Capitulo 11

Tras afirmar la procedencia próxima del galo peliverde, sin perder la calma, la mujer había ordenado a sus dos jóvenes esclavos ayudar a asearse a los dos hombres a los que había llamado "invitados".

Ninguno entendió las acciones de la mujer, pero estaba claro que no lo hacía sin nada a cambio. Con esa promesa de algún tipo de trato, aceptaron su ayuda.

Sanji ayudó a Mihawk a lavarse y Nami a Zoro.

-¿como puedes tener tantas heridas?- le preguntó la chica, cosa que llamó la atención del gladiador.

-¿que pasa con ellas?

-cuesta creer que un esclavo del Emperador esté tan magullado. Si yo fuera la esclava amante del Emperador ya sería dueña de toda Roma.

-ya- pronunció con burla y un risa seca.

-¿te estás riendo de mi? -empezó a cabrearse.- lo que digo no es un tontería. Cualquiera con medio cerebro sabe que un esclavo si sabe jugar sus cartas puede tener un gran puesto y una buena vida. Tu tienes la mejor ¿y no la aprovechas? ¿eres tonto o algo así?

-tengo dignidad.

La chica cogió una rabieta y le echó el cubo de agua fría de golpe.

-¡ah!- se quejó él.

-ahora te terminas de lavar con tu dignidad.

Y dicho esto, tiró el cubo de mala gana y se fue con la cabeza alta.

-eso te pasa por no tratarla con respeto.- le reprochó el rubio.- y yo porque el ama Robin os considera invitados que si no ya te habría dado una patada.

-lo que tu digas ¿donde está mi ropa?

-ahí la tienes.- señaló una silla con dos prendas de ropa blanca doblada una encima de otra.

Zoro fue hasta ella para vestirse; en eso, fue observado por el moreno. Era la primera vez que veía al peliverde desnudo y con buena luz. Hubiese sido un bonita imagen, pero a la luz, tal y como ya había observado la chica, podían verse mejor todas sus heridas, de distinto tipo y en algunos sitios que prefirió evitar mirar antes de que la culpa y la rabia lo matase.

Demasiado, Zoro había callado y aguantado demasiado. Y él no había podido hacer nada.

Ya vestidos, la morena había vuelto a aparecer.

-Sanji, puedes retirarte.

-si mi señora.

El rubio se fue quedando solo ellos tres. La mujer habló con calma.

-en principio os diré que tras estas puertas no tenéis que temer, nadie va a delataros.

-¿no va a preguntarnos nada?

-no creo que haga falta. Tu eres Falco, el gran gladiador al que mañana iban a echar a los leones y él, el joven galo esclavo del Emperador. Tras vuestro encuentros en las celdas decidisteis escapar y acabasteis bajo las alcantarilla.

-¿como sabe que él y yo...? ¿lo de las celdas...?

La morena simplemente sonrió con misterio.

-Has sido punto de interés del Emperador durante muchos años. Y mucho más en estos últimos meses, cuando él pisó Roma.- miró a Zoro. - a su vez, el Emperador ha sido punto de interés y centro de investigación de muchos. Empezando por mi. Por eso, aunque no por orden mía, mi esclava fue a verte a las celdas.-hizo una pausa.- Que precisamente vosotros dos hayáis llegado por vuestro propio pie al fuego de mi hogar es realmente cosa de dioses.

-no la comprendo.

-cuando llegue mi marido lo comprenderéis todo.

Como si lo hubiese llamado, el conyugue de la mujer hizo acto de presencia a su espalda, tras la puerta.

Mihawk lo reconoció al instante gracias a su forma de llevar el pelo negro completamente hacia atrás y la cicatriz que le surcaba la cara de izquierda a derecha por debajo de los ojos.

Cocodrilo Harpago*. Lo conocía perfectamente, mas aquel hombre con título de general bajó a las arenas a demostrar su valía como pocos de su clase solían hacer. Recordaba perfectamente que su combate no fue solo una victoria, fue una masacre.

Por su parte, el general Harpago también los reconoció, a ambos, sin apenas intentar evitar su amplia sonrisa de satisfacción soberbia y ambiciosa.


-así que esa es vuestra historia.- dijo finalmente el de la cicatriz después de que el galo y el gladiador terminaran de explicarse.

Se encontraban en la cocina, acompañados por la mujer y servidos por manjares que había preparado el esclavo antes de irse, los cuales los invitados no hicieron ningún feo puesto que no era algo a los que estaban acostumbrados.

