- Da igual... dime cómo te sientes.

- Como si me hubieran atropellado - bromeó.

Kagome sonrió... estaba verdaderamente aliviada.

- Supongo que debes de estar bien, o no estarías de tan buen humor.

- Y tú cómo te encuentras? - preguntó evadiendo el comentario.

- Bien... aún me duele el trasero, pero se pasará.

Inuyasha volvió a sonreír de esa manera tan especial que hacía que a Kagome se le pusiera la piel de gallina, y así charlando y riendo, pasaron esa noche en vela, olvidando por completo que hacía unas pocas horas habían sufrido un accidente que podría haber sido mortal para ambos, que se encontraban malheridos en un hospital y que nadie tenía noticias de ellos...

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Bajo el mismo techo

Capítulo 11

Despreocupaciones

Ya cuando notaron que comenzaba a aclarar, volvieron un poco a la realidad. Se habían pasado toda la noche hablando de trivialidades y haciéndose bromas livianas. Ofrecían un espectáculo de verdaderos tortolitos, claro si alguien hubiera estado ahí para presenciarlo. Inuyasha quería saber qué le había pasado a su motocicleta, y Kagome por su parte quería saber qué le había pasado al cuerpo de Inuyasha. Lo que ninguno de los dos se cuestionó fue qué había pasado con el conductor del automóvil que los chocó. Ninguno de los dos pensaba tampoco en qué es lo que pasaría después de recuperarse, todos los asuntos legales que los esperaban. Por lo menos a Inuyasha. Si tenía suerte el conductor del coche confesaría que fue culpa suyo y el asunto se haría más sencillo, pero por supuesto, también estaba la posibilidad de que no quisiera ceder.

A Inuyasha ni siquiera se le había ocurrido pensar en ello, y probablemente fuera mejor que no lo hiciera aún. Había estado demasiado ocupado turbándose por la semi desnudez y la cercana presencia de aquella admirable chica de cabellera negra. Acababan de tener un accidente que podría haber sido mucho más grave, y ella sonreía y bromeaba con él como si aún estuvieran en el café. Inuyasha se preguntó si habría podido sobrellevar tan bien una situación similar si ella no estuviese ahí animándolo.

Además decidió tomarse la situación con el mejor humor pues, después de todo aquel accidente lo había salvado de una situación que el consideraba más difícil, a la que debía enfrentarse al llegar a la casa. No tenía ninguna duda de que apenas parara el motor de la motocicleta Kagome se deslenguaría en preguntas sobre lo que acababa de presenciar en el café. Suponía que también tendría que recibir comentarios de aprobación, y quizás también una mirada un poco distinta, como la que cargaba sobre él al observarlo cantar. No estaba seguro de poder contenerse de todo lo que deseaba hacer con ella si volvía a dedicarle esa mirada... Aquella distracción podría haberle hecho olvidar sus preguntas.

Kagome no dejaba de asombrarse de la fortaleza física de Inuyasha. Ella había visto con sus propios ojos y en primera fila cómo salía disparado arrastrándose por el pavimento al recibir el impacto del automóvil. Al verlo ahí, tan animado, y quizás aun más que lo normal no era suficiente para convencerla de que de verdad se encontraba bien. Le urgía oír el diagnóstico del médico.

Pasados algunos segundos desde el último comentario del chico, Kagome decidió levantarse a descorrer las cortinas. La luz era lo suficientemente intensa para decir que había amanecido completamente. Se levantó caminando de espaldas para no otorgarle al chico el privilegio de verle el trasero, otra vez, y todavía de espaldas descorrió las cortinas sin mirarlas.

- ¿Sabes? podrías haberme pedido que volteara - le dijo Inuyasha desde la cama, dedicándole una mirada peculiar.

- ¿Para que miraras cuando yo me hubiese descuidado? No soy tan ingenua Inuyasha - le sonrió Kagome volviendo a sentarse.

- No es que tengas nada muy interesante que no haya visto ya - contestó con tono de niño taimado, pero aprovechando su comentario para fastidiarla. Kagome por supuesto se ruborizó un poco pero intentó no evocar los recuerdos de aquel incidente en el baño.

Al verla así Inuyasha soltó una carcajada que tuvo que tragarse forzosamente por la punzada de dolor que le produjo. Esto provocó una sonrisa de suficiencia en el rostro de la chica.

- Duele reírse de mi ¿no? - bromeó.

- Si claro - respondió forzosamente.

- ¿Inuyasha? ¿Qué hora crees que sea? - dijo cambiando completamente de actitud, a un semblante de preocupación.

- Ya te dije que no llevo reloj - respondió soltando un suspiro - pero quizás deberíamos llamar a alguien.

Este último comentario le recordó a Kagome que nadie sabía nada de ellos desde que se despidieron de sus amigos en el café.

