Valeee se que llego con un dia de retraso pero ayer fue un dia duro. Cuando empecé a publicar esto no pensé que tendría que terminar de publicar en mi época de exámenes (el dia 3, 10 y 14 de septiembre, y el dia 10 además es mi cumpleaños y empiezo a trabajar...). Pero estoy haciendolo lo mejor que puedo para poder llegar a tiempo y publicar lo mas regularmente que pueda.

Gracias por seguir ahi! 3

Capítulo 11

Subiendo por las escaleras del edificio, algo preocupado porque estaba en la planta de quirófanos, Draco Malfoy buscó a Harry Potter, en la situación más extraña en la que jamás se había visto envuelto con aquel hombre en su vida. Lo encontró, como suponía, en la puerta del quirófano 2, mirando hacia la ventana de ojo de buey y tamborileando nerviosamente con sus dedos en sus pantalones.

Malfoy se fijó entonces en que Harry había salido de su casa en ropa de deporte, probablemente la que usaba para estar en su casa cuando debía rellenar el papeleo. Se acercó a él, y le tendió el vaso de café que había conseguido en la planta anterior, en la cafetería. Estaba impaciente por terminar aquella charla y bajar a ver a Hermione, pero si Harry Potter solicitaba una charla urgente contigo, no podías rechazar aquella solicitud.

–Potter, te he traído un café. Cargado –añadió, viendo las ojeras del chico–.

–Llevo dos días sin dormir bien, y hoy habría terminado el papeleo y habría salido con Ginny –explicó, dando un par de sorbos a la bebida–. Pero ha surgido todo esto. Tendré que dar parte al departamento y llevarán a cabo una demanda contra Astoria Greengrass.

–Me parece bien –aceptó el rubio–. No esperaba menos del departamento de Aurores.

Ambos estuvieron en silencio unos segundos, sin saber cómo continuar. Harry se mordió el labio, y al fin, se lo contó:

–Hermione está embarazada.

Malfoy le miró, tan bruscamente que su cuello dio un tirón, con los ojos muy abiertos y la boca más abierta aún. Esperaba encontrar algún atisbo de que aquello no era cierto, pero no lo encontró.

–¿Cómo dices? –consiguió articular–.

–Así que es como yo pensaba. No lo sabías –afirmó el moreno de ojos verdes. Malfoy, completamente en shock, solo negó con la cabeza–.

–Pero… pero ella, yo la he traído en coche, ¿Cómo no lo he…?

–Llevas un buen rato con la adrenalina por las nubes. Ella sabe bien como esconder esas cosas, porque está de pocas semanas, tal vez unas veinte. Pero en cuanto me llevé a Astoria de aquel sofá la vi claramente.

–¿Cómo sabes de cuánto tiempo está?

–Ginny está también embarazada. Deben estar más o menos del mismo tiempo, si es que no un poco más –se explicó Harry–.

–Eh… enhorabuena, Potter –le felicitó, sin saber qué más decir–. Pero…

–Debes ir a hablar con ella, es evidente que no pretende contártelo. No en este momento, al menos, o no se habría escondido de ti –añadió–.

–No sé qué decir a eso –dijo simplemente el muchacho, pasando una mano por su frente y su cabello en un momento de pesadez–.

–¿Cómo es posible que no hayas sabido de ella en tanto tiempo como para no saber nada? –preguntó Harry entonces–. ¿Es que desapareció de tu vida y te dio igual?

–Por supuesto que no. Astoria se presentó en casa, le contó a Hermione lo que ocurría con su embarazo y ella decidió que hasta que no se solucionase el asunto no volveríamos a hablar. Estuve golpeando su puerta por más de media hora, pero ella me echó a patadas. Y quise respetar su decisión –concluyó–. Nunca mencionó nada de su estado.

–Tal vez en ese momento ella no lo supiera –dedujo Harry–. Pero, en cualquier caso, debes hablar con ella de esto, porque te aseguro que no será ella quien saque el tema.

–Eso haré. Pero Potter, volviendo al tema de Astoria… –retomó el chico–. ¿Cuáles son los cargos que van a presentarse?

–Probablemente secuestro y tentativa de homicidio –le explicó. Sacó un cigarrillo, pero con una severa mirada de advertencia por parte de Malfoy, simplemente le dio vueltas entre sus dedos, frustrado–. Aún habrá que discutir ciertos detalles, cuando Hermione y la misma Astoria declaren sobre lo ocurrido. Según los detalles que nos proporcione Hermione, podremos concretar si ha sido premeditado, o si hay algún agravante. Hermione parece estar intacta –dijo, sin embargo–. Así que no es posible acusarla de agresión, por el momento.

