Buenas noches a todos! Capítulo largo tela, espero que aprecieís el esfuerzo.
La verdad es que me sentí un poco decepcionada al ver que nadie contestó a mis preguntas. No es que me moleste, entiendo que muchos de ustedes a penas tenéis tiempo para siquiera poder leer estos capítulos. Sin embargo, me dejáis a ciegas en cuanto a mi evolución y a la hora de tomar ciertas decisiones. Realmente espero que la manera en que estoy llevando esta trama este siendo de vuestro agrado.
Agradecimientos a: Shandy-Shan, SangoaomeOO (Espero que este capítulo aclare algunas cosas sobre Sesshomaru y Esoquesabesquevaapasarperoquenoquieresquepaseperovaapasar... Muajajaja XD ), k, Frozen-Winter-Heart y alei91
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi. El resto de personajes son de mi propia autoría y están reservados bajo derechos de copyright al igual que la historia en sí.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos Inuyasha (hhhhh) Pensamientos Inuyasha niño ('hhhhh') Recuerdos("")
Capítulo 11:
Sesshomaru se recostó sobre el árbol joven y cerró los ojos. Esperó.
La madrugada le saludó con calma, todo estaba en silencio, quieto. El mundo esperaba paciente la llegada del sol. El olor de la hierba y el bosque limpió sus fosas nasales mientras tomaba amplias respiraciones profundas, el olor fresco de las manzanas se hizo paso poco a poco. Sesshomaru abrió los ojos y recibió la sonrisa de la joven adolescente.
―¡Sesshomaru-sama! Qué alegría, no te esperaba tan temprano...―Murmuró la joven acercándose a él y tomando asiento justo a su lado sin necesidad de preguntar.
Eran muchas veces a lo largo de los años. Más veces de las que Sesshomaru se atrevería a reconocer.
―Rin. ¿Dormías?―Cuestionó, su voz firme y sin apenas un ápice de cuestión.
La joven se sonrojó brevemente antes de sonreir ampliamente.
―No se preocupe Sesshomaru-sama, lo cierto es que llevo despierta bastante tiempo.
La dorada mirada atenta no se desvió, y se mantuvo fija sobre ella inquisitivamente, la niña miraba hacia el cielo.
―Kohaku viene hoy.―Murmuró, el dibujo de su aliento perdiéndose en el frescor de la madrugada.
Sesshomaru apartó la mirada de la joven niña.
―Veo.
Su Mokomoko se deslizó sobre sus hombros envolviéndola en un manto de calidez justo a tiempo para detener el escalofrío que llegaba. Rin rió suavemente cuando la piel hizo cosquillas sobre ella.
―Muchas gracias Sesshomaru-sama―Agradeció mientras se hundía sobre la calidez de la piel de su señor. Hubo una pausa silenciosa―Hay mucho silencio a estas horas...―Murmuró como breve observación.―Aunque...―La frase quedó sin terminar, perdiéndose en la mente de la chica quien vestía sobre uno de los kimonos que habían sido su regalo, el traje de sacerdotisa que usaba en las prácticas desaparecido rápidamente tras los desagradables eventos.
Sesshomaru no la instigó para escuchar el final de sus palabras. El silencio del que ella hablaba, no tan callado a sus oidos hiperdesarrollados, ganó paso de nuevo. Tranquilidad. Paz.
Sesshomaru volvió a cerrar los ojos dejándose llevar por la sensación de duermevela.
Hasta en su mente, se sentía violento y egoista reflejar sus propios deseos, y sin embargo, el hecho de que cada vez con más frecuencia se perdía entre los frondosos bosques y tierras humanas como un vagabundo, parecía reflejar su necesidad de reflexionar.
O quizá, era simplemente cobardía, escapar una vez más del mundo que le había recibido con los brazos abiertos cuando su viaje a través del camino de la espada finalizó. Un final que no se correspondía con la recibida o el tipo de enorabuena que esperaba.
Por otro lado, no hubiera podido ser diferente.
Con Rin dejada junto a su propia raza y la protección de los guerreros que intervinieron en la batalla contra la despreciable criatura, su búsqueda sobre el poder finalizó ante la aparición de su espada. Bakusaiga.
Era todo lo que había estado esperando. Lo que había deseado.
Hace doscientos años, Sesshomaru eligió su futuro bajo el camino de la conquista.
Ahora, ese camino no tiene ningún sentido para mí.
De nada sirvió tomar su decisión por aquel entonces, teniendo en cuenta que le había sido negada la entrada al mismo. Sin Tesaiga, ¿Cómo podría erguirse en nombre de su padre? Era fácil; no podía.
Sesshomaru no era estúpido, él entendía.
"No puedes tomar una decisión antes de conocer todas las posibles opciones"
Había dicho su padre tiempo atrás, eso tenía sentido. Él siempre había aplicado esa regla sobre su vida. El problema en aquella ocasión, fue que desconocía de esos caminos.
El camino de mi Padre...Rin.
Sesshomaru abrió los ojos para contemplar a la joven mujer humana. Disfrutar de la reconfortante presencia del ser humano había sido una sorpresa y ahora, una adicción. Aunque era muy consciente de cómo los años de vida de la joven se escapaban poco a poco, la idea de su muerte era...inconcevible.
¿Qué pasaría cuando Rin ya no estuviera allí para calmar su alma alterada? Y ¿Qué pasaba ahora? ¿Cuál era el siguiente paso? Había aprendido su lección. Había aprendido a ser un poco más tolerante, un poco más protector, un poco menos distante del mundo que le rodea. Ahora, ahora...¿Qué se supone que debía hacer con ello?
Los caminos siempre habían parecido infinitos, líneas desde todos ángulos y direcciones sobre las que sus pies marcharían hacia un futuro brillante. Pero ese paisaje mental de caminos se había desvanecido. Sólo oscuridad a su alrededor.
Al igual que en aquel entonces...
―¿Sesshomaru-sama?―La suave voz de la niña, entonando una pregunta silenciosa, disipó las sombras sobre su mente. Sesshomaru miró a la chica como muestra de su atención.―Sesshomaru-sama...Miroku-sama me ha dicho que desea llevarme en un corto viaje durante estas semanas para visitar algunos monasterios y reiniciar mi formación. Él dice que será bueno para mí conocer a otras chicas con sentidos espirituales...―Sesshomaru asintió lentamente, dando su silencioso consentimiento a la petición detrás de sus palabras.―...desde que Kagome-sama y Kaede-oba-chan se fueron...todo ha sido mucho más solitario...
Esa breve frase, imbuida de profunda pena detuvo su atención instantaneamente.
―Rin.―Murmuró llamando su atención.―La mujer humana no murió por tu culpa.―Sentenció con fuerza clavando sus ojos dorados sobre ella.