- Crees que hayan avisado a alguien que estamos acá? Deben estar preocupados - supuso Kagome. Inuyasha la miró algo extrañado.

- Lo primero, no lo sé. Lo segundo es muy poco probable. Sesshomaru debe haber pasado el fin de semana en casa de Kagura, y Miroku... bah! si es que llegó anoche de vuelta a la casa ni siquiera debe haber notado que no estamos ahí. Y si lo notó debe estar imaginándose algo pervertido. - terminó, volteando la cara hacia la pared, intentando ocultar el ligero rubor que se apoderó de sus mejillas. - ¿Y bien? - dijo después de unos segundos, volviendo a mirar a la chica - ¿llamamos a la enfermera?

En ese momento Kagome recién recordó que en los hospitales siempre hay botones para llamar al personal en las habitaciones de los enfermos. En su interior se sintió bastante estúpida por haber pensado que tenían que esperar al amanecer para que algún doctor o enfermera viniera a ver a Inuyasha. Pero además de sentirse idiota la asaltó una interrogante: Si Inuyasha estuvo todo el tiempo consciente del botón ¿Por qué no lo mencionó al oír por primera vez todas las preocupaciones que le expresó?

Inuyasha sonreía observando la serie de emociones que atravesaron el rostro de Kagome a raíz de su pregunta. Debía estar dándose cuenta de la pequeña jugarreta que mantuvo para tenerla a su lado, obviamente no iba a confesarle el motivo.

Una vez que cayó en la cuenta, Kagome fijó la vista en esos ojos ambarinos que la observaban con traviesa diversión, intentando adoptar un frunce de reproche, pero todo lo que obtuvo de su rostro fue un tinte rosa en sus mejillas, al pensar en una de las razones que podrían haber llevado al chico a guardar silencio.

Antes de que pudiera decirle nada, Inuyasha pulsó el botón, esperando en silencio la llegada de alguna persona del hospital.

Después de un par de minutos en completo silencio por parte de ambos, se abrió la puerta suavemente, dejando entrar a un hombre alto, de cabello negro largo hasta los hombros y muy lacio, gafas de marco redondo y una impecable bata blanca.

Pareció sorprenderse de ver a sus dos pacientes en la misma habitación.

- Bueno, bueno... Inuyasha - dijo mirando la ficha en sus manos - Soy el doctor Takenaga ¿Como te sientes?

- Como el demonio - respondió Inuyasha con una sonrisa sincera.

- Es lo mínimo en tu estado.

- Doctor - intervino Kagome con voz preocupada - ¿Está muy grave?

- Bueno - comenzó, llevando nuevamente la mirada a la hoja que llevaba en las manos - Fractura doble en la muñeca izquierda... dos costillas rotas del lado derecho. Esguince de tobillo derecho y contusiones varias, en el torso y en las piernas. Hombro izquierdo dislocado... creo que eso es todo - dijo levantando la vista hacia su paciente.

Kagome mostraba una mueca de cierto horror en la mirada, en cambio la expresión de Inuyasha no varió mucho. Seguía frunciendo ligeramente el ceño... ahora comprendía por qué se sentía tan apaleado. Sintió cierto alivio de saber que no comprometía nada más grave, y que podría recuperarse sin mayores dificultades... no sabía nada sobre medicina pero conocía la forma que su cuerpo tenía de sanar, peculiarmente rápida en comparación con la "gente normal", como él llamaba al resto de las personas. Siempre se había considerado distinto físicamente al resto... su cabello plateado marcaba la diferencia, pero también sus capacidades físicas y algunos otros atributos que no mucha gente poseía.

Cuando salió de su horror, Kagome siguió con el interrogatorio.

- ¿Cuanto tiempo va a necesitar para recuperarse, doctor?

- Bueno... siendo una persona normal de su edad, necesitaría más o menos una semana en el hospital y luego otras dos de reposo en su casa - ante la mueca de protesta que se formó en el rostro del chico, añadió.- Pero tus exámenes de sangre arrojaron resultados poco comunes. Tienes la suerte de tener genes de un demonio ancestral. Bien, la estirpe de la que hablo se extinguió muchísimos años atrás y sólo los descendientes de uno de los Inu taiyoukais, un hanyou, mantuvieron la raza - Kagome se asombró muchísimo al escuchar esto, en cambio Inuyasha no cambió en nada su expresión - pero supongo que ya lo sabes, así que vengo a darte la buena noticia de que sólo tendrás que permanecer aquí tres días - terminó sonriendo - Bien, y en cuanto a usted señorita - dijo dirigiéndose a Kagome y regalándole una sonrisa a esa chica que aún parecía perdida con la información - debo pedirle que regrese a su habitación, aún tengo que enyesarle esa muñeca.

