Capítulo 11: Sospechas

Llevaban una semana saliendo juntos pero sin que nadie lo supiera, menos Izayoi, pero solo por sospechas suyas.

Lo hacían cada día, en cualquier sitio: en las habitaciones, en el asiento del coche de Sesshomaru, hasta una vez, lo hicieron en la mesa del comedor. Ni ellos mismos se lo explicaban, pero se necesitaban mutuamente, era como si probar el cuerpo del otro, les hicieran sentir completos a ambos, como si fuera el aire que respiraban y que sin estar juntos, les faltaban.

Era la hora de la cena y todos, incluida Kagome que estaba invitada, cenaban un plato exquisito hecho por la gran cocinera Kaede. Hablaban tranquilamente y en ocasiones disfrutaban de las peleas entre Inuyasha y su pareja. Si, disfrutaban, ya que esas regañinas por parte de la chica y esas quejas por parte de él, mostraban lo mucho que se querían en realidad.

Pero hubo un momento en que Inu No se dio cuenta de algo que no le gusto para nada. ¿Qué eran aquellas miradas que le daba Sesshomaru a Rin? ¿Y por que ella las correspondía con una risilla tonta? ¿QUÉ ESTABA SUCEDIENDO?

Izayoi se aplicaba una crema en los codos para hidratarlos mientras que su marido se recostaba en la cama con un pequeño portátil entre sus manos y del cual, luego lo depositó en sus piernas. La mujer notó que este, estaba desde la cena, intranquilo, muy pensativo y con el ceño fruncido constantemente. Cuando acabó con la crema, cogió un libro que estaba en su mesita de noche y lo abrió por la página donde estaba el punto de libro. Conocía a su esposo y sabía que mejor se esperaba a que él comenzara el tema que tanto le preocupaba.

- ¿Se puede saber que les pasa a Sesshomaru y a Rin? – "Sin rodeos" pensó Izayoi. Cerró el libro tranquilamente y luego se giró un poco para mirarlo a la cara. Él estaba con su ceño fruncido y en ese momento se parecía tanto a su hijo mayor, que si no fuese por la edad, parecerían hermanos gemelos - ¿Y bien? – insistió él.

- Seguramente están juntos – respondió ella dulcemente para no alterarlo más.

- ¿Qué significa eso de que están juntos? Especifica – demandó el marido juntando más las cejas.

- Pues que seguramente… estén saliendo juntos o tienen algo parecido.

- ¿Seguramente?

- Creo que intentan mantenerlo en secreto por respeto hacia nosotros. Pero cuando se está enamorado es muy difícil de ocultarlo.

- ¿ENAMORADOS? – alzó la voz provocando que Izayoi le dijera molesta que la bajara si no quería que los demás se despertaran y escucharan lo que hablaban - ¿Cómo van a estar enamorados? Ella tan solo es una niña, y él. Venga, ¿Cuándo Sesshomaru ha estado enamorado de una chica? – ahora era su mujer quien fruncía el ceño enfadada.

- Hay una primera vez para todo. Además, ¿No te alegra que tu hijo esté enamorado de un amor que le es correspondido?

- Por supuesto, pero aún no me creo que él sienta eso por mi pequeña Rin – "¿Mi pequeña Rin?" se preguntó la mujer en su cabeza. Ah, entonces era eso. Ya entendía porque estaba tan molesto con el tema. Le había cogido tanto cariño a la chica, hasta el punto de ser como la hija que nunca tuvieron. Su marido sentía lo mismo que ella, y ahora, ante ese sentimiento, se comportaba como el típico padre sobre-protector de la pequeña de la casa.

- ¿Por qué no hablas con tu hijo?

- Por supuesto que lo haré. No hace falta que lo digas. Ya se enterará ese muchacho mañana – esto último lo dijo en un susurro y más bien para él, pero que su esposa escuchó a la perfección y le dedicó una mirada que hizo que el hombre sonriera nervioso.

A la mañana siguiente, Sesshomaru se dirigía hacia el despacho de la oficina de su padre, ya que este lo mandó a llamar porque tenía un asunto urgente de que hablar. Pensaba que sería de la reunión que tendrían por la tarde con Onigumo, el padre de su amigo Naraku, para finalizar algunos puntos que al menos, a él, no le habían quedado muy claros en aquel contrato.

Picó a la puerta y la voz grave de su padre le dio permiso para entrar. Inu No, estaba sentado en su gran sillón negro de cuero, con un montón de papeles por encima del escritorio. Esa imagen de desorden le recordó mucho a Inuyasha. En su opinión y en opinión de su madre también, eran como dos gotas de agua. Aunque la gente de fuera, decía que él, físicamente se parecía más a su padre. Y este le decía que en carácter, era igualito a su tía Irasue. Pensaba, y entre tanto se sentaba en una de las sillas, encontrándose enfrente de Inu No, separados por la mesa.

- ¿De qué querías hablar? – le preguntó ante el silencio de este.

- Tenemos que hablar muy seriamente hijo – Sesshomaru levantó ligeramente una ceja, dándole a entender que lo escuchaba – Me he fijado que entre tú y… - oh, ya sabía por dónde se encaminaba el tema, y no se lo esperaba la verdad. Aún así se mantuvo en su típico semblante – tú y… Rin… hay algo que quiero que me lo confirmes – se quedaron unos minutos en silencio mirándose fijamente a los ojos, como si estuvieran jugando a ese juego de haber quien se reía antes. La diferencia, es que en uno de ellos se podía ver chispas de rabia en sus orbes - ¿Estáis juntos? – el chico, segundos después, le contestó asintiendo la cabeza - ¿Pero como vais a estar saliendo juntos? ¿Es que te has vuelto loco Sesshomaru? – preguntó su padre ahora alzando más la voz.

