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Ginny sintió un escalofrío de sorpresa; una ráfaga de confusión explotó en ella. Estaba ahí de pie, frente a sir Harry repitiéndose una y otra vez que esa NO era una noche de bodas real… a pesar que sus rodillas le temblaban y se sentía extrañamente mareada.
Harry mantuvo su boca apretada contra la de ella, moviéndola lentamente…, pidiéndole que respondiera de la misma forma en la que lo había hecho la última vez que la había besado.
Sabía que lo deseaba. Aquella tarde había notado la pasión en ella. Lo único que tenía que hacer era atravesar las defensas que ella había levantado. Con James incluido si era necesario.
Se sintió aliviado cuando oyó un ligero y medio estrangulado gritito de excitación.
Sería una esposa de verdad. El huerfano de Gryffindor había conseguido una mujer.
Y un futuro.
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Sus labios dudaron en un primer momento y después se suavizaron bajo los de él. Harry tuvo la seguridad de que había supuesto bien. No se había equivocado al interpretar la curiosidad que había en sus ojos ni el significado del temblor en sus dedos.
La misma suerte que lo había mantenido vivo durante muchos años como cazador de bandidos le había seguido hasta su nueva vida como granjero de flores. Casi se podía visualizar. En aquella unión había ganado mucho más de lo que esperaba.
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Ginny profirió un suspiro y sus dedos se aferraron a la espalda de su marido; ya que si no lo hacía, se caería ya que sus piernas no la podían sostener por más tiempo. Harry gimió. Había estado soportando todo el día el tormento de la excitación que sentía su cuerpo: incluso cuando dio ese estúpido discurso…. Pero en aquel momento estaba ansioso por lo que le esperaba. Había llegado el momento de reclamar a su esposa: a su querida Lady James.
Harry sintió que Ginny se estremecía y se apretaba contra él. Las ganas de reír se apoderaron de él, pero se contuvo. No era el momento de sucumbir a la alegría. Era evidente que toda la locura de Ginny de esperar hasta que su relación se convirtiera en amistad era simplemente eso: una locura. Además ya habían pasado 6 días enteros en los que demostró ser paciente, y todo un caballero. Ya casi se podían considerar los mejores amigos.
Ginny estaba tan ansiosa como él por probar los placeres del lecho nupcial, apostaría por ello.
Sir Harry estaba aliviado y optimista. Tenía otra batalla frente a él, pero estaba acostumbrado a pelear por lo que quería. Y estaba claro que quería a Lady Ginny.
Se dio cuenta de que la repugnancia de Ginny por Draco era genuina. Seguía sin saber qué pensar sobre su pasada experiencia en el amor, pero la suavidad de sus labios le comunicó que fuera lo que fuese lo que había ocurrido entre ella y Draco no había conseguido que le disgustase hacer el amor.
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Cabía la posibilidad de que Tom Riddle le hubiera enseñado todo el placer que un hombre y una mujer pueden darse. Quienquiera que fuese el responsable, no le estaba nada agradecido.
-Mi señor. -La voz de Ginny sonó como un suspiro entrecortado contra los labios de Harry. Sintió su calor y su suavidad en el pecho y ella le puso los brazos alrededor del cuello, haciendo que se erizaran los cabellos de la nuca-.
-No deberíamos besamos de esta forma todavía, porque le juro que no puedo parar-.
Aquella confesión hizo que la sangre de Harry golpeara intensamente en sus venas. Todo su cuerpo reaccionó con repentina violencia ante la promesa de la entrega de Ginny.
Su mujer estaba dispuesta y deseosa, no era una angustiada e inocente doncella a la que hubiera que llevar lentamente a la cama.
-Esté segura de que no tengo intención de cesar en mis besos -Harry acarició el borde de su boca con las yemas de los dedos. Sus labios temblaron y se abrieron. Sus mejillas, rojas y encendidas, eran cálidas…
Si no había sido Draco el que había enseñado a Ginny el arte del amor, entonces habría sido Tom Riddle, el tan cacareado modelo de caballerosidad. Maldito fuera.
«¿Quién habría sido?», se preguntó.
¿O había tenido dos amantes?
En aquel momento no le hubiera importado enseñarles El canto del Fénix a sus dos rivales.
Tras haber conocido a Draco, concluyó que era el misterioso Tom Riddle el que debía preocuparle más.
