Aclaración: Ningún personaje de Sekaiichi Hatsukoi me pertenece.
¡Alguien salve a Ritsu!
Décimo Capítulo: El otro.
Después de la desagradable vista de los pobres gatitos moribundos, dándose prisa para soltarlos pudieron salvarlos a todos antes de que terminaran asfixiados. Ambos estuvieron de acuerdo en llevarlos a una veterinaria para tratarlos y posteriormente buscaran a sus dueños o en el peor de los casos los dieran en adopción a otra familia, esto claramente cuando el sol saliera así que mientras subieron a todos los gatitos al coche los llevaron hasta su departamento. Ritsu aprovechó que Masamune tenía las manos ocupadas con los felinos para despedirse y salir corriendo rápidamente a su propio departamento. El ojiverde en su necedad y desesperación pensaba que estar separados iba a ser mejor y que así podría proteger a su primer amor, sin embargo olvidaba que siempre terminarían encontrándose de nuevo en el trabajo o en su casa, y si no se encontraban Masamune se haría cargo de que pasara.
El mayor se limitó a ver como su pequeño casi amante huía de él. Luego entró a su departamento, agachándose para quitarse los zapatos y soltar a los gatitos. Algunos no perdieron el tiempo y corrieron para buscar el mejor lugar de la casa, el más cálido y el más cómodo, otros buscaban comida, y otros se quedaron en la puerta junto con él. Entre ellos estaba un gatito de cabello corto naranja y castaño y de ojos verdes. Éste se paraba ocasionalmente en sus dos patas traseras para tratar de alcanzar alguna mano de Masamune y ocasionalmente se restregaba entre sus piernas. El otro gato que se había quedado en la puerta con él era un gato negro de ojos color miel. Éste se limitó a observar, sentado mientras se relamía las patas, como su otro compañero felino buscaba la atención del mayor.
Masamune observó atentamente al gato negro. No estaba seguro, pero no recordaba que entre los gatitos de la caja estuviera ese gato negro. También notó que se parecía demasiado al que habían visto antes en el puente, sin embargo el mayor pensó que mientras no fuera salvaje y peleara con los demás gatos todo estaría bien y se limitó a sostener al felino de ojos verdes entre sus brazos quien inmediatamente empezó a ronronear y a lamerle las mejillas. Caminó con él entre brazos hacia la cocina, pues recordaba que en alguno de los cajones habían varias latas de comida para gato que antes Yokozawa traía para Sorata. Buscó en el lugar donde su amigo siempre los dejaba y ahí se encontraban. Los gatos al ver las latas corrieron hacia la cocina esperando la comida, alguno llegando más tarde que otro. Masamune sirvió varias latas en un tazón lo suficientemente grande para que todos pudieran comer y así fue. Al verlos comer pensó que era más que obvio que eran gatos domésticos y que estaban acostumbrados a la vida hogareña, pues su pelaje se veía limpio y sedoso, y no dudaron en saltar al sillón o a su cama cuando llegaron. Se dio cuenta que al gatito de ojos verdes y pelaje anaranjado lo habían dejado fuera y no podía acercarse a la comida así que apartó un poco de comida y se la puso en otro tazón para que pudiera comer a gusto. Satisfecho al verlos comer, se sentó en el sillón mirando al techo con la cabeza llena de cosas sin poder pensar en algo en concreto. El felino de ojos verdes fue el primero en terminar de comer y acercarse a él. Masamune no pudo evitar pensar que se parecía demasiado a su pequeño casi amante; ojos verdes, cabello castaño, pequeño, frágil y no comía bien. Soltó un suspiro resignado y le prestó la atención que tanto pedía paseando su mano gentilmente por en medio de sus orejas y su espalda, sintiendo al poco tiempo como ronroneaba. Se le cruzó una muy graciosa imagen mental, que si Masamune viera que Ritsu no estaba enamorado de él y después de un año de perseguirlo le dijera que lo odiaba, que no quería nada con él y que se alejara, probablemente éste sería él; un amargado editor con un millón de gatos y con uno que casualmente le recordaba a él. Lo bueno es que no deja las cosas a medias, el amor que tiene por el pequeño ojiverde es suficiente para dar la vida por él si es necesario aunque preferiría que no fuera así, pues nunca más podría estar a su lado. Su corazón se estremeció ante éste pensamiento y se propuso a no dejar que eso pasara; encontraría una solución a éste problema y terminarían juntos. Después de un rato se fue a acostar a la cama y su primer invitado en ella fue el felino de ojos verdes quien se limitó a dormir cerca de su almohada. Claro que al poco rato la mayoría de los otros gatos ya estaban en su cuarto o en su cama.
