Elsa

Después del horror, solo me resta mirar como todo va decayendo con lentitud. Construí un muro tan alto, convirtiéndose en mi cárcel, que desde allí, solo se puede caer. Y en efecto cayó.

Se derrumbó el miedo, el rencor, el odio, la maldad. Todo lo que se elevó para dominarme, cae.

Mi desesperanza, mi opresión, el egoísmo, el pánico...el dolor...todo lo que es falso, todo lo que está construido sobre mentiras, cae.

Puedo verme...yo también estoy cayendo, pero extrañamente, aún sigo aquí parada. ¿Quién es realmente la que cae?

Oh...claro, soy yo misma...o mejor dicho...mi otro yo. Desaparezco...para darme otra oportunidad, una que jamás hubiese tenido, sin el apoyo de mi querida hermana menor.

Pero aquella Elsa, aun descendiendo, me dedica una indescifrable sonrisa, que solo me llena de incertidumbre y temor.

Por supuesto...todo lo que cae, puede volver a levantarse. Quiere recordármelo.

Está bien, no lo olvidaré. Pero esta vez no tendré miedo, ya que tengo a alguien que me apoyará siempre, a pesar de no creer merecerlo.

Yo soy ella...y ella...soy yo...eso no cambiará.

Solo las acciones de uno mismo, pueden cambian el destino, y eso haré...cambiaré mi destino.

-/-

Abrí los ojos, percibiendo los cálidos resplandores del sol asechando por la ventana. Giré la cabeza, para encontrarme con el extraño semblante de mi pequeña hermana, durmiendo boca abajo. La baba recorría su comisura y sus pelos se encontraban completamente alborotados.

Había olvidado lo graciosa que era al despertar. Le sonreí con una ternura interminable, acariciando su sedoso cabello, tratando de acomodarlo.

-Anna...

-mm...

-Despierta...- la llamé, en voz baja, pellizcando con delicadeza su pecoso cachete.

De verdad no quería despertarla, pero mi labor de reina me llamaba, y la pierna encima de mi cuerpo no me dejaba reincorporarme.

-ya es tarde...- musité, depositando un tierno beso en su mejilla.

Rió tontamente al sentirme -mmm...un ratito mas...

-no puedo...debo levantarme...

-no...quédate...- pasó, aún a medio dormir, su brazo sobre mi torso, arrimándome hacia ella.

Sonreí, sin poder evitarlo. Sus acciones vencían mi débil convicción. Me acerqué más, y la acomodé un poco, acurrucándola en mi pecho.

-de acuerdo, un ratito... ¿Sí?

-mmm...

Reí en mis adentros, lamentando no haber despertado de esa hermosa forma en todos esos años perdidos.

Inmersa en su figura, besé su cabeza, para luego derivar mis besos a su frente, su nariz y sus mejillas, culminando en uno en sus labios.

Abrió los ojos con pereza, al percibir la calidez de mis actos.

-te quiero...

Escuchar aquellas palabras en plena mañana, me llenaron de infinita felicidad.

Estaba tan enamorada...tanto...que juré que el sentimiento me consumiría por dentro, derritiendo lo que quedaba de mi alma.

Había domado mi helado corazón, convirtiéndolo en un mar de sensaciones. Me había enseñado a sentir...de nuevo...

La abrasé con más fuerza, ocultando el rostro en su desprolijo cabello. Quería fundirme con ella, ser una...para nunca separarnos.

De inmediato, abrí los ojos de par en par, asustada ante mis propios indecorosos pensamientos, provocando que mi cuerpo se enfriara un poco, ante estos.

Anna, entreabrió los suyos, percibiendo mi cambio corporal.

-¿Elsa...estás bien?- murmuró, acercando su rostro.

Su expresión preocupada era algo que quería evitar. Me maldije al no poder controlarme.

-si...tranquila...- atiné a decir, acariciándola.

-mmmm...- emitió, desconfiada.

Se levantó un poco sobre sus codos, para luego rodar sobre mí, quedando su espalda encima de mi cuerpo.