Otro desafío para el Auror Sanguinario de Gryffindor. Jamás se había echado atrás en ninguno.
Ni siquiera con James, pensó con alegría. Por un instante pensó que el caballero era Colin disfrazado, por eso lo trató tan fuerte; pero luego se dio cuenta que era ella. Y su mundo giró al revés: él se había comportado como un completo idiota al dejar de lado la confesión de Ginny, por eso se disculpó por medio de la espada de su abuelo; esperaba que eso lo ayudara en algo... talvez conseguir el perdón de su hermosa mujer.
La besó con mayor intensidad, sabiendo que no tenía derecho a estar molesto porque Ginny hubiera estado en los brazos de otro hombre. Él tampoco era virgen. Y para colmo era adoptado, no era un gran trofeo para una dama de su rango.
Ginny era una joven rica de veintitrés años, una niña que había tenido que cargar sola con las responsabilidades de administrar su heredad durante gran parte de su vida.
También era muy curiosa e inteligente, y nunca había tenido intención de casarse, pero que gracias a su suerte, habían cambiado las circunstancias...
-
Harry se dio cuenta de que se estaba volviendo loco. Le sorprendió porque nunca había sentido las afiladas punzadas de los celos.
¿Celos?
Darse cuenta de que los sentía le hizo entrar en razón. Apartó su boca de la de Ginny y le puso las manos en la cara. Sus ojos eran luminosos y estaban llenos de sorpresa cuando ella le devolvió la mirada.
-Lo hecho, hecho está -murmuró Harry con el seño fruncido.
-No le entiendo, señor.-susurró la pelirroja-
-No importa. A partir de esta noche, eres mía. Eres mi esposa, la futura madre de mis hijos. Juro que te haré olvidar a Draco, a Tom Riddle y a cualquier otro hombre que hayas conocido antes que a mí.
Las cejas de Ginny se juntaron y esbozaron una expresión burlona.
-¿Por qué querría olvidar a Draco y a Tom? Uno es mi vecino y el otro era un amigo.
-Basta. No vuelvas a hablar de ellos esta noche.-Lady Ginny pudo jurar que la voz de su esposo era casi con tono rogativo-
Harry aseguró su silencio con otro beso y la abrazó un poco más fuerte.
Ella murmuró algo ininteligible que parecía una protesta o un intento de comenzar una calurosa discusión. Harry no quería escucharla. Abrió sus labios y le hundió la lengua en la boca.
Ginny lanzó otro sonido extraño y un tanto entrecortado. Después apretó los brazos alrededor del cuello de Harry y le tocó la lengua con la suya.
Harry inspiró con fuerza, la levantó en sus fuertes brazos, caminó y la acostó en la cama. El ansia por estar dentro de ella le consumía. Se dejó caer en las blancas sábanas de lino y abrazó a Ginny.
-Mi señor…-inició ella con dificultad-
-Calla -le rogó Harry con voz ronca mientras colocaba una pierna sobre sus muslos. Consciente de su peso y de que ella era mucho más pequeña, se apoyó en las manos y se inclinó sobre ella-. Ya hablaremos más tarde del asunto. Ahora sólo quiero besarte.
Quiere besarme… solo quiere besarme- se repetía lady Ginevra.
-¡Oh! –apenas pudo articular la pelirroja. Le acarició las mejillas con la punta de los dedos y miró directo a sus hermosos ojos verdes-. Bueno, supongo que no pasa nada por besarse simplemente, ¿no?
-No. Y si lo pasara, dudo que pueda detenerme…
Miró embelesado su cabello rojo, que caía suavemente sobre las almohadas con encajes. Lentamente, apretó un mechón con una mano e hizo un bucle entre sus dedos. Lo acercó a la nariz e inspiró profundamente.
-Hueles a flores, como todo en esta isla. Y a torta de melaza… delicioso-pensó-
-Espero que se acostumbre. –dijo ella con una sonrisa-
-Sí -dijo inclinando la cabeza para besarle el delicado cuello-. Espero hacerlo.
Apartó uno de los lados de la bata y escuchó con intenso placer sus rápidas inspiraciones. Bajó la boca hasta el abultamiento que formaba su pecho todavía cubierto por el camisón de lino blanco.
-Mi señor...
-Me llamo Harry -dijo con sorprendente suavidad. Su piel era más hermosa que las caras sedas que le había dado como regalo de bodas.