Había pasado más o menos una hora y el ojimiel seguía simplemente acostado mirando al techo y sintiendo como los felinos se removían en sus lugares de cuando en cuando. Una incógnita llevaba tiempo taladrándole lo más remoto y oscuro de su mente, ¿Qué pasaría si su pequeño casi amante podría ser tan distraído para querer salir a encontrar a "su amigo" de nuevo? No podía permitir eso. Se levantó con cuidado de su cama para no despertar a los gatitos que se encontraban en ella y recargó un costado de su rostro a la pared que daba al cuarto vecino de Ritsu. Al hacer eso casi pudo sentir los latidos del corazón de su primer amor del otro lado, escuchar su respiración calmada e incluso sentir su calor corporal… casi. Tal vez fuera por un periodo lunático pero se había imaginado todo eso en su exasperación por saber si estaba bien. Lo único que pudo sentir al pegar su oído en la pared fue el frío de ésta, pues no era un vampiro con súper poderes o algo por el estilo. Aun así, de algún extraño modo, sabía que Ritsu estaba ahí dentro descansando. Tal vez se tratase de un vínculo extraño entre personas que están destinadas a ser, así que más calmado regresó a su cama y logró conciliar el sueño rápidamente.
Onodera Ritsu había optado por levantarse mucho más temprano de lo normal para ir a trabajar, pues seguro tendría trabajo acumulado por el pequeño descanso obligatorio que tomó y porque realmente no había podido dormir demasiado bien la noche anterior. Caminó tranquilamente hacia la estación sintiendo la frescura del aire matutino sobre su rostro. Al subir al tren subterráneo se encontró con la agradable sorpresa de que se encontraba relativamente vacío, tal vez habrían cinco o seis personas en el vagón. Tomó asiento y optó por leer un libro que traía en su maletín para matar un poco el tiempo. "Scare Crow" era un libro del gran autor Usami Akihiko y que él mismo había editado y llevado a cuarta posición en ventas en la empresa de su padre, y por supuesto era de sus historias favoritas. Lo abrió casi por inercia justo en uno de sus momentos favoritos del relato y empezó a leerlo con entusiasmo, sin embargo al poco rato se sintió incómodo y volteó a ver a su alrededor sólo para asegurarse de que todo estuviera en orden. Logró ver a una señora joven con una pequeña niña en su regazo, un chico de cabello bastante envidiable vestido de negro con una guitarra entre sus brazos. Volteó a ver al borde de la puerta y ahí estaba él.
Iemochi Ryou.
Ritsu sintió que se le salía el alma al verlo. Sintió frío y su corazón latía con fuerza. El pelinegro al parecer no se había percatado de la presencia de Onodera hasta ése momento.
Cruzaron miradas. Fueron largos segundos, que bastaron para que el ojiverde reconociera la apacible mirada de su amigo.
Onodera suspiró. Sin temor alzó la mano para saludarlo y con un gesto gentil lo invitó a sentarse junto a él. Su amigo notablemente feliz aceptó gustoso la oferta y lo saludó también.
— ¡Ricchan, qué sorpresa! Hace mucho que no nos vemos.
—Lo sé, ha pasado un largo tiempo Ryou.
Ambos entablaron una conversación de lo más normal, olvidándose casi por automático del daño infringido por el otro. Hablaron de los viejos tiempos, de lo que deparaba el futuro y del juego en ocho bits que el pelinegro había lanzado recientemente.
—Sinceramente fue toda una aventura—decía Ritsu—. Sólo que… sentí algo de confusión en el juego. De repente el ambiente era tranquilo y de repente era brutal, no lo sé.
—Bueno, supongo que aprendes a vivir con ello.
—Sin embargo me encantaría que pudieras…—Ritsu se tomó un tiempo para encontrar las palabras adecuadas para no disparar ningún recuerdo malo en la mente de su amigo—. Que pudieras llevar un solo ritmo en tus historias.
—Lo sé—el pelinegro sonrió casi forzosamente—. Lo siento.
Ambos se quedaron un rato en silencio, mientras el ojiverde aún con el libro abierto daba un rápido vistazo a algunas frases.
—Recuerdo que cuando estábamos en Inglaterra siempre cargabas un libro contigo. Ése semblante tan misterioso que tienes al leer algo que te gusta me parece muy apacible, me siento a gusto.