-si hubiésemos sabido que hablabas latín.-prosiguió Harpago.- las cosas hubiesen resultado muy distintas. Sin embargo no voy a negar la suerte de los acontecimientos. Los dioses están de nuestra parte.

-nosotros le hemos contando nuestra historia.-habló el gladiador.- pero usted, General, aún no no ha explicado nada. Y es obvio que quiere algo de nosotros.

Todavía sin contestar el hombre sonrió.

-quiero derrocar al Emperador.-dejó unos segundos para que los otros dos asimilaran la sorpresa.- Hace muchos años que empecé a formar un ejercito y reunir aliados y espías, todo con ese motivo. Sin embargo, no he alcanzado la fuerza ofensiva o la información necesaria para matarle. A pesar de todo es un hombre inteligente, astuto y protegido de manera infranqueable, con solo su voz tiene a Roma bajo sus pies, como si fuese por derecho propio.

Rió entre dientes.

-al menos eso era hasta hace unos días.

-¿que quiere decir?

-tu debes ser el que mejor te has dado cuenta Falco. Las cosas han cambiado en Roma. Cambiaron en el mismo momento en que terminó tu combate con Fénix. El Emperador se vio obligado a dar piedad por la voz del pueblo; la primera vez en su vida que vio que las represarías serían graves si no anteponía el pueblo a él. El primer síntoma de debilidad que muestra en toda su existencia. Por su parte el pueblo también se transforma, más de uno se dio cuenta de su poder, el poder de cambiar las cosas y la vida de una persona.

-no debería poner sus esperanzas en eso. Con los días el pueblo olvidara su "poder" o el mismo Emperador se hará cargo de ello. Sigue siendo una persona poderosa y protegida.

-no del todo. Ese día cruzó más de una linea que no debía. Ahora el General Albus está de nuestro lado. Siempre se había mantenido al margen. A pesar de ser un conquistador reniega del derramamiento de sangre y defendía que asesinar a un emperador y cambiarlo por otro no era la solución. Pero la muerte de uno de sus subordinado en la arena le hizo entrar en razón. Roma necesita un cambio. Con su apoyo esperamos contar con la fuerza del General Garp y su nieto, que ahora luchan en tierras bárbaras; mientras él prepara aquí a su propio ejercito con Fénix al mando en la oscuridad.

-¿Fénix?- preguntó el peliverde.- pero... ¿oí que era imposible que volviera a coger un arma?

-Roma es una red de información,-habló esa vez Robin, con su misteriosa sonrisa.- pero si sabes utilizarla la verdad y la mentira estarán en tu mano. De todas formas alguien que haya combatido con él sabe que hace falta algo más que quitarle un ojo para alejarlo del camino de la espada.- miró a Mihawk.- por cierto, creo que debes saberlo. No eres centro de sus rencores, más bien lo es aquel del que hablamos.

-entiendo lo que nos contáis. Pero aún no comprendo que papel representamos nosotros en vuestro teatro.

-más que tu es él el que tiene un papel importante.- miró el de la cicatriz al galo.- el esclavo amante del Emperador. Quisimos contactar contigo, pero te tenía bien guardado, aparte de que como dije antes no teníamos conciencia de que supieses nuestro idioma. Gracias a ti será muy fácil llegar al Emperador.

-un momento.- intervino el gladiador.- sabes perfectamente nuestra situación, no hemos arriesgado nuestras vidas solo para volver bajo su sombra.

-ja... Falco, hasta que Doflamingo no muera el siempre estaréis bajo su sombra. Tu has conseguido tu libertad, pero con solo una orden sus hombres irán a por ti, por no hablar de él, sigue siendo un esclavo, y no solo aquí sino en todo el Imperio.

-volver ahora solo significaría su muerte. No se serviría de nada.

-no he dicho eso.- miró directamente a los ojos del peliverde.- tu y yo hablaremos detenidamente, a solas puesto que no quiero que nadie intervenga en esta información. Me contarás todo lo que sepas del Emperador. A cambio, yo me encargaré de que los dos salgáis sin problemas de la ciudad a la salida del sol.

-de acuerdo.- contestó al instante.

Mihawk no se quedó tranquilo pensando en Zoro solo con otro hombre, además no entendía porque esa reunión confidencial respecto a las circunstancias.

Intentó tranquilizarse pensando que Harpago no era el Emperador, que no había guardias que le protegieran y amenazaran y golpearan al peliverde en todo momento. Pero la imagen de las heridas del galo le habían dejado trastocado y cuando Robin le llevó a la habitación de invitados mientras Zoro se quedaba con el General solo podía dar vueltas en la cama a la vez que la vela se consumía.