-El cielo está despierto... ¿Y si hacemos un muñeco?

Pestañeé varias veces, sorprendida por sus palabras, llenándome de una extraña y acogedora nostalgia.

La calidez me invadió de nuevo, como si fuese magia...porque eso es lo que hacia...magia conmigo...lograba lo imposible, lo que me llevó años tratar de aprender, y sin embargo fue ella la que me lo terminó por enseñar.

El amor descongela...solo eso...esa era la tan buscada respuesta.

Delineé una sonrisa, rememorando aquellos buenos tiempos, en los que subía a mi cama para despertarme en plena noche por sus caprichos.

-si...ojalá no tuviera asuntos que atender...- me dispuse a contestar, volviendo a la realidad.

Se giró sobre mí, quedando frente a frente con mi estupefacta expresión -hazlo después...yo te ayudaré, prometo ponerme al día- me miró, suplicante.

Definitivamente no iba a dejar que me levante.

Me hizo reír su falta de compromiso. Sabia de sobras que no había prestado jamás atención a sus clases de princesa. Ella era un espíritu libre, y eso era lo que más me gustaba de su persona.

-Anna...- la nombré, deslizando mi mano por su rostro, apreciando su suavidad -gracias...

No pude evitar deletrear esas palabras, quería decirlas tantas veces como fueran posibles. Necesitaba expresarlo. Necesitaba agradecerle todo lo que había hecho por mí...

Sin intenciones de hacerlo, el pasado inundó mi mente, divagando en él.

-¡Elsa! por favor...háblame...- escuchó su suplicante voz, detrás de la puerta de su fría habitación.

Abrazó sus rodillas con fuerza. Siete años habían pasado desde que aquel fatal accidente que las separó. Todavía no sabía cómo era capaz de mantener la compostura.

Quería verla...con desesperación.

-no puedo más...- se dijo, afligida, escondiendo su tristeza entre sus piernas -es todo...no aguantaré esto...un segundo más...

Al dejar de oír las voces de su quebrada pelirroja, salió del cuarto con sigilo. Se dirigió a la oficina de su padre, decidida. Tenía que hablar con él...mentirle...decirle que ya controlaba sus poderes. Todo, con tal de poder estar con su querida Anna.

Para su sorpresa, no lo encontró solo, la pequeña se encontraba allí, discutiendo con él de algo que no llegó a escuchar. Sin embargo, se imaginó de qué se trataría.

Se escondió detrás de la puerta, asomando la cabeza con cautela. Lo que vio, la hizo abrir los ojos, pasmándola.

Su hermana ya no era la chiquilla que recordaba, se había desarrollado bastante. Su pelo creció para convertirse en una hermosa cabellera rojiza, y su semblante era extremadamente precioso y simétrico. Este, se encontraba adornado por unas tiernas pecas a su alrededor.

Observó sus bruscos pero extrañamente sensuales movimientos, desconcertándose por completo.

Se llevó la mano al pecho, al sentir una confusa atracción inmediata, con intención de calmar los inevitables sonidos de su palpitante corazón.

-No...ni se te ocurra...- susurró para sí misma, temiendo por sus emociones. La pared donde ahora se encontraba apoyada, comenzó a congelarse, despertando sus más escondidos miedos.

Sabía que había pasado demasiado tiempo confinada, pero eso no le daba derecho de enamorarse de la primera persona que veía en su vida después de sus padres.

Aterrorizada, volvió con rapidez a su habitación y se encerró en ella. Su plan para recuperarla, perdió fuerza de inmediato.

-ni lo pienses...- se insultó por dentro, llevando las manos a la cabeza, intentando calmarse.

-es mi hermana...es mi hermana...- repitió, caminando de un lado a otro, nerviosamente.

Pero muy dentro suyo conocía la verdad...demasiado tiempo...demasiados años...todo había cambiado.

Aquella persona...ya no era su hermana, solo era una desconocida...y de forma increíble, se había sentido por completo cautivada al instante de verla.

