→ disclaimer: todo le pertenece a J. K. Rowling, yo sólo uso sus personajes sin fines de lucro.
Ω
Black aprieta la mano de la muchacha con fuerza, y aunque a ella le duele, no lo demuestra. Lily escucha a Lupin suspirar de alivio a su lado, y ve a Potter mucho más tranquilo allí parado detrás de Black. El de ojos grises sonríe con sorna y busca liberarse del agarre, pero Lily frunce el ceño y no lo deja soltarla.
— ¿Uh? — Cuestiona él, alzando una ceja. — ¿Qué pasa, pelirroja? Creí que teníamos un trato...
Lupin da un paso adelante y la mira confundido. — ¿Lily... ?
— ¿Qué sucede? — Al fin Potter decide entrometerse, piensa ella.
Lily se toma unos largos segundos para abrir la boca, y aún así no dijo nada luego de una larga pausa. Black comenzó a perder la paciencia, al igual que los otros dos muchachos, pero ellos nunca lo dirían.
— Se me está cansando la mano, nena...
— Tengo una condición.
Por un momento, toda la habitación quedó en silencio. Era un silencio tenso, donde no se necesitaba prestar mucha atención para escuchar con claridad los latidos del corazón de todos los presentes. Los nervios estaban en el aire, junto a la confusión y la irritabilidad.
— ¿Condición? No, princesa. — Niega Black, soltando la mano de Lily con brusquedad. Ella lo fulminó con la mirada. — La condición es que no le iremos con el chisme al profesor, nada más.
— ¿Nada más? Oh, no, cariño. — Molesta, imita su tono. — No se irán tan tranquilos. Si quieren meterse, deberán prometer jamás volver a hacerle bullying a Severus y nunca confesar el homicidio.
— ¿Tanto drama para eso? — Ríe Black.
— Está bien, Lily, no diremos nada. — Acuerda Lupin, intentando calmar las cosas. Posa ambas manos sobre los hombros de Sirius y Lily, ella lo quita con disgusto.
— Mira, no prometemos no volver lastimar a ningún otro Slytherin, sólo dejaremos en paz a Snape. — Black se encoge de hombros. — Ya no sería divertido atormentarlo a él, simplemente no está bien.
Lily niega con la cabeza, alejándose varios pasos. — No, no... yo no me puedo quedar con sólo su palabra. No en un caso así.
Los chicos parecen confundidos por unos segundos, hasta que Potter y Black fruncen su entrecejo y se miran a los ojos, ya entendiéndolo todo.
— ¿Serían capaces de hacerlo? — Pregunta Lily, mirándolos con ferocidad. — El juramento Inquebrantable... júrenlo, si no, son palabras vacías.
Los tres merodeadores se estiran tan altos como pueden, sacando el pecho y levantando la barbilla. Lupin se ve preocupado, Black y Potter están consternados.
— ¿Qué?... ¿Sabes que si no lo cumplimos, moriremos? — Potter pregunta, perturbado.
— Sí, lo sé. — Contesta ella, suspirando. — Pero comprendan que mataremos un hombre aquí, no puedo dejarlos ir así de fácil... no confío en ustedes.
A James escuchar esto le dolió, más de lo que se esperaba. No quería llegar a amenazar así a la chica, pero sí querían ayudar, y para eso debían de hacerla escucharlos. Y aunque intentó simplemente hablar con ella, sabía que ni caso le haría. Así que siguió el plan de Sirius, de amenazarla con delatarla a ella y a su amigo; pero era una mentira, si Lily decidía al final no dejarlos entrometerse, entonces ellos no dirían nada. Era ladrar pero no morder.
Jamás serían tan hijos de puta como para delatarlos.
— Está bien. — Dice James, y Lily alza una ceja. Sirius le golpea el hombro. — ¡Ay!
— ¿Enloqueciste? — Sirius lo aparta, hablándole a solas, mientras Lupin se acercaba a la chica para hablar con ella. — Podemos morir.
— No prometeremos nada que no vayamos a cumplir, no es para tanto. — James gruñe y rueda los ojos. — ¿O piensas seguir jodiendo a Snape?
— ¡Merlín, no! No soy así de bastardo, amigo. — Sirius se acerca al oído del de lentes, y susurra. — El chico es abusado, yo no seguiré tirándole más mierda.
— Bien, y tampoco diremos nada a las autoridades. — James sonríe sin humor y se ajusta los lentes. — Somos profecionales en eso, eh.
Sirius le devuelve la sonrisa, y caminan hacia Lily y Remus.
— Está bien, lo haremos. — Declaran al unísono.
La Gryffindor suspira con alivio, dibujando una pequeña sonrisa en su rostro que rápidamente borra. Estira su mano tal cual lo hizo con Black antes, y Potter la estrecha. Sirius saca su varita y a medida que Lily dicta las cláusulas, una pequeña llama dorada sale de la varita del muchacho testigo y rodea las manos y brazos de los ambos leones.
— Está hecho. — Afirma la chica, luego de unos segundos. — Les avisaré cuando Severus y yo fijemos una fecha para acabar con su padre.
La muchacha se da media vuelta, frunciendo su labio inferior. Antes de salir de la habitación, se detiene y les habla sin voltear a verlos. — Eviten hablar con Severus, ¿sí?
— Sí.
