Despertó con un fuerte dolor de cabeza por todo lo sucedido el día anterior. Decidió darse el día libre, de todas maneras, ella no haría nada asistiendo a un lugar donde todas las personas a su alrededor ya tienen cosas más importantes que ella a las que prestar atención, en especial Bartolomeo.

Alex odiaba admitirlo pero el delincuente se había posicionado como su mejor amigo hasta ayer, cada palabra que él le dijo, el tono, la verdad...dolía como si un infierno poseyera su cuerpo. Un suave toque en la puerta de su habitación le hizo dar un leve respingo, dio permiso para entrar y se sorprendió al ver la nueva novia de su padre, Miss Valentine, entrar sin cuidado. No le agradaba aquella mujer, su caminar, figura y olor a naranjas le hacía querer girar y vomitar lo que tuviese en el estómago.

—Tu padre saldrá a una reunión hoy —sonrió, deseaba conocer a Alex más a fondo aunque supo (por palabras de Crocodile) que nunca superaría a la madre de la azabache—, pero me dejó su tarjeta de crédito —Alex guardó silencio cuestionando el punto de la mujer rubia—, ¿quieres ir de compras conmigo?

—Prefiero pasar, no me siento muy bien —aclaró.

—Oh, pero para una chica de tu edad comprar debería ayudarla a sentir mejor —Alex negó con debilidad, no sentía ánimos ni siquiera de comer—, ¿qué puedo hacer por ti? —procuró caminar lento y sentarse a un lado de la cama de la chica. Quizá, sólo necesitaba un pequeño empujón para salir y dejar la ley de hielo atrás—, si me acompañas prometo no decirle a tu padre sobre tu asistencia al Instituto Dressrosa.

¿Cómo negarse? Lo menos que necesitaba era a un cocodrilo enojado como padre, asintió, Miss Valentine le dio su espacio y la dejó sola en su habitación dándole sólo 30 minutos para que se arreglara. La ducha fue rápida al igual que vestirse, unas vans, camisa blanca hasta los muslos y un pantalón negro pegado a sus piernas, sin notar el hambre que tenía subió al mercedes de la novia de su padre y manejaron hasta el centro comercial de más prestigio.

Decir que no estaba preocupado sería mentir, él más que nadie sabía que Alex nunca faltaba a clases. Sin contar que el día anterior se había portado extraña con él, Trafalgar cerró sus ojos intentando calmar los pensamientos que culpaban tan sólo a una persona...

Buscó con su mirada el reloj de la pared, aún faltaban diez minutos para que pudiese salir y encargarse del rebelde. No lo soportaba, menos ahora que toda la culpabilidad recaía sobre su tonta cabeza de gallo.

Debía admitir que el haber rechazado a Alex le hizo realizar algo, ¿de qué valía ser el cirujano de sus sueños sino compartiría su éxito? Bien se lo había dicho corazón, el compartir con alguien resultaba ser lo mejor del mundo, sonrió. Por una vez decidió hacer caso al consejo de Rocinante.

Sus compañeros corrieron de la emoción fuera del aula como presos en su primer día de libertad, aunque aún faltaba mucho para eso, una semana para ser exactos. La graduación se aproximaba y con ella la promoción*, Sachi y Penguin se preguntaban a quién invitarían al baile.

—Yo quiero invitar a Aphelandra-chan —aseguró Penguin sonrojado.

—¿¡Eh!? —gritó Sachi sorprendido—, creí que se lo pedirías a Hancock-chan.

—No, no —negó nervioso—, ella sólo se preocupa por Luffy.

—Cierto... —asintió cruzándose de brazos— ¿Qué hay de Jean Bart? No lo he escuchado decir con quién irá.

—¿Si quiera irá? —dudó el otro—, ah~ que decisión tan difícil.

—Te comprendo —ambos se abrazaron llorando, el azabache continuó caminando sin hacerles caso pero le alcanzaron enseguida—, eh, Law, ¿con quién irás?

—No iré —se limitó a contestar.