-Harry -repitió con voz entrecortada-. Has dicho que sólo querías besarme.
-Sí, en todas partes… -El puro y perfecto contorno de su reducido pecho era la visión más seductora que había tenido en la vida. Deseó ver el pezón que había bajo el escote delicadamente bordado de su camisón. Pasó un dedo por encima, deleitado con su forma.
-Harry -exclamó inmóvil ante sus caricias, y lo miró con los ojos muy abiertos. Le puso las manos en los hombros, como si quisiera apartarlo-. No creo que sea buena idea. Has dicho que no pasaba nada con los besos y he aceptado, pero esto es demasiado...
-¿Quieres besos? -preguntó mientras desataba hábilmente las cintas del camisón-. Pues besos tendrás. Cientos, miles.
-¡Harry! -protestó golpeándole inútilmente en las manos-. No creo que...
-No intentes pensar, esta noche no.
El fuego crepitaba sin cesar, sin embargo apenas se colaba por los doseles de la cama, dejando entre claroscuros la figura de Lady Ginny, pero era suficiente para él: Entonces pudo ver una parte de su cuerpo que deseaba ver desde que la bajó del muro del convento: los rosáceos pezones eran aún más seductores de lo que había imaginado, y eso que tenía mucha imaginación. Harry puso la boca en uno de ellos y la succionó suavemente entre sus dientes.
La reacción de Ginny fue soltar un gritito y sus dedos se hundieron en la espalda de él.
-¡Por santa Hermione! ¿A esto llamas besos?
-Sí, aunque es más como beber néctar...
-¿Lo dices... -Ginny parecía tener problemas para pronunciar las palabras y se apretó contra él- …de verdad?
-Completamente.
Harry se preguntó si Tom Riddle no se habría molestado en probar los pechos de Ginny… maldito fuera... Pensó que sus rivales habían tenido que ir muy deprisa cuando la sedujeron.
Draco estaba resuelto a forzar un matrimonio.
La empresa de Tom había sido un asunto más peligroso. Sin duda era consciente de que no tenía intención de ofrecerle el matrimonio. Puede que la necesidad de hacerla mujer en secreto y la prisa le hubieran vuelto descuidado y torpe.
Harry besó el valle que había entre los pechos de Ginny y pensó que ser su marido era una ventaja. Un hombre tenía todo el tiempo del mundo para seducir a su mujer en la intimidad del lecho nupcial.
Harry fue llevando sus besos hacia abajo, apartando el camisón mientras se dirigía hacia su objetivo. En aquel momento le guiaba el olor de la excitación femenina, mucho más embriagador que las flores de su perfume. Ginny reaccionaba ante su iniciativa, saber dónde se encaminaba hizo que en su interior explotara otra oleada de intenso deseo.
-Señor,… milord,… Harry, -Ginny apretó los ojos y arqueó la espalda-. No me beses más. Creo que mis sentidos van a explotar...
-Igual que los míos. -Harry levantó la cabeza para mirar su sonrojada cara y la observó mientras metía la mano por debajo del camisón.
Los ojos de Ginny se abrieron de par en par y movió la cabeza con un gesto que podría significar cualquier cosa.
-Por favor.- rogó ella
-Haré todo lo posible por satisfacerte y antes de que amanezca los habrás olvidado a los dos.
Se inclinó hacia ella y la besó mientras movía la mano dentro de sus calzones y se los quitaba lentamente.
-¿Olvidar a quién? Harry, no creo que esto estés bien. Me preocupas.
Harry no sabía de qué le estaba hablando y no tenía ganas de entablar ninguna conversación. Acercó su mano hacia la cálida y húmeda piel que había entre sus muslos.
Ginny se puso tensa ante sus caricias. Volvió a cerrar los ojos y pareció dejar de respirar durante unos segundos. Le estaba clavando las cortas uñas en la espalda con tanta fuerza que sabía que a la mañana siguiente tendría marcas. La idea le gustó.
Harry siguió explorando suave, lenta, tiernamente. Fue apartando la suave y melosa carne como si fueran las hojas de una exuberante y frágil flor hasta que descubrió el tesoro que buscaba. Ginny gimió cuando le acarició su centro. Continuó haciéndolo con cuidado, en círculos, provocándola, tirando y haciendo presión en el pequeño capullo.