Ω
Severus no cuestiona cuando Lucius lo arrastra del brazo por las calles del pueblo Hogsmeade. El rubio mantiene su agarre prieto, y Severus puede sentir su nerviosismo por más que se esfuerce en parecer sereno. No de dio muchos detalles, no en el castillo al menos. Lucius no creía que fuese seguro hablar de esos asuntos tan cerca del oído de Dumbledore, quien se sabe tiene conocimiento de todo lo que suceda en Hogwarts.
No sería la primera vez que Lucius lo sacaba de su encierro y lo llevaba allí a pasar horas charlando en Cabeza de Puerco; o al menos desde que logró convencer a su madre de firmarle el permiso luego de muchos intentos.
Siempre se cuestionó que nadie dijera nada al ver ese repentino interés de Lucius, ya un hombre, en un niño seis años menor a él. ¿No les pareció raro que siempre lo llevara a un lugar apartado? ¿Nadie pensó mal?
Bueno, no era pensar mal de verdad...
— Severus.
— ¿Sí? — Contestó luego de un segundo de duda.
— Tengo que decirte algo muy importante. — Buscó apartarlo de toda muchedumbre de adolescentes que perdían sus ojos lujuriosos en alguno de los dos. Detrás de varios árboles, un lugar de vegetación elevada y exquisitas flores. Lucius volteó a todos los lados posibles, buscando espías, no encontró nada. — Tengo que llevarte a mi casa. — Susurró.
— ¿A tu casa? — El mestizo sintió que sus mejillas comenzaron a calentarse, avergonzado escondió su rostro entre su pelo. Esa mañana se había puesto bonito, vestido con su mejor ropa, peinado el cabello y se había perfumado; todo para Lucius, luego de enterarse por medio de una carta de su visita. — ¿P-Por qué? yo...
— Él quiere hablar contigo, Severus. Te quiere en la causa.
De repente, toda ilusión en el corazón de Severus se cayó. Su cuerpo se tensó, y parecía cargado de confusión y un sentimiento contradictorio. Incluso su olor cambió, el perfume se intensificó e inundó la nariz de Lucius; nada como su aroma natural a vainilla, se dijo.
Como pudo el mestizo se mantuvo totalmente erguido, no queriendo verse débil ante los ojos de Lucius. Mordió el interior de sus cachetes, mientras respiraba con fuerza el aroma de las flores. De pronto, ya no las sentía tan exquisitas como cuando creía que Lucius sólo quería charlar con él. Balanceó su peso entre sus piernas delgadas de cervatillo, y suspiró contrariado.
— ¿Conmigo? — Su voz salió más gruesa de lo que esperaba. — ¿En realidad me quiere a mí en algo tan serio como la causa? ¿A un adolescente? Aún no cumplí mis quince, Malfoy. Soy un niño, le seré inútil.
— Te equivocas, nuestro Señor acepta a cualquiera que le sea fiel. Él puso sus ojos en... ti, Severus. — El chico notó como Lucius evitó mirarlo a los ojos al decir esto. — En sus propias palabras, eres una joya. Te quiere en sus filas.
Severus silbó. — ¿En serio?
No sabía cómo sentirse al respecto. Es decir, había escuchado sobre ese tal "Lord" y qué tan genial era de la boca del mismo Lucius, y esperaba formar parte de ellos en un futuro. Pero... ¿ahora?. No sabía si lo más sabio sería unirse, aún le quedaban años de estudio bajo la mano de Dumbledore, no quería ser descubierto.
Aunque tampoco era idiota, no iba a negarse. No se le niega al Señor, y Severus debía admitir que estaba de acuerdo con varios puntos de su ideología, no quizá los más extremos. No quería un genocidio, quería al fin paz para ser un mago y no sentir miedo nunca más en las manos de un asqueroso muggle.
No más Tobias, se dijo.
— Bien, vamos. — Declaró con su voz ronca y los nudillos blancos. Lucius se descolocó por un segundo, pero enseguida tomó su mano y suavizó su agarre. Severus alzó la vista y lo miró. — ¿Sucede algo?
— Severus, intenta no tomar la marca... puedes ser un aliado sin la marca... ¡Es sólo para dolor! Por favor, no la tomes. Has como Narcissa...
— Tu mujer.
— Sí, mi mujer. — Acordó a regañadientes. — Ella no tiene la marca y aún así ayuda a la causa. No te condenes, Severus. Esto jamás será seguro, lo sabes.
— Sí, lo sé. — Aprieta la gran mano entre las suyas tan pequeñas, sonriendo. — Pero yo no soy quien tiene la última palabra en esto, Lucius.
El que su pequeño usara su nombre le cautivó el corazón al sangre pura, quien suspiró y con su mano libre, quitó el cabello de la cara a Severus. Lo colocó detrás de su oreja, mostrando esa belleza oculta.
— Dale una buena impresión, ¿sí? — Le susurró, recordando las palabras del hombre adulto. — Muestra tu cara, hazle ver que no eres cualquiera, que no hay rastro muggle en ti.
Severus alzó la barbilla, sintiendo una confianza inundar su cuerpo como nunca antes. Sin soltar la mano de Lucius, levantó una mano y con sus dedos peinó su largo cabello hacia atrás, creando ondas y abultando para no dejarlo tan lacio. Sonrió con hoyuelos y le latió el corazón.
— Puedes estar tranquilo, que todo estará bien.
Ω
