Snape pidió a Ginny y a Molly que desvistieran a Hermione para poder hacer que bajara su temperatura corporal. Aparte, también le mojaron la cara con agua limpia.

Las horas pasaban pero Hermione parecía no mejorar. Como tampoco empeoraba, Snape dijo que eso era buena señal. Hermione iba a ponerse bien.

Por la noche acordaron que Hermione se quedaría en la cama de Snape bajo su supervisión. Los otros se fueron a la cama ya que el profesor tampoco permitía que la gente estuviera entrando y saliendo de su habitación a placer.

Mientras Hermione dormía, Snape leía releía algunos libros suyos de pociones que siempre llevaba en una bolsa mágica por si acaso.

Era pasada media noche cuando Hermione abrió los ojos y se quedó mirando al profesor sin decir nada. En cuanto Snape levantó la mirada se acercó rápidamente a tocar la frente de la castaña.

- ¿Cómo se encuentra? – preguntó Severus mientras observaba en busca de algún signo de cambio.

- Bueno… me duele un poco la cabeza y tengo la sensación de que he hecho una siesta muy larga… Pero lo demás bien.

- Perfecto.

Snape siguió tocando y observando a Hermione hasta que pasados cinco minutos se retiró y se sentó en la silla que había al lado de la cama de Hermione.

- Son las 12:25 de la noche, por cierto.- añadió Severus.

- ¿De verdad? ¿Me he pasado el día durmiendo?

- Sí. Ha tenido mucha fiebre y había momentos en los que no sabíamos si iba a seguir viva. No parece muy propio de usted comer algo de procedencia desconocida… y más con los tiempos que corren. ¿No sabe de dónde salió?

Hermione se puso nerviosa y empezó a negar con la cabeza.

- Creí… que me lo había mandado usted.- Al reconocer esto se puso la cabeza entre las manos y empezó a llorar sigilosamente.- Lo siento, sé que he sido una estúpida.

- ¿Creyó que yo se lo había mandado? – Snape parecía perplejo.

- Ya le he dicho que he sido una estúpida.

Severus puso los ojos en blanco sin que Hermione lo viera y entonces le cogió una mano y le obligó a mirarle a los ojos.

- Usted… no es estúpida.- Se obligó a decirle eso a la chica para intentar que dejara de llorar.

Hermione no podía creer lo que acababa de oír de la boca de su profesor. Sonrió ligeramente y se mordió el labio mientras que con la mano que tenía suelta se limpiaba las lágrimas.

Hermione sintió que tenía que abrazar a su profesor, aunque frenó su impulso por miedo a volver a ser rechazada.

Severus, al darse cuenta, se sentó en la cama y abrazó a la castaña con todas sus fuerzas.

"¿Qué haces Severus? ¿Te has vuelto loco otra vez? Bueno… la chica lo ha pasado mal y no están sus padres por aquí. Esta bien que alguien la consuele… A pesar de lo que ha pasado sigue estando preciosa…"

Por su parte, Hermione disfrutó del abrazo de su profesor y no pudo pensar en nada más.

Pasados unos minutos se separaron y Severus limpió con un dedo las lágrimas del rostro de Hermione en silencio.

- Si quiere… bueno, puede darse una ducha mientras yo voy a prepararle algo de comer. – ofreció Snape separándose de la chica.- Luego quiero que se quede aquí toda la noche por si aparecen nuevos síntomas… Y mejor si no despierta a ningún miembro de la casa, me temo que no le haría bien todo el jaleo que montan sus… amigos.

- Muchas gracias, profesor.

- Si se siente mal en algún momento grite mi nombre y en menos de un minuto estaré a su lado ¿Entendido?

Hermione asintió, se levantó con cuidado y fue a ducharse al cuarto de baño que estaba utilizando Snape en su estancia en la casa para no despertar a nadie (Snape tenía la habitación más apartada ya que nadie quería relacionarse con él y él tampoco quería que le molestaran).

Un cuarto de hora después Hermione volvió al cuarto y se encontró con una pequeña cena en una bandeja encima de la cama. Hermione no pudo evitar recordar el día que Snape también le había mandado comida a su cama y sonrió.

La ducha la había dejado más fresca y ya no se sentía tan mareada. Se sentó en la cama y esperó a que llegara su profesor para comer. Snape se sentó en la silla y entonces empezaron a hablar mientras Hermione se comía un plato de sopa caliente y un bocadillito pequeño de atún.

Al terminar, Snape hizo desaparecer la bandeja.

- ¿Le han regalado algo, profesor? – preguntó Hermione al ver que se había hecho un silencio un tanto incómodo.

- El profesor Dumbledore me ha mandado este libro.

En ese momento Snape le acercó el libro que le había visto ojeando esa misma mañana.

- Vaya… Parece interesante.

Le devolvió el libro y volvieron a quedarse en silencio.

- ¿Está segura de que no tiene ni idea de quién pudo haberle mandado esos chocolates? Porque, como es obvio, yo no fui.

- No, profesor… no sé quién podría querer hacerme daño… ¿Cree usted que Vol… digo Quien-no-debe-ser-nombrado pudo haberlo hecho? Pero… ¿Por qué a mi?

- No… más bien había pensado en… Aymar.

- ¿Y cómo sabía dónde estaba? Usted la envió al Polo Norte ¿No?

- Sí… No lo sé… Creo que tendremos que meditar mejor el asunto mañana. Ahora estoy un poco cansado y no pienso con claridad.

- Puede… Bueno… la cama es muy ancha y ni nos tocaríamos… si quiere tumbarse un rato… - propuso Hermione nerviosa.

Snape se lo pensó durante unos segundos.

- No creo que fuera muy adecuado, Granger. Estoy aquí para vigilarla.

- Ya no estamos en el colegio… Si me pasa algo le aseguro que le despierto… Pero como quiera, si prefiere estar sentado en esa silla de madera pues adelante. Yo ya le he dicho que no me importa.

- Bueno… Puede que tenga razón como de costumbre. Será mejor que descanse un poco, no sea caso que a usted le pase algo o que al Señor Oscuro le apetezca jugar conmigo un poquito.

Ante ese comentario Hermione se estremeció.

Severus se quitó su túnica y su camisa (quedando únicamente en una camiseta interior negra ajustada) y se tumbó a su lado. Ambos estaban en la esquina de la cama, por lo que quedaba un gran vacío en medio.

Snape apagó la luz con un golpe de varita y suspiró.

- Buenas noches, profesor Snape. Muchas gracias… por todo.

- Buenas noches Granger. Si nota algo raro, aunque sea la cosa más tonta del mundo, despiérteme ¿De acuerdo?

- Claro, profesor.