Capítulo 11.- "Cumpleaños"
La oficina estaba silenciosa, los sábados por la mañana solía ser así. Sólo se trabajaba hasta las tres de la tarde y todos querían acabar pronto sus tareas para no dejar ningún pendiente.
Kakashi mantenía su cabeza recargada en uno de los muros de la pared, allí de pie frente al gran ventanal para observar la lluvia que no cesaba desde el día anterior. Escuchó un trueno a lo lejos y sonrió recordando la cara de miedo de su asistente; esperaba que ella estuviese trabajando con total control de sus emociones aunque de repente pensaba que podría escuchar algún grito de terror.
Dos golpecitos en la puerta y él volteó, Sasuke estaba parado un lado del marco y había visibles gotas de agua sobre su capa oscura.
—Qué sorpresa verte —comentó Kakashi y se recargó en el muro.
Sasuke parecía molesto.
—¿Qué pasa? ¿Hay problemas? Deberías estar en tu casa disfrutando a tu familia, no tengo más misiones para ti pero si resulta algo te lo haré saber.
El Uchiha seguía sin hablar y sin quitar su cara de pocos amigos. Se acercó al escritorio y dejó una caja sobre éste, estaba envuelta en un bello pañuelo azul.
—¿Qué es eso?
—Sakura te lo manda —finalmente habló y se dio la media vuelta para irse.
—¡Espera, espera! Pero ¿qué es?
Sasuke volteó con la mirada tensa.
—¡No sé, Kakashi! ¡Si quieres saber pues ábrelo!
Kakashi entrecerró los ojos y se cruzó de brazos.
—Qué mal das los recados, Sasuke. ¿Y si es una bomba?
—No seas idiota, ¿cómo Sakura te va a enviar una bomba? Sólo ábrelo y ya.
El pelinegro volvió a la puerta y Kakashi no resistió molestarlo por última vez. Si Sasuke tenía esa cara no era porque odiara la vida, sino que se sentía apenado por el favor que estaba haciendo.
—¡Son preservativos! —Exclamó y Sasuke volteó asustado, esa mirada le había hecho el resto del día.
—¿Qué? —Soltó mirando la caja intacta y luego arrugó la frente mirando con enojo al Hokage— Ya madura, Kakashi.
—Dile a Sakura que le agradezco el detalle y que en cuanto tenga oportunidad iré a visitarla.
—No te molestes en lo último.
Dándose la media vuelta abrió la puerta y casi choca con Nashira que al verlo llevó ambas manos tras su espalda. Sasuke se le quedó viendo y luego quitó la mirada de ira para calmarse.
—Hola —dijo ella—. Eres el esposo de la doctora Sakura ¿verdad?
Él la miró unos segundos y luego asintió, Nashira se hizo a un lado para dejarlo pasar aunque Sasuke había pensado que ella le diría algo; dudó unos instantes antes de retirarse del lugar.
Kakashi estaba quitando el pañuelo para ver el contenido, al momento que lo desprendió pudo ver una caja de almuerzo y una tarjeta sobre ésta. La leyó en su mente: «Feliz cumpleaños, Kakashi sensei»
Sonrió ante el gesto de su ex alumna y destapó la caja para ver la comida que había recibido. Nashira seguía observándolo desde la orilla de la puerta aún con sus manos detrás de su cuerpo.
Su vista se clavó aún más cuando notó que él estaba a punto de bajarse la máscara para probar un bocado del obento, estaba entusiasmada por ver su rostro. Por fin se quitaría de dudas y terminaría con la tonta confusión que según ella, había experimentado a causa de la tela que cubría la mitad de su cara.
El dedo índice de Kakashi estiraba la máscara poco a poco y ella al mismo tiempo abría más los ojos, de pronto él se detuvo.
—¿Se te ofrece algo Nashira?
Ella jadeó asustada, él había notado su presencia. Miró hacia abajo y tragó saliva, había estado muy cerca de ver su cara. Antes de poder hablar escuchó unos pasos veloces aproximarse, un tipo enérgico vestido de verde casi la empuja al suelo cuando cruzó la puerta pero afortunadamente reaccionó a tiempo y se hizo a un lado. No tuvo la misma suerte cuando un jovencillo de cabello castaño se impactó con sus brazos y el objeto que había estado manteniendo oculto cayó al suelo.
