El atronador sonido que rasgó el aire fue el de un único disparo.

Y después, por un breve instante, sólo hubo silencio, igualmente estruendoso.

Habría sido imposible no oír las gotas de sangre que cayeron a continuación; un pequeño "plic" primero, seguido de otro más, y luego un tercero y un cuarto…

Y entonces una de las armas golpeó contra el suelo de piedra, con lo que pareció un enorme estrépito; el repiqueteo metálico resonó como un poderoso tambor de guerra.

Armin dejó escapar un gran suspiro, de angustia y de alivio, que no sabía que estaba conteniendo hasta ahora.

El legionario cerró los ojos con un estremecimiento… y bajó el brazo con que aún sostenía su arma, con el cañón todavía humeante.

Y al otro lado, justo enfrente de él… Marco contemplaba con cierto estupor su propia mano ensangrentada; ya había empezado a salir vapor de la herida, mientras ésta se regeneraba.

Por un momento, ninguno de los dos pudo decir nada; hasta que Armin abrió los ojos de nuevo y miró con calma a su compañero, quien por fin se animó a hablar.

–Supongo que debí habérmelo esperado de ti. –Marco sonrió levemente, todavía un poco aturdido–. Desde luego, si había alguien capaz de encontrar una "tercera opción", ése eras tú. Pero ahora no puedo evitar preguntarme… –su expresión se hizo mucho más seria–. ¿Por qué?

Al oír aquella pregunta, el muchacho rubio volvió a recordar, inevitablemente, otra situación muy distinta en la que el pecoso había pronunciado esas mismas palabras; ecos lejanos y angustiosos, de un instante grabado a fuego en el fondo de su consciencia, aun sin haberlo presenciado personalmente.

Pero eso no detuvo por mucho tiempo a Armin; tragó saliva y, al principio con nerviosismo, luego ya cogiendo más confianza, comenzó a explicarse.

–Porque… Porque me he acordado de todas las veces que me diste la mano, de todas las veces que me ayudaste a levantarme… Has ido animándome, diciendo lo que debía decirse, y que también era lo que yo necesitaba oír. No sé si eres tú de verdad, Marco, o si realmente eres una manifestación de mi propio subconsciente, pero… Lo que sé es que, de un modo u otro, tú ya formas parte de mí, así que… En realidad, lo mires como lo mires, los dos estamos juntos en esto. ¿Cómo voy a prescindir yo ahora de una parte de mí mismo, con todo lo que aún tenemos por delante? Es lo que decías antes, el mundo es un lugar muy grande… Y voy a necesitar todos los recursos a mi alcance, para proteger a los míos. Tomar la decisión difícil, aunque no sea "la correcta", sino la menos mala. Ay, no sé si me explico…

–Perfectamente, Armin.

Marco sonrió de nuevo, ya con más naturalidad, aunque en sus ojos marrones parecía brillar al mismo tiempo cierto escepticismo; impresión reforzada por la forma en que enarcaba ligeramente una de sus cejas.

Armin, de algún modo, supo de qué se trataba, sin necesidad de palabras. Levantó una mano, conciliador; se dio cuenta de que su arma había desaparecido, pero no le dio más importancia. "El momento ha pasado, dejó de hacerme falta."

–Créeme, Marco, entiendo a qué te refieres. Sospechas que esto sólo ha sido una cobardía por mi parte, que en realidad me he limitado a tomar una decisión con la que evito tener que decidir por ahora, posponiendo lo inevitable. Te aseguro que no es eso… –Armin frunció levemente el ceño, con expresión concentrada y un brillo de determinación en sus ojos azules–. Quiero mantener abiertas tantas opciones como sea posible, todo el tiempo que pueda. Y en este sentido, eres quien me ha abierto los ojos. Me has ayudado a ver de verdad las cosas, a considerar las diferentes perspectivas sobre un mismo asunto, no sólo la que me resulta más cómoda sino también la contraria. Comprender que en realidad nuestros enemigos lo son, no por principio, sino simplemente por estar al otro lado, y que la situación no tendría por qué ser siempre así. Para tomar la mejor decisión posible, necesitaré estar bien informado, y gracias a ti puedo conseguirlo. No pretendo retrasarlo todo indefinidamente, aunque me conozco y sé que ésa es una tentación que tendré que resistir, pero… Marco, quiero creer que a la hora de la verdad, cuando llegue el momento, seré capaz de decidir y hacer lo que debe hacerse.