–Pero la ha llevado donde sabía que habían torturado a Hermione, durante la guerra, ¿Eso no es premeditación? –sugirió, desesperadamente–. La ha llevado a un lugar así a propósito, para menguar sus posibilidades de enfrentarla.

–Eso es premeditado, sí –dijo el chico–. Pero no demuestra ninguna agresión, sólo que sabía cuáles eran los puntos débiles de ella. De haber estado también John, no sé cómo podría haber terminado todo –se exasperó por la posibilidad el moreno–. Gracias a Dios no estaba por allí.

–Está con su abuela, en Londres –le informó el ojigris–. Llamó por teléfono cuando vio que Hermione no había avisado de su llegada.

–No sé si preguntar primero por la naturalidad con la que la llamas por su nombre, o por tu conocimiento sobre los teléfonos, Malfoy, pero me voy a arriesgar –dijo irónicamente–. ¿Cómo demonios sabes tú utilizar un teléfono?

–No sé usarlos realmente, pero comenzó a sonar y vi que en la pantalla había dos opciones: contestar o colgar –dijo llanamente–. Así que contesté.

–Muy intuitivo –acertó a comentar Harry–. ¿Qué vas a hacer ahora?

–Ahora debo hablar con Hermione, saber qué quiere hacer ella ahora, y qué va a pasar con nosotros.

–También se me hace demasiado raro escuchar "nosotros" viniendo de ti –admitió Harry–. Pero eso no importa si de verdad piensas cuidarla. Deberías ir ya a su habitación, le ha dado tiempo de que la instalen y debe estar descansando. Te avisaré si despierta Astoria, tras la operación.

Con un asentimiento de cabeza, Malfoy dejó el pasillo de quirófanos y se encaminó a la segunda planta. Aún sentía como si sus pies estuvieran levitando unos centímetros del suelo, sin terminar de aceptar lo que Harry acababa de contarle. Él se había encariñado con John, y en cierto sentido consideraba que el niño era su responsabilidad, y realmente lo había llegado a querer como a su hijo propio, pero ahora había un bebé en camino, uno suyo. Su hijo.

¿Cómo Hermione no le había dicho nada al respecto? ¿Lo sabía John? ¿Acaso siquiera podía imaginar que iba a tener un hermano o una hermana? Seguramente ella lo sabía desde hacía un tiempo, pero Draco suponía que estaría buscando el momento propicio para decírselo a su hijo. También tenía que darle a Hermione su teléfono móvil, para que llamara a su madre, que debía estar preocupada. Él no entendía de teléfonos muggles, y así tenía una excusa para aparecer por la habitación de ella, sin que esto la forzara a hablar por su simple presencia. Una excusa amigable, desde luego.

Al llegar a la puerta 212, llamó con los nudillos y esperó una respuesta.

–Adelante.

–Te he traído tu teléfono –se explicó, tendiéndole al momento el aparato–. Tu madre llamó ayer, cuando… bueno, cuando ocurrió todo, y fui capaz de responder y explicarle la situación.

–¡¿Le dijiste a mi madre que me habían secuestrado?! –gritó, de manera impulsiva, Hermione. Las maquinas adheridas a su cuerpo comenzaron a pitar y sonar–. ¡¿Es que te has vuelto loco?!

–¿Y qué esperabas que le dijera, que ibas a estar sin hablar con ella días porque te apetecía? –inquirió, molesto–. Necesitaba saber que John estaba en un lugar seguro, necesitaba coger esa llamada.

–John… –repitió ella, y el sonido del nombre de su hijo pareció calmar un poco sus nervios–. John está con mamá, es verdad.

–Bueno –continuó, y se sentó en la silla para visitantes de la sala de hospital–. ¿Hablamos ya de nuestro bebé, o esperas contármelo cuando hayas dado a luz?

–Así que lo has notado –se lamentó ella, tras todos sus esfuerzos, de que el chico se hubiera percatado–.

–No, me lo ha dicho Potter. También hemos estado hablando de muchas otras cosas –añadió–. Como, por ejemplo, que mentiste a Potter y Weasley, haciéndoles creer que interrumpiste tu primer embarazo, cuando no fue así.

–¿Qué esperabas que les dijera? ¿Que creo en las segundas oportunidades? ¿Que mi hijo no iba a ser como su padre? ¿O que había decidido traer al mundo al bastardo de Lucius Malfoy? –Escupió, con dolor–. Ellos no lo habrían entendido, no habrían aceptado que John naciera.

–Creo que al final lo habrían comprendido. No es propio de un Gryffindor comportarse así, de forma tan cobarde, escondiéndose como una serpiente –dijo el chico, realizando un símil muy acertado–. La Hermione Granger que yo conocí en el colegio habría dado la cara, habría salido adelante sin importarle lo que dijeran de ella los demás. Con el apoyo de sus amigos.