El ruido fue oído por las cuatro personas y Kakashi quiso acercarse para ver qué había ocurrido.
—¿Qué pasó Konohamaru? —Preguntó Rock Lee.
Konohamaru veía apenado el desastre que había hecho, Nashira rápidamente se agachó a recoger la caja de cartón y a meter dentro de ésta, los pedazos de un trozo de pastel.
—Yo, lo siento —Konohamaru se inclinó para ayudarla pero ella lo impidió, lo miró a la cara y le sonrió.
—No, está bien. De hecho iba a tirarlo —le habló en voz baja y él hizo una mueca de pena—. En serio, ya se le había pasado la fecha de vencimiento —siguió limpiando el suelo con sus manos tratando de llevarse todo el betún para que Kakashi no se diera cuenta—. No digas nada de esto ¿de acuerdo?
—Pero...
—Por favor —insistió mirándolo fijamente mientras se ponía de pie—, me meterías en serios problemas —mintió, Konohamaru sólo movió su cabeza aceptando pero seguía sintiendo remordimiento.
—A ver, ¿qué sucede aquí?
Kakashi abrió la puerta en su totalidad, Nashira puso el pie sobre una pequeña manchita de crema y llevó nuevamente ambas manos tras su espalda.
—¿Está todo bien? —Lee miró al menor y él vio a Nashira de reojo.
—Está perfecto —contestó ella—, sólo nos caímos al suelo por el choque pero no pasó nada.
Kakashi volteó con Konohamaru.
—Lo siento Sexto, fue mi culpa por venir corriendo.
—Ah, estos niños. Ten más cuidado, la próxima vez podrías lastimar a alguien.
Sus ojos regresaron a ella, que se mantenía en una postura firme.
—¿Y bien? —Le dijo con la intención de que hablara del porqué estaba allí sin moverse.
—Nada —contestó con una sonrisa forzada—. Vaya a sus asuntos, yo sólo iba pasando.
Kakashi frunció las cejas y luego cerró la puerta lentamente. Tras el sonido del picaporte, Nashira corrió apresurada lejos de la oficina para encontrar un bote de basura. Vio uno cerca de la salida al patio trasero y bajó la velocidad hasta caminar despacio.
Miró la caja magullada que contenía un pequeño pastel el cual compró antes de llegar al trabajo. No había querido hacerlo pero la culpabilidad se apoderó de ella y terminó entrando al local. El día anterior se sintió mal por su jefe y quería por lo menos alegrarle un poco el día, mas en esos momentos viendo que su buena acción estaba estropeada no pudo sentir otra cosa sino vergüenza.
«¿En qué estabas pensando? No te sientas mal, tu intención fue buena»
Dejó caer la caja dentro del bote de basura y se fue a lavar las manos antes de volver a su cubículo para trabajar.
(...)
Era medio día, Sai subió hasta la oficina del Hokage para entregarle los regalos que recibió de sus candidatas a esposa. Kakashi veía los objetos envueltos con una mirada de aburrimiento.
—¿Quién les dijo mi fecha de cumpleaños?
Pegó la frente al escritorio.
—Usted es muy popular, sería tonto pensar que sus admiradoras no saben su fecha de nacimiento, señor.
Sai le puso en frente el último regalo.
—Supongo que con esto quieren sobornarme. ¿Crees que sería maleducado si les regreso los presentes?
—Yo creo que sí, ¿por qué se preocupa? De todos modos hoy es su día especial ¿no es así?
—¿Esto pasó por un control de seguridad? ¿Qué tal si alguno tiene una bomba?
—No se preocupe, ya ha sido inspeccionado con el byakugan y todo está en orden. Aunque no me dijeron qué contienen los envoltorios. Quédese tranquilo, me retiro para darle su privacidad.