Sesshomaru sintió un suave susurró en su interior al retomar de nuevo esta conversación. No era la primera vez que Rin hablaba de la sacerdotisa muerta de esa manera. La primera vez después de aquello, Rin lloró en sus brazos durante horas, quejas y balbuceos sobre lo sucedido y sobre su propia debilidad. Sesshomaru aguanto los sollozos de la niña en silencio estoico, el relato de lo que había sucedido, su incapacidad para hacerlo mejor... Cuando el cuerpo tembloroso de la joven finalizó su descarga emocional, Sesshomaru acarició su cabeza suavemente, y Rin dibujó una torpe sonrisa para él.
Pero desde el día en que la presencia de los dos amantes se marchara del pueblo, uno hacia el mundo de los espíritus, otro hacia el olvido. La conversación se había repetido, los nombres de la sacerdotisa y su hermano revoloteando sobre los labios de la niña de vez en cuando, pronunciados con una tristeza que hacia daño sobre su interior.
Siempre que sucedía, al final se instauraba una suave sombra sobre su interior que no podía encerrar del todo. Él pudo arreglarlo en su día y no lo hizo.Él no podía consolar a Rin.
―Lo sé.―Dijo en un susurró con una pequeña sonrisa.―Sin embargo, sigue siendo cierto que todo ha sido demasiado tranquilo. Aunque, oh bueno, supongo que eso no es del todo malo ¿no?―Le preguntó poniendose en pie y caminando hasta estar frente a su señor.
Sesshomaru miró a Rin comprendiendo su movimiento en el momento en que el olor del exterminador y la firecat asaltó sus sentidos.
Pronto, la figura del joven hombre se hizo paso entre la maleza, una sonrisa y un brillo dificil de ignorar sobre sus ojos.
―Rin...te estaba buscando...―Se quejó con un toque de humor en su voz. Rin le dedicó una sonrisa traviesa mientras se situaba de nuevo junto a su señor, esta vez sin tomar asiento. Sesshomaru se levantó de inmediato con un gesto elegante.―Mis saludos, Sesshomaru-sama, es agradable verle de nuevo.―Dijo el chico con una reverencia formal, antes de recuperar su posición. Sesshomaru asintió en reconocimiento, el chico era uno de esos pocos seres humanos que habían crecido cercanos a sí mismo. Los pies de Rin cambiaron de peso varias veces. Sesshomaru no necesitaba más.
―Rin, puedes retirarte ahora, este Sesshomaru volverá a verte cuando regreses de tu viaje.
Rin le miró con breve sorpresa y se sonrojó suavemente, consciente de que su señor acababa de llegar y que estaba concediendo sus deseos.
Asintiendo vigorosamente y con un 'Estaré esperando', Rin saltó hacia Kohaku y saludo a Kirara amablemante. Los ojos de ambos humanos encontrandose en silencio con una emoción casi palpable sobre ellos antes de que Rin subiese sobre Kirara y comenzara a alejarse hacia el interior del bosque.
―Sesshomaru-sama, no se preocupe, yo iré junto a mi cuñado para velar por ella.
Sesshomaru asintió, habiendo esperado, de hecho, la intervención del muchacho tras la joven.
Kohaku volvió a reverenciarle, y tras ello se dió la vuelta para alcanzar la estela del kimono azul flotante de Rin.
Pronto sólo quedó de nuevo el silencio, sin embargo, Sesshomaru sintió el peso del mismo caer de una forma que últimamente se repetía dolorosamente. La paz se había marchado junto con la brillante sonrisa de la mujer humana. Extraño, cómo alguién como él, quien había pasado largas temportadas de tiempo en soledad, encontraba a su vieja amiga como un nuevo enemigo. No era un sentimiento agradable
Sesshomaru se internó en el bosque de su hermano y comenzó a caminar a paso lento. La excusa de su visita se había esfumado. Él debería regresar a casa ahora.
El pensamiento de ello y los recuerdos de los últimos tiempos sin embargo hacían que su sangre hirviera de ira.
Esa perra lasciba...realmente piensa que puede tratarme como a un tonto...Cómo ignorante.
Suzuki.
Había conocido su nombre desde mucho antes de que alcanzara la mayoría de edad. Una perra de una de las familias nobles del sur, hermosa como los de su raza, altiva como una reina, arrogante y poderosa como su madre. A él no le importaba y nunca le importó. Sabía que tenía que establecerse junto a ella como compañeros, crear una familia y por fín, tomar las riendas de las tierras de su padre. Cuándo regresó y comenzó a desarrollar sus tareas como Señor del Oeste, ella se trasladó inmediatamente a las habitaciones a su lado por obra de su madre. El mensaje había sido bastante claro.
Ambos se conocieron en su juventud, cuando el gran Inu no Taisho aún vivía. Sin embargo ambos no habían llegado más allá de conocer sus nombres antes de que la guerra asolara occidente. Tras la muerte de Inu no Taisho y finalizar su periodo de duelo por la muerte de su padre, su madre no tardó mucho en preparar el cortejo entre ambos.
El protocolo era extricto, prometidos o no, debían compartir un tiempo previo de mera conversación para relacionarse entre sí antes de pasar a tareas mayores durante el periodo de un mes. Sesshomaru perdió una hora diaria de su tiempo en tomar el té junto a la mujer, pasear por los jardines, o disfrutar de una velada nocturna sobre las almenas. Desagradable. Real y absolutamente desagradable..y estúpido. Él no tenía preguntas que hacer, pero si las hubiera tenido, no habrían tenido intenciones agradables. Todo en ella era molesto. Desde su olor hasta su voz hasta la extraña forma de posesividad con la que parecía pasearse junto a él, como si se tratara de un premio del que podía presumir. Las conversaciones se hayaban vacías de sentido, comenzando por hablar de su familia y sobre lo mucho que añoraba la cercanía del mar, la mujer pronto pasó a hacer preguntas indiscretas hacia él. "¿Cuántas amantes has tenido? ¿Os llevabais bien con vuestro padre? Él siempre fue un hombre extraño, dime¿Tú tambien me abandonaras por una humana?" El tono de su voz era permanentemente condescendiente y adulador, frívolo y en ocasiones, con burla. Sesshomaru reconoció que en más de una ocasión simplemente desconectó de la conversación e ignoró su voz. La falta de respuestas a sus preguntas pareció frustrarla con el tiempo, de repente creando un escándalo en medio de los pasillos del palacio en el momento en que todos los sirvientes discurrían a preparar los salones, Suzuki protestó por su falta de interés. "¡Sí realmente soy tú prometida, deberías de prestarme más atención!¡¿No crees?!"
Su conclusión sobre la perra fue rápida y concisa. La odiaba. Y la deseaba muerta, también.
Una lástima que no pudiera cumplir ese breve deseo.
Y entonces tuvo que aparearse con ella. Era simple, bañar su interior con su semilla una única vez y la perra quedaría embarazada. La tortura acabaría y volvería a ser libre de ignorar su completa existencia. Fue una sorpresa para él que llegado el momento, con la perra sobre sus brazos y rodillas y las piernas abiertas para recibirle en su interior, su cuerpo no respondiera. Ningún tipo de reacción. Sólo...el desagrado.