Finalmente, con la luz de otra vela, el joven galo entró en la habitación con cautela.

-¿todavía estas despierto?

-si.- contestó sentándose en la orilla de la cama. -¿como ha ido?

-bien.- sonrió cerrando la puerta y acercándose a la cama donde en una mesita de noche puso su vela acompañando a la del gladiador.- mañana por la mañana estaremos fuera de las murallas de Roma.- se sentó a su lado.- con provisiones y equipo de viaje.

-¿te ha.. pedido algo más?

La pregunta le tomó por sorpresa.

-no.-respondió extrañado de que no estuviese claro.-¿estabas preocupado por eso?

El mayor le acarició la cara, tenía el pómulo un poco colorado, y se imaginó a ese malnacido abofeteándole.

-no quiero que nadie más te fuerce

Zoro acercó su rostro al de él y juntó sus labios. Tras separarse, solo un poco, dijo:

-ya no soy esclavo de nadie.

El gladiador puso su mano en la nuca del otro y lo atrajo para volver a besarle. A la vez que el beso se iba profundizando iban acostándose en la cama. Cuando se dieron cuenta estaban ya sin sus ropas.

Mihawk paró el beso y observó la comisura de los labios del peliverde donde tenía una herida, como un mordisco. Intentó apartar eso de su cabeza y con la yema de los dedos acarició su cuello, pero ahí no solo encontró marcas de una boca, si no también de unas manos.

Vio clara la imagen del Emperador agarrándole fuerte del cuello, con una sola mano, clavándole las uñas.

Encontró muchas más heridas conforme lo iba amando, teniendo pesadillas despierto con las torturas que el joven galo había sufrido. Al final tomó una resolución.

-voy a apagar las velas.


Zoro se despertó tranquilamente, tomando su tiempo en desperezarse. Pero al poco se dio cuenta de que estaba solo en la cama.

La luz del sol aún no se colaba por la ventana, por lo que encendió una vela y tras vestirse salió con ella en mano.

Llegó al patio, descubriendo que había parado de llover y que lucía un bonito cielo estrellado.

Allí, dándole la espalda, se encontraba Mihawk. Dejó la vela en el suelo de piedra y se acercó a él.

-¿estas bien?

El mayor volteó la cabeza y mirando al frente de nuevo a la vez que él se ponía a su lado contestó.

-si. Solo que no podía dormir ¿y tu?

-estoy bien. Me desperté y vi que no estabas.

-ah...-suspiró.

Durante unos segundos caminó el silencio y Mihawk se debatía en como debía utilizar sus palabras.

-Zoro...- tomó fuerzas.- he decidido que me voy a quedar aquí.

Sintió una punzada en el pecho.

-¿¡que!- pronunció con un deje de angustia.- ¿como que te vas a quedar aquí?

-me voy a unir a la empresa de Harpago.

El peliverde no daba crédito a sus palabras.

-Mihawk, hemos... hemos pasado por mucho hasta ahora. Lo que sea que tienes pensado no creo que merezca la pena. Sobre todo tu que has vivido encerrado mucho más años que yo.

El moreno lo miro algo perplejo ¿había oído bien? ¿todo lo que había sufrido él no lo veía comparable a su vida de gladiador?

-Zoro, quiero acabar con Doflamingo con mis propias manos.- quería ser él el que le liberara.

-entonces yo también me quedaré.

-no. tu debes irte.

-olvidas que yo también soy un guerrero.

-aún eres demasiado joven, no estás preparado. Es mejor que abandones Roma cuanto antes.

El peliverde la apartó la mirada frustrado, dolido. Se iba a separar de él. Rió secamente.

-siento como si... como si en esa celda yo fuera lo único que tenías pero... ahora es diferente ¿no?

-tu eres lo único que tengo fuera o dentro de esa celda.

-¿durante cuanto tiempo?

El mayor le tomó de la muñeca con una mano y con la otra la mandíbula. Le besó apasionadamente, de manera que el otro, a pesar de su enfado, no pudo evitar corresponder.

Separó su boca del joven con delicadeza, y pronunció al oído, muy bajo una palabras que recordaría mucho tiempo. Muchísimo tiempo.


El sol iba saliendo poco a poco, clareando el cielo.

-alto ahí.- paró uno de los dos legionarios que vigilaban las puertas de Roma un carro llevado por una burra y guiada por un chico rubio, acompañado por una joven pelirroja.- ¿quienes sois?