Sai salió de la oficina y Kakashi se hundió en el asiento, se les quedó mirando un rato a los regalos sobre el escritorio, luego miró su teléfono inalámbrico y lo tomó.
—Nashira, ven en este instante.
Colgó. Pasó un minuto y ella ya estaba tocando la puerta.
—¿Qué quieres? —Al entrar se detuvo mirando los objetos frente a él y lo supo de inmediato— Oh, vaya... ¿Ahora intentan comprar tu amor? —Se burló.
—Son obsequios... ¿Cómo te lo digo? —Se rascó la cabeza— Hoy es mi cumpleaños.
Ella se mantuvo en silencio y luego se cruzó de brazos.
—Ah, eso es inesperado.
—Sí, no muchas personas conocen mi fecha de nacimiento aunque creo que eso fue antes de convertirme en Hokage. Tengo algunos años en este puesto y recién me pasan estas cosas.
Ella movió su cabeza fingiendo comprender.
—Como tú eres quien me está ayudando en este asunto, quiero que me des tu opinión sobre lo que he recibido.
—Bueno, no creo que yo te pueda ayudar en algo como esto. Son tus regalos Kakashi, mi opinión sobra.
—Sólo dime qué piensas ¿de acuerdo?
Kakashi abrió el primer obsequio, era una caja pequeña que contenía un frasco con perfume, Nashira se empezó a reír.
—Mira, ya no olerás a viejo sucio. Qué considerada fue Ziradia.
Kakashi leyó en voz alta la etiqueta.
—Elegance.
—¡¿Qué?!
Le quitó el frasco y lo miró de cerca, su boca se abrió de la sorpresa.
—¿Qué? ¿Qué? —Preguntaba Kakashi creyendo que era algo malo.
—¡Este perfume es de colección limitada! ¿Sabes cuánto cuesta? Aquí son como cinco mil Ryōs.
Kakashi puso la misma expresión que ella y miró la caja del perfume donde leyó que era un producto auténtico del país del Rayo.
—Esto cuesta más que una misión de rango D, es increíble.
—¿Qué otras cosas te regalaron?
Tomó el paquete más pequeño y le quitó el papel envoltorio. Había un cofre color dorado que al ser abierto dejó descubierto un reloj precioso, su esfera representativa era de color azul brillante con un pequeño diamante en el borde superior; el brazalete tenía una perfecta combinación entre forma y función, pues podía ajustarse a la medida deseada.
—Lo ha enviado Kurotsuchi.
—Para que ya no llegues tarde —Nashira tomó el reloj para verlo—. Vaya... Es tan bello y costoso... Estas mujeres se están esmerando ¿eh?
—Esto sólo me está incomodando.
—Abre el resto, quiero ver la creatividad de tus novias.
Kakashi bufó y tomó el obsequio enviado por Maya. Se trataba de una cartera de piel auténtica.
—Espléndida —dijo Nashira mientras apoyaba su mentón sobre sus manos—. Allí podrás guardar todo tu sueldo de Hokage.
—Lo dices como si fuera muy fácil.
—Lo es. Sólo agarras todo tu efectivo y lo echas dentro de la cartera ¿ves?
Kakashi resopló y la miró con aburrimiento. Finalmente estaba el regalo de Kazumi; al levantar la caja sintió que era más pesado que los anteriores.
—¿Qué será?
Retiró el papel y miró la preciosa caja, no tenía que ser muy listo para adivinar de qué se trataba.
—No puede ser —con mucho cuidado abrió la caja y sus ojos brillaron al ver la botella—. Un vino tinto de frutos rojos con un añejamiento de siete años, esto no se puede conseguir en este país.
—Tampoco el perfume de Ziradia.
Kakashi ignoró el comentario de Nashira porque estaba muy emocionado leyendo la etiqueta de la botella. Nashira se mantuvo viendo las cosas sobre el escritorio hasta que detectó un papelito entre los envoltorios. Lo tomó y empezó a leerlo mentalmente.
«Feliz cumpleaños, Hokage Kakashi Hatake. Disfrute de la maravillosa experiencia de un año más en su valiosa vida. Envío un humilde presente, por favor, probémoslo en la cita la próxima vez que nos veamos - Kazumi Igarashi.»