Al parecer, no bastaba con simplemente tener que practicar el sexo con ella, sino también necesitaba desearla. Jamás pensó que el odio, al fin y al cabo un sentimiento y por tanto algo que sólo afectaba a la mente y no el cuerpo, podría realmente suponer un impedimento en su relación con la excentrica mujer. Cómo molesto... Fue su pensamiento en aquel entonces. En la actualidad, sus pensamientos sobre el tema habían alcanzado profundidades un poco más intensas, pero la situación, y su opinión sobre la chica, no habían sido alteradas.
Logrando borrar de su mente cualquier pensamiento racional cada vez que debía poseerla, lograba otorgar, de hecho, su semilla en cada vez. Y sin embargo ya habían pasado seis años de intentos frustrados y la perra no engendraba a su hijo.
No sólo odiosa, sino inservible.
Pensó mientras sus pasos terminaron por dibujarle más lejos de la aldea de lo que había imaginado en un primer momento.
O quizá... aún sin haber sido formulada dentro de su mente, realmente era él mismo quien había decidido negar a la perra su descendencia. Era inévitable que su consciencia se negara.
Una mujer como ella no merece portar los hijos de este Sesshomaru...
Pero eso no importaba mucho de todos modos, ya que, debía de hacerlo.
Y mientras todo esto sucedía, su youkai interior latía dolorosamente en verdadera necesidad de comenzar a crear su propia progenie. Cómo ambas cosas podían suceder al mismo tiempo era algo para lo que aún no tenía respuesta, y desde luego, la persona que podría darla no estaba en este mundo más.
Un pequeño flash sobre su último encuentro con Inuyasha dibujó sendas sombras sobre sus ojos. Sesshomaru recordaba a la perfección su encuentro con su hermano, había estado tan furioso, tan furioso de ver que mientras él luchaba internamente por lograr un hijo, su hermano desperdiciaba la sangre de su padre y la semilla de la sacerdotisa creando monstruos inservibles. Creando niños que no podrían sobrevivir en el mundo, que borrarían el orgullo y el fuego duramente ganado de su mirada y los sustituían por la locura nerviosa...
La situación en general rebasó sus límites, ver cómo la necesidad de descendencia estaba menguando no sólo su entereza, sino también la de su molesto hermano hanyou.
"El deber de un padre es el de proteger y guiar a sus hijos por el camino correcto"
Había mencionado su padre en algún momento. Sin embargo, ¿Realmente merecía la pena proteger a un hijo que sólo iba a minar tu espítitu hasta destruirlo? Pensar que Inuyasha realmente habría aceptado morir de buena gana para lograr levantar a un monstruo tal.
La ira salió de él en olas y ahullentó a toda criatura viviente de los alrededores.
Sin embargo las primeras lineas del amanecer comenzaban a surgir tras él y entonces su mente guardó silencio y su ahora nueva enemiga volvió a golpear sobre él.
Se sorprendió a sí mismo añorando escuchar de nuevo la voz de Rin, incluso la desagradable voz de Jaken que había sido enviado por su madre en una particular tarea que desconocía y sobre la que ni siquiera había podido opinar. Lo más impactante sin embargo, fue añorar la sarcastica voz de un hanyou malhablado que sólo había logrado traer deshonra y dolor de cabeza a lo largo de su vida.
¿Desear la presencia del hanyou?
El sol escapó finalmente de su prisión de tierra e iluminó el valle que se abría ante él en un paisaje hermoso.
Tonterias.
Pensó antes de dar la vuelta y volver a caminar.
Aún podía ausentarse de sus obligaciones por un poco más de tiempo...lo último que deseaba hacer era regresar; al fin y al cabo, no había nada bueno que pudiera esperarle en el lugar al que estaba obligado a nombrar hogar...
OOOOOOOOOOOOO
Inuyasha abrió los ojos pesadamente ante el leve sonido que rompió el silencio tranquilo. Alzándose sobre sus brazos, giró su rostro somnoliento en su dirección. Observó a la mujer de mediana edad arrodillada sobre el tatami de la habitación colocar una bandeja de madera llena de comida. La mujer alzó su mirada hacia él por un breve momento antes de abrir la puerta y salir, su presencia alejándose de la habitación.
Suspiró, en esta ocasión, siendo dolorosamente consciente de todo lo que había sucedido. Las horas de sueño no suficiéntes para permitirle sentirse descansado.
Sentándose sobre las cálidas pieles tintadas talló sus ojos con paciencia, un exámen mental sobre su estado físico siendo bastante válido y sin embargo descorazonador. Las heridas de su espalda habían remitido a un leve escozor, sus mejillas, que tocó levemente con el dorso de la mano, parecían haberse hinchado y aún estaban calientes, pero los cuatro rasguños profundos también estaban desapareciendo gracias a su capacidad de sanación. Inuyasha tragó saliva, su garganta aún ligeramente sensible. ¿Sería capaz de hablar?
―Qu-é...―Carraspeó un poco.―Qué mierda...
Su voz estaba bien. Rasposa cuanto menos. Pero bien.
Sus muñecas parecian recuperadas completamente pero en contraste, lo peor...no tanto por el dolor sino por la propia repulsión era sin duda...su interior.
Aunque había sido limpiado ayer en la noche (u hoy por la noche, ya que no veía el sol) algo se sentía raro, extraño. El sentimiento de que jamás volvería a ser lo mismo prevalecía.
Rastrillando sus garras con fuerza sobre las suaves pieles mientras la ira fluía de él en un gruñido sin control, sus dientes fuertemente cerrados se apretaron con fuerza mientras sentía el ansia de emplearlos sobre el cuello de cualquier ser vivo y robar la vida de ellos. Sus ojos una mancha que no miraba hacia ninguna parte, sus manos se elevaron y deslizaron por el cabello corto sin obtener signos de crecimiento.
¡Esa...perra...!
Su gruñido se transformó en un fuerte rugido de frustración que sin dudas viajó fuera de su cárcel sin barreras e Inuyasha se levantó, cada uno de sus músculos tenso y flexionado preparado para trabajar a la velocidad de la luz mientras se obligaba a respirar, fuertes resoplidos sustituyendo la actividad vital.
Clavarle los dientes...hasta el fondo de la garganta...destrozarla y deborar su carne pedazo a pedazo...
Su cuerpo detuvo su reacción masiva y comenzó a relajarse poco a poco en la visión de la venganza.
Eso estará bien, cuando logre salir de aquí y recupere Tetsusaiga...voy ha asegurarme de que le corto algo más que un brazo...o mejor, podría enviarla a otro dimensión para siempre, ¡Ja! Eso sí será molesto, sí, eso haré.
Su decisión hecha, Inuyasha observó la habitación que le rodeaba sin encontrar nada aparte de la comida en lo que poder centrar su atención. Sus orejas chasquearon en ambas direcciones y antes de sentarse observó con recelo los extraños platillos organizados. Olfateó todo suavemente sin reconocer absolutamente ninguno de los olores más allá del arroz, no captaba la esencia de ningún veneno, sin embargo, dado que no conocía esta comida, tampoco podía saber si alguna de esas raras esencias correspondían a uno.
