Es mucho más tarde que los otros días pero aún logré publicar hoy. He tenido unos días horribles en la universidad y apenas y tengo tiempo libre para escribir, por eso es igual un poco más corto, pero espero que les guste la historia.

Día 11

Tema: Eating ice cream / Comiendo helado

Advertencias: Romance, slice of life

814 palabras

Summary: Treinta y seis grados. Treinta y seis malditos grados. Era como un infierno en la Tierra, pero quizás el aire acondicionado no necesitaba ser reparado con tanta urgencia.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.


Golpe de calor

Treinta y seis grados. Treinta y seis malditos grados. Era como un infierno en la Tierra, sobre todo en ese lugar, donde rara vez sufrían de temperaturas tan altas. Ni siquiera se veían personas en la calle a causa del extremo calor. Por suerte era fin de semana y no tenían que salir de casa. Por desgracia, el aire acondicionado llevaba meses descompuesto.

Erwin había tratado de arreglarlo por la mañana, pero el calor le abrumaba y le impedía concentrarse en lo que estaba haciendo. Levi, al ver que su esfuerzo no daba frutos, decidió abrir las ventanas de la casa, pero resultó contraproducente pues el aire que entraba, lejos de refrescarlos, no hacía más que aumentar el calor.

Cansados, acalorados y agobiados, se dejaron caer en el suelo lado a lado, disfrutando la frescura de los mosaicos aunque el alivio se esfumó de inmediato. A pesar de estar sin camisa, el calor de sus cuerpos habían calentado el suelo en segundos.

—Creo que voy a derretirme. —Se quejó Erwin, cerrando los ojos con fuerza como si de esa forma pudiera alejar un poco el calor, aunque el sudor de sus parpados le irritó, haciéndole quejarse.

Levi se quejó en respuesta, sintiendo las calientes gotas de sudor corriendo por su piel. Jamás se había sentido tan sucio, incluso se había duchado varias veces con agua fría, pero no ayudaba ni un poco, el calor era tan intenso que sudaba bajo la regadera.

Ni siquiera querían tocarse. El calor era tan intenso que el simple roce de sus manos se sentía como fuego. Era simplemente insoportable.

—Tal vez si dormimos por un par de días será más fácil. —Levi le miró tratando de parecer serio con su propuesta, pero el calor abrasador le impedía incluso dormir a gusto. Claro que nunca admitiría que era debido a que Erwin no podía abrazarle como de costumbre.

—Mi amor, no creo que pueda dormir si tengo que estar lejos de ti. —Erwin le sonrió, era la única forma en que podía expresarle su amor sin contacto físico, sin mencionar que esa misma falta de contacto despertaba su lado cariñoso.

Erwin iba a quejarse más, incluso pensaba en sugerirle que tomaran otra ducha, pero entonces recordó que aún quedaba un poco de helado de un par de días antes, cuando pasaron la tarde viendo películas mientras se acurrucaban en el sillón y comían golosinas. Una tarde perfecta.

—Espera, tengo una idea.

Erwin le dedico una sonrisa coqueta, pero el calor le tenía tan irritado que no le dio importancia. Lo último que necesitaba era a Erwin sobre él tratando de aumentar aún más su temperatura.

Divertido por su reacción, Erwin se tomó su tiempo para buscar el bote de helado de vainilla y el chocolate líquido para acompañarlo. Iba a buscar un par de copas para servirlo, pero una idea mejor pasó por su mente. Una mucho más divertida.

Volvió a la sala en silencio, observando a Levi a medida que se iba aproximando. Traviesas gotas de sudor corrían por su cuello y su marcado abdomen, haciéndole desear atraparlas con su lengua, deseaba más y más recorrer su cuerpo con su lengua.

Se agachó a su lado, sonriendo al notar que no le prestaba atención. Nunca se había sentido tan feliz de ser ignorado por él. Tomó un poco de helado con la cuchara y, sin previo aviso, lo dejó caer sobre el abdomen de Levi.

—¿¡Que crees que haces!? —Se quejó intentando levantarse, siendo apresado por Erwin que le mantuvo en el suelo.

La combinación del helado sobre su piel caliente le hizo estremecer, pero también pudo sentir algo más, un extraño calor recorriendo su cuerpo que nada tenía que ver con los treinta y seis grados del exterior, pero que seguramente se debían a la intensa mirada de Erwin.

—Sirvo un poco de helado. No había copas limpias. —Sonriendo con malicia, tomó el chocolate líquido y derramó un poco sobre el postre, dejando caer un poco en la piel de Levi.

—Ahora ambos podremos refrescarnos. —Dicho esto, se inclinó sobre él para comenzar a lamer el helado lentamente, pasando su lengua sobre la piel de Levi para limpiar el chocolate.

Levi no lograba entender cómo habían llegado a esa situación, pero el calor que sentía en ese momento era totalmente diferente al molesto calor que sentía antes. Era más agradable, más ardiente, más pasional.

Al terminar de saborear el dulce, luego de asegurarse de lamer hasta la última gota que se hubiera derretido sobre la piel de su novio, Erwin sonrió satisfecho. Habían logrado olvidarse del clima y ahora la piel de Levi ardía por razones muy diferentes. Motivado por sus dulces suspiros y su respiración pesada, Erwin repitió el proceso un par de veces más, cada vez bajando más por su cuerpo. Quizás el aire acondicionado no necesitaba ser reparado con tanta urgencia.