—Uhm...
—¿Qué pasa? ¿Qué es eso? —Kakashi miró a su asistente que aún mantenía el papel a la altura de su cara.
—Tu futura esposa dice que probarán ese vino en su próxima cita. ¿Estás consciente de que tendrás que mostrarle tu rostro? A menos que quieras hacer un agujero en la parte de tus labios para poder abrir la boca.
Kakashi dejó la botella sobre el escritorio y miró a la mujer.
—Ya sé que si esto avanza, mi rostro será revelado. Lo he tenido muy en claro desde que me metí en esta situación.
—En ese caso —Nashira se puso de pie y apoyó sus manos sobre sus caderas—, muéstrame tu cara, quiero verla.
—¿Eh? No, no, a ti no.
—Vamos Kakashi, ¿tan feo eres que no quieres que te vea?
—No se trata de eso, esta máscara me ha acompañado toda mi vida. No puedo simplemente mostrarte el resto de mi cara.
Ella alzó una ceja y se le quedó mirando, luego su vista caminó hacia la cicatriz en su ojo izquierdo.
—¿Qué te pasó en el ojo? Me refiero a la cicatriz.
Kakashi bajó la mirada y se volteó para estirar su silla.
—Es un asunto personal, ya puedes volver a tus labores.
Nashira se rió más por indignación que por gracia.
—Es en serio Kakashi ¿para eso me hablaste? ¿Para presumirme tus regalos? Me has pedido una opinión ¿no?
Kakashi se sentó y no la volteó a ver, hizo a un lado unas carpetas y encendió el computador.
—Genial, ahora me ignoras. Eres un jefe maravilloso. Pues bien, entonces cásate con la que quieras señor amargado.
Se dio la media vuelta y antes de salir sintió un golpe en la nuca, se sobó y miró hacia el suelo una bola de papel. Volteó molesta con Kakashi quien seguía "ocupado" viendo la pantalla del monitor.
Nashira se agachó a recoger el papel y se lo lanzó justo a la cara pero Kakashi movió la cabeza y la bola de papel pasó por un lado. Casi pudo ver en sus ojos la burla hacia ella.
Apretó el puño y sus fosas nasales se dilataron, agarró un libro grueso del escritorio y fue directo a Kakashi para pegarle en la cabeza. Él rápidamente metió sus manos para evitar el golpe pero entre estrujones y zarandeos, Kakashi terminó con una mano en uno de los senos de Nashira.
Ella se detuvo, Kakashi también. Ambos se miraron y entonces él apartó la mano sin pensarlo y ella se puso roja y se cubrió el pecho retrocediendo.
—Fue un accidente ¡sabes que fue un accidente! —Se excusó Kakashi sudando de los nervios.
Nashira estaba sin habla aún con el libro en sus brazos, su corazón palpitaba a mil por hora y se le dificultaba respirar.
—¿Nashira? —Kakashi ladeó la cabeza.
Ella jadeó para tomar aire y se apoyó en la pared.
—Lo lamento, no fue mi intención. Mira, hagamos como que esto nunca pasó ¿sí?
Los ojos de la mujer se movieron para verlo a la cara, sus manos apretaron más el libro.
—De verdad eres un pervertido —masculló, pero él entendió sus palabras.
—Tú viniste hacia mí decidida a pegarme, yo sólo intentaba defenderme. ¡Mi mano ha caído allí por error!
—¡¿Y qué pasa si mi mano cae por error en tu entrepierna?! ¿Eh? ¿No estarías molesto también?
Kakashi se quedó serio y miró hacia un lado meditando su pregunta.
—Bueno... Es probable.
—¿Probable? —Se indignó— ¡Eres un puerco! Y dices que no acosas a las mujeres.
—Escucha, nunca te insinuaría nada ¿de acuerdo? Eres mi asistente y te respeto.
Nashira respiró hondo una y otra vez para tranquilizarse. Kakashi estaba apenado por lo sucedido, lo peor es que todavía tenía la sensación en su mano y sólo podía pensar en que Nashira estaba usando un sostén con encaje.