No era tan descuidado como para comer "cosas" no identificadas.
Haciendo a un lado todo lo demás, Inuyasha reunió todo el arroz disponible sobre la placa y comenzó a comer. Estaba decentemente aceptable, nada raro en su sabor, y él, por otro lado, estaba hambriento. ¿Cuándo fue la última vez que había comido algo? Si no recordaba mal, habían sido los peces asados de aquel río, un alimento pasable para su noche humana pero poco agradecido para su posterior situación como medio-demonio. Y luego estaba la cuestión del tiempo, le preocupaba perder la noción del mismo encerrado como estaba entre estas paredes.
Depositando sus palillos sobre la bandeja, Inuyasha reconoció el líquido del vaso de cerámica como té, y siendo así, decidió que no existía peligro en el mismo. Su garganta adolorida agradeció el suave liquido después de la enorme ingesta de arroz seco a través de la misma. Colocándolo junto a sus palillos, apartó la bandeja de su lugar original, dejándola en una de las esquinas de la habitación. Pero... Inuyasha miró los palillos de madera, eran caros, redondeados y con un peso adicional dada su calidad. Sintiéndo sus barreras reconstruyéndose poco a poco, Inuyasha tomó los palillos de madera y los ocultó en el interior de su kimono aprovechando la tirantez del obi externo para evitar su caida. Tal vez no podía atravesar la carne de un demonio con un palillo de madera, pero siempre existían zonas blandas sobre las que podría causar bastante daño antes de emprender la huida. Sería bueno.
Terminada su labor, se quedó sin nada que hacer, e Inuyasha miró a la puerta. ¿Por qué no salir directamente? La mujer le había amenazado, pero muchos lo hacían, ¿no?
Por alguna razón siento que hay una trampa o algo para descuartizarme justo al poner un pie fuera de aquí.
Tal vez era cierto, tal vez no. Finalmente soltándo un suave 'Keh', Inuyasha ignoró la puerta y volvió sobre sus pasos, en esta ocasión, pasándo de largo de la suave cama y apoyando su espalda contra la pared. No era la postura más comoda dadas sus heridas, sin embargo, era más seguro sabiendo que no podrían tomarle por sorpresa.
Cerró los ojos, su mente en blanco sin augürios futuros o visiones pasadas mientras volvía a colocar cada una de las barreras mentales necesarias para sostener su cordura en su lugar.
'Estás siendo injusto'
Protestó la vocecilla dentro de sí mismo mientras trataba de sofocarla.
Cállate...
'Lo haré, pero no me habré ido, no de nuevo'
Inuyasha gruñó reconociéndo su propia testarudez en ella. Era lo natural, después de todo.
El silencio por fín llevándole de nuevo al mundo de los sueños ligeros, Inuyasha soñó con uno de los cumpleaños de las gemelas de Sango y Miroku. Todo el mundo estuvo allí, incluso Shippo, para festejar los tres años de las traviesas pequeñas. Ellas imitaron a su madre, cazando al zorro de cola pelirroja con golpes despiadadamente adorables, Inuyasha participó en los juegos junto a ellas aquel día y cuando la tarde cayó, Kagome ayudó a Rin preparando los fuegos artificiales que Sesshomaru había donado ha Rin para que pudiera hacer un gran regalo. Los fuegos, un elemento de la época de Kagome que ya se había desarrollado, terminaron por estallar sobre la noche despejada y fresca, los colores rojos y amarillos reflejándose sobre los ojos de la joven...
Inuyasha se despertó con sobresalto al escuchar un nuevo ruido dentro de la apacible habitación. Creyendo que era la sirvienta de antes, sus ojos parpadearon en el aburrimiento cuando la puerta se abrió. Una punzada sobre su intestino le confirmó su error cuando las finas prendas aparecieron sobre el tatami.
Inuyasha encontró sus ojos con los de la mujer sin pensar demasiado en ello y frunció las cejas con molestia al ver la neutralidad de la misma. Ella dió un paso hacia el interior de la habitación y ladeó su cabeza ligeramente como si inspeccionara a un insecto interesante.
―Tú...realmente eres hijo de tu padre...¿no es así?―Preguntó sin siquiera pestañear.
Inuyasha gruñó un poco, sorprendiendose a sí mismo en su incapacidad de alzar la voz para darle un pedazo de su mente en esta ocasión. Había un pellizco persistente que dejaba sus piernas sin fuerzas y rastrillaba su garganta. Su cuerpo casi dejarse caer hacia delante de su posición sentada al darse cuenta de que lo que dominaba su interior, era el miedo.
¿Pero qué...? ¡Yo no tengo miedo de esta maldita!
El palpitar de su sangre a través de su piel era tan lentó que Inuyasha se sorprendió de ello, su demonio absolutamente dominado sin necesidad de un collar de sometimiento sobre él.
Mierda...
―Aún así...es agradable ver que no ha sido un esfuerzo en vano...―Su rostro se giró hacia la comida que quedaba agolpada sobre la bandeja de la esquina.―¿Por qué no has tomado tu comida? ¿Es tu orgullo tan grande?―Murmuró ella lanzándo una mirada acusadora sobre él.
―Yo he comido.―Aseguró con cierta ansiedad sobre su voz. Inuyasha había querido gritar que no iba a comer esa bazofia envenenada.¿Por que su boca parecía tener otra idea?
Irasue no hizo más comentarios sobre la comida, y en su lugar, una sonrisa rara ganó paso en su expresión.
―Dime cachorro. ¿Sigo siendo tu nueva mamá?
Inuyasha le dirigió una mirada con todo su odio imbuido sobre la misma, la sonrisa de la mujer ligeramente forzada sin alterarse por un segundo y sin embargo, sus dientes blanco pareciendo de repente más afilados que anteriormente. Inuyasha lanzó un suspiró por su nariz antes de tragar saliva y desviar la mirada. Asintió. Irasue se acercó a él creando una sombra amedrentadora sobre su figura y tomó su mentón obligándole a mirarla.
―Por alguna razón, no te creo...―Le dijo suavemente perfilando sus labios con el uso de una lengua húmeda y veloz.
Inuyasha miró sin saber muy bien que hacer, su ceño y su mirada revelando sin lugar a dudas que, de hecho, ella no debería creerle.
Como sí pudiera compararla a mi madre...sería un insulto...
Y sin embargo mantenerse con vida era importante incluso en estos momentos.
―Tú eres mi madre.―Se apresuró a responder con la boca completamente seca y tosiendo al final como resultado.
Irasue soltó su rostro y dió unos pasos atrás, su mirada no cambiar de su amenazante estado anterior.
Ella sabe que es mentira tanto como yo. Qué se joda, ya he lamido sus putos zapatos.
―¿Sabes?―Preguntó ella rompiendo el silencio repentino.―Creo que prefiero al niño pequeño, este adolescente tú es problemático. Un cachorro que olvida sus lecciones jamás llegará a convertirse en un miembro adecuado de esta familia...