–En ese momento, yo… –se interrumpió a sí misma, cerrando los ojos un instante. Estaba decidida a contárselo, aunque le doliera. Respiró hondo y volvió a comenzar–. Tu padre trató de que lo mirase a los ojos. Lo trató una y otra vez, sin éxito, y cuando no lo consiguió, me golpeó. Muchas veces –confesó, llorando en silencio mientras hablaba por primera vez todo lo ocurrido aquella noche, en la Mansión Malfoy–. Una y otra vez, toda la noche. Casi sin parar –insistió, y el chico, comprendiendo dolorosamente a qué estaba refiriéndose, tomó su mano consoladoramente–. Tu padre arrebató todo el orgullo y el valor que había en mi corazón, durante mucho tiempo. El primer día que sentí que había recuperado parte de mi valor fue el día en que leí en el Profeta que lo habían asesinado unos Aurores en una misión de captura. John tenía tres años por ese entonces. No me sentí capaz, Malfoy, no me sentí con fuerzas para luchar frente a mis propios amigos por el hijo de alguien que me arrebató lo más importante de mi vida: a mí misma.

–Él ya no está aquí, Hermione. Pero yo si –insinuó–. Sabes que quiero a John como si fuera mi propio hijo. Y sabes que querré a nuestro bebé, pase lo que pase, pero no comprendo por qué no me lo habías dicho antes.

–Me hice la prueba hace tres días, cuando comencé a notar patadas –admitió, avergonzada–. Al principio me negaba a creerlo, pero ahora… Ahora me siento la peor madre del mundo, porque le he ignorado durante meses.

–Estabas asustada, es normal que no supieras cómo afrontar la situación –dijo en tono comprensivo el chico–.

–Cuando Astoria se presentó en tu casa me exigió que me apartara de vuestro camino, o haría de mi vida y la de John un infierno. Me insinuó que ella podía aún construir una familia contigo, una familia que no tendrías jamás conmigo. Y no quise separar a su hijo de ti…

–Pero no era mi hijo. Era el hijo de ella con Blaise, y él ni siquiera sabe…

–Si lo sabe –le contradijo–. Astoria me ha confesado cosas que no habría dicho de no ser porque pensaba que iba a morir. Blaise la ha rechazado, a ella y a su hijo, en cuanto le dijo que era suyo. Ella sabía que las cuentas no cuadraban, que el niño era de Blaise. Al principio… –comenzó, pero se mordió el labio, insegura de si contar la verdad–.

–Ella va a ser juzgada por el Wizengamot por secuestro y tentativa de homicidio, Harry acaba de explicármelo –le aseguró–. La diferencia entre Azkaban y una institución psiquiátrica es que tu sepas algo que demuestre que ella sabía lo que estaba haciendo.

Hermione no sabía si hablar. Le había dado la impresión de que Astoria se había arrepentido de cuanto había hecho, cuando estaba con ella en el sofá. Pero tal vez, y solo tal vez, todo aquello fuera porque veía que no saldría de aquello, pero no se arrepintiera realmente. Nunca bajó su varita, a pesar de que Hermione estuvo con ella durante todo el proceso. También le aseguró que, si salía de aquello, volvería a intentar asesinarla y robarle a su hijo. Esto la hizo recapacitar, recuperar la forma de pensar de la guerra, y calcular fríamente sus posibilidades. Al final, decidida, comenzó a hablar:

–Al principio quiso hacerme entender que pensaba que yo le había robado a su bebé. Me dijo que yo había hecho algún tipo de magia y había pasado al bebé de un vientre a otro. Pero luego… –suspiró, agotada–. Luego, mientras estábamos las dos en el sofá, ella me dijo que sabía que su bebé estaba muerto, que había sido su culpa, y que sabía que mi hijo era tuyo. Sabía que era mi bebé, y solo pretendía robarlo y matarme después.

Malfoy cerró los ojos, con el ceño fruncido, y pasó sus dedos por sus parpados bajados. Luego, abrió lentamente los ojos para observar a Hermione, con su cara empapada por el llanto y sus ojos rojos y cansados. Estaba realmente exhausta, y tal vez debido a eso decidió que era el momento de dejarla descansar. Miró, sin embargo, su vientre abultado, y no pudo controlar que una sonrisa se escapara de sus comisuras. Levantó la vista para volver a observar a Hermione, y ella le miraba absolutamente anonadada con la situación.

–Aún no sé… no sé si es un niño o una niña –dijo en voz baja–. Pero los médicos muggles pueden decírmelo.