—Bien, te perdonaré por esta vez. Sólo porque es tu cumpleaños —se dió la media vuelta—. Y... Feliz cumpleaños —dijo casi apretando los labios.
Kakashi movió su cabeza aceptando la felicitación, aunque ella no pudo verlo y salió de allí.
(...)
—Nos vemos el lunes, Shikamaru —se despidió un empleado que se cruzó en el camino.
—Descansa.
Shikamaru subió el resto de los escalones y se dirigió a la puerta de la oficina del Hokage, al abrirla vio a su superior inmóvil mirándose la mano.
—¿Señor?
Kakashi volvió a la realidad y se acomodó en el asiento.
—Dime.
—¿Su mano está bien?
—Sí. ¿Ya te vas a casa?
—Eh, sí. Sólo quería saber si no se le ofrecía nada más.
—Nada, todo está tranquilo. ¿Ya se han ido todos los empleados?
—Sólo permanecen unos cuantos, pero no tardan en retirarse. Hace unos minutos vi a Konohamaru, me dijo que quería hablar con usted pero luego me ocupé y ya no supe a dónde se marchó.
Kakashi se levantó para quitarse la túnica.
—Qué raro que quiera hablar conmigo, en la mañana vino con Rock Lee a traerme un mensaje de Guy, si sigue aquí es que hay algo que debe ser importante.
—Bueno, señor, me retiro. Nos vemos en lunes.
—Claro, salúdame a Temari.
(...)
Afuera en el patio de la Torre, en una banca de ladrillos bajo un techo, estaba sentado Konohamaru. Movía sus pies continuamente pensando si su decisión era la correcta.
Había querido obedecer a la mujer de cabello azul que le pidió guardar el secreto, pero luego de enterarse por Lee que era el cumpleaños de Kakashi, llegó a la conclusión de que ella le había comprado un pastel.
—Konohamaru, aquí estás.
Dejó de ver sus pies para alzar el rostro y encontrarse con el Hokage. Se sentó a un lado de él y se quedó mirando hacia el horizonte.
—Shikamaru me dijo que estabas buscándome. ¿Sucede algo?
—S-sí... Yo... Hice algo malo.
—Uhm... Con que de eso se trata. ¿Requiere un castigo?
Konohamaru meditaba sus palabras para acomodar las frases pero no estaba seguro si era buena idea.
—¿Konohamaru?
—Esta mañana, cuando llegamos a su oficina Lee y yo, había una mujer parada un lado de la puerta.
Kakashi recordó.
—Sí, era mi asistente ¿qué hay con ella?
—Bueno... Yo sin querer me impacté con sus brazos, los tenía detrás de su espalda y sostenía una caja en sus manos.
Kakashi le puso más atención.
—Cuando choqué con ella, la caja cayó al suelo y se arruinó lo que había dentro.
—¿Qué había dentro?
Sus labios temblaron.
—U-un pastel. Se tiró una parte en el suelo y ella comenzó a recoger los pedazos y limpió el piso con su propia mano.
—¿Un pastel? —Kakashi alzó una ceja.
—Sí, me dijo que ya no servía que no me preocupara, pero... Desde el incidente no he dejado de sentirme culpable, presiento que me dijo esa mentira para no afectarme.
Kakashi se sobó el mentón.
—¿Pero por qué habría de tener un pastel? No entiendo.
—Tal vez era para usted ya que hoy... Es su cumpleaños.
(...)
Kakashi estuvo revisando bote por bote de la basura, se asomaba y veía si había algo de ese dichoso pastel. No encontró nada en las oficinas así que buscó en el almacén y cuando estaba por rendirse miró el depósito de basura que daba hacia el patio trasero.
Levantó la tapa y movió unos cuantos papeles para encontrar una caja blanca abollada. Rompió una pestaña de la misma y vio la tarta hecha añicos.
«—Hoy es mi cumpleaños.
—Ah, eso es inesperado.»