Ritsu volteó a verlo y pudo observar con nitidez a su amigo. Era tan melancólico verlo así, y a la vez tan reconfortante. El pelinegro recostó su cabezo en el hombro de Ritsu y éste rodeo su espalda con un brazo tratando de hacerlo sentir mejor.
—Ricchan, ¿podemos hacer una parada en la próxima estación? Hace poco descubrí que cerca hay una dulcería y me encantaría comprar algunos dulces, también algunos souvenirs para mis compañeros. ¿Sí?
El ojiverde no pudo contra la mirada de su amigo, pues por alguna razón se veía animado. Aceptó acompañarlo y caminaron varias calles saliendo de la estación. Efectivamente había una enorme tienda de dulces que al parecer era irresistible para las abejas. Entrar y el pelinegro buscó casi por inercia el chocolate amargo que tanto le gustaba.
—Normalmente soy bastante envidioso con mi chocolate amargo, pero como eres tú te invitaré también—y acto seguido empezó a agarrar montones de chocolates. Ritsu dio las gracias pues también le gustaban ese tipo de dulces, sólo que le pidió a su amigo que no se los comiera todos en un día o su estómago colapsaría. Él sólo respondió algo como "he comido mucho más que esto en un día" y siguió agarrando chocolates.
Ya más tranquilo al ya tenerlos en sus manos compró unos panqués para sus compañeros. Ni siquiera esperó a pagar los chocolates en la caja, si no que directamente abrió una caja de chocolate y le dio un mordisco sin poder aguantar más. La chica que atendía la caja lo vio de una manera extraña al principio, sin embargo como si supiera lo que es la fiebre dulcera se rio y siguió cobrando.
Salieron de la estación y caminaron tranquilamente compartiendo los chocolates. Salió el tema del juego en ocho bits que había sacado y la trama de éste, a lo que el pelinegro tuvo que admitir que él sólo había hecho una trama común y corriente, que alguien más había hecho las partes "brutales".
También hablaron de Brent. Al parecer ésa noche no había sido su amigo quien le había enviado esos mensajes pidiéndole que fuera a pasar el rato con él en el aniversario de defunción. Claro que después de toparse con los pobre gatitos moribundos en una enorme caja fuerte con oxígeno mínimo, se lo esperaba. Después de dejar eso en claro simplemente hablaron de los buenos tiempos, como ésa vez que por querer ir a una fiesta terminaron perdidos en la nada, o cuando Ryou se salió a menos de la mitad de una película de terror en el cine porque tenía miedo, o cuando Brent no aguanto subirse a un juego mecánico y casi vomita a todos los que se subieron. Básicamente, empezaron a recordar esos buenos tiempos.
—Deberíamos ir a un parque temático, se ven súper divertidos y sería buen material para un videojuego—sugirió Ryou y Ritsu estuvo de acuerdo.
—Está bien, sólo que tendrás que entrar conmigo a una casa de terror.
—No quiero, tengo miedo. Aparte no sabes si en un parque temático habrás casas de terror —replicó Ryou al instante.
—Creo que aunque fuera un parque temático de Hello Kitty habrá una casa de terror. Digo, eso algo que no puede faltar—de hecho Ritsu pensó que si realmente hubiera una casa de terror de Hello Kitty sería un éxito, un revuelo o algo así.
—No, no quiero. No es por miedo si no por instinto de supervivencia.
—Pero acabas de decir que tenías miedo.
—Mentí.
Ambos rieron. En ambiente era claramente amigable y a ambos se sentían a gusto. Ryou pasó un brazo por el cuello de Ritsu en forma de abrazo y Ritsu hizo lo mismo en su espalda. Empezaron a juguetear tratando de ver quien empujaba más que el otro. A pesar de que Ryou era notablemente más alto Ritsu dio su lucha, aunque al final recurrieron a las cosquillas.
Como era de esperar, las risas se volvieron más fuertes. La gente que pasaba se podría decir que se contagiaba por sus risas y sólo sonreían.
Sin embargo al pasar por un parque casi olvidado se encontraron con una escena que los hizo estremecer.
Primero escucharon algo como un grito. Fuerte, agudo y lleno a agonía. Ritsu buscó con la mirada el lugar proveniente y se encontró con unos marginados sociales maltratando cruelmente a un gatito. El gatito los arañaba y trataba de defenderse, sin embargo sólo lograba hacer enfadar más a sus verdugos.