–Mejor que sea una sorpresa –pidió el chico. Se incorporó de su silla, se inclinó ante ella y le robó un tierno beso, antes de salir por la puerta de la habitación, dejando a las enfermeras proseguir con su buen trabajo.

–o–

Astoria Greengrass finalmente despertó. Estuvo durmiendo durante casi un día, tras su intervención, en la que casi murió. Harry Potter había estado vigilando su habitación durante todo este tiempo, junto con un Auror de su departamento con quien hacía turnos para custodiarla. No pensaba dejar que la mujer que había querido asesinar a su amiga se escapara de nuevo tan fácilmente como la primera vez, y menos con su amiga aún en el Hospital.

Finalmente, con ayuda de su esposa Ginny, habían contactado con los padres de Hermione, les habían dado la noticia de que la habían encontrado y rescatado, y que se encontraba bien, aunque aún bajo vigilancia médica. Su hijo quiso inmediatamente ir al hospital, pero su abuela le retuvo, prometiéndole que cuando ella saliera de allí, lo llevaría con ella a casa y permanecerían allí un tiempo, los tres. Hermione recuperaba favorablemente su peso, y tras una revisión le dijeron que aquella misma tarde podría irse a casa. Antes de eso, Harry tuvo una charla con ella, en la que tomó su declaración y en la que ella confesó todo el asunto del padre de John, lo que había ocurrido antes del secuestro con Astoria, y lo que ella dijo en Malfoy Manor. Después de eso, no hubo más que hablar con ella y ambos se despidieron, hasta el día del juicio por secuestro.

Malfoy no había aparecido en la habitación de ella desde que la encontraron y hablaron. Sabía que la situación debía resolverse, pero no sabía cómo actuar después de su rechazo de casi cinco meses. ¿Volvería a rechazarlo? ¿O tal vez aceptaría una tregua, para ver como evolucionaba la situación? Era él el encargado de llevarla en silla de ruedas hasta la puerta (pese a la insistencia de que podía caminar), y estaba en el fondo del pasillo, de pie, agarrando la silla y temiendo dar un paso al frente. Una enfermera, sin embargo, le sacó de su obnubilación y esto hizo que se encaminara, más decididamente que en toda su vida, hasta allí.

–Vengo a llevarte a la puerta de salida –dijo nada más entrar, siendo traicionado por sus nervios–.

–Hola, Malfoy –dijo ella, y no pudo haber alivio más profundo que el que Draco Malfoy sintió cuando recibió la más sincera e iluminada sonrisa que ella podía regalarle–. Estoy deseando volver a casa.

–Podrás marcharte en un santiamén, bajaremos sin que te des cuenta –le aseguró el chico. Mentalmente se reprendió a sí mismo, pues creía haber dado a entender que deseaba que se marchara pronto, aunque no hubiera tenido esa intención–.

–¿Has pedido el día libre? –inquirió entonces ella. Malfoy detuvo la silla, algo confundido, y se situó frente a ella para poder mirarla a la cara–.

–¿El día libre, dices?

–Claro, para venir a casa conmigo –contestó ella, quien era entonces la que parecía confusa. La oleada de sentimientos que el chico sintió subir por su pecho hasta su garganta no tuvo precio alguno, las emociones a flor de piel mientras se agachaba frente a ella y tomaba las manos de ella entre las suyas–. Alguien tendrá que…

–¿De verdad quieres que sea yo quien te lleve a casa? –preguntó, para estar completamente seguro de que no había escuchado mal–. Llevas medio año sin hablarme, y desde que llegaste al hospital has estado poco comunicativa.

–He tenido que asimilar muchas cosas –caviló, sabiendo que el chico estaba atento a todas sus palabras–. Pero eres el padre de mi bebé.

–Si es por eso, yo…

–Y me he dado cuenta de que necesito que estés en mi vida, Draco Malfoy. De que te quiero –confesó, y su sonrisa fue acompañada entonces por sus brillantes ojos castaños chispeando de emoción–.

–¿Cómo dices? –inquirió tontamente Malfoy–. Oye, Hermione, si no estás segura de lo que estás…

–Estoy muy segura –afirmó ella, aun sonriendo–. Siempre que tú me aceptes, claro.

Sin poder aguantar más, el chico tiró de sus manos, la levantó de su silla y la aupó en brazos envolviéndola en el más dulce de los abrazos, coronando aquel momento con un tierno beso, que fue correspondido sin dudar. Malfoy no era capaz de dejar de abrazarla ni por un instante, con miedo de que si lo hacía se desvaneciera de entre sus brazos, pero Hermione seguía firmemente apoyada en su pecho, sin ningún interés en abandonar aquel cómodo refugio.

A su alrededor, enfermeras y pacientes rompieron en aplausos y ambos, avergonzados, se sonrieron mutuamente.