Se quedó serio aún mirando dentro del depósito y luego sonrió con amargura.
—Ah... Y le mostré todos esos regalos caros —llevó una mano para masajear sus sienes—. Qué mal hombre soy.
Pensó que tal vez ella quería por primera vez llevarse bien con él. Se dejó caer sobre una silla de plástico y apoyó los brazos en sus piernas.
—Le dije que no me mirara con lástima, pero creo que es inevitable.
Se mantuvo en esa silla por un buen rato, escuchando la lluvia caer y los truenos que ahora le recordaban la situación en la colina.
Sacó el teléfono de su chaleco y comenzó a marcar un número esperando que le respondieran.
—¿Hola?
—Yamato, soy Kakashi. Sólo quería saber... ¿Tienes la tarde libre?
—¿Ocurre algo? Tú nunca me llamas.
Kakashi miró el reloj que colgaba en la pared.
—Pensé que podrías acompañarme al bar, ya que hoy en mi cumpleaños.
—Se supone que debo cuidar de Orochimaru ¿no?
—Ah es cierto, supongo que no somos amigos después de todo. Bien, invitaré a alguien más.
—¡No! ¡Espera Kakashi! Dejaré un relevo, dime a qué bar debo ir y estaré allí.
(...)
Dos botellas vacías sobre la mesa, Kakashi estaba mirando el vasito de sake con indiferencia.
—Ahí viene el dueño del local, ¡cúbrete el rostro pronto!
Se subió la máscara y dejó el vasito sobre la mesa. Se habían sentado en una mesa apartada de las demás, Kakashi daba la espalda a los hombres ebrios que hablaban en voz alta sobre asuntos banales.
—Sexto, gracias por venir a este lugar. ¿Puedo ayudarlo en algo más?
Kakashi volteó a verlo.
—Estoy bien, gracias.
—Si necesita algo por favor no dude en llamarme, estoy a sus órdenes.
El hombre se retiró y Yamato miró a Kakashi.
—Dijiste que es tu cumpleaños.
—Sip.
—¿Por qué estamos en un bar? ¡Eres el Hokage! La gente podría hablar mal de ti por estar en este sitio.
—Ellos hablarán mal de mí cuando deje este cargo, por el momento soy como un dios para todos ellos.
Se bajó la máscara y volvió a beber.
—¿Siempre te pones así en tus cumpleaños?
—No es como que disfrute mucho de ellos ¿sabes? Cada vez que llega este día, me siento más solitario.
Yamato se sirvió sake y se lo tomó de golpe.
—Pero cuando te cases todo eso habrá terminado así que quita esa cara. Me dijeron que ya viste a las candidatas ¿cuál es la más guapa?
Kakashi suspiró recordando.
—Todas son mujeres bellas y son muy jóvenes para un viejo como yo. Kurotsuchi casi es de la edad de Sakura ¿te imaginas? Simplemente no puedo aceptarlo.
Yamato rió al ver la expresión en su rostro.
—Eres un casanova mi estimado Kakashi. Tú puedes seguir leyendo tus libros, te gustan más las mujeres de ficción.
—Cállate —Kakashi también se rió y se bebió el último sorbo de su vaso—. Ah, es cierto.
Buscó en su mochila su libro Icha Icha Paradise, al ver las tapas naranjas lo sacó rápidamente y lo abrió.
—Tengo mucho sin leer esto, he estado muy ocupado.
—¿Piensas leer aquí? Ve a tu casa, cochinote —Yamato se partió de la risa.
—Shh, cállate y escucha. Hay una frase muy sabia en este libro.
«Ella tenía la mirada de ángel pero bajo su piel ocultaba a un demonio»
—¿Sabes lo que significa Yamato? Significa que las mujeres que se ven más amables, son las peores.
—Tal vez se refiere a que luce inocente pero es una sucia pervertida —Yamato codeó a Kakashi.
—No, no significa eso. Mira, voy a buscar otro fragmento que venía por aquí...
Repentinamente Kakashi notó unas letras en una de las hojas, estaban hechas con bolígrafo azul y se acercó más el libro para verlas bien.