Inuyasha se estremeció, sintiéndo cómo si ella realmente hubiera mirado dentro de su cabeza. Aún así guardó silencio.
La mujer soltó un suspiro exagerado.
―Qué se le va a hacer...supongo que pasará un tiempo antes de que puedas ser reconocido en tu lugar. Tu castigo...―Dijo asegurándose de captar su atención.
Inuyasha ignoró la abertura para demandar por información. La sensación de que la respuesta no iba a ser agradable.
Irasue recuperó su sonrisa repentinamente, la sorpresa por el gesto raudo llevando a Inuyasha más cerca de la pared y a levantarse de su posición.
―Si te portas bien con el sanador sin embargo,, creo que podrás salvar la situación del día
Su tono extrañamente alegre puso un escalofrío seco sobre su espalda. Sin duda, Sesshomaru había nacido de esta mujer...
Inuyasha observó con cautela al hombre que entró dentro de la sala y que había sido proclamado como el sanador.
Todo su cuerpo se tensó inmediatamente, sus garras haciendo daño en el nacimiento de su carne mientras parecían crecer unas pulgadas de salvamento por si la situación lo requería. Inuyasha quiso golpearse a sí mismo cuando su ano se abrió y cerro intermitentemente antes de apretarse con fuerza. Inuyasha había escuchado un refran que decía que el cuerpo es sabio. Él no estaba del todo seguro de ello.
―Estoy bien...―Soltó oscamente mirando al hombre e ignorando la más que posible expresión de disgusto de la altiva mujer.
El hombre parecía sorprendido al verle.
¡Keh! Tal vez esperando ver una abominación o así.
Cómo el hombre carraspeó, el supuesto curandero pareció adquirir una fachada más profesional.
―Aunque es evidente que esa afirmación es absurda dado su aspecto, no estoy aquí para comprobar su estado de salud mestizo.―Le informó con un tono rechinante de voz, cierta ofensa en el mismo.
Abriendo la boca para contestar una barbaridad, esta se cerró de golpe al recordar la presencia de la mujer, quien miraba divertida entre ambos.
'Seamos civilizados, aunque sea por unos momentos, al menos no insultar'
―Bien, entonces, por qué estás aquí.―Espetó tratando de no sonar muy duro. Por la ligera mueca en los labio de color vino, falló.
Pero igual de preocupante era la extraña reacción del otro demonio, que envió sobre él una mirada brillante. La pupila de los ojos azules mirando en una dirección que parecía coincidir con sus pies. Inuyasha no creía que eso era su foco de interés sin embargo.
―Inuyasha.―Llamó su nombre la mujer, sus ojos hacia ella de inmediato, no parecía molesta y por el contrario tenía una expresión sartisfecha sobre ella.―¿Recuerdas del problema que te explique anoche?
La voz de la pregunta era exigente, e Inuyasha encontró que la posibilidad de lo contrario se le era negada al momento. Frunciendo el ceño y alterando su vista entre los dos invasores de su terreno semi a salvo, asintió. Irasue devolvió el gesto.―Mi hijo necesita un heredero que su prometida no le puede dar...―Explicó con su voz apagándose en un susurro.―Aunque es un caso extraño, no es la primera vez que sucede que, por necesidad, es necesario que el compañero recurra a una amante para el proceso...¿Entiendes lo que quiero decir?
Inuyasha asintió, mirando desconfiado sin comprender hacia donde se dirigía la conversación.
―Mi hijo es un hombre con un físico entrañable y una fuerza descomunal, lo cierto es que cualquier mujer desearía engendrar el hijo de un Alpha tal...obteniendo una posición secundaria pero vital dentro de la familia real como la cuidadora de los cachorros...no esta mal ¿verdad?
―No lo sé.―Protestó Inuyasha defendiéndo su posición. Desde su perspectiva, ¿Quién demonios iba a querer estar cerca de ese culo helado?
Irasue abrió los ojos con sorpresa y después su expresión se suavizó acercándose a él de nuevo, Inuyasha alzó la barbilla tratando de no amedrentarse.
―Oh cachorro...―Ella murmuró mientras negaba con su cabeza, sus manos sosteniendo su rostro entre las mismas con suavidad.―¿Es qué no lo ves? Podrías regresar con nosotros, formar parte de la familia una vez más...
Inuyasha parpadeó sin comprender el motivo del brusco cambio de conversación , su cerebro repasando el breve monólogo de la mujer con paciencia en un trabajo minucioso por si se hubiera perdido algo y... lo encontró.
Irasue observó con una discreta sonrisa satisfecha como los ojos dorados se dilataron en la comprensión, el tono de su piel alcanzando una rápida palidez enfermiza y su frecuencia cardiaca creciendo en velocida ante el miedo.
Inuyasha se tambaleó fuera del alcance de las engatusadoras manos.
Ella...lo que ella quiere...de mí...
La simple imagen mental de lo que sugería causó un vuelco sobre su estómago, un corte frío de terror provocando que la comida que había ingerido subiera por su garganta.
Ante el principio de la arcada, la mano femenina voló hasta su rostro y cubrió con fuerza su boca, el vomito inundando su paladar y ahogándole ante el grosor del líquido nauseabundo que subía sin parar. Dos gruesas lágrimas y un grito ahogado salió de él mientras sus mejillas eran inundadas del amargo sabor de la bilis levantada.
Con la visión nublada, en el momento en que la mano puso fin a su sello el líquidó cayó de sus labios en un torrente desagradable y realmente necesario, una respiracion convertida en gemido cuando el contenido de su estomago se vació por completo. Cuando miró hacia abajo creyendo encontrar un desastre, el cubo de madera contenía los asquerosos restos de su desayuno. Encontrando que alguien estaba sosteniendo su espalda, Inuyasha se dejó resbalar y caer hacia el suelo sin ser encapaz de encontrar sus fuerzas.
Yo y...Sesshomaru, no..él jamás...eso...
Una mano sostuvo su flequillo hacia atrás, midiendo la temperatura de su frente mientras otra acarició dulcemente una de sus orejas. La cara preocupada de su madre durante la niñez se reflejo en su cabeza y por un momento dejó que su mente vagara sin rumbo mientras era abordado por la sensación de contenido.
―¿Está enfermo?―Preguntó Irasue al sanador mientras sostenía al cachorro sobre su pecho.
―Más bien creo que encuentra el coito con su hijo...desagradable.―Aclaro rápidamente llevándo el cubo de suciedad lejos de la Dama Occidental y colocándolo en el pasillo de fuera.
Irasue dibujó un puchero con sus labios antes de colocar sus manos sobre los hombros del joven.
―Ya está...tranquilo...no va a pasar nada...todos te ayudaremos a adaptarte y te protegeremos...Sesshomaru no te hará daño...él será muy feliz cuando sepa el sacrificio que estás dispuesto a hacer por nuestra familia...
