Hola, hola! ya por fin, en este capítulo Stear y Paty se reencuentran! espero les guste y me dejen sus reviews!
Capítulo 11
Candy comienza explicándole de la misma manera que Albert le explicó a ella; el accidente y la larga odisea que paso el galán para llegar a América. Le explica lo poco que sabe sobre las razones que Stear tiene para no haberle avisado a Paty. La abuela le ayuda a entender a su sobrina lo difícil que es para Stear volver a ver a la morena. Ella pregunta por la salud de su amado y Candy le dice que cada día se recupera más, que sus pulmones no son los mismos de antes por lo que se le evitan ejercicios fuertes, también decide contarle sobre las pesadillas que el inventor tiene cada noche y la abuela le explica los difíciles momentos que ha vivido el chico durante la guerra.
- Candy, – dice la morena – quiero verlo…
- Esta dormido – responde la abuela evitando que su nieta se levante de la cama, pero Paty se zafa de los brazos de su abuela levantándose y poniéndose la bata.
- Es cierto Paty, está dormido en la habitación de al lado.
- Estoy bien, abuela – le dice mirando tiernamente a su abuela convenciéndola con la mirada de que se encuentra bien y que debe dejarla estar al lado de Stear – Candy, déjame verlo, déjame estar con él.
- Está bien Paty – le responde la rubia
- Hoy yo lo voy a cuidar – le dice a su amiga con su dulce sonrisa y una determinación que deja sin palabras a la pecosa.
Paty entra con cuidado en la habitación de Stear para no despertarlo. Siente como la fuerza de las piernas le abandonan y se fuera al corazón, el cual late con tanta fuerza que tiene que poner sus manos en el pecho para tratar de calmarlo, evitando que se salga de su cuerpo.
Camina lentamente tratando de no hacer ruido pero a la vez tratando de llegar lo más rápido posible al lado del hombre más importante para ella, el hombre que ni muerto la abandonó, el único hombre que ha amado, aún ahora.
- Stear – susurra para sí cuando lo tiene frente a ella. Admira al bello hombre que tiene enfrente y admira ese cuerpo inerte bajo las sábanas.
Su rostro ha madurado, se ve igual de guapo que antes, solo que más varonil, más fuerte, más hombre. Paty se detiene en su rostro y no puede evitar llorar. Mira el rostro de su Stear y llora por tenerlo frente a ella, por saberlo vivo, pero también llora por todo lo que ha sufrido, todo lo que está viviendo pues nota como el rostro de su amado está lleno de dolor.
Paty se sienta en la silla al lado de la cama de su amado y junta sus manos para evitar tocarlo, para evitar abrazarlo, aunque es lo que más desea. Desea ver esos hermosos ojos abiertos, desea estar nuevamente entre los brazos de su amado inventor. Todos los días desde que se fue a la guerra ha soñado con tenerlo frente a él. La joven encuentra los anteojos en el buró y los toma como si fueran la reliquia más sagrada del mundo, los toca y palma con dulzura y amor, los lleva hasta sus labios y los besa, depositando en esos besos, todo el amor que desea darle al hombre dormido frente a ella.
- ¡No, no! – exclama el galán con desesperación al despertar de la misma pesadilla de siempre. La oscuridad de la noche, el lugar desconocido y la falta de sus lentes; así como la confusión y el miedo que siempre le generan las pesadillas, lo hacen olvidar el lugar y la situación en la que se encuentra.
La chica se acerca a él con prontitud, su amiga le ha explicado la situación, pero para ella verlo ahí frente a él, vivo, es demasiado; no lo puede creer y se acera con el miedo de pensar que es también, un sueño y que cuando se acerque a él, desaparecerá.
El chico respira con dificultad tratando de determinar que es real y qué, un sueño. Su respiración empieza a calmarse y la garganta empieza a sentirse seca, en su mente empieza a recordar que ya regresó de la guerra, que está en su casa, con su familia. Mueve la mano hacia el buró en busca de sus lentes y prender la luz. También piensa en por qué no hay nadie a su lado si cada vez que despierta de una pesadilla siempre esta alguien y ese alguien, en los últimos meses ha sido su querida Candy.