—No te lo comas —se burló Yamato.
—No es eso.
Kakashi siguió hojeando y encontró más y más apuntes dentro de la lectura. Algunas notas adhesivas pegadas como separadores y empezó a leer en su mente aquellas frases.
«El protagonista no amaba a la joven mujer, él sólo quería su cuerpo y ella se dio cuenta por eso lo rechaza en los primeros cuatro capítulos»
«Este capítulo central menciona gran cantidad de contenido erótico»
«Me gusta la descripción del lugar»
—¿Kakashi? ¿Sigues ahí? Hola —Yamato movió su mano frente a la cara del Hokage.
—Ella rayó mi libro —dijo con sus cejas fruncidas.
—¿Ella? ¿Quién?
—Nada, olvídalo.
Guardó nuevamente el libro.
—¿Terminaste? —Le cuestionó a su compañero— Hay que volver a casa.
—Eso está bien para ti, yo debo ir a una sucia cueva a vigilar a Orochimaru. ¿Sabes cómo me frustra eso? ¿Lo sabes Kakashi?
—Ya, ya, está bien te doy permiso de que descanses en tu departamento. Ahora, paguemos la cuenta y vayámonos.
—¿No estarás pensando en que yo pague verdad? Sólo porque es tu cumpleaños.
—Yo lo haré, hombre.
Kakashi sacó su cartera y empezó a buscar efectivo. A Yamato se le abrieron los ojos como platos.
—¿De dónde sacaste esa cartera? ¿Es piel genuina?
—Es un regalo que recibí hoy.
—Te odio Kakashi.
El Hokage se levantó para ir con el dueño del local y pagarle la cuenta.
—Sexto, tengo una petición —el hombre tras el mostrador se veía nervioso.
—¿Sí?
—¿Podría por favor pedirle a sus shinobis que sean respetuosos cuando vengan a este bar?
—¿Ha tenido problemas con algunos de ellos?
—En realidad, no ha habido mucho conflicto pero en este mes pasaron dos circunstancias. La primera es que se pelearon tres ninjas después de haber bebido mucho y me rompieron una mesa.
Kakashi resopló.
—Y hace poco vino una joven mujer y uno de ellos comenzó a acosarla.
—Ya veo, entiendo. Hablaré con todos mis shinobis muy seriamente. Gracias.
Kakashi se iba a dar la media vuelta para irse pero algo hizo clic en su cabeza y volteó con el hombre.
—Disculpe... ¿Recuerda cómo era esa mujer de la que habló?
El dueño empezó a hacer memoria y tras unos segundos lo recordó.
—No recuerdo bien sus facciones pero era blanca y su cabello de tono azulado.
—Podría ser... ¿Ella estaba con alguien más?
—No señor, estaba sola. Creo que esperaba a alguien, no dejaba de ver el reloj.
«Ni siquiera fui al bar, quiero decir, iba hacia allá pero recordé que tenía unos pendientes en casa y me desvié. Hubiera sido una grosera si tú te presentabas y yo jamás llegaba así que no te sientas incómodo por eso.»
Kakashi se mantuvo en silencio, no sabía cómo sentirse al respecto. Nashira le había mentido en dos ocasiones para no incomodarlo y él todavía se atrevió a lanzarle una bola de papel.
—Gracias.
Salió del bar junto con Yamato y caminaron una parte del trayecto juntos antes de que sus caminos se separaran.
Todavía seguía pensando en el misterio que envolvía a su asistente. La contrató porque se quedó cautivado por la habilidad de descubrir un engaño respecto a las intenciones masculinas, sin embargo, no sabía mucho de ella y no parecía querer decirle más información.
—Ella me ve como un viejo pervertido y pareciera que no confía en nadie.
Se quedó mirando al cielo, viendo cómo las nubes grises no se iban. Había dejado de llover pero el pronóstico indicaba que todavía no terminaban las tormentas.
—¡Ah! —Kakashi tuvo una idea— Si ella guarda un secreto no lo descubriré... Pero tal vez sí lo haga Sukea. Necesito comprarme una cámara.