Sus palabras, ahogadas detrás de su puerta, la habían ayudado en momentos de resignación, pero aun así, nunca terminó de abrir aquel mural que las separaba. Nunca pudo observar su crecimiento. La imagen infante de la joven, desaparecía con los días...

Ahora al observarla...cayó en la realidad...si volvía a verla...se enamoraría de ella. No solo por su aspecto, sino por todo lo que la pequeña había hecho para salvarla, a pesar de que esta, no era consciente de ello.

Debía evitarla, a toda costa.

Era su sangre, estaba mal...tremendamente mal lo que comenzaba a crecer en su interior.

No era correcto sentirse atraída solo porque nunca dejó de insistir en su puerta...solo porque...nunca la abandonó...y por el pequeño pero no desapercibido hecho, de que se convirtió en una persona exquisita.

Bajó sus párpados con rudeza, ocultando sus sentimientos. Al instante, un sonrojo apareció en sus mejillas, delatándola.

Tenía que admitirlo...antes de inclusive verla...sus emociones se habían desarrollado de forma tormentosa por aquella muchacha. Era su apoyo...su bastón...era su todo.

Imposible obviar tremendos detalles, pero por su bien, aunque significase su propio fin, lo haría. La alejaría.

Pasado los años, luego de la dolorosa muerte de sus padres, el día de la coronación llegó. No tenia excusa, ya no podía evitarla, ella iba a estar allí...a su lado...y tenía que mantener la compostura, no debía dejar que sus pecaminosos pensamientos la controlasen.

La ceremonia culminó, acentuando sus temores. Anna se encontraba al lado suyo, un poco a la defensiva. No la culpó por sentirse así. Ella no sabía la razón de su alejamiento, seguro pensó todo ese tiempo...que la estaba rechazando.

-te ves hermosa...

No, eso no era lo que quería decir, pero escapó de sus labios, mordiéndoselos ante su descuido.

Para su suerte, correspondió su alago de una manera bastante graciosa.

La observó con detenimiento. De cerca era mucho más bella y encantadora.

Desvió un poco la mirada, empezando a intimidarse.

Decidió cambiar el rumbo del reencuentro, hablando sobre la primera fiesta que tenían en años.

Cualquier tema de conversación funcionaria, solo tenía que centrarse en ello y tratar de no pasar la vista a sus carnosos y deseosos labios.

-esto es tan perfecto...me gustaría que fuese así siempre...

-a mi también...

Lo dijo con total sinceridad, pero por dentro sabía que era incorrecto. No se iba a permitir lastimarla de nuevo.

El tiempo pasó con una tortuosa lentitud, al perderla de vista, luego de tener una pequeña discusión, en la que le dejaba en claro que no iban a volver a ser lo de antes, y no solo por su poder...aunque ambas partes, claramente las omitió.

Los secretos empezaban a pesarle.

Sin esperarlo, surgió de la mismísima nada, sujeta y con una estúpida sonrisa, de un joven desconocido.

-¿Casarse?

Sus palabras hicieron eco en su mente, creyéndolo realmente incoherente. Pero lo que más le molestaba, era que ese muchacho iba a apartarla de ella, aún más de lo que se encontraban separadas. No iba a permitirle lograr su cometido.

Se negó, con total autoridad y desdén. Era momento de utilizar su rango de reina.

Luego de unas hirientes pero penetrantes palabras que le dolieron más que nada en el mundo, le dio la espalda a su hermana, tratando de huir de la situación.

Allí fue donde todo empezó...donde su corazón...se descontroló.

Entreabrí los ojos, percatándome de que había sucumbido de nuevo al sueño.

Anna todavía se encontraba entre mis brazos, babeándome, para variar.

Sonreí con ternura. Los recuerdos eran cosa del pasado...pero no pude evitar pensar que mis celos extremistas podrían hacerme perder la lucidez de nuevo.

Sin querer despertarla, me alejé un poco de su lado, pero su mano retuvo mi brazo, acercándome rápidamente y plantando un beso en mis temblorosos labios.

Me aparté de inmediato, sin entender bien el por qué. Noté como me miraba, con la misma pregunta en mente.