El nombre de su hermano ayudó a la subida de la adrenalina e Inuyasha golpeó y pataleó dentro de los brazos de la mujer con torpeza hasta que esta pareció apiadarse y le liberó. Inuyasha saltó rápidamente hacia una de las esquinas de la habitación.
Su respiración se había acelerado y una gota de sudor se deslizó por su mejilla.
―¡Yo soy un hombre! No puedo...―Jadeó brevemente, la tensión apretando dolorosamente los músculos de su cuerpo.―no puedo tener hijos...mi cuerpo no...¡Es imposible!
Irasue se levantó y alisó los pequeños pliegues de su kimono, le observó largamente, Inuyasha tragando saliva en el proceso. Después introdujo al sanador con una de sus manos.
―Dejemos que el sanador sea quien decida sobre esto ¿si?―Sugirío ella. El ligero timbre forzado reflejando su irritación.
Inuyasha pasó uno de sus brazos por la frente limpiando el sudor y miró de reojo al sanador.
―No hay nada que decidir...hombres no están preparados para esa mierda...―Rebatió con firmeza.
―Y sin embargo, presenta signos que apuntan en la dirección contraria, tal parece que su cuerpo está cambiando y...
Inuyasha miró con ira hacia el supuesto sanador y gruñó.
―¡Y qué!¡¿Me voy a convertir en una chica, es eso lo que dices?!
El sanador negó con irritación ante el comportamiento del chico. Aunque le entendía, lo único que iba a ganar era alargar su agonía.
―Si tan seguro estás de que es imposible...―Comenzó a hablar Irasue, una de sus manos haciendo girar un mechón de su cabello entre los dedos.―¿Cuál es tu miedo a ser exáminado? Todo lo que puede suceder es que te dé la razón ¿no?
Irasue se complació al ver la semilla de la duda y la ola de pánico tras la fachada decidida y fuerte del hanyou.
Esto puede ser una trampa ¿verdad? Absolutamente...esa perra trama algo...
―No quiero que me vea desnudo.―Se quejó señalando al hombre de cabello negro.―Además, no confío en él, ¿Cómo sé que me va a decir la verdad? Podria inventarse algo...cualquier cosa...
Los ojos de ambos clamában disgusto ante semejante afirmación, pero era en realidad algo con un fondo verídico y mirándose entre ellos, no veían como podían cambiar ese hecho.
Irasue negó, soltando con un gesto su cabello.
―Inuyasha, el sanador Yuto tiene por sus mejores interéses ayudarnos en este tema. Si eres incapaz de tener hijos, careces de valor para mí. Te dejaría libre, ¿entiendes?
Inuyasha frunció el ceño con desconfianza.
―¿Y qué pasa si realmente es posible? ¿Y si puedo llevar los hijos...?―Se estremeció.―¿...de otro hombre?
Irasue sonrió.
―A continuación, creo habértelo explicado ¿no es así?
El tono de nuevo alegre de la otra sólo motivó sus pensamientos más oscuros.
―No quiero tener nada que ver con Sesshomaru...¡Puede buscarse una perra de su agrado para eso!
Yuto tosió y cubrió una sonrisa torpemente, Inuyasha fulminándole por el gesto.
―Inuyasha, ¿Vas a rechazar una oferta que cualquier persona en el mundo desearía? La oportunidad que te estoy dando no va a repetirse bajo otras circunstancias...puedes volver a casa...―Trató de apelarle, de convencerlo a ceder.― Es Sesshomaru u otro demonio...¿Prefieres tener el hijo de un cualquiera?
Inuyasha tragó saliva ante las implicaciones de esas palabras, recordando brevemente el lugar del que había sido rescatado sólo horas antes, del demonio que se había clavado en él como en una puta cualquiera.
Pero eso fue un error...ha sido sólo un poco de mala suerte...
Inuyasha respiró profundamente.
―Eso no importa ahora...soy un hombre. No puedo tener hijos.
Irasue ladeó su rostro y unió sus manos en una palmada silenciosa.
―¿En ese caso...vas a dejar a Yuto hacer su trabajo por favor?
Su respuesta fue un gruñido y un resoplido desde su nariz.
―Sí sí...ya habla hijo de puta y dime que tengo que hacer.
El susodicho asintió y miró a la dama de occidente para ver su marcha de la habitación. Ella se limitó a devolverle la mirada con curiosidad. Yuto suspiró.
―Esta bien...acercate al futón y desnúdate.―Inuyasha comenzó a moverse en su dirección. Pero se detuvo ante el último mandato. El sanador imitó el ceño fruncido del otro.―Esta bien, sólo túmbate y abre tus piernas, necesito ver tus partes intimas para esto. No te preocupes, no me gustan los hombres, y si ese fuera el caso el último al que recurriría sería un hanyou.
La respuesta osca junto con la mirada de repugnancia ante el pensamiento que pudo ver sobre el sanador detuvo su miedo o nervios inmediatamemte. El rechazo, el odio...sí, este era un terreno que conocía.
Inuyasha camino hacia él y se sentó sobre el futón deshecho. Ansioso por salir de este lugar y tratando de demostrarse a sí mismo que no había nada que temer. En lugar de deshacer el nudo de su obi recogió la tela que cubría sus piernas hasta sostenerlas en sus brazos. Su respiración tomada en periodos cortos mientras rezaba por no sonrojarse cuando su intimidad quedó a la vista.
―Oh.―Se escapó de algún lugar a su derecha.
Inuyashs se giró y miró con desagrado a la Inu-youkai, de repente muy interesada en lo que veía.
―No pensé que fuera grande, la verdad.―Murmuró ella más hacia si misma que a los demás. Inuyasha apartó la mirada mientras la humillación lavaba profunda sobre él.
―Oye sanador, no tenemos todo el día. Quiero salir de aquí.―Se le quejó tratando de acortar su agonía lo máximo posible.
Pasando una mano por su rostro, el hombre de cabello negro le indicó con su mano que se tumbase. Inuyasha lo hizo, y cruzó sus manos sobre el obi que ocultaba aún los dos palillos de madera, su mirada de reojo hacia abajo. Escéptica.
Apartó la vista sin embargo cuando el hombre en cuestión levantó y dobló sus piernas hacia arriba, su cabeza perdiéndose en la curva donde se encontraba su intimidad.
No pienses en ello, será lo mejor...
Aún así, aún estaba un poco nervioso. ¿Qué si empezaba a excitarse?
Su sangre no dió signos de verse alterada e Inuayasha dió las gracias por ello.
Parece que mi demonio está lo suficiente asustado por esta mujer cómo para salir a llamar la atención de este hombre.
―Aguanta tus rodillas.―Ordenó de nuevo mientras doblaba sus piernas más cerca de él.
Inuyasha aún no tenía muchas fuerzas sobre sus manos, pero aún así hizo lo que pudo. En el proceso de exponerse a sí mismo, él era consciente de que su rostro estaba todo sonrojado, avergonzado.
Las manos del hombre comenzaron a tocarle poco a poco con mayor decisión. Inuyasha cerró los ojos.