Fue entonces cuando Armin empezó a dudar. "Debo hacerlo… ¿Por qué? ¿Por el bien de todos? ¿El bien común? ¿El bien de la mayoría? Y… ¿Quiénes son todos? ¿Qué sería lo común? ¿Cuál es esa mayoría? Acaso… ¿Debería centrarme en mi propio bien? ¿Aunque lo que sea bueno para mí choque con lo que es bueno para los demás? Maldita sea… Hacer una declaración de intenciones siempre es fácil, ¡llevarlo a la práctica resulta bastante más complicado!"

–En fin, lo que quiero decir con todo esto es que… –el joven cambiante se pasó una mano por la cabeza, peinándose hacia atrás los rubios cabellos con sus dedos–. Sé que aún no tengo todas las respuestas, pero haré cuanto sea posible para encontrarlas, y creo que contigo la búsqueda será mucho más sencilla… Marco, desde que llegué aquí has sido para mí un punto de apoyo, a cada instante, el polo opuesto y el contrapeso que me ha ayudado a mantener el equilibrio. Me has hecho ser consciente

Y ahí verdaderamente Armin ya no supo cómo continuar.

No se fijó en que Marco había ido acercándose, hasta que el pecoso le pasó una mano por la cabeza, desordenándole los cabellos con suavidad y una sonrisa cargada de afecto; en su expresión, pacífica y relajada, había cierta cualidad luminosa, un brillo que (esta vez sí) le llegaba a los ojos.

–Así está bien, Armin, así está bien… –Marco bajó el brazo y posó su mano sobre el hombro de su compañero–. Poco a poco se hace camino al andar, como suele decirse. Un paso cada vez, ¿eh? Primero uno, luego otro, hasta que un día miras para atrás y te das cuenta de lo mucho que has avanzado… Y más lejos que llegarás todavía, Armin. Sé que has crecido, en el tiempo que llevas aquí, pero esto es sólo el principio.

Marco le dio un pequeño apretón y retiró la mano, dedicándole una alentadora sonrisa; en aquellos ojos castaños, tan cálidos, a Armin le pareció ver orgullo.

Sólo con eso ya se sintió mucho mejor, aunque aún le costó ser capaz de articular palabra; notaba como si algo le oprimiese la garganta.

–Bueno, y ahora… –consiguió decir al fin–. ¿Qué hacemos?

–Pues supongo que… –Marco se pasó una mano por la nuca, con expresión ausente por un momento, antes de volver a centrarse–. Es como lo del pollo y el cascarón, ¿no? Si aquí ya has logrado todo lo posible, entonces no tiene mucho sentido permanecer en este lugar, así que… –su mirada se hizo más solemne–. Deberías seguir adelante. Es hora de decir adiós.

–Ah, vaya… –Armin torció los labios en una sonrisa algo forzada–. Creo que no me gusta esa palabra. ¿No sería mejor un "hasta pronto"? Es decir… –sintió cierta aprensión en su interior–. Quizás nos veamos de nuevo, ¿no? Entiéndeme bien, haré lo que tenga que hacer, y sé que ahí fuera me esperan mis amigos, pero… –suspiró con un ligero temblor–. Bueno, al menos esta vez sí nos hemos despedido en condiciones.

"Aunque será duro volver a perderte. ¿Y qué se supone que le voy a contar a los demás? ¿Acaso me creerían? Lo dudo…"

La sensación que notaba en su garganta fue extendiéndose por su pecho. También le escocieron repentinamente los ojos; tuvo que cerrarlos para mantener la compostura.

La última imagen que vio de Marco pareció grabarse a fuego en sus retinas: amable, sereno, con una leve sonrisa y la capa ondeando al viento, iluminado por el resplandor dorado de un incipiente amanecer.

"Incluso en muerte, como en vida, sigues sacando lo mejor de los demás."

–No sé lo que pasará después –contestó el moreno pecoso con suavidad–. Quiero creer que, mientras te acuerdes de lo que hemos estado hablando, una parte de mí siempre permanecerá contigo. No pienses sólo en los que han caído. Recuerda también a quienes siguen vivos, aquéllos a los que aún puedes proteger y salvar.

Hubo un breve instante de silencio, sumido en la más completa oscuridad. El joven soldado fue respirando lenta y profundamente; un poco agitado al principio, luego ya más sereno.

–Es hora de despertar, Armin.

"Es hora de seguir adelante."

"Es hora de volver al mundo real."