Ginny ya no podía protestar. Harry supo que se había dejado llevar por el placer que le producía. Se estremeció, se retorció y se aferró a él. Verla reaccionar ante sus caricias con semejante pasión lo satisfizo más que cualquier cosa que hubiera experimentado anteriormente.
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Ginny estaba tan poseída por el hechizo sensual que no se dio cuenta de que Harry volvió a bajar la cabeza para besar el firme y diminuto capullo que él había conseguido excitar completamente.
Harry notó el preciso momento en el que ella se dio cuenta de lo que le estaba pasando.
Ginny sufrió una convulsión como si la hubiera alcanzado un rayo.
Harry estaba seguro de que había visto su resplandor.
Los labios de Ginny se abrieron para dejar salir un grito de sorpresa. Aquel sonido de revelación y asombro cesó tan rápidamente como había comenzado, pero certificó lo que Harry había comenzado a sospechar. Fuera lo que fuese lo que había experimentado con sus anteriores amantes, no había conocido los placeres de su propia liberación.
Su respuesta fue mayor de la que Harry creía poder provocar: Estaba sumida en un temblor incontrolable que le había producido, al igual que él. Era una criatura mágica que cautivaba todos los sentidos de Harry. Éste se quedó literalmente fascinado por lo rápidamente que ella se aproximaba a su alivio y se estremecía como una flor con el viento.
A la mañana siguiente, tanto Draco como Tom Riddle serían vagos recuerdos para Ginny.
-¡Harry, Harry! ¿Qué me has hecho? ¿Qué me has hecho?-repetía mientras temblaba en los brazos de Harry-
-Nada que no pueda repetirse muchas, muchas veces antes del amanecer.
Por todos los cielos… no lo podía creer… después de todo lo que había vivido. Todo lo que había visto… las guerras y el dolor… después de la relegación de la sociedad por ser un adoptado y un acecino… parecía que la vida le estaba regalando lo único que jamás pensó podía tener… una esposa y unas tierras. Y en ese momento se arrepintió mil veces de haber dudado de ella. Y de haber respondido mal hacia James.
Esperó hasta que se ella se relajó. Cuando cesaron los temblores, se puso encima del debilitado cuerpo de Ginny apoyándose en los codos.
Miró su aturdida cara y sonrió.
Ginny le observó también, al parecer sin habla por lo que había experimentado. La combinación de emociones que reflejaron sus ojos era fascinante. Confusión, asombro, placer y curiosidad, mezclado hasta dejada sin habla.
Era la primera vez que la veía en ese estado. Frágil. Su sonrisa se transformó en una mueca de complicidad.
Si no se hubiera sentido tan incómodo se habría echado a reír, pero estaba tan duro y rígido como el acero del El canto del Fénix, aunque no tan frío como su hoja. Todo lo contrario. Estaba encendido y sólo había una forma de sofocar las llamas que ardían en sus entrañas…
Se sentó dándole la espalda a Ginny y empezó a quitarse la ropa. Cuando se desabrochó el cinturón, observó con pesar que le temblaban las manos por la necesidad que sentía y tiró lejos la correa de cuero.
-¿Has... sentido lo mismo que yo? -preguntó Ginny con voz débil y entrecortada.
-Todavía no. Te juro que he estado a punto, pero he conseguido evitar deshonrarme sobre tus hermosas sábanas blancas. Te aseguro que lo he reservado para ti.-dijo con más calma de la que sentía-
Harry se quitó la túnica blanca y la lanzó en la misma dirección que el cinturón dejando su espalda completamente desnuda.
-¿Quieres decir que todavía no has experimentado estas extrañas sensaciones?-preguntó Ginny mientras se acomodaba su ropa. Sir Harry todavía no la había visto desnuda. Y si la había visto, no había dicho nada de su cicatriz. Tenía tanto miedo de lo que él dijera…
Sir Harry puso un tobillo sobre la rodilla y tiró de la bota de piel.
-No tengas miedo, notarás mi alivio cuando me introduzca en tu funda de seda -dijo con la comisura de los labios extrañamente levantada, ya no podía esperar más. Nunca se había sentido tan insoportablemente desesperado por poseer a una mujer… a su esposa…-. A menos, claro está, de que estés tan absorta en tu propio placer como para darte cuenta.
Ginny se irguió repentinamente para sentarse. Y se tapó su dulce cuerpo con el camisón, la bata y las sábanas.