Los dedos de una mano levantaron su virilidad mientras otra acunó sus bolas, pesándolas con delicadeza. Las hizo rodar entre sus dedos.
―¿Esto es molesto?―Preguntó mientras continuaba el movimiento.
―No.―Respondió rápidamente, su lívido subiendo ligeramente.
No tengo por qué avergonzarme, el cuerpo es el cuerpo...
El médico tarareó ante la respuesta, la mano que sostenía su pene avandonándolo y alzándo en esta ocasión sus testículos hacia arriba. Un dedo dibujo la línea desde los mismos hasta su abertura, Inuyasha tensandose inmediatamente. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando el mismo comenzó a dibujar círculos pequeños a su alrededor.
―¿Esto se siente bien?―Preguntó de repente, reiniciando el movimiento.
―¡No!―Exclamó indignado lanzando un gruñido.
Los dedos ascendieron y quedaron quietos sobre la extensión de piel que separaba ambos conductos, empujando suavemente hacia dentro en distintas zonas hasta detenerse.
―¿Y esto?
Inuyasha abrió la boca para contestar cuando los dos dedos que le sondeaban aplicaron presión sobre la zona mientras frotaban rápidamente. La reacción fue instantánea mientras sus piernas cedieron ante su agarre y su cuerpo se arqueó. La presión desapareció inmediatamente mientras el curandero se apartó para evitar ser golpeado e Inuyasha se incorporó y alejó un poco. Sus ojos abiertos cómo los de un cervatillo alumbrado por las luces de un faro.
El nombrado Yuto le dió una sonrisa ladina y condescendiente.
―Vuelve aquí...
Inuyasha parpadeó, borrando su sorpresa inicial poco a poco.
―¡Volveré ahí cuando dejes de violarme!―Le gritó acusadoramente mientras se cruzaba de brazos y cerraba sus piernas a cal y canto. El otro hombre negó con la cabeza.
―Vamos.―Le instigó el otro agarrando sus tobillos y tirando suavemente.
Inuyasha respiró con pesadez un par de veces mientras miraba a un lado sólo para encontrarse con la otra mujer curiosamente sentada. Inuyasha agitó el cabelló corto que se pegaba a los lados de la cara y regresó de nuevo a su posición inicial, tumbándose y levantando sus piernas. Cerró los ojos con fuerza.
―Bien.―Murmuró el otro mientras volvía a tantear, esta vez, dejándo escurrir la piel del escroto para revelar la sonrojada intimidad sin excitar. Perdió el interés en la misma rápidamente, y pronto Inuyasha sintió cómo un dedo solitario comenzaba a rodar en su ano entrando lentamente. La sensación de lentitud obligándole a tomar una respiración profunda.
―¿Esto se siente bien?―Preguntó recuperando su voz imparcial.
Sí...
―No.
El dedo viajó más profundo, acariciando la carne de su interior con cuidado y, de repente, haciéndo un quibre cuidadoso hacia la derecha.
Oh joder...puta mierda...
―¿Y esto?
―No.―Volvió a contestar, sin embargo, su cuerpo temblaba y los músculos de su estómago empezaron a contraerse al ritmo del latido de su corazón.
―Irasue-sama...¿podría...?―Preguntó de repente el médico eliminando el dedo de su interior y elevándose de su posición acuclillada.
La mujer se levanto y salió de la sala con su habitual elegancia rodeándola.
Una vez que se marchó, Inuyasha lanzó un largo suspiro.
―¿Por qué no se ha ido antes?―Le preguntó con cierto reproche.
El sanador se encogió de hombros, tirando de sus brazos hasta incorporárle y dejarle sentado.
―¿Puedes quitar por un momento la parte de arriba?
Inuyasha le miró de soslayo, la partida de la mujer dejándole de repente un poco amedrentado por lo que pudiera suceder.
Al ver su reticencia, el sanador rodó los ojos.
―Chico hanyou...―Murmuró.―No voy a hacer nada para tí. ¿Por qué querría?
Él se encogió de hombros, pero dejó que el otro hombre más mayor retirara las tres capas cálidas que eran su kimono dejándo su pecho descubierto. El otro asintió. Sus manos agarraron los hombros y los colocaron derechos, Inuyasha manteniendo la pose inconscientemente.
Las manos cayosas se deslizaron hasta su pecho, los pulgares pasando por las dos pequeñas manchas de color más oscuro y textura más suave. Inuyasha se tensó y los ojos azules se alzaron hacia los dorados.
―¿Te duelen?―Preguntó.
Si.
―No.―Sus ojos brillantes en determinación y su rostro neutro.
―No me estás mintiendo ¿verdad?―Le preguntó con las cejas fruncidas y una mirada suspicaz.
Sí.
―Joder. No.―Se quejó harto de esto.
El otro asintió y le dijo con un gesto que volviera a tenderse, la puerta abriéndose de nuevo.
―Alza las rodillas otra vez.
Inuyasha esperó para ver donde demonios esas manos iban a caer de nuevo cuando algo de mayor consistencia acarició la línea de su trasero hasta posarse en su entrada. Inuyasha alzó el rostro confundido.
El sanador ya no estaba allí. Miró hacia abajo rápidamente observando el grosor violáceo apretando sobre sí mismo. Un hombre que no conocía estaba allí, jadeante, sudoroso, los ojos brillando con deseo y una disculpa. Inuyasha comprendió con el pánico subrayando su torpe grito.
―¡No lo ha..¡AH!―El grito se perdió en el silencio mientras la polla de consistencia le llenó hasta el fondo. No hubo pausa o adaptación, la persona sobre él comenzó un ritmo cegador. Rápido, conciso duro. Y él cerró los ojos y gimió.
Su propia excitación siendo violentamente masajeada y acercándole rápidamente al clímax, Inuyasha escuchó la voz del médico y lanzó un gruñido de furia por encima de sus propios jadeos.
―¡Te odio!¡Maldito!¡Cabrón hijo de puta de mierda...!¡Ah!¡Voy a...!¡Matarte!―Gritó, sus uñas clavándose con desesperación sobre la espalda del otro mientras se acercaba a una velocidad sobrenatural a su propia liberación.
―Muerde el pecho.―Celebró la voz de Yuto desde un lugar lejano.
¡No!
La bestia sobre él obedeció, los dientes agarrando con fuerza sobre un pezón oscuro hasta celebrar la sangre antes de tirar de él hacia arriba, estirándolo.
Inuyasha gritó con fuerza encorbando su cuerpo contra el suelo. Ráfagas de cremosidad blanca saliéndo de sí y ensuciando su kimono y a su acompañante cómo la zona sensible fue atacada sin piedad. El desconocido aumentó el ritmo hasta límites insospechados y vino poco despues con un gemido de alivio. Su interior saludó a la calidez húmeda de forma natural.
Cuando sus altas comenzaron a descender, ambos se desplomaron contra el suelo, sus respiraciones jadeantes.
―Lo lamento...―Murmuró el demonio que jadeaba contra su cuello, su rostro ladeándose perezosamente para encontrarse con sus ojos.
