Imagen 120. Beso, ella arrodillada, él sentado. Shadowlights.

Personajes: Hikari , Takeru, Daisuke & Miyako (Takari).


.

.

«Hasta el día más inesperado»

.

.

No era la primera vez que se lo encontraba así. Tenían bastante confianza incluso de dormirse en cualquier momento y lugar, sabiendo que el otro está a su lado, velándolo. Pero sí fue la primera vez que lo veía en la azotea, solo y tranquilo, durmiendo y con el viento ondeándole los cortos cabellos.

Hikari casi lo llamó para despertarlo, pero se quedó como hipnotizada mientras observaba su rostro. Se acercó lentamente, se acuclilló y dejó a un lado su caja del almuerzo que aún no tocó. Había pensado comer con él, como otras veces habían hecho, pero al parecer Takeru estaba o muy cansado o muy a gusto donde estaba que se quedó dormido rápidamente. Pensó que tal vez estaba soñando algo bonito o apacible, pues mostraba una expresión llena de paz, disfrutando de su descanso. Le dieron ganas de sentarse a su lado e imitarle.

Sin embargo, aquella serenidad mostrada en su rostro atrajo a Hikari. En primer lugar, le tocó una mejilla con suavidad; esta estaba ligeramente fría. La frotó con cuidado con el pulgar, y luego, descendió y rozó con las yemas de sus dedos sus labios. El labio inferior concretamente. Estaba entreabierto y su tacto hizo que Hikari se humedeciera ella misma sus labios.

Se vio a sí misma inclinándose cada vez más. Sus labios tocaron los masculinos con sutileza, un roce leve. Su corazón iba desenfrenado ante su propia osadía que ni ella misma se estaba creyendo lo que acababa de hacer. Y como un resorte, echó la cabeza hacia atrás, pero no su cuerpo. Porque no pudo.

Takeru la miraba fijamente. Al principio su rostro no decía nada, porque no sonreía como siempre. Pero no es que estuviera serio, o enfadado, tal vez estaba analizando lo que acababa de pasar. Pero a la vez impedía a Hikari que se marchara, sujetándola con una mano en su espalda. Hikari no sabía qué decir, sus mejillas rojas delataban lo abochornada que se sentía.

Ninguno decía nada hasta que Takeru decidió romper el hielo. Hikari sintió que volvía a empujarla hacia él, con suavidad pero con firmeza. Sus rostros estaban cada vez más cerca y Takeru no hacía el amago de ir cerrando sus ojos ante lo que iba a ocurrir de nuevo, lo cual la ponían todavía más nerviosa.

Pero cuando sus labios casi volvían a rozarse, la puerta de la azotea se abrió con brusquedad acompañado por la voz en grito de Daisuke, quien la buscaba a ella.

No sabía cómo, pero se vio a sí misma en un momento a unos metros de Takeru, con su caja del almuerzo como si no hubiera pasado nada.

No escuchó para nada lo que Daisuke tenía que decirle, pues en seguida empezó a discutir con Miyako —al parecer por irrumpir así de escandaloso—. Hikari observó que Takeru no miraba a nadie, así que no podía determinar si estaba enfadado o no. O tal vez avergonzado, aunque no se lo podía imaginar así.

—¿Qué hacíais? ¿De qué hablabais? —preguntó Daisuke ignorando a Miyako, mirándoles entusiasmado.

Takeru por fin lo miró. Sonrió inesperadamente y se levantó, sacudiéndose los pantalones.

—De repente me apetece jugar a baloncesto, ¿te apuntas, Daisuke?

Daisuke no comprendió esa oferta repentina, Miyako tampoco. Pero Hikari había notado un atisbo de frialdad en su voz. Comprendió entonces que Takeru estaba enojado y que… la próxima vez, querría retomar lo que dejaron hace un momento. Por el momento se ensañaría con el chico.

Pobre Daisuke.


Más Takariii.