De repente Ritsu sintió como el calor corporal de su amigo bajaba brutalmente.
— ¡Mierda, mata ya al maldito gato!—decía uno de los hombres apurando al otro.
Matar.
Ritsu los maldijo a más no poder mentalmente, dándose cuenta de lo que estaba por venir.
« "Matar"… Qué palabra tan inmunda.»
El ojiverde volteó lentamente hacia donde estaba su amigo, temeroso de lo que estaba a punto de ver, y ahí estaba él. Esa alma tan ahogada en odio y deseo de venganza. Se dio cuenta de cómo él observaba a los dos hombres con una rabia indescriptible. Simplemente al verlo un poco, cerró los ojos y agachó la cabeza, sin poder creer aún que hubiera perdido de nuevo a su amigo tan rápido.
El pelinegro se encaminó, ignorando totalmente a Ritsu, y se dirigió a los dos marginados sociales.
—Así que… ¿Quieres matarlo?—Dijo Ryou. Su voz era profunda y casi gutural, llena de rabia. Apretaba los puños para contener su ira sólo un poco. —Creo que necesitas una probada de tu propio chocolate.
Sin aguantar más el pelinegro golpeó con fuerza al miserable hombre que dijo eso, mientras su compañero sólo se quedó atónito. Lo golpeo una y otra vez contra la pared. Ritsu sabía que no podía sólo dejarle como si no ocurriera nada, así que rápidamente lo sostuvo del brazo, sin embargo pareciera que su fuerza había aumentado a millones. Se sentía impotente ante la furia que irradiaba su amigo. Ver cómo golpeaba a ésa pobre alma contra el suelo y escuchar los alaridos agónicos del gato sin querer lo metió en un vórtice repugnante de recuerdos malditos.
«Brent...»
Era de madrugada en un fin de semana en Inglaterra y los amigos de Ritsu lo habían invitado a un bar a olvidar las penas familiares. Como de costumbre, se emborracharon de más y hubo algunos líos pero aun así mantenían ese ambiente fantástico festivo.
Ryou y Brent iban de la mano pues llevaban ya un año de relación que Ritsu y otros compañeros aplaudían, pero para ellos el tiempo era poco y su amor demasiado.
Entre risa y risa por alguna razón el ojiverde se había perdido en el maravilloso arcoíris que rodeaba a luna. La luna era roja y por su forma pareciera que se burlara de ellos. Tal vez sería por la cantidad excesiva de alcohol que había consumido, pero le parecía que incluso el frío viento le hablara.
— ¿Qué estás viendo Ricchan?—preguntó Brent al ver como el ojiverde casi se cae por mirar hacia arriba.
—La luna… —Ritsu se sentía como si estuviera en otra realidad, y como si la gravedad ejerciera más fuerza en él se dejó caer en el suelo, mirando aún hacia la Luna.
— ¡¿Ricchan?! ¿Estás bien?
El ojiverde sentía una fuerte presión en el pecho, pero no era porque el alcohol lo hubiera acelerado, o hubiera entrado en un episodio lunático, si no que tenía un muy mal presentimiento.
—No sé Brent, no puedo—dijo Ritsu casi llorando.
— ¿No puedes qué? Ritsu, pareces drogado.
Brent y Ryou se rieron e hicieron unas cuantas bromas más al respecto mientras el ojiverde se limitaba a observarlos casi atontado. Sin darse cuenta, Ritsu tomó la mano de ambos chicos y los atrajo hacia él para conformar un abrazo.
— ¿Qué pasa? ¿Sólo querías algo de amor? ¡Haberlo dicho antes!—acto seguido la pareja empezó a abrazar más fuerte al ojiverde, dándole melosos besos en sus mejillas de vez en cuando y revolviéndole el cabello otras veces. Ése abrazo sí que reconfortó al ojiverde, haciéndolo reír a carcajadas y sacar lágrimas que ahora no estaba seguro si fueron de alegría o tristeza.
De repente un grupo de cinco o seis personas se acercaron a ellos. No parecían para nada amigables y eran mucho mayores y más robustos que ellos, así que cuando los vieron cortaron el agradable ambiente completamente.
— ¡Hey, los conozco! ¿No son los tres amigos de familia acomodada? Dicen que la escoria se junta sola.