-lo siento...- pude formular, descendiendo la mirada.

-Elsa...

El silenció irrumpió la habitación. No sabia como contarle mi gran problemática.

-es solo que...después de todo lo que hice...me parece irreal que aun quieras estar conmigo de esta...forma...- susurré lo último, con total honestidad y timidez.

No creía merecerla...su decisión de permanecer conmigo...iba mas allá de mi lógica comprensión.

Su respuesta fue solo una amable sonrisa. Solo eso...y mis miedos se alejaban a la velocidad de la luz.

-Elsa...- escuché su ronroneo, acercándose con cautela a mi oreja, para luego besarla con ternura.

Me sonrojé con intensidad al sentirla. Otra vez, su cercanía despertaba mi lado travieso. Deseaba más...más...mucho más...pero... ¿Acaso era correcto? ¿Qué es lo correcto realmente?

-yo estuve de acuerdo...

Procesé sus palabras con una extraña lentitud. Al entenderlas, mis mejillas se ruborizaron, acalorándome.

-Si hubiera querido escapar...lo hubiese hecho...- continuó, derrumbando de a poco mi gran muralla, que impedía que tome sus labios y la hiciese mía en ese mismo instante.

Sus pecosas mejillas se tornaron carmesíes, intensificando mis ganas -pero...lo sabía...internamente sabia que te anhelaba de muchas maneras...

Detente Anna...mi coherencia desaparece con tus palabras...por favor...

No quería dañarla, no de nuevo. Pero tenía que admitir que aquella oscura parte de mi, aun se encontraba intacta...aquella...que la deseaba de formas indescriptibles.

-te amo...Elsa...no me rechaces...

-¿Rechazarte?- repetí, con una incrédula sonrisa, perdiendo los estribos -Jamás...- emití, en un susurro, para luego posarme sobre ella en un rápido movimiento, tomando sus manos y entrelazándolas con las mías.

-No soy capaz de hacerlo...- fue todo lo que pude modular, perdiéndome en sus ojos, sintiendo su calor aumentar debajo de mi cuerpo.

Me ansiaba...lo sabia...y yo a ella...pero mis hormonas no iban a satisfacerse tan fácilmente. Quería poseerla, quería escucharla gritar de placer...quería...hacerla absolutamente mía...

Descendí la vista, llevando la mano hacia mi rostro, cubriéndolo, avergonzada.

Era demasiado...mis pensamientos me aturdían, luchando contra lo correcto y lo que sentía. Nunca imaginé que mi interior fuese tan desquiciado y enfermizo.

Me miró con detenimiento, intentando descifrarme. Seguro mi semblante emanaba pura lástima.

-Elsa...- musitó, destapándome y sujetando mi rostro, acercándolo hacia ella.

Solo eso basto para que perdiera el control, acortando la poca distancia que nos separaba, uniendo mis labios con los suyos de forma apasionada.

La necesitaba para respirar, era un hecho.

Se dejo besar, abriendo su boca, entrelazando su lengua con la mía. No me facilitaba las cosas.

-mmhh...- gemí, deleitada por su sabor. Mis manos traviesas comenzaron a recorrer su cuerpo, percibiendo su ardiente piel, aferrándose a ella, sin intenciones de soltarla.

No recuerdo haber dado esa orden.

-ah...- la escuché jadear, desapareciendo la escasa cordura que me quedaba, satisfaciendo mis deseos y los de ella...sin darle tregua.

No sé como sucedió, pero las horas pasaron y aun seguía sobre su cuerpo, haciéndola gemir ya con desesperación, apretando mi intimidad contra la suya, sosteniéndome de sus hombros, anhelando escucharla culminar.

Su rostro se movía estrepitosamente ante mis embestidas, sin embargo, su sonrisa nunca se borró.

Se sujetó con fuerza de mi espalda, casi rasguñándola. Eso no hubiese estado mal...después de todo...yo realmente dejé mi marca en ella, en nuestro primer encuentro. Me lo merecía, quería que me lastimase.