- ¿Cuál es el problema?

- ¿Qué cuál es el problema? El problema es que tan solo es una niña.

- Te puedo asegurar que no lo es – Inu No abrió sus ojos de tal forma que parecía que en cualquier momento estos se saldrían de sus cuencas. Había entendido a la perfección lo que quiso decir su hijo con aquello. "¿¡En mi propia casa!?" se preguntó enfadado el padre en su mente – si es por la diferencia de edad… Tu y mamá os lleváis cinco años, así que…

- No es por la diferencia de edad Sesshomaru – ahora en vez de sonar histérico, se oía demandante, autoritario. Pero su hijo permanecía con las mismas facciones de siempre, con una tranquilidad que el mayor no se podía explicar.

- Entonces, ¿Por qué te enfadas tanto? Y dime la verdad.

- ¿Aún sigues queriendo ir a Alemania? – él asintió – ¿Entonces qué pasará cuando te vayas? – Sesshomaru frunció el ceño sin entender – Rin ya está sufriendo mucho para que ahora, tú vengas, le des ilusiones, y luego te vayas, dejándola a ella peor de lo que estaba – al joven esa idea no se le había pasado por la cabeza, y es que su padre tenía razón. Dejaría sola a Rin, sin nadie que pudiera protegerla. Pero irse a vivir a Alemania a dirigir la empresa de allí, era su sueño desde hacía cuatro años…

- Estoy enamorado de ella, papá – le dijo sin saber el porqué. ¿Qué le quería decir con aquello? Igual hay…

"Igual hay posibilidades para que se quede" pensó Inu No al escuchar decir esas palabras. Igual el amor hacia Rin haría que su hijo mayor se quedará allí para siempre, junto a él, junto a su empresa. Desde que vio que cuando era pequeño era muy responsable e inteligente, supo que sería el futuro jefe de la empresa cuando él ya estuviese viejo y no tuviese más fuerzas ni ganas para seguir con todos esos papeleos, o las aburridas y largas reuniones o los infinitos contratos que otras empresas le proponían con el fin de hacerse más grandes y poderosas. Sabía que eso le gustaba a su hijo. Asumir el control en todo momento y demostrar su inteligencia y traza para ordenar y llevar a la cima a la empresa. Igual, gracias a su pequeña Rin él se quedaría junto con su padre. Y también, claro está, con ella, protegiéndola como hasta ahora y felices como se les veía, porque aunque no lo quería reconocer, esas miradas y sonrisas no eran de un amor pasajero. No. Era de un amor que le recordaba mucho a él y a Izayoi. Un amor que supera todo lo demás, y lo sabía porque lo conocía muy bien ese sentimiento.

- Puedes retirarte – le dijo Inu No mucho más tranquilo pero con el semblante serio aún. Al igual que Sesshomaru: se levantó elegantemente con su cara de tranquilidad e indiferencia.

Ahora que su padre le había abierto los ojos con dos temas que le importaban demasiado, por primera vez en su vida, al menos que él recordara, no sabía qué hacer. Pero después de estar mucho rato pensándolo, decidió que, aunque al final se fuera a Alemania con su tía, ese año que le quedaba con Rin, lo pasaría junto a ella haciéndola lo más feliz que pudiera estando a su alcance.

Sesshomaru estaba apoyado en su coche, esperando que Rin saliera del trabajo. Cuando vio que se acercaba a él con esa sonrisa que solo se la dedicaba exclusivamente a él, toda la preocupación, como siempre, se esfumaba para dar paso a una paz, tranquilidad y calidez que solo ella podía brindarle. Se dieron un delicado beso, para luego montarse en el auto.

- Hoy has empezado otra vez el trabajo, ¿no? – preguntó Rin iniciando una conversación.

- Si. Y esta es tu última semana en la cafetería-restaurante, ¿no?

- Aja. Me da pena dejarlo, sobretodo porque cuando empiece el instituto y las clases en la Academia de Artes, no podré ver mucho a Ayame. Se ha convertido en una buena amiga. La mejor – se entristeció un poco.

- ¿Sabes qué? – le dijo Sesshomaru para dejar correr el tema, ya que veía que le afectaba de manera negativa, y para informarle de lo que había pasado esa mañana. Ella lo miró curiosa – mis padres ya saben que estamos juntos.

- ¿¡QUÉ!? – preguntó la chica gritando y poniéndose roja como un tomate- ¿Cómo?

- Lo sospechaban.

Siguieron hablando del tema y al chico le encantaba la reacción de su chica: estaba que se moría de la vergüenza, decía que ya no podría mirar a sus padres de la misma forma o que directament,e no les miraría. Le hacía gracia esa reacción en ella.

Cuando llegaron al garaje, Sesshomaru la miró intensamente y Rin al notarlo le preguntó que le pasaba.

- Sabes que te quiero, ¿no? – le dijo el joven muy seriamente. Su interior le gritaba que necesitaba decírselo y obedeció sintiéndose más aliviado.

- Claro que si, ¿pero a qué viene eso? – él se encogió de hombros – Yo también te quiero Sesshomaru – y se sumieron en un beso apasionado, tanto… que bueno ya sabéis a donde llegó la cosa.