Sin dar siquiera tiempo a responder algo agarraron a la persona que más cerca tenían, que era Brent y empezaron a golpearlo mientras a Ryou y Ritsu sólo los sometían haciéndolos ver cada momento. Lo único que sabían era que lo que ellos querían era una cantidad de dinero exagerada en sus cuentas bancarias antes de que cantara un gallo, sin embargo por alguna razón los tres sufrían de lo mismo con sus familias y por eso cuando tuvieron la oportunidad hicieron juntos el intercambio de estudios a Inglaterra logrando así un resentimiento entre familiares. Básicamente lo que pedían era imposible, pues no habían hablado con sus familias en años.
No sabían que la consecuencia de dejar a sus familias de lado sería fatal.
Los metieron a una camioneta y los llevaron a un bosque que se pasaba cruzando un puente desolado. La neblina subía y se hacía cada vez más densa, perfecta para ocultar sus actos.
Los amarraron a árboles, los torturaron, los golpearon, los ahogaron, y al ver que realmente no podían darles la suma de dinero que exigían agarraron de nuevo a Brent.
—Ustedes… Realmente creen que no somos capaces de hacer nada, ¿verdad?—Ryou rogó por que dejaran en paz a Brent, pero lo ignoraron completamente.
Empeñados en asustarlos para obtener lo que querían, comenzaron a golpearlo más. Sin más remedio trataron de todas maneras llamar a sus hogares para pedir ayuda con el dinero que les pedían, pero nadie contestó. Esto dispararon la furia en los hombres que los flagelaban e hicieron que ése desquite terminara con una rabia extrema.
Enrollaron una gruesa soga alrededor del cuello de Brent quien luchó arduamente por tratar de respirar, mientras seguían amenazando al pelinegro y al ojiverde que seguían amarrados en los árboles. Sin embargo al poco rato ya no se escucharon más quejidos ahogados de Brent, pues ya había perdido todo el aire en sus pulmones.
Su verdugo, como si realmente no se lo esperara lo soltó quedando estupefacto. Sus compañeros al ver lo que había hecho más bien empezaron a aludirlo como su fuera un héroe, aunque se les veía un poco trastornados.
Uno de los que estaban entre ésa bola de marginados parecía mucho menor a comparación de los demás. Llevaba el cabello teñido de un color azul grisáceo, vestía ropa que no le quedaba en absoluto y tenía un piercing plateado en los labios. Por alguna razón, mientras los demás festejaban el haber asesinado a una persona, él aprovechó para cortar las sogas que sostenían a Ryou y Ritsu de los árboles y se apartó.
Ritsu mantuvo los brazos en alto, sin embargo los brazos de Ryou cayeron sin más al suelo, siendo obvio que lo habían soltado. Él estaba en shock, la luz de la luna iluminaba sus lágrimas de un color carmesí. Parecía quería decirle algo al ojiverde, sin embargo no lograba articular palabra. Segundos después su mirada también reflejaba el color carmesí de la luna. Decidido, se levantó y corrió hacia el asesino de Brent, casi subiéndose a su espalda y rompiéndole el cuello en un sólo movimiento. Sus demás impíos compañeros se quedaron en shock. Algunos corrieron a la camioneta, como si al asesinarlo los demás hubieran sido almas completamente libres. Sólo una persona se quedó a enfrentar a Ryou, quien sufrió el mismo destino que su líder, aunque éste había sido a base de golpes brutales. Entre los que corrieron estaba el chico de cabello grisáceo, quien volteó a darles una última mirada a Ryou y Ritsu para pedir perdón con el alma y seguir corriendo. Él agarró la moto que antes era de su líder y se fue por el mismo puente desolado por el que habían llegado.
Ritsu al ver la mirada apagada Brent sintió como su corazón se rompía, tal vez era por eso que no pudo soltar lágrima alguna. Pareciera que la luz del día nunca llegaría. Ritsu vio la hora en un celular que estaba tirado; las tres con quince minutos de la mañana de un viernes trece. Parecía un cliché americano terrible y sin embargo era completamente real, Brent había sido asesinado a sangre fría, nunca volverían a estar con él.
El ojiverde se acercó a Ryou, quien se había quedado viendo atento el cuerpo inerte de su amante.
De repente Ryou empezó a gritar. Eran unos gritos que nunca hubiera imaginado que podrían salir de la garganta de su amigo. Le costaba respirar y sin embargo seguía gritando. Ritsu se acercó a él y lo sostuvo en brazos. El pelinegro se sostenía fuertemente la cabeza mientras seguía gritando. El ojiverde pensó que era la desesperación del momento e intentó consolarlo, sin embargo lo que dijo después no tuvo sentido alguno para él.