-¡Ahh!- gritó, extasiada, uniendo mas su integridad con la mía, agarrando mi trasero en el acto, estimulándome mas allá de mis prohibidas fantasías.

Tomé su cabello, aferrándome de él y acelerando el ritmo, rozando nuestra piel, sintiendo nuestra humedad frotándose sin cesar.

-a-anna...- la llamé entrecortadamente, culminando sobre sí, percibiendo como nuestros deseos se fusionaban.

La mañana no tendría que haber empezado de aquella forma...no era sano para mi mente... ¿O sí? Ya no sabía nada...lo correcto...lo incorrecto...nada importaba.

Caí agotada sobre su pecho, y me abrasé a su acalorado ser, apreciando su calidez...su amor...toda su hermosa presencia...

Casi me quedo dormida, pero una sombría risa dentro de mis pensamientos me despertó, provocando que me reincorporase de un salto, apoyándome sobre mis codos y quedando con los ojos bien abiertos, observando el transparente semblante de mi hermana.

-aun está ahí...- susurré mas para mí que para ella, agitada.

-lo sé...- atinó a contestar de una forma tan tranquila, que casi me molesto.

-si lo sabes... ¿Por qué sigues haciendo esto conmigo?

Sonrió, desplazando sus dedos por mi rostro -porque te amo...no importa como...ya te lo dije...

Entrecerré mis ojos, dándome completamente por vencida.

Lo sabia...sé que hacer estas cosas no eran incorrectas cuando estas enamorada...pero un lado mío, todavía tenía muy latente el hecho de que con quien tenía estos encuentros...era con mi propia hermana, y eso me generaba culpa, miedo...miedo de arruinarle la vida.

No era ella...ni yo misma...era todo...todo unificado me perturbaba.

Rodé cayendo a su lado, cubriéndome el rostro, tratando de calmar mi agitada respiración.

-¿Por qué te avergüenzas?

-¿De verdad...siempre vas a adivinar lo que pasa por mi mente?

-Obviamente, soy tu hermana, te conozco a la perfección...

Su seguridad incrementó mi nerviosismo, sin saber que mas responder. Decidí que lo mejor era contarle la verdad.

-no puedo evitar...sentirme culpable con todo esto- largué mi mayor herida, finalmente.

Ella solo se acomodó de costado, apoyándose sobre su codo. Su calma sonrisa me inquietaba.

-¿Culpable?- rió - esa debo ser yo...soy culpable de despertar tu lado mas...lúgubre...-dijo aquello, con tono de broma, deslizando su dedo sobre mi vientre, haciendo círculos en él.

Ya no sabía si temerme más a mi misma...o a mi propia hermana...

Suspiré, intentando calmar mis instintos de hacerla mía de nuevo.

-¿Qué te lo impide?

Pestañeé varias veces, estupefacta ¿Realmente estaba dentro de mi mente o qué?

Su risa provocó que ladeara un poco la cabeza, observándola con profundidad, descifrando su confiada sonrisa.

Aquella joven era una incógnita. En ese momento me di cuenta de que casi no la conocía, de que me había perdido gran parte de su vida...de que...la pequeña que tenía en mi mente ya no era la misma...ella era mi verdadero lado oscuro, ella era quien descabellaba mis emociones.

Al fin y al cabo, eso es lo que hace el amor. Te pierdes en él.

-Elsa, te amo...quiero estar contigo, no dudes...en hacer lo que quieras conmigo...te pertenezco...

Sus atrayentes palabras, descabellaron mis lujuriosos pensamientos.

Me amaba...eso era todo lo que importaba.

-¿De verdad...eres mía?

-por supuesto...- dijo, sin un rastro de duda.

-¿Solo...mía?

-Solo tuya...

El brillo en mis ojos delataba mi extrema felicidad. Sin contenerme, me lancé de nuevo contra su vivida existencia, en busca de todo su cariño, de su aliento, de su amoroso corazón.

La necesitaba, la amaba...ya no iba a reprimirme más. Me aceptaba, así de psicótica y extraña, ella me aceptaba.


Capitulo 11 entregado! Nos vemos en el próximo!

Besos!