-¡Por santa Hermione bendita!-dijo aún sin aliento- Esto del matrimonio es mucho más difícil de entender de lo que pensaba.
-Ya lo discutiremos más tarde.-"después de hacerte el amor" pensó-
-Pero es imposible...
-¡Por todos los diablos! -exclamó Harry con una mano en la otra bota y volviendo la cabeza para mirar a Ginny-. ¿De qué estas hablando? –terminó casi con dulzura-.
-No sabía que pudieras hacerme sentir unas emociones tan intensas -dijo Ginny apartándose el pelo de los ojos y mirándolo con inquietud-. O mejor dicho, que tú tuvieras que afrontar también semejante impulso.
-No sé qué tipo de amantes fueron Draco y Tom, pero te prometo que...-oh,, no.. por la expresión de Lady Ginny pudo notar que había errado en su comentario.
-¡Tom Riddle no fue mi amante! -exclamó agarrando el borde del camisón que tenía en las rodillas, revuelto entre las arrugadas sábanas, con ojos brillantes-. Ni tampoco Draco Malfoy, aunque nadie parece creerme. Te juro que estoy harta de que todo el mundo suponga que no soy virgen.
Harry le apretó una mano.
-Tranquilízate. Conmigo no necesitas probar tu inocencia. No me importa.-se veía realmente hermosa cuando estaba nerviosa-
-Tienes razón, no volverás a oír ni una sola queja sobre el tema.
-Que así sea. Me alegro de oírlo.
-La verdad es que el estado de mi virginidad no viene al caso.
-Así es. Lo hecho, hecho está.
-A fin de cuentas -dijo un poco demasiado dulcemente, no tengo ninguna duda de que he venido a esta cama tan pura e intacta como tú.
-Sin duda. –Ginny parecía inocente, pero esperar a que un hombre de 31 años fuera virgen, era demasiado…-
-Ningún hombre puede pedir más a una mujer.
-Quizá deberíamos cambiar de tema.
-Tienes razón -dijo con expresión más relajada. Ella estiró su mano y le tocó el brazo acariciándolo con el pulgar-. A decir verdad, nuestra virginidad o la falta de ella, no es ningún problema en este momento, ¿verdad?
-No -Harry era incapaz de pensar en nada más que decir. Ni tampoco quería seguir hablando. Solamente deseaba hacer el amor con su mujer. ¿Era mucho pedir?
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-Lo importante es que he aprendido lo poderoso que puede ser el deseo físico cuando lo controla un hombre como tú.
Harry la miró con cautela.
-¿Como yo?
-Es evidente que eres muy apasionado.-¡y estás casi desnudo! ¡Santa Hermione me ayude!-
-Lo que es evidente es que eres una mujer que despierta grandes pasiones.
-Soy consciente de que tengo mi parte de responsabilidad en esa cuestión.
-Estupendo, eso ya está aclarado.
Se sacó la otra bota y se levantó.
Ginny frunció el entrecejo pensativa.
-Está claro que tenemos que controlar esa volátil fuerza antes de que te domine por completo.
Harry se detuvo, contó hasta tres...
-¿Qué has dicho? -preguntó suavemente.
-Que debemos ser sumamente precavidos para protegerte -contestó con expresión preocupada.
-¿Protegerme de qué? -dijo perdiendo la paciencia.
Ginny abrió los ojos de par en par, pero dio la impresión de estar más sobresaltada que asustada.
-Estás gritando.
-No, señora -dijo entre dientes-. Todavía no, pero puede que pronto lo haga. Muy pronto.
-Ésa es otra prueba.
-¿Prueba de qué?
-De la fuerza de tu pasión. Está claro que debido a tu cariñosa naturaleza estás a punto de olvidar nuestro trato.
-¿Eso crees?
-Sí. Como esposa y por nuestra creciente amistad, debo ayudarte a que no sucumbas a ese impulso. Después de todo, tu honor está en juego.
-
-
Harry pensó que había perdido la cuenta de las copas de vino que había bebido durante el largo banquete. Nunca se emborrachaba. De hecho, no se sentía borracho, pero sus sentidos parecían abandonarle.
-¿Intentas decirme que hacerte el amor pondrá en peligro mi honor?
-Sé lo mucho que te afligirá despertarte por la mañana y descubrir que dejaste que la pasión se apoderara de ti y te hizo olvidar nuestro trato.