—¡Eh! P-pero es el baile y luego de eso no nos veremos durante mucho tiempo —inició Penguin.

—¡Sí, sí! —continuó Sachi— ¡Debes ir!

—No —les dedicó una mirada fría y dejaron de insistir cambiando súbitamente de tema, ahora hablaban sobre los trajes que llevarían, no había tema que menos interesara a Trafalgar que aquél pero dejar soñar a sus amigos no costaba nada.

—Ahora que me fijo —habló Sachi sentándose en su mesa predilecta de la cafetería—, ¿dónde está Alex-chan?

—Tienes razón, ya debería estar aquí —se cruzó Penguin de brazos. Trafalgar comía intentando no hacerles demasiado caso—, usualmente corre a donde este Law... —no los ignoró demasiado, levantó su mirada y escuchó continuar la conversación.

—Sí, ha de gustarle mucho ¿no? —intentó murmurar Penguin.

—Debe ser genial que una chica siempre esté a tu lado —Sachi le siguió el juego. No continuaron, sintieron el aura de su amigo azabache cambiar. Sin decir nada, Trafalgar se levantó y se marchó sin terminar su comida, buscó por el sitio a Bartolomeo y no le consiguió en ningún lado, tuvo que preguntar a algunas personas para terminar enterándose que estaba con alguien más en la azotea.

Su día no podía ir mejor, la felicidad le llegaba al estómago, literalmente. Su sempai Sanji le había preparado una comida especial para él, aunque el rubio ignoraba la razón de tanto llanto de alegría por parte de Bartolomeo continuó comiendo junto a él. Una vez que se le conocía se le podía soportar, además, todo era un favor para complacer a su Alex-chan.

—Mellorine~ mellorine~ —murmuró pensando en lo feliz que estaría la azabache con él. El caníbal apenas y podía mirar a Sanji de reojo pues la luz que desprendía era demasiada—, oh, ¿qué tal la comida?

—G-g-g-genial —comentó comiendo más rápido que antes.

—Oye, oye, con calma.

—¡Sí! —y desaceleró como si de una orden se tratara.

—Debo ir con Nami-san y Robin-chan —comentó el rubio guardando todo en su bolso—, habla bien de mi con Alex-chan~

—S-s-s-sí —no fue nerviosismo lo que lo hizo tartamudear sino el recuerdo de todo lo que dijo a la azabache y, aun así, ahí había estado él. Sentado en la azotea junto a uno de los mugiwaras, justo como ella prometió.

¿Debería disculparse? De repente la comida de Sanji ya no le pareció tan apetitosa y su hambre se desvaneció. La guardó en su mochila para comerla más tarde cuando desease comer de nuevo.

La puerta de la azotea se abrió resonando por el golpe de metal contra la pared, aunque Barto no tenía mucho ánimo de girar lo hizo sólo para saber quién osaba perturbarlo. Como un rayo Trafalgar tomó a Bartolomeo de la camisa e hizo chocar la espalda de éste contra las rejas.

—Qué d-

—¿Qué le hiciste a Alex-ya? —interrumpió Law.

—¿Alex? —tragó saliva— ¿algo le pasó a Alex? —por alguna razón aquella reacción alivio al cirujano así que lo dejó libre.

—No asistió a clases hoy —respondió sacando su celular del bolsillo y marcando el número de la chica en él.

—¿Q-q-qué haces?

—Llamarla.

Entonces si te gusta, ¿no? —cabizbajo sintió su corazón agrietarse.

—Sí, pero... a ti también te gusta —respondió ignorando la mirada del chico y esperando que la azabache contestara la llamada—, no tengo por qué decirlo pero... me preocupa —Bartolomeo le miró extrañado—, me preocupa lo mucho que se preocupa por ti, no me gusta. Maldición, no contesta.

Déjame intentarlo —sacando su celular Bartolomeo llamó al número de la azabache pero tampoco funcionó. Law suspiró calmando sus pensamientos de preocupación, quizá sólo debía pasar por tu casa, no, sería demasiado precipitado y no le gustaban ese tipo de acciones. Sin despedirse del delincuente se alejó para dirigirse a su clase dejando a Bartolomeo con sus pensamientos constantes sobre su kouhai.

