Cásate conmigo
No podía dejar de pensar en las imágenes de aquel video cassette; tenía las manos crispadas y temblaba de pies a cabeza; estuvo a punto de morir de un infarto con las primeras imágenes nublosas debido, a la mala calidad del cassette sin embargo eran lo suficientemente visibles; como para mostrar los horrores que hicieron aquellos hombres con James y Lily Potter. Ahora comprendía exactamente los sentimientos de venganza que Harry Potter albergaba; e inclusive le compadecía al mismo tiempo en el que sentía lástima por él.
Sin embargo aun en medio de toda la poca simpatía que pudo tenerle a Potter en ese momento; era incapaz de permitir que aquellas imágenes; tan desagradables saliesen a la luz. Quizás sería algo estúpido tratar de impedirlo, pero si podía negociar, Pansy sabía que por medio de ella a Potter le era mucho más fácil hacerse con el otro porcentaje de la herencia de Peter; y de ese modo salirse con la suya. Ella estaba bien dispuesta a dárselo, con la condición de que dejara ese cassette en sus manos.
Pero a quien engañaba, se trataba precisamente de Harry Potter; el hombre que sería capaz de pactar con el diablo, con tal de verlos hundirse a ella y el resto de su familia. Mientras sus carcajadas se hacían notorias; aquel pensamiento hizo que la muchacha se estremeciera de horror. El odio que Potter les tenía era demasiado grande, y tuvo la oportunidad de demostrárselos todas las veces que pudo especialmente a ella.
Sin embargo, Pansy Parkinson era algo más que una cara bonita y un cuerpo esbelto, la inteligencia de aquella mujer fue lo que llevó a su familia, a construir el gran imperio; del que hoy por hoy gozaban, aunque a decir verdad ese imperio flaqueaba pero, siempre hay un plan B. Pensó Pansy mientras conducía por las tapizadas avenidas de Londres; la determinación de hacer una visita personal a Harry Potter; se tomó desde el instante mismo en que dejó de ver el cassette.
También estaba convencida; de que en medio de todo su odio; Harry Potter era un HOMBRE, los hombres eran volátiles ante el deseo y la pasión, una mirada, una sonrisa, eran capaces de hacer de todo; por ellos. Los volvían débiles, entonces ella tomaba su determinación, consciente de que Potter no pararía hasta destruirlos, ella como estratega de la familia; tendría que idear un plan para hacer; que su furia hacia ellos no llegase tan de lleno, la asaltó de pronto la idea del matrimonio. Sí, sonaba descabellado e incluso imposible. Más su madre la enseñó a creer firmemente en sus convicciones, siempre creció obteniendo lo que quería no por el hecho de haber nacido con un escudo de nobleza, sino por esfuerzo propio. Entonces, ¿Por qué no emprender esa empresa; con la idea visualizada del éxito por delante? Total, planes más arriesgados llevó a cabo. Y los ganó. Potter no tendría por que ser un dolor de cabeza.
A esas alturas, poco le importaban las opiniones de su padre o hermanos; ella misma tenía el control sobre su vida, ella sería quien decidiera como manejarla.
Era una mujer con objetivos y determinaciones. Por lo tanto; no estaba dispuesta a permitir que los rumores o un escándalo arruinasen lo que tantos años había tardado en construir, su familia, gracias a un imbécil que ella bien podría llegar a manejar, tan bien como manejó a Peter; podría ser que Potter fuese de un material más inflexible, pero hasta los perros de caza más peligrosos, eran capaces de mover el rabo contentos; ante la sola caricia del amo.
Bajó de su Volvo; ajustándose el saco del traje; hacienda que sus formas se marcaran entalladamente; más de lo que ya estaban, Estaba haciendo un calor espantoso en pleno mes de mayo en Londres; lo que significaba que para el resto del verano, el calor sería insoportable; en esa parte de Europa. Pansy pisaba el terreno con demasiada seguridad, poco le importaban las miradas de los curiosos, que apenas la veían cuchicheaban entre ellos.
Alzó una mano y se apartó un inexistente mechón suelto de su cabello rubio oscuro. Sabía que su peinado estaba perfecto. Se lo había recogido en un tenso moño; precisamente, para que no se soltara ni un pelo. No quería dar una imagen de frivolidad.
Finalmente logró llegar hasta la cuarta planta; que era donde se encontraba la oficina de Potter, la secretaria se encontraba entretenida; hacienda unos documentos en Excel; mientras tarareaba a buen ritmo. Pansy tuvo que aclararse la garganta varias veces, hasta que la muchacha impresionada; volteó a verla con cara de espanto.
— ¿Se encuentra tu jefe?