— ¡Ritsu, sálvame! ¡Sálvame, por favor! ¡No quiero irme, ayúdame!—Ryou seguía gritando. Un hilo de saliva recorría su boca junto con las lágrimas en las mejillas. Él se sostenía increíblemente fuerte la cabeza. Sólo hasta después el ojiverde entendió que había pasado.
Su mente había sido destrozada.
En ése momento se sostenía tanto la cabeza porque una parte de su mente había sido aislada, corrompida y envilecida, y Ritsu vio cada momento.
Un último alarido de parte del gatito sacó al ojiverde de ése agujero negro mental.
— ¡Ryou, detente! Brent no hubiera querido que hicieras esto, ¿recuerdas?—Ritsu recordaba que Brent era más o menos como un ángel hecho por Dios. Odiaba la violencia y siempre que se encontraba con ése tipo de situaciones resolvía todo usando sólo palabras.
Al parecer Ryou también lo recordaba, pues cuando estaba a punto de dar otro golpe se detuvo en seco.
Los dos hombres aprovecharon para salir corriendo, mientras el pelinegro bajaba lentamente su brazo. Ritsu se acercó temeroso. El silencio había reinado el solitario parque. Volteó a ver al gatito y a pesar de verse algo aturdido parecía que no habían logrado hacerle nada. El celular de Ritsu sonó justo cuando estaba a punto de llamar a su amigo. Era Takano-san y de hecho había varias llamadas perdidas. Si no respondía tal vez podría irle mal.
— ¡¿Por qué demonios no contestabas?!—le reprochó su jefe por el teléfono.
—E-estaba en el subterráneo, perdón…—Ritsu titubeó. Se dio cuenta de que Ryou estaba escuchando su conversación.
—Ya entregué a los gatitos, al parecer a casi todos los estaban buscando…
— ¿Casi?
—Te explicaré en el trabajo, ¿ya estás cerca?—el ojiverde respondió que debería estar allá por lo menos diez o quince minutos y el ojimiel terminó la llamada con un dulce "Ten cuidado".
Guardó su celular un tanto sonrojado y cuando estuvo de llamar la atención de su amigo de nuevo, él mismo lo interrumpió.
—Oh, Ricchan… ¿De verdad no te preguntaste de dónde había aparecido de nuevo tu celular?—el ojiverde alzó una ceja, ahorrándose la pregunta dejando que su silencio fuera obvio pues realmente no entendía de qué hablaba.
— ¿No lo recuerdas? ¿El debut del grupo J-pop en el restaurante Hime, donde casi mueres?
El ojiverde abrió los ojos sorprendido, sintiéndose incluso mareado.
Es verdad. Ése día había perdido su celular entre el tumulto de la gente y no lo había podido recuperar. Entonces, ¿cómo demonios había terminado en su casa? Peor aún, ¿en su cama donde siempre lo dejaba?
Ryou rio por lo bajo. Como si tratara de ocultar una travesura, pero realmente no tratara de hacerlo.
En ése momento, tal vez fuera la confusión pero realmente no sabía si quien había reído había sido su amigo, el otro o ambos.
La idea de que fueron ambos lo hizo estremecer, sintiéndose igual de perdido que el pequeño gatito a su lado. Sentía como si alguien le estuviese oprimiendo el cuello y aislado el aire a sus pulmones, sin poder respirar.
Yay!~ Gracias por leer~
Zryvanierkic: Que bueno que te gustase ése hermoso plus de terror o suspenso o lo que hubiera sido~ Ciertamente Takano puede ser más asociado como un personaje misterioso y le queda más lo paranormal xD
Riruka-chan: Todos teníamos miedo (¿?) Casi no, Takano perdió la compostura porque lo que hizo no es normal… estando sobrios xD
Guest: …Bueno no.
Nekonoha-chan: Yo que el primer día estaba tristeando porque no te veía comentar *llora*. De hecho no se me ocurrió pensar en ustedes como esos gatitos hasta que lo mencionaste xD y no, por Yisus, no, que triste, ah…. *llora más*. Eso de que esperas más información me sonó a amenaza *llora mucho más*. Okno, ya basta. Yo sé que no he dicho nada sobre "el verdadero peligro" pero para entender el por qué tienen que saber la historia de cada quien primero. Así que tranquilidad, paciencia y chocolates (¿?).
Ahora más que nada me interesan sus comentarios, así que siéntanse libres de escribirme un libro con sus sentimientos en él xD
Gracias por comentar~ Los adoro gatitos ='3