Se marchó a clases por inercia, sentado en su pupitre sólo veía su mesa pintada con los nombres de los mugiwaras y una equis al lado, marcando a quienes ya había conocido.

Franky (x)

Nami (x)

Tony Tony Chopper (x)

Sanji (x)

Aún faltaban algunos pero ya no estaba tan seguro de querer conocerlos, sintió algo en su bolsillo vibrar y sacó su teléfono con el nombre de kouhai de contacto.

De: Kouhai.

Roronoa Zoro te esperará en el portón para acompañarte a casa hoy, asegúrate de enseñarle bien el camino o se perderá.

Era increíble cómo le enviaba mensajes pero no había contestado sus llamadas así que marcó de nuevo a su teléfono pero no contestó ninguna de las veces y él comenzaba a cansarse, al terminar las clases y como Alex le avisó ahí estaba Zoro esperándolo en la entrada. Sintió como sus males salían de su cuerpo ante la visión del espadachín, rumores decían que antes vencía a los bully para ganar algo de dinero, eso hasta que conoció a Luffy.

Corrió con paso irregular hasta estar lo más cerca del pelo verde, es decir, dos metros lejos de su sempai.

—Así que tú eres Bartolomeo —musitó Zoro—, vámonos, tengo cosas que hacer al volver a casa.

—¡S-s-s-s-s-s-sí! —respondió lo más rápido que pudo.

Preguntas cruzaban su mente para hacerle al chico pero nada salía de su boca, sólo podría maravillarse viéndolo...¿caminar a dirección contraria?

—Z-Z-Zoro-sempai.

—¿hm?

—Es esta dirección —intentando reponerse Zoro se devolvió para caminar lado y lado junto al chico, pero el espadachín no es de iniciar conversaciones él sólo seguía el flujo de la situación y parecía ser que su admirador no paraba de sólo mirarlo.

—¿Puedes dejar de mirar? —preguntó como si fuese una orden.

—S-s-sí, lo siento —se apresuró Barto antes de mirar el camino, sólo quedaba cruzar una última calle y terminaría su paseo con su sempai—, qué triste...

—¿hm?

—N-no, nada —se apresuró—, es sólo... he sido fan de ustedes desde hace mucho y...

—Oh, sobre eso —interrumpió Zoro recordando algo—, Alex dijo que te diera esto —le ofreció un papel que Bartolomeo no dudó en tomar—, es el número privado de Brook.

—¿D-d-d-del Rey del Soul? —preguntó sorprendido.

—Sí, él está de gira ahora y estará así por meses así que llámalo cuando quieras —dijo añadiendo:—, al menos eso fue lo que Alex me pidió decirte.

—Alex, ¿cuándo?

—Hoy —comentó—, al parecer no pudo venir a clases.

—¿Q-qué tiene? —intentó no sonar interesado pero Zoro sonrió.

—No lo sé, tendrás que preguntarle —dio media vuelta y alzó su mano en señal de despedida, quizá no fue la caminata más larga de Bartolomeo pero en verdad apreciaba el haber pasado tiempo con su sempai. Quizá demasiado.

Entró a su cuarto y se recostó en la cama sin bañarse, sentía que no lo necesitaba para lograr mantener el momento que compartió con sus sempais aquél día, Ángel corrió hacia él y se acostó a su lado durmiéndose enseguida,. Sacó su celular del bolsillo y marcó rápido pero saboreando el momento de llamar a su sempai Brook.

Sonó tres veces hasta que por fin el rey del Soul contestó:Aquí Brook, yohohohoho~

—B-B-B-B-B-B-Brook-sempai —murmuró para sí.

¿Si?

—S-Soy Bartolomeo —comentó rápido—,un fan.

Oh~ ¿eres el amigo de Yellow-chan?

—¿Yellow-chan?