-dos recién convertidos en libertos.- dijo feliz el rubio.- volvemos a Corinto para casarnos.

-no vayas contando nuestra vida a todo el mundo.- reprochó la chica.

-ellos me han preguntado.

-¿y que lleváis en el carro?

-provisiones.-contestó ella.- supongo que es consciente de que nos espera un viaje largo.

-ya... - el legionario pasó detrás del carro e investigó. A esas horas de la mañana todos los oficiales habían sido avisados de la huida de Falco y el esclavo del Emperador, a los que esperaban encontrar antes de este último se despertara. Pero por mucho que buscó en el carro no encontró nada.- esta bien, iros.

Y así salieron de la épica ciudad viajando un poco más hasta un cruce con varias direcciones cada una con una señal diferente.

-creo que ya podemos sacarlo de ahí.

-si, mi querida futura esposita.- decía yendo a la parte de atrás del carro.

-vuelve a llamarme así y te casas con la burra.

Sanji abrió el doble fondo del carro, frunciendo el ceño al instante.

-¡despierta inútil!-golpeó en la cabeza al dormido peliverde.

-¡ah! ¿y a ti que te pasa?

-¿como demonios puedes dormirte ahí?

-no había muchas cosas que elegir para hacer ¿sabes?- bajó del carro con su bolsa y capa de viaje puesta y el rubio cerró de nuevo el doble fondo.

-bueno, nosotros no vamos. -volvió a sentarse en el asiento del cochero.

-esta bien. Muchas gracias por todo.

-de nada.- respondió Nami.- oye ¿porque no te vienes con nosotros? -el rubio hizo un mueca.- no tienes donde ir ¿no?

-gracias, pero... creo que necesito caminar solo durante un tiempo.

-como quieras. Si cambias de opinión ya sabes donde estamos.

-si.

-sea.- dijeron los dos a la vez que Sanji agitaba la riendas dirección Grecia.

-sea.- les despidió.

En poco dejó de oír el carro, siendo consciente de que se había quedado solo. Respiró la paz del bosque, oyendo algún que otro cantar de pájaros.

Observó las señales, solo dos le llamaron la atención: una podía leerse "Roma" y en otra "en todas direcciones". Miró dubitativo la primera.

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-in saecula saeculorum.- susurró en su oído.

-¿que... que significa eso?- le dijo mirándole a los ojos.

El mayor sonrió.

-la próxima vez que nos veamos te lo diré. Cuando termine todo esto, buscame, yo también te buscaré a ti.

El joven le apartó la mirada, esta vez incomodo y sin seguir contento con su separación. Sin embargo suspiró y volvió a mirarle sonriendo.

-está bien. Pero entonces yo también he de pedirte dos cosas.

-dime.

-la primera que sobrevivas.

-eso estaba claro.-dijo casi riendo.

-y... la segunda...- miró hacia atrás encontrando con la vista lo que buscaba y fue hacia ello. Tomó dos palos de madera y acercándose al mayor le pasó el otro.- quiero combatir contra ti. Ahora, y que recuerdes lo fuerte que soy. Para que la próxima vez que nos veamos veas con claridad lo fuerte que me habré echo.

Mihawk sonrió.

-ponte en guardia. No voy a ser condescendiente.

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Sonrió mirando por última vez la carretera que llevaba a Roma.

-sea.

Y sin más siguió la senda de su propio camino.

FIN

Notas Finales:

Harpago- garfio. (ni harta de vino le ponía general cocodrilo crocodrilus).

Hasta aquí esta historia. Muchas gracias por todos esos comentarios que no os puedo responder personalmente; todos lo que me habéis comentado me habéis dado mucho apoyo, que realmente hacía falta, porque con un tema así me he arriesgado bastante xD

Esta historia me ha dado muchos quebraderos de cabeza, que si me faltaba información, que si lo que escribo no se lo va a creer nadie, que esto que estoy escribiendo es una mierda. Pero de vez en cuando me sentía orgullosa con lo que he escrito.

Si me arrepiento de algo es de algunas escenas que no salieron a la luz, pero bueno, siempre se pueden reciclar.

En cuanto al final... es un final, y no un final del todo. Cierta persona me dijo que podía darle mucho más cuerda a esta historia, pero yo en ningún momento tenía pensado una historia bélica, así que se queda en final abierto acompañado de un epílogo que en breve subiré.

Con todo, espero que la hayáis disfrutado leyendo y repito: HAY UN EPÍLOGO.

Y sin más me voy ¡nos vemos!