-¡Por el fuego del infierno! No puedo creer lo que estoy oyendo. Olvídate del maldito trato, no tenemos ninguno.!! –dijo al fin-
-Sí que lo tenemos. Acordamos que seríamos amigos antes de consumar nuestro matrimonio.
Te mostré quien era James. Mi más terrible secreto y no te importó… el hecho de restaurar la espada de mi abuelo no es suficiente, Harry. –pensó dolida Ginny-
-No, no quedamos en eso -dijo espaciando cuidadosamente las palabras-. Me comunicaste tu intención. Pero no me preguntaste si estaba de acuerdo. ¡Y por el mismísimo diablo que no te dije que lo estaba!
Lady Ginny tenía que admitir que tenía razón. Çel en ningún momento lo había admitido. Pero no iba a declinar ante su marido. Ya la relación había empezado un poco distorsionada de lo que ella esperaba. No iba a dejar que continuara así… "Primero amigos… después amantes…"
-Te darás cuenta de que si sucumbimos a la pasión esta noche arruinaremos toda posibilidad de cimentar nuestro matrimonio en la amistad y la confianza.
Harry se contuvo con todas sus fuerzas.
-Es la cosa más absurda que he oído en mi vida. Dijo mientras se acercaba a ella solo vestido con sus pantalones.
-No era eso lo que decías ayer...
-Puedes estar segura de que lo pensaba.
-¿No quieres que entre nosotros haya amistad y confianza?
-Llegarán con el tiempo -dijo intentando llevar su razonamiento en otra dirección-. ¿Confías en mí?
-Sí, pero tú no confías en mí. –eso sí era cierto, argumentaba Ginny, él nunca creyó en su palabra-
-Eso no es verdad.
-Crees que he permitido que otros hombres me hayan hecho el amor, a pesar de que te he asegurado que no he yacido con nadie…
-También te he dicho que el que seas virgen o no, no me Importa. No me preocupa el pasado, sólo el futuro.
-Es muy galante por tu parte, pero no podremos tener un futuro satisfactorio juntos si no se apoya en la confianza. Y no me crees. Admítelo. Piensas que te he mentido.
-¡Por todos los diablos! Tú virginidad sólo es asunto tuyo.-él no podía siquiera imaginar que alguien más le besara, más bien… no quería-
-Agradezco tu inteligente actitud en esa cuestión, pero esa no es la cuestión, ¿verdad?
-Me siento como si me estuviera hundiendo en un pantano.
-Creo que deberíamos aprender a confiar el uno en el otro si queremos ser felices en nuestro matrimonio.
Vio el amor propio y el dolor en sus ojos marrones y en ese momento se dio cuenta de que le decía la verdad. No la había tocado ningún hombre. Había sido un loco al pensar lo contrario. Ginny nunca le mentiría en una cosa así.
Era demasiado orgullosa, demasiado ardiente, demasiado audaz como para mentir en nada.
Aquel pensamiento le llenó de satisfacción. No tenía derecho a tener tanta suerte, pero no iba a protestar contra el feliz destino que le había otorgado una esposa virgen.
Sonrió. El huérfano de Gryffindor tenía una esposa virgen.
-Te creo cuando dices que no te ha hecho el amor ningún otro hombre. –Admitió con cierto cariño-
Ginny lo miró, indecisa y recelosa.
-Ahora es la pasión la que habla por ti. La tentación hace que digas lo que crees que quiero oír.
Sacudió la cabeza sin dejar de sonreír y se acordó de su respuesta no enseñada a sus besos íntimos.
-No, te deseo mucho, pero no soy un torpe esclavo de sus pasiones. No tienen poder para hacerme mentir. Te creo cuando dices que nadie te ha tocado, Ginevra.
Ginny retorció las manos en su regazo. Ahora volvía a ser Ginevra; no Ginny,,, como anoche.
-Me gustaría poder creerte.
-Puedes hacerlo. Debes aprender a confiar en mí como yo lo hago en ti.
-Sí -contestó dudosa.
-Me crees, ¿verdad?
-Eso creo.
-¿Eso crees? -preguntó repentinamente furioso-. Hace un momento decías que sí.
-Esta noche todo es demasiado confuso como para aclararlo. Creo que sería mejor que nos concentráramos a mi plan original.
-¿Plan original?
-Sí. No consumaremos el matrimonio hasta que estemos seguros de que confiamos plena y firmemente el uno en el otro.