La pobre chica por un momento se quedó sin habla; estaba ante nada más y nada menos, que delante de la archienemiga de su jefe; por lo que se encontraba en una encrucijada, si la dejaba pasar, probablemente el señor Potter estallara en rabia, no estaba teniendo un buen día precisamente, y seguro desquitaría su rabia en ella. En raras ocasiones eso pasaba, de eso Matilda. Fue por eso que se quedó pasmada, con un gran signo de interrogación pintado en la cara.
Pansy lo comprendió, quizás ella misma se hubiese puesto en la misma situación que Matilda; de haber estado en su lugar. No era conveniente darse el lujo de perder empleos. Estando la economía como estaba. Por ello, fue que no perdió los estribos allí mismo.
—Solo necesito saber, si tu jefe está disponible o no; sino puedes reservarme una cita para…
—Matilda, necesito que hable con recursos financieros y me manden los libros de cuentas de…
Harry esbozó una enorme sonrisa; al ver a nada menos que Pansy Parkinson justo en su empresa; si bien, su plan le dio buenos frutos. Solo que había un problema, sí estaba muy satisfecho de su trabajo. Pero tampoco era necesario, dejar que sus emociones afloraran de más. Por lo que adoptó una posición mas seria. Justo como debía ser.
— ¿Cómo has conseguido llegar hasta aquí? El guardia debería haberme llamado.
—Le pedí que no lo hiciese –admitió Pansy, encogiéndose de hombros–. Me conoce, así que no ha sido un problema.
Harry seguía al pie de su oficina, con el entrecejo fruncido; y un montón de pensamientos revoloteando su mente, en tanto Pansy permaneció parada en frente del escritorio de Matilda; esta última decidió alejarse un poco, pensó que no era una buena idea quedarse y escuchar cosas que no eran de su incumbencia.
Harry por su parte; estaba en la mejor disposición de llegar a un acuerdo, únicamente con ella. Por lo que se quitó de la entrada dejándole el paso libre, no era de buena educación dejar a una dama esperar.
—Sería mejor que hablásemos dentro.
Pansy titubeó un poco al acercarse a la puerta, finalmente entró quedando maravillada por el relativamente, buen gusto de Potter. Se sentía prácticamente como en un salón de Versalles.
— ¿Y bien? —Cuestionó Harry sentándose en la cabecera—¿Qué tiene usted para proponer señorita Parkinson? O mejor dicho, señora.
—Me quedo con el señorita; si no le importa.
Harry se encogió de hombros, en tanto Pansy apretaba los puños; en los soportes de la silla. Estaba tan inquieta que no sabía qué hacer. Cambió de posición; cruzó las piernas, se lo pensó mejor y las descruzó para tener los pies bien plantados en el suelo.
—Tranquila. —Objetó Harry una vez que se percató de su estado de nerviosismo. —No pienso comérmela…o por lo menos, no por ahora. Pero bueno, señorita me parece que hizo el viaje desde su madriguera hasta acá por un propósito, no por el simple hecho de quedarse mirando hacia mí nada más. Casi puedo estar seguro de que ambos pensamos inmediatamente en una sola cosa.
Pansy sonreía abiertamente, vaya debía reconocer que el tipo era inteligente. Tan inteligente como ella misma.
— ¿Qué cosa, según usted Potter?
La risa sarcástica de Harry; llegó muy de golpe a Pansy. Haciendo que esta se moviese nerviosa, en la silla. Tenía a Harry Potter detrás de ella; acariciando con su dedo anular el hueco izquierdo entre su cuello y el hombro, logrando que ella aspirara de buen gusto la fragancia que llevaba en esa ocasión. Para alivio de Pansy, ella no era la única que se encontraba en semejante situación; el taco de su piel; con sus dedos, provocaban en Harry el efecto de la flor de Loto en los griegos de Ulises; entre más tocaba, mas quería seguir acariciando aquella piel tan suave. Tuvo muchas mujeres en e su vida; pero ninguna con una piel tal exquisita como aquella, era definitivamente un deleite para el tacto. Lo que le hacía enfurecerse consigo mismo.
—Quiero hacerle una proposición.
Fue definitivamente de mucha ayuda, no tener a Potter frente a ella; así lo privó de ver la sonrisa enorme que surcó su rostro, apenas él habló. Era más preferible hacerse la tonta
— ¿Y por qué debería escucharla?
—Porque nos beneficia a ambos —le respondió él sin más—.Y usted es demasiado inteligente para decir que no antes de saber de qué se trata.
Pansy apretó los labios. Inspiró y espiró despacio antes de decir:
—De acuerdo, le escucho Potter.