Su mano se topa con un cuerpo. Un cuerpo femenino. «Candy» piensa el chico pero la sequedad en la garganta le impide pronunciar palabra. Siente como el cuerpo se acerca a él y le rodea con los brazos. Stear se deja abrazar, sabe que ese abrazo siempre lo hace sentir mejor, que es lo único que le permite alejar las imágenes que se quedan grabadas en su mente y que duelen como la vez que las sufrió en la vida real.
Su respiración empieza a tranquilizarse y trata de tragar un poco de saliva que le alivie la sequedad y poder hablar. Aspira y nota que no es Candy quien lo abraza, el olor es diferente. Es un olor que ya antes había olido, un olor que le hace sentir seguro, un olor que le recuerda los momentos más felices de su vida, esos momentos que fueron su motor para ir a la guerra, el motor para luchar por ellos y para soportar los terribles momentos de sufrimiento.
Empieza a sentir las lágrimas de la chica en su cuerpo. «Patricia está llorando» piensa el chico sin poder decir nada aunque lo intenta. Paty nota que el chico quiere hablar y no puede, se separa de él para tomar un vaso con agua de la mesita de noche; pero en cuanto se mueve siente como la respiración del inventor se agita, de su garganta salen gruñidos y extiende los brazos buscando retenerla.
Paty alcanza a tomar el vaso y lo acerca a su rostro, trata de decirle algo pero de su boca tampoco salen las palabras. Stear siente el vaso frente a él y bebe unos sorbos que le ayudan a aclarar su garganta.
- Paty… – dice en un susurro pero la joven escucha como si fuera la voz más clara, dulce y hermosa que ha escuchado en toda su vida; sus ojos se llenan nuevamente de lágrimas y dejando el vaso en la mesita de noche, se abalanza hacia el hombre frente a él.
- ¡Stear! – le dice escondiendo su rostro en el pecho del hombre. Llora como cuando supo que había muerto y le abraza buscando no perderlo nuevamente.
- Patricia – dice con más claridad abrazándola con fuerza, sintiendo que la vida es maravillosa por tenerla nuevamente entre sus brazos.
Los dos enamorados permanecen abrazados durante largo tiempo, se sienten y en el silencio se dicen todo lo que las palabras no pueden expresar, se hablan en el silencio y se sienten como nunca antes lo han hecho.
Es el inventor el primero en despertar de ese dulce sueño hecho realidad y rompe el abrazo tomando con sus manos los brazos de su amada. Sus miradas se encuentran y sus ojos se pierden en los del otro. Buscan adentrarse en el alma del ser frente a ellos, se dan cuenta que el amor sigue ahí, que nada ha cambiado y a la vez todo. El amor que hay entre ellos se ha fortalecido, el dolor y la distancia no ha hecho sino incrementar el gran amor que sienten. Pero la razón se impone y Stear voltea la mirada buscando sus lentes. Los toma de la mesa y se los pone, pero no mira a Paty, conserva la mirada en las sábanas de la cama.
- Stear – le dice Paty buscando que la mire, buscando que la ame.
- Patricia – responde el moreno y ella siente como la voz ya no tiene la dulzura de antes. La razón se ha impuesto. – No deberías estar aquí. Acabas de sufrir una fuerte caída y debes descansar
- Estoy bien – responde ella tomando las grandes y fuertes manos del inventor
- Debes descansar
- Te recuerdo que fue por tu culpa que caí del caballo
- ¡Paty! – exclama mirando a la chica con tristeza al escuchar la verdad. «fue mi culpa» piensa el chico – no era mi intención…
- Ha sido la caída más feliz de mi vida, porque en el momento en que te vi entre la multitud supe, con toda certeza que eras tú, que estabas vivo; que lo que he sentido todo este tiempo aquí, en mi corazón, no era mentira. Siempre pensé que estabas vivo.
- ¡Patricia! – exclama sin saber que más decir, la mira y sus ojos se llenan de lágrimas
- ¡Qué hermoso se escucha mi nombre en tus labios, Stear! – le dice Paty llorando de felicidad y no puede evitar acercarse a él, acercarse y besarlo. Besarlo como tantas veces lo ha soñado.
Sus labios se unen, sus bocas se entreabren y dejan paso a sus lenguas, que se sienten, sé buscan, juegan y se reconocen, el aliento se les aleja pero saben que no lo necesitan, son segundos en los que solo el contacto mutuo les brinda la vida necesaria, no necesitan del aire, ni del mundo para vivir ese momento de éxtasis.