Inuyasha aún respiraba aceleradamente y miró a el hombre. Parecía joven, sus ojos realmente cansados sin embargo. Asintió como pudo, incapaz de sentirse enfadado con él o de considerarlo culpable. Parecía que seguía ordenes, el color de su intimidad antes de comenzar señalándole como víctima de torturas peores que la suya.
Sintió una presión breve sobre su estómago, el tacto de un trozo de madera oculto entre ambos estómagos.
Los ojos del joven, marrones, le miraron fijamente, Inuyasha asintió imperceptiblemente, ambos entendiendose entre sí mientras ese palillo desaparecía en las manos del otro chico. Inuyasha quedándo con el otro par.
―Ya es suficiente. Marchate de aquí Hokuto. Regresa a tus cámaras inmediatamente, ya sabes el castigo si te entretienes.
Inuyasha jamás se sintió más enfadado al escuchar la voz de la estúpida perra. ¿Qué mierda se creía que estaba haciendo? Pero el muchacho se levantó, la cremallera pegajosa de su esencia separándose con un sonido viscoso, y recompuso su ropa rápidamente. Ambos se miraron brevemente antes de que saliera por la puerta. Mensajes sin palabras que eran capaz de entender.
―¿Qué sucede cachorro?¿Has caido en el amor?
Inuyasha lanzó un gruñido de ira hacia las dos personas que estaban sentadas pacientemente. Miró directamente hacia Yuto.
―Voy a matarte.―Sentenció con su voz cargada de veneno.
El susodicho no pareció darle importancia como se encogió de hombros.
―No haberme mentido. A un sanador jamás se le engaña.
Inuyasha no perdió su mirada de odio por culpa de la acusación, pero le ignoró mientras trató de recomponer sus ropas y cubrir lo máximo posible a sí mismo.
Una garra de uñas azules atrapó su brazo en el proceso. El hombre llamado Yuto mirándole fijamente.
―Si me dices la verdad ahora, no tendré que volver a tocarte y te daré la conclusión...¿Hay trato?
Inuyasha le miró por un largo rato antes de asentir, sus mejillas sonrojándose más fuerte de lo que estaban por culpa de la reciente actividad.
―¿El semen escurre fuera de tí?
Inuyasha parpadeó sorprendido antes de mirar a otro lado. Tragó saliva.
Dependiendo de la respuesta...yo podría...Pero eso es imposible joder.
Tragó saliva al tiempo que apretaba los músculos de la zona. Miró al sanador y luego al suelo por un par de veces. Con una fuerte respiración contestó.
―No.
―Veo.―Dijo el médico, sus ojos abiertos con sorpresa.
Inuyasha no se perdió de vista el gesto y miró a ambas personas en la sala.
―¿Qué significa eso?―Preguntó, un rastro de preocupación detrás de su voz.
―Significa, cachorro...―La voz melosa de Inu-Kimi sobre él mientras se acercaba. Puso dos manos sobre sus hombros.―Qué podrás desnudar los cachorros de tu hermano. ¿No eres féliz?
Inuyasha respiró profundo mientras sentía que su mundo se derrumbaba y los pedazos del mismo comenzaban a girar frente a él.
No puede...
―Eso no es posible...―Sus ojos desorbitados mientras las sombras del youki de Irasue salían y golpeaban su propia aura con fuerza.―...estás mintiendo.
―No lo hago.―Dijo ella con una sonrisa sin dientes.
Inuyasha miró al sanador de cabello negro, este negó suavemente.
―Podrás hacerlo...pero cuando pase tu primer celo.―Aclaró rápidamente.―Aún pueden pasar unos cincuenta años...
El número grande alivió ligeramente su dolor, su cabeza un revoltijo de emociones. Pero Irasue se cirnió sobre él sin darle la oportunidad de escapar.
―Ocurrirá cuando tenga lugar tu primer celo...―Susurró.―Y tu celo ocurrirá esta noche.
Inuyasha gritó de dolor cuando sintió la sensación más extraña, su intimidad siendo atravesada desde el interior.
Su boca espasmos incapaz de gesticular y dos lágrimas sobre sus pestañas. Inuyasha miró hacia abajo, su miembro sostenido entre las manos suaves y blancas y una enorme aguja clavada en su interior. La imágen traumática se clavó sobre sus ojos mientras su respiración comenzó a acelerarse. Ella soltó el instrumento dejándolo en su interior y el fuego se propagó por todo su cuerpo, ardía, ardía desde dentro.
¡Voy a morir!¡Voy a morir!
'No...vamos a tener al hijo de Sesshomaru-onii-sama'
―¡Irasue-sama!¡Utilizar ese tipo de sustancias no es legal!
Inuyasha cayó hacia atrás, sus ojos en blanco mientras perdía la consciencia y su cuerpo se convulsionaba. Tosió sangre sobre el suelo. EL rojo y el olor de la misma provocándo una descarga eléctrica sobre sus papilas.
Irasue se levantó y sonrió al sanador.
―Está permitido para mí.―Contestó con una sonrisa que detuvo cualquier otra intervención del sanador.― Taigh...
Yuto se dió la vuelta para ver al leal sirviente justo en las puertas, esperando.
―Lleva a que preparen al cachorro para esta noche y ordena a las sirvientas que limpien y perfumen esta misma habitación. No quiero olor a mestizo por ningún lado, ¿Entendido?
El sirviente asintió y se internó en la habitación. El sanador observó al joven hanyou de cabellos plateados inconsciente sobre el suelo, una gruesa linea de saliva y sangre escurriendo desde su boca abierta mientras jadeaba en el dolor. La visión de la virilidad erecta atravesada provocó un escalofrío por su espina dorsal.
Esta mujer...es el verdadero mal...
Yuto se lamentó por el segundo hijo de Inu no Taisho. No desearía estar en su pellejo en estos momentos...
OOOOOOOOOOOOO
Sesshomaru llegó al castillo cuando el sol estaba alto sobre el cielo, una extraña sensación sobre su pecho que gritaba por peligro, amenaza.
Algo no está bien.
Pensó mientras su mano caía sobre el pomo de su espada y estrechaba sus sentidos en busca de cualquier posible enemigo.
―¡Ah! ¡Sesshomaru!
Sesshomaru se giró en dirección a la mujer que le recibía. Sus brazos abiertos y una sonrisa expléndida.
―Madre.
―Te estaba buscando ¿sabes? Tenemos que hablar...
Uiiiiiii! Casi llegamos...estamos ahí ahí ¿eh? ¡Todo listo...! Cómo se suele decir... Este capítulo ha sido relargo en comparación con los anteriores. No quería prolongar la angustía más capítulos. Capítulo 12: Sessh e Inu se encuentran por fin. ¿Qué clase de catástrofe va a suceder? Pfff si supierais lo que viene U.U.
Próximo capítulo: Voy a tardar unos días en lograrlo, en principio el Jueves de la semana que viene, pero puede que incluso se retrase al Viernes.