—Para empezar, me llamo Harry, sería mejor empezar a tutearnos, después de todo. Será lo más normal; bueno mientras estemos en público; de puertas para adentro si quiere; podríamos ser los de siempre.
—Ya Harry, suelte lo que tenga que ofrecer, como puede ver soy impaciente.
—Necesito una esposa.
—Que bueno, Harry; porque yo también necesito un esposo.
Harry sonrió, relajado. Le gustaba la idea del matrimonio por interés muto; además de que Pansy Parkinson resultaba altamente atractiva, tenía un nuevo negocio en mente, sin embargo allí solo entraban hombres de familia según las palabras de Rufus Scrimgeour, presidente de la sociedad. Pansy era todo lo que necesitaba: una mujer bella, atractiva, de buen gusto para vestir, astuta e inteligente, además de que podría llegar a ser una buenísima amante Esa mujer le convenía, sintonizaba perfectamente con su forma de pensar. Estaba casi seguro de que casarse con ella; seria el negocio de su vida.
—¿Entonces, es un trato? —Cuestionó Harry ya mirándole de frente. —¿De verdad, sacrificaría sus días uniéndose en matrimonio; a alguien como yo.
Pansy miró a Harry durante unos segundos, estudiando un poco su rostro y complexión. Después de haber pasado por las manos de Draco Malfoy, Peter Keatning y Gail Wynand, Potter podría decirse para sí misma. Que era el premio de consolación: un hombre joven, atrayente, rico, demasiado sensual para su propio gusto, y por supuesto; habría que probar el potencial de Potter, en la cama, aunque primero necesitase la ayuda de César. Era hora de dejar la virginidad que tan penosamente llevó durante nueve años cargando a sus espaldas, haciéndola sentir en más de una ocasión una mujer frustrada.
—He hecho tratos peores en mi vida, Harry; y de ninguno de ellos me he arrepentido, ¿Por qué tendría que hacerlo con este?
—Porque haré de tu vida un infierno querida.
A Harry se le heló la sangre, nada más escuchar su risa, tan malvada y cristalina resonar en la oficina.
—Entonces; haremos entre tu y yo que nuestro infierno sea mutuo, ¿Qué día piensas que sea conveniente? Hoy o mañana.
—Vaya que eres una mujer impaciente—Reconoció Harry, un tanto dolido; era la primera vez en su vida, que era tratado como un instrumento. — ¿Tanto te urge, ser la señora Potter oficialmente?
—Solo quiero darle prisa a las circunstancias, además de que quiero; que sea una sorpresa.
Harry se quedó callado, esa mujer era todo un maldito demonio; un demonio de piernas bien formadas y cabellos obscuros.
— ¿Qué te parece si nos casamos el jueves? conozco un juez lo suficientemente discreto. Solo tendríamos que llevar con nosotros; a las personas de mayor confianza.
Pansy asintió, pues aquello le parecía sensato. Una boda sencilla, sería lo ideal.
—Perfecto, tu solo pon la hora y el lugar y allí me tendrás con un reluciente traje blanco, ¿O prefieres una novia vestida de luto?
—Deja las ironías, hablo en serio Parkinson.
—Que bueno, yo también. En fin; me retiro te veo el jueves amor.
Harry temblaba de rabia, no soportaba que nadie, mucho menos esa abominable mujer se riera de él en su cara, sin embargo, había que hacer las cosas un poco más formales. Unos cuantos días; paró en la joyería de Madame Malkin, con la intención de comprar un anillo de compromiso, el ejemplar era precioso: de oro blanco, con incrustaciones de pequeños diamantes alrededor, y en el centro, un gran diamante de 60 quilates haciéndole adorno.
Tomó la cajita de rape y terciopelo del cajón izquierdo de su escritorio, y avanzando hacia ella dando grandes zancadas, le interrumpió el paso. Pansy se quedó un poco turbada, ante la imagen del anillo; demasiado fino.
—Hay que tomar en cuenta los formalismos. —Le dijo él apenas se lo puso, Harry debía admitir, que ese anillo, brillaba como ninguno; en su dedo anular.
— ¡Oh pero que tonta he sido cielo! ¿Cómo me permití olvídalo? Por supuesto, habría que zanjar el asunto con un carísimo anillo de bodas; en fin, estaba por retirarme tengo cosas que hacer todavía.
Harry la vio marchar, recargado en la puerta de su oficina, Nunca había pensado en casarse y en esos momentos, a pesar de saber que su compromiso con Pansy, era más por interés que por conveniencia; le hizo sentir cierta tensión. Cayó en la cuenta de que estaba acostumbrado a comprarse cosas caras, pero esa, era la primera vez que se compraba una prometida.
