importo a nadie. Puedo estarme pudriendo por dentro y a nadie le va a importar. Vete con tus amigos y déjame en paz.
Bernard lejos de ofenderse comenzó a reír.
—Mis amigos ya se han ido, yo venía a despedirme pero creo que no es el mejor momento.
Draco hizo una pausa antes de responder.
—Perdón, soy un imbécil. Por eso estoy solo justamente. Pero hoy no, hoy no más. Ven aquí, te quiero invitar un trago por los viejos tiempos. — dijo Draco arrastrando la voz.
Bernard se sentó a su lado mientras Draco pedía dos caballitos de tequila.
—Yo jamás me hubiera imaginado que precisamente tú estarías en un bar sufriendo por amor. Siempre parecías tan correcto, tan serio. Sea quien sea, parece que esa persona te pegó fuerte.
—Lo hizo, es un cabrón. Pero es un cabrón adorable y yo no me alejé a tiempo, aún sabiendo que nos haríamos daño tarde o temprano. Todo es mi culpa, pero ya lo arreglé, en realidad esto es un festejo para mi por atreverme a poner las cosas de nuevo en su lugar así que ¡salud! — casi gritó mientras Bernard lo veía con una expresión que mezclaba diversión y preocupación.
Después de que Bernard tomara dos caballitos más y Draco cuatro, el más joven decidió que era suficiente.
—Vamos, te llevaré a casa.
Draco lo miró como un niño confundido antes de asentir y estirar un brazo para que Bernard le dejara apoyarse en sus hombros.
Salieron del bar y se subieron al bonito BMW de Bernard.
Draco le iba dando vagas indicaciones para llegar a la casa de Harry y después se quedó dormido.
—Dean, ya estamos en la calle que me dijiste ¿a qué altura está tu casa? — lo despertó minutos después.
Draco le apuntó la casa y se dispuso a bajar una vez que llegaron.
—¿Estarás bien? — le preguntó Bernard una vez que Draco bajó del auto.
—No sé. — respondió el rubio antes de doblarse y vomitar sobre el pasto del cuidado jardín de Harry.
Bernard se bajó de su auto y llevó a Draco hasta la puerta, le pidió las llaves y abrió. Maniobró hasta llevarlo a la ducha para bajarle la borrachera. En cuanto abrió la regadera, el rubio soltó un grito debido a lo fría que estaba el agua.
Buscó entre los cajones y le llevó ropa seca a Draco hasta el baño pero la pijama vieja que había elegido el muchacho era de Harry, lo cual hizo llorar al ex Slytherin que hasta ese momento se había obligado a no pensar en el chico de ojos verdes al que había obligado a irse por la mañana.
Bernard lo abrazó y lo llevo hasta la cama una vez que logró vestirse. Se quedó hasta que se calmó y, cuando su respiración volvía a ser regular, le preguntó algo que tenía en mente desde que encendió la luz de la sala al entrar a la casa.
—Dean ¿Tienes hijos?
Draco comenzó a reírse antes de responder.
—Ay, Bernard, hay tantas cosas que necesito contarte.
Antes de que pudiera decir más tuvo que callarse pues había escuchado ruidos en la sala. Tanto Bernard como él se habían quedado en silencio y vieron como alguien caminaba hasta el dormitorio.
—Harry. — exclamó Draco mientras el moreno entraba y veía con gesto dolido la escena frente a él. En ese momento se dio cuenta de que estaba en la cama de Harry con otro hombre y que eso se podía prestar a malas interpretaciones.
—Será mejor que me vaya y arreglen sus cosas. — dijo Bernard poniéndose de pie y mientras se disponía a salir se acercó a Harry y le dijo en voz baja. — Cree en él, nada de esto es como pare...
Harry no lo dejó terminar, le había soltado un golpe en la nariz tan fuerte que se escuchó algo romperse.
Bernard no respondió la agresión, sólo se apresuró a la salida y le sonrió a ambos antes de irse, tocándose la nariz y tratando de detener la hemorragia que comenzaba. Draco pensó en ayudarle pero sabía que probablemente eso sólo complicara las cosas.
Draco y Harry se quedaron callados mientras escuchaban el motor del auto de Bernard arrancar y después el sonido hacerse más débil a medida que se alejaba.
—Harry, no es lo que estás pensando.
—No estoy pensando nada y tú no tienes que darme explicaciones, ya no estamos juntos. Hermione y Ron me convencieron de venir a hablar contigo y solucionar las cosas pero veo que no hay nada que solucionar.
—Por favor, no quiero que te vayas con una idea errónea.
—El único error aquí fue el mío al creer que habías cambiado.
—Eso no es verdad.
—¿Sabes, Draco? Lo único que me duele es que hayas tenido que inventar ese patético discurso sobre dejarme en libertad para que pudiera ser feliz porque me amabas. Si querías estar con alguien más pudiste simplemente decirlo, no me iba a romper, he soportado cosas peores.
—¡Es que no estoy con nadie más, idiota!
Harry le dio la espalda pero antes de salir se volteó para mirarle con sus ojos verdes llenos de ira.
—No quiero que te quedes aquí, mañana por la noche quiero mi casa limpia de tus cosas. Enviaré a un abogado para que hable contigo acerca de Jaymes y cómo serán las cosas con ella desde ahora. Adiós, Draco.