Así llamo a Alex, ella tiene ojos casi amarillos que siempre veo, aunque no tengo ojos yohohohoho~

Bartolomeo no pudo hacer más que reír, aquella risa se contagió rápido y le llenó de felicidad inmediata. El problema sería, ¿de qué más hablar con su sempai?

¿Has escuchado mi nuevo single? preguntó, al parecer no hacía mucha falta de preguntar nada, el rey se encargaría de todo.

—¡Sí, siempre escucho sus canciones!

Bone to be wild, babe comentó orgulloso. Es una lástima que no pueda estar allá, hubiese sido genial conocerte según me han comentado eres interesante, Bartolomeo-kun.

—¿Yo? No, no, usted es más interesante —respondió tratando de sonar humilde aunque su corazón tuviese la necesidad de saltar de alegría.

¿Yo? Sólo soy huesos yohohoho~

—S-sí...

Ha sido un verdadero placer, Bartolomeo-kun, pero debo ir a descansar por mi presentación mañana.

—Lo comprendo —contestó entristecido.

Saluda a Yellow-chan de mi parte, me han dicho que se siente mal últimamente el corazón de Barto dio un vuelco de admiración pasando a preocupación, nos vemos, aunque no tengo ojos yohohohoho~

Y colgó la llamada. ¿Qué podría hacer ahora? En medio de la noche preocupado por Alex y sin idea de donde vive, sacudió su cabello volviéndolo un desastre por la frustración, un nuevo mensaje llegó a su teléfono y confirmó su sospecha, se trataba de Alex.

De: Kouhai.

Nico Robin tiene un día algo ajetreado mañana pero espera verte en su club de lectura a las 5 pm. Está al otro lado del campus, salón B, le gusta que le lleven flores y que sean puntuales.

Y ahí iba, otro mensaje que le hacía reunirse con los mugiwaras pero no conectaba con ella, a punto de llamarla de nuevo recibió otro mensaje:

De: Kouhai.

Usopp debe ir con los scouts Tontatas a ejercitarse mañana temprano, si quieres puedes asistir a su sesión de ejercicios a las 6 a.m. En el parque central.

No pasó mucho tiempo antes de recibir el que sintió sería el último:

De: Kouhai.

Durante el receso Luffy te estará esperando en el comedor. Lleva carne, mucha...a él le encanta la carne.

Esperó el tiempo necesario pero no llegó más nada a su teléfono así que se aventuró a llamar nuevamente, suspiró sintiendo que no contestaría pero sí lo hizo aunque no quien esperó.

¿Quién eres? No conocía de nada esa voz pero resultaba ser muy profunda y seria.

—Bartolomeo —afirmó.

¿Eres amigo de mi hija? fue entonces cuando Barto comprendió todo.

—Algo así.

"Algo así" molesto Crocodile expulsó humo de su cigarrillo observando a Alex molesta por haberle quitado su teléfono, según le había contado Miss Valentine la chica había pasado todo el día evitando llamadas y maldiciendo por lo bajo. Una clara señal que algo malo estaba pasando y, aunque no se preocupaba lo suficiente por ella, sentía que debía acabar con todo tomando decisiones por él mismo drásticamente, aléjate de ella, la molestas.

Y cortó la llamada.

—¿Por qué eres así? —gritó Alex por fin quitando el teléfono del agarre de su padre.

—No puedo permitir que te distraigas por personas estúpidas —contestó saliendo de la habitación de la azabache—, ¡y soy tu padre, te guste o no!

—Idiota —murmuró para sí cerrando la puerta con seguro, no estaba segura si llamar a Bartolomeo para disculparse estaba bien. De todas formas sólo sería una molestia para él desde que le dijo todas esas verdades, sin contar lo extremista que podría llegar a tornarse su padre si le desobedecía.

Se lanzó a los brazos de la cama y lloró hasta conciliar el sueño.

*: En Japón no hay promoción, de hecho, no sé si en América del Sur las hay, pero como es One Piece dejemos fluir la imaginación de que hay promoción donde hay comité de baile y todo eso.