Harry cerró los ojos un instante.
-¡Que Dios me dé fuerzas!-
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-Estoy segura de que lo hará -dijo regalándole una victoriosa sonrisa-. Y mientras tanto, debajo de la cama hay un camastro en el que puedes dormir esta noche.
Harry la contempló mientras bajaba de la cama, se inclinaba y sacaba un camastro.
-¿Qué demonios estás haciendo?
Ginny se irguió y se apartó el largo mechón de pelo que le caía sobre la cara.
¡Dios…. Se veía tan hermosa incluso así…!
-Sacándote el camastro.
Harry apretó los dientes.
-Dormiré en la cama contigo, esposa.
Ginny parpadeó y se puso de pie lentamente.
-Estás enfadado.
-¿Enfadado? ¿Por qué habría de estarlo? -preguntó tranquilamente mientras se acercaba al asiento de la ventana.
-¿Harry?
Éste cogió El canto del Fenix y volvió a la cama.
-¡Señor! -exclamó mirando la espada que llevaba en la mano y llevándose una mano al cuello. En la profecía de Parvati se aseguraba que alguien moriría en su noche de bodas… pero no esperaba que eso fuera real… y que fuera ella.
Harry levantó el acero y golpeó con la parte plana en me dio de la cama.
Ginny dio un respingo y volvió la cabeza hacia la espada, que brillaba a la luz de las llamas y dividía la cama en dos partes.
-¿Así es como piensas empezar nuestra vida de casados? -preguntó Harry entre dientes-. Pues así será. El canto del Fenix compartirá cama con nosotros. Te protegerá de mí.
-No creo que sea necesario ponerla entre nosotros -susurró Ginny.
-No temas, dormirás a salvo en tu lado. Yo me pondré en el otro.
-Pero el camastro...
-No voy a dormir en el maldito camastro. Tengo derecho a mi parte de cama.-reclamó como un niño pequeño-
-Supongo que podré utilizarlo yo.
-No. Compartirás la cama conmigo. ¿Quieres que te de muestre mi autocontrol? Muy bien, lo haré. Por la mañana ya me dirás si crees que puedes confiar en mí.
Ginny se mordió el labio, pero no dijo nada.
Harry no le prestó atención mientras se despojaba de sus pantalones y los dejaba en el suelo. Oyó la leve y entrecortada exclamación que soltó cuando ella vio su cuerpo excitado. Intentó no hacerle caso, pero pensó que si no hubiera pensado que era inocente, aquella sorprendida mirada le habría dicho la verdad. Tenía los ojos muy abiertos y sus mejillas rojísimas, en efecto: ella nunca había visto el cuerpo de un hombre desnudo.
Iba a pagar un alto precio por tener una opinión equivocada, por no escucharla y dejarse llevar por lo que decía Sirius, Draco, los chismes del pueblo, por sus celos hacia Tom Riddle, por su desprecio hacia James… y por no haber sabido manejar la situación, y sólo podía culparse a sí mismo.
Atravesó la habitación de tres zancadas para avivar el fuego de la chimenea. Después volvió, cerró las cortinas y se metió en la cama.
El canto del Fenix yacía entre ellos como una barrera de acero contra la pasión.
Estaba muy oscuro. Las cortinas del dosel no dejaban entrar el reflejo de las brasas. Harry cruzó las manos por debajo de la cabeza y miró las sombras. Le dolían los muslos y estaba furioso consigo mismo.
Iba a ser una noche muy larga.
-¿Harry? -La voz de Ginny sonó dulce y teñida de inquietud.
-¿ Sí? –dijo el con voz ronca-
-Ahora me acuerdo de que parte de la predicción de Parvati se ha cumplido.
-¿Qué predicción?
-Dijo que desenvainarías tu espada en la cámara nupcial, y lo has hecho.
-Teniendo en cuenta mi poca fortuna,-le respondió Harry- me sorprende no haber tropezado y haberme cortado el cuello con ella.
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N/A: creo que JAMÁS se lo esperaban,… verdad??? Nos vemos en el siguiente capítulo….
Si, ya sé que Ginny se comportó muy inocente. Pero piénselo bien. En esa época era muy común la desinformación. Incluso para una mujer instruida como Ginny. El sexo era RE tabú.
Y con esto creo que muchas dudas se aclaran. Lady Ginny era más virgen que ciertas monjas del convento.