Kagome se sonrojó un poco, no quería confesarle que había olvidado dónde estaba su habitación. Se miró la muñeca... se la habían entablillado provisoriamente... recién lo notaba. La verdad era que estaba tan preocupada de encontrar a Inuyasha y asegurarse de que estaba bien, que ni siquiera había notado aquello. Miró a Inuyasha, aún un poco desorientada, y siguió al doctor a su habitación.

Cuando salieron de la habitación, Inuyasha soltó un suspiro seguido de una risita liviana. "Bueno, supongo que es inevitable que no conozca todas esas cosas sobre mi, estando en este tipo de situación... ahh"- soltó otro suspiro, entrecortado por el dolor que le punzaba el costado - "malditos borrachos" - concluyó, mientras una enfermera entraba a la habitación para cambiara ventajes, tablillas, etc.

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Una vez, enyesada su muñeca, el doctor Takenaga la autorizó para vestirse y la dió de alta. Tendría que volver sólo para que le quitaran el yeso, un mes después.

Una vez duchada y vestida decidió llamar a la casa, pero su móvil no tenía batería, así que se vio obligada a postergarlo.

Salió de la habitación con sus cosas y se dirigió a visitar a Inuyasha. Al entrar en la habitación lo encontró siendo atendido por una enfermera, quien estaba terminando de ajustar los vendajes. Cuando se hubo retirado, la chica se acercó a la camilla y le dedicó una sonrisa al convaleciente.

Inuyasha al verla, ya vestida y con bolso en mano supuso que volvería a casa.

- ¿Ya te vas?

- Si, voy a contarle a Miroku y obligarlo a que venga a verte. También tengo que terminar un ensayo de sicología. El profesor no me permitiría fallarle, ni aunque haber sido atropellada fuese mi excusa - sonrió.

- Bien, ten cuidado.

- Gracias, tu cuídate, y aprovecha de dormir otro poco - Kagome se sintió un tanto vacía diciéndole esto... sentía que había algo más importante de lo que deberían estar conversando, pero no sabía qué. También se sentía un poco culpable de abandonar a Inuyasha en el hospital - Volveré apenas termine mi ensayo - agregó con cierta timidez.

- No te preocupes, trabaja tranquila... no es un panorama muy excitante quedarme aquí postrado, pero sobreviviré - dijo mirando hacia la blanca pared del frente.

- Adiós - se despidió la chica volteándose y abriendo la puerta.

- Cuídate - le escuchó decir al chico antes de cerrar nuevamente la puerta. Sintió una sensación cálida en su pecho al escucharle expresar su preocupación por ella. Con un ultimo suspiro, comenzó a caminar hacia el ascensor.

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- Sesshoumaru - llamó el ojiazul, al hombre que veía la televisión en la sala.

- Ah - fue lo que obtuvo por respuesta.

- ¿Sabes de Inuyasha y la chica?

- Si no sabes tu, menos se yo - contestó con poco interés.

- No han aparecido por aquí desde el concierto... mmm me pregunto en qué se habrán quedado - dijo formando una sonrisa pervertida en sus facciones.

Iba a volver a su habitación cuando sonó el teléfono. Como sabía que no era costumbre de Sesshoumaru atender las llamadas en la casa, fue al recibidor a contestar.

Al levantar el auricular distinguió la voz agitada de Sango, preguntando por su amiga.

- Hola Sanguito, si yo también tenia ganas de hablar contigo, si, yo también te quiero y te he echado de menos - esa fue su respuesta ante la sarta de gritos interrogatorios que recibió por el auricular.

- !Hablo en serio Miroku! He estado tratando de ubicar a Kagome a su celular, y desde ayer que permanece apagado. Incluso llamé a la casa de su familia y no saben nada de ella.

- Bueno, la ultima vez que la vi fue cuando nos despedimos en el café. Pero deberías estar tranquila, Inuyasha tampoco se ha aparecido, debe estar con ella.

- Es justamente por eso que no estoy muy tranquila. Se podria decir que ellos dos no se llevan de lo mejor.

- Yo pienso que se llevan mucho mejor de lo que intentan aparentar - dijo esbozando una sonrisa - Bueno Sanguito si llega yo le digo que te llame ¿está bien?

- Más te vale.

- Esas muestras de gratitud me llegan al alma.

- Lo siento, estoy muy preocupada, desde ayer que me acosa un mal presentimiento. Disculpa Miroku, gracias por todo, adiós.

- Adiós mi tennyo.

Del otro lado del teléfono Sango se debatía entre la angustia que le provocaba ese presentimiento y el calor que invadió su pecho al recibir esas palabras de Miroku... ese chico le hacía mal a su cerebro.

Continuará...

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Hola! Aquí estoy otra vez.

Espero que les guste este capítulo. Otra vez por problemas de inspiración no he podido actualizar antes, y espero que todo el esfuerzo que le puse a este capítulo haya servido de algo :P.

Saludos y muchas gracias a todas las personas que me dejan sus reviews, aprecio mucho sus comentarios.